
39-LA SEÑAL QUE MUCHOS CREEN CUMPLIDA.
“Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin” (Mateo24.14). Son palabras de Jesús. El siglo XVIII fue llamado el siglo de las misiones, por el efecto que produjo en la expansión del cristianismo, que llegó hasta los rincones mas recónditos de la tierra.
Aquellos misioneros no se parecían en nada a los actuales. Fueron héroes de la fe y el Señor bendijo sus trabajos donde quiera que fueron. Lo malo es que, años después, llegaron los comerciantes y los soldados para proteger el comercio, lo que desembocó en la colonización pacífica unas veces, sangrientas otras, de aquellos territorios donde había llegado la cruz.
Las iglesias predicaron el Evangelio pero no les hablaron de sus derechos y la gente pacífica aceptó resignada su colonización y la explotación de sus países, de sus materias primas, que hicieron posible el desarrollo industrial europeo, basado en el sistema injusto del capitalismo económico.
Costaría luchas y sangre, la posterior liberación de las colonias y su reconversión en Estados independientes.
Aunque hubo muchísimos misioneros en casi todas las ramas del Cristianismo, personalmente me maravillan los llamados Hermanos Moravos. El Conde Zinzendorf (1700-1760) dio cobijo en sus tierras a muchos reformados perseguidos que formaron la aldea de Herrnhut y desde allí salieron mas misioneros que de todo el conjunto de la cristiandad. Estos misioneros se sostenían económicamente a sí mismos, se adaptaban a las culturas de esquimales, pieles rojas, incluso algunos se vendieron como esclavos, para evangelizar a los esclavos que llevaban a América. En el pueblo de donde procedían se practicaba la comunidad de bienes de los tiempos apostólicos. Sus características eran la oración, el trabajo y la hermandad. Fueron un vivo ejemplo de lo que debe ser la iglesia de Jesucristo, aunque Zinzendorf nunca abandonó la iglesia luterana, sus obras demostraron que estaba fuera del sistema.
El fin fue bueno. Los misioneros magníficos. Sus obras, prodigiosas. Sus vidas, ejemplares. Lo que después acaeció, invasión y conquista, explotación a gran escala durante demasiados años y siglos, de las nuevas tierras y nuevos súbditos, los aborígenes conversos, sus hijos y sus vecinos, y subsiguientes generaciones. Dios usó a aquellos misioneros para hacer entrar en su iglesia a otras razas y etnias. Pero esta misma iglesia, piadosa y voluntariosa, por llevar a unos a la salvación, condenó al resto a la opresión haciendo de ellos ovejas para la matanza, carne de cañón, sirviéndoselos en bandeja al sistema capitalista opresor. No fue esa la intención de aquellos misioneros, pero sí fue el inevitable resultado de su acción. Siendo como eran miembros de santas y puritanas iglesias, no pudieron prever lo que el sistema capitalista haría con aquellos nuevos cristianos. Quisieron ganar almas para Cristo, pero lo que hicieron fue servir, ponérselo fácil, a los explotadores para agrandar y enriquecer el Imperio.
Los españoles llevábamos siglos haciendo lo mismo en el continente americano. Sólo que al revés: primero mandábamos al ejército, se construía un fuerte y luego enviábamos a los frailes que construían alrededor del fuerte, la misión. Pero el resultado final era inevitablemente el mismo: opresión, esclavitud de los nativos, que oficialmente, siempre se negó, llegada de colonos, explotación y comercialización de materias primas, anexión del territorio y extensión del Imperio. (Notas 141,14)
Los indios del Norte, sufrieron peor suerte. A pesar de que David Brainerd y los moravos ganaron muchos para Cristo, ni siquiera fueron esclavizados, porque ya tenían esclavos negros. Fueron, sencillamente, aniquilados, hasta el extremo de casi dejar de existir mas que en las exiguas reservas, en donde los Gobiernos americanos los encerraron. Los blancos fueron llegando por riadas, les quitaron sus tierras, los engañaron en mil y pico de Tratados que fueron papel mojado, y los asesinaron genocidas como el General Custer, que pasaron a engrosar la lista de héroes americanos. Un genocidio mas de los que está sembrada la Historia, pero con el agravante de ser perpetrado con la Biblia en una mano y el winchester en la otra. Masacraron inclusive a los indios que se convirtieron al Cristianismo.
Y sobre sus inmensos cementerios se edificaron las cristianas iglesias. (143)
El Capitalismo esclavizando en el Sur y asesinando en el Norte y Oeste, hizo que América traicionara los bíblicos principios de la Declaración de Independencia y de la Constitución. Los puritanos padres de la patria se revolvieron de dolor y de impotencia en sus sagradas tumbas, viendo como el Capitalismo reemplazaba valores como la libertad y la igualdad en la que Dios creó a todos los hombres. Aunque, prefiero creer que nunca lo supieron, ni lo intuyeron y así permanecen hasta hoy en su beatífica ignorancia, a fin de no convertir su gloria, donde estarán, en el mas cruel de los infiernos.
Las iglesias, muy ortodoxas y mas patriotas, guardaron silencio culpable. Se engendró el racista y dictatorial sistema nazi, luego exportado a Alemania donde se desarrolló y, no reaccionaron, hasta que el Capitalismo se vio en peligro real por el monstruo que había engendrado; cuando –por fin- se decidió intervenir en Europa para lograr su eliminación. Eliminación “oficial”, no real, ni efectiva. Ya que Nüremberg juzgó sólo a unos. A otros, los ignoró. A otros mantuvo en el poder, reconvirtiéndolos en aliados útiles contra el auténtico enemigo, que no era el nazismo, sino el comunismo. Tanto es así que exportó a América Latina, después de la revolución de Cuba, las técnicas fascista-nazistas de la eliminación masiva de civiles, por el sistema de la “desaparición”, enseñado en su escuela para oficiales latinoamericanos establecida en Panamá, que alumnos aventajados, llevaron a la práctica en sus respectivos países, con absoluto desprecio de los Derechos Humanos, Convención de Ginebra y demás leyes internacionales. Y todo esto, ante la santurrona mirada silenciosa de los millones de cristianos existentes en la ciudadanía norteamericana que, confiaron en la imposible honradez de sus Gobiernos y sus presidentes perjuros, que daban el visto bueno a los Golpes de Estados derrocadores de los Gobiernos que no les convenían.
A pesar de esta condensación de la historia de las misiones, la Biblia fue editada y distribuida; y descubierta la propaganda y el marketing, el mundo fue sembrado de folletos evangélicos simplistas, y de misioneros con camisas de flores y corto pantalón. Algo hicieron en propagar el Evangelio en los países que no lo conocían; pero que de alguna manera, comercial o política, dependían del Imperio, y muchas iglesias fueron establecidas en muchas partes del mundo por los buenos misioneros gringos, que aunque pocos, pero también los hubo.
Se podría decir que son pocos los lugares del mundo, donde la predicación del Evangelio no haya llegado. Si se admite esto, el fin de este mundo y antes, la llegada del Reino de los cielos, podría estar muy cerca.
Pero mucho me temo, que lo que ha llegado a todo el mundo, no es la predicación del Evangelio del Reino, sino unos anuncios, unos eslogans acerca de Jesucristo. Ni siquiera podría afirmar que en países como Estados Unidos, en Inglaterra, Holanda, Suiza, Francia, Alemania y el resto de los países considerados cristianos, se posee una idea básica del Evangelio. Llaman Evangelio a la biografía de Jesús, no a la Buena Noticia que debe ser para la Humanidad, el hecho de que cualquiera que cree en Cristo, tiene acceso al perdón total de sus pecados, porque Dios acepta la muerte de su Hijo como pago total de nuestra deuda con la Justicia divina, sin que nosotros tengamos que hacer nada sino creer. Es muy sencillo, muy fácil. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna...El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.” (Juan 3.16,18).
Pues bien, noticia tan sencilla y tan buena, debería ser aceptada y creída. Unos, por gracia de Dios la creen y son salvos y otros, no. Estos otros buscan otras maneras de salvarse y se pierden, porque no la hay. Dios es quien salva y, por tanto, quien establece las condiciones.
¿Sabe el mundo cristiano esto?. ¿Conocen este evangelio, esta buena noticia?.
Me parece que nadie conoce este Evangelio del Reino si para ello no estamos predispuestos por la gracia de Dios, por lo que la tarea de anunciarlo, sigue tan vigente hoy, como en los tiempos apostólicos. Y nos parece también que aun falta mucho para que el Evangelio del Reino llegue a todas las partes del mundo. Para ello tendría que comenzarse por evangelizar a los países cristianos, que creíamos evangelizados hace tiempo, incluso siglos. Tendríamos que salir de las iglesias oficialistas del sistema capitalista del Primer mundo, haciendo énfasis en la Justicia, realizando con ello otra Reforma: La Reforma que nos es necesaria para nuestro mundo actual. Conservando toda la ortodoxia de nuestros mayores, hemos de enfrentar también problemas que ellos no enfrentaron. Hoy sabemos que los gobiernos cristianos, mienten igual o mas que los que no lo son, apoyan el Capitalismo, y ejercen como explotadores en sus relaciones comerciales con los países pobres de la tierra. Les roban, les engañan y por todo ello, dan gracias a Dios. Así, sostienen a gobiernos dictatoriales o solamente democráticos en lo formal, para defender las concesiones comerciales que las grandes Compañías Multinacionales tienen en ellos. No pueden ni quieren desmarcarse de las injustas políticas comerciales con el Tercer mundo. Y las iglesias no se ocupan de estos temas, por considerarlos poco apropiados para su vida espiritual; no despiertan a sus creyentes de este sueño engañoso, los creyentes siguen en el Limbo, obedeciendo a sus perversos gobiernos porque los creen buenos y santos y, porque han cauterizado sus conciencias, creyendo que la justicia social no les atañe a ellos como cristianos. Todo lo mas, los cristianos del Primer mundo, se quejan de algunas crisis que llegan a afectarles, pero olvidan la eterna crisis del hambre y la miseria en el Tercer mundo. Nada hacen, sino dar unos euros ocasionalmente. Ignoran voluntariamente, que son sus propios países los causantes del problema y con “caridad” pretenden tranquilizar sus culpables conciencias. No se paran a pensar a costa de qué tienen el nivel de vida conseguido. Lo único que desean es no perder ni un ápice de lo que ahora tienen. No se preguntan por qué los demás pueblos no viven como ellos, a pesar de que bienes hay, para que pudieran hacerlo. ¿Qué es lo que lo impide?. La necrosis galopante que el corazón del Primer mundo padece, provocada por el virus del capitalismo que lo ha infectado todo, desde la escuela a la iglesia. El individualismo frente al colectivismo, el materialismo frente al humanismo, la competitividad frente a la vocación, el egoísmo frente al solidarismo, el consumismo frente al espíritu austero, el mercado sin control frente al mercado justo, la oligarquía frente al socialismo, y sobre todo –aunque después de muchas luchas se fijaron “salarios mínimos”- jamás se han fijado “salarios máximos”, beneficios y ganancias “máximas”, patrimonios y propiedades “máximas”.Como consecuencia el Trabajo, único medio honrado de cubrir la humana necesidad, instituido por Dios “Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra” (Génesis 3.19), se convirtió en explotación, desde que el empleador se quedó con parte de la plusvalía generada y, el precio del dinero, el interés, resultó ser el dios con mayor número de adoradores que haya existido jamás: Mammón, dios de las riquezas, el Becerro de Oro: “No podéis servir a Dios y a las riquezas” (Mateo 6.24), “porque raíz de todos los males es el amor al dinero” (1ª Timoteo 6.10).
El Reino de Dios establecerá la Justicia en la tierra y primero, esta Justicia tiene que establecerse en los países llamados cristianos, que son los poderosos y los que pueden llevar la Justicia del Reino a otros. Fuera de las iglesias del sistema, los cristianos podrán luchar mejor que dentro. Pueden destinar sus ofrendas a los pobres, no a las iglesias, como enseñan las Escrituras. Pueden luchar por un comercio justo. Pueden cambiar el sistema capitalista y luchar contra las guerras económicas que promueve.
