
12-ECONOMÍA.
Nos extenderemos un poco mas en lo esbozado antes, sobre la economía en la iglesia de Dios, para lo que tengo que volver a insistir en el tema de las Capillas, porque este capítulo, suele representar el mayor gasto de las iglesias y estos recursos, deberían ser empleados en otros menesteres necesarios; tales como la atención a creyentes necesitados, enfermos, mayores con poca pensión, parados, emigrantes, adquisición de Biblias y libros para la evangelización, ayuda puntual o parcial a misioneros y predicadores, y en nada mas. Estas cosas sí son necesarias, porque es el ejemplo de las iglesias primitivas para todos los cristianos y además, así está ordenado en las Escrituras del Nuevo Testamento. En cambio, la construcción de iglesias, no está justificada en las Escrituras. ¿Acaso los cristianos de hoy no están preparados, no son capaces de ofrecer sus patios, sus garajes, sus sótanos, sus cobertizos, sus desvanes, o sus comedores, para que los hermanos se reúnan en sus casas, en grupos mas o menos grandes?.
13-SEPARACIÓN ABSOLUTA ENTRE LAS IGLESIAS Y LOS ESTADOS.
Las iglesias cristianas no deberían recibir ningún tipo de ayuda económica de los diferentes Estados, entre los que se hallan dispersas. La separación entre ambas entidades, debe ser absoluta y total. Juan Huss fue un firme defensor de este principio bíblico.
Los cristianos que no entienden este principio neotestamentario, tienden a confundir y mezclar sus propósitos y funciones, también distintos. (Nota 154)
Creen, equivocadamente, que como ocurría a menudo en el Antiguo Testamento, el Estado debe ponerse al servicio de la iglesia y, por tanto, que todas sus leyes deben estar de acuerdo con la Palabra de Dios. Tan malo es el “cesaropapismo”, como el "erastianismo". Ni los Estados deben gobernar las iglesias, ni las iglesias deben gobernar a los Estados. Ambos exxtremos son un peligrosísimo error. Algunos anabaptistas pensaron que los no cristianos, no debían ser gobernantes. Así ningún Parlamento aprobaría leyes que fueran en contra de la Palabra de Dios.
El Estado, o mas específicamente, el Gobierno, el Ejecutivo y el Legislativo, debe gobernar para TODOS sus ciudadanos, creyentes de todas las religiones, ateos, agnósticos, etc. Por eso los Estados modernos, suelen ser “aconfesionales y laicos”. No gustaba a los cristianos protestantes, cristianos independientes, ni a los practicantes de otras religiones, que los gobiernos franquistas legislaran de acuerdo siempre con las creencias del nacional-catolicismo, imperante en España, por mas de cuarenta años. Pero nos aguantábamos.
Me contó el presbítero Don Benjamín Heras, de su antecesor en el ministerio, (creo que fue Don Samuel Pimentel, padre) que en la post-guerra, irrumpieron en la Capilla Evangélica de Ollerías, unos falangistas uniformados, que interrumpieron el Culto increpando a Don Samuel, acusándole de dar cobertura a comunistas y anarquistas en la iglesia, a lo que, delante de todos, les respondió, mas o menos con estas o parecidas palabras: “Nosotros tenemos las puertas de la iglesia abiertas a todas las personas, y no preguntamos a nadie por sus ideas políticas. Pero, han de saber que aquí, siguiendo el mandato bíblico de “orar por los gobernantes”, oramos también por Franco”. A lo que el Jefe falangista, no creyéndole, replicó con sorna: -“Vamos, hombre, ¿pretende que yo me crea que ustedes rezan por el Caudillo?”; a lo que Don Samuel respondió: “-Sí, señor. Nosotros oramos por el Caudillo. ¿No oraban los primeros cristianos por Nerón?, ¿cómo no vamos nosotros a orar a Dios por estos Neroncillos de moda?”.
Por entonces, a la iglesia asistían ciudadanos alemanes y sobre todo holandeses, residentes en la, todavía no promocionada, Costa del Sol. Esto permitió que fuese aquella, la única iglesia evangélica que funcionaba en Málaga. Las demás, se reunían clandestinamente en la calle Gigantes y la fundada por Don José Luis García, en la de Dos Aceras, que luego se trasladó al antiguo Pasillo de Natera nº 24, hoy Avenida de Fátima. (Nota 62)
Con el Dictador, beato como era, nunca existió en España libertad religiosa, ni de ninguna otra clase. Porque nunca hubo SEPARACIÓN entre iglesia y Estado. Pero los cristianos viejos, de mas de sesenta años, soñadores de la libertad, sabemos lo que ésta significa y los sacrificios que han vivido nuestras iglesias, hasta poder disfrutarla, por lo que no podemos entender la actitud de los modernos cristianitos que se escandalizan con “caca, pedo, culo, pis”, y acompañan a los vetustos dinosaurios eclesiásticos, como Rouco Varela y compañía, cuando –con gorrilla incluida- se manifiestan contra un gobierno legítimo, porque ha legislado cosas como el aborto, el divorcio, los matrimonios gays, etc. Todo ello al amparo de una libertad de expresión por la que jamás lucharon, cuando el Dictador legislaba España a golpe de rosario, pistola y cárcel. (Nota 63)
Están descalificados, porque jamás protestaron por las penas de muerte que el Dictador firmaba, ni por las guerras ilegales en las que los herederos ideológicos del Régimen, metieron a la patria, contra la voluntad popular. Tampoco yo estoy de acuerdo con las citadas legislaciones, por lo que no debo practicarlas. Pero el Gobierno tiene que legislar para todos los españoles. También para los que sí creen en esas cosas. ¿Qué derecho tienen, entonces, estos cristianitos, a criticar las leyes de los paises musulmanes, tachándolas de cercenadoras de la libertad individual, cuando lo que hacen es legislar acordes con el Corán y sus tradiciones?, ¿acaso, no pretenden estos cristianos que el Gobierno español, legisle acorde con la Biblia y la tradición cristiana? . Esto sólo ocurrirá cuando el Reino de los cielos venga, y Cristo sea quien gobierne directamente el mundo. Mientras tanto, el César es el César y debemos darle lo que es suyo: su derecho a gobernar laicamente. Es absurdo que el Estado tenga que ajustar sus legislaciones a la moral cristiana, cuando hay ciudadanos que no lo son. Los Gobiernos paganos, a los que San Pablo nos manda estarle sujetos y orar por ellos, tenían legislaciones horribles, desde el punto de vista de la moral cristiana. También tenían otras leyes muy positivas, a las que el mismo San Pablo recurrió, cuando halló peligro para su vida, apelando, como ciudadano romano que era, al mismo César (Hechos 25.11,12). LAS MISMAS LEYES que existen en España hoy, existían en tiempos de Pablo. Se podían divorciar los ciudadanos romanos. Se podían casar, como Calígula, hasta con un caballo, al que nombró Senador, podían abortar e incluso suicidarse, como Séneca y tantos mas. ¿Exhortó San Pablo a manifestarse contra el Gobierno por estas y parecidas leyes?. ¡Jamás!. Todo lo contrario, dijo: “Sométase toda persona a las autoridades superiores, porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste¸ y los que resisten acarrean condenación para sí mismos.”(Romanos 13.1,2). ¡Hipócritas y fariseos!, ¿por qué no imitáis al Apóstol, sino que soliviantáis al pueblo sencillo, para desgastar un Gobierno a favor de otro partido, aglutinador de nostálgicos nietos e hijos, del que se decía “Caudillo de España por la Gracia de Dios”?. (Nota 64,65,66)
Cristianitos santurrones, acarreadores de Misales y Biblias, ¿cuándo aprenderéis a distinguir un lobo de una oveja?. “Estad firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres”(Gálatas 5.1). La intransigencia del cristianismo hispano, nos ha llevado a escribir las páginas mas negras de nuestra historia, llevados de la mano de nuestros preclaros Obispos. ¿Queréis encender de nuevo las hogueras de la Inquisición, para quemar en ellas, esta vez a socialistas, comunistas y republicanos?,¿queréis ver otra vez a los Monseñores sentados en las Cortes, legislando a golpe de crucifijo?,¿queréis que se levante otro Pelayo, que salve la sagrada unidad de España, su sacrosanta religión católicarromana, y nos libere de los sucios emigrantes que nos quitan el trabajo, de la inmoralidad de la juventud, de la telebasura, y nos haga caminar todos juntos, llevando flores a María?.
Por favor, cristianitos paguatos, tomad conciencia de que lo que necesitamos en España, es que sus gobiernos no tengan ninguna influencia cristiana, sino que sean verdaderamente laicos, y que lleven a término la neotestamentaria SEPARACIÓN TOTAL ENTRE IGLESIA Y ESTADO. Porque aún hay mucho camino que recorrer, para que la separación sea real y efectiva. Existe un Concordato con el Estado Vaticano, que debe necesariamente ser derogado, excepciones de impuestos, concertaciones y financiaciones de ciertas actividades, desde los diversos Ministerios, que son impropias de un Estado aconfesional, reconocimiento de ciertas festividades religiosas, capellanes del ejército, de cárceles y hospitales, capillas de cementerios civiles, colegios públicos, calles y plazas con crucifijos, Vírgenes o Santos, etc., etc.
Los cristianos, debemos entender que la separación de la iglesia y el estado, es un principio fundamental del Nuevo Testamento, reconocido así por muchas Confesiones. Aunque los Estados legislen contra la enseñanza cristiana, mientras tú no seas obligado a obrar contra tu conciencia, nada tienes que objetar, y le debes sumisión, respeto y obediencia.
En la Capilla de Torres Bellas, en mi despacho, pudieron ver los hermanos un cuadrito de Franco, al pié del cuál, estaba escrito el pasaje bíblico citado mas arriba, Romanos cap.13 vers.1,2. Muerto Franco y ministrando en la iglesia del Parque de Lisboa, en mi despacho estuvo el mismo cuadro, pero con la figura del Rey, y la misma cita bíblica de la epístola a los Romanos. Y nunca fui franquista, ni tampoco monárquico, como saben bien los que me conocen desde la misma infancia, ni jamás estuve de acuerdo con la política franquista, si es que tal política existió, ni con la restauración de la Monarquía de la llamada Transición. PERO LA BIBLIA ME OBLIGABA A ACEPTAR GOBIERNOS CON LOS QUE NO ESTABA DE ACUERDO, e incluso me repugnaban. Ya sé que es creencia extendida que el miedo a los militares, hizo que la Transición no se pudiera hacer de otra manera. Pero sí se pudo. Lo mismo que se llamó al Lehendakari y al Honorable Tarradellas de sus respectivos exilios para que convocasen sus respectivas elecciones, se pudo llamar también al Presidente de la República en el exilio, para que en breve convocasen elecciones a cortes Constituyentes, que redactaran una Constitución libre de ataduras y condicionantes previos, una Constitución verdaderamente laica y republicana, restableciendo así la legalidad que el ilegal Golpe de Estado, eufemísticamente llamado Alzamiento Nacional, quebrantó de forma criminal y vergonzosa con las bendiciones de la mayor parte del clero y su retrógrada Jerarquía. Al contrario, se aceptó la herencia que nos legó el Dictador. Aunque tengo que reconocer que el Régimen franquista ha sido desmontado (no así su sostén eclesiástico), siempre que el triste evento del “23-F”, haya sido realmente, lo que a todos los españoles, se nos ha dicho que fue. Si fue otra cosa, y esto, hoy, sólo puede saberlo Dios, entonces la loada TRANSICIÓN, despojada de sus letra “NS” centrales, siglas del Nacional Sindicalismo, como se autodefinía el Régimen, nos dejaría la triste palabra de TRAICIÓN. Por supuesto que por temor a los sables, pero con ese temor incluído, no dejaría de ser “traición” en lugar de “transición”. No puede tacharse de antiespañol a quienes abriguen tal sospecha, como no fue antiespañol el Cid al exigirle al rey Alfonso en la iglesia de Santa Gadea, juramento de que no había tomado parte en el asesinato de su hermano el rey Sancho, antes de prestarle el suyo de “lealtad”. Nadie, excepto Dios, tiene derechos sobre el alma y la conciencia, como también lo afirmó ante Felipe II el Alcalde de Zalamea, según reza el clásico de nuestro siglo de oro. (Notas 67, 68,69,70)
Nos extenderemos un poco mas en lo esbozado antes, sobre la economía en la iglesia de Dios, para lo que tengo que volver a insistir en el tema de las Capillas, porque este capítulo, suele representar el mayor gasto de las iglesias y estos recursos, deberían ser empleados en otros menesteres necesarios; tales como la atención a creyentes necesitados, enfermos, mayores con poca pensión, parados, emigrantes, adquisición de Biblias y libros para la evangelización, ayuda puntual o parcial a misioneros y predicadores, y en nada mas. Estas cosas sí son necesarias, porque es el ejemplo de las iglesias primitivas para todos los cristianos y además, así está ordenado en las Escrituras del Nuevo Testamento. En cambio, la construcción de iglesias, no está justificada en las Escrituras. ¿Acaso los cristianos de hoy no están preparados, no son capaces de ofrecer sus patios, sus garajes, sus sótanos, sus cobertizos, sus desvanes, o sus comedores, para que los hermanos se reúnan en sus casas, en grupos mas o menos grandes?.
13-SEPARACIÓN ABSOLUTA ENTRE LAS IGLESIAS Y LOS ESTADOS.
Las iglesias cristianas no deberían recibir ningún tipo de ayuda económica de los diferentes Estados, entre los que se hallan dispersas. La separación entre ambas entidades, debe ser absoluta y total. Juan Huss fue un firme defensor de este principio bíblico.
Los cristianos que no entienden este principio neotestamentario, tienden a confundir y mezclar sus propósitos y funciones, también distintos. (Nota 154)
Creen, equivocadamente, que como ocurría a menudo en el Antiguo Testamento, el Estado debe ponerse al servicio de la iglesia y, por tanto, que todas sus leyes deben estar de acuerdo con la Palabra de Dios. Tan malo es el “cesaropapismo”, como el "erastianismo". Ni los Estados deben gobernar las iglesias, ni las iglesias deben gobernar a los Estados. Ambos exxtremos son un peligrosísimo error. Algunos anabaptistas pensaron que los no cristianos, no debían ser gobernantes. Así ningún Parlamento aprobaría leyes que fueran en contra de la Palabra de Dios.
El Estado, o mas específicamente, el Gobierno, el Ejecutivo y el Legislativo, debe gobernar para TODOS sus ciudadanos, creyentes de todas las religiones, ateos, agnósticos, etc. Por eso los Estados modernos, suelen ser “aconfesionales y laicos”. No gustaba a los cristianos protestantes, cristianos independientes, ni a los practicantes de otras religiones, que los gobiernos franquistas legislaran de acuerdo siempre con las creencias del nacional-catolicismo, imperante en España, por mas de cuarenta años. Pero nos aguantábamos.
Me contó el presbítero Don Benjamín Heras, de su antecesor en el ministerio, (creo que fue Don Samuel Pimentel, padre) que en la post-guerra, irrumpieron en la Capilla Evangélica de Ollerías, unos falangistas uniformados, que interrumpieron el Culto increpando a Don Samuel, acusándole de dar cobertura a comunistas y anarquistas en la iglesia, a lo que, delante de todos, les respondió, mas o menos con estas o parecidas palabras: “Nosotros tenemos las puertas de la iglesia abiertas a todas las personas, y no preguntamos a nadie por sus ideas políticas. Pero, han de saber que aquí, siguiendo el mandato bíblico de “orar por los gobernantes”, oramos también por Franco”. A lo que el Jefe falangista, no creyéndole, replicó con sorna: -“Vamos, hombre, ¿pretende que yo me crea que ustedes rezan por el Caudillo?”; a lo que Don Samuel respondió: “-Sí, señor. Nosotros oramos por el Caudillo. ¿No oraban los primeros cristianos por Nerón?, ¿cómo no vamos nosotros a orar a Dios por estos Neroncillos de moda?”.
Por entonces, a la iglesia asistían ciudadanos alemanes y sobre todo holandeses, residentes en la, todavía no promocionada, Costa del Sol. Esto permitió que fuese aquella, la única iglesia evangélica que funcionaba en Málaga. Las demás, se reunían clandestinamente en la calle Gigantes y la fundada por Don José Luis García, en la de Dos Aceras, que luego se trasladó al antiguo Pasillo de Natera nº 24, hoy Avenida de Fátima. (Nota 62)
Con el Dictador, beato como era, nunca existió en España libertad religiosa, ni de ninguna otra clase. Porque nunca hubo SEPARACIÓN entre iglesia y Estado. Pero los cristianos viejos, de mas de sesenta años, soñadores de la libertad, sabemos lo que ésta significa y los sacrificios que han vivido nuestras iglesias, hasta poder disfrutarla, por lo que no podemos entender la actitud de los modernos cristianitos que se escandalizan con “caca, pedo, culo, pis”, y acompañan a los vetustos dinosaurios eclesiásticos, como Rouco Varela y compañía, cuando –con gorrilla incluida- se manifiestan contra un gobierno legítimo, porque ha legislado cosas como el aborto, el divorcio, los matrimonios gays, etc. Todo ello al amparo de una libertad de expresión por la que jamás lucharon, cuando el Dictador legislaba España a golpe de rosario, pistola y cárcel. (Nota 63)
Están descalificados, porque jamás protestaron por las penas de muerte que el Dictador firmaba, ni por las guerras ilegales en las que los herederos ideológicos del Régimen, metieron a la patria, contra la voluntad popular. Tampoco yo estoy de acuerdo con las citadas legislaciones, por lo que no debo practicarlas. Pero el Gobierno tiene que legislar para todos los españoles. También para los que sí creen en esas cosas. ¿Qué derecho tienen, entonces, estos cristianitos, a criticar las leyes de los paises musulmanes, tachándolas de cercenadoras de la libertad individual, cuando lo que hacen es legislar acordes con el Corán y sus tradiciones?, ¿acaso, no pretenden estos cristianos que el Gobierno español, legisle acorde con la Biblia y la tradición cristiana? . Esto sólo ocurrirá cuando el Reino de los cielos venga, y Cristo sea quien gobierne directamente el mundo. Mientras tanto, el César es el César y debemos darle lo que es suyo: su derecho a gobernar laicamente. Es absurdo que el Estado tenga que ajustar sus legislaciones a la moral cristiana, cuando hay ciudadanos que no lo son. Los Gobiernos paganos, a los que San Pablo nos manda estarle sujetos y orar por ellos, tenían legislaciones horribles, desde el punto de vista de la moral cristiana. También tenían otras leyes muy positivas, a las que el mismo San Pablo recurrió, cuando halló peligro para su vida, apelando, como ciudadano romano que era, al mismo César (Hechos 25.11,12). LAS MISMAS LEYES que existen en España hoy, existían en tiempos de Pablo. Se podían divorciar los ciudadanos romanos. Se podían casar, como Calígula, hasta con un caballo, al que nombró Senador, podían abortar e incluso suicidarse, como Séneca y tantos mas. ¿Exhortó San Pablo a manifestarse contra el Gobierno por estas y parecidas leyes?. ¡Jamás!. Todo lo contrario, dijo: “Sométase toda persona a las autoridades superiores, porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste¸ y los que resisten acarrean condenación para sí mismos.”(Romanos 13.1,2). ¡Hipócritas y fariseos!, ¿por qué no imitáis al Apóstol, sino que soliviantáis al pueblo sencillo, para desgastar un Gobierno a favor de otro partido, aglutinador de nostálgicos nietos e hijos, del que se decía “Caudillo de España por la Gracia de Dios”?. (Nota 64,65,66)
Cristianitos santurrones, acarreadores de Misales y Biblias, ¿cuándo aprenderéis a distinguir un lobo de una oveja?. “Estad firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres”(Gálatas 5.1). La intransigencia del cristianismo hispano, nos ha llevado a escribir las páginas mas negras de nuestra historia, llevados de la mano de nuestros preclaros Obispos. ¿Queréis encender de nuevo las hogueras de la Inquisición, para quemar en ellas, esta vez a socialistas, comunistas y republicanos?,¿queréis ver otra vez a los Monseñores sentados en las Cortes, legislando a golpe de crucifijo?,¿queréis que se levante otro Pelayo, que salve la sagrada unidad de España, su sacrosanta religión católicarromana, y nos libere de los sucios emigrantes que nos quitan el trabajo, de la inmoralidad de la juventud, de la telebasura, y nos haga caminar todos juntos, llevando flores a María?.
Por favor, cristianitos paguatos, tomad conciencia de que lo que necesitamos en España, es que sus gobiernos no tengan ninguna influencia cristiana, sino que sean verdaderamente laicos, y que lleven a término la neotestamentaria SEPARACIÓN TOTAL ENTRE IGLESIA Y ESTADO. Porque aún hay mucho camino que recorrer, para que la separación sea real y efectiva. Existe un Concordato con el Estado Vaticano, que debe necesariamente ser derogado, excepciones de impuestos, concertaciones y financiaciones de ciertas actividades, desde los diversos Ministerios, que son impropias de un Estado aconfesional, reconocimiento de ciertas festividades religiosas, capellanes del ejército, de cárceles y hospitales, capillas de cementerios civiles, colegios públicos, calles y plazas con crucifijos, Vírgenes o Santos, etc., etc.
Los cristianos, debemos entender que la separación de la iglesia y el estado, es un principio fundamental del Nuevo Testamento, reconocido así por muchas Confesiones. Aunque los Estados legislen contra la enseñanza cristiana, mientras tú no seas obligado a obrar contra tu conciencia, nada tienes que objetar, y le debes sumisión, respeto y obediencia.
En la Capilla de Torres Bellas, en mi despacho, pudieron ver los hermanos un cuadrito de Franco, al pié del cuál, estaba escrito el pasaje bíblico citado mas arriba, Romanos cap.13 vers.1,2. Muerto Franco y ministrando en la iglesia del Parque de Lisboa, en mi despacho estuvo el mismo cuadro, pero con la figura del Rey, y la misma cita bíblica de la epístola a los Romanos. Y nunca fui franquista, ni tampoco monárquico, como saben bien los que me conocen desde la misma infancia, ni jamás estuve de acuerdo con la política franquista, si es que tal política existió, ni con la restauración de la Monarquía de la llamada Transición. PERO LA BIBLIA ME OBLIGABA A ACEPTAR GOBIERNOS CON LOS QUE NO ESTABA DE ACUERDO, e incluso me repugnaban. Ya sé que es creencia extendida que el miedo a los militares, hizo que la Transición no se pudiera hacer de otra manera. Pero sí se pudo. Lo mismo que se llamó al Lehendakari y al Honorable Tarradellas de sus respectivos exilios para que convocasen sus respectivas elecciones, se pudo llamar también al Presidente de la República en el exilio, para que en breve convocasen elecciones a cortes Constituyentes, que redactaran una Constitución libre de ataduras y condicionantes previos, una Constitución verdaderamente laica y republicana, restableciendo así la legalidad que el ilegal Golpe de Estado, eufemísticamente llamado Alzamiento Nacional, quebrantó de forma criminal y vergonzosa con las bendiciones de la mayor parte del clero y su retrógrada Jerarquía. Al contrario, se aceptó la herencia que nos legó el Dictador. Aunque tengo que reconocer que el Régimen franquista ha sido desmontado (no así su sostén eclesiástico), siempre que el triste evento del “23-F”, haya sido realmente, lo que a todos los españoles, se nos ha dicho que fue. Si fue otra cosa, y esto, hoy, sólo puede saberlo Dios, entonces la loada TRANSICIÓN, despojada de sus letra “NS” centrales, siglas del Nacional Sindicalismo, como se autodefinía el Régimen, nos dejaría la triste palabra de TRAICIÓN. Por supuesto que por temor a los sables, pero con ese temor incluído, no dejaría de ser “traición” en lugar de “transición”. No puede tacharse de antiespañol a quienes abriguen tal sospecha, como no fue antiespañol el Cid al exigirle al rey Alfonso en la iglesia de Santa Gadea, juramento de que no había tomado parte en el asesinato de su hermano el rey Sancho, antes de prestarle el suyo de “lealtad”. Nadie, excepto Dios, tiene derechos sobre el alma y la conciencia, como también lo afirmó ante Felipe II el Alcalde de Zalamea, según reza el clásico de nuestro siglo de oro. (Notas 67, 68,69,70)
Esa explicación recibían, los que se sorprendían porque tuviera en el despacho, la fotografía de nuestro perseguidor, Franco. Así que, cristianitos fachitas, no mareéis la perdiz, amparándoos en vuestra disconformidad con la ley de los matrimonios gays, para arremeter contra un gobierno que, ni siquiera es socialista, sino –como mucho- socialdemócrata. Es decir: los pragmáticos que se limitan a hacer el socialismo que se puede hacer. Con su timidez, nuca tendremos una España verdaderamente laica, ni se desarraigará definitivamente la pobreza y miseria del país. No celebréis tales matrimonios en vuestras iglesias, que nadie os obliga a ello y, dejadlos en paz, que bastante han sido perseguidos en el pasado. Hasta hubo campos de concentración, disfrazados de manicomios, para recluir a los homosexuales mas recalcitrantes e “incorregibles”. No es de extrañar que tantos se casaran con mujeres a las que hacían infelices, o se ordenaran sacerdotes, para escapar de la homofobia de la sociedad franquista, sin entrar en el tema de la pederastia, sobre el que poderosas fuerzas oscurantistas están confabuladas para evitar que en España, salga a la luz.
Si el mismo Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, nos da libertad para pecar, sin que al instante, nos caiga un rayo fulminante de su justicia divina, ¿cómo puedo yo, que me tengo por seguidor de su Hijo, montar en cólera contra quien legisla estos matrimonios?, ¿increparé al Gobierno o al Parlamento, por haber promulgado esta y otras leyes?. Sobre todo, porque el Gobierno no las ha promulgado para mí, sino para otros ciudadanos, con visión moral muy distinta a la mía. Sólo Dios tiene derecho a erradicar Sodoma o el mundo entero, si le place. Cristianitos paguatos ¡guardad vuestras cerillas! o, ¿piensas que eres acaso, menos merecedor del Juicio de Dios?. (Nota 71)
Si la manifestación es porque el matrimonio gay es antibíblico, los Obispos deberían saber que su Iglesia sostiene muchas prácticas, e incluso dogmas, que son antibíblicos: el Papado no está refrendado por la Biblia. Tampoco el dogma de la Infalibilidad que causó una división o cisma, “la Iglesia de los Viejos Católicos”, persistente hasta el día de hoy. Tampoco el dogma de la Asunción de María, tiene apoyo bíblico, ni el celibato forzoso, práctica antinatural que dio pié a la profesión sacerdotal y monjil de muchos homosexuales de ambos géneros y a la pederastia que se ha venido practicando en la Iglesia Romana tras la imposición, en el siglo IX, del celibato clerical. También el uso de imágenes, la confesión auricular al sacerdote, el carácter sacrificial de la Misa, la advocación de los santos, la transubstanciación, etc. Todos son temas contrarios a la enseñanza bíblica. Es cuestionable la autoridad de este sector de la Iglesia, el católico-romano, para manifestarse porque un Gobierno aconfesional, promulgue leyes contrarias a la Biblia. Pero es incomprensible que otros sectores de la Iglesia, los evangélicos, vayan del brazo, en tales manifestaciones, con aquellos que tantas doctrinas contrarias a las Escrituras, enseñan y sostienen.
La única explicación que se me ocurre es que tales cristianitos no entienden bien la enseñanza bíblica de la “separación entre Iglesia y Estado”, o que sean cristianitos fachas que quieran desgastar al gobierno actual del PSOE. En cualquier caso, lamentable.
Estos cristianitos de gorrilla y pancarta, suelen citar en justificación de su actitud, el ejemplo de Juan el Bautista, que no dudó en increpar al rey Herodes, diciéndole: “No te es lícito tener como esposa a la mujer de tu hermano”(Mateo 14.4).
Así justifican la actitud profética de los Monseñores y su ovejil seguidismo, para en uso de su libertad de expresión –que no usan para defender otras causas- increpar al Gobierno diciéndole: “No es lícito el matrimonio gay”. Me pregunto si existiera el riesgo de que tal protesta, les costara la cabeza, como le costó al Bautista, o la cárcel como en tiempos franquistas, hubieran salido a protestar.
Respuesta aparte, diré que Juan el Bautista (Elías increpó también al rey Acab, por su idolatría) vivió los últimos tiempos del Antiguo Pacto, y en sus días, todavía estaba vigente la ley levítica, que prohibía el matrimonio entre cuñados (Levítico 18.16 y 20:21), salvo en el caso de que el difunto , no hubiera dejado hijo, en cuyo caso, era obligado que el hermano del muerto, tomara a su cuñada viuda como esposa, y el hijo que tuvieren, sería considerado hijo del difunto, a fin de evitar que la herencia familiar pasara a otro clan (Deuteronomio 25.5). Esta ley, conocida como del “levirato”, le fue citada por los saduceos a Jesús, para negar la resurrección que él predicaba (Mateo 22.24-28). Muerto o vivo el hermano de Herodes, el casamiento entre cuñados estaba prohibido, con la citada excepción. Pero este no era el caso de Herodes, por lo que el rey, estaba quebrantando la ley casándose con su cuñada. El concepto reinante en la Antigua Alianza, era que en la nación de Dios, Israel, los reyes debían cumplir y hacer cumplir las leyes mosaicas, porque se consideraba a Israel, como una Teocracia. No existía lo que llamamos hoy “aconfesionalidad” del Estado, ni siquiera existía la libertad religiosa.
Si Juan el Bautista hubiera estado bajo el Nuevo Pacto, en lugar de ser el último de los profetas del Antiguo, y hubiera presenciado la inclusión de los gentiles en el reino de Dios, como los Apóstoles pudieron ver, así como el rechazo del Israel carnal como pueblo suyo, por su incredulidad al Evangelio, no hubiera increpado al rey de Israel, ni a ningún otro de ninguna otra nación, porque hubiera entendido perfectamente la SEPARACIÓN de la iglesia y el Estado, asunto que estaba fuera de su esquema mental veterotestamentario.
Por eso, la denuncia del Bautista al rey de Israel, para que cumpliera la ley de Israel; no les sirve a estos Obispos para increpar a un gobierno aconfesional, para que cumpla las leyes cristianas. Lo triste del caso, es que hasta hubo cristianos protestantes, que fueron arrastrados a entrar en este juego político de los Obispos, coincidente con la operación de acoso y derribo al gobierno socialista, llevada a cabo por el Partido Popular. Incluso hubo Pastores que firmaron manifiestos innecesarios, que ignorando el principio de Separación, tantas veces citado, se prestaron a este juego sucio de la derechista iglesia-jerarquía española, olvidando que “Roma no paga a traidores”. Ni la imperial, ni la eclesial tampoco. ¡Como para fiarse de estos clérigos cegatos!.
Dice la Palabra: “Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos....Por lo cual es necesario estarle sujetos, no solamente por razón del castigo, sino también por causa de la conciencia. Pues por esto pagáis también los tributos, porque son servidores a esto mismo. Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra” (Romanos 13.1,2,5,6,7).
“Recuérdales que se sujeten a los gobernantes y autoridades, que obedezcan..” (Tito 3.1).
Y lo mismo dijo San Pedro en su epístola universal, de cualquiera de los gobiernos injustos, que gobernaban sobre los cristianos en cualquier país: “Por causa del Señor someteos a toda institución humana, ya sea al rey, como a superior, ya a los gobernadores, como por él enviados....Honrad a todos. Amad a los hermanos. Temed a Dios. Honrad al rey” (1ª Pedro 2.13,14,17).
Los gobiernos laicos sólo deben ser desobedecidos, cuando sus leyes anticristianas te involucren a ti, directa y personalmente. En tales supuestos, debes “obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 5.29), y luego, disponerte a sufrir las consecuencias de tu personal decisión. En ningún caso, cuando la ley no es hecha para obligar a nadie, que no quiera libremente acogerse a ella. Si se acoge a ella y peca, es su problema, no el tuyo. Ya le juzgará Dios. Esto vale para la ley de divorcio, la del aborto, de los matrimonios gays, de la todavía futura de eutanasia, y de cualquiera otra que exija el consentimiento libre de los que desean utilizarlas, por anticristianas que sean o nos lo parezcan.
14-PRETENSIÓN DE SOMETER AL ESTADO.
La Iglesia y el Estado no pueden estar juntos, ni revueltos. Si, como la Ramera del Apocalipsis, lo están, entonces, la Palabra de Dios llama a esta unión “fornicación con los reyes y poderosos de la tierra” (Apocalipsis 18.3), que justamente describe lo que hizo la iglesia nacional-católica, con los gobiernos de Franco y con todos los reyes Borbones y Austrias (excepto con los de los últimos años de la Democracia y las dos Repúblicas). Esta calificación bíblica, “fornicación”, podría también trasladarse a todos los gobiernos confesionales de cualquier país. La parte de la Iglesia auto adjetivada “católica, apostólica y romana”, tiene esta pretensión y siempre, históricamente, la tuvo.
Por ello, la tiara oficial del Papa tiene tres coronas superpuestas, aludiendo al poder temporal del Papa como el de cualquier otro rey, poder espiritual y poder celestial, simbolizado también por las dos llaves de su bandera, con las que puede abrir y cerrar el cielo, la salvación, a los hombres. ¡Ahí es nada!. Estas increíbles pretensiones están recogidas en la teología medieval y en la mas ortodoxa enseñanza católicorromana de anteayer, nunca desmentida, sino –todo lo mas- silenciada, como se hace en la actualidad, debido a la divulgación creciente de la cultura democrática. Existen órdenes, organizaciones católicas que, además de sus votos preceptivos, hacen otro especial de obediencia y fidelidad al Pontífice, por encima de cualquiera otra soberanía. Es lógico, si se acepta su pretensión, de ser el Vicario o Representante de Cristo en la tierra, para ejercer todo el poder terrenal, espiritual, eclesial y celestial sobre la humanidad y el planeta en que habita. La triple corona, lo señalan como al Rey de Reyes. Las conciencias verdaderamente instruidas en la fe católica, no reconocen ninguna otra autoridad sobre la tierra, superior a la del Papa. (Nota 72)
Teniendo en cuenta lo dicho, parece mentira que sea Estados Unidos, país de mayoría protestante, el mejor amigo del Vaticano, siendo –como es- uno de los países mas celosos de su propia soberanía, hasta el punto de exigir para el acceso a la ciudadanía, un Juramento de Lealtad que incluye la abjuración del país de procedencia y el rechazo en conciencia, de cualquier otra soberanía o autoridad, por encima de la de los Estados Unidos de América. Dice así: “Declaro bajo juramento, que renuncio y abjuro absoluta y enteramente, a toda lealtad y fidelidad a cualquier príncipe, potentado, estado o soberanía extranjeros a los que haya estado sujeto en el pasado, o del haya sido ciudadano”. A los naturales del país, se les supone hecho. ¿Acaso desconocen las autoridades la doctrina papal al respecto?¿Ignoran que, en caso de conflicto con el Vaticano o la Iglesia que representa, todo buen católico norteamericano, está obligado a obedecer al Papa, antes que a los Estados Unidos de América?.
Parece que no ignoran la contradicción entre ambas fidelidades. Lo que ocurre es que saben que esta fricción no va a producirse, porque conocen la historia reciente, cuando sabiendo el Papa perfectamente, lo que estaba ocurriendo en los campos de concentración con los judíos, no condenó al nazismo alemán, excomulgando a todos los católicos alemanes que participaran en el genocidio, con lo que habría terminado la 2ª Guerra Mundial mucho antes, sino que se limitó a unas ambiguas declaraciones generales, sobre el derecho de todos los hombres a la dignidad y a la vida, que no asustaron al católico Hitler. Pero, ¿y si el Eje fascista ganaba la guerra?. No era conveniente precipitarse. Aunque su predecesor, se apresuró a condenar al Comunismo, incluso antes de que Stalin cometiera su propio y no menos execrable genocidio. En cambio el Capitalismo salvaje, causante de las guerras económicas, y sus no menos crueles genocidios, con sus hambres y miserias, nunca ha sido formalmente condenado. Los Estados Unidos conocen bien el proceder del Papado y, por eso están seguros de que el problema de fidelidades mencionado antes, jamás va a producirse.
No debe pues extrañar la historia de dominio del Papado sobre las naciones que, como España, se lo han permitido. Ni debe dudarse de lo que haría en el futuro, con las naciones que, por su acendrado catolicismo, se lo pudieran consentir. (Nota 73)
Sucede lo mismo con los Califas del Islam. Los sucesores del profeta Muhamad reunían en sus personas, la jefatura política y religiosa de todos los musulmanes. Quizá por eso, porque esta pretensión la tuvieron ambos, Papas y Califas, fuera por lo que siempre hubo entre ellos, una constante y abierta animadversión, causantes de las continuas guerras entre cristianos y musulmanes, llamadas Cruzadas, con pueriles pretextos como rescatar de los moros los lugares Santos, tan poco creíbles como el de Bush, de buscar armas de destrucción masiva, cuando iban por el control de la producción petrolera de Irak, cuyos pozos no sufrieron daños sustanciales y siguieron en plena producción durante las peores fases de la guerra.
El Califato Otomano, fue abolido por el presidente turco Kemal Atarturk en 1924. El rey de Italia, Víctor Manuel II, abolió oficialmente los Estados Pontificios, pero al permitir la independencia del Vaticano, no abrogó el poder político del Papado, que sigue ejerciéndolo a través de sus embajadores, llamados Nuncios, en todo el mundo, en pro de sus pretensiones teocráticas. En España, país de espíritu imperialista donde los haya, tuvimos nuestros Califas, independientes del de Damasco, y nuestro propio Papa, el aragonés Papa Luna, Benedicto XIII, tozudo, a quien Roma no reconoció. Somos, los españoles, capaces de los extremos mas contradictorios, pudiendo pasar de ser el país mas musulmán del mundo, a ser la nación mas papista que el propio Papa. Ahí está la historia para corroborarlo. Por eso hemos tenido la guerra civil mas larga de toda la historia universal, la de españoles cristianos contra españoles musulmanes, falsamente llamada “reconquista”, que duró ocho siglos, según unos, o diez siglos, si contamos los dos de resistencia morisca, hasta el reinado de Felipe III, cuando fueron expulsados en 1609 definitivamente. Aunque antes, de 1568 hasta 1571, se produjeron rebeliones andalusíes, como las de las Alpujarras granadina y la Axarquía malagueña, y eventos como la proclamación del guerrillero Abén Humeya como rey de Granada y Córdoba, asesinado en 1569, contra quien Felipe II tuvo que enviar a su hermanastro Don Juan de Austria y otros prestigiosos militares. Guerra civil que no concluyó hasta la total eliminación física del adversario, pero que se prosiguió mas allá de la tumba, ignorando o tergiversando la historia, para mas INRI del perdedor, como si se quisiera borrar su misma existencia de la memoria. (Notas 74,75,76)
Si el mismo Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, nos da libertad para pecar, sin que al instante, nos caiga un rayo fulminante de su justicia divina, ¿cómo puedo yo, que me tengo por seguidor de su Hijo, montar en cólera contra quien legisla estos matrimonios?, ¿increparé al Gobierno o al Parlamento, por haber promulgado esta y otras leyes?. Sobre todo, porque el Gobierno no las ha promulgado para mí, sino para otros ciudadanos, con visión moral muy distinta a la mía. Sólo Dios tiene derecho a erradicar Sodoma o el mundo entero, si le place. Cristianitos paguatos ¡guardad vuestras cerillas! o, ¿piensas que eres acaso, menos merecedor del Juicio de Dios?. (Nota 71)
Si la manifestación es porque el matrimonio gay es antibíblico, los Obispos deberían saber que su Iglesia sostiene muchas prácticas, e incluso dogmas, que son antibíblicos: el Papado no está refrendado por la Biblia. Tampoco el dogma de la Infalibilidad que causó una división o cisma, “la Iglesia de los Viejos Católicos”, persistente hasta el día de hoy. Tampoco el dogma de la Asunción de María, tiene apoyo bíblico, ni el celibato forzoso, práctica antinatural que dio pié a la profesión sacerdotal y monjil de muchos homosexuales de ambos géneros y a la pederastia que se ha venido practicando en la Iglesia Romana tras la imposición, en el siglo IX, del celibato clerical. También el uso de imágenes, la confesión auricular al sacerdote, el carácter sacrificial de la Misa, la advocación de los santos, la transubstanciación, etc. Todos son temas contrarios a la enseñanza bíblica. Es cuestionable la autoridad de este sector de la Iglesia, el católico-romano, para manifestarse porque un Gobierno aconfesional, promulgue leyes contrarias a la Biblia. Pero es incomprensible que otros sectores de la Iglesia, los evangélicos, vayan del brazo, en tales manifestaciones, con aquellos que tantas doctrinas contrarias a las Escrituras, enseñan y sostienen.
La única explicación que se me ocurre es que tales cristianitos no entienden bien la enseñanza bíblica de la “separación entre Iglesia y Estado”, o que sean cristianitos fachas que quieran desgastar al gobierno actual del PSOE. En cualquier caso, lamentable.
Estos cristianitos de gorrilla y pancarta, suelen citar en justificación de su actitud, el ejemplo de Juan el Bautista, que no dudó en increpar al rey Herodes, diciéndole: “No te es lícito tener como esposa a la mujer de tu hermano”(Mateo 14.4).
Así justifican la actitud profética de los Monseñores y su ovejil seguidismo, para en uso de su libertad de expresión –que no usan para defender otras causas- increpar al Gobierno diciéndole: “No es lícito el matrimonio gay”. Me pregunto si existiera el riesgo de que tal protesta, les costara la cabeza, como le costó al Bautista, o la cárcel como en tiempos franquistas, hubieran salido a protestar.
Respuesta aparte, diré que Juan el Bautista (Elías increpó también al rey Acab, por su idolatría) vivió los últimos tiempos del Antiguo Pacto, y en sus días, todavía estaba vigente la ley levítica, que prohibía el matrimonio entre cuñados (Levítico 18.16 y 20:21), salvo en el caso de que el difunto , no hubiera dejado hijo, en cuyo caso, era obligado que el hermano del muerto, tomara a su cuñada viuda como esposa, y el hijo que tuvieren, sería considerado hijo del difunto, a fin de evitar que la herencia familiar pasara a otro clan (Deuteronomio 25.5). Esta ley, conocida como del “levirato”, le fue citada por los saduceos a Jesús, para negar la resurrección que él predicaba (Mateo 22.24-28). Muerto o vivo el hermano de Herodes, el casamiento entre cuñados estaba prohibido, con la citada excepción. Pero este no era el caso de Herodes, por lo que el rey, estaba quebrantando la ley casándose con su cuñada. El concepto reinante en la Antigua Alianza, era que en la nación de Dios, Israel, los reyes debían cumplir y hacer cumplir las leyes mosaicas, porque se consideraba a Israel, como una Teocracia. No existía lo que llamamos hoy “aconfesionalidad” del Estado, ni siquiera existía la libertad religiosa.
Si Juan el Bautista hubiera estado bajo el Nuevo Pacto, en lugar de ser el último de los profetas del Antiguo, y hubiera presenciado la inclusión de los gentiles en el reino de Dios, como los Apóstoles pudieron ver, así como el rechazo del Israel carnal como pueblo suyo, por su incredulidad al Evangelio, no hubiera increpado al rey de Israel, ni a ningún otro de ninguna otra nación, porque hubiera entendido perfectamente la SEPARACIÓN de la iglesia y el Estado, asunto que estaba fuera de su esquema mental veterotestamentario.
Por eso, la denuncia del Bautista al rey de Israel, para que cumpliera la ley de Israel; no les sirve a estos Obispos para increpar a un gobierno aconfesional, para que cumpla las leyes cristianas. Lo triste del caso, es que hasta hubo cristianos protestantes, que fueron arrastrados a entrar en este juego político de los Obispos, coincidente con la operación de acoso y derribo al gobierno socialista, llevada a cabo por el Partido Popular. Incluso hubo Pastores que firmaron manifiestos innecesarios, que ignorando el principio de Separación, tantas veces citado, se prestaron a este juego sucio de la derechista iglesia-jerarquía española, olvidando que “Roma no paga a traidores”. Ni la imperial, ni la eclesial tampoco. ¡Como para fiarse de estos clérigos cegatos!.
Dice la Palabra: “Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos....Por lo cual es necesario estarle sujetos, no solamente por razón del castigo, sino también por causa de la conciencia. Pues por esto pagáis también los tributos, porque son servidores a esto mismo. Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra” (Romanos 13.1,2,5,6,7).
“Recuérdales que se sujeten a los gobernantes y autoridades, que obedezcan..” (Tito 3.1).
Y lo mismo dijo San Pedro en su epístola universal, de cualquiera de los gobiernos injustos, que gobernaban sobre los cristianos en cualquier país: “Por causa del Señor someteos a toda institución humana, ya sea al rey, como a superior, ya a los gobernadores, como por él enviados....Honrad a todos. Amad a los hermanos. Temed a Dios. Honrad al rey” (1ª Pedro 2.13,14,17).
Los gobiernos laicos sólo deben ser desobedecidos, cuando sus leyes anticristianas te involucren a ti, directa y personalmente. En tales supuestos, debes “obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 5.29), y luego, disponerte a sufrir las consecuencias de tu personal decisión. En ningún caso, cuando la ley no es hecha para obligar a nadie, que no quiera libremente acogerse a ella. Si se acoge a ella y peca, es su problema, no el tuyo. Ya le juzgará Dios. Esto vale para la ley de divorcio, la del aborto, de los matrimonios gays, de la todavía futura de eutanasia, y de cualquiera otra que exija el consentimiento libre de los que desean utilizarlas, por anticristianas que sean o nos lo parezcan.
14-PRETENSIÓN DE SOMETER AL ESTADO.
La Iglesia y el Estado no pueden estar juntos, ni revueltos. Si, como la Ramera del Apocalipsis, lo están, entonces, la Palabra de Dios llama a esta unión “fornicación con los reyes y poderosos de la tierra” (Apocalipsis 18.3), que justamente describe lo que hizo la iglesia nacional-católica, con los gobiernos de Franco y con todos los reyes Borbones y Austrias (excepto con los de los últimos años de la Democracia y las dos Repúblicas). Esta calificación bíblica, “fornicación”, podría también trasladarse a todos los gobiernos confesionales de cualquier país. La parte de la Iglesia auto adjetivada “católica, apostólica y romana”, tiene esta pretensión y siempre, históricamente, la tuvo.