No hay que ser tan cívicos, que no nos atrevamos siquiera a cambiar los letreros de las carreteras y encrucijadas de los caminos, ante el ejército alemán invasor; como ocurrió con los cívicos cristianos holandeses, durante la II Guerra Mundial. Ni dejar a su disposición los archivos de nuestros ciudadanos, para que los que nos invaden, puedan saber quienes son judíos e ir por ellos cómodamente, para enviarlos a la deportación y a la muerte. Hay que tener sangre en las venas y si nos concienciamos, podremos hacer mucho por establecer la Justicia en el mundo y adelantar así, el advenimiento del Reino de los cielos. Hay que seguir orando todavía: “venga a nosotros tu Reino”, sabiendo que el “nosotros” incluye, no sólo a nuestros conciudadanos que viven cómodamente, sino también al 80% de los ciudadanos del mundo, que están bajo la miseria y el hambre.
El Reino de los cielos viene para quedarse para siempre. Pero viene al mundo, no sólo a los países europeos, donde parece que ya llegó.
No hemos llegado ya al fin de la historia. Israel tiene que cambiar. Estados Unidos tiene que cambiar. El Capitalismo actual, responsable del hambre mundial y del derroche contaminador de los bienes de la tierra, tiene que cambiar.
El motor del cambio es la iglesia de Jesucristo, la de fuera del sistema, la que salió de la Gran Confusión de Babilonia, la que está libre del poder político, religioso y militar de este mundo. Las discusiones teológicas, propias de otros tiempos, hoy no nos sirven sino para atarnos las manos. Sin abandonar la fe, ni el depósito de la fe, sin renunciar a nuestras Confesiones históricas, hemos de sentir que la Iglesia hoy, mas que nunca, ha de asumir el papel de precursora del Reino, allanando y preparando el camino para su establecimiento definitivo en la tierra. Esto nos ocupará la mayor parte del tiempo y la iglesia de Jesucristo recuperará su misión profética, contribuyendo a introducir en el mundo los cambios necesarios y Justos que caracterizarán al Reino de Dios. Así podrá también contribuir a la evangelización de sus propios países considerados cristianos, haciendo que el Evangelio del Reino sea pronto predicado en todo el mundo, para que –cumplido este requisito- pueda “llegar el fin”. Porque, contra lo que muchos cristianos piensan, el Evangelio tras veinte siglos en el mundo, aun no ha llegado a ser anunciado en toda la tierra; las iglesias del sistema lo han propagado en lo que llamamos Primer mundo y sus misiones, en algunos otros lugares, pero han quedado tan desprestigiadas por su historia, que se muestran incapaces de evangelizar la gran parte del mundo que aun no ha sido evangelizada. Y el Tercer mundo, tan pobre, mísero y hambriento, no puede aceptar un Evangelio proveniente de las iglesias del sistema, que son las que le han explotado y causado, con su silencio vergonzante ante los Estados, su deprimente situación actual. Sólo un Evangelio comprometido con la Justicia del Reino de Dios, puede ser aceptado por los pobres de América Latina, de África, de Asia, concretamente del mundo musulmán, de la India, aborígenes, budistas, animistas, chinos, etc. A las iglesias y misiones oficialistas, siempre les podrán decir aquello tan antiguo y tan sabio de “médico, cúrate a ti mismo”.
40.-LA MISIÓN PROFÉTICA DE LA IGLESIA DE JESUCRISTO
La misión que Cristo le asignó fue y sigue siendo evangelizar el mundo. Llevar la buena noticia de la salvación que Cristo realizó por nosotros en su sacrificio en la cruz si la aceptamos por fe. Este mensaje debe ser llevado hasta lo último de la tierra, junto con la promesa de su regreso para establecer el Reino de Dios sobre su creación.
Pero la iglesia, en su tarea, tuvo que enfrentarse a muchos falsos maestros que introdujeron falsas doctrinas, por lo que gran parte de los siglos transcurridos, los empleó en definir y redefinir la sana doctrina. Las controversias, la apologética, forma parte de la historia misma de la iglesia. Los momentos más álgidos de esta apologética fueron sin duda, los días de la Reforma; por eso fueron también éstos los días en los que mas y mejores Catecismos y Confesiones de Fe se produjeron.
Luego, fue la teología moderna, iniciada por los pensadores alemanes y seguidas por el resto, las que ocuparon el centro de las discusiones. La afición de los holandeses a la teología era tal, que de ellos se decía algo así como que, “donde hubieran dos holandeses, habrían también dos iglesias”.
En mi vida cristiana, nadie me podrá acusar de haber descuidado este aspecto de “contender ardientemente por la fe, dada una vez a los santos” ( Judas 3), incluso porque me tocó vivir, estando en el Seminario de la I.B.I., junto a los presbíteros Don José Ríos y Don Roberto Velert, entre otros estudiantes, la gran controversia que supuso el retorno de la teología calvinista a España, donde había llegado a desaparecer de las iglesias, que –en su lugar- había sido reemplazada por el Arminianismo, acorde con las creencias de los misioneros que sucedieron a Matamoros, Cabrera y los demás impulsores de la llamada Segunda Reforma. (144)
Pero me temo que el problema fundamental de la iglesia cristiana de hoy, no es la teología, que no suele trascender de los despachos de los ministros eclesiásticos, aunque haya quienes se empecinan en “todo lo nuevo” y en esta ocupación, dado que van sobrados de tiempo, algunos ocupen sus horas, abandonando otros aspectos mas fructíferos para la vida espiritual de sus feligreses.
Pero el tiempo de recuperar la tarea encomendada por el Señor a su iglesia, ha llegado. Los que quieran ocupar su tiempo, el escaso tiempo que encierra una vida, en otros menesteres, que lo hagan. El tiempo apremia, y cuantos conocemos las Escrituras y la historia, pasada y reciente, aun nos acercamos un poco mas a vislumbrar los acontecimientos proféticos revelados en las Escrituras para iluminar nuestro camino. Desde la precaución y ausencia de dogmatismo, necesario para evitar un profetismo trasnochado que condujo a muchos a caer en errores doctrinales, que contradecían el depósito de la fe, y desde el examen cuidadoso de las Escrituras y análisis de los acontecimientos que se suceden en el mundo de hoy, hilados entre sí en una misma perspectiva histórica y “la luz de la antorcha que alumbra en lugar oscuro” (2ª Pedro 1.19), podemos intuir el rumbo que el Señor mismo, su mano fuerte, imprime a su iglesia y al mundo.
Esa intuición nos hace tomar posiciones en temas difíciles, comprometernos con causas aparentemente perdidas, en fin, hacer el quijote y librarnos del odioso papel de cura y barbero que, bienintencionados ellos, nunca podrían haber sido bienaventurados, porque su mundanal cordura, le imposibilitaban como paladines del honor y de la Justicia, ni tampoco pudieron aumentar la fe del pragmático Sancho.
La iglesia de Jesucristo no tiene que cambiar su mensaje, sino “predicar todo el Consejo de Dios” (Hechos 20.27), de hablar también de cosas que, en su relación con los poderosos del mundo, olvidó durante demasiado tiempo, cuando optó ponerse al lado de ellos, para que la protegieran, ignorando que sólo Dios es el verdadero protector. Debe hablar de nuevo del Reino de Dios, de la esperanza de los que pedimos que “venga” y de los juicios que aguardan a los incrédulos que actuaron mal, pensando “que su Señor tardaría en llegar”. Ahora, reformándose otra vez a sí misma, debe rectificar su error histórico, volviendo a tomar opción, esta vez, por los pobres de este mundo, como sucedía en la época apostólica. En esto consiste la recuperación del papel profético de la iglesia. Y esto debe hacerlo en esta misma generación, sin perder mas tiempo.
Las iglesias de Jesucristo deben también anunciar que “Por la opresión de los pobres, por el gemido de los menesterosos, ahora me levantaré, dice el Señor; pondré en salvo al que por ello suspira” (Salmo 12.5).
Las iglesias de Jesucristo deben anunciar el contenido íntegro del Salmo 72. Donde el Reino de Dios es descrito: “los montes llevarán la paz al pueblo y los collados justicia...salvará a los hijos del menesteroso, y aplastará al opresor....florecerá en sus días la Justicia y muchedumbre de paz...dominará de mar a mar...hasta los confines de la tierra....Todos los reyes se postrarán delante de él; todas las naciones le servirán. Porque él librará al menesteroso que clamare, al afligido que no tuviere quien le socorra. Tendrá misericordia del pobre y del menesteroso, y salvará la vida de los pobres. De engaño y de violencia redimirá sus almas, y la sangre de ellos será preciosa ante sus ojos...Bendita serán en él todas las naciones;...Bendito su nombre glorioso para siempre”.
Este Reino de los cielos que inaugurará Jesucristo estará lleno de Justicia y de Paz y tendrá especial cuidado de los pobres y menesterosos, dando por preciosa la sangre de los oprimidos, muertos por el sistema injusto de la tierra. La muerte por hambre de ninguna persona o niño, quedará impune. Este Reino ya será el definitivo. Dios no volverá a abandonar al hombre.
“a sus pobres saciaré de pan” (Salmo 132.16) . “Yo sé que el Señor tomará a su cargo la causa del afligido, y el derecho de los necesitados” (Salmo 140.12)
La opresión de los pobres no es algo accidental, es pura injusticia, es atropello de la ley. Dios los redimirá. La iglesia de Jesucristo no debe estar en el Limbo social, en la ignorancia de los que sufren bajo el sistema capitalista. Debe estar con los agraviados, los hambrientos, los cautivos, los ciegos, los caídos, los extranjeros, emigrantes, las viudas y los huérfanos, porque con ellos y sus causas está el Señor (Salmo 146.7-9). Las iglesias de Jesucristo no deben pedir caridad, aunque deban practicarla según sus fuerzas, sino pedir Justicia para todos los agraviados, sociales y políticos, de este mundo. La Justicia es fundamental en el Reino que viene, en el Reino de los cielos que se acerca y al que aspiran todos los cristianos libres del mundo.
Jesucristo es el “retoño” de la casa de David, que se sentará en su trono para siempre y desde él gobernará al mundo con Justicia. En sus días, el pueblo de Israel se convertirá al Mesías y será salvo. Su nombre será “Jehová, justicia nuestra”; y a partir de esos días, el retorno de Israel a Palestina será firme y definitivo: “He aquí que vienen días, dice Jehová, en que levantaré a David renuevo (retoño) justo, y reinará como rey, en el cual será dichoso, y hará juicio y justicia en la tierra. En sus días será salvo Judá, e Israel habitará confiado; y este será su nombre con el cual le llamarán: Jehová, justicia nuestra. Por tanto, he aquí vienen días...en que no dirán mas: Vive Jehová que hizo subir a los hijos de Israel de la tierra de Egipto, sino: Vive Jehová que hizo subir y trajo la descendencia de la casa de Israel de tierra del norte, y de todas las tierras adonde yo los había echado; y habitarán en su tierra” (Jeremías 23.5-8). Indudablemente, Jeremías se refería al regreso a Palestina después de la deportación a Babilonia. Pero el cumplimiento de esta profecía fue incompleto, puesto que el Mesías no vino entonces y tampoco su regreso a la tierra fue definitivo, ya que Dios los volvió a echar de nuevo en un exilio que ha durado hasta los años cuarenta, con la fundación del nuevo Estado de Israel. Es pues, una profecía que aun espera su cumplimiento en todos sus términos. Por tanto, Israel debe entender que si no se convierte, aun podrá ser echado de su tierra y su moderno Estado podría ser destruido, no importa lo poderosos que sean quienes hoy le apoyan incondicionalmente. No hay seguridad para Israel fuera del Reino del Mesías. E Israel debe recordar, con respecto a los actuales palestinos, que el Mesías “hará juicio y justicia en la tierra”. Israel no debe buscar seguridad en otro lado, fuera del Mesías reinando sobre el trono de David.
Los cristianitos que no entienden esto, sino que siguen apegados a las historias de la Escuela Dominical, como si tuvieran algo que ver con el Israel actual, prestan un mal servicio a Israel y contribuyen a su endurecimiento de corazón para convertirse al Señor Jesucristo.