Por ello, la tiara oficial del Papa tiene tres coronas superpuestas, aludiendo al poder temporal del Papa como el de cualquier otro rey, poder espiritual y poder celestial, simbolizado también por las dos llaves de su bandera, con las que puede abrir y cerrar el cielo, la salvación, a los hombres. ¡Ahí es nada!. Estas increíbles pretensiones están recogidas en la teología medieval y en la mas ortodoxa enseñanza católicorromana de anteayer, nunca desmentida, sino –todo lo mas- silenciada, como se hace en la actualidad, debido a la divulgación creciente de la cultura democrática. Existen órdenes, organizaciones católicas que, además de sus votos preceptivos, hacen otro especial de obediencia y fidelidad al Pontífice, por encima de cualquiera otra soberanía. Es lógico, si se acepta su pretensión, de ser el Vicario o Representante de Cristo en la tierra, para ejercer todo el poder terrenal, espiritual, eclesial y celestial sobre la humanidad y el planeta en que habita. La triple corona, lo señalan como al Rey de Reyes. Las conciencias verdaderamente instruidas en la fe católica, no reconocen ninguna otra autoridad sobre la tierra, superior a la del Papa. (Nota 72)
Teniendo en cuenta lo dicho, parece mentira que sea Estados Unidos, país de mayoría protestante, el mejor amigo del Vaticano, siendo –como es- uno de los países mas celosos de su propia soberanía, hasta el punto de exigir para el acceso a la ciudadanía, un Juramento de Lealtad que incluye la abjuración del país de procedencia y el rechazo en conciencia, de cualquier otra soberanía o autoridad, por encima de la de los Estados Unidos de América. Dice así: “Declaro bajo juramento, que renuncio y abjuro absoluta y enteramente, a toda lealtad y fidelidad a cualquier príncipe, potentado, estado o soberanía extranjeros a los que haya estado sujeto en el pasado, o del haya sido ciudadano”. A los naturales del país, se les supone hecho. ¿Acaso desconocen las autoridades la doctrina papal al respecto?¿Ignoran que, en caso de conflicto con el Vaticano o la Iglesia que representa, todo buen católico norteamericano, está obligado a obedecer al Papa, antes que a los Estados Unidos de América?.
Parece que no ignoran la contradicción entre ambas fidelidades. Lo que ocurre es que saben que esta fricción no va a producirse, porque conocen la historia reciente, cuando sabiendo el Papa perfectamente, lo que estaba ocurriendo en los campos de concentración con los judíos, no condenó al nazismo alemán, excomulgando a todos los católicos alemanes que participaran en el genocidio, con lo que habría terminado la 2ª Guerra Mundial mucho antes, sino que se limitó a unas ambiguas declaraciones generales, sobre el derecho de todos los hombres a la dignidad y a la vida, que no asustaron al católico Hitler. Pero, ¿y si el Eje fascista ganaba la guerra?. No era conveniente precipitarse. Aunque su predecesor, se apresuró a condenar al Comunismo, incluso antes de que Stalin cometiera su propio y no menos execrable genocidio. En cambio el Capitalismo salvaje, causante de las guerras económicas, y sus no menos crueles genocidios, con sus hambres y miserias, nunca ha sido formalmente condenado. Los Estados Unidos conocen bien el proceder del Papado y, por eso están seguros de que el problema de fidelidades mencionado antes, jamás va a producirse.
No debe pues extrañar la historia de dominio del Papado sobre las naciones que, como España, se lo han permitido. Ni debe dudarse de lo que haría en el futuro, con las naciones que, por su acendrado catolicismo, se lo pudieran consentir. (Nota 73)
Sucede lo mismo con los Califas del Islam. Los sucesores del profeta Muhamad reunían en sus personas, la jefatura política y religiosa de todos los musulmanes. Quizá por eso, porque esta pretensión la tuvieron ambos, Papas y Califas, fuera por lo que siempre hubo entre ellos, una constante y abierta animadversión, causantes de las continuas guerras entre cristianos y musulmanes, llamadas Cruzadas, con pueriles pretextos como rescatar de los moros los lugares Santos, tan poco creíbles como el de Bush, de buscar armas de destrucción masiva, cuando iban por el control de la producción petrolera de Irak, cuyos pozos no sufrieron daños sustanciales y siguieron en plena producción durante las peores fases de la guerra.
El Califato Otomano, fue abolido por el presidente turco Kemal Atarturk en 1924. El rey de Italia, Víctor Manuel II, abolió oficialmente los Estados Pontificios, pero al permitir la independencia del Vaticano, no abrogó el poder político del Papado, que sigue ejerciéndolo a través de sus embajadores, llamados Nuncios, en todo el mundo, en pro de sus pretensiones teocráticas. En España, país de espíritu imperialista donde los haya, tuvimos nuestros Califas, independientes del de Damasco, y nuestro propio Papa, el aragonés Papa Luna, Benedicto XIII, tozudo, a quien Roma no reconoció. Somos, los españoles, capaces de los extremos mas contradictorios, pudiendo pasar de ser el país mas musulmán del mundo, a ser la nación mas papista que el propio Papa. Ahí está la historia para corroborarlo. Por eso hemos tenido la guerra civil mas larga de toda la historia universal, la de españoles cristianos contra españoles musulmanes, falsamente llamada “reconquista”, que duró ocho siglos, según unos, o diez siglos, si contamos los dos de resistencia morisca, hasta el reinado de Felipe III, cuando fueron expulsados en 1609 definitivamente. Aunque antes, de 1568 hasta 1571, se produjeron rebeliones andalusíes, como las de las Alpujarras granadina y la Axarquía malagueña, y eventos como la proclamación del guerrillero Abén Humeya como rey de Granada y Córdoba, asesinado en 1569, contra quien Felipe II tuvo que enviar a su hermanastro Don Juan de Austria y otros prestigiosos militares. Guerra civil que no concluyó hasta la total eliminación física del adversario, pero que se prosiguió mas allá de la tumba, ignorando o tergiversando la historia, para mas INRI del perdedor, como si se quisiera borrar su misma existencia de la memoria. (Notas 74,75,76)
Desaparecidos los Califas, heredaron sus dos funciones de jefes políticos y religiosos, los diversos reyes y emires que resultaron de la desmembración del Imperio Otomano. Ellos cambiaron la inveterada tolerancia del Islam, por la dictadura política y la aplicación de la Sharía. Quisieron ser pequeños Califas en sus reinos y emiratos y así permanecen hasta hoy: en la inmovilidad política y casi totalmente atrapados en la ortodoxia islámica mas conservadora. Ya nadie procedería como el andalusí Al-Mansur, cuando presenció cómo la guardia cordobesa conducía a un borracho a la cárcel (el musulmán no puede tomar alcohol). –“¿Cómo le lleváis a la cárcel, acaso no veis que está enfermo?. ¡Llevadle al hospital¡” Y los soldados, miraron al general y cumplieron, tolerantes, sus órdenes.
También el Dalai Lama del Tíbet, ha tenido y tiene la misma pretensión del Papa y el Califa. Ha reunido en su Beatitud, la jefatura política y religiosa de su país. Despojado de su jefatura política por el gobierno laico de Pekín, se auto exilió en la India en 1959, pero es en la anticomunista nación norteamericana, donde establece su cuartel general y desde donde hostiga al gobierno comunista chino, para recobrar su poder y obtener la independencia total de ese territorio. Toda la batalla que su Beatitud lidera, no le perturba su meditación trascendental ni su yoga espiritual. (Nota 77)
La encarnación del mismo Iluminado, príncipe Gautama o Buda, desea el poder político que el propio Buda rechazó, para caminar pobremente por el mundo. El Dalai Lama no quiere seguir el ascetismo y la renuncia que practicó aquel de quien dice ser, su 14ª reencarnación. No renuncia a su modesta túnica azafranada, pero tampoco a la ingente cantidad de dólares que, para él y su causa, le da el gobierno americano y le donan sus anticomunistas ciudadanos, simpatizantes de los pacíficos cabezas rapadas, dueños tan sólo de su plato, con el que suelen mendigar su comida. Sus campañas no buscan la “liberación del Tíbet”, sino la recuperación de su totalitario poder ancestral.
Y es que la enseñanza Neotestamentaria de la separación entre iglesia y estado, es aplicable no sólo a los cristianos, sino a todas las demás religiones. Aunque se intente unir ambas entidades, a la larga, terminarán separándose como el agua y el aceite, para bien de ambos.
Ir contra este principio tiene su costo. En la formación de España como nación, influyó mucho la idea de la unificación de los territorios y de los ciudadanos, en un solo país y una sola religión. Esto nos costó siglos de guerras, que culminaron con deportaciones de grupos poblacionales, como los judíos primero y los moriscos después.
Cuando el factor religioso interviene, estos conflictos alcanzan una virulencia inusitada, porque no hay nada mas cruel que el fanatismo religioso, que suele tomar a Dios por bandera y, contrariamente a los principios cristianos del amor al prójimo, no cesan hasta la eliminación del adversario y su expulsión, privando al país en cuestión, de la riqueza cultural que conlleva el mestizaje y la tolerancia. Como suele ocurrir, los perdedores, son siempre los mas cultos, y los ganadores los mas fanáticos y embrutecidos.
Mal quedó la patria española, tras el exterminio y deportación, de las poblaciones no católicas del suelo patrio. Fuimos incapaces de administrar sabiamente, uno de los mas extensos Imperios que ha conocido la humanidad, supeditando la economía y la cultura al dominio del Papado, y pronto fuimos eclipsados por otros, como los ingleses que, con todos sus fallos, supieron hacerlo mejor.(Notas 78,79,80)
Tras la entrada de los ejércitos castellano-católicos en el reino nazarí de Granada, se quebrantaron todas las condiciones por las que Granada se entregaba sin lucha. Ni se respetaron las mezquitas, sino que convirtieron sus minaretes en campanarios, para reconvertirlas en iglesias. Ni se respetó la práctica del Islam de los nuevos españoles, sino que se les mandó un aluvión de frailes, para convertirlos a la fuerza al catolicismo. Ni se respetaron las alquerías de Boabdil, ni las de la nobleza granadina, a mucha de la cual se le ofreció títulos nobiliarios a cambio de su conversión, ni las propiedades de los granadinos que no se convirtieran al catolicismo. Ni tampoco se les permitió vestir sus cómodas túnicas, ni conservar su idioma de siglos, el árabe. Antes bien se les decía: “¡habla en cristiano!”, refiriéndose al castellano. Frase que, durante la Dictadura, también se les decía a catalanes y vascos, pero que fue acuñada tres siglos antes, en Andalucía. Y ejercieron tanta presión, que lo consiguieron. Catalanes y vascos hablan hoy sus respectivos idiomas, que nunca perdieron. Los andaluces, no. Lo olvidaron después de ochocientos años hablándolo. Tal fue la presión legal y social, ejercida sobre Andalucía. Hoy sólo llevamos cuatrocientos años (la mitad del tiempo que hablamos árabe), “hablando en cristiano”. ¿Alguien puede escandalizarse porque no lo hablemos bien?.
Los mas recalcitrantes granadinos, no quisieron bautizarse y prefirieron abandonar su patria y la de sus mayores, antes que renegar de su fe, su lengua y su maravillosa cultura. Tuvieron que mal vender sus propiedades, para costearse el pasaje en los barcos que partían a la otra orilla del Mediterráneo. Allí, en países extraños, mas atrasados que su Al Ándalus, tuvieron que vivir como extranjeros y rehacer sus vidas, añorando sus casas cuando miraban las grandes y pesadas llaves de sus puertas, que llevaron consigo. (Nota 81)
Muchos, no pudiendo resistir tanta nostalgia, regresarían años mas tarde, llegando a sufrir entonces, lo que antes habían querido evitar. Otros encontraron su salvación en la hospitalidad de las tribus gitanas, mezclándose con ellos que, aunque constantemente eran molestados y perseguidos, no lo eran a muerte, como los llamados moriscos. Lo dieron todo, a cambio de poder vivir y morir en su patria andalusí. De esta mezcla cultural proviene el cante flamenco.
Pero los benéficos Reyes Católicos, guiados siempre por el confesor de la reina, fray Tomás de Torquemada, consiguieron culminar el objetivo de un solo país y una sola religión. Hubieron focos de resistencia que perduraron dos siglos mas, como mas arriba dijimos, pero el objetivo quedó cumplido y el Papa de Roma podía ya estar contento, porque la mitad de los españoles había matado y expulsado a la otra mitad. ¿Cómo no podía dejar todo esto, huella en las sucesivas generaciones de españoles, sometidos siempre al influjo de una religión, sometida a su vez, al Papa?.
Con semejantes antecedentes, no es de extrañar que los períodos democráticos hayan sido tan breves en la historia de España. Un año duró la Primera República, cinco la Segunda. Y los treinta que llevamos con la restauración democrática, a pesar de la soterrada guerra de la iglesia-jerarquía, manifestada por su influencia en partidos políticos, grupos financieros y organizaciones de presión, podrían tocar pronto a su fin, con la aparición de otro Salvador de la patria, que la devuelva a su probada obediencia Papal, que siempre marcó la triste historia española.
Con el Islam hispano, los cristianos que quisieron seguir siéndolo, conservaron sus iglesias y su libertad de cultos. Los episodios intolerantes, fueron escasos y tuvieron que ver mayormente con provocaciones de aspirantes a mártires que, se presentaban ante las autoridades, profiriendo frases ofensivas contra el Profeta Muhamad, como reconoce el propio Menéndez Pelayo, historiador ultra-católico, buscando precisamente la cárcel o la muerte mártir, que les condujera al Cielo y a los altares, como santos. Pero, a lo que no se pudieron resistir la mayoría de los cristianos, fue a la cultura árabe, superior a la cristiana, por lo que se integraron muy pronto, en la nueva sociedad emergente, adoptando su idioma, vestimenta y costumbres árabes. Incluso se descalzaban para entrar en las iglesias. Sus cultos y liturgia eran en árabe. Fueron llamados “mozárabes”. Antes fueron cristianos arrianos y, terminaron siendo católicorromanos cuando, el latín les fue impuesto definitivamente en su liturgia. Sus descendientes en Málaga, se agrupan hoy en la Cofradía de Caballeros Mozárabes.
Pero no existe en toda España ni una sola comunidad islámica, por pequeña que sea, que haya sobrevivido desde entonces. Los descendientes de los andaluces exilados o deportados, viven diseminados por países islámicos de África, y los que se quedaron aceptando el bautismo, están tan mezclados, que es muy difícil seguir el rastro de sus apellidos con precisión. Apellidos llevados por moriscos son; Solís, Benegas, Ascalante, Aguilar, Abril, Acántara, Alguacil, Almansa, Almeida, De Alba, Almodóvar, Alvarez, Anaya, Andaluz, Aragón, Randa (Aranda), Arredondo (Redondo), Ayala, Baena, Baeza, Bárcena, Barreiros, Borrero, Barroso, Becerra, Bello, Benavides, Benjumea, Bermejo, Bernal, Blanco, Blasco o Velasco, Bonilla, Borge, Bravo, Buceta, Bueno, Cabello, Cabra, Cabrero, Cáceres, Camarena, Candela, Candil, Cárdenas, Carmona, Caro, Carrasco, Carrero, Carrillo, Carrión, Carrizo, Castañeda, Castaño, Castillo, Cegrí, Cerdera, Cervera, Cobo, Cordobés, Corral, Coto, Chacón, Chamorro, Chaves, Fajardo, Fuentes, Galán, García, Granadino, Grande, Guzmán, Hernando, Jaén, Jerez, León, Luque, Llerena, Malagueño, Maldonado, Maqueda, Maracena, Marchena, Marín, Martín, Mayo, Medina, Melero, Méndez, Mendosa, Merchán, Merino, Molina, Montalvo, Montemayor, Montero, Montoro, Montoto, Montoya, Morales, Morán,, Moreno, Murcia, Orgaz, Padilla, Paez, Palomino, Peña, Pereda, Pérez, Pineda, Ponce, Pons, Porras, Porto, Prada, Ramírez, Ramiro, Ramón, Ramos, Reina, Requena, Ríos, Rocas, Rojas, Rojo, Román, Ronda, Roque, Ros, Rosa, Ruano, Rubio, Ruiz, Salas, Santo, Sarriá, Segundo, Segura, Sierra, Serrano, Sillero, Sorbas, Soria, Soto, Tamayo, Tarifa, Tello, Terrero, Torres, Tortosa, Úbeda, Valdivia, Valenciano, Vargas, Vera y Zapata. Casi todos estos apellidos fueron llevados por moriscos andaluces a la ciudad africana de Tetuán, fundada por ellos. En la Bibliografía, transcribo las direcciones de estas fuentes (Formac. Univeritaria ADN), y aquí les expreso mi agradecimiento por la documentación aportada y consultada. Debería promulgarse una ley de retorno, para aquellos descendientes de andaluces, que deseen retornar a la Andalucía de sus ancestros. En España, hablar de Raza o de Pureza de Sangre, constituye, por nuestra historia, una aberrante estupidez.
Ya puede el Papa romano, elevar a los altares a la católica reina Isabel I de Castilla y a sus furibundos, y no menos católicos, descendientes. Así, o de parecida manera, se suele escribir la historia de quienes, contra lo enseñado en las Escrituras del Nuevo Testamento, unen conceptos tan dispares como Iglesia y Estado, que deben estar, mientras mas distanciados, mejor. Por esto afirmo, que es preferible un gobierno abiertamente ateo, que otro que sea confesional.
“Dad a César lo que es de César, y a Dios, lo que es de Dios". (Mateo 22.21). Estas son palabras de Jesucristo quien, ante la trampa dialéctica que le tendieron sus adversarios, no sólo los dejó sin argumentos, sino que estableció el concepto de la separación completa que debe haber en la era del Nuevo Pacto, entre los asuntos que son de Dios y los que son de los gobiernos o Estados. Nunca mas, estas dos clases de asuntos deben mezclarse.
Esto permite a los cristianos vivir dentro de los Estados que no lo son, y a los que no son cristianos vivir en aquellos donde éstos sean mayoría, sin problemas para nadie. Este es el principio que debe regir hasta que el Reino de Dios sea establecido sobre la tierra y él lo sea todo, en todos. Pero esto no podrá ser hecho por ningún poder temporal ni humano, sino por Dios mismo, por su intervención directa en la historia, sin mediadores ni representantes humanos de ninguna clase. Dios solo se basta para implantar Su Reino. No necesita de fanáticos de ninguna religión. La lucha por el Reino del Señor sobre esta Tierra, ha de ser pacífica, porque sólo “los mansos, heredarán la Tierra”.
15-LOS DIEZMOS.
Toda organización humana necesita un mínimo de recursos económicos para su propio sostén y para el cumplimiento de sus objetivos. La iglesia-institución, toda ella organización, jerarquía y burocracia, necesita financiación. Demasiada financiación, diría yo. Pero también la iglesia cristiana, la que fundó Jesucristo, la que se niega a ser una institución, burocracia, jerarquía, asociación, fundación o algo parecido, la que conserva su alma familiar y fraternal, la que carece de las cosas mencionadas antes y, además, tampoco tiene clero, ni edificios ni propiedades, esta iglesia primitiva, también necesita una mínima financiación, para atender a sus dos únicos gastos: ayuda a los necesitados y a la evangelización. Esta mínima financiación, solo tiene una fuente: la ofrenda voluntaria y libre de los creyentes. Todas las demás formas de financiación, quedan descartadas, porque carecen de base en las Escrituras del Nuevo Testamento.
No podemos perder de vista que “el amor al dinero es la raíz de todos los males”(1ª Timoteo 6.16), por lo que la iglesia no debe recurrir a cualquiera de los métodos a los que otros recurren para obtener dinero. Las iglesia cristianas deben someterse, también en esto, a la voluntad del Señor.
Muchas iglesias recurren al “diezmo”, obligatorio en los días del Antiguo Pacto para sostener el servicio del Templo y a la tribu de Leví, los sacerdotes, que en la repartición de la tierra de Canaán bajo Josué, se quedaron sin la parte que les correspondía. Esto fue determinado por Dios, a fin de que los levitas se ocupasen de la enseñanza de la Ley al pueblo, por lo que no debían estar ubicados en un determinado lugar, sino repartidos, distribuidos entre los territorios del resto de las tribus. Otros levitas debían residir en Jerusalem para ministrar en el Templo.
El diezmo constituía su compensación por carecer de tierras y propiedades materiales. El diezmo no era sólo dinero. Era también la décima parte de las cosechas, de los rebaños, y hasta de las semillas mas pequeñas como el comino y la menta. Todo debía diezmarse. Era la porción de los levitas para siempre, aunque de él también participaban los pobres.
Quien no pagaba el diezmo, se constituía automáticamente en un ladrón, que robaba a Dios, por cuanto privaba a sus hermanos levitas de lo que, legalmente, les pertenecía.
“Vosotros, la nación toda, me habéis robado....Traed mis diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa...entonces yo bendeciré desde los cielos..” (Malaquías 3.9,10). Está claro que Dios no come y, por tanto, no necesita de los alimentos del Diezmo. Él está cuidando de los Levitas.
También el Dalai Lama del Tíbet, ha tenido y tiene la misma pretensión del Papa y el Califa. Ha reunido en su Beatitud, la jefatura política y religiosa de su país. Despojado de su jefatura política por el gobierno laico de Pekín, se auto exilió en la India en 1959, pero es en la anticomunista nación norteamericana, donde establece su cuartel general y desde donde hostiga al gobierno comunista chino, para recobrar su poder y obtener la independencia total de ese territorio. Toda la batalla que su Beatitud lidera, no le perturba su meditación trascendental ni su yoga espiritual. (Nota 77)
La encarnación del mismo Iluminado, príncipe Gautama o Buda, desea el poder político que el propio Buda rechazó, para caminar pobremente por el mundo. El Dalai Lama no quiere seguir el ascetismo y la renuncia que practicó aquel de quien dice ser, su 14ª reencarnación. No renuncia a su modesta túnica azafranada, pero tampoco a la ingente cantidad de dólares que, para él y su causa, le da el gobierno americano y le donan sus anticomunistas ciudadanos, simpatizantes de los pacíficos cabezas rapadas, dueños tan sólo de su plato, con el que suelen mendigar su comida. Sus campañas no buscan la “liberación del Tíbet”, sino la recuperación de su totalitario poder ancestral.
Y es que la enseñanza Neotestamentaria de la separación entre iglesia y estado, es aplicable no sólo a los cristianos, sino a todas las demás religiones. Aunque se intente unir ambas entidades, a la larga, terminarán separándose como el agua y el aceite, para bien de ambos.
Ir contra este principio tiene su costo. En la formación de España como nación, influyó mucho la idea de la unificación de los territorios y de los ciudadanos, en un solo país y una sola religión. Esto nos costó siglos de guerras, que culminaron con deportaciones de grupos poblacionales, como los judíos primero y los moriscos después.
Cuando el factor religioso interviene, estos conflictos alcanzan una virulencia inusitada, porque no hay nada mas cruel que el fanatismo religioso, que suele tomar a Dios por bandera y, contrariamente a los principios cristianos del amor al prójimo, no cesan hasta la eliminación del adversario y su expulsión, privando al país en cuestión, de la riqueza cultural que conlleva el mestizaje y la tolerancia. Como suele ocurrir, los perdedores, son siempre los mas cultos, y los ganadores los mas fanáticos y embrutecidos.
Mal quedó la patria española, tras el exterminio y deportación, de las poblaciones no católicas del suelo patrio. Fuimos incapaces de administrar sabiamente, uno de los mas extensos Imperios que ha conocido la humanidad, supeditando la economía y la cultura al dominio del Papado, y pronto fuimos eclipsados por otros, como los ingleses que, con todos sus fallos, supieron hacerlo mejor.(Notas 78,79,80)
Tras la entrada de los ejércitos castellano-católicos en el reino nazarí de Granada, se quebrantaron todas las condiciones por las que Granada se entregaba sin lucha. Ni se respetaron las mezquitas, sino que convirtieron sus minaretes en campanarios, para reconvertirlas en iglesias. Ni se respetó la práctica del Islam de los nuevos españoles, sino que se les mandó un aluvión de frailes, para convertirlos a la fuerza al catolicismo. Ni se respetaron las alquerías de Boabdil, ni las de la nobleza granadina, a mucha de la cual se le ofreció títulos nobiliarios a cambio de su conversión, ni las propiedades de los granadinos que no se convirtieran al catolicismo. Ni tampoco se les permitió vestir sus cómodas túnicas, ni conservar su idioma de siglos, el árabe. Antes bien se les decía: “¡habla en cristiano!”, refiriéndose al castellano. Frase que, durante la Dictadura, también se les decía a catalanes y vascos, pero que fue acuñada tres siglos antes, en Andalucía. Y ejercieron tanta presión, que lo consiguieron. Catalanes y vascos hablan hoy sus respectivos idiomas, que nunca perdieron. Los andaluces, no. Lo olvidaron después de ochocientos años hablándolo. Tal fue la presión legal y social, ejercida sobre Andalucía. Hoy sólo llevamos cuatrocientos años (la mitad del tiempo que hablamos árabe), “hablando en cristiano”. ¿Alguien puede escandalizarse porque no lo hablemos bien?.
Los mas recalcitrantes granadinos, no quisieron bautizarse y prefirieron abandonar su patria y la de sus mayores, antes que renegar de su fe, su lengua y su maravillosa cultura. Tuvieron que mal vender sus propiedades, para costearse el pasaje en los barcos que partían a la otra orilla del Mediterráneo. Allí, en países extraños, mas atrasados que su Al Ándalus, tuvieron que vivir como extranjeros y rehacer sus vidas, añorando sus casas cuando miraban las grandes y pesadas llaves de sus puertas, que llevaron consigo. (Nota 81)
Muchos, no pudiendo resistir tanta nostalgia, regresarían años mas tarde, llegando a sufrir entonces, lo que antes habían querido evitar. Otros encontraron su salvación en la hospitalidad de las tribus gitanas, mezclándose con ellos que, aunque constantemente eran molestados y perseguidos, no lo eran a muerte, como los llamados moriscos. Lo dieron todo, a cambio de poder vivir y morir en su patria andalusí. De esta mezcla cultural proviene el cante flamenco.
Pero los benéficos Reyes Católicos, guiados siempre por el confesor de la reina, fray Tomás de Torquemada, consiguieron culminar el objetivo de un solo país y una sola religión. Hubieron focos de resistencia que perduraron dos siglos mas, como mas arriba dijimos, pero el objetivo quedó cumplido y el Papa de Roma podía ya estar contento, porque la mitad de los españoles había matado y expulsado a la otra mitad. ¿Cómo no podía dejar todo esto, huella en las sucesivas generaciones de españoles, sometidos siempre al influjo de una religión, sometida a su vez, al Papa?.
Con semejantes antecedentes, no es de extrañar que los períodos democráticos hayan sido tan breves en la historia de España. Un año duró la Primera República, cinco la Segunda. Y los treinta que llevamos con la restauración democrática, a pesar de la soterrada guerra de la iglesia-jerarquía, manifestada por su influencia en partidos políticos, grupos financieros y organizaciones de presión, podrían tocar pronto a su fin, con la aparición de otro Salvador de la patria, que la devuelva a su probada obediencia Papal, que siempre marcó la triste historia española.
Con el Islam hispano, los cristianos que quisieron seguir siéndolo, conservaron sus iglesias y su libertad de cultos. Los episodios intolerantes, fueron escasos y tuvieron que ver mayormente con provocaciones de aspirantes a mártires que, se presentaban ante las autoridades, profiriendo frases ofensivas contra el Profeta Muhamad, como reconoce el propio Menéndez Pelayo, historiador ultra-católico, buscando precisamente la cárcel o la muerte mártir, que les condujera al Cielo y a los altares, como santos. Pero, a lo que no se pudieron resistir la mayoría de los cristianos, fue a la cultura árabe, superior a la cristiana, por lo que se integraron muy pronto, en la nueva sociedad emergente, adoptando su idioma, vestimenta y costumbres árabes. Incluso se descalzaban para entrar en las iglesias. Sus cultos y liturgia eran en árabe. Fueron llamados “mozárabes”. Antes fueron cristianos arrianos y, terminaron siendo católicorromanos cuando, el latín les fue impuesto definitivamente en su liturgia. Sus descendientes en Málaga, se agrupan hoy en la Cofradía de Caballeros Mozárabes.
Pero no existe en toda España ni una sola comunidad islámica, por pequeña que sea, que haya sobrevivido desde entonces. Los descendientes de los andaluces exilados o deportados, viven diseminados por países islámicos de África, y los que se quedaron aceptando el bautismo, están tan mezclados, que es muy difícil seguir el rastro de sus apellidos con precisión. Apellidos llevados por moriscos son; Solís, Benegas, Ascalante, Aguilar, Abril, Acántara, Alguacil, Almansa, Almeida, De Alba, Almodóvar, Alvarez, Anaya, Andaluz, Aragón, Randa (Aranda), Arredondo (Redondo), Ayala, Baena, Baeza, Bárcena, Barreiros, Borrero, Barroso, Becerra, Bello, Benavides, Benjumea, Bermejo, Bernal, Blanco, Blasco o Velasco, Bonilla, Borge, Bravo, Buceta, Bueno, Cabello, Cabra, Cabrero, Cáceres, Camarena, Candela, Candil, Cárdenas, Carmona, Caro, Carrasco, Carrero, Carrillo, Carrión, Carrizo, Castañeda, Castaño, Castillo, Cegrí, Cerdera, Cervera, Cobo, Cordobés, Corral, Coto, Chacón, Chamorro, Chaves, Fajardo, Fuentes, Galán, García, Granadino, Grande, Guzmán, Hernando, Jaén, Jerez, León, Luque, Llerena, Malagueño, Maldonado, Maqueda, Maracena, Marchena, Marín, Martín, Mayo, Medina, Melero, Méndez, Mendosa, Merchán, Merino, Molina, Montalvo, Montemayor, Montero, Montoro, Montoto, Montoya, Morales, Morán,, Moreno, Murcia, Orgaz, Padilla, Paez, Palomino, Peña, Pereda, Pérez, Pineda, Ponce, Pons, Porras, Porto, Prada, Ramírez, Ramiro, Ramón, Ramos, Reina, Requena, Ríos, Rocas, Rojas, Rojo, Román, Ronda, Roque, Ros, Rosa, Ruano, Rubio, Ruiz, Salas, Santo, Sarriá, Segundo, Segura, Sierra, Serrano, Sillero, Sorbas, Soria, Soto, Tamayo, Tarifa, Tello, Terrero, Torres, Tortosa, Úbeda, Valdivia, Valenciano, Vargas, Vera y Zapata. Casi todos estos apellidos fueron llevados por moriscos andaluces a la ciudad africana de Tetuán, fundada por ellos. En la Bibliografía, transcribo las direcciones de estas fuentes (Formac. Univeritaria ADN), y aquí les expreso mi agradecimiento por la documentación aportada y consultada. Debería promulgarse una ley de retorno, para aquellos descendientes de andaluces, que deseen retornar a la Andalucía de sus ancestros. En España, hablar de Raza o de Pureza de Sangre, constituye, por nuestra historia, una aberrante estupidez.
Ya puede el Papa romano, elevar a los altares a la católica reina Isabel I de Castilla y a sus furibundos, y no menos católicos, descendientes. Así, o de parecida manera, se suele escribir la historia de quienes, contra lo enseñado en las Escrituras del Nuevo Testamento, unen conceptos tan dispares como Iglesia y Estado, que deben estar, mientras mas distanciados, mejor. Por esto afirmo, que es preferible un gobierno abiertamente ateo, que otro que sea confesional.
“Dad a César lo que es de César, y a Dios, lo que es de Dios". (Mateo 22.21). Estas son palabras de Jesucristo quien, ante la trampa dialéctica que le tendieron sus adversarios, no sólo los dejó sin argumentos, sino que estableció el concepto de la separación completa que debe haber en la era del Nuevo Pacto, entre los asuntos que son de Dios y los que son de los gobiernos o Estados. Nunca mas, estas dos clases de asuntos deben mezclarse.
Esto permite a los cristianos vivir dentro de los Estados que no lo son, y a los que no son cristianos vivir en aquellos donde éstos sean mayoría, sin problemas para nadie. Este es el principio que debe regir hasta que el Reino de Dios sea establecido sobre la tierra y él lo sea todo, en todos. Pero esto no podrá ser hecho por ningún poder temporal ni humano, sino por Dios mismo, por su intervención directa en la historia, sin mediadores ni representantes humanos de ninguna clase. Dios solo se basta para implantar Su Reino. No necesita de fanáticos de ninguna religión. La lucha por el Reino del Señor sobre esta Tierra, ha de ser pacífica, porque sólo “los mansos, heredarán la Tierra”.
15-LOS DIEZMOS.
Toda organización humana necesita un mínimo de recursos económicos para su propio sostén y para el cumplimiento de sus objetivos. La iglesia-institución, toda ella organización, jerarquía y burocracia, necesita financiación. Demasiada financiación, diría yo. Pero también la iglesia cristiana, la que fundó Jesucristo, la que se niega a ser una institución, burocracia, jerarquía, asociación, fundación o algo parecido, la que conserva su alma familiar y fraternal, la que carece de las cosas mencionadas antes y, además, tampoco tiene clero, ni edificios ni propiedades, esta iglesia primitiva, también necesita una mínima financiación, para atender a sus dos únicos gastos: ayuda a los necesitados y a la evangelización. Esta mínima financiación, solo tiene una fuente: la ofrenda voluntaria y libre de los creyentes. Todas las demás formas de financiación, quedan descartadas, porque carecen de base en las Escrituras del Nuevo Testamento.
No podemos perder de vista que “el amor al dinero es la raíz de todos los males”(1ª Timoteo 6.16), por lo que la iglesia no debe recurrir a cualquiera de los métodos a los que otros recurren para obtener dinero. Las iglesia cristianas deben someterse, también en esto, a la voluntad del Señor.
Muchas iglesias recurren al “diezmo”, obligatorio en los días del Antiguo Pacto para sostener el servicio del Templo y a la tribu de Leví, los sacerdotes, que en la repartición de la tierra de Canaán bajo Josué, se quedaron sin la parte que les correspondía. Esto fue determinado por Dios, a fin de que los levitas se ocupasen de la enseñanza de la Ley al pueblo, por lo que no debían estar ubicados en un determinado lugar, sino repartidos, distribuidos entre los territorios del resto de las tribus. Otros levitas debían residir en Jerusalem para ministrar en el Templo.
El diezmo constituía su compensación por carecer de tierras y propiedades materiales. El diezmo no era sólo dinero. Era también la décima parte de las cosechas, de los rebaños, y hasta de las semillas mas pequeñas como el comino y la menta. Todo debía diezmarse. Era la porción de los levitas para siempre, aunque de él también participaban los pobres.
Quien no pagaba el diezmo, se constituía automáticamente en un ladrón, que robaba a Dios, por cuanto privaba a sus hermanos levitas de lo que, legalmente, les pertenecía.
“Vosotros, la nación toda, me habéis robado....Traed mis diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa...entonces yo bendeciré desde los cielos..” (Malaquías 3.9,10). Está claro que Dios no come y, por tanto, no necesita de los alimentos del Diezmo. Él está cuidando de los Levitas.
Tampoco el diezmo (el 10%) era "el máximo impositivo" establecido por Dios, porque también eran obligatorias "las primicias" de todas las cosechas, el "rescate de los primogénitos" mediante ofrendas en función de la solvencia familiar, también era obligatoria la ley del "rebusco", por la que las recolecciones de las cosechas no debían apurarse, dejando alimentos para que los recogiesen los pobres. Permitido estaba a los pobres comer directamente de todos los cultivos, in situ, siempre que no se llevaran en cestas o sacos, nada para sus casas. Del trigo y demás cereales, podían tambien comer todo lo que sus manos arrancaran, sin usar la hoz. La ley del "año de remisión"(Deuteronomio 15), por la que se perdonaban las deudas cada siete años, poniendo el contador a cero, a fin de que no avanzara la pobreza en el pueblo. Todas estas imposiciones superan ampliamente el 10% (Diezmo). Con lo que el apoyo bíblico que los cristianitos capitalistas, partidarios de "cuantos menos impuestos, mejor" buscaban en la ley del Diezmo, queda destruído por la Palabra de Dios. El "mínimo impositivo" es el 1o%; no el "máximo". Los impuestos son, deben ser, un buen instrumento de redistribución de la riqueza, de impartir JUSTICIA ECONÓMICA a los pueblos.(Nota 161). Quizá sea por esto, por lo que en "paises Reformados" como Noruega, Suecia, Dinamarca, Holanda, etc., los impuestos rayan casi el 50%. Pero son los paises de mayor cobertura social que existen.
Basándose en este hecho, avalado por muchas partes de las Escrituras, algunas iglesias han establecido el diezmo, como forma de conseguir los recursos necesarios para cumplir con sus loables objetivos.
Pero esto es un error. Error que ha fomentado la avaricia de la iglesia-institución, de la iglesia-jerarquía de todas las Ramas del Cristianismo. La rama católica fue mas lejos que las otras, añadiendo a los Diez Mandamientos dados por Moisés, otros Cinco, llamados “mandamientos de la Santa Madre Iglesia”, entre los cuáles, hay uno que dice “pagar los diezmos y primicias a la Iglesia”.
Mas no se conformó con los diezmos y las primicias, sino que inventó otras muchas maneras de aumentar sus ingresos. Alabaron las donaciones a la iglesia y, para ganar méritos para la salvación del alma, indujeron a la gente, especialmente a las adineradas, a los nobles y ricos, a donar en sus testamentos fincas y bienes terrenales. Aumentaron de tal modo las propiedades de la iglesia, que superó en posesiones a toda la nobleza y señores feudales de muchos reinos. Al mismo tiempo estableció tarifas penitenciales, marcando distintos precios para los distintos pecados. Se compraba el perdón de los pecados cometidos y de los que se tenía intención de cometer. También se añadió a estos medios recaudatorios, el de los “sufragios por los difuntos”.
Según la iglesia romana, nadie al morir, suele ir directamente al Cielo, porque siempre hay pecados veniales que pagar, y si no los hay, siempre quedarán en el alma las manchas que dejaron los pecados mortales que fueron absueltos en confesión, y estas manchas residuales, también deben ser borradas. Por lo tanto, todos los católicos deben pasar por el Purgatorio, hasta la limpieza total de sus almas. En este lugar podrían permanecer durante décadas o siglos, dependiendo de las manchas de cada uno.
El Papa es el administrador de una supuesta cantidad enorme de gracias, que provendrían del sobrante de los méritos de Jesucristo obtenidos en la cruz, junto al sobrante que quedaba a muchos santos, después de salvarse. Todo este Banco de Gracias, es administrado por el Papa, quien delega en los Obispos, para conceder los distintos tipos de Indulgencias, indultos, que se pueden aplicar a las almas que están en el Purgatorio. Los familiares de los muertos compraban, según sus medios económicos, estas indulgencias que rebajaban la estancia en el supuesto Purgatorio por 100, 300, 1000 días, uno o varios años, etc., etc. Y si el donativo era lo suficientemente generoso, podría obtenerse hasta la máxima indulgencia, la plenaria, que liberaba al instante el alma del muerto del Purgatorio, para ir inmediatamente al Cielo.
Las Misas también obtienen méritos y gracias si se aplican o dedican a los difuntos, para ayudar a sacar sus almas del Purgatorio. Estas “Misas de difuntos”son encargadas y sufragadas por los familiares de los propios difuntos. Dicen que Felipe II dejó tal cantidad de dinero para Misas, que todavía, aun hoy, se siguen diciendo Misas por su alma, sin que se haya agotado lo que pagó.
Esta es quizá, la mayor aberración espiritual de la historia de las estafas religiosas. De hecho, fue la venta descarada de indulgencias, llevada a cabo en Alemania por el Delegado Papal, el dominico Tetzel, la que provocó la protesta del fraile agustino Doctor Martín Lutero, que redactada en 95 tesis, fue clavada en las puertas de la catedral de Witemberg el 31 de Octubre del 1517. Este acto , inició el movimiento de Reforma de la Iglesia, largamente esperado por muchos cristianos de muchos países. Famosa es la frase de Tetzel en plazas y mercados para vender sus indulgencias: “antes de que la moneda caiga en el fondo del arca, el alma de vuestro difunto habrá salido del Purgatorio”. (Notas 86,87)
Basándose en este hecho, avalado por muchas partes de las Escrituras, algunas iglesias han establecido el diezmo, como forma de conseguir los recursos necesarios para cumplir con sus loables objetivos.
Pero esto es un error. Error que ha fomentado la avaricia de la iglesia-institución, de la iglesia-jerarquía de todas las Ramas del Cristianismo. La rama católica fue mas lejos que las otras, añadiendo a los Diez Mandamientos dados por Moisés, otros Cinco, llamados “mandamientos de la Santa Madre Iglesia”, entre los cuáles, hay uno que dice “pagar los diezmos y primicias a la Iglesia”.
Mas no se conformó con los diezmos y las primicias, sino que inventó otras muchas maneras de aumentar sus ingresos. Alabaron las donaciones a la iglesia y, para ganar méritos para la salvación del alma, indujeron a la gente, especialmente a las adineradas, a los nobles y ricos, a donar en sus testamentos fincas y bienes terrenales. Aumentaron de tal modo las propiedades de la iglesia, que superó en posesiones a toda la nobleza y señores feudales de muchos reinos. Al mismo tiempo estableció tarifas penitenciales, marcando distintos precios para los distintos pecados. Se compraba el perdón de los pecados cometidos y de los que se tenía intención de cometer. También se añadió a estos medios recaudatorios, el de los “sufragios por los difuntos”.
Según la iglesia romana, nadie al morir, suele ir directamente al Cielo, porque siempre hay pecados veniales que pagar, y si no los hay, siempre quedarán en el alma las manchas que dejaron los pecados mortales que fueron absueltos en confesión, y estas manchas residuales, también deben ser borradas. Por lo tanto, todos los católicos deben pasar por el Purgatorio, hasta la limpieza total de sus almas. En este lugar podrían permanecer durante décadas o siglos, dependiendo de las manchas de cada uno.
El Papa es el administrador de una supuesta cantidad enorme de gracias, que provendrían del sobrante de los méritos de Jesucristo obtenidos en la cruz, junto al sobrante que quedaba a muchos santos, después de salvarse. Todo este Banco de Gracias, es administrado por el Papa, quien delega en los Obispos, para conceder los distintos tipos de Indulgencias, indultos, que se pueden aplicar a las almas que están en el Purgatorio. Los familiares de los muertos compraban, según sus medios económicos, estas indulgencias que rebajaban la estancia en el supuesto Purgatorio por 100, 300, 1000 días, uno o varios años, etc., etc. Y si el donativo era lo suficientemente generoso, podría obtenerse hasta la máxima indulgencia, la plenaria, que liberaba al instante el alma del muerto del Purgatorio, para ir inmediatamente al Cielo.
Las Misas también obtienen méritos y gracias si se aplican o dedican a los difuntos, para ayudar a sacar sus almas del Purgatorio. Estas “Misas de difuntos”son encargadas y sufragadas por los familiares de los propios difuntos. Dicen que Felipe II dejó tal cantidad de dinero para Misas, que todavía, aun hoy, se siguen diciendo Misas por su alma, sin que se haya agotado lo que pagó.
Esta es quizá, la mayor aberración espiritual de la historia de las estafas religiosas. De hecho, fue la venta descarada de indulgencias, llevada a cabo en Alemania por el Delegado Papal, el dominico Tetzel, la que provocó la protesta del fraile agustino Doctor Martín Lutero, que redactada en 95 tesis, fue clavada en las puertas de la catedral de Witemberg el 31 de Octubre del 1517. Este acto , inició el movimiento de Reforma de la Iglesia, largamente esperado por muchos cristianos de muchos países. Famosa es la frase de Tetzel en plazas y mercados para vender sus indulgencias: “antes de que la moneda caiga en el fondo del arca, el alma de vuestro difunto habrá salido del Purgatorio”. (Notas 86,87)
El concepto mismo del Purgatorio es una blasfemia contra el perdón del Señor. Las Santas Escrituras nos enseñan que cuando Dios perdona, perdona completamente. Nunca perdona a medias. La preciosa sangre de Cristo derramada para la remisión de los pecados, borra la trasgresión completamente. El hombre no puede obtener su perdón por dinero, sino solamente por el arrepentimiento y la fe. Así lo afirma Dios en las siguientes citas de su Palabra:
“..la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado...Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad...si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados...”(1ª Juan 1.7 al 10 y 2.1,2).
“siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre”(Romanos 3.24,25).
“Y a vosotros...que erais extraños...os ha reconciliado en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él”(Colosenses 1.21,22). ¿Qué mancha no puede borrar la sangre de Jesucristo y necesita ser borrada por el Purgatorio?. ¿Acaso es el Purgatorio un limpiador de manchas mas potente que la preciosa sangre de Cristo?.
“..para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia”(Filipenses 1.21) ¿Cómo el morir puede ser ganancia para un cristiano, si tuviera que pasar por el Purgatorio?.
“Sabed, pues, esto, varones hermanos: que por medio de él (Cristo) se os anuncia perdón de pecados”(Hechos 13.38).
Cristo es el Purgatorio de los cristianos. El purgó o pagó todos nuestros pecados en la cruz del calvario. Dios no cobra dos veces por una misma deuda. Si Cristo pagó por nuestros pecados, nosotros no tenemos que pagar nada. La justicia de Dios está plenamente satisfecha con el sacrificio perfecto de Cristo en la cruz.
Además de lo recaudado por la iglesia católica a sus feligreses con los chantajes emocionales de las indulgencias y el Purgatorio, ha obtenido de las naciones católicorromanas, grandes cesiones, privilegios y partidas económicas para su financiación, por lo que nunca esta iglesia ha creído en la separación del Estado, sino que hace cuanto está en su mano, para que los Estados se le sometan. Por eso el Papa no renunciará jamás a su triple corona, que simboliza el poder teocrático con el que aspira a gobernar el mundo, como Vicario de Cristo.
16-FINANCIACIÓN DE LA IGLESIA.
Los Estados deben ser laicos. No deben ampararse en religiones, ni estas deben apoyarse en los poderes políticos.
Los Estados no deben destinar partidas presupuestarias para ninguna religión, para ninguna iglesia, ni las iglesias deberían pretenderlo, ni buscar su sostén en ningún sentido.
El Diezmo no está estipulado en las Escrituras para el sostenimiento de ninguna iglesia. Era el sistema ordenado por Dios para el sostén de los levitas y del Templo, porque así se les compensaba por no recibir territorio alguno en la repartición de Canaán. Esta exigencia no es aplicable a ninguna iglesia.
Algunos usan las palabras de Jesús en Mateo 23.23, para justificar la permanencia en el Nuevo Pacto de la Ley del Diezmo. Veamos:
“!Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas¡ porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo mas importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, SIN DEJAR DE HACER AQUELLO”.
Evidentemente AQUELLO es dar el diezmo. Como Jesús declaró “sin dejar de hacer aquello”, sin dejar de dar el diezmo, es que el diezmo debe seguir practicándose.
Olvidan estos espíritus recaudadores, que estas palabras están dirigidas a los “escribas y fariseos”, los cuales pertenecían al pueblo judío y, por tanto, estaban obligados a cumplir con todas las leyes judaicas, incluida la ley del diezmo.
Pero la ley de la iglesia sobre este asunto, es la ley del Nuevo Pacto, la ley de la gracia a la que se hace referencia en los siguientes versos de la Escritura:
“De gracia recibisteis, dad de gracia..”(Mateo 10.8).
“Porque Macedonia y Acaya tuvieron bien hacer una ofrenda para los pobres que hay entre los santos que están en Jerusalem”(Romanos 15.26).
“En cuanto a la ofrenda para los santos...cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo, para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas”(1ª Corintios 16.1,2).
“Mas tuve por necesario enviaros a Epafrodito....ministrador de mis necesidades”(Filipenses 2.26), “..aun a Tesalónica me enviasteis para mis necesidades.”(Filipenses 4.16).
“Cada uno dé como propuso en su corazón....Dios ama al dador alegre.”(2ª Corintios 9.7).
No hay otra fórmula para financiar la iglesia, sino la señalada por los Apóstoles: las colectas u ofrendas voluntarias que deben hacer los propios cristianos, y tampoco hay fijada cantidad alguna, sino “según haya prosperado cada uno” o “como propuso en su corazón”.
Queda abolido el diezmo y las cuotas fijas, las rifas, los bonos, las inversiones, las acciones, los Bancos del Espíritu Santo, las partidas provenientes del Estado, las rentas, y todo dinero que los no creyentes puedan aportar. Nadie tiene derecho a imponer y sobrecargar las conciencias del pueblo de Dios, con cargas que él no nos ha puesto. La liberación que nos trae el Nuevo Pacto es, precisamente, librarnos de estas viejas ataduras que, consumado el sacrificio de la cruz, ya no son necesarias, ni tampoco convenientes.
Y es que, contrariamente a lo que se dice, la iglesia de Jesucristo no necesita apenas de dinero. ¡Gracias a Dios que esto es así! en un mundo en el que el dinero, es lo mas importante. La iglesia necesita de muy poco para subsistir; porque no necesita templos (Juan 4.19-21), ni el que los Samaritanos habían levantado en el Monte Gerizín, ni el que los israelitas habían levantado en Jerusalén: “Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre”. Aunque Dios había ordenado el Templo único en Jerusalén (Deuteronomio 12.13,14), en el tiempo del Nuevo Pacto que seguiría a la muerte y resurrección del Señor, cuando el mismo Templo de Jerusalén sería destruido, ya no serían necesarios los Templos, ni existirían lugares sagrados, sino que cualquier casa y lugar valdrían, a los ojos de Dios para que sus hijos le adorasen, porque el culto a Dios, dejaría de ser un culto ceremonial, para convertirse en un culto puramente espiritual: “Mas la hora viene y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren” (Juan 4.23). Así que los cristianos no necesitamos Templos, Catedrales, Basílicas, Iglesias ni Capillas para adorar a Dios, ni tampoco necesitamos un clero al que pagar, ni mucho menos el cristianismo necesita ocupar funciones propias del Estado, como tener escuelas, asilos, hospitales, residencias, etc., etc.
Las libres y voluntarias ofrendas o colectas, son mas que suficientes para cubrir todas sus legítimas necesidades y bíblicos objetivos.
Las iglesias no están llamadas a cumplir las funciones educativas, sanitarias, o de protección social que la sociedad necesita. Eso sería una usurpación de las funciones del Estado y menos si, para realizarlas, necesita dinero ajeno. O todavía peor, si esas instituciones (colegios, universidades, hospitales, etc.) le reportan algún beneficio económico. Las iglesias no pueden actuar con eso que se llama “sentido empresarial”. Todo esto es ajeno a sus funciones y, en el mejor de los casos, estas instituciones están destinadas a influir en la sociedad y obtener prestigio propio, aumentando un poder que no necesita para nada. La iglesia-institución tiende a actuar con los mismos patrones del resto de las instituciones. A esto no nos llamó el Señor. Pero si las iglesias puntualmente, se vieran en la necesidad de realizar alguna de estas funciones, propias del Estado, debería hacerlo con el dinero de las colectas, porque estas fuesen suficientemente abundantes y porque provienen exclusivamente de los cristianos, de su feligresía. No puede aceptar un céntimo del Estado a modo de concertación, ni de particulares ajenos a la iglesia. Las caridades, debe hacerlas con su propio dinero, no con el dinero ajeno. Es por esto porque especialmente se nos ordena a los cristianos pagar religiosamente los impuestos. Porque al Estado sí podemos, y debemos, exigirles todas estas cosas necesarias para los ciudadanos. Los impuestos no son sino un modo de redistribuir la riqueza, para que los menos favorecidos tengan también sus necesidades cubiertas. El Liberalismo Económico es un “que cada cual se las arregle como pueda”. Difícilmente encontraremos una doctrina económica mas anti-cristiana y anti-solidaria que ésta.
Si Dios llama ladrón y robador a quien no pagaba el diezmo, por cuanto robaba a los levitas lo que legítimamente les correspondía (Malaquías 3.9,10), ¿cómo no llamará también ladrón a quien defrauda al Estado, eludiendo o evadiendo los impuestos que, legítimamente pertenecen a los ciudadanos y, con los que el Estado ha de cubrir las necesidades de la sociedad?. Dice la Palabra de Dios:
“Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto” (Romanos 13.7).
Así que los creyentes que defraudan a la Hacienda pública, pecan gavísimamente contra Dios y contra sus conciudadanos. Desobedecen al propio Jesús, que pagó sus tributos: “..¿Vuestro Maestro no paga las dos dracmas?.El dijo sí.” Y puesto que no tenía dinero, mandó a Pedro a pescar y en el primer pez que pescó, halló un estatero, equivalente a cuatro dracmas, y le dijo: “dáselo por mí y por ti” (Mateo 17.24-27). Pecan porque no dan al César lo que le pertenece: “Dad a César lo que es de César” (Marcos 12.17). Y si mantenemos la idea cristiana de que los impuestos deben ser un medio mas de redistribución de la riqueza, como suele entenderse en los países Reformados del norte de Europa, entonces, robar al Estado es tanto como robar a los mas necesitados del país, a las prestaciones sociales de los pobres, parados, ancianos, enfermos, etc. Bajo este prisma, los impuestos deben gravar proporcionalmente a las rentas del trabajo y, sobre todo a las del Capital, de forma que el nivel de vida de todos los hombres que pueblan la tierra, sea igualado. Esto es posible, por cuanto “del Señor es la tierra y su plenitud” (Salmo 24.1), el mundo y sus recursos. No es justo que los pocos, se apropien de lo mucho, hasta hacer morir de hambre a muchos y hacerles padecer necesidad.
17-EL REINO DE DIOS.
Liberada la iglesia de funciones que no le son propias, se centrará en su verdadera vocación y razón de ser: la predicación del Evangelio, o lo que es lo mismo, en “hacer discípulos" de Cristo en todos los lugares del mundo, en todas las naciones, sin excepción. “..id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mateo 28.19,20).
Las iglesias, liberadas de los atavismos y cargas con que la Institución, la Jerarquía y la Organización les han sobrecargado, podrán ser verdadera semilla que, multiplicándose, traerán el Reino de Dios a la tierra.
Por Reino de Dios, no me refiero a los repetidos y siempre fracasados intentos por establecer una Teocracia. Las Teocracias, siempre necesitaron de hombres que se constituyeron en Representantes de Dios en la tierra. De hombres que decían, gobernar en lugar de Dios. Esa fue la pretensión de los Califas y la pretensión de los Papas, y de los líderes políticos-religiosos que en el mundo han sido.
El Reino de Dios no necesitará de ningún hombre como Representante. Ningún Papa, ningún Califa, ningún Lama, ningún Gurú, ningún Presidente, ningún Vicario puede gobernar el mundo en el nombre de Dios, porque Dios mismo estará presente y gobernará todas las cosas, cuando llegue el tiempo de reiniciar la historia. Tiempo que sólo Dios conoce, que el propio Jesucristo como hombre, también ignoraba, pero que está predeterminado por el Señor en su Calendario eterno. No será simbólico, sino real y efectivo, por lo que será literalmente reconocido por la evidencia de su poder incontestable.
El Reino de los cielos, tampoco es el Milenio. Éste es un episodio mas de los que acontecerán cuando empiece a establecerse, en el que parte de la iglesia de Jesucristo, los que hayan resucitado en la primera resurrección, tomará parte importante en la tarea de reafirmar el Reino. Pero su plena realización tendrá lugar después de este período, de literal o simbólica duración. Cuando el todavía potente rechazo de muchas naciones, se alíen en una lucha final contra el pleno establecimiento del Reino, con la inspiración personificada del Diablo.(Capítulo 20 del Apocalipsis).
La iglesia universal de Jesucristo tiene el mismo papel que desempeñó Juan el Bautista en la venida del Mesías: ser precursora, ir delante, preparar y allanar el camino, anunciar al mundo este singular acontecimiento. No necesitamos falsas esperanzas, ni que nos especulen con fechas que nadie conoce, ni siquiera los ángeles del Cielo. No necesitamos ni aspavientos ni histerias colectivas. El Reino de Dios vendrá en el día y la hora que sólo Dios sabe. Mientras tanto, el Reino “entre vosotros (nosotros) está”, en germen, en esperanza, pero su realización plena es todavía futura.
“..el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas.” (2ª Pedro 3.10).
“He aquí yo vengo como ladrón. Bienaventurado el que vela...” (Apocalipsis 16.15).
“Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir” (Mateo 25.13).
Pero todavía han de quitarse muchas piedras que aun lo impiden, han de allanarse muchos obstáculos, entre los cuales está la confianza excesiva que la humanidad ha puesto en el dinero, en el Capitalismo, en el Becerro de Oro, dios indiscutido al que todos, incluida la iglesia, parecen adorar, creyendo que su culto es indispensable e inevitable. La crisis económica mundial de los mas poderosos Bancos e instituciones financieras, ocurrida en 2008, parece haber mostrado que este Becerro tiene los pies de barro.
Los gobiernos del mundo han acudido a socorrer su caída y para eso han recurrido al dinero público, quebrantando una teoría básica del Libre Mercado, porque han socializado las pérdidas, mientras que durante los años anteriores a la crisis, privatizaron las ganancias. Con el dinero de los ciudadanos al rescate de la Banca, han evitado la quiebra del sistema financiero capitalista y la pérdida de la confianza que en él se tenía hasta ahora, pero el dogma del Capitalismo de que "el Mercado se regula a sí mismo", ha demostrado ser un falso dogma. El Mercado ha de ser regulado por los Estados. Ningún sector de la sociedad debe hacerse rico a costa de la bancarrota de los sectores mas débiles.
Ocurre que, al igual que el sistema económico opuesto llamado Comunismo, en la U.R.S.S. cayó vencido, no por las armas, sino por la mala administración que de él se hizo, que lo convirtió en ineficaz, (China, parece mas dispuesta a aprender la lección), así también, el no menos inhumano Capitalismo salvaje, propiciando el acendrado egoísmo del ser humano y su individualismo avaricioso, también ha colapsado por culpa de sus Bancos, y todos los Estados corren a salvarlos, cayendo en manifiesta contradicción: “intervención de los Estados”, cuando siempre pregonaron “la total independencia del Mercado”. Pero han intervenido, socializando sus pérdidas, cuando nunca se socializaron sus ganancias. Los dogmas económicos también caen.
A la verdad, no será ésta la última crisis del cruel Capitalismo. La realidad se impondrá y el Becerro de Oro caerá como cayeron tantos ídolos, considerados en el pasado como inamovibles e imperecederos.
Un nuevo ordenamiento de la economía mundial es necesario. Uno que distribuya mas justamente la riqueza que, por ser universal, no puede quedarse solamente en manos de unos pocos países. No pueden vivir bien el 20% de la humanidad, mientras que el 80% está condenado a la miseria y al hambre. Esta no es la enseñanza de Cristo. Su enseñanza económica no ha quedado escrita en ningún tratado económico, sino en una sola palabra: “compartid”. Ahí está la solución. La Eucaristía o Comunión que nos mandó hacer para siempre, en su memoria, es eso: compartir el pan, el alimento básico. Cada uno ha de tener su trozo. Nadie debe quedarse sin su parte y tal reparto debe hacerse en compañerismo y con amor y con la máxima igualdad posible. Igualmente hizo con el vino. Compartirlo. La alegría también ha de compartirse. Porque, aparte de representar su sangre, esto es lo que el vino hace: “alegrar el corazón de los hombres”. Porque recursos, en este mundo, los hay. El mundo los produce, como para que nadie tenga que sufrir escasez. Así lo dispuso su Creador. Así debe ser. Nos enseñó a no acumular, entre otras cosas, porque al día siguiente, el pan se pone duro y ya no estará tan bueno como está “ el pan nuestro, de cada día”. La acumulación, filosofía del Capitalismo, no figura para nada en el plan de Dios. El maná, también se pudría si se acumulaba o se guardaba para el día siguiente, con la excepción del viernes, que se podía guardar para el Sabat, porque ese día no caía del cielo. Y a este pan, nos enseñó a llamarle “nuestro”, porque Dios ha hecho suficiente para todos y si hubiera escasez... pues se parte en trozos para repartirlo y que todos puedan comer de él. Éste es el tratado económico que nos ha dejado Jesús para la Iglesia y para la Humanidad. Está en el centro mismo del culto cristiano. Pero el pan que necesita el mundo, no cae del cielo como el maná. Exige trabajo, exige la multiplicación del trigo. No está nada descaminado el símbolo de la hoz, porque representa el trabajo individual, de cada uno, que sumados, resultan en la cosecha, la base del pan. Es pues, el trabajo y no la especulación, el cimiento sobre el que el ser humano ha de construir su provisión, su alimento y su alegría. No importa cuan sofisticada sea una sociedad, lo importante es que esté basada en el trabajo y en el “compartir”, en la solidaridad de todos sus componentes. Ésa es la enseñanza de Jesús y también constituye la base de su Reino.
Si los economistas no hallan la solución al despilfarro de algunos países, curiosamente los que se consideran “cristianos”, ni a la corrupción de los egoísmos nacionales, ni la racionalidad en el disfrute de los bienes que Dios ha creado para todos los hombres sin excepción, entonces, Dios mismo en su Reino, la impondrá con poder y contundencia.
El Evangelio de Cristo es la buena noticia de la llegada y establecimiento en la tierra del Reino de Dios, con todo lo que ello significa: la salvación completa del hombre, no sólo en su alma y espíritu, sino también en todos los demás aspectos puramente materiales de su ser.
El programa del Reino de Dios abarca todo lo necesario para la suprema felicidad de sus criaturas, que culminará con el restablecimiento en la tierra del Paraíso, pero esta vez, superada la prueba de la historia, no se podrá perder, porque incluye hasta la desaparición del pecado y de la muerte: “...se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado” (Hebreos 9.26). “Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte..” (Apocalipsis 21.4).
El Espíritu de Dios ha venido trabajando desde el principio para dotarse de un pueblo que le será dado al Señor Jesucristo. “He aquí, yo y los hijos que Dios me dio” (Hebreos 2.13), por lo que ha “dado dones a los hombres” (Efesios 4.8), dones como el arrepentimiento (“..también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida” (Hechos 11.18), como la fe (“por gracia sois salvos por la fe; y esto no de vosotros, sino que es don de Dios” ( Efesios 2.8), como la justificación (“..reciben la abundancia de la gracia y el don de la justicia” (Romanos 5.17), la santificación (no la beatería), que culminan en la salvación, salvación que se llega a experimentar ya en esta vida presente.
Pero este mismo Espíritu ha dirigido la historia para que –a pesar de las barbaridades hechas por el hombre- los acontecimientos ocurrieran no en oscuridad completa, sino con muchos y diversos faros que fueron, esporádicamente, alumbrando la conciencia colectiva de la humanidad. Estos faros de la gracia divina, fueron movimientos culturales, movimientos religiosos, políticos y revolucionarios, que han configurado la historia como hoy es, y que seguirán configurándola hasta su terminación, cuando sea puesto el punto final que él tiene preestablecido.
Por ello las iglesias cristianas no deben ocuparse sólo en rezar, como muchos piensan. Aunque no deben unirse a ningún Estado, sino existir en completa separación con todos ellos, las iglesias deben ocuparse en proclamar el Evangelio, tanto en su faceta de la salvación, como en la del Reino. Para ello han de tomar partido y precisamente, no a favor de los poderosos y ricos de la tierra, sino de los débiles, desfavorecidos e injustamente tratados. “..y a los pobres les es predicado el Evangelio”(Lucas 7.22). Así demostró Jesús al Juan Bautista encarcelado, que él era el Mesías prometido por los profetas: mostrando su preferencia por los pobres de la tierra.
Las iglesias que están a favor de los poderosos del mundo, están mirando sus carteras, sus favores y su protección. Ya tienen bastante. Son los que inútilmente se escudarán en sus ritos, su beatería, su milagrería, para evitar su condenación: ”Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no predicamos en tu nombre, y en tu nombre profetizamos, echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí, apartaos de mí, hacedores de maldad ” (Mateo 7.22,23).
Yerran quienes sostienen que las iglesias no pueden tomar posiciones políticas y los cristianos deben ser seres “apolíticos”. Lo que deben hacer, es mantenerse separadas del Estado y tomar la opción de los pobres. Y para ello, no se puede ser “apolítico”. Hay que tener claro las políticas que hay que apoyar. Y, sobre todo, hay que tener perspectiva espiritual como para que, una razón noble y bíblica concreta, no nos impida ver el bosque que hay detrás.
No podemos unirnos con aquellos que sostienen una cantidad enorme de errores respecto a la enseñanza bíblica, por el hecho de que coincidamos con ellos, puntualmente, en algunas cosas que el gobierno de turno haya aprobado y que sean contrarias a la doctrina cristiana. Y sobre todo, cuando está claro que esas declaraciones, convocatorias, manifestaciones, forman parte de campañas orquestadas por partidos afines a la jerarquía eclesiástica, derechistas, con el premeditado objetivo de desgastar al gobierno y apoyar a la oposición en su campaña electoral.
Es lastimoso ver como muchos cristianitos, son así manipulados por aquellos que, mientras estuvieron en el uso del poder dictatorial, no permitieron crítica alguna, ni libertad de expresión, ni derecho de manifestación. Ahora, los que de ellos viven y sus hijos y nietos, son expertos en toda clase de convocatorias, que sirvan para colocar en el poder a los partidos que cuentan con el mayor número de sus devotos y seguidores. No se resignan a perder el control de los gobiernos de España, como no lo perdieron desde los días de los Reyes Católicos.
Estas manipulaciones de la iglesia-jerarquía sobre sus feligreses, es la que confirma que el cristiano que lo sea realmente, debe salir de estas organizaciones eclesiásticas para no participar de los pecados de corrupción que, de antiguo, les ha caracterizado. Estas iglesias juntas, constituyen la Babilonia y la Ramera del Apocalipsis, de la que hay que salir cuanto antes. “Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados ni recibáis de sus plagas” (Apocalipsis 18.4).
En los Estados Unidos ocurre al revés. Allí quien manipula es el Estado a través de sus brazos, los dos partidos intercambiables. Los cristianitos americanos, mas infantiles que un chupete, son infinitamente crédulos con sus gobiernos, y rara vez se manifiestan contra las guerras, depredadoras de recursos naturales, que injustamente emprende su nación, con la excusa de “liberar a los pueblos”, “encontrar armas de destrucción masiva”, “llevarles la democracia” y otras excusas similares, igualmente despreciables. También los americanos, deberían salir de sus iglesias formales, de sus iglesias institucionales que, tan canallescamente, les engañan: “Pueblo mío, los que te guían te engañan..”(Isaías 3.12).
18-SALIR DE LA IGLESIA-INSTITUCIÓN.
¿Podemos vivir la fe cristiana sin formar parte de la iglesia institución?.
Jesucristo fundó la Iglesia, pero no fundó ninguna Institución. “Las puertas del infierno no prevalecerán contra ella” (Mateo 16.18) dijo Jesús. No contra la Iglesia, pero sí contra la Institución, Jerarquía y Organización en que ésta derivó.
La unión con el Estado tuvo la culpa de tal degeneración. Iniciada por el emperador Constantino, esta “fornicación” continuó con los reinos que surgieron tras la desmembración de los dos Imperios Romanos, y siguió con todos aquellos otros reinos que hicieron del Cristianismo su religión oficial. Esta unión con los Estados trajo a la Iglesia-Institución crecimiento numérico y gran prosperidad material, pero arruinó espiritualmente a la iglesia sencilla, familiar y fraterna, que Jesucristo fundara, que carecía de poder temporal, de influencias, de templos y de clero.
Las iglesias entraron en la política, en sus corruptelas e intereses, pero no fueron estas cosas las que las corrompieron, sino que –al entrar en política- tomara partido por el bando equivocado. La Iglesia nunca estuvo al lado de los pobres y menesterosos de la tierra, sino al lado de los opresores, al lado de los poderosos del mundo. Llegaron días en que no había Evangelio que anunciar, no ya a los pobres, como hizo Jesús, sino tampoco a los ricos y, los José de Arimateas y Zaqueos, se quedaron también sin Evangelio salvador. No obstante, supongo que siempre quedaría un pequeño resto como excepción (“me he reservado siete mil hombres que no han doblado sus rodillas delante de Baal” . (Romanos 11.4). Pero ello se debería no a la Iglesia, sino a la misericordia de Dios que, a pesar de la infidelidad de la Iglesia, siempre suele mantener un residuo fiel para que la llama no se extinga, y las palabras de su Hijo se cumplan, no dejando que el Infierno venza completamente a la Iglesia.
Si la Iglesia hubiera optado por los pobres y apoyado sus causas, quizá el mundo se hubiera liberado antes del feudalismo, de las monarquías absolutistas, del entonces incipiente Capitalismo, y no hubiera sido necesaria una Reforma, ni una Revolución francesa, ni tantas otras revoluciones que ensangrentaron la tierra. Pero esto es un preterible, mas difícil aun de explicar que los futuribles. De todas formas, la Palabra de Dios se abrió camino, y fueron posibles las revoluciones libertadoras, aunque –como sucede siempre- una vez instaladas en el poder, también se olvidaron de los pobres de la tierra, y todas fueron cayendo en las redes del poder: corrupción y olvido de ideales. Y, siempre fue necesario recomenzar. Sabio es el lema de la Reforma “Iglesia Reformada, siempre reformándose”. El mismo concepto inspiró a Trotsky, en su principio de “revolución permanente”.
Las iglesias de Jesucristo, si no quieren degenerarse como las iglesias-institucionales, deben evitar tocar poder e instalarse en él. Deben abandonar las Instituciones eclesiásticas, las Uniones, Convenciones, Federaciones, Sínodos, Asambleas Generales, Alianzas, Ligas, Agrupaciones, Asociaciones, Conferencias, Hermandades, Cofradías, Diócesis, Organismos y Organizaciones provinciales, regionales, nacionales, y mundiales, etc., etc. Las iglesias deben abandonar todo embrión que pueda conducirlas a la participación en cualquier estructura de poder. “Porque tuyo es el Reino, EL PODER y la gloria, por todos los siglos. Amén” (Mateo 6.13).
Nadie debe enseñorearse de la grey del Señor. “..aunque tengo mucha libertad en Cristo para mandarte lo que conviene, mas bien te ruego por amor...” (Filemón 8,9).
No hay autoridad eclesial alguna en las iglesias de Jesucristo, mas que la derivada del ejemplo. “No que nos enseñoreemos de vuestra fe, sino que colaboramos para vuestro gozo” (2ª Corintios 1.24”). “Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande...será vuestro servidor..” (Mateo 20.25-26). “..conforme a la autoridad que me dio el Señor para edificación y no para destrucción” (2ª Corintios 13.10). “Esto habla (el Evangelio), exhorta y reprende con toda autoridad..”(Tito 2.15).
Nadie debe imponer a las iglesias cargas, obligaciones, proyectos, acuerdos, etc., fuera de la voluntad de los hermanos que las integran. “¡Ay de vosotros ..intérpretes de la ley! Porque cargáis a los hombres con cargas que no pueden llevar, pero vosotros ni aun con un dedo las tocáis” (Lucas 11.46). “..mi yugo (el de Cristo) es fácil y ligera mi carga” (Mateo 11.30). “..ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros, no imponeros ninguna carga mas que estas cosa necesarias..” (Hechos 15.28). “Pero a vosotros.....no os impondré otra carga” (Apocalipsis 2.24).
Nadie puede entorpecer o coartar la libertad que Cristo obtuvo y dio a todo creyente en él. “Por precio fuisteis comprados; no os hagáis esclavos de los hombres” (1ª Corintios 7.23). “Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud” (Gálatas 5.1). “..donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad” (2ª Corintios 3.17). “..conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.” (Juan8.32).
Muchos piensan que la Organización y la Jerarquía son necesarias en la Iglesia, para evitar su desintegración. Argumentan que si, aun existiendo Jerarquías y Organizaciones, la Iglesia está dividida en muchas facciones, denominaciones, confesiones, etc. ¿qué sucedería si tales organismos no existieran?
Las iglesias cristianas son grupos de personas que creen en Jesucristo, se reúnen por lo menos los domingos, donde pueden, para adorar al Señor, leer su Palabra, participar de la Eucaristía, administrar el Bautismo, hacer una colecta para los necesitados y para la evangelización de los escogidos por Dios para ser salvos. Suele haber alguien que presida y dirija el culto, un diácono o diaconisa que administre las colectas, un presbítero o mas si es posible, que se sostendrá a sí mismo con un trabajo secular y predicará las Escrituras, uno o varios evangelistas o misioneros que formen nuevas iglesias, y otros que posean cualquier otro don del Espíritu, reconocido por toda la congregación para que lo ejerzan.
Nada mas necesita una iglesia del Señor. Así debe permanecer y engendrar a otras a su misma semejanza, que a su vez también engendrarán a otras. No será necesario organización humana que las agrupen. Entre ellas existirá el lógico espíritu fraternal del personal conocimiento entre hermanos, presbíteros y misioneros, que dio lugar a la formación de las mismas.
Nadie podrá manipular a las iglesias de Jesucristo, si éstas se forman y se conducen de la manera que él ordenó. Nadie podrá sugerirles por qué, ni por quién deben votar, ni a cuales manifestaciones deben acudir. Ellos, cristianos libres, sabrán discernir bien lo que es correcto hacer en cada circunstancia. No será fácil engañar a los cristianos libres, porque son especialistas en descubrir al lobo, por muy bien que se disfrace de oveja.
No he querido ni siquiera sugerir que los cristianos libres han de ser seres “apolíticos”, porque tal especie de seres humanos no existe. Bajo esta capa se suelen ocultar aquellos que no desean que sus ideas políticas se conozcan, o los que –por desgracia para ellos- son “analfabetos políticos” que, con la etiqueta de apolíticos, quieren ocultar su ignorancia. El cristiano libre sabe muy bien qué partidos, movimientos, ideas, favorecen a los pobres y desposeídos de la tierra y, por tanto, los apoyará, aunque no coincidan en todo con sus creencias.
Las iglesias de Jesucristo no aspiran a tener dominio ni influencia sobre la sociedad, porque se sabe minoritaria y débil en este mundo. “Muchos son los llamados y pocos los escogidos” (Mateo 20.16). “No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino” (Lucas 12.32). Entre vosotros “no sois muchos sabio según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles” (1ª Corintios 1.2). Las grandes agrupaciones humanas no son buenas, porque se sienten fuertes y casi todopoderosas. El Antiguo Testamento nos da un ejemplo en la ciudad de Babel, donde los hombres se agruparon en exceso y acordaron, nada menos, que la construcción de una gran torre, en previsión de otro posible diluvio, a fin de que, de repetirse, al menos algunos de ellos, pudieran eludirlo.
Dios les confunde las lenguas, efecto cerebral que conlleva otras consecuencias, como hacer diferentes los conceptos y apreciaciones de la propia manera de vivir. Tal división, tuvo como resultado la dispersión geográfica de aquellas gentes.
La misma Jerusalem, tenía sus cupos para evitar que todo Israel, se instalase en ella.
Por otra parte, una de las características de la Gran Ramera del Apocalipsis, es que tiene influencia, dominio,“se sienta” sobre “pueblos, muchedumbres, naciones y lenguas”(Apocalipsis 17.15), y de los falsos pastores, es que deseaban sobremanera “arrastrar tras sí a los discípulos ” (Hechos 20.30), o sea: querían constituirse en Príncipes de su particular Israel, para ser “alabados de la gente” y así “tener dominio sobre ellas”. La gente, por su parte, también está deseosa de líderes que las guíen, que las aglutinen, porque siendo muchos, se crecen y se creen mas fuertes.
Estos conceptos netamente numéricos, son contrarios al espíritu de la Palabra de Dios, que antes de recomendar esta masificaciones, lo que recomienda es la privacidad y la intimidad con Dios. “Cuando oras, no seas como los fariseos que aman ponerse en pié en las sinagogas....tú..cierra tu puerta y ora a tu Padre que está en secreto...y te recompensará en público” (Mateo 6.5,6). Jesús al ver a la gente, tuvo compasión de ellas porque las vio como un gran rebaño carente de pastor. Como si estuvieran predispuestos a aceptar cualquier guía que les condujese.
Así pensaba también el pueblo de Israel cuando “quisieron ser como los demás pueblos” y pidieron al profeta Samuel un rey que los liderase, como tenían los demás pueblos.
El cristianismo fiel a Jesucristo, no es amigo de las concentraciones. Es mas partidario de lo privado, de lo íntimo, de los pequeños grupos, a los cuales les basta un cenáculo para reunirse, o la casa de un hermano. Mucho mejor que un estadio de fútbol.
Hay un deseo del Señor para que los cristianos sean uno. Jesús ora por esta unidad: “Para que sean uno, así como nosotros (el Padre y Jesús) somos uno” (Juan 17. 22). Lo que evidentemente se refiere a la “unidad espiritual” en la comunión (común unión) de los hermanos, y de estos con Jesucristo. Es la unión del Espíritu, lo que las Escrituras enseñan. En modo alguno la unificación organizativa en un sola y única Institución, que una y vertebre a toda la iglesia universal. Esto, por mas que haya quienes lo pretendan (el Ecumenismo), no se va a conseguir, antes del establecimiento del Reino de Dios sobre la tierra.
No hay, en absoluto, que estar orgullosos de pertenecer a iglesias-instituciones grandes, numéricamente hablando, sino todo lo contrario, huyamos de ellas porque son las mas manipulables por sus líderes religiosos, que las usan ante los diversos Estados, para conseguir prebendas y privilegios a cambio del apoyo, mas o menos encubierto, de sus iglesias respectivas. Y al mismo tiempo, los Estados tienen temor de contrariar a estos jerarcas eclesiásticos, por la cantidad de personas que representan. Un voto, es un voto.
No importa en absoluto que la iglesia universal de Jesucristo esté dividida, mientras mas plural sea, mas difícil será su manipulación. Los Estados, sólo podrán manipular a sectores, partes, de la iglesia. Nunca a toda ella. Así es mucho mejor.
A veces, en las pequeñas congregaciones, nada mas crecer, sus curas o pastores, son llevados de una especie de engreimiento espiritual, que perjudica sus almas, porque olvidan que el Señor es el único Pastor verdadero de cualquier porción de su iglesia.
Lo mas recomendable, es que las iglesias numerosas se deshicieran de sus innecesarios templos y, en su lugar, se formasen muchas congregaciones cristianas pequeñas, para lo que harían falta un gran número de casas particulares, por los muchos grupos que sería necesario formar. Lo cual sería de gran bendición. Así habrían mas presbíteros, mas diáconos, mas evangelistas, seríamos incitados a trabajar mas por el Reino de los cielos y la Palabra de Dios llegaría a mas gente. Esto sí que está de acuerdo con la enseñanza y la práctica neotestamentaria. En las iglesias grandes, de cientos o de miles de miembros, se hace materialmente imposible mantener una comunión cristiana y estrecha con todos, y es imposible evitar que nazca y crezca la fría burocracia: horario para poder hablar con el pastor, censos o directorio de miembros, comisiones de diaconía para poder saber quien está enfermo, quien tiene dificultades, etc. En un grupo de veinte o treinta, que podrían componer una “iglesia casera”, todos saben de todos, el amor cristiano es mas tangible, los presbíteros están mas cercanos, y la lista de las ventajas superará con creces a la de las iglesias mastodónticas.
19-¡SALID, HUID!
¿Qué es la Iglesia?. Es el conjunto de creyentes en Jesucristo. Los que ya murieron creyendo en él, los que aun viven sobre la tierra que creen en él, y los que han de nacer todavía y también creerán en él.
“Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos.” (Apocalipsis 7.9).
La Iglesia no es la suma de organizaciones, y de iglesias territoriales, nacionales, internacionales, etc. No es un revoltijo de siglas. Es un revoltijo o suma de INDIVIDUOS, de personas creyentes en Jesucristo. Todos ellos forman el Pueblo de Dios, la Iglesia y Esposa de Jesucristo. Por todos ellos murió Jesucristo. A todos ellos los salvó. Ninguno de ellos se perdió.
Cristo no murió por las Organizaciones o Instituciones a las que la mayoría de los creyentes pertenecen, sino que murió por ellos.
Las Organizaciones, aunque existen desde antiguo, no son necesarias para que exista la Iglesia. Es mas; a menudo, fueron corruptas, manipuladoras, guerreras y trajeron sobre sí mismas la ira y el desagrado de Dios, porque hicieron creer a sus afiliados o feligreses que, por el mero hecho de formar parte de ellas, ya serían salvos. Así crearon un ingente número de cristianos nominales, de nombre solamente, que estando dentro de ellas, estuvieron, sin embargo, fuera de la iglesia del Señor. Ello no significa que en cada una de estas organizaciones no hubieran cristianos fieles, verdaderos; pues el Espíritu de Dios es poderoso para salvar a los que tiene que salvar, aun en contra de lo que han aprendido y vivido en sus respectivas Instituciones o Iglesias. A pesar de sus muchas doctrinas contrarias a la Palabra de Dios, a pesar de sus junglas ceremonialistas, a pesar de sus prácticas deplorables, y de su Historias nefastas, algunos pámpanos han permanecidos, casi secos pero no secos del todo, unidos a la Vid y, por la gracia de Dios, no han sido totalmente extirpados, aunque apenas hayan producido algún fruto. (Juan capítulo 15.1 al 17).
Pero no es esa la clase de vida espiritual que Dios desea para su gente. “Yo he venido para que tengáis vida y la tengáis en abundancia” (Juan 10.10).
La pertenencia a una Iglesia-Institución-Jerarquía-Organización, trae mas daño que beneficio para el espíritu, para el cristiano que desea verdaderamente serlo.
Y puesto que es lógico, y la Biblia así lo dice, “ el Juicio comience por la casa de Dios” (1ª Pedro 4.17), por los que ante el mundo entero vienen presentándose como la Iglesia de Cristo, siendo un ejemplo nefasto y escandalizador, y una tremenda torre de Babel o confusión, quien forme parte de estos conglomerados religiosos, siendo que él quiere seguir sólo a Jesús, debe tener oídos para oír lo que la Palabra dice a los tales: “Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas” (Apocalipsis 18.4).
SALID Y HUID. Y, como Lot, no miréis para atrás.
20-Y ¿QUÉ HARÉ FUERA?
Fuera de la Gran Babilonia, de la gran confusión, se está mejor que dentro. Al menos te librarás del castigo que, antes de la venida del Reino de los Cielos, Dios tiene reservado para ella, “Babilonia la Grande, madre de las fornicaciones de la tierra”(Apocalipsis 17.5).
Sal y júntate con otras personas que, como tú, quieran salir o hayan salido ya de ella. Reunios, aunque seáis dos o tres, en tu propia casa. “..donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo 18.20). Orad al Padre de Jesucristo (nada mas, a nadie mas) y leed, la Biblia. Sobre todo, el Nuevo Testamento. Allí, en la Palabra de Dios, iréis encontrando lo que debéis hacer. Antes que ninguna otra cosa, conocer al Señor mas íntima y personalmente. “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.”(Juan 17.3).
Reúnete cada domingo con esos amigos para adorar al Señor orando y leyendo su Palabra. Cuando conozcáis bien las Escrituras, y sepáis en vuestro corazón que el Señor os ha salvado porque creéis verdaderamente en él, daréis un paso mas.
Cuando os sintáis como una verdadera familia y os améis como a hermanos, habréis reparado ya en los dones espirituales que el Espíritu Santo habrá repartido entre vuestro grupo. A uno se le dará bien presidir las reuniones, para que “todo se haga decentemente y con orden” (1ª Corintios 11.40). Que os presida en el Señor. “..el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría..” (Romanos 12.8). A otro, se le dará bien leer, que lea él la Biblia y si es larga la lectura, que lean varios lectores, por turno, cada uno su porción.
Quien tenga don para explicar (Romanos 12.7), que explique, que enseñe, que comente la lectura.
Si alguno tiene don para cantar, que cante al Señor. Al Señor solamente. Que le ponga música a algunos de los Salmos y los cante, e incluso, que los enseñe a los demás, para que todos los puedan cantar.
Reconoced los diferentes dones y si crecéis en número, elegid a dos o tres hermanos de entre los mas responsables y mayor experiencia, los que creáis que aman mas al Señor y le temen, los mas sabios en las Escrituras, para que sean vuestros “ancianos”, que esto es lo que significa la palabra “presbítero”, y vuestros “supervisores” que esto es lo que significa la palabra “obispo”.
“Y él mismo constituyó a unos apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo..”(Efesios 4.11,12).
Pasad una colecta voluntaria en cada reunión dominical y elegid a un hermano o hermana como “diácono”, para que lleve las cuentas y, entre todos, socorred a los que, de entre vosotros, tengan necesidad: “..según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe” (Gálatas “..compartiendo para las necesidades de los santos; practicando la hospitalidad” (Romanos 12.13). Y si entre vosotros no hubieren necesitados, buscad fuera del grupo. Dejad una parte para comprar ejemplares de la Biblia y del Nuevo Testamento, que podáis regalar a quienes viereis con interés de conocer y seguir al Señor y, en fin, para que podáis hacer el bien con vuestro propio dinero, y no con el de los demás.
Procurad, con el tiempo y sin prisas, contactar con otros grupos de creyentes como el vuestro, para que sus presbíteros puedan “imponer las manos” sobre los vuestros, reconociéndoles así como compañeros en el servicio a Cristo, invocando la ayuda del Espíritu Santo en esta labor. “No impongas con ligereza las manos sobre ninguno..”(1ª Timoteo 5.22). “..te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos” (2ª Timoteo 1.6). “No descuides el don que hay en ti, que te fue dado mediante profecía con la imposición de las manos del presbiterio” (1ª Timoteo 4.14).
Bautizad a quien no lo estuviera, “en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo”(Mateo 28.19), con agua, sencillamente, sin velas, sin aceite, sin sal, sin padrinos y sin ninguna parafernalia. Basta con que el que va a ser bautizado, diga que cree en el Señor Jesucristo. Esto es suficiente. “El que creyere y fuere bautizado, será salvo” (Marcos 16.16). “..llegaron a cierta agua, y dijo el eunuco: Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado? Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes.”(Hechos 8.36,37).
Explicadles que el bautismo no quita ningún pecado, ni otorga ninguna gracia especial, sino que es un signo de obediencia a la Palabra de Cristo, quien nos salva por su sacrificio en la cruz y por el don de la fe.
Celebrad el recuerdo de la muerte del Señor “haced esto en memoria de mí” (Lucas 22.19), la eucaristía, con una copa simple de cristal y una pieza de pan normal y corriente. Explicad que allí no se produce ningún cambio sustancial, que el pan representa el cuerpo de Cristo y el vino, su sangre que fue derramada por nuestros pecados. Hacedlo como San Pablo dice en 1ª Corintios 11.23 al 26:
“Porque yo recibí del Señor, lo que asimismo os he enseñado. Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado tomó pan (que coja el pan), lo partió (que lo parta en trocitos) y lo dio a sus discípulos (que lo reparta entre los presentes que lo deseen) diciendo: Tomad y comed, esto es mi cuerpo (que todos coman). Y asimismo tomó también la copa ( que la coja, sin levantarla ni hacer ningún gesto o pantomima) diciendo: Bebed de ella todos, porque esta es mi sangre del Nuevo Testamento que es derramada por muchos para la remisión de los pecados. Y os digo que no beberé mas de este fruto de la vid, hasta que lo beba de nuevo con vosotros en el reino de mi Padre” ( y la pase o lleve a cada uno de los comulgantes, limpiando el borde, por higiene, después de que cada uno beba un sorbo, pasándola al hermano siguiente).
Puede hacerse una oración para que Dios bendiga aquellos símbolos de Jesucristo (tomó el pan, “lo bendijo”, tomó también la copa y “habiendo dado gracias”. Mateo 26.26,27). Así de fácil y sencillo. Como lo hizo el mismo Jesús, sin añadir ni omitir nada.(Notas 88,89)
Después de lo cual, se podría cantar algún himno de alabanza a Dios (“..y cuando hubieron cantado el himno, salieron...” (Mateo 26.30). Y/o pedir la bendición de Dios sobre todos los allí presentes.
Esto es una iglesia. Una iglesia cristiana, una iglesia libre, compuesta de cristianos libres. Todos sois hermanos y discípulos de Jesús. Todos le amáis y procuráis aprender de su Palabra. “(Los escribas y fariseos)...aman los primeros asientos...las salutaciones en las plazas, y que los hombres les llamen: Rabí, Rabí. Pero vosotros no queráis que os llamen Rabí; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos” (Mateo 23.7,8,9).
Vuestro Papa, Obispo, Sumo Pontífice, Presidente, Pastor, etc.,será solamente Cristo. No tendréis sede en Roma, Nueva York, Canterbury, Brooklin, Salt Lake, Toledo, etc., ni en ningún otro lugar del mundo. Vuestra sede estará en el mismo cielo, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios Padre. “...teniendo un gran Sumo Sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios.....declarado por Dios Sumo Sacerdote....estando ya presente Cristo, Sumo Sacerdote de los bienes venideros..” (Hebreos 4.14; 5.10; 9.11).
Los que habéis señalado para que os presidan, los ancianos, pastores o presbíteros, pueden turnarse en la celebración del partimiento del pan, santa cena, mesa del Señor, eucaristía o comunión, que de todas estas maneras se llama, así como en la predicación y explicación de las Escrituras, en las oraciones, etc., para que nadie se constituya en jefe u algo parecido, porque Cristo es vuestra Cabeza: “....Cristo es Cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su salvador” (Efesios 5.23).
Cuando ya el grupo, la iglesia, haya crecido y ya no quepáis en el salón, en el garaje, en el patio donde os reunís, dividid amistosamente el grupo, formando dos, buscando otro lugar donde procederéis de la misma manera que en el primer grupo o iglesia.
Así, casa a casa, grupo a grupo, iglesia a iglesia, es como crece la Iglesia Universal de Jesucristo sobre esta tierra.
La iglesia del Señor NO NECESITA TEMPLOS
NO NECESITA CLERO
NO NECESITA DINERO
SÓLO NECESITA A CRISTO
Si un ministro del Evangelio llega a tu iglesia para ejercer su ministerio cristiano, recíbelo bien, colabora con él y apóyalo, porque la tarea es dura y sacrificada. “Os rogamos, hermanos, que reconozcáis a los que trabajan entre vosotros, y os presiden en el Señor, y os amonestan; y que los tengáis en mucha estima y amor por causa de su obra.” (1ª Tesalonicenses 5.12,13).
Pero pregúntale cómo y de qué vive él y su familia. Si ves que es profesor, médico, electricista, albañil, etc., ya tienes la respuesta. Aprecia aun mas el tiempo y trabajo que dedica a la iglesia. Pero si su sostén económico proviene del Obispado, del Estado, de una Misión, de alguna Organización, Institución, Jerarquía o Iglesia, entonces piensa que tu iglesia, tu grupo, tu parroquia (como quieras llamarle) ya no será una iglesia-libre, porque seréis influenciados por cualquiera que sea la ideología y los intereses de quien “pague” a vuestro ministro, cura o pastor. Esta situación, como hiciera San Pablo, sólo debe aceptarse de forma provisional o en casos muy extraordinarios. Si la excepción se convirtiera en norma, como ocurre en las iglesias-institucionales, formaríamos un clero profesional en el que entrarían mas clérigos por profesión (como otro modo de vivir cualquiera) que por vocación.