Este mensaje debe proclamarlo también la iglesia de Jesucristo, ante la prepotencia del actual pueblo judío y su comportamiento criminal en Gaza a primeros del año 2009, donde fueron 13 muertos frente a mas de 1000, y toda Gaza reducida a escombros. Respuesta injusta, por lo desproporcionada, para combatir el terrorismo de los fanáticos de Hamás. Todo ello con el beneplácito de Bush y su Veto protector que evitó la condena de esta invasión por la inoperante ONU. La desproporcionalidad entre el terrorismo sufrido por Israel y el producido por su ejército, podrá ser ejemplarizante, no sabemos si disuasor; pero lo que no es, es justo. Lo dice la misma ley de Dios, conocida por muchos como la “ley del talión”, puesta por el Señor para frenar la venganza: ojo por ojo, diente por diente, pelo por pelo, oreja por oreja, uña por uña, etc, etc. La respuesta tiene que ser equilibrada, justa, proporcionada. Por un ojo no se pueden cobrar dos, ni por un diente se puede cobrar toda la dentadura, ni por un dedo un brazo, etc, etc.
Si Israel no cambia, volverá el Señor a expulsarlo de la tierra, siendo esto un retroceso para el advenimiento del Reino de los cielos y, los primeros que nos apenaremos seremos precisamente los cristianos libres, que nos sentimos hijos de Abraham por la fe en su Simiente, el Señor Jesucristo. Israel debe actuar ahora, siguiendo las directrices que el Señor le dio, en su anterior regreso a Canaán, por boca del profeta Ezequiel: “Repartiréis, pues, esta tierra entre vosotros según las tribus de Israel (literalmente, esto no es posible por las diez tribus que se perdieron; pero sí es posible y deseable, el resto de la orden del Señor). Echaréis sobre ella suertes por heredad para vosotros, y para los extranjeros que moran entre vosotros, que entre vosotros han engendrado hijos (¿echareis a los nacidos en Palestina?); y los tendréis como naturales entre los hijos de Israel (¿a quien obedecen los que quieren desnaturalizar a los palestinos sus conciudadanos de nacionalidad israelí, o quieren aislar entre muros de cemento a los que, sin tener este estatus, viven repartidos “entre” todo el país?); echarán suertes con vosotros para tener heredad entre las tribus de Israel (no se les dará lo peor, entrarán con vosotros en el mismo sorteo, tendrán los mismos derechos). En la tribu en que morare el extranjero, allí le daréis su heredad (no podéis desalojarlos y confinarlos donde os parezca, los dejaréis estar donde estuvieron siempre), ha dicho Jehová el Señor” (Ezequiel 47.21-23).
¿Dónde están vuestros Rabinos, para hacer que vuestros gobiernos cumplan la Palabra de Dios y para enseñar a vuestros hermanos recalcitrantes, que obedeciendo al Señor os irá bien, y no tendréis que depender de Alianzas con los poderosos Imperios, que sólo llevan sesenta años siéndolo?. La eterna lucha de Israel con su Dios. Nunca te cansas. Ya es el alba, despunta un nuevo día, el Día del Señor, una nueva era que inaugurará el Mesías, y aun sigues luchando contra el Ángel. En el Génesis, se cansó de luchar él antes que tú. Cesa ya de luchar contra tu Señor. Alíviate de tu cojera y prepárate para el reinado de la Justicia y la Paz que se avecina. “ y luchó con él un varón hasta que rayaba el alba...y se descoyuntó el muslo de Jacob...No te dejaré, si no me bendices....No se dirá mas tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido.....Y lo bendijo allí” (Génesis 32.24-30).
La predicación del Evangelio del Reino es también denuncia contra todo lo que impide su adelanto y establecimiento, contra toda injusticia manifiesta.
“Y recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el Evangelio del Reino” ( Mateo 4.23).
A los sin techo, decidles las palabras que Jesús le dijo a un escriba que quería seguirle: “Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene donde recostar su cabeza” (Mateo 8.20).
Nosotros, los cristianos, somos seguidores de un sin techo. No lo olvidemos. Muchos de los cristianos tenemos mas de lo que tuvo Jesús en toda su vida sobre esta tierra.
La primera injusticia es la pobreza y son muchas las causas que la producen. Entre las mas importantes, está la riqueza injusta. Una máxima anarquista reza así: “Habrá pobres, mientras haya ricos”. Si se investigase a fondo, con la lupa de la Palabra de Dios y su ética, detrás de cada riqueza acumulada, existen multitud de injusticias cometidas. Ninguna, o muy pocas, resistirían una inspección no digo divina, sino ni siquiera de un buen inspector fiscal. El robo a las claras y el encubierto, la explotación de los trabajadores, la usura y el interés bancario, inclusive el considerado “legal”que dictan los bancos nacionales, la extorsión y el engaño en cualquier operación comercial, privada o pública, falsificación en balanzas o calidades, acumulación o acaparamiento para provocar escasez y aumentar el precio de las cosas, especulación, aprovechamiento de las necesidades ajenas, comisiones, regalos y dispendios que, al igual que los sobornos y el cohecho, repercuten en el precio final de las operaciones económicas, todo lo que produce beneficios a unos y perjuicios a otros.
Pero la predicación del Evangelio del Reino es pacifista, por lo que está frontalmente contra las guerras y contra las operaciones comerciales que las provocan o se derivan de ellas. Pero es activa contra toda explotación inicua de la tierra como planeta, y contra las personas o empresas que las practican y contra las autoridades que las autorizan.
Predicar el Evangelio del Reino es predicar también la Justicia que el Reino trae consigo. Es predicación de la Verdad y por ende, denuncia de todos los engaños que se emplean para ocultar, disfrazar o tergiversar la verdad en el boca a boca y en la propaganda de los medios de comunicación libres, privados o públicos y en los casos y causas que cada uno defiende.
La predicación del Reino lo es también de la ética cristiana, que debe estar basada en la verdad y en la Palabra de Dios, procurando que los modos interesados de presentar la realidad, no obedezcan a grupos clasistas de presión y a los métodos oficialistas asentados en el poder, la policía, el ejército, los paramilitares o mercenarios profesionales, contratados para que les hagan el trabajo sucio, sicarial, contra los inocentes que van a pecho descubierto. Las mentes que retuercen el derecho y la misma ley, para obtener sus beneficiosos proyectos, en los que siempre habrá perjudicados pobres, que sufran las consecuencias.
El Reino de los cielos es establecer la Justicia, la verdad, la libertad, y la paz como reguladoras de la vida entre los hombres. Para esta tarea, serían necesario dioses en lugar de hombres. Pero contamos sólo con hombres, por eso son necesarios los cristianos libres y todos aquellos que Dios levante para ayudarnos, los “hombres de buena voluntad”, hasta el momento que el Señor considere que ha llegado el tiempo, para que él mismo regrese para instalarlo. Esto significa estar preparados “para el día de la resurrección”, también llamado “de la adopción” y “de la regeneración”. Cosas, todas ellas experimentadas por muchos cristianos en su vida personal y espiritual por la acción del Espíritu Santo. Pero que en los planes de Dios para el Universo que él creó, también tienen un lugar, todavía futuro, para realizarse a esa escala superior.
Después de todo, el Reino de Dios no es otra cosa que la plasmación a escala mundial de las operaciones del Espíritu a nivel personal.
El plan divino de la Salvación incluía la elección y salvación de un pueblo, el de Israel, depositario de las Escrituras y del Pacto y su Promesa, la Venida del Mesías y su rechazo por parte de Israel, la separación de Israel del Pacto por él quebrantado y la inclusión de los Gentiles en la casa de Abraham mediante la fe en Jesucristo; la historia posterior de la Iglesia, el cumplimiento del tiempo de los Gentiles para entrar en el Pacto del que Israel, por su incredulidad, fue cortado; la conversión de Israel y su entrada en la Iglesia del Nuevo Pacto; los duros acontecimientos finales de los últimos tiempos y el Retorno de Jesucristo con poder, para establecer el Reino de los cielos en esta tierra regenerada o renovada y la entrega del Reino al Padre. Reino eterno, que nunca jamás podrá ser destruido y el Juicio que sentenciará a los que se quedarán fuera, excluidos del Reino.
Este es el resumen bíblico del plan divino.
No obstante, el estudio de estos últimos acontecimientos, la escatología, por ser aun palabra profética, no podemos establecerlo punto por punto con exactitud cronológica. Pero la verdad es que ante la grandeza, rotundidad y espectacularidad de los hechos que se esperan, discutir sobre la cronología, es una pérdida de tiempo innecesaria para las iglesias de Jesucristo, ya que la propia realidad de los hechos que vayan aconteciendo, irá desvelando, una por una, todas las profecías al respecto.
Baste a las iglesias anunciar lo que, con toda certeza ocurrirá y ver cómo, efectivamente, estas cosas van ocurriendo, dejando –como debe ser- los tiempos y las sazones donde deben estar: en la voluntad de Dios, que es quien ejecuta en su Povidencia todos sus planes para la Humanidad.
Después de todo, una vez iniciado el proceso de la instauración, los acontecimientos se sucederán unos a otros de forma imparable, hasta tal punto que una sola generación, la última suponemos, será suficiente para que todo quede cumplido. “No pasará esta generación hasta que todo esto acontezca” (Marcos 13.30).
Sería inútil discutir qué ocurrirá antes: si el castigo y las plagas reservados a la Gran Ramera del Apocalipsis, o la aniquilación de todos los ejércitos terrestres, o si el tiempo de tribulación que aun queda para el pueblo de Dios, o la evangelización y conversión de Israel, o si algunos de estos hechos, coincidirá en el tiempo con algunas de las plagas predeterminadas sobre la tierra, y exactamente con cuales de ellas; si la disolución por fuego, de las obras del hombre que están edificadas en el mundo “ ..el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas” (2ª Pedro 3.9,10), ocurrirán después de las plagas o serán usados para ello los ejércitos de las naciones, en conflicto bélico sin precedente, antes de su destrucción final en Armagedón; si el falso profeta será un predicador con todos los medios de comunicación a su alcance, o serán las iglesias del sistema en su conjunto. Si en esta Segunda Venida del Señor vendrá Elías precursándola, como afirma Malaquías “..yo os envío al profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible” (4.5), o Elías ya vino, en la persona de Juan el Bautista “..,él (Juan el Bautista) es aquél Elías que había de venir” (Mateo 11.14), y sólo debemos esperar que el falso profeta anuncie como Anti o Vice Cristo, el falso reino del Dragón. Si la primera resurrección hay que situarla antes o después de Armagedón, y aun podríamos añadir a esta lista muchísimos temas mas, de los cuales sabemos poco, excepto que ocurrirán. El Espíritu Santo inspiró a profetas como Ezequiel, Daniel, Zacarías, Oseas, Amós, Miqueas, Habacuc y a todos los Apóstoles, muchas de las cosas que deben suceder al final de los tiempos, acerca del Reino de los cielos. No sería correcto por nuestra parte, como creyentes en la Palabra de Dios, que no las tuviéramos en cuenta, ni mucho menos que las menospreciáramos, porque no encajen con nuestro esquema mental o no sepamos discernirlas porque, tal vez, nuestro conocimiento de las Escrituras no sea tan grande como nosotros, orgullosamente, creíamos. La iglesia del Señor ha vivido históricamente de espaldas a las profecías, dejando este terreno a las sectas que surgieron en el pasado. Pero ahora existe la conciencia de que el Señor está realmente cerca y, para los tiempos duros que se avecinan, es para los que Dios nos concedió esta luz, la palabra profética, de la que muchos carecen. Dios no quiere que su pueblo viva a oscuras, ni que sea engañado como tantas veces ocurrió. Antes, porque la Biblia estuvo encadenada y su lectura y divulgación, prohibida; y ahora porque, aunque la tenemos en nuestras casas, no creemos lo que nos dice o no lo sabemos, por tenerla demasiado tiempo cerrada en la mesilla o en la librería. De todas maneras, el que quiera ser ignorante, séalo todavía y el que vislumbre el Reino como única salida del mundo injusto actual, actúe y luche por su adelanto. Algunos, sólo oirán las trompetas, cuando su sonido les revienten los tímpanos.
“Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin” (Mateo24.14). Son palabras de Jesús. El siglo XVIII fue llamado el siglo de las misiones, por el efecto que produjo en la expansión del cristianismo, que llegó hasta los rincones mas recónditos de la tierra.
Aquellos misioneros no se parecían en nada a los actuales. Fueron héroes de la fe y el Señor bendijo sus trabajos donde quiera que fueron. Lo malo es que, años después, llegaron los comerciantes y los soldados para proteger el comercio, lo que desembocó en la colonización pacífica unas veces, sangrientas otras, de aquellos territorios donde había llegado la cruz.