Recuerda que “quien paga, manda” y que “nadie muerde la mano que le da de comer”. Al final, te verás votando a opciones políticas que no velan por los intereses de los desfavorecidos, justificando guerras injustas, ignorando o tolerando a quienes maltratan el planeta ( la común casa que Dios creó para la humanidad), te verás justificando o ignorando la explotación de los países pobres, mirando con recelo a los emigrantes, queriendo encender hogueras para quemar a los homosexuales, deseando mano dura y exterminadora para los delincuentes, pena de muerte para los criminales y justificación para los sistemas económicos reinantes, basados en el lucro, la usura y la especulación, que aumentan la riqueza de los ricos y la pobreza de los pobres.
Te mirarás al espejo y verás que te has convertido en un facha desagradable disfrazado de cristiano. Porque el cristiano, aunque respetuoso con toda clase de Estados, hasta el punto de orar por Nerón (iglesia primitiva) y por Franco (iglesias recientes), no podrá nunca estar del lado de los poderosos y fuertes de la tierra, ni siquiera teóricamente. Tampoco puede ser imparcial. Debe tomar posición junto a los pobres.
Por eso el cristiano no habla como el beato, de “caridad”, sino de “justicia”. Cuando la justicia reine, reinará también la paz. El cristiano debe tomar el bando correcto en esta lucha encarnizada contra el mal; y digo contra el mal, no contra los malhechores. (Nota 91)
El cristiano debe proseguir “en la libertad con que Cristo nos hizo libres” (Gálatas 5.1) y procurar “no ser esclavo de los hombres” (1ª Corintios 7.23). Las iglesias y sus Organizaciones, son ricas, y debido a que lo son, y mucho, no pueden seguir a Jesús. Sus riquezas se lo impiden, porque las condicionan. No pueden actuar en contra de los intereses de quienes las sufragan. Jesucristo les diría: “anda, vende lo que tienes y dalo a los pobres, y tú ven y sígueme”.
Pero como el rico a quien Jesús dijo estas palabras, la iglesia-institución, procedería de la misma manera: “Cuando oyó esto el rico..se entristeció y se fue, porque tenía muchas posesiones” (Mateo 19.21,22). No es que la iglesia-institución obraría así, sino que así viene obrando desde que dejó de ser “libre” y se hizo “esclava” del poder, del Estado y de los ricos de este mundo y sus grupos de presión.
El cristiano libre debe salir de estas Organizaciones e Instituciones eclesiásticas. El cristiano, no necesita organizarse para sentirse fuerte, agruparse para sentirse numéricamente mas grande, ni como consecuencia, tampoco necesita de esos líderes (Obispos, Presidentes, Moderadores, etc.,) que se pavoneen ante la sociedad, diciendo representar a cientos, a miles o a millones de cristianos.
Cuando el rey David quiso saber cuántos soldados podía tener y ordenó un censo, Dios le castigó (1ª Crónicas 21.1,2,5,7,17) “Y dijo David a Dios: ¿No soy yo el que hizo contar al pueblo?. Yo mismo soy el que pecó y ciertamente he hecho mal....” No necesitamos, como cristianos, saber cuán numerosos somos, ni permitir que esos “líderes” nos representen; no necesitamos representantes, porque no necesitamos tener NINGÚN PODER en la sociedad.
Jesús llamó “sal” y “luz” a los suyos, indicando cómo hemos de influir en el mundo que nos rodea: “Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve mas para nada...Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad sobre un monte, no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en el cielo.” (Mateo 5. 13 al 16).
Es con nuestro testimonio individual derivado de nuestras buenas obras, como se es sal y luz en este mundo. No con “manifestaciones cristianas, pancartas incluidas”. Somos los cristianos, individualmente, los que hemos de sazonar y brillar y esta sal y luz, son nuestros actos. Las Instituciones eclesiásticas, históricamente, lo que han hecho ha sido, precisamente, lo contrario de lo que Jesús mandó: arrojar mas “tinieblas” sobre los hombres, ser focos de “corrupción” sobre la tierra. Ya lo dijo el Señor a los beatos religiosos de su tiempo: “....sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, mas por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia. Así también vosotros por fuera, a la verdad, os mostráis justos a los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad.” (Mateo 23. 27,28).
La iglesia de Jesucristo no tiene “libros” de sus componentes, ni “líderes”que la representen, sean locales, provinciales, regionales, nacionales o mundiales. “Conoce el Señor a los que son suyos” (2ª Timoteo 2.19).
Y sus nombres constan “en el libro de la vida del Cordero” (Apocalipsis 21.27).
Y sólo tiene una Cabeza, un Jefe, un Líder: el Señor Jesucristo: “Y él es la Cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia” (Colosenses 1.18).
La iglesia de Jesucristo no se asemeja a ninguna organización humana. Es un espiritual edificio cimentado sobre la persona de Cristo y la doctrina apostólica, cada cristiano es una piedra, un ladrillo, que el propio Señor Jesucristo como arquitecto y albañil, va añadiendo, generación tras generación, hasta que sea completado y entonces, venga personalmente, a iniciar una Historia nueva, distinta y sin fin.
Este edificio no puede ser visto, fotografiado, localizado por los hombres, porque a menudo, quienes piensan que forman parte de él, están excluidos y, por el contrario, muchísimos de los que creemos que están fuera, están sin embargo, dentro.
“Porque vendrán del oriente y del occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios....hay postreros que serán primeros, y primeros que serán postreros” (Lucas 13.29,30). “Vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham e Isaac y Jacob en el reino de Dios; mas los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes” (Mateo 8.11). “...los publicanos y las rameras (prostitutas) van delante de vosotros al reino de Dios”(Mateo 21.31). “Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.” (Mateo 7.22,23).
Los intentos de identificar, marcar, señalar, personalizar la Iglesia con distintos nombres, cruces, anagramas, vestiduras, templos, sedes, etc., sólo consiguen añadir mas confusión a la Babel cristiana existente, a la Babilonia del Apocalipsis, que sí necesita de todas estas cosas y, sobre todo, de financiación.
21-¿PUEDE UN CRISTIANO SER APOLÍTICO?.
Muchos dicen que un cristiano no debe inmiscuirse en los asuntos de este mundo, sino que debe pasar por él como a hurtadillas, sin contaminarse. Esta idea dio lugar a la creación de los conventos de clausura y antes, al ascetismo cristiano.
No niego que de vez en cuando, venga bien para el espíritu un cierto tiempo de retiro y meditación, como hizo Moisés, antes de recibir la Ley de parte de Dios, cuado tuvo lugar la escena de la zarza ardiente; o como también hizo Jesucristo en el desierto, antes de iniciar su ministerio público. Pero ambos estuvieron sobre cuarenta días, nunca se retiraron de por vida, como los ermitaños o la clausura, porque entonces, no habrían servido al pueblo de Dios.
Aunque las Escrituras nos exhorten a apartarnos del mundo porque no somos del mundo, (Juan cap. 17), no se refieren al apartamiento literal en comunas, conventos, etc., sino a no participar de la contaminación espiritual que en el mundo existe, a no actuar de la misma manera que actúan quienes desconocen las enseñanzas de Jesucristo. Nada de cuanto existe en el mundo nos es ajeno a los creyentes en Jesús. Queramos o no, cuanto ocurre en el mundo, afecta y debe afectar a los cristianos. No podemos permanecer santurronamente aislados, como si no fueran con nosotros las injusticias que se cometen en la tierra. Dondequiera que haya un cristiano, ha de haber un testigo insobornable, dispuesto a apoyar la justicia. Pero sin dejarse manipular.
“Conoceréis la verdad”, dice Jesús (Juan 8.32). No sólo la verdad salvadora, sino la verdad de las cosas. Sabréis lo que está detrás, lo que callan, sabréis leer entre líneas, no os manipularán. “..cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad..”(Juan 16.13). No sólo a la verdad salvífica, sino a “toda” verdad. El Espíritu de Dios nos ayuda a “discernir”, a ser sabios políticamente hablando.
Dios tiene planes para el mundo. Escribe derecho en renglones torcidos. Sabe sacar bien del mal. Todo esto forma parte de la doctrina sobre la Providencia de Dios, claramente enseñada en las Escrituras.
Todo aquel que tiene el Espíritu de Dios, sabe leer no sólo en las páginas antiguas de la Historia, sino en las actuales del día a día, en la realidad cotidiana y también, en la confluencia profética que el hoy tiene sobre el futuro. No es posible engañar a los cristianos libres, como si fueran cristianitos lactantes de las iglesias del establisment.
Todo cristiano libre desconfía de las Teocracias, porque sabe que no es posible una Teocracia representativa. Cuando el Reino de Dios venga, Dios mismo, gobernará en Cristo este mundo, sin representantes de ninguna clase.
Ningún cristiano libre, quiere establecer a golpe de leyes y decretos, el Cristianismo, sobre un país o sobre el mundo entero. Por lo tanto, no quiere influir sobre ningún Estado ni Gobierno. Tampoco quiere influir sobre sus legislaciones. No quiere Caudillos, Reyes, Presidentes “por la gracia de Dios”. Porque, en sentido estricto, bíblicamente hablando, tanto Franco, los Reyes Católicos, Stalin, Hitler, los Faraones y Nerón, todos lo fueron “por la gracia de Dios”:
“Respondió Jesús (a Pilato): Ninguna autoridad tendrías contra mí, si no te fuese dada de arriba” (Juan 19.11). “...el Altísimo tiene dominio en el reino de los hombres, y..lo da a quien quiere” (Daniel 4.25,32). El por qué Dios permite que auténticos criminales, locos y beatos ejerzan el poder en muchas naciones, es algo que pertenece a su Providencia, a la perspectiva única que él tiene como conductor de la historia. Por eso las iglesias libres de Jesucristo no aspiran, como tampoco el propio Cristo, a tener ningún poder ni dirigismo político.
Lo que los cristianos libres deben hacer, mientras viene la Teocracia del Reino de Dios, es vivir separados de todos los Estados, sometidos a sus leyes sean o no cristianas, y tomando siempre postura a favor de los pobres y desfavorecidos de la tierra en cada momento, caso y situación.
Esto no es imparcialidad, ni equidistancia política, sino todo lo contrario: absoluta parcialidad y opción clarísima por los pobres, renuncia completa al sistema y concepto de “caridad”, que los poderosos y ricos usaron y usan, para “ganar” también el Cielo (como si ya no hubieran ganado bastante en la tierra, a costa de los pobres), sustituyéndolo por el concepto de “justicia”, de mejor distribución de la riqueza del planeta que, su Creador, creó en abundancia tal, como para que no hubiera uno solo de sus habitantes, que careciera de lo básico y mas elemental, como comida, educación y sanidad.
Esto no es ser apolítico, sino totalmente político, por cuanto el cristiano sabe qué políticas debe apoyar y cuáles no. Y esto al margen de la corrupción que, desgraciadamente, afectó y afecta a todos los estamentos de cualquier sociedad, antigua o moderna, y también a las “iglesias-jerárquicas-institucionales” que dejan en mantilla a la corrupción política o puramente económico-capitalista.
“El efecto de la Justicia será Paz” (Isaías 32.17). Esta es una característica del futuro Reino de Dios, de la Teocracia final que los cristianos esperamos y, por cuyo advenimiento, Cristo nos mandó orar en el Padrenuestro: “Venga a nosotros tu Reino, hágase tu voluntad en la tierra como se hace en el cielo..” (Mateo 6.10).
Como es sabido, es imposible la paz si antes no existe la justicia. O lo que es lo mismo: toda guerra es producto de la injusticia. La justicia es pues, una bandera necesaria, sin la cuál la paz verdadera no puede existir. Inclusive en el terreno de la teología, la paz del hombre con Dios, sería imposible sin la justicia que Cristo pagó en la cruz que, aplicada gratuitamente al creyente por el don de la fe, se convierte o se llama “justificación”. “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Romanos 5.1).
Los cristianos libres sabemos que la justicia de Dios es mas que la ley, porque hay en todas partes, leyes injustas, especialmente cuando las injusticias humanas, han promulgado leyes favorables a la religión, de las que dice Isaías 64.6 “ ..todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia.” Sabemos discernir entre lo que allana el camino al Reino de Dios y aquello que lo dificulta y obstaculiza.
Los cristianos libres y sus iglesias, tomamos partido por la Justicia humana, precisamente porque creemos en la Justicia de Dios, que exterminará a las iglesias-rameras (Apocalipsis 17.5,18) y a los poderosos (gobernantes, reyes, políticos, mercaderes, capitalistas) que con ella cometieron fornicación.
Estamos con los pacifistas de la tierra, con los que se oponen a las guerras, inclusive a las llamadas “guerras justas” por las Iglesias-rameras, por la ONU y por el Capitalismo mundial. “Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad. Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios” (Mateo 5.5,9).
Estamos contra el Capitalismo como filosofía político-financiera, depredadora de los bienes y recursos que pertenecen a toda la humanidad, mediante el préstamo con legalización del interés y la usura. Becerro de Oro al que las naciones se aprestan a adorar, y que debe ser destruido y sustituido por otro sistema económico, que promueva el trabajo, el comercio justo y la igualdad social.
Estamos, como cristianos, contra todo lo que destruye y contamina la Creación de Dios, en nombre del progreso tecnológico.
Estamos contra el Consumismo despilfarrador, que empobrecerá a las generaciones futuras y devastará la Naturaleza que Dios creó. “...tu ira ha venido, y el tiempo de juzgar a los muertos....y de destruir a los que destruyen la tierra” (Apocalipsis 11.18).
Estamos porque la ciencia y la tecnología se pongan al servicio del hombre y de la creación, dejando de servir al Capitalismo, su mentor.
Estas cosas no se pueden lograr así como así, por arte de birlibirloque, sino porque los Estados así se lo propongan. Apoyaremos como cristianos, todas las políticas que conduzcan a estos fines, que creemos que son los fines para los que Dios creó el mundo y puso al hombre sobre la tierra, como su administrador: “..llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra” (Génesis 1.28).
¿Puede un cristiano ser apolítico?. ¡Por supuesto que no!. Si quiere serlo, que se haga ermitaño o se refugie en un convento. Pero en tal caso, será una huída cobarde, de su obligación como ser humano y como hijo de Dios.
Alguien dirá que tales fines pueden ser asumidos también por los partidos considerados como de “derecha”. De nuevo la mentira de Satanás: “Seréis como Dios” (Génesis 3.5). ¿Cuándo han podido o podrán enarbolar la bandera de la justicia social, ideologías basadas en el individualismo, en la sagrada libertad económica, y en la santa propiedad?. El individualismo egoísta frente al colectivismo solidario, la libertad económica frente a la economía reglada, y la privada propiedad acumulativa frente a la redistribución social ¿Alguien duda de qué lado se pondría la Justicia de Dios?.
No estoy afirmando que el hombre sea capaz de instaurar este Paraíso sobre toda la tierra. Ensayos históricos ha habido, pero todos terminaron en fracasos. Unos porque se impusieron a la fuerza sobre millones de calaveras, como el stalinista, otros porque fueron aniquilados por las supuestas civilizaciones superiores de los conquistadores, como el de las tribus indias americanas y los aborígenes de Oceanía; otros –como el iniciado por la iglesia primitiva de Jerusalem- , porque fue interrumpido por la incipiente persecución contra los primeros cristianos. “Y la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común” (Hechos 4.32).
Sin embargo, a pesar de estos intentos fracasados, nadie puede negar la nobleza de los mismos. El fracaso ha de ser atribuido a la humana incapacidad para hacer el bien, fruto de la depravación causada por el pecado; a la rebeldía del hombre contra los preceptos de Dios. Primer punto de la teología calvinista, del que tan extensamente habló San Agustín en sus “Tratados sobre la Gracia”, tomado a su vez de la doctrina de San Pablo.
Por eso nos sentimos profundamente pesimistas, en cuanto a que tales intentos, pudieran alguna vez fructificar, para ser instalados en el mundo por el esfuerzo humano. El primer Paraíso fue establecido por Dios y es el mismo Dios, quien tiene y puede, restablecerlo de nuevo sobre la tierra. De hecho, los cristianos sabemos que lo restablecerá a su debido tiempo, cuando envíe de nuevo a este mundo a su Hijo Jesucristo, para inaugurar el Reino de Dios, tan largamente esperado por cuantos creyentes conocen las Escrituras, donde se nos habla de sus características principales y de su definitiva implantación.
Tampoco creemos que sean los partidos políticos de la “derecha”, los auto calificados de “inspiración cristiana”, los que vayan a lograr la restauración del Paraíso en la tierra. A lo largo de la historia, hicieron múltiples intentos para ello, apoyando los conceptos teocráticos de las Iglesias-rameras, cosechando muchos mas fracasos que la izquierda, llenando el mundo de guerras largas y cruentas, que no consiguieron hacer perdurar sus despóticas y humanas Teocracias. Elementos represores como la Inquisición y las guerras de religión, llenaron el mundo de muertos, y no adelantaron en nada la justicia social, sino que por el contrario, ésta retrocedía en cada victoria que la Iglesia-Institución obtenía.
Y es que los movimientos y partidos políticos de “inspiración cristiana”, son los mayores enemigos del progreso y del avance social, precisamente por su “inspiración cristiana”. Lo serían igual si fueran de “inspiración islámica” o de cualquier otra inspiración religiosa. Porque todas persiguen el mismo fin, de acomodar la sociedad a determinados principios religiosos y teológicos. Todas van en pos de establecer sus particulares Teocracias, queriendo que el mundo se rija por su religión. Ahí radica el error. Yo no quiero, como cristiano libre, que el mundo actual se rija por los principios del cristianismo, ni por sus valores. Hay otros ciudadanos que no son cristianos, a los que no les gustaría esta situación. No quiero tener ninguna ventaja sobre mis conciudadanos ateos, agnósticos o de otra religión. Por eso los Estados, tienen que ser laicos y aconfesionales.
Quiero libertad para todo ser humano. Libertad para que peque, si lo desea. Libertad para que se corrompa, si quiere corromperse. Quiero libertad para el propio Satanás. Corresponde a Dios atarlo y desatarlo cuando él lo decida (Apocalipsis 20.2,7,10). El único tope a la libertad, es la libertad del otro. No hay lugar para la intransigencia ni la intolerancia, mientras la libertad de los demás no dañe a la mía, ni la mía dañe a la de los demás. No justifico el mal, sino la libertad que el hombre tiene para practicarlo, y los Estados están para evitar que la libertad de unos dañen a los otros, y para castigar a los que dañan y, ante los fallos, equivocaciones, de la humana justicia, me remito a la Justicia de Dios, sin tratar de imponerla en su Nombre, por cuanto –posiblemente- me equivocaría.
Defiendo el derecho que el hombre tiene, dado por Dios, para –incluso- equivocarse o para, consciente y libremente elegir el mal. Si Dios ha dado al hombre la libertad de poder rebelarse contra él ¿quién es el hombre para imponer su “espíritu cristiano” o su “espíritu islámico”, etc., a las leyes que vayan a regir la vida de sus conciudadanos? ¿No significa esta pretensión querer establecer Teocracias representativas, regidas por los distintos representantes de cada religión?.
No es correcto que los partidos de “inspiración de cualquier religión” establezcan en sus respectivos países, Estados confesionales, basándose en el hecho de ser en los tales mayoría.
Las democracias se distinguen, precisamente, por el trato dispensado a las minorías. Las minorías no pueden ser ignoradas, olvidadas, pasadas por alto, ni mucho menos segregadas, apartadas, vituperadas, perseguidas o aniquiladas.
En Italia se formó la Democracia Cristiana. En otros países también. En Alemania ingresaron en el partido, fundamentalmente católico, muchos protestantes que querían así, trabajar porque sus respectivos gobiernos, fueran de “inspiración cristiana”. De todos es sabido que, al menos la Democracia Cristiana de Italia, llegó a ser uno de los partidos mas corruptos de todo el elenco político, ligado fuertemente a la mafia.
Ninguna iglesia tiene derecho a influir, desde el Estado y sus leyes, en los ciudadanos de su país. Ninguna religión tiene derecho a usar el Estado y sus leyes, para este fin. Política y religión, jamás deben mezclarse. Tan pernicioso es el Cesaropapismo, como la Teocracia humana.
Dejemos que Dios sea Dios. No tengamos la estúpida pretensión de defenderle, como si fuera un ídolo mudo, incapaz de defender su causa por sí mismo. No tengamos la tentación vana, de desenvainar las espadas, para convertirnos en paladines de Dios, como en los pasados tiempos, cuando tanta sangre se derramó inútilmente. ¿Acaso no tiene Dios poderosas legiones de ángeles capaces por sí mismas, de destruir todos los ejércitos de éste y de mil mundos como éste?. “¿Acaso piensas (dijo Jesús a Pedro, cuando intentó defenderle de los guardias que le prendieron en Getsemaní) que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría mas de doce legiones de ángeles?” (Mateo 26.53).
Es estúpido que un ratón, salga en defensa de un león.
Dios ha de juzgar. Dios mismo ha de venir. Dejemos que Dios juzgue. Dejemos que Dios venga. Dejemos que el tiempo se cumpla.
Mientras esperamos su regreso, ocupémonos en santificarnos a nosotros mismos, no pretendamos santificar a la sociedad. “El que es injusto, sea injusto todavía; y el que es inmundo, sea inmundo todavía; y el que es justo, practique la justicia todavía; y el que es santo, santifíquese todavía” (Apocalipsis 22.11).
La manera de alumbrar y sazonar esta tierra, es por medio del ejemplo personal, “para que vean vuestras obras buenas y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5.16), no a través de ningún Estado o Gobierno y sus leyes. La Teocracia, es Dios mismo quien tiene que instalarla en la tierra, no nosotros.
Así que, cristianitos hostigadores de los Estados laicos, ¡Dejad de hostigar!,¡dejad de pretender que se legisle “cristianamente” o “islámicamente”!. Dejad que los Estados cumplan su función y vosotros, cumplid la vuestra:
“Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor” (Filipenses 2.12). Anunciad el Evangelio del Reino. Brillad y sazonad vuestro entorno. Luchad codo a codo con los que desean mejorar las condiciones de vida de la humanidad sufriente. (Nota 92)
Con la revolución pacifista, derrotad a los opresores de los pueblos hambrientos. Poniendo la otra mejilla, venced al capitalismo salvaje; denunciad a los depredadores y despilfarradores de los recursos del planeta; a los usureros de los pobres; a los explotadores de los braceros; a las multinacionales que sangran a niños y mujeres con salarios de miseria; a los que se llevan las industrias de un país a otro, buscando sólo su mayor beneficio; a los que especulan con el precio de los alimentos y las medicinas; a los que especulan con la vivienda; a los que se lucran con las guerras y a los “canallas que las hacen”; a los que bendicen los cañones y misiles; a los que evaden los impuestos y defraudan la Hacienda pública; a los que permiten que haya niños sin escuelas ni hospitales; a los que encierran a los justos en la cárcel y liberan de ella a los culpables; a los que hacinan a los viejos, ya exprimidos; a los que secan con hambre el pecho de las madres, hinchando los vientres de sus hijos; a los que empujan a dormitar en las calles; los que roban las arcas del municipio; a los que trafican con la fuerza del trabajo; a los que perciben comisión por sus encargos; a los que abusan del poder, cuando lo tienen; a los ciegos y mudos ante el crimen; a los que humillan a la gente respetable; a los que dejan golpear al desvalido; al que pasa ante el mal indiferente; al que se sube al carro del que vence, humillando con desprecio a los vencidos; al que a sabiendas, miente; al que deja sin curar a los heridos; al que se calienta con el frío de la gente; al que engorda con el hambre de los pobres y causando la miseria, se divierte.
Fijaos, cristianitos santurrones, si tenéis en lo que ocupar vuestros dones y talentos que, de Dios, hayáis recibido. ¡Dejad de tocarles las narices a los Estados laicos que también son “puestos por Dios”como enseñan las Escrituras (Romanos 13.1 al 7)!. ¡Dejaos de ser infantiles o ciegos, que no veis la clase de gente que os manipulan, no para defender las enseñanzas cristianas (que después de haber promulgado tantos dogmas antibíblicos, les debe importar muy poco), sino para defender el PODER que, desde los Reyes Católicos hasta Franco, siempre tuvieron, impidiendo el progreso de nuestra desgraciada España!.¡Cristianitos santurrones, comesantos o porteadores de Biblias, despertad de vuestro sueño, abrid los ojos del alma y os alumbrará Cristo!. “Despiértate, tú que duermes. Mirad....cómo andéis, no como necios, sino como sabios, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos...no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor” (Efesios 5.14 al 17). Preguntad a vuestros mayores qué hacía esta santa Iglesia-jerárquica cuando tenía todo el poder. Cómo se comportaba con quienes discrepaban de ella. ¿Queréis auparla otra vez al trono, insensatos?. Jesús, cuando quisieron hacerle rey, rechazó el poder temporal, pero ella lo desea y lo busca con todos los medios a su alcance. “Pero entendiendo Jesús que iban a venir para apoderarse de él y hacerle rey, volvió a retirarse al monte él solo” (Juan 6.15).
¿Dónde están los cristianos arrianos, los cristianos mozárabes recalcitrantes, la séfarad judía, el cultísimo islam andalusí, los protestantes españoles de la Reforma, los comuneros, los liberales, los republicanos, todos ellos discrepantes de la Santa Madre Iglesia?.
¡Preguntadle al exilio, a la hoguera, a las cárceles, a la retractación bajo amenaza, al silencio forzoso, a las fosas comunes, a la desaparición sin nombres!. ¿Fue España o fue Saturno, quien devoró a los mejores de sus hijos?. (Notas 93,94)
Todos juntos formaban la mitad de los habitantes del país. Mirad en la Historia. Todos muertos, pasados a cuchillo, quemados en las hogueras, encarcelados, deportados en masa del suelo patrio o fusilados y, los que se libraron de estas cosas fue porque fueron obligados a insertarse en la Iglesia por la fuerza, renunciando a su propia convicción.
Mucho tendría que reformarse esta iglesia española nuestra, para llegar a ser una iglesia cristiana como es debido. Una iglesia sin fanatismo, sin odio, pobre, sin apego alguno al poder, resignada a no mandar mas, sin grupos de presión social en su seno, cercana a los pobres de la patria, renunciando a los conciertos económicos con el Estado y sus Ministerios, sumisa al gobierno de turno, no pedigüeña, realizando labores sociales con su propio dinero o el de sus feligreses, renunciando a su omnipresencia, liquidando sus inmensas posesiones a favor de los necesitados, enseñando a sus mas ignorantes seguidores el abandono de la milagrería , de sus fiestas paganas que suelen achacar a la ignorancia y poco instruida fe de las masas, pero que sin embargo alientan como “expresiones de fe populares”, una iglesia que enseñase la Palabra de Dios y siguiera mas de cerca a Jesucristo. Que desarrollara las congeladas pautas del Concilio juanista, en lugar de parapetarse en el búnker de la inmovilidad mas absoluta. Pero los sueños, sueños son.
Estos son los mimbres que hay. Con ellos ha de trabajar el Espíritu de Dios para salvar a los que tiene que salvar, al mucho pueblo que aun tiene el Señor dentro de ella, a pesar de su particular historia y jerarquía. A estos cristianos, también les dice el Señor:
“SALID DE ELLA, PUEBLO MÍO, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas; porque sus pecados han llegado hasta el cielo, y Dios se ha acordado de sus maldades. Dadle a ella como ella os ha dado, y pagadle doble según sus obras; en el cáliz que ella preparó bebida, preparadle a ella el doble. Cuanto ella se ha glorificado y ha vivido en deleites, tanto dadle de tormento y llanto; porque dice en su corazón: Yo estoy sentada como reina, y no soy viuda, y no veré llanto; por lo cual en un solo día vendrán sus plagas; muerte, llanto y hambre, y será quemada con fuego; porque poderoso es Dios que la juzga. Y los reyes de la tierra que han fornicado con ella, y con ella han vivido en deleites, llorarán y harán lamentación sobre ella, cuando vean el humo de su incendio.” (Apocalipsis 18.4 al 9).
22-LA IGLESIA Y EL REINO.
El Reino y la Iglesia son dos cosas distintas. Hay que distinguir entre ambos. El Reino de los cielos se llama así, porque está allí, en el cielo. No está en la tierra, aunque sea en la tierra donde será, finalmente, establecido. Pero, de momento, está donde está Cristo sentado a la diestra del Padre. Todo creyente que muere en el Señor, es llevado a él, y así será hasta que se cumpla el tiempo predeterminado por Dios, que sólo él conoce (1ª Tesalonicenses 5.2,3; Mateo 24.43; Lucas 12.39) y se produzca la primera resurrección, cuando Cristo, rodeado de todos cuantos durmieron en él, “......Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero”.(1ª Tesalonicenses 4.13 a 16), y ya resucitados, regrese a la tierra con poder y los creyentes que, en ese día, continúen vivos sobre esta tierra, sean transformados “...no todos dormiremos; pero todos seremos transformados...es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad” (1ª Corintios15.51,53), en un abrir y cerrar de ojos, recibiendo cuerpos físicos capacitados para vivir eternamente, y tras esta transformación, subamos a recibirle, a juntarnos con los que él traerá consigo: desde Adán al último de los que hayan muerto. Y así, resucitados unos y transformados otros, toda la Iglesia Universal venga con Cristo, su Cabeza, a esta tierra para inaugurar su Reino “ Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor” (1ª Tesalonicenses 4.17).
Reino de Justicia y Paz que será impuesto en este mundo por el poder de Jesucristo.
Mientras ese momento llega, corresponde a la iglesia de Jesucristo, al nuevo Israel, predicar y anunciar el Evangelio del Reino a toda criatura, “Y será predicado esta evangelio del reino en todo el mundo...y entonces vendrá el fin”(Mateo 24.14), y ser testigos de su muerte y resurrección, gracias a las cuales, tendremos entrada en ese Reino. “Y los envió a predicar el reino de Dios...”(Lucas 9.2, 11; Hechos 19.8;29.31).
Con el nacimiento del Mesías, su ministerio y su Obra de salvación, el Reino de Dios se acercó a este mundo, (Mateo 3.2,10.17, Lucas 10.9,11; 11.20; 21.31; Marcos 1.15), dándonos a conocer cómo podríamos los hombres entrar a formar parte de él: mediante el arrepentimiento de los pecados y la fe en su Nombre “ Arrepentios, porque el reino de los cielos se ha acercado”(Mateo 4.17; Juan 3). La iglesia que Cristo fundara, asistida por el Espíritu Santo, continuaría la labor del propio Jesucristo y sus Apóstoles, anunciando el Evangelio del Reino.
Tal vez por esto, la mayor parte del pueblo judío permaneció incrédula respecto al Mesianismo de Jesús (Romanos 10.16,19,21). Ellos unen la llegada del Mesías con la implantación del Reino de Dios. También mucho de los primeros cristianos creían ambos eventos unidos por el tiempo, “..ellos pensaban que el reino de Dios se manifestaría inmediatamente” (Lucas 19.11), hasta que comprendieron que era preciso que la iglesia sirviese como precursora de esta Segunda venida de Cristo al mundo, entre otras cosas, porque la gracia que fue anunciada a Israel por los profetas, también tenía que anunciarse a los gentiles (Romanos 11.11), para que la descendencia espiritual que Dios prometió a Abraham y la misma “bendición salvadora”, también los alcanzase a ellos: “en tu simiente serán benditas todas las familias de la tierra” (Génesis 22.28; 26.4; 28.14). Así que, la misma incredulidad de los judíos al Mesianismo de Cristo, ha sido usada por Dios para llevar la salvación prometida a ellos, a todos los demás pueblos de la tierra “....ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; y luego todo Israel será salvo...” (Romanos11.25,26,30).
El Reino de Dios del que habla tanto el Antiguo Testamento (Salmos 45.6;145.11 al 13; Daniel 2.44;4.3), es el mismo Reino de los cielos del que habló Jesucristo (Mateo 5.19,20; 7.21; 8.11; 10.17; 18.1 al 4) y el mismo Reino de Cristo del que hablaron los Apóstoles (Colosenses 1.13; 2ª Timoteo 4.1).
La iglesia de Jesucristo no es un fin en sí misma, sino un medio para dar a conocer el Reino de Dios. Por eso el Evangelio nunca es llamado el EVANGELIO DE LA IGLESIA, pero sí el EVANGELIO DEL REINO (Mateo 4.23; 9.35; 24.14; Marcos 1.14; Lucas 4.43; 8.1; Hechos 8.12).
La iglesia es la precursora del Reino de Dios, por esta causa no debe inmiscuirse con los reinos de este mundo: “mi reino no es de este mundo”, afirmó varias veces el mismo Jesús (Juan 18.36). No hay nada peor que la iglesia trate de “convertir” un reino de este mundo en un reino cristiano. Este fue el error del emperador Constantino y los cristianos de su tiempo. Entre otras cosas, porque la conversión es algo personal, nunca nacional. Por esto, como hemos dicho antes, la separación entre Iglesia y Estado debe ser total y los cristianos, como las demás religiones, deben renunciar a imponer sus “teocracias” en este mundo. La única Teocracia que funcionará, será la que el mismo Dios imponga personalmente en esta tierra, cuando por fin, “venga a nosotros su Reino y se haga su voluntad en la tierra como se hace en el cielo”. (Mateo 6.10).
Hemos insistido lo suficiente como para dejar claro que, sobre todo los cristianos, hemos de renunciar de una vez por todas y para siempre, a tratar de que en cualquier país, la Iglesia pueda unirse a los Gobiernos o Estados. Esto es y será siempre “fornicación”. ¡Líbrenos Dios de los Gobiernos que pretenden ser gobiernos cristianos, de los Estados que pretenden ser estados cristianos y de las iglesias que quieran convertirlos. Tales pretensiones salieron mal en el pasado y seguirán saliendo mal, tantas veces como se intente. Eso ocurrirá solamente cuando el Reino de Dios venga y sea él mismo, sin representantes, el Rey de gloria, ejercitando todo su formidable poder sobre toda su Creación, (Salmo 24.7-10) quien gobierne.
Era León Tolstoi quien no se cansaba de afirmar que los Estados son todos corruptos y que la corrupción procede de la detentación del monopolio del poder, mediante los ejércitos y los impuestos. Pero siendo, como era cristiano, renunciaba a la violencia revolucionaria que, llegada al poder, también se corrompería, para volver a empezar. El mundo –según su pensamiento- sólo lo podrán cambiar los cristianos, convirtiéndose uno por uno a Cristo; la única lucha que aceptaba era la resistencia no violenta, como comunicó en algunas de sus cartas al propio Gandhi, cuando éste estuvo en África del Sur. De hecho los protestantes españoles han sido siempre pacifistas. Cuando la sublevación de Franco se produjo, a pesar de que eran todos republicanos, porque sólo la República trajo libertad religiosa al país, solicitaron de Indalecio Prieto, entonces Ministro de Marina, que, los que de ellos fuesen llamados a filas ( porque la guerra parecía ya inevitable), fueran destinados a Sanidad, porque no querían correr el riesgo de “tener que matar a nadie”. Petición que el ministro socialista les concedió. A pesar de lo cuál, muchos fueron fusilados por los “nacionales”, otros tuvieron que exiliarse, y sus templos fueron incautados o saqueados.
El Pastor Bascuñana, que durante su ministerio en Beas, atendía también las iglesias evangélicas de los pueblos de la zona, que en una ocasión durante mis vacaciones, le acompañé en su ronda, me contó que, durante la guerra, fusilaron los nacionales al Pastor Don Esteban de Chiclana del Segura (Jaén), que dejaba ocho hijos y viuda, saqueando la iglesia y confiscando su local, que lo dedicaron para actividades municipales. La presión diplomática de los Estados Unidos, ya que el local era propiedad de una entidad misionera americana, logró que le fuera restituido por orden, al perecer, del propio Franco. Años después, un hermano que visitaba un convento de monjas por razones de trabajo, identificó el órgano y los bancos, reclamándolos insistentemente hasta recuperarlos. Tengo entendido que algunas Capillas las incautaron, pero al estar puestas a nombre de entidades inglesas, se vieron forzados a devolverlas, ante las protestas diplomáticas de los británicos, pero prohibiéndoles practicar en ellas actividades religiosas, estuvieron oficialmente cerradas muchos años hasta que, debido a las continuas presiones que en todos los países protestantes, solía recibir el Ministro de Exteriores, Sr. Castiella y sucesores, el tardofranquismo se vio obligado a promulgar una tímida ley de tolerancia, mas que libertad, religiosa: Ley 44/1967, de 28 de Junio.
Se creó una Comisión de Libertad Religiosa, con representantes de las Confesiones con presencia en España, iglesia Católica incluida, que se reunía en dependencias del Ministerio de Justicia de la Calle de San Bernardo, de Madrid, presidida por un Subsecretario de este Ministerio. Yo estuve presente en las primeras reuniones, junto a los Pbros. Don Ricardo Cerni, Don Rubén Gil y otros que no recuerdo sus nombres, conociendo en ellas al Imán musulmán Don Karam al Kazar (no sé si transcribo bien), que luego ejerció en la Mezquita Basharat, de San Pedro Abad (Córdoba), visible desde la nacional Madrid-Andalucía.
Los cristianos nacidos en libertad, los de menos de treinta años de edad, no sabéis estas cosas. Tampoco los que erais niños cuando el Dictador murió. Los que tenéis menos de cuarenta y pico, no os podéis acordar porque no vivisteis la experiencia, o porque conocisteis el Evangelio siendo ya mayores. Por eso os digo: ¡Preguntad!, ¡investigad!. La iglesia de Roma, la oficialista y jerárquica, y la derecha política son una misma cosa. Mi abuelo decía: “Con ellos no voy, ni a coger monéas de cinco duros”. Preguntó el Apóstol Pedro a Jesús: “Señor,¿cuántas veces perdonaré a mi hermano....? ¿hasta siete?. Y Jesús le respondió: “No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete” (Mateo 18.21,22). Si multiplicamos 70 x 7, nos salen 490 veces. Pero la iglesia oficialista de Roma, es capaz de multiplicar esta cifra no por siete, sino por setenta, y convocar 34.300 manifestaciones al año, o sea: diez manifestaciones diarias, para desbancar un gobierno socialista, con tal de que gobierne el P.P. que acrecentaría sus, todavía grandes, privilegios. Como diría el mismísimo Ortega y Gasset, un señor de derechas, pero de derecha civilizada: “¡Señores, no es esto!”. (Notas 95,96,97)
Si malo es tratar de convertir al Estado, mas quimérico resulta hacer de éste un instrumento de conversión. La Iglesia Catolicorromana lo ha intentado repetidas veces en la historia, con su evangelización a la fuerza, y ya vimos con qué desastrosos resultados.
Las iglesias deben ser anunciadoras, predicadoras, precursoras del Reino de Dios. Si obedecen o mejor dicho, si no se oponen frontalmente al Estado, es por pura obediencia a la Palabra de Dios, no porque creamos los cristianos que en ningún tipo o clase de Estado está la solución a la corrupción, que impide que en esta tierra se haga la voluntad de Dios. Esta voluntad es quebrantada continuamente por todos los Estados y Gobiernos, de todas las naciones.
Otra cosa es que todo ello ocurra, bajo la permisión de Dios, que es quien conduce la historia por caminos o derroteros difíciles de entender.
Naturalmente, no estoy recurriendo al concepto “fatalista” de la historia, porque aunque sea verdad que los Estados y Gobiernos del mundo van contra la voluntad de Dios, no todos lo están con la misma intensidad; o dicho de otra manera, pudiera ser que en determinados momentos, algunos de los Estados, Gobiernos, movimientos cívicos e incluso revolucionarios, pudieran apoyar cambios importantes en la dirección correcta: la de la Justicia, Fraternidad y Solidaridad entre los hombres. Los gobiernos de derechas, nunca. El cristiano, que no puede ser apolítico, deberá apoyar tales avances por pequeños que sean. Lo que debe tener claro es que estos apoyos han de estar, por necesidad imperiosa de la Palabra de Dios, con los pobres y deprimidos de la tierra. Nunca con el Imperio, la Fuerza, el Poder, la Injusticia ni el Becerro de Oro.
Por eso es que las iglesias deberán predicar el Reino a todo el mundo, pero en especial a los pobres, como dijo Jesús: “...es necesario que también a otras ciudades anuncie el evangelio del reino de Dios; porque para esto he sido enviado” (Lucas 4.43), y : “Bienaventurados vosotros los pobres, porque vuestro es el Reino Dios...Mas ¡Ay de vosotros, ricos! Porque ya tenéis vuestro consuelo. ¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados! Porque tendréis hambre, ¡Ay de vosotros, los que ahora reís! Porque lamentaréis y lloraréis” (Lucas 6.20,24,25).
Ya supongo que a los que les va bien, no les gusta este evangelio del Reino, porque les anuncia: “tendréis hambre” y “lamentaréis y lloraréis”; pero a los pobres sí les gusta que el Reino sea para ellos.
Por fin tendrán algo en este mundo.¡Nada menos que el Reino de Dios: “Bienaventurados vosotros, los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios” (Lucas 6.20). “Buscad primeramente el Reino de Dios y su Justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6.33). Y por “Justicia” en esta Escritura, no se refiere sólo, aunque también, a la “Justificación por la Fe”, doctrina eminentemente bíblica, sino también a la “Justicia del Reino”, a la Justicia que hará imposible la entrada al Reino de quienes aquí y ahora, permiten la existencia de sistemas económicos injustos, que hacen que muchos mueran de hambre y de sed, habiendo comida y agua de sobra para todos, en este mundo:
“Apartaos de mí, malditos...porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed y no me disteis de beber” (Mateo 24.42). “Y respondiendo el Rey, les dirá:...en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos mas pequeños, a mí lo hicisteis” (Mateo 24.40).
“Mis hermanos mas pequeños”, así llama Jesucristo a los pobres, a los hambrientos de pan, a los sedientos de agua, a los desnudos con frío y sin techo, a los enfermos sin medicinas ni hospitales, a los emigrantes, a los parados, a los encarcelados injustamente, a todos los que están en los Guantánamos de este mundo.
Porque Jesús se identifica con los débiles y menesterosos, no con los poderosos, solventes y ricos de la tierra. Estos no tendrán parte en el Reino de Dios, por mucho que llenen los bancos y las arcas de las iglesias.
“¡Ay de vosotros escribas y fariseos hipócritas! Porque devoráis las casas de las viudas, y como pretexto hacéis largas oraciones; por esto recibiréis mayor condenación” (Mateo 23.14). Estas cosas las hacen indirectamente, siendo accionistas de bancos usureros, que devoran con sus abusivos intereses, las débiles economías de viudas, huérfanos y trabajadores.
El Reino de los cielos es un reino de Justicia y por eso, es también un reino de Paz. Porque mientras existan estas injusticias sobre la tierra, no podrá haber Paz; habrá guerras, revoluciones, robos, atracos, delincuencia. ¿Por qué existen estas cosas que escandalizan a los buenos y puros ciudadanos?. ¡Porque existe injusticia!. Es mas: Gobiernos y ciudadanos injustos campean por toda la tierra. Exprimen el mundo y sus riquezas en beneficio de unos pocos, dejando en la absoluta miseria a todos los demás.
Estas injusticias no existirán en el Reino de Dios que las iglesias anuncian; y las iglesias tienen la obligación de apoyar, cuantos movimientos surjan en el mundo, en cualquier parte del mundo, que luchen por la Justicia de Dios. Los “hermanos pequeños” de Cristo no deben seguir pasando hambre, sed, ni frío. Nadie tiene derecho a privarles de lo que Dios ha creado en abundancia, para todos. Ha de corregirse la enorme y escandalosa desigualdad que existe, en la distribución de las riquezas.
¿Por qué no tiene suficiente el rico con una buena casa? Pero no. Ellos tienen tres, seis, o mas. ¿Por qué no se dan por satisfechos con un buen trozo de tierra?. No, ellos quieren tener hectáreas y hectáreas de terreno, mas de lo que pueden cultivar con sus propias manos; por eso arriendan el resto a braceros a los que explotan, o los cercan con alambres, para convertirlos en estériles cotos de caza, que les producen pingües beneficios, con el mínimo gasto de un guarda y alguna que otra repoblación forestal y animal. ¿Por qué no le bastan los beneficios de sus negocios?. No. Tienen que aumentarlos mas y mas, reduciendo plantillas, optimizando los recursos, lo que equivale a “falsear los pesos y las balanzas”, disfrazándolo de “ingeniería económica”, de “planificación empresarial” o cuales quiera otros subterfugios modernos, que se usan para encubrir la injusticia económica y social.
No se conforman, como el hombre de la parábola, con “tener sus graneros llenos”. Los echará abajo para construirse otros mas grandes, y poder acumular mas. “Necio –dijo Jesús- esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto.¿de quién será?”(Lucas 12.20).
Porque nada podrás llevarte de este mundo. Todo tienes que dejarlo aquí. Lo malo es que cuando te mueras, habrá muerto también la posibilidad que tuviste de hacer felices a otros, de impartir justicia económica a los demás: tus braceros, tus trabajadores, tus criados, tus vecinos, tus pobres, tus emigrantes. Oportunidad que ya no volverás a tener, de lo que te lamentarás en el infierno, a pesar de tus donativos a la iglesia y tus limosnas miserables, por cuantiosas que sean, para tranquilizar tu conciencia.
Esto es también anunciar el Reino de Dios. Advertir a los ricos de este mundo que –a menos que cambien de actitud- ellos quedarán irremediablemente excluidos, por muchas donaciones que hagan a las iglesias. “Dalo a los pobres”, decía Jesús; “dalo a la Iglesia”, dice la Jerarquía.
Las riquezas no son señal de “triunfo”, como suele creerse entre los que admiten la filosofía americana de la vida, el llamado “sueño americano”, que no es mas que el estúpido triunfo del egoísmo competitivo. Las riquezas suelen ser señal de condenación, de muerte y de exclusión del Reino de los cielos.
Por eso dijo Salomón : “no me des pobreza ni riquezas. Mantenme del pan necesario; no sea que me sacie, y te niegue...o que siendo pobre, hurte, y blasfeme el nombre de mi Dios” (Proverbios 30.8,9).
Quienes tienen riqueza acostumbran a confiar en ellas, a conseguirlo todo por ellas, a no mirar nunca o casi nunca, hacia arriba porque les va bien. Por eso los ricos de este mundo, los “triunfadores”, están llamados a ser los “perdedores” en el Reino de los cielos, que cada día está mas cerca. Hay muy pocas excepciones a esta regla evangélica. Las riquezas suelen ser estigmas de condenación.
No importan que las iglesias del sistema hayan falseado u olvidado esta verdad bíblica, con el fin de atraer hacia sí a los ricos y poderosos de la tierra. Han puesto mas interés en ganarse a los ricos que a los pobres. Algunos, como los primeros jesuitas, pensaban que la prioridad estaba “en ganar a los ricos y así ganarían también a los pobres, que de ellos dependen”. Por eso estuvieron siempre junto a los poderosos, a los que asignaban asientos preferentes en las iglesias, confesores particulares y capellanes familiares.
Así, estas iglesias vendían la gracia, los favores de Dios a aquellos que podían pagarlos. Así, estas iglesias “fornicaban con los reyes, ricos y poderosos de la tierra”.
Abraham, argumentan, era hombre muy rico, dueño de muchos rebaños, que llegó a tener mas de trescientos esclavos nacidos en su casa, con los que formó un ejército para liberar a su sobrino Lot, del poder de algunos reyes de aquellas antiguas ciudades. A pesar de sus riquezas, este jeque es llamado en la Biblia “padre de los creyentes”, y tomado como ejemplo de fe.
Los reyes David, Salomón, Josías, etc., fueron también ricos. En el Nuevo Testamento figuran también personas ricas, como verdaderos creyentes en el Señor Jesucristo. Tales como el centurión a quien el Señor sanó a su hijo, José de Arimatea que cedió el sepulcro en el que Jesús fue sepultado, Cornelio a quien San Pedro predicó el evangelio y bautizó con toda su familia, Filemón a quien San Pablo le reenvió al esclavo huido, Onésimo, rogándole en una carta que le recibiera como a hermano en la fe, y , posiblemente existan otros pocos casos mas, que demuestran que también los ricos, pueden entrar en el Reino de Dios.
Ni que decir tiene, que la fe cristiana volvió a estos hombres ricos en hombres justos, justificándolos Dios, por su gracia, y llegando a ser de aquellos de los que dijo Jesús, que emplearon sus riquezas en hacerse amigos que salieran a recibirlos cuando, a su muerte, fueran hacia Dios (Lucas 16.9).
Pero no nos engañemos. Estos pocos casos, junto a otros que registra la historia, son la excepción que confirman la regla. Y la regla generalizada es que los poderosos y ricos de este mundo, queden fuera, en “las tinieblas de afuera” del Reino de Dios, donde “será el lloro y el crujir de dientes”.
La mayoría de los ricos, si recibieran la invitación de Jesús: “Anda, vende todo lo que tienes y dalo a los pobres. Y tú, ven y sígueme”, responderían como lo hizo el joven rico a quien Jesús se la hizo. “Cuando oyó esto el joven, se fue triste, porque tenía muchas posesiones” (Lucas 18.22-24).
“De cierto os digo, que difícilmente entrará un rico en el Reino de los cielos. Otra vez os digo, que es mas fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el Reino de Dios.” (Mateo 19.23).
“¡Cuán difícilmente entrarán en el Reino de Dios los que tienen riquezas!” (Marcos 10.23,24).
“..la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado...Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad...si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados...”(1ª Juan 1.7 al 10 y 2.1,2).
“siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre”(Romanos 3.24,25).
“Y a vosotros...que erais extraños...os ha reconciliado en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él”(Colosenses 1.21,22). ¿Qué mancha no puede borrar la sangre de Jesucristo y necesita ser borrada por el Purgatorio?. ¿Acaso es el Purgatorio un limpiador de manchas mas potente que la preciosa sangre de Cristo?.
“..para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia”(Filipenses 1.21) ¿Cómo el morir puede ser ganancia para un cristiano, si tuviera que pasar por el Purgatorio?.
“Sabed, pues, esto, varones hermanos: que por medio de él (Cristo) se os anuncia perdón de pecados”(Hechos 13.38).
Cristo es el Purgatorio de los cristianos. El purgó o pagó todos nuestros pecados en la cruz del calvario. Dios no cobra dos veces por una misma deuda. Si Cristo pagó por nuestros pecados, nosotros no tenemos que pagar nada. La justicia de Dios está plenamente satisfecha con el sacrificio perfecto de Cristo en la cruz.
Además de lo recaudado por la iglesia católica a sus feligreses con los chantajes emocionales de las indulgencias y el Purgatorio, ha obtenido de las naciones católicorromanas, grandes cesiones, privilegios y partidas económicas para su financiación, por lo que nunca esta iglesia ha creído en la separación del Estado, sino que hace cuanto está en su mano, para que los Estados se le sometan. Por eso el Papa no renunciará jamás a su triple corona, que simboliza el poder teocrático con el que aspira a gobernar el mundo, como Vicario de Cristo.
16-FINANCIACIÓN DE LA IGLESIA.
Los Estados deben ser laicos. No deben ampararse en religiones, ni estas deben apoyarse en los poderes políticos.
Los Estados no deben destinar partidas presupuestarias para ninguna religión, para ninguna iglesia, ni las iglesias deberían pretenderlo, ni buscar su sostén en ningún sentido.
El Diezmo no está estipulado en las Escrituras para el sostenimiento de ninguna iglesia. Era el sistema ordenado por Dios para el sostén de los levitas y del Templo, porque así se les compensaba por no recibir territorio alguno en la repartición de Canaán. Esta exigencia no es aplicable a ninguna iglesia.
Algunos usan las palabras de Jesús en Mateo 23.23, para justificar la permanencia en el Nuevo Pacto de la Ley del Diezmo. Veamos:
“!Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas¡ porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo mas importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, SIN DEJAR DE HACER AQUELLO”.
Evidentemente AQUELLO es dar el diezmo. Como Jesús declaró “sin dejar de hacer aquello”, sin dejar de dar el diezmo, es que el diezmo debe seguir practicándose.
Olvidan estos espíritus recaudadores, que estas palabras están dirigidas a los “escribas y fariseos”, los cuales pertenecían al pueblo judío y, por tanto, estaban obligados a cumplir con todas las leyes judaicas, incluida la ley del diezmo.
Pero la ley de la iglesia sobre este asunto, es la ley del Nuevo Pacto, la ley de la gracia a la que se hace referencia en los siguientes versos de la Escritura:
“De gracia recibisteis, dad de gracia..”(Mateo 10.8).
“Porque Macedonia y Acaya tuvieron bien hacer una ofrenda para los pobres que hay entre los santos que están en Jerusalem”(Romanos 15.26).
“En cuanto a la ofrenda para los santos...cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo, para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas”(1ª Corintios 16.1,2).
“Mas tuve por necesario enviaros a Epafrodito....ministrador de mis necesidades”(Filipenses 2.26), “..aun a Tesalónica me enviasteis para mis necesidades.”(Filipenses 4.16).
“Cada uno dé como propuso en su corazón....Dios ama al dador alegre.”(2ª Corintios 9.7).
No hay otra fórmula para financiar la iglesia, sino la señalada por los Apóstoles: las colectas u ofrendas voluntarias que deben hacer los propios cristianos, y tampoco hay fijada cantidad alguna, sino “según haya prosperado cada uno” o “como propuso en su corazón”.
Queda abolido el diezmo y las cuotas fijas, las rifas, los bonos, las inversiones, las acciones, los Bancos del Espíritu Santo, las partidas provenientes del Estado, las rentas, y todo dinero que los no creyentes puedan aportar. Nadie tiene derecho a imponer y sobrecargar las conciencias del pueblo de Dios, con cargas que él no nos ha puesto. La liberación que nos trae el Nuevo Pacto es, precisamente, librarnos de estas viejas ataduras que, consumado el sacrificio de la cruz, ya no son necesarias, ni tampoco convenientes.
Y es que, contrariamente a lo que se dice, la iglesia de Jesucristo no necesita apenas de dinero. ¡Gracias a Dios que esto es así! en un mundo en el que el dinero, es lo mas importante. La iglesia necesita de muy poco para subsistir; porque no necesita templos (Juan 4.19-21), ni el que los Samaritanos habían levantado en el Monte Gerizín, ni el que los israelitas habían levantado en Jerusalén: “Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre”. Aunque Dios había ordenado el Templo único en Jerusalén (Deuteronomio 12.13,14), en el tiempo del Nuevo Pacto que seguiría a la muerte y resurrección del Señor, cuando el mismo Templo de Jerusalén sería destruido, ya no serían necesarios los Templos, ni existirían lugares sagrados, sino que cualquier casa y lugar valdrían, a los ojos de Dios para que sus hijos le adorasen, porque el culto a Dios, dejaría de ser un culto ceremonial, para convertirse en un culto puramente espiritual: “Mas la hora viene y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren” (Juan 4.23). Así que los cristianos no necesitamos Templos, Catedrales, Basílicas, Iglesias ni Capillas para adorar a Dios, ni tampoco necesitamos un clero al que pagar, ni mucho menos el cristianismo necesita ocupar funciones propias del Estado, como tener escuelas, asilos, hospitales, residencias, etc., etc.
Las libres y voluntarias ofrendas o colectas, son mas que suficientes para cubrir todas sus legítimas necesidades y bíblicos objetivos.
Las iglesias no están llamadas a cumplir las funciones educativas, sanitarias, o de protección social que la sociedad necesita. Eso sería una usurpación de las funciones del Estado y menos si, para realizarlas, necesita dinero ajeno. O todavía peor, si esas instituciones (colegios, universidades, hospitales, etc.) le reportan algún beneficio económico. Las iglesias no pueden actuar con eso que se llama “sentido empresarial”. Todo esto es ajeno a sus funciones y, en el mejor de los casos, estas instituciones están destinadas a influir en la sociedad y obtener prestigio propio, aumentando un poder que no necesita para nada. La iglesia-institución tiende a actuar con los mismos patrones del resto de las instituciones. A esto no nos llamó el Señor. Pero si las iglesias puntualmente, se vieran en la necesidad de realizar alguna de estas funciones, propias del Estado, debería hacerlo con el dinero de las colectas, porque estas fuesen suficientemente abundantes y porque provienen exclusivamente de los cristianos, de su feligresía. No puede aceptar un céntimo del Estado a modo de concertación, ni de particulares ajenos a la iglesia. Las caridades, debe hacerlas con su propio dinero, no con el dinero ajeno. Es por esto porque especialmente se nos ordena a los cristianos pagar religiosamente los impuestos. Porque al Estado sí podemos, y debemos, exigirles todas estas cosas necesarias para los ciudadanos. Los impuestos no son sino un modo de redistribuir la riqueza, para que los menos favorecidos tengan también sus necesidades cubiertas. El Liberalismo Económico es un “que cada cual se las arregle como pueda”. Difícilmente encontraremos una doctrina económica mas anti-cristiana y anti-solidaria que ésta.
Si Dios llama ladrón y robador a quien no pagaba el diezmo, por cuanto robaba a los levitas lo que legítimamente les correspondía (Malaquías 3.9,10), ¿cómo no llamará también ladrón a quien defrauda al Estado, eludiendo o evadiendo los impuestos que, legítimamente pertenecen a los ciudadanos y, con los que el Estado ha de cubrir las necesidades de la sociedad?. Dice la Palabra de Dios:
“Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto” (Romanos 13.7).
Así que los creyentes que defraudan a la Hacienda pública, pecan gavísimamente contra Dios y contra sus conciudadanos. Desobedecen al propio Jesús, que pagó sus tributos: “..¿Vuestro Maestro no paga las dos dracmas?.El dijo sí.” Y puesto que no tenía dinero, mandó a Pedro a pescar y en el primer pez que pescó, halló un estatero, equivalente a cuatro dracmas, y le dijo: “dáselo por mí y por ti” (Mateo 17.24-27). Pecan porque no dan al César lo que le pertenece: “Dad a César lo que es de César” (Marcos 12.17). Y si mantenemos la idea cristiana de que los impuestos deben ser un medio mas de redistribución de la riqueza, como suele entenderse en los países Reformados del norte de Europa, entonces, robar al Estado es tanto como robar a los mas necesitados del país, a las prestaciones sociales de los pobres, parados, ancianos, enfermos, etc. Bajo este prisma, los impuestos deben gravar proporcionalmente a las rentas del trabajo y, sobre todo a las del Capital, de forma que el nivel de vida de todos los hombres que pueblan la tierra, sea igualado. Esto es posible, por cuanto “del Señor es la tierra y su plenitud” (Salmo 24.1), el mundo y sus recursos. No es justo que los pocos, se apropien de lo mucho, hasta hacer morir de hambre a muchos y hacerles padecer necesidad.
17-EL REINO DE DIOS.
Liberada la iglesia de funciones que no le son propias, se centrará en su verdadera vocación y razón de ser: la predicación del Evangelio, o lo que es lo mismo, en “hacer discípulos" de Cristo en todos los lugares del mundo, en todas las naciones, sin excepción. “..id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mateo 28.19,20).
Las iglesias, liberadas de los atavismos y cargas con que la Institución, la Jerarquía y la Organización les han sobrecargado, podrán ser verdadera semilla que, multiplicándose, traerán el Reino de Dios a la tierra.
Por Reino de Dios, no me refiero a los repetidos y siempre fracasados intentos por establecer una Teocracia. Las Teocracias, siempre necesitaron de hombres que se constituyeron en Representantes de Dios en la tierra. De hombres que decían, gobernar en lugar de Dios. Esa fue la pretensión de los Califas y la pretensión de los Papas, y de los líderes políticos-religiosos que en el mundo han sido.
El Reino de Dios no necesitará de ningún hombre como Representante. Ningún Papa, ningún Califa, ningún Lama, ningún Gurú, ningún Presidente, ningún Vicario puede gobernar el mundo en el nombre de Dios, porque Dios mismo estará presente y gobernará todas las cosas, cuando llegue el tiempo de reiniciar la historia. Tiempo que sólo Dios conoce, que el propio Jesucristo como hombre, también ignoraba, pero que está predeterminado por el Señor en su Calendario eterno. No será simbólico, sino real y efectivo, por lo que será literalmente reconocido por la evidencia de su poder incontestable.
El Reino de los cielos, tampoco es el Milenio. Éste es un episodio mas de los que acontecerán cuando empiece a establecerse, en el que parte de la iglesia de Jesucristo, los que hayan resucitado en la primera resurrección, tomará parte importante en la tarea de reafirmar el Reino. Pero su plena realización tendrá lugar después de este período, de literal o simbólica duración. Cuando el todavía potente rechazo de muchas naciones, se alíen en una lucha final contra el pleno establecimiento del Reino, con la inspiración personificada del Diablo.(Capítulo 20 del Apocalipsis).
La iglesia universal de Jesucristo tiene el mismo papel que desempeñó Juan el Bautista en la venida del Mesías: ser precursora, ir delante, preparar y allanar el camino, anunciar al mundo este singular acontecimiento. No necesitamos falsas esperanzas, ni que nos especulen con fechas que nadie conoce, ni siquiera los ángeles del Cielo. No necesitamos ni aspavientos ni histerias colectivas. El Reino de Dios vendrá en el día y la hora que sólo Dios sabe. Mientras tanto, el Reino “entre vosotros (nosotros) está”, en germen, en esperanza, pero su realización plena es todavía futura.
“..el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas.” (2ª Pedro 3.10).
“He aquí yo vengo como ladrón. Bienaventurado el que vela...” (Apocalipsis 16.15).
“Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir” (Mateo 25.13).
Pero todavía han de quitarse muchas piedras que aun lo impiden, han de allanarse muchos obstáculos, entre los cuales está la confianza excesiva que la humanidad ha puesto en el dinero, en el Capitalismo, en el Becerro de Oro, dios indiscutido al que todos, incluida la iglesia, parecen adorar, creyendo que su culto es indispensable e inevitable. La crisis económica mundial de los mas poderosos Bancos e instituciones financieras, ocurrida en 2008, parece haber mostrado que este Becerro tiene los pies de barro.
Los gobiernos del mundo han acudido a socorrer su caída y para eso han recurrido al dinero público, quebrantando una teoría básica del Libre Mercado, porque han socializado las pérdidas, mientras que durante los años anteriores a la crisis, privatizaron las ganancias. Con el dinero de los ciudadanos al rescate de la Banca, han evitado la quiebra del sistema financiero capitalista y la pérdida de la confianza que en él se tenía hasta ahora, pero el dogma del Capitalismo de que "el Mercado se regula a sí mismo", ha demostrado ser un falso dogma. El Mercado ha de ser regulado por los Estados. Ningún sector de la sociedad debe hacerse rico a costa de la bancarrota de los sectores mas débiles.
Ocurre que, al igual que el sistema económico opuesto llamado Comunismo, en la U.R.S.S. cayó vencido, no por las armas, sino por la mala administración que de él se hizo, que lo convirtió en ineficaz, (China, parece mas dispuesta a aprender la lección), así también, el no menos inhumano Capitalismo salvaje, propiciando el acendrado egoísmo del ser humano y su individualismo avaricioso, también ha colapsado por culpa de sus Bancos, y todos los Estados corren a salvarlos, cayendo en manifiesta contradicción: “intervención de los Estados”, cuando siempre pregonaron “la total independencia del Mercado”. Pero han intervenido, socializando sus pérdidas, cuando nunca se socializaron sus ganancias. Los dogmas económicos también caen.
A la verdad, no será ésta la última crisis del cruel Capitalismo. La realidad se impondrá y el Becerro de Oro caerá como cayeron tantos ídolos, considerados en el pasado como inamovibles e imperecederos.
Un nuevo ordenamiento de la economía mundial es necesario. Uno que distribuya mas justamente la riqueza que, por ser universal, no puede quedarse solamente en manos de unos pocos países. No pueden vivir bien el 20% de la humanidad, mientras que el 80% está condenado a la miseria y al hambre. Esta no es la enseñanza de Cristo. Su enseñanza económica no ha quedado escrita en ningún tratado económico, sino en una sola palabra: “compartid”. Ahí está la solución. La Eucaristía o Comunión que nos mandó hacer para siempre, en su memoria, es eso: compartir el pan, el alimento básico. Cada uno ha de tener su trozo. Nadie debe quedarse sin su parte y tal reparto debe hacerse en compañerismo y con amor y con la máxima igualdad posible. Igualmente hizo con el vino. Compartirlo. La alegría también ha de compartirse. Porque, aparte de representar su sangre, esto es lo que el vino hace: “alegrar el corazón de los hombres”. Porque recursos, en este mundo, los hay. El mundo los produce, como para que nadie tenga que sufrir escasez. Así lo dispuso su Creador. Así debe ser. Nos enseñó a no acumular, entre otras cosas, porque al día siguiente, el pan se pone duro y ya no estará tan bueno como está “ el pan nuestro, de cada día”. La acumulación, filosofía del Capitalismo, no figura para nada en el plan de Dios. El maná, también se pudría si se acumulaba o se guardaba para el día siguiente, con la excepción del viernes, que se podía guardar para el Sabat, porque ese día no caía del cielo. Y a este pan, nos enseñó a llamarle “nuestro”, porque Dios ha hecho suficiente para todos y si hubiera escasez... pues se parte en trozos para repartirlo y que todos puedan comer de él. Éste es el tratado económico que nos ha dejado Jesús para la Iglesia y para la Humanidad. Está en el centro mismo del culto cristiano. Pero el pan que necesita el mundo, no cae del cielo como el maná. Exige trabajo, exige la multiplicación del trigo. No está nada descaminado el símbolo de la hoz, porque representa el trabajo individual, de cada uno, que sumados, resultan en la cosecha, la base del pan. Es pues, el trabajo y no la especulación, el cimiento sobre el que el ser humano ha de construir su provisión, su alimento y su alegría. No importa cuan sofisticada sea una sociedad, lo importante es que esté basada en el trabajo y en el “compartir”, en la solidaridad de todos sus componentes. Ésa es la enseñanza de Jesús y también constituye la base de su Reino.
Si los economistas no hallan la solución al despilfarro de algunos países, curiosamente los que se consideran “cristianos”, ni a la corrupción de los egoísmos nacionales, ni la racionalidad en el disfrute de los bienes que Dios ha creado para todos los hombres sin excepción, entonces, Dios mismo en su Reino, la impondrá con poder y contundencia.
El Evangelio de Cristo es la buena noticia de la llegada y establecimiento en la tierra del Reino de Dios, con todo lo que ello significa: la salvación completa del hombre, no sólo en su alma y espíritu, sino también en todos los demás aspectos puramente materiales de su ser.
El programa del Reino de Dios abarca todo lo necesario para la suprema felicidad de sus criaturas, que culminará con el restablecimiento en la tierra del Paraíso, pero esta vez, superada la prueba de la historia, no se podrá perder, porque incluye hasta la desaparición del pecado y de la muerte: “...se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado” (Hebreos 9.26). “Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte..” (Apocalipsis 21.4).
El Espíritu de Dios ha venido trabajando desde el principio para dotarse de un pueblo que le será dado al Señor Jesucristo. “He aquí, yo y los hijos que Dios me dio” (Hebreos 2.13), por lo que ha “dado dones a los hombres” (Efesios 4.8), dones como el arrepentimiento (“..también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida” (Hechos 11.18), como la fe (“por gracia sois salvos por la fe; y esto no de vosotros, sino que es don de Dios” ( Efesios 2.8), como la justificación (“..reciben la abundancia de la gracia y el don de la justicia” (Romanos 5.17), la santificación (no la beatería), que culminan en la salvación, salvación que se llega a experimentar ya en esta vida presente.
Pero este mismo Espíritu ha dirigido la historia para que –a pesar de las barbaridades hechas por el hombre- los acontecimientos ocurrieran no en oscuridad completa, sino con muchos y diversos faros que fueron, esporádicamente, alumbrando la conciencia colectiva de la humanidad. Estos faros de la gracia divina, fueron movimientos culturales, movimientos religiosos, políticos y revolucionarios, que han configurado la historia como hoy es, y que seguirán configurándola hasta su terminación, cuando sea puesto el punto final que él tiene preestablecido.
Por ello las iglesias cristianas no deben ocuparse sólo en rezar, como muchos piensan. Aunque no deben unirse a ningún Estado, sino existir en completa separación con todos ellos, las iglesias deben ocuparse en proclamar el Evangelio, tanto en su faceta de la salvación, como en la del Reino. Para ello han de tomar partido y precisamente, no a favor de los poderosos y ricos de la tierra, sino de los débiles, desfavorecidos e injustamente tratados. “..y a los pobres les es predicado el Evangelio”(Lucas 7.22). Así demostró Jesús al Juan Bautista encarcelado, que él era el Mesías prometido por los profetas: mostrando su preferencia por los pobres de la tierra.
Las iglesias que están a favor de los poderosos del mundo, están mirando sus carteras, sus favores y su protección. Ya tienen bastante. Son los que inútilmente se escudarán en sus ritos, su beatería, su milagrería, para evitar su condenación: ”Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no predicamos en tu nombre, y en tu nombre profetizamos, echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí, apartaos de mí, hacedores de maldad ” (Mateo 7.22,23).
Yerran quienes sostienen que las iglesias no pueden tomar posiciones políticas y los cristianos deben ser seres “apolíticos”. Lo que deben hacer, es mantenerse separadas del Estado y tomar la opción de los pobres. Y para ello, no se puede ser “apolítico”. Hay que tener claro las políticas que hay que apoyar. Y, sobre todo, hay que tener perspectiva espiritual como para que, una razón noble y bíblica concreta, no nos impida ver el bosque que hay detrás.
No podemos unirnos con aquellos que sostienen una cantidad enorme de errores respecto a la enseñanza bíblica, por el hecho de que coincidamos con ellos, puntualmente, en algunas cosas que el gobierno de turno haya aprobado y que sean contrarias a la doctrina cristiana. Y sobre todo, cuando está claro que esas declaraciones, convocatorias, manifestaciones, forman parte de campañas orquestadas por partidos afines a la jerarquía eclesiástica, derechistas, con el premeditado objetivo de desgastar al gobierno y apoyar a la oposición en su campaña electoral.
Es lastimoso ver como muchos cristianitos, son así manipulados por aquellos que, mientras estuvieron en el uso del poder dictatorial, no permitieron crítica alguna, ni libertad de expresión, ni derecho de manifestación. Ahora, los que de ellos viven y sus hijos y nietos, son expertos en toda clase de convocatorias, que sirvan para colocar en el poder a los partidos que cuentan con el mayor número de sus devotos y seguidores. No se resignan a perder el control de los gobiernos de España, como no lo perdieron desde los días de los Reyes Católicos.
Estas manipulaciones de la iglesia-jerarquía sobre sus feligreses, es la que confirma que el cristiano que lo sea realmente, debe salir de estas organizaciones eclesiásticas para no participar de los pecados de corrupción que, de antiguo, les ha caracterizado. Estas iglesias juntas, constituyen la Babilonia y la Ramera del Apocalipsis, de la que hay que salir cuanto antes. “Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados ni recibáis de sus plagas” (Apocalipsis 18.4).
En los Estados Unidos ocurre al revés. Allí quien manipula es el Estado a través de sus brazos, los dos partidos intercambiables. Los cristianitos americanos, mas infantiles que un chupete, son infinitamente crédulos con sus gobiernos, y rara vez se manifiestan contra las guerras, depredadoras de recursos naturales, que injustamente emprende su nación, con la excusa de “liberar a los pueblos”, “encontrar armas de destrucción masiva”, “llevarles la democracia” y otras excusas similares, igualmente despreciables. También los americanos, deberían salir de sus iglesias formales, de sus iglesias institucionales que, tan canallescamente, les engañan: “Pueblo mío, los que te guían te engañan..”(Isaías 3.12).
18-SALIR DE LA IGLESIA-INSTITUCIÓN.
¿Podemos vivir la fe cristiana sin formar parte de la iglesia institución?.
Jesucristo fundó la Iglesia, pero no fundó ninguna Institución. “Las puertas del infierno no prevalecerán contra ella” (Mateo 16.18) dijo Jesús. No contra la Iglesia, pero sí contra la Institución, Jerarquía y Organización en que ésta derivó.
La unión con el Estado tuvo la culpa de tal degeneración. Iniciada por el emperador Constantino, esta “fornicación” continuó con los reinos que surgieron tras la desmembración de los dos Imperios Romanos, y siguió con todos aquellos otros reinos que hicieron del Cristianismo su religión oficial. Esta unión con los Estados trajo a la Iglesia-Institución crecimiento numérico y gran prosperidad material, pero arruinó espiritualmente a la iglesia sencilla, familiar y fraterna, que Jesucristo fundara, que carecía de poder temporal, de influencias, de templos y de clero.
Las iglesias entraron en la política, en sus corruptelas e intereses, pero no fueron estas cosas las que las corrompieron, sino que –al entrar en política- tomara partido por el bando equivocado. La Iglesia nunca estuvo al lado de los pobres y menesterosos de la tierra, sino al lado de los opresores, al lado de los poderosos del mundo. Llegaron días en que no había Evangelio que anunciar, no ya a los pobres, como hizo Jesús, sino tampoco a los ricos y, los José de Arimateas y Zaqueos, se quedaron también sin Evangelio salvador. No obstante, supongo que siempre quedaría un pequeño resto como excepción (“me he reservado siete mil hombres que no han doblado sus rodillas delante de Baal” . (Romanos 11.4). Pero ello se debería no a la Iglesia, sino a la misericordia de Dios que, a pesar de la infidelidad de la Iglesia, siempre suele mantener un residuo fiel para que la llama no se extinga, y las palabras de su Hijo se cumplan, no dejando que el Infierno venza completamente a la Iglesia.
Si la Iglesia hubiera optado por los pobres y apoyado sus causas, quizá el mundo se hubiera liberado antes del feudalismo, de las monarquías absolutistas, del entonces incipiente Capitalismo, y no hubiera sido necesaria una Reforma, ni una Revolución francesa, ni tantas otras revoluciones que ensangrentaron la tierra. Pero esto es un preterible, mas difícil aun de explicar que los futuribles. De todas formas, la Palabra de Dios se abrió camino, y fueron posibles las revoluciones libertadoras, aunque –como sucede siempre- una vez instaladas en el poder, también se olvidaron de los pobres de la tierra, y todas fueron cayendo en las redes del poder: corrupción y olvido de ideales. Y, siempre fue necesario recomenzar. Sabio es el lema de la Reforma “Iglesia Reformada, siempre reformándose”. El mismo concepto inspiró a Trotsky, en su principio de “revolución permanente”.
Las iglesias de Jesucristo, si no quieren degenerarse como las iglesias-institucionales, deben evitar tocar poder e instalarse en él. Deben abandonar las Instituciones eclesiásticas, las Uniones, Convenciones, Federaciones, Sínodos, Asambleas Generales, Alianzas, Ligas, Agrupaciones, Asociaciones, Conferencias, Hermandades, Cofradías, Diócesis, Organismos y Organizaciones provinciales, regionales, nacionales, y mundiales, etc., etc. Las iglesias deben abandonar todo embrión que pueda conducirlas a la participación en cualquier estructura de poder. “Porque tuyo es el Reino, EL PODER y la gloria, por todos los siglos. Amén” (Mateo 6.13).
Nadie debe enseñorearse de la grey del Señor. “..aunque tengo mucha libertad en Cristo para mandarte lo que conviene, mas bien te ruego por amor...” (Filemón 8,9).
No hay autoridad eclesial alguna en las iglesias de Jesucristo, mas que la derivada del ejemplo. “No que nos enseñoreemos de vuestra fe, sino que colaboramos para vuestro gozo” (2ª Corintios 1.24”). “Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande...será vuestro servidor..” (Mateo 20.25-26). “..conforme a la autoridad que me dio el Señor para edificación y no para destrucción” (2ª Corintios 13.10). “Esto habla (el Evangelio), exhorta y reprende con toda autoridad..”(Tito 2.15).
Nadie debe imponer a las iglesias cargas, obligaciones, proyectos, acuerdos, etc., fuera de la voluntad de los hermanos que las integran. “¡Ay de vosotros ..intérpretes de la ley! Porque cargáis a los hombres con cargas que no pueden llevar, pero vosotros ni aun con un dedo las tocáis” (Lucas 11.46). “..mi yugo (el de Cristo) es fácil y ligera mi carga” (Mateo 11.30). “..ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros, no imponeros ninguna carga mas que estas cosa necesarias..” (Hechos 15.28). “Pero a vosotros.....no os impondré otra carga” (Apocalipsis 2.24).
Nadie puede entorpecer o coartar la libertad que Cristo obtuvo y dio a todo creyente en él. “Por precio fuisteis comprados; no os hagáis esclavos de los hombres” (1ª Corintios 7.23). “Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud” (Gálatas 5.1). “..donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad” (2ª Corintios 3.17). “..conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.” (Juan8.32).
Muchos piensan que la Organización y la Jerarquía son necesarias en la Iglesia, para evitar su desintegración. Argumentan que si, aun existiendo Jerarquías y Organizaciones, la Iglesia está dividida en muchas facciones, denominaciones, confesiones, etc. ¿qué sucedería si tales organismos no existieran?
Las iglesias cristianas son grupos de personas que creen en Jesucristo, se reúnen por lo menos los domingos, donde pueden, para adorar al Señor, leer su Palabra, participar de la Eucaristía, administrar el Bautismo, hacer una colecta para los necesitados y para la evangelización de los escogidos por Dios para ser salvos. Suele haber alguien que presida y dirija el culto, un diácono o diaconisa que administre las colectas, un presbítero o mas si es posible, que se sostendrá a sí mismo con un trabajo secular y predicará las Escrituras, uno o varios evangelistas o misioneros que formen nuevas iglesias, y otros que posean cualquier otro don del Espíritu, reconocido por toda la congregación para que lo ejerzan.
Nada mas necesita una iglesia del Señor. Así debe permanecer y engendrar a otras a su misma semejanza, que a su vez también engendrarán a otras. No será necesario organización humana que las agrupen. Entre ellas existirá el lógico espíritu fraternal del personal conocimiento entre hermanos, presbíteros y misioneros, que dio lugar a la formación de las mismas.
Nadie podrá manipular a las iglesias de Jesucristo, si éstas se forman y se conducen de la manera que él ordenó. Nadie podrá sugerirles por qué, ni por quién deben votar, ni a cuales manifestaciones deben acudir. Ellos, cristianos libres, sabrán discernir bien lo que es correcto hacer en cada circunstancia. No será fácil engañar a los cristianos libres, porque son especialistas en descubrir al lobo, por muy bien que se disfrace de oveja.
No he querido ni siquiera sugerir que los cristianos libres han de ser seres “apolíticos”, porque tal especie de seres humanos no existe. Bajo esta capa se suelen ocultar aquellos que no desean que sus ideas políticas se conozcan, o los que –por desgracia para ellos- son “analfabetos políticos” que, con la etiqueta de apolíticos, quieren ocultar su ignorancia. El cristiano libre sabe muy bien qué partidos, movimientos, ideas, favorecen a los pobres y desposeídos de la tierra y, por tanto, los apoyará, aunque no coincidan en todo con sus creencias.
Las iglesias de Jesucristo no aspiran a tener dominio ni influencia sobre la sociedad, porque se sabe minoritaria y débil en este mundo. “Muchos son los llamados y pocos los escogidos” (Mateo 20.16). “No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino” (Lucas 12.32). Entre vosotros “no sois muchos sabio según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles” (1ª Corintios 1.2). Las grandes agrupaciones humanas no son buenas, porque se sienten fuertes y casi todopoderosas. El Antiguo Testamento nos da un ejemplo en la ciudad de Babel, donde los hombres se agruparon en exceso y acordaron, nada menos, que la construcción de una gran torre, en previsión de otro posible diluvio, a fin de que, de repetirse, al menos algunos de ellos, pudieran eludirlo.
Dios les confunde las lenguas, efecto cerebral que conlleva otras consecuencias, como hacer diferentes los conceptos y apreciaciones de la propia manera de vivir. Tal división, tuvo como resultado la dispersión geográfica de aquellas gentes.
La misma Jerusalem, tenía sus cupos para evitar que todo Israel, se instalase en ella.
Por otra parte, una de las características de la Gran Ramera del Apocalipsis, es que tiene influencia, dominio,“se sienta” sobre “pueblos, muchedumbres, naciones y lenguas”(Apocalipsis 17.15), y de los falsos pastores, es que deseaban sobremanera “arrastrar tras sí a los discípulos ” (Hechos 20.30), o sea: querían constituirse en Príncipes de su particular Israel, para ser “alabados de la gente” y así “tener dominio sobre ellas”. La gente, por su parte, también está deseosa de líderes que las guíen, que las aglutinen, porque siendo muchos, se crecen y se creen mas fuertes.
Estos conceptos netamente numéricos, son contrarios al espíritu de la Palabra de Dios, que antes de recomendar esta masificaciones, lo que recomienda es la privacidad y la intimidad con Dios. “Cuando oras, no seas como los fariseos que aman ponerse en pié en las sinagogas....tú..cierra tu puerta y ora a tu Padre que está en secreto...y te recompensará en público” (Mateo 6.5,6). Jesús al ver a la gente, tuvo compasión de ellas porque las vio como un gran rebaño carente de pastor. Como si estuvieran predispuestos a aceptar cualquier guía que les condujese.
Así pensaba también el pueblo de Israel cuando “quisieron ser como los demás pueblos” y pidieron al profeta Samuel un rey que los liderase, como tenían los demás pueblos.
El cristianismo fiel a Jesucristo, no es amigo de las concentraciones. Es mas partidario de lo privado, de lo íntimo, de los pequeños grupos, a los cuales les basta un cenáculo para reunirse, o la casa de un hermano. Mucho mejor que un estadio de fútbol.
Hay un deseo del Señor para que los cristianos sean uno. Jesús ora por esta unidad: “Para que sean uno, así como nosotros (el Padre y Jesús) somos uno” (Juan 17. 22). Lo que evidentemente se refiere a la “unidad espiritual” en la comunión (común unión) de los hermanos, y de estos con Jesucristo. Es la unión del Espíritu, lo que las Escrituras enseñan. En modo alguno la unificación organizativa en un sola y única Institución, que una y vertebre a toda la iglesia universal. Esto, por mas que haya quienes lo pretendan (el Ecumenismo), no se va a conseguir, antes del establecimiento del Reino de Dios sobre la tierra.
No hay, en absoluto, que estar orgullosos de pertenecer a iglesias-instituciones grandes, numéricamente hablando, sino todo lo contrario, huyamos de ellas porque son las mas manipulables por sus líderes religiosos, que las usan ante los diversos Estados, para conseguir prebendas y privilegios a cambio del apoyo, mas o menos encubierto, de sus iglesias respectivas. Y al mismo tiempo, los Estados tienen temor de contrariar a estos jerarcas eclesiásticos, por la cantidad de personas que representan. Un voto, es un voto.
No importa en absoluto que la iglesia universal de Jesucristo esté dividida, mientras mas plural sea, mas difícil será su manipulación. Los Estados, sólo podrán manipular a sectores, partes, de la iglesia. Nunca a toda ella. Así es mucho mejor.
A veces, en las pequeñas congregaciones, nada mas crecer, sus curas o pastores, son llevados de una especie de engreimiento espiritual, que perjudica sus almas, porque olvidan que el Señor es el único Pastor verdadero de cualquier porción de su iglesia.
Lo mas recomendable, es que las iglesias numerosas se deshicieran de sus innecesarios templos y, en su lugar, se formasen muchas congregaciones cristianas pequeñas, para lo que harían falta un gran número de casas particulares, por los muchos grupos que sería necesario formar. Lo cual sería de gran bendición. Así habrían mas presbíteros, mas diáconos, mas evangelistas, seríamos incitados a trabajar mas por el Reino de los cielos y la Palabra de Dios llegaría a mas gente. Esto sí que está de acuerdo con la enseñanza y la práctica neotestamentaria. En las iglesias grandes, de cientos o de miles de miembros, se hace materialmente imposible mantener una comunión cristiana y estrecha con todos, y es imposible evitar que nazca y crezca la fría burocracia: horario para poder hablar con el pastor, censos o directorio de miembros, comisiones de diaconía para poder saber quien está enfermo, quien tiene dificultades, etc. En un grupo de veinte o treinta, que podrían componer una “iglesia casera”, todos saben de todos, el amor cristiano es mas tangible, los presbíteros están mas cercanos, y la lista de las ventajas superará con creces a la de las iglesias mastodónticas.
19-¡SALID, HUID!
¿Qué es la Iglesia?. Es el conjunto de creyentes en Jesucristo. Los que ya murieron creyendo en él, los que aun viven sobre la tierra que creen en él, y los que han de nacer todavía y también creerán en él.
“Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos.” (Apocalipsis 7.9).
La Iglesia no es la suma de organizaciones, y de iglesias territoriales, nacionales, internacionales, etc. No es un revoltijo de siglas. Es un revoltijo o suma de INDIVIDUOS, de personas creyentes en Jesucristo. Todos ellos forman el Pueblo de Dios, la Iglesia y Esposa de Jesucristo. Por todos ellos murió Jesucristo. A todos ellos los salvó. Ninguno de ellos se perdió.
Cristo no murió por las Organizaciones o Instituciones a las que la mayoría de los creyentes pertenecen, sino que murió por ellos.
Las Organizaciones, aunque existen desde antiguo, no son necesarias para que exista la Iglesia. Es mas; a menudo, fueron corruptas, manipuladoras, guerreras y trajeron sobre sí mismas la ira y el desagrado de Dios, porque hicieron creer a sus afiliados o feligreses que, por el mero hecho de formar parte de ellas, ya serían salvos. Así crearon un ingente número de cristianos nominales, de nombre solamente, que estando dentro de ellas, estuvieron, sin embargo, fuera de la iglesia del Señor. Ello no significa que en cada una de estas organizaciones no hubieran cristianos fieles, verdaderos; pues el Espíritu de Dios es poderoso para salvar a los que tiene que salvar, aun en contra de lo que han aprendido y vivido en sus respectivas Instituciones o Iglesias. A pesar de sus muchas doctrinas contrarias a la Palabra de Dios, a pesar de sus junglas ceremonialistas, a pesar de sus prácticas deplorables, y de su Historias nefastas, algunos pámpanos han permanecidos, casi secos pero no secos del todo, unidos a la Vid y, por la gracia de Dios, no han sido totalmente extirpados, aunque apenas hayan producido algún fruto. (Juan capítulo 15.1 al 17).
Pero no es esa la clase de vida espiritual que Dios desea para su gente. “Yo he venido para que tengáis vida y la tengáis en abundancia” (Juan 10.10).
La pertenencia a una Iglesia-Institución-Jerarquía-Organización, trae mas daño que beneficio para el espíritu, para el cristiano que desea verdaderamente serlo.
Y puesto que es lógico, y la Biblia así lo dice, “ el Juicio comience por la casa de Dios” (1ª Pedro 4.17), por los que ante el mundo entero vienen presentándose como la Iglesia de Cristo, siendo un ejemplo nefasto y escandalizador, y una tremenda torre de Babel o confusión, quien forme parte de estos conglomerados religiosos, siendo que él quiere seguir sólo a Jesús, debe tener oídos para oír lo que la Palabra dice a los tales: “Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas” (Apocalipsis 18.4).
SALID Y HUID. Y, como Lot, no miréis para atrás.
20-Y ¿QUÉ HARÉ FUERA?
Fuera de la Gran Babilonia, de la gran confusión, se está mejor que dentro. Al menos te librarás del castigo que, antes de la venida del Reino de los Cielos, Dios tiene reservado para ella, “Babilonia la Grande, madre de las fornicaciones de la tierra”(Apocalipsis 17.5).
Sal y júntate con otras personas que, como tú, quieran salir o hayan salido ya de ella. Reunios, aunque seáis dos o tres, en tu propia casa. “..donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo 18.20). Orad al Padre de Jesucristo (nada mas, a nadie mas) y leed, la Biblia. Sobre todo, el Nuevo Testamento. Allí, en la Palabra de Dios, iréis encontrando lo que debéis hacer. Antes que ninguna otra cosa, conocer al Señor mas íntima y personalmente. “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.”(Juan 17.3).
Reúnete cada domingo con esos amigos para adorar al Señor orando y leyendo su Palabra. Cuando conozcáis bien las Escrituras, y sepáis en vuestro corazón que el Señor os ha salvado porque creéis verdaderamente en él, daréis un paso mas.
Cuando os sintáis como una verdadera familia y os améis como a hermanos, habréis reparado ya en los dones espirituales que el Espíritu Santo habrá repartido entre vuestro grupo. A uno se le dará bien presidir las reuniones, para que “todo se haga decentemente y con orden” (1ª Corintios 11.40). Que os presida en el Señor. “..el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría..” (Romanos 12.8). A otro, se le dará bien leer, que lea él la Biblia y si es larga la lectura, que lean varios lectores, por turno, cada uno su porción.
Quien tenga don para explicar (Romanos 12.7), que explique, que enseñe, que comente la lectura.
Si alguno tiene don para cantar, que cante al Señor. Al Señor solamente. Que le ponga música a algunos de los Salmos y los cante, e incluso, que los enseñe a los demás, para que todos los puedan cantar.
Reconoced los diferentes dones y si crecéis en número, elegid a dos o tres hermanos de entre los mas responsables y mayor experiencia, los que creáis que aman mas al Señor y le temen, los mas sabios en las Escrituras, para que sean vuestros “ancianos”, que esto es lo que significa la palabra “presbítero”, y vuestros “supervisores” que esto es lo que significa la palabra “obispo”.
“Y él mismo constituyó a unos apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo..”(Efesios 4.11,12).
Pasad una colecta voluntaria en cada reunión dominical y elegid a un hermano o hermana como “diácono”, para que lleve las cuentas y, entre todos, socorred a los que, de entre vosotros, tengan necesidad: “..según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe” (Gálatas “..compartiendo para las necesidades de los santos; practicando la hospitalidad” (Romanos 12.13). Y si entre vosotros no hubieren necesitados, buscad fuera del grupo. Dejad una parte para comprar ejemplares de la Biblia y del Nuevo Testamento, que podáis regalar a quienes viereis con interés de conocer y seguir al Señor y, en fin, para que podáis hacer el bien con vuestro propio dinero, y no con el de los demás.
Procurad, con el tiempo y sin prisas, contactar con otros grupos de creyentes como el vuestro, para que sus presbíteros puedan “imponer las manos” sobre los vuestros, reconociéndoles así como compañeros en el servicio a Cristo, invocando la ayuda del Espíritu Santo en esta labor. “No impongas con ligereza las manos sobre ninguno..”(1ª Timoteo 5.22). “..te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos” (2ª Timoteo 1.6). “No descuides el don que hay en ti, que te fue dado mediante profecía con la imposición de las manos del presbiterio” (1ª Timoteo 4.14).
Bautizad a quien no lo estuviera, “en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo”(Mateo 28.19), con agua, sencillamente, sin velas, sin aceite, sin sal, sin padrinos y sin ninguna parafernalia. Basta con que el que va a ser bautizado, diga que cree en el Señor Jesucristo. Esto es suficiente. “El que creyere y fuere bautizado, será salvo” (Marcos 16.16). “..llegaron a cierta agua, y dijo el eunuco: Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado? Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes.”(Hechos 8.36,37).
Explicadles que el bautismo no quita ningún pecado, ni otorga ninguna gracia especial, sino que es un signo de obediencia a la Palabra de Cristo, quien nos salva por su sacrificio en la cruz y por el don de la fe.
Celebrad el recuerdo de la muerte del Señor “haced esto en memoria de mí” (Lucas 22.19), la eucaristía, con una copa simple de cristal y una pieza de pan normal y corriente. Explicad que allí no se produce ningún cambio sustancial, que el pan representa el cuerpo de Cristo y el vino, su sangre que fue derramada por nuestros pecados. Hacedlo como San Pablo dice en 1ª Corintios 11.23 al 26:
“Porque yo recibí del Señor, lo que asimismo os he enseñado. Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado tomó pan (que coja el pan), lo partió (que lo parta en trocitos) y lo dio a sus discípulos (que lo reparta entre los presentes que lo deseen) diciendo: Tomad y comed, esto es mi cuerpo (que todos coman). Y asimismo tomó también la copa ( que la coja, sin levantarla ni hacer ningún gesto o pantomima) diciendo: Bebed de ella todos, porque esta es mi sangre del Nuevo Testamento que es derramada por muchos para la remisión de los pecados. Y os digo que no beberé mas de este fruto de la vid, hasta que lo beba de nuevo con vosotros en el reino de mi Padre” ( y la pase o lleve a cada uno de los comulgantes, limpiando el borde, por higiene, después de que cada uno beba un sorbo, pasándola al hermano siguiente).