Las iglesias predicaron el Evangelio pero no les hablaron de sus derechos y la gente pacífica aceptó resignada su colonización y la explotación de sus países, de sus materias primas, que hicieron posible el desarrollo industrial europeo, basado en el sistema injusto del capitalismo económico.
Costaría luchas y sangre, la posterior liberación de las colonias y su reconversión en Estados independientes.
Aunque hubo muchísimos misioneros en casi todas las ramas del Cristianismo, personalmente me maravillan los llamados Hermanos Moravos. El Conde Zinzendorf (1700-1760) dio cobijo en sus tierras a muchos reformados perseguidos que formaron la aldea de Herrnhut y desde allí salieron mas misioneros que de todo el conjunto de la cristiandad. Estos misioneros se sostenían económicamente a sí mismos, se adaptaban a las culturas de esquimales, pieles rojas, incluso algunos se vendieron como esclavos, para evangelizar a los esclavos que llevaban a América. En el pueblo de donde procedían se practicaba la comunidad de bienes de los tiempos apostólicos. Sus características eran la oración, el trabajo y la hermandad. Fueron un vivo ejemplo de lo que debe ser la iglesia de Jesucristo, aunque Zinzendorf nunca abandonó la iglesia luterana, sus obras demostraron que estaba fuera del sistema.
El fin fue bueno. Los misioneros magníficos. Sus obras, prodigiosas. Sus vidas, ejemplares. Lo que después acaeció, invasión y conquista, explotación a gran escala durante demasiados años y siglos, de las nuevas tierras y nuevos súbditos, los aborígenes conversos, sus hijos y sus vecinos, y subsiguientes generaciones. Dios usó a aquellos misioneros para hacer entrar en su iglesia a otras razas y etnias. Pero esta misma iglesia, piadosa y voluntariosa, por llevar a unos a la salvación, condenó al resto a la opresión haciendo de ellos ovejas para la matanza, carne de cañón, sirviéndoselos en bandeja al sistema capitalista opresor. No fue esa la intención de aquellos misioneros, pero sí fue el inevitable resultado de su acción. Siendo como eran miembros de santas y puritanas iglesias, no pudieron prever lo que el sistema capitalista haría con aquellos nuevos cristianos. Quisieron ganar almas para Cristo, pero lo que hicieron fue servir, ponérselo fácil, a los explotadores para agrandar y enriquecer el Imperio.
Los españoles llevábamos siglos haciendo lo mismo en el continente americano. Sólo que al revés: primero mandábamos al ejército, se construía un fuerte y luego enviábamos a los frailes que construían alrededor del fuerte, la misión. Pero el resultado final era inevitablemente el mismo: opresión, esclavitud de los nativos, que oficialmente, siempre se negó, llegada de colonos, explotación y comercialización de materias primas, anexión del territorio y extensión del Imperio. (Notas 141,14)
Los indios del Norte, sufrieron peor suerte. A pesar de que David Brainerd y los moravos ganaron muchos para Cristo, ni siquiera fueron esclavizados, porque ya tenían esclavos negros. Fueron, sencillamente, aniquilados, hasta el extremo de casi dejar de existir mas que en las exiguas reservas, en donde los Gobiernos americanos los encerraron. Los blancos fueron llegando por riadas, les quitaron sus tierras, los engañaron en mil y pico de Tratados que fueron papel mojado, y los asesinaron genocidas como el General Custer, que pasaron a engrosar la lista de héroes americanos. Un genocidio mas de los que está sembrada la Historia, pero con el agravante de ser perpetrado con la Biblia en una mano y el winchester en la otra. Masacraron inclusive a los indios que se convirtieron al Cristianismo.
Y sobre sus inmensos cementerios se edificaron las cristianas iglesias. (143)
El Capitalismo esclavizando en el Sur y asesinando en el Norte y Oeste, hizo que América traicionara los bíblicos principios de la Declaración de Independencia y de la Constitución. Los puritanos padres de la patria se revolvieron de dolor y de impotencia en sus sagradas tumbas, viendo como el Capitalismo reemplazaba valores como la libertad y la igualdad en la que Dios creó a todos los hombres. Aunque, prefiero creer que nunca lo supieron, ni lo intuyeron y así permanecen hasta hoy en su beatífica ignorancia, a fin de no convertir su gloria, donde estarán, en el mas cruel de los infiernos.
Las iglesias, muy ortodoxas y mas patriotas, guardaron silencio culpable. Se engendró el racista y dictatorial sistema nazi, luego exportado a Alemania donde se desarrolló y, no reaccionaron, hasta que el Capitalismo se vio en peligro real por el monstruo que había engendrado; cuando –por fin- se decidió intervenir en Europa para lograr su eliminación. Eliminación “oficial”, no real, ni efectiva. Ya que Nüremberg juzgó sólo a unos. A otros, los ignoró. A otros mantuvo en el poder, reconvirtiéndolos en aliados útiles contra el auténtico enemigo, que no era el nazismo, sino el comunismo. Tanto es así que exportó a América Latina, después de la revolución de Cuba, las técnicas fascista-nazistas de la eliminación masiva de civiles, por el sistema de la “desaparición”, enseñado en su escuela para oficiales latinoamericanos establecida en Panamá, que alumnos aventajados, llevaron a la práctica en sus respectivos países, con absoluto desprecio de los Derechos Humanos, Convención de Ginebra y demás leyes internacionales. Y todo esto, ante la santurrona mirada silenciosa de los millones de cristianos existentes en la ciudadanía norteamericana que, confiaron en la imposible honradez de sus Gobiernos y sus presidentes perjuros, que daban el visto bueno a los Golpes de Estados derrocadores de los Gobiernos que no les convenían.
A pesar de esta condensación de la historia de las misiones, la Biblia fue editada y distribuida; y descubierta la propaganda y el marketing, el mundo fue sembrado de folletos evangélicos simplistas, y de misioneros con camisas de flores y corto pantalón. Algo hicieron en propagar el Evangelio en los países que no lo conocían; pero que de alguna manera, comercial o política, dependían del Imperio, y muchas iglesias fueron establecidas en muchas partes del mundo por los buenos misioneros gringos, que aunque pocos, pero también los hubo.
Se podría decir que son pocos los lugares del mundo, donde la predicación del Evangelio no haya llegado. Si se admite esto, el fin de este mundo y antes, la llegada del Reino de los cielos, podría estar muy cerca.
Pero mucho me temo, que lo que ha llegado a todo el mundo, no es la predicación del Evangelio del Reino, sino unos anuncios, unos eslogans acerca de Jesucristo. Ni siquiera podría afirmar que en países como Estados Unidos, en Inglaterra, Holanda, Suiza, Francia, Alemania y el resto de los países considerados cristianos, se posee una idea básica del Evangelio. Llaman Evangelio a la biografía de Jesús, no a la Buena Noticia que debe ser para la Humanidad, el hecho de que cualquiera que cree en Cristo, tiene acceso al perdón total de sus pecados, porque Dios acepta la muerte de su Hijo como pago total de nuestra deuda con la Justicia divina, sin que nosotros tengamos que hacer nada sino creer. Es muy sencillo, muy fácil. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna...El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.” (Juan 3.16,18).
Pues bien, noticia tan sencilla y tan buena, debería ser aceptada y creída. Unos, por gracia de Dios la creen y son salvos y otros, no. Estos otros buscan otras maneras de salvarse y se pierden, porque no la hay. Dios es quien salva y, por tanto, quien establece las condiciones.
¿Sabe el mundo cristiano esto?. ¿Conocen este evangelio, esta buena noticia?.
Me parece que nadie conoce este Evangelio del Reino si para ello no estamos predispuestos por la gracia de Dios, por lo que la tarea de anunciarlo, sigue tan vigente hoy, como en los tiempos apostólicos. Y nos parece también que aun falta mucho para que el Evangelio del Reino llegue a todas las partes del mundo. Para ello tendría que comenzarse por evangelizar a los países cristianos, que creíamos evangelizados hace tiempo, incluso siglos. Tendríamos que salir de las iglesias oficialistas del sistema capitalista del Primer mundo, haciendo énfasis en la Justicia, realizando con ello otra Reforma: La Reforma que nos es necesaria para nuestro mundo actual. Conservando toda la ortodoxia de nuestros mayores, hemos de enfrentar también problemas que ellos no enfrentaron. Hoy sabemos que los gobiernos cristianos, mienten igual o mas que los que no lo son, apoyan el Capitalismo, y ejercen como explotadores en sus relaciones comerciales con los países pobres de la tierra. Les roban, les engañan y por todo ello, dan gracias a Dios. Así, sostienen a gobiernos dictatoriales o solamente democráticos en lo formal, para defender las concesiones comerciales que las grandes Compañías Multinacionales tienen en ellos. No pueden ni quieren desmarcarse de las injustas políticas comerciales con el Tercer mundo. Y las iglesias no se ocupan de estos temas, por considerarlos poco apropiados para su vida espiritual; no despiertan a sus creyentes de este sueño engañoso, los creyentes siguen en el Limbo, obedeciendo a sus perversos gobiernos porque los creen buenos y santos y, porque han cauterizado sus conciencias, creyendo que la justicia social no les atañe a ellos como cristianos. Todo lo mas, los cristianos del Primer mundo, se quejan de algunas crisis que llegan a afectarles, pero olvidan la eterna crisis del hambre y la miseria en el Tercer mundo. Nada hacen, sino dar unos euros ocasionalmente. Ignoran voluntariamente, que son sus propios países los causantes del problema y con “caridad” pretenden tranquilizar sus culpables conciencias. No se paran a pensar a costa de qué tienen el nivel de vida conseguido. Lo único que desean es no perder ni un ápice de lo que ahora tienen. No se preguntan por qué los demás pueblos no viven como ellos, a pesar de que bienes hay, para que pudieran hacerlo. ¿Qué es lo que lo impide?. La necrosis galopante que el corazón del Primer mundo padece, provocada por el virus del capitalismo que lo ha infectado todo, desde la escuela a la iglesia. El individualismo frente al colectivismo, el materialismo frente al humanismo, la competitividad frente a la vocación, el egoísmo frente al solidarismo, el consumismo frente al espíritu austero, el mercado sin control frente al mercado justo, la oligarquía frente al socialismo, y sobre todo –aunque después de muchas luchas se fijaron “salarios mínimos”- jamás se han fijado “salarios máximos”, beneficios y ganancias “máximas”, patrimonios y propiedades “máximas”.Como consecuencia el Trabajo, único medio honrado de cubrir la humana necesidad, instituido por Dios “Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra” (Génesis 3.19), se convirtió en explotación, desde que el empleador se quedó con parte de la plusvalía generada y, el precio del dinero, el interés, resultó ser el dios con mayor número de adoradores que haya existido jamás: Mammón, dios de las riquezas, el Becerro de Oro: “No podéis servir a Dios y a las riquezas” (Mateo 6.24), “porque raíz de todos los males es el amor al dinero” (1ª Timoteo 6.10).
El Reino de Dios establecerá la Justicia en la tierra y primero, esta Justicia tiene que establecerse en los países llamados cristianos, que son los poderosos y los que pueden llevar la Justicia del Reino a otros. Fuera de las iglesias del sistema, los cristianos podrán luchar mejor que dentro. Pueden destinar sus ofrendas a los pobres, no a las iglesias, como enseñan las Escrituras. Pueden luchar por un comercio justo. Pueden cambiar el sistema capitalista y luchar contra las guerras económicas que promueve.
No hay que ser tan cívicos, que no nos atrevamos siquiera a cambiar los letreros de las carreteras y encrucijadas de los caminos, ante el ejército alemán invasor; como ocurrió con los cívicos cristianos holandeses, durante la II Guerra Mundial. Ni dejar a su disposición los archivos de nuestros ciudadanos, para que los que nos invaden, puedan saber quienes son judíos e ir por ellos cómodamente, para enviarlos a la deportación y a la muerte. Hay que tener sangre en las venas y si nos concienciamos, podremos hacer mucho por establecer la Justicia en el mundo y adelantar así, el advenimiento del Reino de los cielos. Hay que seguir orando todavía: “venga a nosotros tu Reino”, sabiendo que el “nosotros” incluye, no sólo a nuestros conciudadanos que viven cómodamente, sino también al 80% de los ciudadanos del mundo, que están bajo la miseria y el hambre.