Puede hacerse una oración para que Dios bendiga aquellos símbolos de Jesucristo (tomó el pan, “lo bendijo”, tomó también la copa y “habiendo dado gracias”. Mateo 26.26,27). Así de fácil y sencillo. Como lo hizo el mismo Jesús, sin añadir ni omitir nada.(Notas 88,89)
Después de lo cual, se podría cantar algún himno de alabanza a Dios (“..y cuando hubieron cantado el himno, salieron...” (Mateo 26.30). Y/o pedir la bendición de Dios sobre todos los allí presentes.
Esto es una iglesia. Una iglesia cristiana, una iglesia libre, compuesta de cristianos libres. Todos sois hermanos y discípulos de Jesús. Todos le amáis y procuráis aprender de su Palabra. “(Los escribas y fariseos)...aman los primeros asientos...las salutaciones en las plazas, y que los hombres les llamen: Rabí, Rabí. Pero vosotros no queráis que os llamen Rabí; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos” (Mateo 23.7,8,9).
Vuestro Papa, Obispo, Sumo Pontífice, Presidente, Pastor, etc.,será solamente Cristo. No tendréis sede en Roma, Nueva York, Canterbury, Brooklin, Salt Lake, Toledo, etc., ni en ningún otro lugar del mundo. Vuestra sede estará en el mismo cielo, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios Padre. “...teniendo un gran Sumo Sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios.....declarado por Dios Sumo Sacerdote....estando ya presente Cristo, Sumo Sacerdote de los bienes venideros..” (Hebreos 4.14; 5.10; 9.11).
Los que habéis señalado para que os presidan, los ancianos, pastores o presbíteros, pueden turnarse en la celebración del partimiento del pan, santa cena, mesa del Señor, eucaristía o comunión, que de todas estas maneras se llama, así como en la predicación y explicación de las Escrituras, en las oraciones, etc., para que nadie se constituya en jefe u algo parecido, porque Cristo es vuestra Cabeza: “....Cristo es Cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su salvador” (Efesios 5.23).
Cuando ya el grupo, la iglesia, haya crecido y ya no quepáis en el salón, en el garaje, en el patio donde os reunís, dividid amistosamente el grupo, formando dos, buscando otro lugar donde procederéis de la misma manera que en el primer grupo o iglesia.
Así, casa a casa, grupo a grupo, iglesia a iglesia, es como crece la Iglesia Universal de Jesucristo sobre esta tierra.
La iglesia del Señor NO NECESITA TEMPLOS
NO NECESITA CLERO
NO NECESITA DINERO
SÓLO NECESITA A CRISTO
Si un ministro del Evangelio llega a tu iglesia para ejercer su ministerio cristiano, recíbelo bien, colabora con él y apóyalo, porque la tarea es dura y sacrificada. “Os rogamos, hermanos, que reconozcáis a los que trabajan entre vosotros, y os presiden en el Señor, y os amonestan; y que los tengáis en mucha estima y amor por causa de su obra.” (1ª Tesalonicenses 5.12,13).
Pero pregúntale cómo y de qué vive él y su familia. Si ves que es profesor, médico, electricista, albañil, etc., ya tienes la respuesta. Aprecia aun mas el tiempo y trabajo que dedica a la iglesia. Pero si su sostén económico proviene del Obispado, del Estado, de una Misión, de alguna Organización, Institución, Jerarquía o Iglesia, entonces piensa que tu iglesia, tu grupo, tu parroquia (como quieras llamarle) ya no será una iglesia-libre, porque seréis influenciados por cualquiera que sea la ideología y los intereses de quien “pague” a vuestro ministro, cura o pastor. Esta situación, como hiciera San Pablo, sólo debe aceptarse de forma provisional o en casos muy extraordinarios. Si la excepción se convirtiera en norma, como ocurre en las iglesias-institucionales, formaríamos un clero profesional en el que entrarían mas clérigos por profesión (como otro modo de vivir cualquiera) que por vocación.
Recuerda que “quien paga, manda” y que “nadie muerde la mano que le da de comer”. Al final, te verás votando a opciones políticas que no velan por los intereses de los desfavorecidos, justificando guerras injustas, ignorando o tolerando a quienes maltratan el planeta ( la común casa que Dios creó para la humanidad), te verás justificando o ignorando la explotación de los países pobres, mirando con recelo a los emigrantes, queriendo encender hogueras para quemar a los homosexuales, deseando mano dura y exterminadora para los delincuentes, pena de muerte para los criminales y justificación para los sistemas económicos reinantes, basados en el lucro, la usura y la especulación, que aumentan la riqueza de los ricos y la pobreza de los pobres.
Te mirarás al espejo y verás que te has convertido en un facha desagradable disfrazado de cristiano. Porque el cristiano, aunque respetuoso con toda clase de Estados, hasta el punto de orar por Nerón (iglesia primitiva) y por Franco (iglesias recientes), no podrá nunca estar del lado de los poderosos y fuertes de la tierra, ni siquiera teóricamente. Tampoco puede ser imparcial. Debe tomar posición junto a los pobres.
Por eso el cristiano no habla como el beato, de “caridad”, sino de “justicia”. Cuando la justicia reine, reinará también la paz. El cristiano debe tomar el bando correcto en esta lucha encarnizada contra el mal; y digo contra el mal, no contra los malhechores. (Nota 91)
El cristiano debe proseguir “en la libertad con que Cristo nos hizo libres” (Gálatas 5.1) y procurar “no ser esclavo de los hombres” (1ª Corintios 7.23). Las iglesias y sus Organizaciones, son ricas, y debido a que lo son, y mucho, no pueden seguir a Jesús. Sus riquezas se lo impiden, porque las condicionan. No pueden actuar en contra de los intereses de quienes las sufragan. Jesucristo les diría: “anda, vende lo que tienes y dalo a los pobres, y tú ven y sígueme”.
Pero como el rico a quien Jesús dijo estas palabras, la iglesia-institución, procedería de la misma manera: “Cuando oyó esto el rico..se entristeció y se fue, porque tenía muchas posesiones” (Mateo 19.21,22). No es que la iglesia-institución obraría así, sino que así viene obrando desde que dejó de ser “libre” y se hizo “esclava” del poder, del Estado y de los ricos de este mundo y sus grupos de presión.
El cristiano libre debe salir de estas Organizaciones e Instituciones eclesiásticas. El cristiano, no necesita organizarse para sentirse fuerte, agruparse para sentirse numéricamente mas grande, ni como consecuencia, tampoco necesita de esos líderes (Obispos, Presidentes, Moderadores, etc.,) que se pavoneen ante la sociedad, diciendo representar a cientos, a miles o a millones de cristianos.
Cuando el rey David quiso saber cuántos soldados podía tener y ordenó un censo, Dios le castigó (1ª Crónicas 21.1,2,5,7,17) “Y dijo David a Dios: ¿No soy yo el que hizo contar al pueblo?. Yo mismo soy el que pecó y ciertamente he hecho mal....” No necesitamos, como cristianos, saber cuán numerosos somos, ni permitir que esos “líderes” nos representen; no necesitamos representantes, porque no necesitamos tener NINGÚN PODER en la sociedad.
Jesús llamó “sal” y “luz” a los suyos, indicando cómo hemos de influir en el mundo que nos rodea: “Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve mas para nada...Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad sobre un monte, no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en el cielo.” (Mateo 5. 13 al 16).
Es con nuestro testimonio individual derivado de nuestras buenas obras, como se es sal y luz en este mundo. No con “manifestaciones cristianas, pancartas incluidas”. Somos los cristianos, individualmente, los que hemos de sazonar y brillar y esta sal y luz, son nuestros actos. Las Instituciones eclesiásticas, históricamente, lo que han hecho ha sido, precisamente, lo contrario de lo que Jesús mandó: arrojar mas “tinieblas” sobre los hombres, ser focos de “corrupción” sobre la tierra. Ya lo dijo el Señor a los beatos religiosos de su tiempo: “....sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, mas por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia. Así también vosotros por fuera, a la verdad, os mostráis justos a los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad.” (Mateo 23. 27,28).
La iglesia de Jesucristo no tiene “libros” de sus componentes, ni “líderes”que la representen, sean locales, provinciales, regionales, nacionales o mundiales. “Conoce el Señor a los que son suyos” (2ª Timoteo 2.19).
Y sus nombres constan “en el libro de la vida del Cordero” (Apocalipsis 21.27).
Y sólo tiene una Cabeza, un Jefe, un Líder: el Señor Jesucristo: “Y él es la Cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia” (Colosenses 1.18).
La iglesia de Jesucristo no se asemeja a ninguna organización humana. Es un espiritual edificio cimentado sobre la persona de Cristo y la doctrina apostólica, cada cristiano es una piedra, un ladrillo, que el propio Señor Jesucristo como arquitecto y albañil, va añadiendo, generación tras generación, hasta que sea completado y entonces, venga personalmente, a iniciar una Historia nueva, distinta y sin fin.
Este edificio no puede ser visto, fotografiado, localizado por los hombres, porque a menudo, quienes piensan que forman parte de él, están excluidos y, por el contrario, muchísimos de los que creemos que están fuera, están sin embargo, dentro.
“Porque vendrán del oriente y del occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios....hay postreros que serán primeros, y primeros que serán postreros” (Lucas 13.29,30). “Vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham e Isaac y Jacob en el reino de Dios; mas los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes” (Mateo 8.11). “...los publicanos y las rameras (prostitutas) van delante de vosotros al reino de Dios”(Mateo 21.31). “Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.” (Mateo 7.22,23).
Los intentos de identificar, marcar, señalar, personalizar la Iglesia con distintos nombres, cruces, anagramas, vestiduras, templos, sedes, etc., sólo consiguen añadir mas confusión a la Babel cristiana existente, a la Babilonia del Apocalipsis, que sí necesita de todas estas cosas y, sobre todo, de financiación.
21-¿PUEDE UN CRISTIANO SER APOLÍTICO?.
Muchos dicen que un cristiano no debe inmiscuirse en los asuntos de este mundo, sino que debe pasar por él como a hurtadillas, sin contaminarse. Esta idea dio lugar a la creación de los conventos de clausura y antes, al ascetismo cristiano.
No niego que de vez en cuando, venga bien para el espíritu un cierto tiempo de retiro y meditación, como hizo Moisés, antes de recibir la Ley de parte de Dios, cuado tuvo lugar la escena de la zarza ardiente; o como también hizo Jesucristo en el desierto, antes de iniciar su ministerio público. Pero ambos estuvieron sobre cuarenta días, nunca se retiraron de por vida, como los ermitaños o la clausura, porque entonces, no habrían servido al pueblo de Dios.
Aunque las Escrituras nos exhorten a apartarnos del mundo porque no somos del mundo, (Juan cap. 17), no se refieren al apartamiento literal en comunas, conventos, etc., sino a no participar de la contaminación espiritual que en el mundo existe, a no actuar de la misma manera que actúan quienes desconocen las enseñanzas de Jesucristo. Nada de cuanto existe en el mundo nos es ajeno a los creyentes en Jesús. Queramos o no, cuanto ocurre en el mundo, afecta y debe afectar a los cristianos. No podemos permanecer santurronamente aislados, como si no fueran con nosotros las injusticias que se cometen en la tierra. Dondequiera que haya un cristiano, ha de haber un testigo insobornable, dispuesto a apoyar la justicia. Pero sin dejarse manipular.
“Conoceréis la verdad”, dice Jesús (Juan 8.32). No sólo la verdad salvadora, sino la verdad de las cosas. Sabréis lo que está detrás, lo que callan, sabréis leer entre líneas, no os manipularán. “..cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad..”(Juan 16.13). No sólo a la verdad salvífica, sino a “toda” verdad. El Espíritu de Dios nos ayuda a “discernir”, a ser sabios políticamente hablando.
Dios tiene planes para el mundo. Escribe derecho en renglones torcidos. Sabe sacar bien del mal. Todo esto forma parte de la doctrina sobre la Providencia de Dios, claramente enseñada en las Escrituras.
Todo aquel que tiene el Espíritu de Dios, sabe leer no sólo en las páginas antiguas de la Historia, sino en las actuales del día a día, en la realidad cotidiana y también, en la confluencia profética que el hoy tiene sobre el futuro. No es posible engañar a los cristianos libres, como si fueran cristianitos lactantes de las iglesias del establisment.
Todo cristiano libre desconfía de las Teocracias, porque sabe que no es posible una Teocracia representativa. Cuando el Reino de Dios venga, Dios mismo, gobernará en Cristo este mundo, sin representantes de ninguna clase.
Ningún cristiano libre, quiere establecer a golpe de leyes y decretos, el Cristianismo, sobre un país o sobre el mundo entero. Por lo tanto, no quiere influir sobre ningún Estado ni Gobierno. Tampoco quiere influir sobre sus legislaciones. No quiere Caudillos, Reyes, Presidentes “por la gracia de Dios”. Porque, en sentido estricto, bíblicamente hablando, tanto Franco, los Reyes Católicos, Stalin, Hitler, los Faraones y Nerón, todos lo fueron “por la gracia de Dios”:
“Respondió Jesús (a Pilato): Ninguna autoridad tendrías contra mí, si no te fuese dada de arriba” (Juan 19.11). “...el Altísimo tiene dominio en el reino de los hombres, y..lo da a quien quiere” (Daniel 4.25,32). El por qué Dios permite que auténticos criminales, locos y beatos ejerzan el poder en muchas naciones, es algo que pertenece a su Providencia, a la perspectiva única que él tiene como conductor de la historia. Por eso las iglesias libres de Jesucristo no aspiran, como tampoco el propio Cristo, a tener ningún poder ni dirigismo político.
Lo que los cristianos libres deben hacer, mientras viene la Teocracia del Reino de Dios, es vivir separados de todos los Estados, sometidos a sus leyes sean o no cristianas, y tomando siempre postura a favor de los pobres y desfavorecidos de la tierra en cada momento, caso y situación.
Esto no es imparcialidad, ni equidistancia política, sino todo lo contrario: absoluta parcialidad y opción clarísima por los pobres, renuncia completa al sistema y concepto de “caridad”, que los poderosos y ricos usaron y usan, para “ganar” también el Cielo (como si ya no hubieran ganado bastante en la tierra, a costa de los pobres), sustituyéndolo por el concepto de “justicia”, de mejor distribución de la riqueza del planeta que, su Creador, creó en abundancia tal, como para que no hubiera uno solo de sus habitantes, que careciera de lo básico y mas elemental, como comida, educación y sanidad.
Esto no es ser apolítico, sino totalmente político, por cuanto el cristiano sabe qué políticas debe apoyar y cuáles no. Y esto al margen de la corrupción que, desgraciadamente, afectó y afecta a todos los estamentos de cualquier sociedad, antigua o moderna, y también a las “iglesias-jerárquicas-institucionales” que dejan en mantilla a la corrupción política o puramente económico-capitalista.
“El efecto de la Justicia será Paz” (Isaías 32.17). Esta es una característica del futuro Reino de Dios, de la Teocracia final que los cristianos esperamos y, por cuyo advenimiento, Cristo nos mandó orar en el Padrenuestro: “Venga a nosotros tu Reino, hágase tu voluntad en la tierra como se hace en el cielo..” (Mateo 6.10).
Como es sabido, es imposible la paz si antes no existe la justicia. O lo que es lo mismo: toda guerra es producto de la injusticia. La justicia es pues, una bandera necesaria, sin la cuál la paz verdadera no puede existir. Inclusive en el terreno de la teología, la paz del hombre con Dios, sería imposible sin la justicia que Cristo pagó en la cruz que, aplicada gratuitamente al creyente por el don de la fe, se convierte o se llama “justificación”. “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Romanos 5.1).
Los cristianos libres sabemos que la justicia de Dios es mas que la ley, porque hay en todas partes, leyes injustas, especialmente cuando las injusticias humanas, han promulgado leyes favorables a la religión, de las que dice Isaías 64.6 “ ..todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia.” Sabemos discernir entre lo que allana el camino al Reino de Dios y aquello que lo dificulta y obstaculiza.
Los cristianos libres y sus iglesias, tomamos partido por la Justicia humana, precisamente porque creemos en la Justicia de Dios, que exterminará a las iglesias-rameras (Apocalipsis 17.5,18) y a los poderosos (gobernantes, reyes, políticos, mercaderes, capitalistas) que con ella cometieron fornicación.
Estamos con los pacifistas de la tierra, con los que se oponen a las guerras, inclusive a las llamadas “guerras justas” por las Iglesias-rameras, por la ONU y por el Capitalismo mundial. “Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad. Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios” (Mateo 5.5,9).
Estamos contra el Capitalismo como filosofía político-financiera, depredadora de los bienes y recursos que pertenecen a toda la humanidad, mediante el préstamo con legalización del interés y la usura. Becerro de Oro al que las naciones se aprestan a adorar, y que debe ser destruido y sustituido por otro sistema económico, que promueva el trabajo, el comercio justo y la igualdad social.
Estamos, como cristianos, contra todo lo que destruye y contamina la Creación de Dios, en nombre del progreso tecnológico.
Estamos contra el Consumismo despilfarrador, que empobrecerá a las generaciones futuras y devastará la Naturaleza que Dios creó. “...tu ira ha venido, y el tiempo de juzgar a los muertos....y de destruir a los que destruyen la tierra” (Apocalipsis 11.18).
Estamos porque la ciencia y la tecnología se pongan al servicio del hombre y de la creación, dejando de servir al Capitalismo, su mentor.
Estas cosas no se pueden lograr así como así, por arte de birlibirloque, sino porque los Estados así se lo propongan. Apoyaremos como cristianos, todas las políticas que conduzcan a estos fines, que creemos que son los fines para los que Dios creó el mundo y puso al hombre sobre la tierra, como su administrador: “..llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra” (Génesis 1.28).
¿Puede un cristiano ser apolítico?. ¡Por supuesto que no!. Si quiere serlo, que se haga ermitaño o se refugie en un convento. Pero en tal caso, será una huída cobarde, de su obligación como ser humano y como hijo de Dios.
Alguien dirá que tales fines pueden ser asumidos también por los partidos considerados como de “derecha”. De nuevo la mentira de Satanás: “Seréis como Dios” (Génesis 3.5). ¿Cuándo han podido o podrán enarbolar la bandera de la justicia social, ideologías basadas en el individualismo, en la sagrada libertad económica, y en la santa propiedad?. El individualismo egoísta frente al colectivismo solidario, la libertad económica frente a la economía reglada, y la privada propiedad acumulativa frente a la redistribución social ¿Alguien duda de qué lado se pondría la Justicia de Dios?.
No estoy afirmando que el hombre sea capaz de instaurar este Paraíso sobre toda la tierra. Ensayos históricos ha habido, pero todos terminaron en fracasos. Unos porque se impusieron a la fuerza sobre millones de calaveras, como el stalinista, otros porque fueron aniquilados por las supuestas civilizaciones superiores de los conquistadores, como el de las tribus indias americanas y los aborígenes de Oceanía; otros –como el iniciado por la iglesia primitiva de Jerusalem- , porque fue interrumpido por la incipiente persecución contra los primeros cristianos. “Y la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común” (Hechos 4.32).
Sin embargo, a pesar de estos intentos fracasados, nadie puede negar la nobleza de los mismos. El fracaso ha de ser atribuido a la humana incapacidad para hacer el bien, fruto de la depravación causada por el pecado; a la rebeldía del hombre contra los preceptos de Dios. Primer punto de la teología calvinista, del que tan extensamente habló San Agustín en sus “Tratados sobre la Gracia”, tomado a su vez de la doctrina de San Pablo.
Por eso nos sentimos profundamente pesimistas, en cuanto a que tales intentos, pudieran alguna vez fructificar, para ser instalados en el mundo por el esfuerzo humano. El primer Paraíso fue establecido por Dios y es el mismo Dios, quien tiene y puede, restablecerlo de nuevo sobre la tierra. De hecho, los cristianos sabemos que lo restablecerá a su debido tiempo, cuando envíe de nuevo a este mundo a su Hijo Jesucristo, para inaugurar el Reino de Dios, tan largamente esperado por cuantos creyentes conocen las Escrituras, donde se nos habla de sus características principales y de su definitiva implantación.
Tampoco creemos que sean los partidos políticos de la “derecha”, los auto calificados de “inspiración cristiana”, los que vayan a lograr la restauración del Paraíso en la tierra. A lo largo de la historia, hicieron múltiples intentos para ello, apoyando los conceptos teocráticos de las Iglesias-rameras, cosechando muchos mas fracasos que la izquierda, llenando el mundo de guerras largas y cruentas, que no consiguieron hacer perdurar sus despóticas y humanas Teocracias. Elementos represores como la Inquisición y las guerras de religión, llenaron el mundo de muertos, y no adelantaron en nada la justicia social, sino que por el contrario, ésta retrocedía en cada victoria que la Iglesia-Institución obtenía.
Y es que los movimientos y partidos políticos de “inspiración cristiana”, son los mayores enemigos del progreso y del avance social, precisamente por su “inspiración cristiana”. Lo serían igual si fueran de “inspiración islámica” o de cualquier otra inspiración religiosa. Porque todas persiguen el mismo fin, de acomodar la sociedad a determinados principios religiosos y teológicos. Todas van en pos de establecer sus particulares Teocracias, queriendo que el mundo se rija por su religión. Ahí radica el error. Yo no quiero, como cristiano libre, que el mundo actual se rija por los principios del cristianismo, ni por sus valores. Hay otros ciudadanos que no son cristianos, a los que no les gustaría esta situación. No quiero tener ninguna ventaja sobre mis conciudadanos ateos, agnósticos o de otra religión. Por eso los Estados, tienen que ser laicos y aconfesionales.
Quiero libertad para todo ser humano. Libertad para que peque, si lo desea. Libertad para que se corrompa, si quiere corromperse. Quiero libertad para el propio Satanás. Corresponde a Dios atarlo y desatarlo cuando él lo decida (Apocalipsis 20.2,7,10). El único tope a la libertad, es la libertad del otro. No hay lugar para la intransigencia ni la intolerancia, mientras la libertad de los demás no dañe a la mía, ni la mía dañe a la de los demás. No justifico el mal, sino la libertad que el hombre tiene para practicarlo, y los Estados están para evitar que la libertad de unos dañen a los otros, y para castigar a los que dañan y, ante los fallos, equivocaciones, de la humana justicia, me remito a la Justicia de Dios, sin tratar de imponerla en su Nombre, por cuanto –posiblemente- me equivocaría.
Defiendo el derecho que el hombre tiene, dado por Dios, para –incluso- equivocarse o para, consciente y libremente elegir el mal. Si Dios ha dado al hombre la libertad de poder rebelarse contra él ¿quién es el hombre para imponer su “espíritu cristiano” o su “espíritu islámico”, etc., a las leyes que vayan a regir la vida de sus conciudadanos? ¿No significa esta pretensión querer establecer Teocracias representativas, regidas por los distintos representantes de cada religión?.
No es correcto que los partidos de “inspiración de cualquier religión” establezcan en sus respectivos países, Estados confesionales, basándose en el hecho de ser en los tales mayoría.
Las democracias se distinguen, precisamente, por el trato dispensado a las minorías. Las minorías no pueden ser ignoradas, olvidadas, pasadas por alto, ni mucho menos segregadas, apartadas, vituperadas, perseguidas o aniquiladas.
En Italia se formó la Democracia Cristiana. En otros países también. En Alemania ingresaron en el partido, fundamentalmente católico, muchos protestantes que querían así, trabajar porque sus respectivos gobiernos, fueran de “inspiración cristiana”. De todos es sabido que, al menos la Democracia Cristiana de Italia, llegó a ser uno de los partidos mas corruptos de todo el elenco político, ligado fuertemente a la mafia.
Ninguna iglesia tiene derecho a influir, desde el Estado y sus leyes, en los ciudadanos de su país. Ninguna religión tiene derecho a usar el Estado y sus leyes, para este fin. Política y religión, jamás deben mezclarse. Tan pernicioso es el Cesaropapismo, como la Teocracia humana.
Dejemos que Dios sea Dios. No tengamos la estúpida pretensión de defenderle, como si fuera un ídolo mudo, incapaz de defender su causa por sí mismo. No tengamos la tentación vana, de desenvainar las espadas, para convertirnos en paladines de Dios, como en los pasados tiempos, cuando tanta sangre se derramó inútilmente. ¿Acaso no tiene Dios poderosas legiones de ángeles capaces por sí mismas, de destruir todos los ejércitos de éste y de mil mundos como éste?. “¿Acaso piensas (dijo Jesús a Pedro, cuando intentó defenderle de los guardias que le prendieron en Getsemaní) que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría mas de doce legiones de ángeles?” (Mateo 26.53).
Es estúpido que un ratón, salga en defensa de un león.
Dios ha de juzgar. Dios mismo ha de venir. Dejemos que Dios juzgue. Dejemos que Dios venga. Dejemos que el tiempo se cumpla.
Mientras esperamos su regreso, ocupémonos en santificarnos a nosotros mismos, no pretendamos santificar a la sociedad. “El que es injusto, sea injusto todavía; y el que es inmundo, sea inmundo todavía; y el que es justo, practique la justicia todavía; y el que es santo, santifíquese todavía” (Apocalipsis 22.11).
La manera de alumbrar y sazonar esta tierra, es por medio del ejemplo personal, “para que vean vuestras obras buenas y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5.16), no a través de ningún Estado o Gobierno y sus leyes. La Teocracia, es Dios mismo quien tiene que instalarla en la tierra, no nosotros.
Así que, cristianitos hostigadores de los Estados laicos, ¡Dejad de hostigar!,¡dejad de pretender que se legisle “cristianamente” o “islámicamente”!. Dejad que los Estados cumplan su función y vosotros, cumplid la vuestra:
“Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor” (Filipenses 2.12). Anunciad el Evangelio del Reino. Brillad y sazonad vuestro entorno. Luchad codo a codo con los que desean mejorar las condiciones de vida de la humanidad sufriente. (Nota 92)
Con la revolución pacifista, derrotad a los opresores de los pueblos hambrientos. Poniendo la otra mejilla, venced al capitalismo salvaje; denunciad a los depredadores y despilfarradores de los recursos del planeta; a los usureros de los pobres; a los explotadores de los braceros; a las multinacionales que sangran a niños y mujeres con salarios de miseria; a los que se llevan las industrias de un país a otro, buscando sólo su mayor beneficio; a los que especulan con el precio de los alimentos y las medicinas; a los que especulan con la vivienda; a los que se lucran con las guerras y a los “canallas que las hacen”; a los que bendicen los cañones y misiles; a los que evaden los impuestos y defraudan la Hacienda pública; a los que permiten que haya niños sin escuelas ni hospitales; a los que encierran a los justos en la cárcel y liberan de ella a los culpables; a los que hacinan a los viejos, ya exprimidos; a los que secan con hambre el pecho de las madres, hinchando los vientres de sus hijos; a los que empujan a dormitar en las calles; los que roban las arcas del municipio; a los que trafican con la fuerza del trabajo; a los que perciben comisión por sus encargos; a los que abusan del poder, cuando lo tienen; a los ciegos y mudos ante el crimen; a los que humillan a la gente respetable; a los que dejan golpear al desvalido; al que pasa ante el mal indiferente; al que se sube al carro del que vence, humillando con desprecio a los vencidos; al que a sabiendas, miente; al que deja sin curar a los heridos; al que se calienta con el frío de la gente; al que engorda con el hambre de los pobres y causando la miseria, se divierte.
Fijaos, cristianitos santurrones, si tenéis en lo que ocupar vuestros dones y talentos que, de Dios, hayáis recibido. ¡Dejad de tocarles las narices a los Estados laicos que también son “puestos por Dios”como enseñan las Escrituras (Romanos 13.1 al 7)!. ¡Dejaos de ser infantiles o ciegos, que no veis la clase de gente que os manipulan, no para defender las enseñanzas cristianas (que después de haber promulgado tantos dogmas antibíblicos, les debe importar muy poco), sino para defender el PODER que, desde los Reyes Católicos hasta Franco, siempre tuvieron, impidiendo el progreso de nuestra desgraciada España!.¡Cristianitos santurrones, comesantos o porteadores de Biblias, despertad de vuestro sueño, abrid los ojos del alma y os alumbrará Cristo!. “Despiértate, tú que duermes. Mirad....cómo andéis, no como necios, sino como sabios, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos...no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor” (Efesios 5.14 al 17). Preguntad a vuestros mayores qué hacía esta santa Iglesia-jerárquica cuando tenía todo el poder. Cómo se comportaba con quienes discrepaban de ella. ¿Queréis auparla otra vez al trono, insensatos?. Jesús, cuando quisieron hacerle rey, rechazó el poder temporal, pero ella lo desea y lo busca con todos los medios a su alcance. “Pero entendiendo Jesús que iban a venir para apoderarse de él y hacerle rey, volvió a retirarse al monte él solo” (Juan 6.15).
¿Dónde están los cristianos arrianos, los cristianos mozárabes recalcitrantes, la séfarad judía, el cultísimo islam andalusí, los protestantes españoles de la Reforma, los comuneros, los liberales, los republicanos, todos ellos discrepantes de la Santa Madre Iglesia?.
¡Preguntadle al exilio, a la hoguera, a las cárceles, a la retractación bajo amenaza, al silencio forzoso, a las fosas comunes, a la desaparición sin nombres!. ¿Fue España o fue Saturno, quien devoró a los mejores de sus hijos?. (Notas 93,94)
Todos juntos formaban la mitad de los habitantes del país. Mirad en la Historia. Todos muertos, pasados a cuchillo, quemados en las hogueras, encarcelados, deportados en masa del suelo patrio o fusilados y, los que se libraron de estas cosas fue porque fueron obligados a insertarse en la Iglesia por la fuerza, renunciando a su propia convicción.
Mucho tendría que reformarse esta iglesia española nuestra, para llegar a ser una iglesia cristiana como es debido. Una iglesia sin fanatismo, sin odio, pobre, sin apego alguno al poder, resignada a no mandar mas, sin grupos de presión social en su seno, cercana a los pobres de la patria, renunciando a los conciertos económicos con el Estado y sus Ministerios, sumisa al gobierno de turno, no pedigüeña, realizando labores sociales con su propio dinero o el de sus feligreses, renunciando a su omnipresencia, liquidando sus inmensas posesiones a favor de los necesitados, enseñando a sus mas ignorantes seguidores el abandono de la milagrería , de sus fiestas paganas que suelen achacar a la ignorancia y poco instruida fe de las masas, pero que sin embargo alientan como “expresiones de fe populares”, una iglesia que enseñase la Palabra de Dios y siguiera mas de cerca a Jesucristo. Que desarrollara las congeladas pautas del Concilio juanista, en lugar de parapetarse en el búnker de la inmovilidad mas absoluta. Pero los sueños, sueños son.
Estos son los mimbres que hay. Con ellos ha de trabajar el Espíritu de Dios para salvar a los que tiene que salvar, al mucho pueblo que aun tiene el Señor dentro de ella, a pesar de su particular historia y jerarquía. A estos cristianos, también les dice el Señor:
“SALID DE ELLA, PUEBLO MÍO, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas; porque sus pecados han llegado hasta el cielo, y Dios se ha acordado de sus maldades. Dadle a ella como ella os ha dado, y pagadle doble según sus obras; en el cáliz que ella preparó bebida, preparadle a ella el doble. Cuanto ella se ha glorificado y ha vivido en deleites, tanto dadle de tormento y llanto; porque dice en su corazón: Yo estoy sentada como reina, y no soy viuda, y no veré llanto; por lo cual en un solo día vendrán sus plagas; muerte, llanto y hambre, y será quemada con fuego; porque poderoso es Dios que la juzga. Y los reyes de la tierra que han fornicado con ella, y con ella han vivido en deleites, llorarán y harán lamentación sobre ella, cuando vean el humo de su incendio.” (Apocalipsis 18.4 al 9).
22-LA IGLESIA Y EL REINO.
El Reino y la Iglesia son dos cosas distintas. Hay que distinguir entre ambos. El Reino de los cielos se llama así, porque está allí, en el cielo. No está en la tierra, aunque sea en la tierra donde será, finalmente, establecido. Pero, de momento, está donde está Cristo sentado a la diestra del Padre. Todo creyente que muere en el Señor, es llevado a él, y así será hasta que se cumpla el tiempo predeterminado por Dios, que sólo él conoce (1ª Tesalonicenses 5.2,3; Mateo 24.43; Lucas 12.39) y se produzca la primera resurrección, cuando Cristo, rodeado de todos cuantos durmieron en él, “......Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero”.(1ª Tesalonicenses 4.13 a 16), y ya resucitados, regrese a la tierra con poder y los creyentes que, en ese día, continúen vivos sobre esta tierra, sean transformados “...no todos dormiremos; pero todos seremos transformados...es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad” (1ª Corintios15.51,53), en un abrir y cerrar de ojos, recibiendo cuerpos físicos capacitados para vivir eternamente, y tras esta transformación, subamos a recibirle, a juntarnos con los que él traerá consigo: desde Adán al último de los que hayan muerto. Y así, resucitados unos y transformados otros, toda la Iglesia Universal venga con Cristo, su Cabeza, a esta tierra para inaugurar su Reino “ Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor” (1ª Tesalonicenses 4.17).
Reino de Justicia y Paz que será impuesto en este mundo por el poder de Jesucristo.
Mientras ese momento llega, corresponde a la iglesia de Jesucristo, al nuevo Israel, predicar y anunciar el Evangelio del Reino a toda criatura, “Y será predicado esta evangelio del reino en todo el mundo...y entonces vendrá el fin”(Mateo 24.14), y ser testigos de su muerte y resurrección, gracias a las cuales, tendremos entrada en ese Reino. “Y los envió a predicar el reino de Dios...”(Lucas 9.2, 11; Hechos 19.8;29.31).
Con el nacimiento del Mesías, su ministerio y su Obra de salvación, el Reino de Dios se acercó a este mundo, (Mateo 3.2,10.17, Lucas 10.9,11; 11.20; 21.31; Marcos 1.15), dándonos a conocer cómo podríamos los hombres entrar a formar parte de él: mediante el arrepentimiento de los pecados y la fe en su Nombre “ Arrepentios, porque el reino de los cielos se ha acercado”(Mateo 4.17; Juan 3). La iglesia que Cristo fundara, asistida por el Espíritu Santo, continuaría la labor del propio Jesucristo y sus Apóstoles, anunciando el Evangelio del Reino.
Tal vez por esto, la mayor parte del pueblo judío permaneció incrédula respecto al Mesianismo de Jesús (Romanos 10.16,19,21). Ellos unen la llegada del Mesías con la implantación del Reino de Dios. También mucho de los primeros cristianos creían ambos eventos unidos por el tiempo, “..ellos pensaban que el reino de Dios se manifestaría inmediatamente” (Lucas 19.11), hasta que comprendieron que era preciso que la iglesia sirviese como precursora de esta Segunda venida de Cristo al mundo, entre otras cosas, porque la gracia que fue anunciada a Israel por los profetas, también tenía que anunciarse a los gentiles (Romanos 11.11), para que la descendencia espiritual que Dios prometió a Abraham y la misma “bendición salvadora”, también los alcanzase a ellos: “en tu simiente serán benditas todas las familias de la tierra” (Génesis 22.28; 26.4; 28.14). Así que, la misma incredulidad de los judíos al Mesianismo de Cristo, ha sido usada por Dios para llevar la salvación prometida a ellos, a todos los demás pueblos de la tierra “....ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; y luego todo Israel será salvo...” (Romanos11.25,26,30).
El Reino de Dios del que habla tanto el Antiguo Testamento (Salmos 45.6;145.11 al 13; Daniel 2.44;4.3), es el mismo Reino de los cielos del que habló Jesucristo (Mateo 5.19,20; 7.21; 8.11; 10.17; 18.1 al 4) y el mismo Reino de Cristo del que hablaron los Apóstoles (Colosenses 1.13; 2ª Timoteo 4.1).
La iglesia de Jesucristo no es un fin en sí misma, sino un medio para dar a conocer el Reino de Dios. Por eso el Evangelio nunca es llamado el EVANGELIO DE LA IGLESIA, pero sí el EVANGELIO DEL REINO (Mateo 4.23; 9.35; 24.14; Marcos 1.14; Lucas 4.43; 8.1; Hechos 8.12).
La iglesia es la precursora del Reino de Dios, por esta causa no debe inmiscuirse con los reinos de este mundo: “mi reino no es de este mundo”, afirmó varias veces el mismo Jesús (Juan 18.36). No hay nada peor que la iglesia trate de “convertir” un reino de este mundo en un reino cristiano. Este fue el error del emperador Constantino y los cristianos de su tiempo. Entre otras cosas, porque la conversión es algo personal, nunca nacional. Por esto, como hemos dicho antes, la separación entre Iglesia y Estado debe ser total y los cristianos, como las demás religiones, deben renunciar a imponer sus “teocracias” en este mundo. La única Teocracia que funcionará, será la que el mismo Dios imponga personalmente en esta tierra, cuando por fin, “venga a nosotros su Reino y se haga su voluntad en la tierra como se hace en el cielo”. (Mateo 6.10).
Hemos insistido lo suficiente como para dejar claro que, sobre todo los cristianos, hemos de renunciar de una vez por todas y para siempre, a tratar de que en cualquier país, la Iglesia pueda unirse a los Gobiernos o Estados. Esto es y será siempre “fornicación”. ¡Líbrenos Dios de los Gobiernos que pretenden ser gobiernos cristianos, de los Estados que pretenden ser estados cristianos y de las iglesias que quieran convertirlos. Tales pretensiones salieron mal en el pasado y seguirán saliendo mal, tantas veces como se intente. Eso ocurrirá solamente cuando el Reino de Dios venga y sea él mismo, sin representantes, el Rey de gloria, ejercitando todo su formidable poder sobre toda su Creación, (Salmo 24.7-10) quien gobierne.
Era León Tolstoi quien no se cansaba de afirmar que los Estados son todos corruptos y que la corrupción procede de la detentación del monopolio del poder, mediante los ejércitos y los impuestos. Pero siendo, como era cristiano, renunciaba a la violencia revolucionaria que, llegada al poder, también se corrompería, para volver a empezar. El mundo –según su pensamiento- sólo lo podrán cambiar los cristianos, convirtiéndose uno por uno a Cristo; la única lucha que aceptaba era la resistencia no violenta, como comunicó en algunas de sus cartas al propio Gandhi, cuando éste estuvo en África del Sur. De hecho los protestantes españoles han sido siempre pacifistas. Cuando la sublevación de Franco se produjo, a pesar de que eran todos republicanos, porque sólo la República trajo libertad religiosa al país, solicitaron de Indalecio Prieto, entonces Ministro de Marina, que, los que de ellos fuesen llamados a filas ( porque la guerra parecía ya inevitable), fueran destinados a Sanidad, porque no querían correr el riesgo de “tener que matar a nadie”. Petición que el ministro socialista les concedió. A pesar de lo cuál, muchos fueron fusilados por los “nacionales”, otros tuvieron que exiliarse, y sus templos fueron incautados o saqueados.
El Pastor Bascuñana, que durante su ministerio en Beas, atendía también las iglesias evangélicas de los pueblos de la zona, que en una ocasión durante mis vacaciones, le acompañé en su ronda, me contó que, durante la guerra, fusilaron los nacionales al Pastor Don Esteban de Chiclana del Segura (Jaén), que dejaba ocho hijos y viuda, saqueando la iglesia y confiscando su local, que lo dedicaron para actividades municipales. La presión diplomática de los Estados Unidos, ya que el local era propiedad de una entidad misionera americana, logró que le fuera restituido por orden, al perecer, del propio Franco. Años después, un hermano que visitaba un convento de monjas por razones de trabajo, identificó el órgano y los bancos, reclamándolos insistentemente hasta recuperarlos. Tengo entendido que algunas Capillas las incautaron, pero al estar puestas a nombre de entidades inglesas, se vieron forzados a devolverlas, ante las protestas diplomáticas de los británicos, pero prohibiéndoles practicar en ellas actividades religiosas, estuvieron oficialmente cerradas muchos años hasta que, debido a las continuas presiones que en todos los países protestantes, solía recibir el Ministro de Exteriores, Sr. Castiella y sucesores, el tardofranquismo se vio obligado a promulgar una tímida ley de tolerancia, mas que libertad, religiosa: Ley 44/1967, de 28 de Junio.
Se creó una Comisión de Libertad Religiosa, con representantes de las Confesiones con presencia en España, iglesia Católica incluida, que se reunía en dependencias del Ministerio de Justicia de la Calle de San Bernardo, de Madrid, presidida por un Subsecretario de este Ministerio. Yo estuve presente en las primeras reuniones, junto a los Pbros. Don Ricardo Cerni, Don Rubén Gil y otros que no recuerdo sus nombres, conociendo en ellas al Imán musulmán Don Karam al Kazar (no sé si transcribo bien), que luego ejerció en la Mezquita Basharat, de San Pedro Abad (Córdoba), visible desde la nacional Madrid-Andalucía.
Los cristianos nacidos en libertad, los de menos de treinta años de edad, no sabéis estas cosas. Tampoco los que erais niños cuando el Dictador murió. Los que tenéis menos de cuarenta y pico, no os podéis acordar porque no vivisteis la experiencia, o porque conocisteis el Evangelio siendo ya mayores. Por eso os digo: ¡Preguntad!, ¡investigad!. La iglesia de Roma, la oficialista y jerárquica, y la derecha política son una misma cosa. Mi abuelo decía: “Con ellos no voy, ni a coger monéas de cinco duros”. Preguntó el Apóstol Pedro a Jesús: “Señor,¿cuántas veces perdonaré a mi hermano....? ¿hasta siete?. Y Jesús le respondió: “No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete” (Mateo 18.21,22). Si multiplicamos 70 x 7, nos salen 490 veces. Pero la iglesia oficialista de Roma, es capaz de multiplicar esta cifra no por siete, sino por setenta, y convocar 34.300 manifestaciones al año, o sea: diez manifestaciones diarias, para desbancar un gobierno socialista, con tal de que gobierne el P.P. que acrecentaría sus, todavía grandes, privilegios. Como diría el mismísimo Ortega y Gasset, un señor de derechas, pero de derecha civilizada: “¡Señores, no es esto!”. (Notas 95,96,97)
Si malo es tratar de convertir al Estado, mas quimérico resulta hacer de éste un instrumento de conversión. La Iglesia Catolicorromana lo ha intentado repetidas veces en la historia, con su evangelización a la fuerza, y ya vimos con qué desastrosos resultados.
Las iglesias deben ser anunciadoras, predicadoras, precursoras del Reino de Dios. Si obedecen o mejor dicho, si no se oponen frontalmente al Estado, es por pura obediencia a la Palabra de Dios, no porque creamos los cristianos que en ningún tipo o clase de Estado está la solución a la corrupción, que impide que en esta tierra se haga la voluntad de Dios. Esta voluntad es quebrantada continuamente por todos los Estados y Gobiernos, de todas las naciones.
Otra cosa es que todo ello ocurra, bajo la permisión de Dios, que es quien conduce la historia por caminos o derroteros difíciles de entender.
Naturalmente, no estoy recurriendo al concepto “fatalista” de la historia, porque aunque sea verdad que los Estados y Gobiernos del mundo van contra la voluntad de Dios, no todos lo están con la misma intensidad; o dicho de otra manera, pudiera ser que en determinados momentos, algunos de los Estados, Gobiernos, movimientos cívicos e incluso revolucionarios, pudieran apoyar cambios importantes en la dirección correcta: la de la Justicia, Fraternidad y Solidaridad entre los hombres. Los gobiernos de derechas, nunca. El cristiano, que no puede ser apolítico, deberá apoyar tales avances por pequeños que sean. Lo que debe tener claro es que estos apoyos han de estar, por necesidad imperiosa de la Palabra de Dios, con los pobres y deprimidos de la tierra. Nunca con el Imperio, la Fuerza, el Poder, la Injusticia ni el Becerro de Oro.
Por eso es que las iglesias deberán predicar el Reino a todo el mundo, pero en especial a los pobres, como dijo Jesús: “...es necesario que también a otras ciudades anuncie el evangelio del reino de Dios; porque para esto he sido enviado” (Lucas 4.43), y : “Bienaventurados vosotros los pobres, porque vuestro es el Reino Dios...Mas ¡Ay de vosotros, ricos! Porque ya tenéis vuestro consuelo. ¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados! Porque tendréis hambre, ¡Ay de vosotros, los que ahora reís! Porque lamentaréis y lloraréis” (Lucas 6.20,24,25).
Ya supongo que a los que les va bien, no les gusta este evangelio del Reino, porque les anuncia: “tendréis hambre” y “lamentaréis y lloraréis”; pero a los pobres sí les gusta que el Reino sea para ellos.
Por fin tendrán algo en este mundo.¡Nada menos que el Reino de Dios: “Bienaventurados vosotros, los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios” (Lucas 6.20). “Buscad primeramente el Reino de Dios y su Justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6.33). Y por “Justicia” en esta Escritura, no se refiere sólo, aunque también, a la “Justificación por la Fe”, doctrina eminentemente bíblica, sino también a la “Justicia del Reino”, a la Justicia que hará imposible la entrada al Reino de quienes aquí y ahora, permiten la existencia de sistemas económicos injustos, que hacen que muchos mueran de hambre y de sed, habiendo comida y agua de sobra para todos, en este mundo:
“Apartaos de mí, malditos...porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed y no me disteis de beber” (Mateo 24.42). “Y respondiendo el Rey, les dirá:...en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos mas pequeños, a mí lo hicisteis” (Mateo 24.40).
“Mis hermanos mas pequeños”, así llama Jesucristo a los pobres, a los hambrientos de pan, a los sedientos de agua, a los desnudos con frío y sin techo, a los enfermos sin medicinas ni hospitales, a los emigrantes, a los parados, a los encarcelados injustamente, a todos los que están en los Guantánamos de este mundo.