El Reino de los cielos viene para quedarse para siempre. Pero viene al mundo, no sólo a los países europeos, donde parece que ya llegó.
No hemos llegado ya al fin de la historia. Israel tiene que cambiar. Estados Unidos tiene que cambiar. El Capitalismo actual, responsable del hambre mundial y del derroche contaminador de los bienes de la tierra, tiene que cambiar.
El motor del cambio es la iglesia de Jesucristo, la de fuera del sistema, la que salió de la Gran Confusión de Babilonia, la que está libre del poder político, religioso y militar de este mundo. Las discusiones teológicas, propias de otros tiempos, hoy no nos sirven sino para atarnos las manos. Sin abandonar la fe, ni el depósito de la fe, sin renunciar a nuestras Confesiones históricas, hemos de sentir que la Iglesia hoy, mas que nunca, ha de asumir el papel de precursora del Reino, allanando y preparando el camino para su establecimiento definitivo en la tierra. Esto nos ocupará la mayor parte del tiempo y la iglesia de Jesucristo recuperará su misión profética, contribuyendo a introducir en el mundo los cambios necesarios y Justos que caracterizarán al Reino de Dios. Así podrá también contribuir a la evangelización de sus propios países considerados cristianos, haciendo que el Evangelio del Reino sea pronto predicado en todo el mundo, para que –cumplido este requisito- pueda “llegar el fin”. Porque, contra lo que muchos cristianos piensan, el Evangelio tras veinte siglos en el mundo, aun no ha llegado a ser anunciado en toda la tierra; las iglesias del sistema lo han propagado en lo que llamamos Primer mundo y sus misiones, en algunos otros lugares, pero han quedado tan desprestigiadas por su historia, que se muestran incapaces de evangelizar la gran parte del mundo que aun no ha sido evangelizada. Y el Tercer mundo, tan pobre, mísero y hambriento, no puede aceptar un Evangelio proveniente de las iglesias del sistema, que son las que le han explotado y causado, con su silencio vergonzante ante los Estados, su deprimente situación actual. Sólo un Evangelio comprometido con la Justicia del Reino de Dios, puede ser aceptado por los pobres de América Latina, de África, de Asia, concretamente del mundo musulmán, de la India, aborígenes, budistas, animistas, chinos, etc. A las iglesias y misiones oficialistas, siempre les podrán decir aquello tan antiguo y tan sabio de “médico, cúrate a ti mismo”.
40.-LA MISIÓN PROFÉTICA DE LA IGLESIA DE JESUCRISTO
La misión que Cristo le asignó fue y sigue siendo evangelizar el mundo. Llevar la buena noticia de la salvación que Cristo realizó por nosotros en su sacrificio en la cruz si la aceptamos por fe. Este mensaje debe ser llevado hasta lo último de la tierra, junto con la promesa de su regreso para establecer el Reino de Dios sobre su creación.
Pero la iglesia, en su tarea, tuvo que enfrentarse a muchos falsos maestros que introdujeron falsas doctrinas, por lo que gran parte de los siglos transcurridos, los empleó en definir y redefinir la sana doctrina. Las controversias, la apologética, forma parte de la historia misma de la iglesia. Los momentos más álgidos de esta apologética fueron sin duda, los días de la Reforma; por eso fueron también éstos los días en los que mas y mejores Catecismos y Confesiones de Fe se produjeron.
Luego, fue la teología moderna, iniciada por los pensadores alemanes y seguidas por el resto, las que ocuparon el centro de las discusiones. La afición de los holandeses a la teología era tal, que de ellos se decía algo así como que, “donde hubieran dos holandeses, habrían también dos iglesias”.
En mi vida cristiana, nadie me podrá acusar de haber descuidado este aspecto de “contender ardientemente por la fe, dada una vez a los santos” ( Judas 3), incluso porque me tocó vivir, estando en el Seminario de la I.B.I., junto a los presbíteros Don José Ríos y Don Roberto Velert, entre otros estudiantes, la gran controversia que supuso el retorno de la teología calvinista a España, donde había llegado a desaparecer de las iglesias, que –en su lugar- había sido reemplazada por el Arminianismo, acorde con las creencias de los misioneros que sucedieron a Matamoros, Cabrera y los demás impulsores de la llamada Segunda Reforma. (144)
Pero me temo que el problema fundamental de la iglesia cristiana de hoy, no es la teología, que no suele trascender de los despachos de los ministros eclesiásticos, aunque haya quienes se empecinan en “todo lo nuevo” y en esta ocupación, dado que van sobrados de tiempo, algunos ocupen sus horas, abandonando otros aspectos mas fructíferos para la vida espiritual de sus feligreses.
Pero el tiempo de recuperar la tarea encomendada por el Señor a su iglesia, ha llegado. Los que quieran ocupar su tiempo, el escaso tiempo que encierra una vida, en otros menesteres, que lo hagan. El tiempo apremia, y cuantos conocemos las Escrituras y la historia, pasada y reciente, aun nos acercamos un poco mas a vislumbrar los acontecimientos proféticos revelados en las Escrituras para iluminar nuestro camino. Desde la precaución y ausencia de dogmatismo, necesario para evitar un profetismo trasnochado que condujo a muchos a caer en errores doctrinales, que contradecían el depósito de la fe, y desde el examen cuidadoso de las Escrituras y análisis de los acontecimientos que se suceden en el mundo de hoy, hilados entre sí en una misma perspectiva histórica y “la luz de la antorcha que alumbra en lugar oscuro” (2ª Pedro 1.19), podemos intuir el rumbo que el Señor mismo, su mano fuerte, imprime a su iglesia y al mundo.
Esa intuición nos hace tomar posiciones en temas difíciles, comprometernos con causas aparentemente perdidas, en fin, hacer el quijote y librarnos del odioso papel de cura y barbero que, bienintencionados ellos, nunca podrían haber sido bienaventurados, porque su mundanal cordura, le imposibilitaban como paladines del honor y de la Justicia, ni tampoco pudieron aumentar la fe del pragmático Sancho.
La iglesia de Jesucristo no tiene que cambiar su mensaje, sino “predicar todo el Consejo de Dios” (Hechos 20.27), de hablar también de cosas que, en su relación con los poderosos del mundo, olvidó durante demasiado tiempo, cuando optó ponerse al lado de ellos, para que la protegieran, ignorando que sólo Dios es el verdadero protector. Debe hablar de nuevo del Reino de Dios, de la esperanza de los que pedimos que “venga” y de los juicios que aguardan a los incrédulos que actuaron mal, pensando “que su Señor tardaría en llegar”. Ahora, reformándose otra vez a sí misma, debe rectificar su error histórico, volviendo a tomar opción, esta vez, por los pobres de este mundo, como sucedía en la época apostólica. En esto consiste la recuperación del papel profético de la iglesia. Y esto debe hacerlo en esta misma generación, sin perder mas tiempo.
Las iglesias de Jesucristo deben también anunciar que “Por la opresión de los pobres, por el gemido de los menesterosos, ahora me levantaré, dice el Señor; pondré en salvo al que por ello suspira” (Salmo 12.5).
Las iglesias de Jesucristo deben anunciar el contenido íntegro del Salmo 72. Donde el Reino de Dios es descrito: “los montes llevarán la paz al pueblo y los collados justicia...salvará a los hijos del menesteroso, y aplastará al opresor....florecerá en sus días la Justicia y muchedumbre de paz...dominará de mar a mar...hasta los confines de la tierra....Todos los reyes se postrarán delante de él; todas las naciones le servirán. Porque él librará al menesteroso que clamare, al afligido que no tuviere quien le socorra. Tendrá misericordia del pobre y del menesteroso, y salvará la vida de los pobres. De engaño y de violencia redimirá sus almas, y la sangre de ellos será preciosa ante sus ojos...Bendita serán en él todas las naciones;...Bendito su nombre glorioso para siempre”.
Este Reino de los cielos que inaugurará Jesucristo estará lleno de Justicia y de Paz y tendrá especial cuidado de los pobres y menesterosos, dando por preciosa la sangre de los oprimidos, muertos por el sistema injusto de la tierra. La muerte por hambre de ninguna persona o niño, quedará impune. Este Reino ya será el definitivo. Dios no volverá a abandonar al hombre.
“a sus pobres saciaré de pan” (Salmo 132.16) . “Yo sé que el Señor tomará a su cargo la causa del afligido, y el derecho de los necesitados” (Salmo 140.12)
La opresión de los pobres no es algo accidental, es pura injusticia, es atropello de la ley. Dios los redimirá. La iglesia de Jesucristo no debe estar en el Limbo social, en la ignorancia de los que sufren bajo el sistema capitalista. Debe estar con los agraviados, los hambrientos, los cautivos, los ciegos, los caídos, los extranjeros, emigrantes, las viudas y los huérfanos, porque con ellos y sus causas está el Señor (Salmo 146.7-9). Las iglesias de Jesucristo no deben pedir caridad, aunque deban practicarla según sus fuerzas, sino pedir Justicia para todos los agraviados, sociales y políticos, de este mundo. La Justicia es fundamental en el Reino que viene, en el Reino de los cielos que se acerca y al que aspiran todos los cristianos libres del mundo.
Jesucristo es el “retoño” de la casa de David, que se sentará en su trono para siempre y desde él gobernará al mundo con Justicia. En sus días, el pueblo de Israel se convertirá al Mesías y será salvo. Su nombre será “Jehová, justicia nuestra”; y a partir de esos días, el retorno de Israel a Palestina será firme y definitivo: “He aquí que vienen días, dice Jehová, en que levantaré a David renuevo (retoño) justo, y reinará como rey, en el cual será dichoso, y hará juicio y justicia en la tierra. En sus días será salvo Judá, e Israel habitará confiado; y este será su nombre con el cual le llamarán: Jehová, justicia nuestra. Por tanto, he aquí vienen días...en que no dirán mas: Vive Jehová que hizo subir a los hijos de Israel de la tierra de Egipto, sino: Vive Jehová que hizo subir y trajo la descendencia de la casa de Israel de tierra del norte, y de todas las tierras adonde yo los había echado; y habitarán en su tierra” (Jeremías 23.5-8). Indudablemente, Jeremías se refería al regreso a Palestina después de la deportación a Babilonia. Pero el cumplimiento de esta profecía fue incompleto, puesto que el Mesías no vino entonces y tampoco su regreso a la tierra fue definitivo, ya que Dios los volvió a echar de nuevo en un exilio que ha durado hasta los años cuarenta, con la fundación del nuevo Estado de Israel. Es pues, una profecía que aun espera su cumplimiento en todos sus términos. Por tanto, Israel debe entender que si no se convierte, aun podrá ser echado de su tierra y su moderno Estado podría ser destruido, no importa lo poderosos que sean quienes hoy le apoyan incondicionalmente. No hay seguridad para Israel fuera del Reino del Mesías. E Israel debe recordar, con respecto a los actuales palestinos, que el Mesías “hará juicio y justicia en la tierra”. Israel no debe buscar seguridad en otro lado, fuera del Mesías reinando sobre el trono de David.
Los cristianitos que no entienden esto, sino que siguen apegados a las historias de la Escuela Dominical, como si tuvieran algo que ver con el Israel actual, prestan un mal servicio a Israel y contribuyen a su endurecimiento de corazón para convertirse al Señor Jesucristo.
Este mensaje debe proclamarlo también la iglesia de Jesucristo, ante la prepotencia del actual pueblo judío y su comportamiento criminal en Gaza a primeros del año 2009, donde fueron 13 muertos frente a mas de 1000, y toda Gaza reducida a escombros. Respuesta injusta, por lo desproporcionada, para combatir el terrorismo de los fanáticos de Hamás. Todo ello con el beneplácito de Bush y su Veto protector que evitó la condena de esta invasión por la inoperante ONU. La desproporcionalidad entre el terrorismo sufrido por Israel y el producido por su ejército, podrá ser ejemplarizante, no sabemos si disuasor; pero lo que no es, es justo. Lo dice la misma ley de Dios, conocida por muchos como la “ley del talión”, puesta por el Señor para frenar la venganza: ojo por ojo, diente por diente, pelo por pelo, oreja por oreja, uña por uña, etc, etc. La respuesta tiene que ser equilibrada, justa, proporcionada. Por un ojo no se pueden cobrar dos, ni por un diente se puede cobrar toda la dentadura, ni por un dedo un brazo, etc, etc.
Si Israel no cambia, volverá el Señor a expulsarlo de la tierra, siendo esto un retroceso para el advenimiento del Reino de los cielos y, los primeros que nos apenaremos seremos precisamente los cristianos libres, que nos sentimos hijos de Abraham por la fe en su Simiente, el Señor Jesucristo. Israel debe actuar ahora, siguiendo las directrices que el Señor le dio, en su anterior regreso a Canaán, por boca del profeta Ezequiel: “Repartiréis, pues, esta tierra entre vosotros según las tribus de Israel (literalmente, esto no es posible por las diez tribus que se perdieron; pero sí es posible y deseable, el resto de la orden del Señor). Echaréis sobre ella suertes por heredad para vosotros, y para los extranjeros que moran entre vosotros, que entre vosotros han engendrado hijos (¿echareis a los nacidos en Palestina?); y los tendréis como naturales entre los hijos de Israel (¿a quien obedecen los que quieren desnaturalizar a los palestinos sus conciudadanos de nacionalidad israelí, o quieren aislar entre muros de cemento a los que, sin tener este estatus, viven repartidos “entre” todo el país?); echarán suertes con vosotros para tener heredad entre las tribus de Israel (no se les dará lo peor, entrarán con vosotros en el mismo sorteo, tendrán los mismos derechos). En la tribu en que morare el extranjero, allí le daréis su heredad (no podéis desalojarlos y confinarlos donde os parezca, los dejaréis estar donde estuvieron siempre), ha dicho Jehová el Señor” (Ezequiel 47.21-23).
¿Dónde están vuestros Rabinos, para hacer que vuestros gobiernos cumplan la Palabra de Dios y para enseñar a vuestros hermanos recalcitrantes, que obedeciendo al Señor os irá bien, y no tendréis que depender de Alianzas con los poderosos Imperios, que sólo llevan sesenta años siéndolo?. La eterna lucha de Israel con su Dios. Nunca te cansas. Ya es el alba, despunta un nuevo día, el Día del Señor, una nueva era que inaugurará el Mesías, y aun sigues luchando contra el Ángel. En el Génesis, se cansó de luchar él antes que tú. Cesa ya de luchar contra tu Señor. Alíviate de tu cojera y prepárate para el reinado de la Justicia y la Paz que se avecina. “ y luchó con él un varón hasta que rayaba el alba...y se descoyuntó el muslo de Jacob...No te dejaré, si no me bendices....No se dirá mas tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido.....Y lo bendijo allí” (Génesis 32.24-30).
La predicación del Evangelio del Reino es también denuncia contra todo lo que impide su adelanto y establecimiento, contra toda injusticia manifiesta.
“Y recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el Evangelio del Reino” ( Mateo 4.23).
A los sin techo, decidles las palabras que Jesús le dijo a un escriba que quería seguirle: “Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene donde recostar su cabeza” (Mateo 8.20).
Nosotros, los cristianos, somos seguidores de un sin techo. No lo olvidemos. Muchos de los cristianos tenemos mas de lo que tuvo Jesús en toda su vida sobre esta tierra.
La primera injusticia es la pobreza y son muchas las causas que la producen. Entre las mas importantes, está la riqueza injusta. Una máxima anarquista reza así: “Habrá pobres, mientras haya ricos”. Si se investigase a fondo, con la lupa de la Palabra de Dios y su ética, detrás de cada riqueza acumulada, existen multitud de injusticias cometidas. Ninguna, o muy pocas, resistirían una inspección no digo divina, sino ni siquiera de un buen inspector fiscal. El robo a las claras y el encubierto, la explotación de los trabajadores, la usura y el interés bancario, inclusive el considerado “legal”que dictan los bancos nacionales, la extorsión y el engaño en cualquier operación comercial, privada o pública, falsificación en balanzas o calidades, acumulación o acaparamiento para provocar escasez y aumentar el precio de las cosas, especulación, aprovechamiento de las necesidades ajenas, comisiones, regalos y dispendios que, al igual que los sobornos y el cohecho, repercuten en el precio final de las operaciones económicas, todo lo que produce beneficios a unos y perjuicios a otros.
Pero la predicación del Evangelio del Reino es pacifista, por lo que está frontalmente contra las guerras y contra las operaciones comerciales que las provocan o se derivan de ellas. Pero es activa contra toda explotación inicua de la tierra como planeta, y contra las personas o empresas que las practican y contra las autoridades que las autorizan.
Predicar el Evangelio del Reino es predicar también la Justicia que el Reino trae consigo. Es predicación de la Verdad y por ende, denuncia de todos los engaños que se emplean para ocultar, disfrazar o tergiversar la verdad en el boca a boca y en la propaganda de los medios de comunicación libres, privados o públicos y en los casos y causas que cada uno defiende.
La predicación del Reino lo es también de la ética cristiana, que debe estar basada en la verdad y en la Palabra de Dios, procurando que los modos interesados de presentar la realidad, no obedezcan a grupos clasistas de presión y a los métodos oficialistas asentados en el poder, la policía, el ejército, los paramilitares o mercenarios profesionales, contratados para que les hagan el trabajo sucio, sicarial, contra los inocentes que van a pecho descubierto. Las mentes que retuercen el derecho y la misma ley, para obtener sus beneficiosos proyectos, en los que siempre habrá perjudicados pobres, que sufran las consecuencias.
El Reino de los cielos es establecer la Justicia, la verdad, la libertad, y la paz como reguladoras de la vida entre los hombres. Para esta tarea, serían necesario dioses en lugar de hombres. Pero contamos sólo con hombres, por eso son necesarios los cristianos libres y todos aquellos que Dios levante para ayudarnos, los “hombres de buena voluntad”, hasta el momento que el Señor considere que ha llegado el tiempo, para que él mismo regrese para instalarlo. Esto significa estar preparados “para el día de la resurrección”, también llamado “de la adopción” y “de la regeneración”. Cosas, todas ellas experimentadas por muchos cristianos en su vida personal y espiritual por la acción del Espíritu Santo. Pero que en los planes de Dios para el Universo que él creó, también tienen un lugar, todavía futuro, para realizarse a esa escala superior.
Después de todo, el Reino de Dios no es otra cosa que la plasmación a escala mundial de las operaciones del Espíritu a nivel personal.
El plan divino de la Salvación incluía la elección y salvación de un pueblo, el de Israel, depositario de las Escrituras y del Pacto y su Promesa, la Venida del Mesías y su rechazo por parte de Israel, la separación de Israel del Pacto por él quebrantado y la inclusión de los Gentiles en la casa de Abraham mediante la fe en Jesucristo; la historia posterior de la Iglesia, el cumplimiento del tiempo de los Gentiles para entrar en el Pacto del que Israel, por su incredulidad, fue cortado; la conversión de Israel y su entrada en la Iglesia del Nuevo Pacto; los duros acontecimientos finales de los últimos tiempos y el Retorno de Jesucristo con poder, para establecer el Reino de los cielos en esta tierra regenerada o renovada y la entrega del Reino al Padre. Reino eterno, que nunca jamás podrá ser destruido y el Juicio que sentenciará a los que se quedarán fuera, excluidos del Reino.
Este es el resumen bíblico del plan divino.
No obstante, el estudio de estos últimos acontecimientos, la escatología, por ser aun palabra profética, no podemos establecerlo punto por punto con exactitud cronológica. Pero la verdad es que ante la grandeza, rotundidad y espectacularidad de los hechos que se esperan, discutir sobre la cronología, es una pérdida de tiempo innecesaria para las iglesias de Jesucristo, ya que la propia realidad de los hechos que vayan aconteciendo, irá desvelando, una por una, todas las profecías al respecto.
Baste a las iglesias anunciar lo que, con toda certeza ocurrirá y ver cómo, efectivamente, estas cosas van ocurriendo, dejando –como debe ser- los tiempos y las sazones donde deben estar: en la voluntad de Dios, que es quien ejecuta en su Povidencia todos sus planes para la Humanidad.
Después de todo, una vez iniciado el proceso de la instauración, los acontecimientos se sucederán unos a otros de forma imparable, hasta tal punto que una sola generación, la última suponemos, será suficiente para que todo quede cumplido. “No pasará esta generación hasta que todo esto acontezca” (Marcos 13.30).
Sería inútil discutir qué ocurrirá antes: si el castigo y las plagas reservados a la Gran Ramera del Apocalipsis, o la aniquilación de todos los ejércitos terrestres, o si el tiempo de tribulación que aun queda para el pueblo de Dios, o la evangelización y conversión de Israel, o si algunos de estos hechos, coincidirá en el tiempo con algunas de las plagas predeterminadas sobre la tierra, y exactamente con cuales de ellas; si la disolución por fuego, de las obras del hombre que están edificadas en el mundo “ ..el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas” (2ª Pedro 3.9,10), ocurrirán después de las plagas o serán usados para ello los ejércitos de las naciones, en conflicto bélico sin precedente, antes de su destrucción final en Armagedón; si el falso profeta será un predicador con todos los medios de comunicación a su alcance, o serán las iglesias del sistema en su conjunto. Si en esta Segunda Venida del Señor vendrá Elías precursándola, como afirma Malaquías “..yo os envío al profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible” (4.5), o Elías ya vino, en la persona de Juan el Bautista “..,él (Juan el Bautista) es aquél Elías que había de venir” (Mateo 11.14), y sólo debemos esperar que el falso profeta anuncie como Anti o Vice Cristo, el falso reino del Dragón. Si la primera resurrección hay que situarla antes o después de Armagedón, y aun podríamos añadir a esta lista muchísimos temas mas, de los cuales sabemos poco, excepto que ocurrirán. El Espíritu Santo inspiró a profetas como Ezequiel, Daniel, Zacarías, Oseas, Amós, Miqueas, Habacuc y a todos los Apóstoles, muchas de las cosas que deben suceder al final de los tiempos, acerca del Reino de los cielos. No sería correcto por nuestra parte, como creyentes en la Palabra de Dios, que no las tuviéramos en cuenta, ni mucho menos que las menospreciáramos, porque no encajen con nuestro esquema mental o no sepamos discernirlas porque, tal vez, nuestro conocimiento de las Escrituras no sea tan grande como nosotros, orgullosamente, creíamos. La iglesia del Señor ha vivido históricamente de espaldas a las profecías, dejando este terreno a las sectas que surgieron en el pasado. Pero ahora existe la conciencia de que el Señor está realmente cerca y, para los tiempos duros que se avecinan, es para los que Dios nos concedió esta luz, la palabra profética, de la que muchos carecen. Dios no quiere que su pueblo viva a oscuras, ni que sea engañado como tantas veces ocurrió. Antes, porque la Biblia estuvo encadenada y su lectura y divulgación, prohibida; y ahora porque, aunque la tenemos en nuestras casas, no creemos lo que nos dice o no lo sabemos, por tenerla demasiado tiempo cerrada en la mesilla o en la librería. De todas maneras, el que quiera ser ignorante, séalo todavía y el que vislumbre el Reino como única salida del mundo injusto actual, actúe y luche por su adelanto. Algunos, sólo oirán las trompetas, cuando su sonido les revienten los tímpanos.
41-ESPÍRITU SECTARIO.
Las iglesias libres de Jesucristo salieron, no sólo de la Babilonia apocalíptica, de las iglesias del sistema, sino también de su espíritu sectario que caracteriza a todas. Se excomulgan, como antaño, unas a otras. A veces con razón, la mayoría de veces, sin ella. Antaño se expedían documentos, bulas, de estas excomuniones. Hoy, no suele ser así. Cualquier cura, presbítero o pastor, puede negarle la comunión del Cuerpo y la Sangre de Jesucristo a quien o quienes él, o su feligresía, crean oportuno, alegando las razones mas peregrinas, tales como: no es costumbre de nuestra iglesia admitir a la Comunión a nadie que no sea miembro o feligrés de ella, no podemos darle la Comunión porque no está debidamente bautizado por inmersión, porque sabemos que fuma, porque no lleva la cabeza cubierta con velo, porque –siendo mujer- lleva pantalones, porque va excesivamente maquillada, porque no pertenece a nuestra denominación o confesión, porque no le conocemos, porque no sabemos cual es su fe, porque sabemos que su fe es distinta a la nuestra, etc, etc. Siempre es el clero quien se erige en Dueño de las gracias y dones del Señor, a quien dice representar. Lo peor es que tales actitudes se transmiten de unas iglesias a otras y de unos clérigos a otros.