Porque Jesús se identifica con los débiles y menesterosos, no con los poderosos, solventes y ricos de la tierra. Estos no tendrán parte en el Reino de Dios, por mucho que llenen los bancos y las arcas de las iglesias.
“¡Ay de vosotros escribas y fariseos hipócritas! Porque devoráis las casas de las viudas, y como pretexto hacéis largas oraciones; por esto recibiréis mayor condenación” (Mateo 23.14). Estas cosas las hacen indirectamente, siendo accionistas de bancos usureros, que devoran con sus abusivos intereses, las débiles economías de viudas, huérfanos y trabajadores.
El Reino de los cielos es un reino de Justicia y por eso, es también un reino de Paz. Porque mientras existan estas injusticias sobre la tierra, no podrá haber Paz; habrá guerras, revoluciones, robos, atracos, delincuencia. ¿Por qué existen estas cosas que escandalizan a los buenos y puros ciudadanos?. ¡Porque existe injusticia!. Es mas: Gobiernos y ciudadanos injustos campean por toda la tierra. Exprimen el mundo y sus riquezas en beneficio de unos pocos, dejando en la absoluta miseria a todos los demás.
Estas injusticias no existirán en el Reino de Dios que las iglesias anuncian; y las iglesias tienen la obligación de apoyar, cuantos movimientos surjan en el mundo, en cualquier parte del mundo, que luchen por la Justicia de Dios. Los “hermanos pequeños” de Cristo no deben seguir pasando hambre, sed, ni frío. Nadie tiene derecho a privarles de lo que Dios ha creado en abundancia, para todos. Ha de corregirse la enorme y escandalosa desigualdad que existe, en la distribución de las riquezas.
¿Por qué no tiene suficiente el rico con una buena casa? Pero no. Ellos tienen tres, seis, o mas. ¿Por qué no se dan por satisfechos con un buen trozo de tierra?. No, ellos quieren tener hectáreas y hectáreas de terreno, mas de lo que pueden cultivar con sus propias manos; por eso arriendan el resto a braceros a los que explotan, o los cercan con alambres, para convertirlos en estériles cotos de caza, que les producen pingües beneficios, con el mínimo gasto de un guarda y alguna que otra repoblación forestal y animal. ¿Por qué no le bastan los beneficios de sus negocios?. No. Tienen que aumentarlos mas y mas, reduciendo plantillas, optimizando los recursos, lo que equivale a “falsear los pesos y las balanzas”, disfrazándolo de “ingeniería económica”, de “planificación empresarial” o cuales quiera otros subterfugios modernos, que se usan para encubrir la injusticia económica y social.
No se conforman, como el hombre de la parábola, con “tener sus graneros llenos”. Los echará abajo para construirse otros mas grandes, y poder acumular mas. “Necio –dijo Jesús- esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto.¿de quién será?”(Lucas 12.20).
Porque nada podrás llevarte de este mundo. Todo tienes que dejarlo aquí. Lo malo es que cuando te mueras, habrá muerto también la posibilidad que tuviste de hacer felices a otros, de impartir justicia económica a los demás: tus braceros, tus trabajadores, tus criados, tus vecinos, tus pobres, tus emigrantes. Oportunidad que ya no volverás a tener, de lo que te lamentarás en el infierno, a pesar de tus donativos a la iglesia y tus limosnas miserables, por cuantiosas que sean, para tranquilizar tu conciencia.
Esto es también anunciar el Reino de Dios. Advertir a los ricos de este mundo que –a menos que cambien de actitud- ellos quedarán irremediablemente excluidos, por muchas donaciones que hagan a las iglesias. “Dalo a los pobres”, decía Jesús; “dalo a la Iglesia”, dice la Jerarquía.
Las riquezas no son señal de “triunfo”, como suele creerse entre los que admiten la filosofía americana de la vida, el llamado “sueño americano”, que no es mas que el estúpido triunfo del egoísmo competitivo. Las riquezas suelen ser señal de condenación, de muerte y de exclusión del Reino de los cielos.
Por eso dijo Salomón : “no me des pobreza ni riquezas. Mantenme del pan necesario; no sea que me sacie, y te niegue...o que siendo pobre, hurte, y blasfeme el nombre de mi Dios” (Proverbios 30.8,9).
Quienes tienen riqueza acostumbran a confiar en ellas, a conseguirlo todo por ellas, a no mirar nunca o casi nunca, hacia arriba porque les va bien. Por eso los ricos de este mundo, los “triunfadores”, están llamados a ser los “perdedores” en el Reino de los cielos, que cada día está mas cerca. Hay muy pocas excepciones a esta regla evangélica. Las riquezas suelen ser estigmas de condenación.
No importan que las iglesias del sistema hayan falseado u olvidado esta verdad bíblica, con el fin de atraer hacia sí a los ricos y poderosos de la tierra. Han puesto mas interés en ganarse a los ricos que a los pobres. Algunos, como los primeros jesuitas, pensaban que la prioridad estaba “en ganar a los ricos y así ganarían también a los pobres, que de ellos dependen”. Por eso estuvieron siempre junto a los poderosos, a los que asignaban asientos preferentes en las iglesias, confesores particulares y capellanes familiares.
Así, estas iglesias vendían la gracia, los favores de Dios a aquellos que podían pagarlos. Así, estas iglesias “fornicaban con los reyes, ricos y poderosos de la tierra”.
Abraham, argumentan, era hombre muy rico, dueño de muchos rebaños, que llegó a tener mas de trescientos esclavos nacidos en su casa, con los que formó un ejército para liberar a su sobrino Lot, del poder de algunos reyes de aquellas antiguas ciudades. A pesar de sus riquezas, este jeque es llamado en la Biblia “padre de los creyentes”, y tomado como ejemplo de fe.
Los reyes David, Salomón, Josías, etc., fueron también ricos. En el Nuevo Testamento figuran también personas ricas, como verdaderos creyentes en el Señor Jesucristo. Tales como el centurión a quien el Señor sanó a su hijo, José de Arimatea que cedió el sepulcro en el que Jesús fue sepultado, Cornelio a quien San Pedro predicó el evangelio y bautizó con toda su familia, Filemón a quien San Pablo le reenvió al esclavo huido, Onésimo, rogándole en una carta que le recibiera como a hermano en la fe, y , posiblemente existan otros pocos casos mas, que demuestran que también los ricos, pueden entrar en el Reino de Dios.
Ni que decir tiene, que la fe cristiana volvió a estos hombres ricos en hombres justos, justificándolos Dios, por su gracia, y llegando a ser de aquellos de los que dijo Jesús, que emplearon sus riquezas en hacerse amigos que salieran a recibirlos cuando, a su muerte, fueran hacia Dios (Lucas 16.9).
Pero no nos engañemos. Estos pocos casos, junto a otros que registra la historia, son la excepción que confirman la regla. Y la regla generalizada es que los poderosos y ricos de este mundo, queden fuera, en “las tinieblas de afuera” del Reino de Dios, donde “será el lloro y el crujir de dientes”.
La mayoría de los ricos, si recibieran la invitación de Jesús: “Anda, vende todo lo que tienes y dalo a los pobres. Y tú, ven y sígueme”, responderían como lo hizo el joven rico a quien Jesús se la hizo. “Cuando oyó esto el joven, se fue triste, porque tenía muchas posesiones” (Lucas 18.22-24).
“De cierto os digo, que difícilmente entrará un rico en el Reino de los cielos. Otra vez os digo, que es mas fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el Reino de Dios.” (Mateo 19.23).
“¡Cuán difícilmente entrarán en el Reino de Dios los que tienen riquezas!” (Marcos 10.23,24).
(Notas 98,99) Santiago, una de las columnas de la iglesia primitiva de Jerusalem, hermano del Señor, que presenció e intervino en el comunitarismo cristiano que, durante años, se practicó en aquella iglesia, donde “ ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común...y no había entre ellos ningún necesitado; porque todos los que tenían heredades o casas, y las vendían y traían el precio de lo vendido,...a los pies de los apóstoles; y se repartía a cada uno según su necesidad” (Hechos 4.32-35), este Santiago, escribió en su epístola universal, capítulo 5, versos del 1 al 8, lo siguiente:
“¡Vamos ahora, ricos! Llorad y aullad por las miserias que os vendrán. Vuestras riquezas están podridas...vuestro oro y plata están enmohecidos; y su moho testificará contra vosotros, y devorará del todo vuestras carnes como fuego. Habéis acumulado tesoros para los días postreros. He aquí, clama el jornal de los obreros que han cosechado vuestras tierras, el cual por engaño no les ha sido pagado...y los clamores de los que habían segado han entrado en los oídos del Señor...Habéis vivido en deleites sobre la tierra, y sido disolutos; habéis engordado vuestros corazones como en día de matanza. Habéis condenado y dado muerte al justo, y él no os hace resistencia...tened paciencia hasta la venida del Señor...y afirmad vuestros corazones; porque la venida del Señor se acerca”.
Los ricos de este mundo han engordado tanto con sus riquezas, se han engreído tanto, que ya no caben por la estrecha puerta del Reino de Dios. Es como si quisiéramos ensartar una aguja con una maroma de barco.
Aman tanto a sus riquezas, que no pueden desprenderse ni tan siquiera de una parte de ellas, pensando que algún día las necesitarán.
Por eso su oro y plata “están enmohecidos”; es el moho que crean las cosas que se guardan, que se acumulan, que no circulan; como sus vestidos lujosos que, al decir de Santiago, están “comidos de polilla” (5.2), porque tienen tantos, que no se los pueden poner todos y se les quedan pequeños o se les pasan de moda, y los tienen que tirar.
Si no tienen mas que un cuerpo, ¿para qué tantos vestidos?. Si no tienen mas que dos pies, ¿para qué tantos zapatos?.
La polilla de vuestras ropas y el moho de vuestras monedas, “testificarán contra vosotros” (5.3) por haber acaparado tanto “para el día de mañana”, ”para los días postreros” (5.3).
El jornal que no pagasteis a vuestros trabajadores “clamará ante el Señor” (5.4). ¿Por qué?, diréis. Porque lo pagasteis “con engaño”. Les engañasteis en el precio de su trabajo. Es decir, no le pagasteis el que merecían; os quedasteis con una parte de cada uno, con lo que los economistas llaman “las plusvalías”, gracias a las cuales, aumentabais vuestras ganancias. Porque las plusvalías pertenecen también al trabajador. Pagar el trabajo sin la plusvalía, es no pagarlo o pagarlo “con engaño”. Si cada trabajador recibiese íntegramente el fruto de su trabajo, no habría ricos en la tierra. La plusvalía debe ser entendida como parte del jornal. O –dicho de otra manera- la plusvalía son los beneficios, que también deben repartirse entre los trabajadores, empresarios y gestores del trabajo. Quedarse con ella es robar, legalmente, pero robar, a quienes en verdad, les pertenece.
Quedándoos con los beneficios, habéis aumentado vuestra fortuna, de manera que os ha permitido “vivir en deleites y ser disolutos” (5.5); cosa que no está bien mientras haya escasez y miseria en el mundo. Los deleites y la disolución, siempre son la otra cara de la escasez y estrechura económica de otros.
De esto, también sois culpables delante de Dios, y por esto se os niega la entrada en su Reino.
Y finalmente, cuando algunos se rebelaron contra vuestras injusticias, os habéis amparado en las leyes económicas injustas que legislaron los de vuestra clase, para que vuestros jueces los condenaran a la cárcel y a la misma muerte. Porque el poder, la ley y la fuerza, siguen estando de vuestro lado, para quitar de en medio o aplastar, a quienes protesten de vuestra soterrada violencia. “Habéis condenado y dado muerte al justo” (5.6) a pesar de que –por lo general- el trabajador que pide justicia, no suele levantarse en armas contra vosotros, porque tiene una familia que alimentar, porque necesita que le deis el trabajo, porque no tiene nada acumulado para poder vivir sin que nadie le explote, por estas causas “no os hace resistencia” (5.6).
La iglesia debe predicar a estos trabajadores explotados y encarcelados, el evangelio del Reino. A estos parias de la tierra, ha de decirles: “Hermanos, tened paciencia...afirmad vuestros corazones; porque la venida del Señor se acerca” (5.7,8), porque está cercano el día en el que “ el fuego devorará por completo las carnes de vuestros explotadores” (5.3). Y recuerdo que lo que está en cursiva, son palabras literales de la Biblia.
No os estamos diciendo que “aguantéis”, porque en el mundo venidero vayáis a entrar por vuestro aguante y pobreza. Esto lo decían las iglesias-institucionales a los siervos y labriegos, para que sus amos explotadores pudieran vivir tranquilos, sin vuestra insurrección.
Lo que las iglesias de Jesucristo os están anunciando, es la cercanía del Reino de Dios, el pronto establecimiento del Reino de la Justicia en este mundo, el regreso –esta vez con poder incontestable- de Jesucristo a esta tierra, como tantas veces nos prometió en su Palabra, para poner fin al actual sistema que rige tan injustamente en el planeta, y hacer de vosotros, los pobres, los necesitados, los débiles, los despreciados, los que nada sois en este mundo, los primeros de la lista, los principales ejecutores de la justicia, la paz y el gobierno de su Reino.
El Reino de los cielos está cerca. Creed en Jesucristo, en su poder para hacer nuevas todas las cosas. Nadie de cuantos crean en él, será defraudado. “Levantaos y erguid vuestras cabezas” (Lucas 21.28). El llevó vuestros pecados sobre la cruz, si podéis creer esto, estáis limpios, sólo por la fe en su Persona. Vuestros explotadores quisieron comprar con su dinero el perdón de sus pecados, y acudían a sentarse en los primeros bancos de las iglesias, y las iglesias los bendecían, para agradecerles sus muchos donativos. Pero ahora no es la Iglesia la que manda, ni la que impone su ley. Llega la hora en que el propio Señor Jesucristo vendrá a establecer su Reino, en el que vosotros seréis los primeros, porque bastante habéis sufrido ya por culpa de los ricos y los poderosos de este mundo, que os negaron el pan, el trabajo, la casa digna, el salario decente, y os despreciaron, ignorando vuestras penalidades y hasta vuestra propia existencia.
Agrupaos entre vosotros, no necesitáis iglesias ni clero alguno, juntaos en pequeños grupos, células, reuniones, como queráis llamaros,("Donde estén dos o tres reunidos en mi nombre, allí estaré yo, en medio de ellos") leed y releed el Evangelio, aprended cosas de Jesús, sus palabras, sus hechos; imitad a los primeros grupos cristianos, haced como ellos hacían, compartid, orad solamente a Dios. No tenéis que apuntaros en ninguna parte. Sed cristianos libres, que esperan el Reino de Dios. Apoyad todas las causas justas, nobles y buenas que halléis a vuestro paso. Huid de las iglesias establecidas, de los actos religiosos multitudinarios, de las drogas, del alcohol, de los aborregamientos futboleros, discotequeros, de fans, etc. Sólo en la Palabra de Dios encontraréis el camino para conocerle a él, a su Hijo Jesucristo y al Reino de Dios que se avecina, para dar cumplimiento a lo que pedimos en el Padrenuestro: “venga a nosotros tu Reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra...” (Mateo 6.10).
El Reino de los cielos es lo mas importante de cuanto haya ocurrido o pueda ocurrir en la Historia. Entrar en él, formar parte de él, ser un precursor de él, es el mayor privilegio que se puede tener. Dijo Jesús: “el Reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo” (Mateo 13.44).
Ninguna cantidad de riquezas, honores o bienes que el hombre pueda llegar a poseer, vale ni siquiera una milésima parte, de lo que vale el poder participar en el Reino de Dios.
El comienzo del ministerio de Jesús tiene como tema “el Reino de los cielos”. “...comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el Reino de los cielos se ha acercado” (Mateo4.17).
Y en la sinagoga de Nazaret, donde todos le conocían, leyó y explicó el capítulo 61 del profeta Isaías, que habla del Reino de Dios, concretamente del cumplimiento de una promesa que lo precedería: la Obra del Mesías, por lo que, terminando la lectura, les dijo: “Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros” (Lucas 4.18-22), “el Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto ME HA UNGIDO (esto es el significado de Cristo=Ungido) para DAR BUENAS NUEVAS ( esto significa Evangelio=Buenas Noticias) A LOS POBRES” (vers.18). Cristo ha sido ungido con el Espíritu Santo para anunciar el Evangelio a los pobres, a los abatidos (según Isaías) que, en la exégesis que hace el propio Jesús, son una misma cosa: pobres y abatidos, tirados abajo, vencidos. ¿Quiénes son estos, sino los menesterosos de la tierra?, y la buena nueva es que estos no continuarán mas en esta situación, porque el Reino de Dios está acercándose, está próximo a realizarse, para sanar y vendar a los quebrantados de corazón, a los que sufren las injusticias y los avatares de la vida, para pregonar LIBERTAD A LOS CAUTIVOS, sean cualesquiera las cadenas que les hayan esclavizado, imposibilitándoles para cumplir las ansias de las personas libres. Cristo rompe todas las cadenas, espirituales y materiales, que esclavizan al hombre y, sobre todo, al hombre pobre. Su Reino es de Justicia y Libertad, viene a PONER EN LIBERTAD A LOS OPRIMIDOS (Isaías dice A LOS PRESOS APERTURA DE LA CÁRCEL); Jesús e Isaías dicen una misma cosa: se trata de aquellos que estaban oprimidos por deudas y las pagaban con prisión, porque no podían hacerlas efectivas, careciendo de medios y dinero. El abriría las puertas de las cárceles a estos pobres deudores insolventes, a estos oprimidos del capital sin entrañas. El cancelaría sus deudas con Dios (perdonándoles sus pecados) y sus deudas con los usureros implacables, sencillamente porque sus deudas eran imposibles de pagar; como lo es igualmente la “deuda externa” de los países pobres a los ricos, que no alcanzan a pagar ni siquiera los intereses.
El Reino de Dios iba “a predicar el año agradable del Señor”, en palabras de Isaías “a proclamar el año de la buena voluntad del Señor”, o sea: el año en que tocaba restituir las tierras entregadas como avales o compensaciones de las deudas contraídas con los ricos, usureros o bancos, a sus primitivos dueños, los pobres, para que así, en cada "año de remisión", todo tipo de deudas quedaran perdonadas y la pobreza no se extendiera entre el pueblo del Señor. Cada siete años, los pobres recuperaban sus recursos. El año de remisión establecido por el mismo Dios en el Antiguo Testamento, (Deuteronomio capítulo 15), debiera ser establecido en todos los países de la tierra, como una herramienta eficaz para acabar con la pobreza en el mundo, poniéndole aunque sólo fuese cada siete años, un bozal a las fauces devoradoras del capitalismo, servidor del ídolo Mammón.
El Reino de los cielos, al establecerse en la tierra, acabará con el sistema Capitalista, porque es un sistema demoníaco, dedicado al culto del dios Mammón y a perpetuar la opresión sobre los pueblos y pobres de la tierra. Al “año de remisión”, las Escrituras del Antiguo Testamento lo llaman “año de la buena voluntad del Señor”; lo que significa que este principio de remisión de deudas cada siete años, es algo que agrada al Señor. Ignoramos por qué los países mas ricos y poderosos del mundo, los considerados países cristianos, no lo han implantado en sus sistemas económicos, siendo como son, conforme con la Justicia y la voluntad del Señor: “años agradables a Dios”.
De todas formas, la predicación del Reino que hizo Jesús en la sinagoga de Nazaret, y su comentario al capítulo 61 y siguientes, del libro de Isaías, muestran que “el año de remisión” será establecido en el principio del reino, con la liberación de los oprimidos y presos de la tierra; liberación total y completa del Sistema Capitalista, que pagará con sangre cada moneda robada a los pobres de la tierra.
Porque al “año de remisión” le seguirá “el día de la venganza del Dios nuestro” (Isaías 61.2; 63.4), cuando “con su ira hollará los pueblos, derramando en tierra su sangre” (Isaías 63.6). “¡Oh, si rompieses los cielos y descendieras...!”(Isaías 64.1). ¡Como explicaría Jesús estos textos de Isaías, concernientes a la venida del Reino de Dios a la tierra, la liberación de los pobres, la restauración de Israel, el perdón por su incredulidad, la participación de los gentiles (65.1) en el Reino, y la “creación de nuevos cielos y nueva tierra “(65.17-25)!.., que nos dice Lucas, que los oyentes en la sinagoga “estaban maravillados de las palabras de gracia que salían de su boca” (Lucas 4.22).
A esto están llamadas las iglesias de Jesucristo: a predicar el evangelio del Reino de los cielos. Pero, como dijera Jesús a sus discípulos: “id antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel” (Mateo 10.5,6) , (Mateo15.24) . Ellos tenían el privilegio de oír primero el evangelio, como hijos de Abraham que eran. No fue hasta después, cuando lo rechazaron, que Jesús mandó a los Apóstoles que fueran a predicarlo “a todo el mundo” (Marcos 16.15). Esta fue su orden. Ya tenían no sólo el permiso, sino el mandato de Jesucristo para predicar el Evangelio por todo el mundo. Después de lo cual, el Señor “fue recibido arriba en el cielo, y se sentó a la diestra de Dios” (Marcos 16.19), quedando inaugurado “el tiempo de los gentiles” (Lucas 21.24), “..hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles” (Romanos 11.25), aunque los mismos Apóstoles aun no lo entendieron así, limitándose al principio, a predicarlo sólo a los judíos. Fue preciso que el centurión Cornelio y su casa fueran visitados por San Pedro, que Pedro les predicara el Evangelio y les bautizara; abriendo así las puertas del Reino de los cielos a los gentiles, como Jesucristo se lo había profetizado tiempo atrás, diciéndole: “a ti te daré las llaves del Reino de los cielos” (Mateo 16.19).
Porque esas fueron las llaves que, primero Pedro y luego, todos los discípulos, recibieron del Señor (Mateo 18.18): las del Reino de los cielos. No las de la Iglesia. Las llaves de la Iglesia, no se las ha dado el Señor a nadie. Las tiene y siempre las tendrá el Señor. Por eso dice la Escritura “ y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos” (Hechos 2.47).
La Iglesia vive entre los reinos de este mundo y, cuando ha querido establecer por ella misma el Reino de los cielos, (que sólo puede establecerlo Cristo, en su venida) ha establecido Teocracias Humanas, que han “fornicado” con los reyes, ricos y poderosos de la tierra, por lo que cuando el Reino de Dios venga, ella será juzgada.
La Iglesia experimentaría un gran cambio. Hasta ahora se había circunscrito al pueblo de Israel, al “Qahal”o “Congregación” de Dios, al que pocos gentiles entraron (Naamán el sirio, tal vez la reina de Saba, Ruth la moabita, etc.), pero ahora, tras el rechazo del Mesías y su obra de Redención por la mayor parte de los judíos, la “Ekklesia” se abriría a los gentiles de forma tal, que serían éstos, la mayoría de sus componentes (Mateo 8.11,12).
El viejo olivo de la casa de Abraham, recibiría nuevas ramas de acebuche, de olivo silvestre, que le serían injertadas formando parte de él, ocupando el lugar de las ramas naturales, que fueron cortadas del olivo por su incredulidad (Romanos 11.17-22). Este olivo sería el “ Israel de Dios” ( Gálatas 6.16), (Romanos 4.16; 9.6).
Los judíos que no han creído en Jesucristo, el Hijo de Jehová, el ángel de su Faz, la Palabra de Jehová hecha carne, el Siervo del Altísimo, la Sabiduría de Jehová, el Señor de David, el Ungido de Dios, el Cordero, El Salvador, han sido cortados de la descendencia de Abraham, y así permanecerán, hasta que crean en el Mesías que les fue prometido (Lucas 13.26-30). “..ellos (los judíos), si no permanecieren en incredulidad, serán injertados, pues poderoso es Dios para volverlos a injertar” (Romanos 11.23).
Cosa que sucederá cuando, desde la diestra de Dios, descienda Cristo sobre este mundo, rodeado de sus ángeles y trayendo con él, a cuantos creyentes hayan existido en el mundo, desde Adán hasta ese día; todos resucitados, a los que se unirán los cristianos que vivan sobre la tierra, transformados para poder vivir eternamente, en el Reino que será inaugurado.
Entonces “mirarán a mí, quien traspasaron, y llorarán como el que llora por hijo unigénito” (Zacarías 12.10). “ y luego todo Israel será salvo” (Romanos 11.26). Ramas cortadas del propio olivo de la casa de Israel serán reinjertadas en su propio olivo. La iglesia de Jesucristo y el Israel de Dios serán, entonces, una misma cosa: la Esposa de Cristo, preparándose para las Bodas del Cordero.
Pero el Reino no llegará hasta que “los días de los gentiles se cumplan” (Lucas 21.24), hasta que el último de los gentiles inscritos en el Libro de la Vida del Cordero, haya creído en el Señor: “..hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles” (Romanos 11.26).
Hasta que ese día llegue, las iglesias de Jesucristo deben seguir anunciando el Reino de los cielos. Ninguna Organización o Estructura humana puede hacerlo mejor. La iglesia de Jesucristo, aunque no es el Reino que ha de venir, y que ella misma espera, es en cierto modo, un embrión o semilla del Reino; por eso es que dice la Escritura “el Reino de los cielos , entre vosotros está” (Lucas 17.21). Está en germen, pero nada que ver con los drásticos cambios que habrán de producirse en este mundo, cuando la Justicia de Dios sea plenamente establecida. El Reino de los cielos es incompatible con los reinos de este mundo, “Mi Reino no es de este mundo” dijo Jesús (Juan 18.36), “..entendiendo Jesús que iban a venir para apoderarse de él y hacerle rey, volvió a retirarse al monte él solo” (Juan 6.15). El Reino de los cielos acabará con todos los reinos del mundo, con todas sus corrupciones, necedades e injusticias. El Reino de los cielos está cerca, pero aun no ha llegado; porque su venida será “ como el relámpago que al fulgurar resplandece desde un extremo del cielo hasta el otro” (Lucas 17.24),“ y todo ojo lo verá...” (Apocalipsis 1.7).
Su predicación y anuncio ha sido encomendada a la iglesia de Jesucristo, y no podía ser de otra manera. El Israel carnal estaba incapacitado para realizar esta tarea. “...el Reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él” (Mateo 21.43). No podían ni siquiera entrar en la casa de un gentil, por temor a contaminarse. Una cosa es velar por no dejarte influir por las ideas y costumbres impías y otra muy distinta, es rechazar todo contacto; ni comer con ellos podían. ¿Cómo les iban a anunciar el evangelio de Cristo, de su Mesías o de su Reino?. Para eso habrían de tener amor por el prójimo descarriado, en lugar del pernicioso orgullo de creerse mejores y mas santos que ellos. Incluso a los primeros cristianos, judíos todos, les costó abrirse a los gentiles, y la primera iglesia cristiana de Jerusalem pidió cuentas, responsabilidades, al Apóstol Pedro por haberse atrevido a admitir en la iglesia a la familia romana del centurión Cornelio, por haber osado utilizar las llaves que Jesús le dio para abrir a estos gentiles las puertas del Reino de los cielos. Lo que demuestra que esta primera iglesia, no reconocía en San Pedro ninguna autoridad especial, como pretende Roma.
Y también San Pablo, siendo comisionado especialmente como “apóstol y maestro de los gentiles” (2ª Timoteo 1.11), “..para que yo le predicase entre los gentiles” (Gálatas 1.16), tuvo muchos problemas por parte de los cristianos judíos, aun en las iglesias fuera del territorio de Israel. Estos, aunque eran cristianos, no habían entendido aun que el Reino y su anuncio, les había sido quitado como pueblo de Dios, y entregado a otros que no eran considerados pueblo de Dios: los gentiles, pero que por la gracia de Dios, lo serían (Filipenses 3.2).
Sus mentes estaban confusas y les costaba aceptar la nueva situación de que Israel, ya no era el pueblo de Dios, que habían sido cortados por su incredulidad de la descendencia de Abraham “..si vosotros (gentiles) sois de Cristo,..linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa” (Gálatas 3.29), que Dios había levantado y seguiría levantando muchos hijos a Abraham aún de las propias piedras, piedras vivas con la que se construiría el nuevo Templo de Dios que sería la Iglesia. Por eso guardaban las fiestas del Antiguo Pacto, sus ordenanzas principales, el mismo sábado y también el domingo, el bautismo y la circuncisión, la santa cena o eucaristía, y también la pascua. Además, creían que los gentiles conversos tenían que hacer lo mismo. Costó mucha tinta al Apóstol Pablo y muchas visitas y palabras, para convencerles de que las cosas habían cambiado. El mismo Templo de Jerusalem tuvo que ser destruido y la iglesia de aquella ciudad perseguida, para obligarles a pensar que Pablo tenía razón, que Israel como nación, no volvería a ser el pueblo de Dios hasta que se convirtieran al Mesías, que taladraron por manos de inicuos, crucificándole.
No estaba Israel preparado para la tarea de anunciar a los gentiles el Reino de Dios.
Aunque en su gracia, Dios le haya reservado en esta tarea, un papel especial para gloria de su Nombre en los sucesos finales de la historia, cuando el Reino de Dios esté siendo establecido: Doce mil hebreos de cada tribu, de las doce que componen el pueblo de Israel, serán sellados en sus frentes con el nombre del Padre y el de su Hijo, al que por tantos siglos han rechazado (Apocalipsis cap.7 y cap. 14).
Esto, que para los judíos ortodoxos constituye toda una blasfemia, será la marca celestial que distinguirá a estos 144.000 israelitas cristianos, que acompañarán al Cordero de Dios por todos los lugares de la tierra y de los cielos por donde Jesucristo vaya, para disponer y ejecutar cuanto deba hacerse para que el Reino sea efectivo.
De modo que el privilegio de anunciar el Reino de Dios dado a la Iglesia, al final de los días, será compartido con Israel, por cuanto siendo doce las tribus y siendo doce mil los tomados de cada una de ellas, es tanto como decir “todo”, “doce por doce”, “Israel completo”, o la “completa representación de Israel”. Pero hay una diferencia: Estos, siendo “redimidos de entre los hombres como primicias para Dios y para el Cordero” (14.4) y siendo santificados de toda mancha, sí que están preparados para, partiendo del monte de Sión en Jerusalem (14.1), “seguir al Cordero a todo lugar” (14.4) anunciando y estableciendo el Reino, entre la última generación de la raza humana. Este Israel “completo”, de doce mil por cada una de las doce tribus, hará lo que a sus antepasados les fue vedado por su rechazo al Mesías.
Israel y la Iglesia estarán representados por doce Ancianos cada uno. Los verdaderos creyentes de los tiempos del Antiguo Pacto, por un Anciano por cada tribu y los verdaderos creyentes de los tiempos del Nuevo Pacto, por los Doce Apóstoles de Cristo. Esta santa corporación de 24 Ancianos, tendrá un papel relevante en el todavía futuro, pero cada día mas cercano, Reino de Dios.
Muchos y grandes acontecimientos tendrán lugar, por aquellos años de las últimas generaciones de la humanidad. Guerras de los Gobiernos Humanos contra Cristo, porque no le entregarán el poder que detentan desde siglos, ni estarán los poderosos dispuestos a renunciar a sus privilegios, en los que vivieron durante generaciones. Batallas y Alianzas, como sucede hoy, pero mas mortíferas, porque serán decisivas. Satanás actuará aun mas claramente que actúa hoy, porque sabrá que le queda poco tiempo. Persecuciones contra los creyentes que vivan en la tierra por aquellos días, marcas de la Bestia para conocer a los adictos o partidarios del Sistema, exclusión social de los que no se le sometan, hasta el punto de que “no podrán comprar ni vender” (Apocalipsis 13.17) no sólo cosas, sino hasta la misma fuerza de su trabajo, si no están registrados en sus ficheros, si no llevan “la marca de la Bestia escrita en sus frentes”, si no piensan igual que ella.
Batallas parciales aquí y allá, avances y retrocesos, castigos ejemplarizantes y plagas diversas, “ángeles anunciando el Evangelio” (cosa no vista jamás antes), el Cristo del amor “salpicado de la sangre de sus enemigos manifiestos”, eventos que no hay palabras en el Diccionario para describirlos con exactitud, todo lo cual, intuyen los estudiosos del Apocalipsis de San Juan y de esos otros Apocalipsis parciales, que escribieron los profetas del Antiguo Testamento, pero que, por tratarse de profecías, son hoy difíciles de entender completamente. Por eso hay divergencias a la hora de interpretar con exactitud estos hechos y, sobre todo, a la hora de establecer una cronología exacta de los mismos. Lo que no significa que las iglesias de Jesucristo no deban estudiarlos, porque ¿Cómo podrán entonces, anunciar el Reino de Dios, todavía venidero?. Las iglesias harán bien estando atentas “ a la palabra profética mas segura....como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca” (2ª Pedro 1.19). ¡No podemos estar eternamente con el libro del Apocalipsis cerrado!. Si persistimos en esta ignorancia voluntaria, se cumplirán todas las profecías sin que lleguemos nunca a enterarnos. ¿Para qué, entonces, se molestó el Señor Jesucristo en revelárselo a Juan?. No es el libro central de la Biblia, pero sí el que la cierra. Con cuidado, pero la iglesia debe estudiarlo como Palabra de Dios, por muchos siglos que lleve empolvado, quizá por el abuso que hicieron de él las antiguas y modernas sectas.
No anunciamos una historia fantástica. Anunciamos el Reino de Dios y decimos lo que sabemos acerca de su venida y establecimiento, como resumía el propio Apóstol Pablo a la iglesia de Jesucristo de la ciudad de Corinto: “Luego ( después de la primera resurrección) el fin, cuando entregue (Cristo) el Reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido (eliminado) todo dominio (todos los Estados, Gobiernos, todos los ejércitos, todos los poderes fácticos y económicos que han esclavizado desde siempre, a unos hombres dominados por otros, dominadores), toda autoridad y potencia (entonces comprenderán los creyentes que Dios “puso a las autoridades”, o las permitió, a consecuencia del pecado; como algo que, siendo intrínsecamente malo, era menos malo que dejarlos sin ninguna. Si el hombre no hubiera pecado, no hubieran existido nunca los reyes , los Estados, los Gobiernos etc., porque sólo Dios tiene derecho a ejercer la Autoridad; cualquiera que, (Notas 100,101) siendo hombre, la ejerce, se corrompe inevitablemente. Oí decir a mi abuelo, anarquista cristiano: “O Dios mesmo mos gobierna, o no mos gobierna naide”. “Porque preciso es que él (Cristo) reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies (aquí tendríamos que hacer una larga lista de los enemigos que, durante el comienzo de su Reino, Jesucristo tendrá que someter totalmente, ponerlos “debajo de sus pies”(1ª Corintios 15.25). Y no sólo son personas físicas, sino instituciones y organizaciones políticas, religiosas, económicas, etc. Jesucristo, comenzando a reinar, tendrá que “pisotear” a todos sus enemigos. Otros lugares de la Escritura nos presentan a Cristo con sus pies y vestidos manchados, por pisar el lagar de su ira) “ y el postrer enemigo que será destruido es la muerte” (vers. 26), (es el último enemigo, pero será quitada. Para que esto sea posible, es necesario que sean anulados sus efectos para siempre. Ello incluye necesariamente que todos cuantos sucumbieron por ella, todos los cuerpos muertos, volverán a vivir. Unos de una manera y otros de otra. Unos con y otros sin Dios, pero todos existirán por siempre, porque la muerte, el último de sus enemigos, será destruida). “Porque todas las cosas las sujetó debajo de sus pies. Y cuando dice que todas las cosas han sido sujetadas a él (Cristo) claramente se exceptúa aquel (el Padre) que sujetó a él todas las cosas. Pero luego que todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos” (1ª Corintios 15.24-28).
Este es el resumen que hace el Apóstol Pablo del establecimiento del Reino de Dios en esta tierra.
Entiendo que para muchos, creer en este Reino, sea una auténtica locura, como también era “locura” la palabra de la cruz, es decir, creer que, por la muerte del Señor durante su primera venida, los creyentes en él y en su sacrificio, pudieran tener el perdón de sus pecados y la vida eterna. San Pablo lo definía diciendo que “la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; mas a los que se salvan,... es potencia de Dios” (1ª Corintios 1.18). Y Jesús creía firmemente en el Reino de Dios. Por eso lo explicó en muchísimas de sus parábolas, por eso lo anunció y por eso nos ordenó que siguiéramos anunciándolo, hasta que él regresara para establecerlo sobre la tierra, acompañado de sus ejércitos de ángeles. Nos prometió que “vendría otra vez”(Juan 14.3), aunque se preguntaba si cuando esto ocurriera, hallaría fe en la tierra: “..cuando venga el Hijo del Hombre,¿hallará fe en la tierra?”(Lucas 18.8). Tal era el panorama de incredulidad en su Reino que él, ya entonces, percibía.
Así que, aunque no tengamos la absoluta certeza del orden cronológico de los acontecimientos, ni su alcance literal y material, que estos tendrán en su venida, sí que podemos anunciar lo que sabemos de este Reino, lo que de él está revelado en las Escrituras. Pero, para que las iglesias de Jesucristo puedan cumplir con semejante tarea, es necesario no tener miedo de las Iglesias-institucionales, las que presumen de serias y de bien organizadas, las que se encuentran a gusto con el papel dominguero y la función estabilizadora que han asumido ante la sociedad actual, con la que los cristianos libres no estamos nada de acuerdo y a la que, todo lo pacíficamente que nos sea posible, nos oponemos y queremos cambiar por otra, que sea mas justa y solidaria con los pobres y desfavorecidos del mundo, como Cristo nos enseñó. Es a ellos a quienes preferentemente, hemos de dirigirnos, para anunciarles las esperanzas que el Reino de Dios les ofrece, para instarles a que crean, porque es posible vencer a la Bestia poderosa que sostiene al Capitalismo internacional, es posible hacer pedazos al Becerro de Oro y reírse de sus adoradores, es posible “darle a beber el doble” (Apocalipsis 18.6) de lo que la Gran Ramera les dio a beber a ellos.
Estamos en la buena dirección. Nada importa que las iglesias del sistema nos acusen de ser los nuevos “iluminados”, nos etiqueten de pre o post milenaristas, o de revolucionarios procomunistas, prosocialistas, proanarquistas, u otros “istas”. Tampoco debe preocuparnos que algunos nos acusen de sectarios, porque no lo somos; simplemente no queremos que las filacterias aten nuestras manos y no nos dejen actuar “mientras el día dure” (Juan 9.4). Aceptamos las Confesiones consideradas católicas, como el Símbolo Apostólico o Credo, y el de Nicea; las Confesiones prerreformadas como la Valdense; las reformadas como la de Heidelberg, la Belga, Westminster y Dort. Pero sobre todos estos testimonios históricos de la fe cristiana, creemos en las Santas Escrituras como única e infalible palabra de Dios, escritas por los profetas y Apóstoles, inspirados por el Espíritu Santo. Y si esto es herético, responderemos como San Pablo que, “conforme al Camino que ellos llaman herejía, así sirvo al Dios de mis padres, creyendo todas las cosas que en la ley y en los profetas están escritas” (Hechos 24.14).
En lo que no creemos, es que la iglesia de Jesucristo tenga que apuntalar el sistema económico reinante en el mundo, por cuanto, a todas luces, es un sistema injusto, que esparce el hambre y la miseria sobre el 80% de la humanidad, malversando los recursos que Dios ha creado, y los distribuye aun peor; y que calle o tranquilice su conciencia mediante donativos , limosnas y O.N.Gs, pero sin tocar la causa, el corazón mismo de tanta injusticia: el endiablado Sistema Capitalista.
Pero las iglesias pertenecen al sistema, los que se sientan en sus cómodos y calefactados bancos, bienvestidos y biencomidos, son señores y señoras capitalistas. Los togados sacerdotes y pastores, que se suben a sus elevados púlpitos y pronuncian sus elegantes y bien escritas homilías, son también señores capitalistas, y sus sueldos los reciben de sus Misiones, Gobiernos e Iglesias capitalistas.
Por eso suelen apoyar las guerras económicas, que sus Estados capitalistas promueven bajo las mas pueriles excusas. Hoy, las mas usadas son “luchar contra el terrorismo” y “defender la democracia”. Y el cristianito santurrón, que suele ser “analfabeto político”, acepta sin mas, las mentiras de su gobierno, e incluso ora a Dios, para que bendiga a sus propios soldados, que han invadido impunemente a otros países lejanos.
En eso se han convertido las iglesias del sistema: en cómplices silenciosos, de las guerras de los poderosos contra los débiles. La sangre de los pobres de la tierra, será vengada por Jesucristo, cuando destruya los ejércitos que la derramaron; no importa si la sangre es cristiana, musulmana, budista o atea: es sangre del pobre, y Jehová pedirá cuenta por cada gota de ella, al sistema capitalista que la derramó.
No me extraña que las iglesias oficiales, clericales, jerárquicas, en resumen: del Sistema, no quieran involucrarse en la predicación del Reino de Dios, porque ellas, también tendrán entonces, que dar cuentas por la mucha parte que les toca, en el mantenimiento de la Injusticia sobre la tierra.
Las Iglesias cristianas oficialistas del sistema, serán juzgadas a pesar de sus Biblias, ceremonias, templos y salmodias, como lo fue el viejo Israel incrédulo, que rechazó al Mesías, a pesar de su ley, su Templo, sus diezmos y sacrificios. Uno y otra, serán extirpados del Reino de los cielos, y echados fuera, donde será “el lloro y el crujir de dientes”; por lo que hay que decirles a los verdaderos cristianos que aun quedan dentro de ellas: “Salid de ella (de la Iglesia del Sistema) pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis de sus plagas”. Huid como el que sale de Sodoma, sin mirar hacia atrás, para que la ira de Dios contra la Injusticia y los que la consienten, no os alcance.
Así que concluimos este tema afirmando que la diferencia entre las iglesias libres y las que no lo son, por estar sujetas a los intereses económico-políticos de las organizaciones eclesiásticas a las que pertenecen, no están básicamente en las teologías que sostienen, sino en la praxis. En una misma Confesión o denominación cristiana, sea la que sea, desde las mas liberales a las mas ortodoxas en teología, pueden haber iglesias y cristianos libres, que se consideran fuera de toda jerarquía y organización, al mismo tiempo que iglesias dóciles, miméticas, sometidas por completo a los cánones disciplinarios-jerárquicos-administrativos de la propia denominación.
La sumisión servil, puede ser el resultado de una domesticada conciencia, sufrida desde la infancia por el sistema educativo-catequésico recibido, o por intereses personalistas, económicos o de prestigio, que ofrece el ser hijos obedientes de la tal iglesia o denominación.
No es pues, de extrañar la aseveración popular de que “en todas partes cuecen habas”, por lo que hay que estar muy atentos en nuestro “discernir espiritualmente”(1ª Corintios 2.14), antes de calificar como “hermanos” a cualquiera que comparta contigo una misma denominación, y como “hereje”, a quien pertenezca a otra. Solamente el Señor “conoce a los que son suyos” (2ª Timoteo 2.19). He conocido a ateos que, como al Escriba que preguntó por el mas grande mandamiento, también Jesús podría responderle; “no estás lejos del Reino de Dios” (Marcos 12.34) y a santurrones come-biblias o besa-santos, que se consideran tan cercanos a Dios, que no soportan el menor contacto con sus prójimos herejes, comunistas, sodomitas, drogadictos y demás carne de condenación (1ª Juan 4.20).
Ningún cristiano puede ir por la vida diciendo o pensando, “apártate, que soy mas santo que tú”. Al final, son los hechos y no las palabras, los que se imponen revelando la realidad. Un cristiano no debe enclaustrarse. Como anunciador del Reino de los cielos, ha de comprometerse con todo lo bueno y justo para hacerlo prosperar y, por el contrario, ha de luchar contra todo tipo de maldad y de injusticia, con cuantos métodos pacíficos tenga a su alcance. Esta es una buena manera de allanar el camino, de quitar las piedras y enderezar las veredas, para el advenimiento del Reino de Dios, del que la iglesia de Jesucristo es precursora. Y aquí es donde radica la diferencia entre las iglesias libres y las que no lo son: en la práctica.
No estoy hablando del activismo alocado, propio de la mentalidad americana, en el que al creyente le falta literalmente el tiempo para acudir a las actividades programadas de la iglesia: cultos en domingo y entresemana, reuniones de mujeres, de jóvenes, de catequesis, de escuela dominical, de oración, de colaboración con las misiones, de ropero, y un largo etcétera, capaz de convertirnos en cristianos superocupados y repletos de santidad estresada. Esto, nos habrá tenido entretenidos, pero no habrá aumentado la justicia en la tierra, ni disminuido la iniquidad.
Estas cosas ayudarán a crear cristianos beatos y santurrones, pero no a hacer de esta tierra un mundo mejor donde pueda morar la Justicia. Mientras sigamos empecinados en separar e incluso contraponer, la doctrina fundamental para el cristianismo, “la Justificación por la sola fe”, redescubierta por la Reforma, y la Justicia del Reino de los cielos, seguiremos siendo cristianos miopes, cristianos infantiles incapaces de digerir mas que leche; seguiremos siendo cristianos, con un conjunto de sanísimas doctrinas bíblicas que exponer y enseñar, pero cristianos inoperantes para el Reino. Seguiremos siendo cristianos inconsecuentes, puesto que al orar con el Padrenuestro, deberíamos rectificarlo, y decirlo así: “Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre. No venga a nosotros tu Reino, sino llévanos a él. Hágase tu voluntad en el cielo, pero permite que la nuestra se siga haciendo en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy, pero no nos hagas compartirlo. Perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores y sólo les cobramos los legítimos intereses. Y no nos dejes caer en la tentación de querer seguirte, mas líbranos del mal, sin tener que luchar contra él. Amén. Así sea, para que ocurra lo que ocurra en el mundo, yo y los míos, podamos seguir tranquilos.”
Pero lo cierto es que el Reino de Dios vendrá a la tierra y será establecido para siempre en este planeta; y la actual humanidad, la mas avanzada, desarrollada, educada y tecnificada que ha existido, sigue sin estar preparada para recibirlo. Y la actual Iglesia, mas preparada, mas establecida, mas rica y poderosa que nunca, tampoco está preparada para recibirlo. Es mas, no quiere realmente que el Reino de Dios venga y, si después de todo, ha de venir, que tarde lo mas posible.