Si para participar en la Comunión fuera necesario tener exactamente las mismas creencias y las mismas prácticas, esta ordenanza o sacramento tendría que ser individual y nunca colectivo, porque no existen dos cristianos que crean las mismas cosas y de la misma manera; lo podríamos ver, a poco que escarbásemos un poco mas allá de las palabras o afirmaciones genéricas que, sobre las mismas creencias, hiciesen ambos.
El sectarismo cristiano, fomentado por todo su clero, es la esclerosis múltiple que ha traído la inoperancia histórica al Cuerpo de Cristo, la iglesia, para adelantar el Reino de Dios. El Cuerpo de Cristo, parapléjico excepto la Cabeza, Cristo, lleva veinte siglos en el mundo sin haberlo ganado para el Evangelio. En este objetivo, el Cristianismo ha sido un completo fracaso. Con esto no estoy abogando por el Ecumenismo, consistente en la unificación de todas las iglesias en una sola Organización. Los resultados serían peores, porque con el clero resultante sustituyendo a la Cabeza que es Cristo, el Cuerpo sería, no un cuerpo paralizado, sino decapitado, con lo que el Espíritu Santo no hubiera podido mantener en él, ni el mas mínimo hálito de vida.
Las iglesias de Jesucristo han aprendido a ser tolerantes con los hermanos y saben, por tanto, por lo que han de luchar y por lo que no vale la pena mover ni un solo dedo.
Despojarse del espíritu farisaico cuesta mucho y sólo lo puede lograr el Espíritu Santo de Dios. La unidad de los cristianos no es la unidad en cada tilde y cada coma, sino “la unidad del espíritu en el vínculo de la paz” (Efesios4.3).
Los Apóstoles mismos, cuando todavía Jesús estaba con ellos, le dijeron al Señor: “Maestro hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre; y se lo prohibimos, porque no sigue con nosotros” (Lucas 9.49).
Estaba haciendo la obra de Dios. Estaba luchando contra el imperio del mal. Estaba liberando personas y lo hacía en el nombre de Jesús de Nazaret, del cual –seguramente- había oído, al cual había creído, pero que no les acompañaba dentro del grupo de discípulos. Digamos que estaba “fuera de la organización”, si es que aquel grupo podría así llamarse.
“Y se lo prohibimos”. El celo de muchos hombres por las cosas de Dios es tan grande, que cuando piensa que otro sigue a Dios de otra manera, tiende a condenarlo, pensando que esa otra manera, pudiera no ser la correcta. Y, entonces, prohibe.
Así ha sucedido siempre. Pero aprendamos con humildad y en este caso, hasta con el propio Apóstol Juan, que podemos equivocarnos. “Jesús les dijo: No se lo prohibáis; porque el que no es contra nosotros, por nosotros es” (Lucas 9.50).
Es cierto que tenemos muchos enemigos, pero a veces, los vemos donde no los hay. A veces tenemos amigos a los cuales no sabemos ver como tales. En mi experiencia de estos últimos veinte años, cuando mas me he movido entre personas de ideología izquierdista, lo he podido comprobar. Los ideales del Reino de los cielos están también sembrados en los corazones de la izquierda política. Por eso coinciden con los cristianos en su lucha contra la opresión y la explotación de los pobres de la tierra, su lucha por la Justicia, contra las guerras imperialistas y en su defensa de la ecología. Podemos ir con ellos tranquilamente, porque lo único que nos separa de ellos es que nadie les habló de Jesús. No del Jesús del Evangelio, del Jesús pobre, del que era amigo de las clases menospreciadas de la hipócrita sociedad: los publicanos (cobradores de impuestos para Roma y prestamistas), prostitutas y pobres. (145,146)
Ser de izquierdas no es necesariamente ser cristiano, pero sí es estar mas cerca del Reino de los cielos que los que pertenecen o piensan como los partidos de derechas.
También me he encontrado con personas que se confesaron creyentes, aunque no practicantes de los cultos de ninguna iglesia. Escarbando mas, pude comprobar una simplicidad y sencillez de fe con mas pureza de la que muchos cristianos dicen profesar. Los ángeles, en el acto profetizado del “arrebatamiento de la iglesia” (1ª Tesalonicenses 4.13-18), tendrán que rebuscar para tomar consigo a mucha gente, fuera de las iglesias, dejando aquí a otros, continuos visitadores de ellas.
De todas maneras, las iglesias de Jesucristo liberadas del sistema jerárquico-capitalista, debemos proceder en todo como las iglesias novotestamentarias, no rechazando a ninguna persona que quiera acercarse a Jesús de Nazaret. Estando mas prestos a sumar que a restar, a incluir que a excluir. A ejercer mas humildad que orgullo farisaico. A ver que el poder de Dios puede “levantar hijos a Abraham aun de las mismas piedras”, a descubrir cristianos donde no esperábamos que los había; a acostumbrarnos a que muchos que creíamos lejos, están mas cerca que nosotros mismos del Reino de los cielos porque, sin saberlo ellos, están haciendo las obras de Dios. El Espíritu del Señor está actuando hoy de forma distinta a como lo ha hecho en otras épocas, porque los tiempos son distintos y las iglesias del sistema están ciegas para reconocerlos. Los avivamientos espirituales del pasado solían comenzar llenando las iglesias, despertando las conciencias religiosas de los hombres y promoviendo un crecimiento, también numérico, del pueblo de Dios que beneficiaba a todas las denominaciones cristianas.
Dios actúa siempre según sus planes en la concesión de estos “tiempos de refrigerio” que concede a su pueblo, derramando su Espíritu sobre toda carne. Pero las iglesias de hoy, mas vinculadas a sus organizaciones que nunca, mas acomodaticias con la prosperidad alcanzada en occidente, mas fáciles de domeñar y mas proclives a los medios de comunicación, sus campañas y marketings; son capaces de acudir en masa a cuantas convocatorias sean llamadas por sus líderes y Jerarquías, regresando luego a casa con la sensación de haber dado un testimonio cristiano a la sociedad.
Las trompetas tocan con sonido incierto y son muchos los que tienen la duda de si defendieron causas cristianas (como así se lo dijeron), o simplemente salieron a defender los intereses particulares de sus propias iglesias-institucionales, dando un balón de oxígeno a las ambiciones frustradas de sus iglesias, de aumentar o no perder, la influencia que siempre tuvieron sus jerarcas sobre la sociedad. La derecha político-religiosa es experta en la manipulación de manifestaciones que, bajo un lema cristiano o moralmente aceptable, obedecen realmente a intereses defensores del conservadurismo mas rancio del Capital. Estos cristianitos estarán ausentes de cualquier manifestación sindical, o anti sistema, anti nuclear, anti bases militares, anti OTAN, contra el FMI y su política monetaria empobrecedora del Tercer mundo, contra el calentamiento de la tierra, anti globalización, anti guerra, por el 0´7, por la condonación de la deuda externa a los países pobres o contra el hambre. Esto nos da una idea de la confusión espiritual de estos cristianitos residentes en el Limbo y de la astucia de su clero manipulador.
No saben que, siguiendo a sus guías ciegos, no están ayudando sino retrasando, poniendo palos en las ruedas del Reino de los cielos. Por eso, la iglesia jerárquica-institucional-organizada no es, ni puede ser, la vanguardia del Reino de los cielos, sino su rémora y lastre, que ejerce su papel histórico de oposición al Reino de Dios. No es su precursora, sino la verdosa mosca que inflige molestia constante a las entrepiernas de las caballerías, que ni entra en el Reino, ni deja tranquilos a los que desean entrar en sus labores. Sigue empeñada en domesticar al cristianismo rebelde y militante en la lucha por la Justicia. Siguen empeñadas en que los cristianos no dejen de ser el rebaño dócil que fueron siempre, para que sean necesarios otros dos mil años para que el Reino de Dios sea establecido en la tierra. Mientras tanto, siguen estando unidos al poder, empeñados en repetir la historia, no en hacerla nueva y diferente. (Nota 147)
Por estas cosas, Dios ha rechazado a la Iglesia Oficialista en el trabajo de construcción del Reino y ha dado su lugar a otros. Como ocurrió con el Israel carnal e incrédulo, el Reino fue entregado a otros que hicieran las obras dignas de él. “Por tanto os digo, que el Reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él” (Mateo21.43). La iglesia institucional no ha servido, no sirve, como tampoco sirvió el viejo e incrédulo Israel, y Dios la ha echado fuera y ha rechazado a sus curas, pastores y obispos, que se vendieron al poder explotador y opresor “que ahora obra en los hijos de desobediencia” (Efesios 2.2), levantando por su Espíritu, la pura y simple iglesia de Jesucristo que estuvo siempre escondida, que nunca tocó poder, y nunca fornicó con los poderosos del mundo, que nunca fue oída sino ignorada y despreciada por sus propios hermanos, porque siempre fueron los “pacontrarias”, los “contracorrientes”, los “inconformistas”, los “anarquistas y rebeldes”. A estos cristianos libres Dios los ha puesto como arietes, como a los clandestinos del pasado, como a los luchadores contra el sistema de este mundo y su Príncipe de las tinieblas, como a los que ya para siempre, lucharán contra el aborregamiento de los pueblos, y sus insensibles iglesias con sus pastores mudos ante la miseria, y charlatanes santurrones contra el cambio radical, que el Reino de Dios supone para el mundo.
Ahora es cuando el tiempo de las delaciones se cumplirá: “...y se entregarán unos a otros..”(Mateo 24.10), “ el hermano entregará a la muerte al hermano, y el padre al hijo; y los hijos se levantarán contra los padres, y los harán morir” (Mateo 10.21). Ahora es cuando se discernirá qué tipos de cristianos está por conservar un sistema corrupto y cuales están por cambiarlo. Ahora es el tiempo de tomar cada uno su cruz preparándose para la lucha final, para que la luz del Reino alumbre a ese 80% de la humanidad, al que el 20% de privilegiados estuvo y estamos explotando de forma inmisericorde, mientras oran a Dios diciéndole: “Padre, te damos las gracias por los bienes que nos has dado..”, al tiempo que combatían cualquier distribución mas justa de las riquezas.(Nota 165). Ahora es el tiempo para que el Príncipe de las tinieblas y el sistema, organizaciones e iglesias que le apoyan y obedecen, sean señalados y combatidos. Ahora es el tiempo de que la luz del Reino de los cielos se proyecte a la humanidad que sufre, que tiene hambre y sed, para que tengan esperanza.
Ahora es cuando ha llegado el tiempo de darse cuenta de las implicaciones del Reino de Dios. Ahora está llegando el tiempo de que ser cristiano, sea entendido como algo mas que “un ciudadano que reza” pero que no se mete en problemas, sino que por el contrario, sirve ovejilmente al sistema.