La última oración de la Biblia es ésta: “Sí, ven, Señor Jesús”(Apocalipsis 22.20). Pero la Iglesia no quiere que venga por dos razones: porque el Juicio comenzará por ella y porque no está haciendo nada para adelantarlo, para prepararle el camino. Y ambas cosas, teme. Está llena de estupor y de miedo.
No hay gozo ni alegría ante el regreso de su Señor “porque sus pecados han llegado hasta el cielo, y Dios se ha acordado de sus maldades....porque dice en su corazón: Yo estoy sentada como reina...por lo cual en un solo día vendrán sus plagas; muerte, llanto y hambre, y será quemada con fuego; porque poderoso es Dios el Señor, que la juzga. Y los reyes de la tierra que han fornicado con ella, y con ella vivido en deleites, llorarán y harán lamentación sobre ella, cuando vean el humo de su incendio” (Apocalipsis 18.5-9).
Ha formado parte del sistema establecido, arrimándose siempre al poderoso, predicando resignación ante las injusticias, y como medio de repararlas, predicaba las limosnas y la caridad, entendida ésta como lástima y piedad hacia los pobres. Ha apoyado siempre a las dictaduras cuando eran de inspiración cristiana, condenándolas cuando eran de inspiración comunista o socialista. Y en los sistemas capitalistas de las democracias formales, se ha sentido a gusto, asumiendo su tradicional función de apoyar la formación de “buenos ciudadanos”, es decir “ciudadanos conformistas” que respeten el orden de cosas establecido sin rechistar, que no se pregunten las causas por las que sus gobiernos declaran o participan en guerras, ni cuestionen los presupuestos llamados de “defensa”, ni protesten cuando mengüen los destinados a “seguridad social” que, en Estados Unidos, llaman de “beneficencia”, ni exijan a sus países que cumplan con lo pactado internacionalmente, de destinar el 0´7% del PIB, producto interior bruto, para mitigar el hambre del mundo, ni preguntan cómo emplean sus gobiernos los “fondos para ayuda al desarrollo”, ni por qué la educación y la sanidad no llega a los estratos bajos de la sociedad, ni tampoco se preguntan por qué han de existir los marginados, los pobres excluidos, en medio de una sociedad opulenta. Las iglesias del sistema ayudan a los Gobiernos adormeciendo las conciencias, esparciendo el opio religioso sobre los pueblos considerados cristianos. Los Estados a su vez, subvencionan de mil maneras a estas iglesias. Ambos se lavan las espaldas mutuamente y ambos ignoran a quienes Cristo definió como sus "hermanos mas pequeños", los pobres de la tierra, traicionándolos y vendiéndolos como hizo Judas con Jesús, antes de saludarle con su beso. La hipocresía de las iglesias del sistema es espeluznante.
Estas iglesias están desconectadas del Reino de los cielos. Ni lo anuncian, ni desean que venga, ni están dispuestas a trabajar por su adelantamiento, creando o ayudando a crear, las condiciones mas propicias para su advenimiento.
Mientras mas alejado esté el mundo actual de la Justicia, mas fuerte será el impacto de la venida del Reino. Mas dura y violenta será su implantación. Mas radicales serán las medidas que Dios deberá tomar, mas sangre se tendrá que derramar y mayor será el llanto y sufrimiento del Primer mundo, del mundo rico. Antes de que el Señor venga, este “Evangelio del Reino” debe ser predicado en todo el mundo (Mateo 24.14), no sólo para traer la salvación a muchos, sino también para evitar grandes males a otros. Estas cosas las saben las iglesias del sistema, porque la Biblia habla abundantemente sobre ellas. Pero, en lugar de hacerlas por ellas mismas, han inventado otro medio para no involucrarse, al tiempo que no desobedecer abiertamente al Señor. En realidad no es un invento original, porque lo han copiado del sistema capitalista en el que están inmersas. (Esta Entrada contiene desde la Sección 12 hasta la 22. Para continuar leyendo la Sección 23 de este Libro haga CLIC en "Entradas antiguas)
“¡Vamos ahora, ricos! Llorad y aullad por las miserias que os vendrán. Vuestras riquezas están podridas...vuestro oro y plata están enmohecidos; y su moho testificará contra vosotros, y devorará del todo vuestras carnes como fuego. Habéis acumulado tesoros para los días postreros. He aquí, clama el jornal de los obreros que han cosechado vuestras tierras, el cual por engaño no les ha sido pagado...y los clamores de los que habían segado han entrado en los oídos del Señor...Habéis vivido en deleites sobre la tierra, y sido disolutos; habéis engordado vuestros corazones como en día de matanza. Habéis condenado y dado muerte al justo, y él no os hace resistencia...tened paciencia hasta la venida del Señor...y afirmad vuestros corazones; porque la venida del Señor se acerca”.
Los ricos de este mundo han engordado tanto con sus riquezas, se han engreído tanto, que ya no caben por la estrecha puerta del Reino de Dios. Es como si quisiéramos ensartar una aguja con una maroma de barco.
Aman tanto a sus riquezas, que no pueden desprenderse ni tan siquiera de una parte de ellas, pensando que algún día las necesitarán.
Por eso su oro y plata “están enmohecidos”; es el moho que crean las cosas que se guardan, que se acumulan, que no circulan; como sus vestidos lujosos que, al decir de Santiago, están “comidos de polilla” (5.2), porque tienen tantos, que no se los pueden poner todos y se les quedan pequeños o se les pasan de moda, y los tienen que tirar.
Si no tienen mas que un cuerpo, ¿para qué tantos vestidos?. Si no tienen mas que dos pies, ¿para qué tantos zapatos?.
La polilla de vuestras ropas y el moho de vuestras monedas, “testificarán contra vosotros” (5.3) por haber acaparado tanto “para el día de mañana”, ”para los días postreros” (5.3).
El jornal que no pagasteis a vuestros trabajadores “clamará ante el Señor” (5.4). ¿Por qué?, diréis. Porque lo pagasteis “con engaño”. Les engañasteis en el precio de su trabajo. Es decir, no le pagasteis el que merecían; os quedasteis con una parte de cada uno, con lo que los economistas llaman “las plusvalías”, gracias a las cuales, aumentabais vuestras ganancias. Porque las plusvalías pertenecen también al trabajador. Pagar el trabajo sin la plusvalía, es no pagarlo o pagarlo “con engaño”. Si cada trabajador recibiese íntegramente el fruto de su trabajo, no habría ricos en la tierra. La plusvalía debe ser entendida como parte del jornal. O –dicho de otra manera- la plusvalía son los beneficios, que también deben repartirse entre los trabajadores, empresarios y gestores del trabajo. Quedarse con ella es robar, legalmente, pero robar, a quienes en verdad, les pertenece.
Quedándoos con los beneficios, habéis aumentado vuestra fortuna, de manera que os ha permitido “vivir en deleites y ser disolutos” (5.5); cosa que no está bien mientras haya escasez y miseria en el mundo. Los deleites y la disolución, siempre son la otra cara de la escasez y estrechura económica de otros.
De esto, también sois culpables delante de Dios, y por esto se os niega la entrada en su Reino.
Y finalmente, cuando algunos se rebelaron contra vuestras injusticias, os habéis amparado en las leyes económicas injustas que legislaron los de vuestra clase, para que vuestros jueces los condenaran a la cárcel y a la misma muerte. Porque el poder, la ley y la fuerza, siguen estando de vuestro lado, para quitar de en medio o aplastar, a quienes protesten de vuestra soterrada violencia. “Habéis condenado y dado muerte al justo” (5.6) a pesar de que –por lo general- el trabajador que pide justicia, no suele levantarse en armas contra vosotros, porque tiene una familia que alimentar, porque necesita que le deis el trabajo, porque no tiene nada acumulado para poder vivir sin que nadie le explote, por estas causas “no os hace resistencia” (5.6).
La iglesia debe predicar a estos trabajadores explotados y encarcelados, el evangelio del Reino. A estos parias de la tierra, ha de decirles: “Hermanos, tened paciencia...afirmad vuestros corazones; porque la venida del Señor se acerca” (5.7,8), porque está cercano el día en el que “ el fuego devorará por completo las carnes de vuestros explotadores” (5.3). Y recuerdo que lo que está en cursiva, son palabras literales de la Biblia.
No os estamos diciendo que “aguantéis”, porque en el mundo venidero vayáis a entrar por vuestro aguante y pobreza. Esto lo decían las iglesias-institucionales a los siervos y labriegos, para que sus amos explotadores pudieran vivir tranquilos, sin vuestra insurrección.
Lo que las iglesias de Jesucristo os están anunciando, es la cercanía del Reino de Dios, el pronto establecimiento del Reino de la Justicia en este mundo, el regreso –esta vez con poder incontestable- de Jesucristo a esta tierra, como tantas veces nos prometió en su Palabra, para poner fin al actual sistema que rige tan injustamente en el planeta, y hacer de vosotros, los pobres, los necesitados, los débiles, los despreciados, los que nada sois en este mundo, los primeros de la lista, los principales ejecutores de la justicia, la paz y el gobierno de su Reino.
El Reino de los cielos está cerca. Creed en Jesucristo, en su poder para hacer nuevas todas las cosas. Nadie de cuantos crean en él, será defraudado. “Levantaos y erguid vuestras cabezas” (Lucas 21.28). El llevó vuestros pecados sobre la cruz, si podéis creer esto, estáis limpios, sólo por la fe en su Persona. Vuestros explotadores quisieron comprar con su dinero el perdón de sus pecados, y acudían a sentarse en los primeros bancos de las iglesias, y las iglesias los bendecían, para agradecerles sus muchos donativos. Pero ahora no es la Iglesia la que manda, ni la que impone su ley. Llega la hora en que el propio Señor Jesucristo vendrá a establecer su Reino, en el que vosotros seréis los primeros, porque bastante habéis sufrido ya por culpa de los ricos y los poderosos de este mundo, que os negaron el pan, el trabajo, la casa digna, el salario decente, y os despreciaron, ignorando vuestras penalidades y hasta vuestra propia existencia.
Agrupaos entre vosotros, no necesitáis iglesias ni clero alguno, juntaos en pequeños grupos, células, reuniones, como queráis llamaros,("Donde estén dos o tres reunidos en mi nombre, allí estaré yo, en medio de ellos") leed y releed el Evangelio, aprended cosas de Jesús, sus palabras, sus hechos; imitad a los primeros grupos cristianos, haced como ellos hacían, compartid, orad solamente a Dios. No tenéis que apuntaros en ninguna parte. Sed cristianos libres, que esperan el Reino de Dios. Apoyad todas las causas justas, nobles y buenas que halléis a vuestro paso. Huid de las iglesias establecidas, de los actos religiosos multitudinarios, de las drogas, del alcohol, de los aborregamientos futboleros, discotequeros, de fans, etc. Sólo en la Palabra de Dios encontraréis el camino para conocerle a él, a su Hijo Jesucristo y al Reino de Dios que se avecina, para dar cumplimiento a lo que pedimos en el Padrenuestro: “venga a nosotros tu Reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra...” (Mateo 6.10).
El Reino de los cielos es lo mas importante de cuanto haya ocurrido o pueda ocurrir en la Historia. Entrar en él, formar parte de él, ser un precursor de él, es el mayor privilegio que se puede tener. Dijo Jesús: “el Reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo” (Mateo 13.44).
Ninguna cantidad de riquezas, honores o bienes que el hombre pueda llegar a poseer, vale ni siquiera una milésima parte, de lo que vale el poder participar en el Reino de Dios.
El comienzo del ministerio de Jesús tiene como tema “el Reino de los cielos”. “...comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el Reino de los cielos se ha acercado” (Mateo4.17).
Y en la sinagoga de Nazaret, donde todos le conocían, leyó y explicó el capítulo 61 del profeta Isaías, que habla del Reino de Dios, concretamente del cumplimiento de una promesa que lo precedería: la Obra del Mesías, por lo que, terminando la lectura, les dijo: “Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros” (Lucas 4.18-22), “el Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto ME HA UNGIDO (esto es el significado de Cristo=Ungido) para DAR BUENAS NUEVAS ( esto significa Evangelio=Buenas Noticias) A LOS POBRES” (vers.18). Cristo ha sido ungido con el Espíritu Santo para anunciar el Evangelio a los pobres, a los abatidos (según Isaías) que, en la exégesis que hace el propio Jesús, son una misma cosa: pobres y abatidos, tirados abajo, vencidos. ¿Quiénes son estos, sino los menesterosos de la tierra?, y la buena nueva es que estos no continuarán mas en esta situación, porque el Reino de Dios está acercándose, está próximo a realizarse, para sanar y vendar a los quebrantados de corazón, a los que sufren las injusticias y los avatares de la vida, para pregonar LIBERTAD A LOS CAUTIVOS, sean cualesquiera las cadenas que les hayan esclavizado, imposibilitándoles para cumplir las ansias de las personas libres. Cristo rompe todas las cadenas, espirituales y materiales, que esclavizan al hombre y, sobre todo, al hombre pobre. Su Reino es de Justicia y Libertad, viene a PONER EN LIBERTAD A LOS OPRIMIDOS (Isaías dice A LOS PRESOS APERTURA DE LA CÁRCEL); Jesús e Isaías dicen una misma cosa: se trata de aquellos que estaban oprimidos por deudas y las pagaban con prisión, porque no podían hacerlas efectivas, careciendo de medios y dinero. El abriría las puertas de las cárceles a estos pobres deudores insolventes, a estos oprimidos del capital sin entrañas. El cancelaría sus deudas con Dios (perdonándoles sus pecados) y sus deudas con los usureros implacables, sencillamente porque sus deudas eran imposibles de pagar; como lo es igualmente la “deuda externa” de los países pobres a los ricos, que no alcanzan a pagar ni siquiera los intereses.
El Reino de Dios iba “a predicar el año agradable del Señor”, en palabras de Isaías “a proclamar el año de la buena voluntad del Señor”, o sea: el año en que tocaba restituir las tierras entregadas como avales o compensaciones de las deudas contraídas con los ricos, usureros o bancos, a sus primitivos dueños, los pobres, para que así, en cada "año de remisión", todo tipo de deudas quedaran perdonadas y la pobreza no se extendiera entre el pueblo del Señor. Cada siete años, los pobres recuperaban sus recursos. El año de remisión establecido por el mismo Dios en el Antiguo Testamento, (Deuteronomio capítulo 15), debiera ser establecido en todos los países de la tierra, como una herramienta eficaz para acabar con la pobreza en el mundo, poniéndole aunque sólo fuese cada siete años, un bozal a las fauces devoradoras del capitalismo, servidor del ídolo Mammón.
El Reino de los cielos, al establecerse en la tierra, acabará con el sistema Capitalista, porque es un sistema demoníaco, dedicado al culto del dios Mammón y a perpetuar la opresión sobre los pueblos y pobres de la tierra. Al “año de remisión”, las Escrituras del Antiguo Testamento lo llaman “año de la buena voluntad del Señor”; lo que significa que este principio de remisión de deudas cada siete años, es algo que agrada al Señor. Ignoramos por qué los países mas ricos y poderosos del mundo, los considerados países cristianos, no lo han implantado en sus sistemas económicos, siendo como son, conforme con la Justicia y la voluntad del Señor: “años agradables a Dios”.
De todas formas, la predicación del Reino que hizo Jesús en la sinagoga de Nazaret, y su comentario al capítulo 61 y siguientes, del libro de Isaías, muestran que “el año de remisión” será establecido en el principio del reino, con la liberación de los oprimidos y presos de la tierra; liberación total y completa del Sistema Capitalista, que pagará con sangre cada moneda robada a los pobres de la tierra.
Porque al “año de remisión” le seguirá “el día de la venganza del Dios nuestro” (Isaías 61.2; 63.4), cuando “con su ira hollará los pueblos, derramando en tierra su sangre” (Isaías 63.6). “¡Oh, si rompieses los cielos y descendieras...!”(Isaías 64.1). ¡Como explicaría Jesús estos textos de Isaías, concernientes a la venida del Reino de Dios a la tierra, la liberación de los pobres, la restauración de Israel, el perdón por su incredulidad, la participación de los gentiles (65.1) en el Reino, y la “creación de nuevos cielos y nueva tierra “(65.17-25)!.., que nos dice Lucas, que los oyentes en la sinagoga “estaban maravillados de las palabras de gracia que salían de su boca” (Lucas 4.22).
A esto están llamadas las iglesias de Jesucristo: a predicar el evangelio del Reino de los cielos. Pero, como dijera Jesús a sus discípulos: “id antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel” (Mateo 10.5,6) , (Mateo15.24) . Ellos tenían el privilegio de oír primero el evangelio, como hijos de Abraham que eran. No fue hasta después, cuando lo rechazaron, que Jesús mandó a los Apóstoles que fueran a predicarlo “a todo el mundo” (Marcos 16.15). Esta fue su orden. Ya tenían no sólo el permiso, sino el mandato de Jesucristo para predicar el Evangelio por todo el mundo. Después de lo cual, el Señor “fue recibido arriba en el cielo, y se sentó a la diestra de Dios” (Marcos 16.19), quedando inaugurado “el tiempo de los gentiles” (Lucas 21.24), “..hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles” (Romanos 11.25), aunque los mismos Apóstoles aun no lo entendieron así, limitándose al principio, a predicarlo sólo a los judíos. Fue preciso que el centurión Cornelio y su casa fueran visitados por San Pedro, que Pedro les predicara el Evangelio y les bautizara; abriendo así las puertas del Reino de los cielos a los gentiles, como Jesucristo se lo había profetizado tiempo atrás, diciéndole: “a ti te daré las llaves del Reino de los cielos” (Mateo 16.19).
Porque esas fueron las llaves que, primero Pedro y luego, todos los discípulos, recibieron del Señor (Mateo 18.18): las del Reino de los cielos. No las de la Iglesia. Las llaves de la Iglesia, no se las ha dado el Señor a nadie. Las tiene y siempre las tendrá el Señor. Por eso dice la Escritura “ y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos” (Hechos 2.47).
La Iglesia vive entre los reinos de este mundo y, cuando ha querido establecer por ella misma el Reino de los cielos, (que sólo puede establecerlo Cristo, en su venida) ha establecido Teocracias Humanas, que han “fornicado” con los reyes, ricos y poderosos de la tierra, por lo que cuando el Reino de Dios venga, ella será juzgada.
La Iglesia experimentaría un gran cambio. Hasta ahora se había circunscrito al pueblo de Israel, al “Qahal”o “Congregación” de Dios, al que pocos gentiles entraron (Naamán el sirio, tal vez la reina de Saba, Ruth la moabita, etc.), pero ahora, tras el rechazo del Mesías y su obra de Redención por la mayor parte de los judíos, la “Ekklesia” se abriría a los gentiles de forma tal, que serían éstos, la mayoría de sus componentes (Mateo 8.11,12).
El viejo olivo de la casa de Abraham, recibiría nuevas ramas de acebuche, de olivo silvestre, que le serían injertadas formando parte de él, ocupando el lugar de las ramas naturales, que fueron cortadas del olivo por su incredulidad (Romanos 11.17-22). Este olivo sería el “ Israel de Dios” ( Gálatas 6.16), (Romanos 4.16; 9.6).
Los judíos que no han creído en Jesucristo, el Hijo de Jehová, el ángel de su Faz, la Palabra de Jehová hecha carne, el Siervo del Altísimo, la Sabiduría de Jehová, el Señor de David, el Ungido de Dios, el Cordero, El Salvador, han sido cortados de la descendencia de Abraham, y así permanecerán, hasta que crean en el Mesías que les fue prometido (Lucas 13.26-30). “..ellos (los judíos), si no permanecieren en incredulidad, serán injertados, pues poderoso es Dios para volverlos a injertar” (Romanos 11.23).
Cosa que sucederá cuando, desde la diestra de Dios, descienda Cristo sobre este mundo, rodeado de sus ángeles y trayendo con él, a cuantos creyentes hayan existido en el mundo, desde Adán hasta ese día; todos resucitados, a los que se unirán los cristianos que vivan sobre la tierra, transformados para poder vivir eternamente, en el Reino que será inaugurado.
Entonces “mirarán a mí, quien traspasaron, y llorarán como el que llora por hijo unigénito” (Zacarías 12.10). “ y luego todo Israel será salvo” (Romanos 11.26). Ramas cortadas del propio olivo de la casa de Israel serán reinjertadas en su propio olivo. La iglesia de Jesucristo y el Israel de Dios serán, entonces, una misma cosa: la Esposa de Cristo, preparándose para las Bodas del Cordero.
Pero el Reino no llegará hasta que “los días de los gentiles se cumplan” (Lucas 21.24), hasta que el último de los gentiles inscritos en el Libro de la Vida del Cordero, haya creído en el Señor: “..hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles” (Romanos 11.26).
Hasta que ese día llegue, las iglesias de Jesucristo deben seguir anunciando el Reino de los cielos. Ninguna Organización o Estructura humana puede hacerlo mejor. La iglesia de Jesucristo, aunque no es el Reino que ha de venir, y que ella misma espera, es en cierto modo, un embrión o semilla del Reino; por eso es que dice la Escritura “el Reino de los cielos , entre vosotros está” (Lucas 17.21). Está en germen, pero nada que ver con los drásticos cambios que habrán de producirse en este mundo, cuando la Justicia de Dios sea plenamente establecida. El Reino de los cielos es incompatible con los reinos de este mundo, “Mi Reino no es de este mundo” dijo Jesús (Juan 18.36), “..entendiendo Jesús que iban a venir para apoderarse de él y hacerle rey, volvió a retirarse al monte él solo” (Juan 6.15). El Reino de los cielos acabará con todos los reinos del mundo, con todas sus corrupciones, necedades e injusticias. El Reino de los cielos está cerca, pero aun no ha llegado; porque su venida será “ como el relámpago que al fulgurar resplandece desde un extremo del cielo hasta el otro” (Lucas 17.24),“ y todo ojo lo verá...” (Apocalipsis 1.7).
Su predicación y anuncio ha sido encomendada a la iglesia de Jesucristo, y no podía ser de otra manera. El Israel carnal estaba incapacitado para realizar esta tarea. “...el Reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él” (Mateo 21.43). No podían ni siquiera entrar en la casa de un gentil, por temor a contaminarse. Una cosa es velar por no dejarte influir por las ideas y costumbres impías y otra muy distinta, es rechazar todo contacto; ni comer con ellos podían. ¿Cómo les iban a anunciar el evangelio de Cristo, de su Mesías o de su Reino?. Para eso habrían de tener amor por el prójimo descarriado, en lugar del pernicioso orgullo de creerse mejores y mas santos que ellos. Incluso a los primeros cristianos, judíos todos, les costó abrirse a los gentiles, y la primera iglesia cristiana de Jerusalem pidió cuentas, responsabilidades, al Apóstol Pedro por haberse atrevido a admitir en la iglesia a la familia romana del centurión Cornelio, por haber osado utilizar las llaves que Jesús le dio para abrir a estos gentiles las puertas del Reino de los cielos. Lo que demuestra que esta primera iglesia, no reconocía en San Pedro ninguna autoridad especial, como pretende Roma.
Y también San Pablo, siendo comisionado especialmente como “apóstol y maestro de los gentiles” (2ª Timoteo 1.11), “..para que yo le predicase entre los gentiles” (Gálatas 1.16), tuvo muchos problemas por parte de los cristianos judíos, aun en las iglesias fuera del territorio de Israel. Estos, aunque eran cristianos, no habían entendido aun que el Reino y su anuncio, les había sido quitado como pueblo de Dios, y entregado a otros que no eran considerados pueblo de Dios: los gentiles, pero que por la gracia de Dios, lo serían (Filipenses 3.2).
Sus mentes estaban confusas y les costaba aceptar la nueva situación de que Israel, ya no era el pueblo de Dios, que habían sido cortados por su incredulidad de la descendencia de Abraham “..si vosotros (gentiles) sois de Cristo,..linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa” (Gálatas 3.29), que Dios había levantado y seguiría levantando muchos hijos a Abraham aún de las propias piedras, piedras vivas con la que se construiría el nuevo Templo de Dios que sería la Iglesia. Por eso guardaban las fiestas del Antiguo Pacto, sus ordenanzas principales, el mismo sábado y también el domingo, el bautismo y la circuncisión, la santa cena o eucaristía, y también la pascua. Además, creían que los gentiles conversos tenían que hacer lo mismo. Costó mucha tinta al Apóstol Pablo y muchas visitas y palabras, para convencerles de que las cosas habían cambiado. El mismo Templo de Jerusalem tuvo que ser destruido y la iglesia de aquella ciudad perseguida, para obligarles a pensar que Pablo tenía razón, que Israel como nación, no volvería a ser el pueblo de Dios hasta que se convirtieran al Mesías, que taladraron por manos de inicuos, crucificándole.
No estaba Israel preparado para la tarea de anunciar a los gentiles el Reino de Dios.
Aunque en su gracia, Dios le haya reservado en esta tarea, un papel especial para gloria de su Nombre en los sucesos finales de la historia, cuando el Reino de Dios esté siendo establecido: Doce mil hebreos de cada tribu, de las doce que componen el pueblo de Israel, serán sellados en sus frentes con el nombre del Padre y el de su Hijo, al que por tantos siglos han rechazado (Apocalipsis cap.7 y cap. 14).
Esto, que para los judíos ortodoxos constituye toda una blasfemia, será la marca celestial que distinguirá a estos 144.000 israelitas cristianos, que acompañarán al Cordero de Dios por todos los lugares de la tierra y de los cielos por donde Jesucristo vaya, para disponer y ejecutar cuanto deba hacerse para que el Reino sea efectivo.
De modo que el privilegio de anunciar el Reino de Dios dado a la Iglesia, al final de los días, será compartido con Israel, por cuanto siendo doce las tribus y siendo doce mil los tomados de cada una de ellas, es tanto como decir “todo”, “doce por doce”, “Israel completo”, o la “completa representación de Israel”. Pero hay una diferencia: Estos, siendo “redimidos de entre los hombres como primicias para Dios y para el Cordero” (14.4) y siendo santificados de toda mancha, sí que están preparados para, partiendo del monte de Sión en Jerusalem (14.1), “seguir al Cordero a todo lugar” (14.4) anunciando y estableciendo el Reino, entre la última generación de la raza humana. Este Israel “completo”, de doce mil por cada una de las doce tribus, hará lo que a sus antepasados les fue vedado por su rechazo al Mesías.
Israel y la Iglesia estarán representados por doce Ancianos cada uno. Los verdaderos creyentes de los tiempos del Antiguo Pacto, por un Anciano por cada tribu y los verdaderos creyentes de los tiempos del Nuevo Pacto, por los Doce Apóstoles de Cristo. Esta santa corporación de 24 Ancianos, tendrá un papel relevante en el todavía futuro, pero cada día mas cercano, Reino de Dios.
Muchos y grandes acontecimientos tendrán lugar, por aquellos años de las últimas generaciones de la humanidad. Guerras de los Gobiernos Humanos contra Cristo, porque no le entregarán el poder que detentan desde siglos, ni estarán los poderosos dispuestos a renunciar a sus privilegios, en los que vivieron durante generaciones. Batallas y Alianzas, como sucede hoy, pero mas mortíferas, porque serán decisivas. Satanás actuará aun mas claramente que actúa hoy, porque sabrá que le queda poco tiempo. Persecuciones contra los creyentes que vivan en la tierra por aquellos días, marcas de la Bestia para conocer a los adictos o partidarios del Sistema, exclusión social de los que no se le sometan, hasta el punto de que “no podrán comprar ni vender” (Apocalipsis 13.17) no sólo cosas, sino hasta la misma fuerza de su trabajo, si no están registrados en sus ficheros, si no llevan “la marca de la Bestia escrita en sus frentes”, si no piensan igual que ella.
Batallas parciales aquí y allá, avances y retrocesos, castigos ejemplarizantes y plagas diversas, “ángeles anunciando el Evangelio” (cosa no vista jamás antes), el Cristo del amor “salpicado de la sangre de sus enemigos manifiestos”, eventos que no hay palabras en el Diccionario para describirlos con exactitud, todo lo cual, intuyen los estudiosos del Apocalipsis de San Juan y de esos otros Apocalipsis parciales, que escribieron los profetas del Antiguo Testamento, pero que, por tratarse de profecías, son hoy difíciles de entender completamente. Por eso hay divergencias a la hora de interpretar con exactitud estos hechos y, sobre todo, a la hora de establecer una cronología exacta de los mismos. Lo que no significa que las iglesias de Jesucristo no deban estudiarlos, porque ¿Cómo podrán entonces, anunciar el Reino de Dios, todavía venidero?. Las iglesias harán bien estando atentas “ a la palabra profética mas segura....como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca” (2ª Pedro 1.19). ¡No podemos estar eternamente con el libro del Apocalipsis cerrado!. Si persistimos en esta ignorancia voluntaria, se cumplirán todas las profecías sin que lleguemos nunca a enterarnos. ¿Para qué, entonces, se molestó el Señor Jesucristo en revelárselo a Juan?. No es el libro central de la Biblia, pero sí el que la cierra. Con cuidado, pero la iglesia debe estudiarlo como Palabra de Dios, por muchos siglos que lleve empolvado, quizá por el abuso que hicieron de él las antiguas y modernas sectas.
No anunciamos una historia fantástica. Anunciamos el Reino de Dios y decimos lo que sabemos acerca de su venida y establecimiento, como resumía el propio Apóstol Pablo a la iglesia de Jesucristo de la ciudad de Corinto: “Luego ( después de la primera resurrección) el fin, cuando entregue (Cristo) el Reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido (eliminado) todo dominio (todos los Estados, Gobiernos, todos los ejércitos, todos los poderes fácticos y económicos que han esclavizado desde siempre, a unos hombres dominados por otros, dominadores), toda autoridad y potencia (entonces comprenderán los creyentes que Dios “puso a las autoridades”, o las permitió, a consecuencia del pecado; como algo que, siendo intrínsecamente malo, era menos malo que dejarlos sin ninguna. Si el hombre no hubiera pecado, no hubieran existido nunca los reyes , los Estados, los Gobiernos etc., porque sólo Dios tiene derecho a ejercer la Autoridad; cualquiera que, (Notas 100,101) siendo hombre, la ejerce, se corrompe inevitablemente. Oí decir a mi abuelo, anarquista cristiano: “O Dios mesmo mos gobierna, o no mos gobierna naide”. “Porque preciso es que él (Cristo) reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies (aquí tendríamos que hacer una larga lista de los enemigos que, durante el comienzo de su Reino, Jesucristo tendrá que someter totalmente, ponerlos “debajo de sus pies”(1ª Corintios 15.25). Y no sólo son personas físicas, sino instituciones y organizaciones políticas, religiosas, económicas, etc. Jesucristo, comenzando a reinar, tendrá que “pisotear” a todos sus enemigos. Otros lugares de la Escritura nos presentan a Cristo con sus pies y vestidos manchados, por pisar el lagar de su ira) “ y el postrer enemigo que será destruido es la muerte” (vers. 26), (es el último enemigo, pero será quitada. Para que esto sea posible, es necesario que sean anulados sus efectos para siempre. Ello incluye necesariamente que todos cuantos sucumbieron por ella, todos los cuerpos muertos, volverán a vivir. Unos de una manera y otros de otra. Unos con y otros sin Dios, pero todos existirán por siempre, porque la muerte, el último de sus enemigos, será destruida). “Porque todas las cosas las sujetó debajo de sus pies. Y cuando dice que todas las cosas han sido sujetadas a él (Cristo) claramente se exceptúa aquel (el Padre) que sujetó a él todas las cosas. Pero luego que todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos” (1ª Corintios 15.24-28).
Este es el resumen que hace el Apóstol Pablo del establecimiento del Reino de Dios en esta tierra.
Entiendo que para muchos, creer en este Reino, sea una auténtica locura, como también era “locura” la palabra de la cruz, es decir, creer que, por la muerte del Señor durante su primera venida, los creyentes en él y en su sacrificio, pudieran tener el perdón de sus pecados y la vida eterna. San Pablo lo definía diciendo que “la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; mas a los que se salvan,... es potencia de Dios” (1ª Corintios 1.18). Y Jesús creía firmemente en el Reino de Dios. Por eso lo explicó en muchísimas de sus parábolas, por eso lo anunció y por eso nos ordenó que siguiéramos anunciándolo, hasta que él regresara para establecerlo sobre la tierra, acompañado de sus ejércitos de ángeles. Nos prometió que “vendría otra vez”(Juan 14.3), aunque se preguntaba si cuando esto ocurriera, hallaría fe en la tierra: “..cuando venga el Hijo del Hombre,¿hallará fe en la tierra?”(Lucas 18.8). Tal era el panorama de incredulidad en su Reino que él, ya entonces, percibía.
Así que, aunque no tengamos la absoluta certeza del orden cronológico de los acontecimientos, ni su alcance literal y material, que estos tendrán en su venida, sí que podemos anunciar lo que sabemos de este Reino, lo que de él está revelado en las Escrituras. Pero, para que las iglesias de Jesucristo puedan cumplir con semejante tarea, es necesario no tener miedo de las Iglesias-institucionales, las que presumen de serias y de bien organizadas, las que se encuentran a gusto con el papel dominguero y la función estabilizadora que han asumido ante la sociedad actual, con la que los cristianos libres no estamos nada de acuerdo y a la que, todo lo pacíficamente que nos sea posible, nos oponemos y queremos cambiar por otra, que sea mas justa y solidaria con los pobres y desfavorecidos del mundo, como Cristo nos enseñó. Es a ellos a quienes preferentemente, hemos de dirigirnos, para anunciarles las esperanzas que el Reino de Dios les ofrece, para instarles a que crean, porque es posible vencer a la Bestia poderosa que sostiene al Capitalismo internacional, es posible hacer pedazos al Becerro de Oro y reírse de sus adoradores, es posible “darle a beber el doble” (Apocalipsis 18.6) de lo que la Gran Ramera les dio a beber a ellos.
Estamos en la buena dirección. Nada importa que las iglesias del sistema nos acusen de ser los nuevos “iluminados”, nos etiqueten de pre o post milenaristas, o de revolucionarios procomunistas, prosocialistas, proanarquistas, u otros “istas”. Tampoco debe preocuparnos que algunos nos acusen de sectarios, porque no lo somos; simplemente no queremos que las filacterias aten nuestras manos y no nos dejen actuar “mientras el día dure” (Juan 9.4). Aceptamos las Confesiones consideradas católicas, como el Símbolo Apostólico o Credo, y el de Nicea; las Confesiones prerreformadas como la Valdense; las reformadas como la de Heidelberg, la Belga, Westminster y Dort. Pero sobre todos estos testimonios históricos de la fe cristiana, creemos en las Santas Escrituras como única e infalible palabra de Dios, escritas por los profetas y Apóstoles, inspirados por el Espíritu Santo. Y si esto es herético, responderemos como San Pablo que, “conforme al Camino que ellos llaman herejía, así sirvo al Dios de mis padres, creyendo todas las cosas que en la ley y en los profetas están escritas” (Hechos 24.14).
En lo que no creemos, es que la iglesia de Jesucristo tenga que apuntalar el sistema económico reinante en el mundo, por cuanto, a todas luces, es un sistema injusto, que esparce el hambre y la miseria sobre el 80% de la humanidad, malversando los recursos que Dios ha creado, y los distribuye aun peor; y que calle o tranquilice su conciencia mediante donativos , limosnas y O.N.Gs, pero sin tocar la causa, el corazón mismo de tanta injusticia: el endiablado Sistema Capitalista.
Pero las iglesias pertenecen al sistema, los que se sientan en sus cómodos y calefactados bancos, bienvestidos y biencomidos, son señores y señoras capitalistas. Los togados sacerdotes y pastores, que se suben a sus elevados púlpitos y pronuncian sus elegantes y bien escritas homilías, son también señores capitalistas, y sus sueldos los reciben de sus Misiones, Gobiernos e Iglesias capitalistas.
Por eso suelen apoyar las guerras económicas, que sus Estados capitalistas promueven bajo las mas pueriles excusas. Hoy, las mas usadas son “luchar contra el terrorismo” y “defender la democracia”. Y el cristianito santurrón, que suele ser “analfabeto político”, acepta sin mas, las mentiras de su gobierno, e incluso ora a Dios, para que bendiga a sus propios soldados, que han invadido impunemente a otros países lejanos.
En eso se han convertido las iglesias del sistema: en cómplices silenciosos, de las guerras de los poderosos contra los débiles. La sangre de los pobres de la tierra, será vengada por Jesucristo, cuando destruya los ejércitos que la derramaron; no importa si la sangre es cristiana, musulmana, budista o atea: es sangre del pobre, y Jehová pedirá cuenta por cada gota de ella, al sistema capitalista que la derramó.
No me extraña que las iglesias oficiales, clericales, jerárquicas, en resumen: del Sistema, no quieran involucrarse en la predicación del Reino de Dios, porque ellas, también tendrán entonces, que dar cuentas por la mucha parte que les toca, en el mantenimiento de la Injusticia sobre la tierra.
Las Iglesias cristianas oficialistas del sistema, serán juzgadas a pesar de sus Biblias, ceremonias, templos y salmodias, como lo fue el viejo Israel incrédulo, que rechazó al Mesías, a pesar de su ley, su Templo, sus diezmos y sacrificios. Uno y otra, serán extirpados del Reino de los cielos, y echados fuera, donde será “el lloro y el crujir de dientes”; por lo que hay que decirles a los verdaderos cristianos que aun quedan dentro de ellas: “Salid de ella (de la Iglesia del Sistema) pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis de sus plagas”. Huid como el que sale de Sodoma, sin mirar hacia atrás, para que la ira de Dios contra la Injusticia y los que la consienten, no os alcance.
Así que concluimos este tema afirmando que la diferencia entre las iglesias libres y las que no lo son, por estar sujetas a los intereses económico-políticos de las organizaciones eclesiásticas a las que pertenecen, no están básicamente en las teologías que sostienen, sino en la praxis. En una misma Confesión o denominación cristiana, sea la que sea, desde las mas liberales a las mas ortodoxas en teología, pueden haber iglesias y cristianos libres, que se consideran fuera de toda jerarquía y organización, al mismo tiempo que iglesias dóciles, miméticas, sometidas por completo a los cánones disciplinarios-jerárquicos-administrativos de la propia denominación.
La sumisión servil, puede ser el resultado de una domesticada conciencia, sufrida desde la infancia por el sistema educativo-catequésico recibido, o por intereses personalistas, económicos o de prestigio, que ofrece el ser hijos obedientes de la tal iglesia o denominación.
No es pues, de extrañar la aseveración popular de que “en todas partes cuecen habas”, por lo que hay que estar muy atentos en nuestro “discernir espiritualmente”(1ª Corintios 2.14), antes de calificar como “hermanos” a cualquiera que comparta contigo una misma denominación, y como “hereje”, a quien pertenezca a otra. Solamente el Señor “conoce a los que son suyos” (2ª Timoteo 2.19). He conocido a ateos que, como al Escriba que preguntó por el mas grande mandamiento, también Jesús podría responderle; “no estás lejos del Reino de Dios” (Marcos 12.34) y a santurrones come-biblias o besa-santos, que se consideran tan cercanos a Dios, que no soportan el menor contacto con sus prójimos herejes, comunistas, sodomitas, drogadictos y demás carne de condenación (1ª Juan 4.20).
Ningún cristiano puede ir por la vida diciendo o pensando, “apártate, que soy mas santo que tú”. Al final, son los hechos y no las palabras, los que se imponen revelando la realidad. Un cristiano no debe enclaustrarse. Como anunciador del Reino de los cielos, ha de comprometerse con todo lo bueno y justo para hacerlo prosperar y, por el contrario, ha de luchar contra todo tipo de maldad y de injusticia, con cuantos métodos pacíficos tenga a su alcance. Esta es una buena manera de allanar el camino, de quitar las piedras y enderezar las veredas, para el advenimiento del Reino de Dios, del que la iglesia de Jesucristo es precursora. Y aquí es donde radica la diferencia entre las iglesias libres y las que no lo son: en la práctica.
No estoy hablando del activismo alocado, propio de la mentalidad americana, en el que al creyente le falta literalmente el tiempo para acudir a las actividades programadas de la iglesia: cultos en domingo y entresemana, reuniones de mujeres, de jóvenes, de catequesis, de escuela dominical, de oración, de colaboración con las misiones, de ropero, y un largo etcétera, capaz de convertirnos en cristianos superocupados y repletos de santidad estresada. Esto, nos habrá tenido entretenidos, pero no habrá aumentado la justicia en la tierra, ni disminuido la iniquidad.
Estas cosas ayudarán a crear cristianos beatos y santurrones, pero no a hacer de esta tierra un mundo mejor donde pueda morar la Justicia. Mientras sigamos empecinados en separar e incluso contraponer, la doctrina fundamental para el cristianismo, “la Justificación por la sola fe”, redescubierta por la Reforma, y la Justicia del Reino de los cielos, seguiremos siendo cristianos miopes, cristianos infantiles incapaces de digerir mas que leche; seguiremos siendo cristianos, con un conjunto de sanísimas doctrinas bíblicas que exponer y enseñar, pero cristianos inoperantes para el Reino. Seguiremos siendo cristianos inconsecuentes, puesto que al orar con el Padrenuestro, deberíamos rectificarlo, y decirlo así: “Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre. No venga a nosotros tu Reino, sino llévanos a él. Hágase tu voluntad en el cielo, pero permite que la nuestra se siga haciendo en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy, pero no nos hagas compartirlo. Perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores y sólo les cobramos los legítimos intereses. Y no nos dejes caer en la tentación de querer seguirte, mas líbranos del mal, sin tener que luchar contra él. Amén. Así sea, para que ocurra lo que ocurra en el mundo, yo y los míos, podamos seguir tranquilos.”
Pero lo cierto es que el Reino de Dios vendrá a la tierra y será establecido para siempre en este planeta; y la actual humanidad, la mas avanzada, desarrollada, educada y tecnificada que ha existido, sigue sin estar preparada para recibirlo. Y la actual Iglesia, mas preparada, mas establecida, mas rica y poderosa que nunca, tampoco está preparada para recibirlo. Es mas, no quiere realmente que el Reino de Dios venga y, si después de todo, ha de venir, que tarde lo mas posible.
La última oración de la Biblia es ésta: “Sí, ven, Señor Jesús”(Apocalipsis 22.20). Pero la Iglesia no quiere que venga por dos razones: porque el Juicio comenzará por ella y porque no está haciendo nada para adelantarlo, para prepararle el camino. Y ambas cosas, teme. Está llena de estupor y de miedo.
No hay gozo ni alegría ante el regreso de su Señor “porque sus pecados han llegado hasta el cielo, y Dios se ha acordado de sus maldades....porque dice en su corazón: Yo estoy sentada como reina...por lo cual en un solo día vendrán sus plagas; muerte, llanto y hambre, y será quemada con fuego; porque poderoso es Dios el Señor, que la juzga. Y los reyes de la tierra que han fornicado con ella, y con ella vivido en deleites, llorarán y harán lamentación sobre ella, cuando vean el humo de su incendio” (Apocalipsis 18.5-9).
Ha formado parte del sistema establecido, arrimándose siempre al poderoso, predicando resignación ante las injusticias, y como medio de repararlas, predicaba las limosnas y la caridad, entendida ésta como lástima y piedad hacia los pobres. Ha apoyado siempre a las dictaduras cuando eran de inspiración cristiana, condenándolas cuando eran de inspiración comunista o socialista. Y en los sistemas capitalistas de las democracias formales, se ha sentido a gusto, asumiendo su tradicional función de apoyar la formación de “buenos ciudadanos”, es decir “ciudadanos conformistas” que respeten el orden de cosas establecido sin rechistar, que no se pregunten las causas por las que sus gobiernos declaran o participan en guerras, ni cuestionen los presupuestos llamados de “defensa”, ni protesten cuando mengüen los destinados a “seguridad social” que, en Estados Unidos, llaman de “beneficencia”, ni exijan a sus países que cumplan con lo pactado internacionalmente, de destinar el 0´7% del PIB, producto interior bruto, para mitigar el hambre del mundo, ni preguntan cómo emplean sus gobiernos los “fondos para ayuda al desarrollo”, ni por qué la educación y la sanidad no llega a los estratos bajos de la sociedad, ni tampoco se preguntan por qué han de existir los marginados, los pobres excluidos, en medio de una sociedad opulenta. Las iglesias del sistema ayudan a los Gobiernos adormeciendo las conciencias, esparciendo el opio religioso sobre los pueblos considerados cristianos. Los Estados a su vez, subvencionan de mil maneras a estas iglesias. Ambos se lavan las espaldas mutuamente y ambos ignoran a quienes Cristo definió como sus "hermanos mas pequeños", los pobres de la tierra, traicionándolos y vendiéndolos como hizo Judas con Jesús, antes de saludarle con su beso. La hipocresía de las iglesias del sistema es espeluznante.
Estas iglesias están desconectadas del Reino de los cielos. Ni lo anuncian, ni desean que venga, ni están dispuestas a trabajar por su adelantamiento, creando o ayudando a crear, las condiciones mas propicias para su advenimiento.
Mientras mas alejado esté el mundo actual de la Justicia, mas fuerte será el impacto de la venida del Reino. Mas dura y violenta será su implantación. Mas radicales serán las medidas que Dios deberá tomar, mas sangre se tendrá que derramar y mayor será el llanto y sufrimiento del Primer mundo, del mundo rico. Antes de que el Señor venga, este “Evangelio del Reino” debe ser predicado en todo el mundo (Mateo 24.14), no sólo para traer la salvación a muchos, sino también para evitar grandes males a otros. Estas cosas las saben las iglesias del sistema, porque la Biblia habla abundantemente sobre ellas. Pero, en lugar de hacerlas por ellas mismas, han inventado otro medio para no involucrarse, al tiempo que no desobedecer abiertamente al Señor. En realidad no es un invento original, porque lo han copiado del sistema capitalista en el que están inmersas. (Esta Entrada contiene desde la Sección 12 hasta la 22. Para continuar leyendo la Sección 23 de este Libro haga CLIC en "Entradas antiguas)
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