Ahora es el tiempo en que “el cuerpo y la sangre de Cristo” tienen que dejar de ser sólo liturgia, puesta en manos de las iglesias del sistema, como si fueran las propietarias y las juezas para decidir quien puede o no ser comensal de esta Cena del Señor. Este poder, nunca dado por el Señor a nadie, excepto a los Apóstoles y en asuntos muy claros, vuelve a estar en el Señor mismo, en quien estuvo siempre, que es el Anfitrión y no en la iglesia local, ni la denominación, ni en los ministros que son meros administradores de la ordenanza o sacramento. Nadie tiene potestad de aceptar o rechazar a ningún comensal, sólo el Rey, anfitrión y organizador de la Cena. “El Reino de los cielos es semejante a un rey que hizo fiesta de bodas a su hijo....las bodas están preparadas; mas los que fueron convidados no eran dignos. Id ..a las salidas de los caminos, y llamad a las bodas a cuantos halléis...Y entró el rey para ver a los convidados, y vio..un hombre que no estaba vestido de boda....entonces el rey dijo...: Atadle de pies y manos, y echadle en las tinieblas de afuera...” (Mateo 22.1-13). Nosotros somos criados del Rey y no podemos atribuirnos la autoridad de expulsar a nadie sin el mandato expreso del Señor, cuyos infalibles ojos pueden ver el interior de cada comensal, y saber quien lleva en su alma las vestiduras blancas que llevan todos los justificados por la sangre de su Hijo. Si el mismo Judas se acercase a la Mesa del Señor, lo único que podría hacer es leerle esta Escritura: “...cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor. Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan y beba de la copa. Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí” (1ª Corintios 11.27-29); después de esta solemne advertencia, hasta al mismo Judas, tendría que darle la Comunión. De hecho, por el relato que nos da Mateos, parece que Judas, uno de los doce, estaba sentado a la mesa como los demás, “se sentó a la mesa con los doce”(Mateo 26.20) y no está claro, por lo que cuenta Juan, que la salida de Judas tuviese lugar antes de la Eucaristía. Lo mas lógico es que después de cenar, conociendo dónde iban a ir después, abandonase la reunión para servir de guía a los que iban a prenderle. Otros creen que Judas comió la Pascua, pero no la Eucaristía. Como si el pecado no fuese igual de grave. Estos, ignoran que la Comunión cristiana es equivalente a la Pascua judía, como el Bautismo lo es a la Circuncisión. Las diferencias son mas bien externas que internas; de forma, mas que de significados. De hecho, en los primeros años, la iglesia apostólica estaba compuesta casi únicamente, por judíos conversos, por lo que era común que éstos participaran de las cuatro Ordenanzas: Pascua, Comunión, Circuncisión y Bautismo. Hubieron de pasar años y controversias, en las que participó San Pablo como Apóstol de los gentiles, hasta que quedó dilucidada la cuestión. Pero este tema merece ser tratado aparte y en otro lugar. Para quien quiera informarse, le recomiendo la detenida lectura del libro de Pierre CH. Marcel “El Bautismo, Sacramento del Pacto de la Gracia”, editado por FELIRE.
El verdadero problema, para la mentalidad de muchos cristianitos, es cómo podría haber permitido Jesús, conociendo el interior de Judas, que participase en la Comunión. Por eso tratan de aportar exégesis que dejen fuera a Judas de la primera Eucaristía. Lo que viene a demostrar la superstición con la que muchísimos creyentes tratan esta ordenanza, causa del excesivo miramiento o cuidado que ponen en su administración, como si ellos fueran culpables, si alguno la toma indebidamente. No es así. Si alguien come del pan y bebe de la copa, indebidamente, nadie es culpable, excepto él mismo, que, “juicio come y bebe para sí”.
No impongamos a nadie nuestras particulares o peculiares creencias, como condición para participar en las ordenanzas del Señor, porque entonces, nos estaríamos adueñando de ellas. Ninguna iglesia, está legitimada para erigirse en Dueña de la Mesa del Señor. Cristo, y nadie mas, es el Anfitrión. Los que se tienen por ministros de Jesucristo, si lo son, no son otra cosa que la mano distribuidora de la Eucaristía; no son sus guardianes, ni sus vigilantes, ni sus hechiceros, ni sus protectores, ni sus valedores, ni sus discriminadores sobre quienes pueden o no participar de ella. Los prejuicios que unos y otros cristianos, aun tienen sobre esta Ordenanza, Pascua Cristiana, Partimiento del Pan, Sacramento o cualquiera otra forma de llamarlo que usemos, deben ser abandonados y desde luego, los son absolutamente por los cristianos libres.
Mucho menos, en los duros tiempos que se avecinan, podremos utilizar estos Símbolos de Unidad de Jesucristo con todos los creyentes, como ocasión estúpida para reavivar el sectarismo en la iglesia de Dios.
Al principio de la vida cristiana, y sobre todo si el encuentro personal con el Señor se produce, tras haber pertenecido a otra rama del cristianismo durante años, uno tiende a mostrar un especial resquemor a causa de los errores que ha venido creyendo y que ahora, con mayor luz de la Escritura, se ve obligado a rechazar. Incluso los hay, a quienes esta experiencia, les obliga a un replanteo total de la doctrina, predisponiéndole al rechazo mas amplio posible de lo anteriormente aceptado, de todo el sistema doctrinal en el que había venido creyendo.
Estos cristianos suelen convertirse en muy buenos apologistas. Las iglesias de Jesucristo los necesitan, sobre todo en una época donde los falsos maestros se multiplican y las sectas pseudocristianas, crecen como setas, por doquier, difíciles de distinguir las comestibles de las letalmente venenosas. Estos cristianos suelen desarrollar el don de la apologética, viniendo a ser buenos controversistas, indispensables para la defensa oral y escrita de la pureza de la fe o doctrina. Mi experiencia es que, algunos de ellos, son invadidos de un cierto orgullo que les hace pensar que están limpios de cualquier error, por pequeño que sea. Pocos son capaces, respecto a los errores, de orar como David: “líbrame, Señor, de los que me son ocultos”(Salmo 19.12).
Con los años, algunos suelen volverse mas tolerantes y, manteniendo lo fundamental del depósito de la fe, son mas considerados con los puntos de vistas de otros cristianos que difieran de los suyos. Esto es ya un avance, y me siento agradecido al Señor cuando tengo que dar la bienvenida a alguien al Club de los cristianos falibles. También me incluyo entre los que han ganado en tolerancia con los años, aunque no tanto como yo quisiera. Por esta causa, cada cristiano libre, goza desde el principio mismo en que nos conocemos, en que nos presentamos, de mi mayor tolerancia y, en modo alguno le hago ningún tipo de examen mental, para considerarle o no como hermano. Por lo general, salvo en casos manifiestos, lo considero hermano, sin importarme que venga o no con los “míos”, ni qué grado de coincidencia existe entre nosotros. Si cree en Jesucristo personalmente y espera el Reino de Dios, para mí es suficiente. Otra cosa es que, con el tiempo, tratemos de aproximar posturas, si es que fuera necesaria tal aproximación.
Las iglesias de Jesucristo no deben dedicarse a la labor farisaica de “ganar prosélitos”, incluso “dando la vuelta al mundo”, para luego convertirlo en un fanático igual o mayor de lo que lo seamos nosotros.(Mateo 23.15).
La evangelización no es proselitismo. La evangelización se centra en la persona de Cristo, mientras que el proselitismo se centra en nosotros, en nuestra doctrina y nuestra forma de hacer las cosas, en lo que creemos ser y en hacer a otros a nuestra imagen y semejanza.
Si todos los que nos consideramos cristianos, fuésemos realmente libres, no habría en nuestros corazones otras ataduras que las de Cristo. Pero me temo que las iglesias a las que hemos pertenecido, las organizaciones de las que hemos formado parte, los ambientes en los que nos hemos movido, las historias que hemos vivido, todo, forma un poso espiritual y cultural que se apega al fondo del alma y coartan o impiden “la libertad con la que Cristo nos hizo libres” (Gálatas 1.5), y por eso nuestro mensaje no llega a cuantos debiera llegar, ni somos usados por el Espíritu en la medida que él desea usarnos. Buscamos pegas antes que soluciones, buscamos discusión antes que diálogo, buscamos fans y forofos antes que discípulos, buscamos la diferencia a combatir, antes que la coincidencia en que gozarnos. Buscamos la victoria en la controversia, el vencer antes que el convencer con la paciencia. En fin, no somos tan libres como pensábamos que éramos, porque seguimos atados a viejos atavismos, hábitos, costumbres, modos de hacer las cosas, que hace que demos valor a lo que es accesorio. Pensamos tener siempre la razón.
Por eso la libertad que Cristo otorga al alma, incluye la liberación de esos posos del espíritu y salta por encima de las barreras religiosas, sociales e incluso culturales. Nunca niega la hermandad a esos otros, por el hecho de que “no nos siguen, no vienen con nosotros” como pensaba el Apóstol Juan, sectario a su pesar, en los días que pronunció estas palabras, y autoritario, se erigió en juez diciendo: “ Y se lo prohibimos”, a pesar de que lo que hacían era luchar contra Satanás en el nombre de Cristo (Lucas 9.49,50). Ya sabe uno que ni los milagros, ni echar fuera demonios, ni siquiera la predicación correcta, son señales inequívocas de la salvación: “Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?.Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad" (Mateo 7.22,23); pero también sabemos que ni Juan, ni el colegio apostólico juntos, tienen autoridad para hacer tales prohibiciones, porque el conocimiento del alma es sólo posible para el Señor. Por esta razón, debes recordar siempre que tú no decides quién es tu hermano o no. Tampoco podemos elegir a nuestros hermanos carnales. Con unos tendrás mas afinidad que con otros. Por eso se nos recomienda en la Escritura ser unánimes, pensando una misma cosa, la unidad del espíritu y la de la fe. Estas son metas altas, que no siempre todos estamos a la altura de poder cumplir. Poco a poco, estas cosas se irán consiguiendo. Pero mientras Dios sea quien elige a sus hijos, no podemos ser nosotros los que elijamos a quien nos gustaría tener como hermano y a quien no. Y lo somos, mucho antes de llegar a esa unidad perfecta que la Biblia nos propone. Éste es el gran pecado de la ortodoxia. (148)
Cualquier diferencia doctrinal, supone de inmediato la exclusión de la “hermandad” entre los hijos de Dios. Así surgieron las Confesiones de Fe. Son expresiones del conjunto de la Fe. Para mí, la mas completa es la de Westminster. ¿Le niego la “hermandad” a quien no la acepte, punto por punto?. Estaría rechazando a muchos hijos verdaderos de Dios. ¿Aceptaré la mas simple, el llamado Credo Apostólico?. Seguro que también estaría rechazando a muchos hijos de Dios como hermanos míos. Debo, pues aceptar como hermano a cualquiera que cree en Jesucristo como su Salvador y que Dios le resucitó de los muertos. Y si tomo a Jesús como ejemplo, aun bajaré mas el listón “cualquiera que oye la palabra de Dios y la hace, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre”(Lucas 8.21; Marcos 3.35; Mateo 12.50). Sólo Dios conoce a los que son de su familia, yo no debo rechazar a nadie. Menos aun, negarle a nadie la participación en la Mesa del Señor. Sólo debo invitar a ella a cuantos crean verdaderamente en Cristo y repetirle las advertencias que da San Pablo acerca de quienes participan de ella indignamente, pero la decisión de tomar la Comunión es del que participa, “..pruébese cada uno a sí mismo...”(1ª Corintios 11.28), nunca será del que ofrece o ministra la Mesa de la que también, sólo Cristo es el Anfitrión. La administración de la Mesa marcará el grado de sectarismo de una iglesia, de un ministro, de una denominación.
Si el cristiano no es libre, si no está liberado de estas cosas que hemos citado, no será un precursor del Reino de los cielos. Será un excelente propagandista de su israel particular, de su feudo religioso al que en realidad sirve, pero no servirá para la proclamación del Reino que viene, que está llamando a las puertas.
42-LA VIEJA Y NUEVA PROMESA.
El Reino de los cielos, no es una doctrina nueva que el ser humano se haya inventado como modo de escapar de la triste realidad que ofrece el mundo. En el corazón de todos los creyentes, es cierto, siempre existió este deseo. Todos sabían que el mundo había desembocado en lo que es, porque el ser humano rechazó a Dios. Lo hizo en el Paraíso, lo volvió a hacer en los días del profeta Samuel, rechazando esa anarquía pacífica en la que vivieron por cuatro siglos, practicando el “cada uno hacía lo que bien le parecía” (Jueces 21.25) y lo volvieron a hacer cuando rechazaron que el Mesías reinase sobre ellos. Claro que en esta ocasión, su rechazo supuso la inclusión de los gentiles en el plan salvífico de Dios.
Pero esta visión del Reino de Dios acompañó siempre a los creyentes de todas las épocas, porque los profetas se encargaron una y otra vez de recordársela.
“Jehová reinará eternamente y para siempre” (Éxodo 15.18) . Parece mentira hablar de la eternidad de un reino en un santuario hecho de tela, como un habitáculo frágil, el Tabernáculo hebreo; dando por hecho que se establecería en el monte y lugar que Dios escogería, cuando quien escribió estas palabras no había ni siquiera visto la tierra prometida, hacia la que caminaban (vers. 17).
Incluso una de las doctrinas mas distintivas de la Iglesia Cristiana en los días de la Reforma, “el sacerdocio universal de todos los creyentes” ya estaba profetizado por Moisés, en los mismos tiempos en que el sacerdocio Levítico fue establecido “Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes y gente santa” (Éxodo 19.6), como escribió el apóstol Juan, mil quinientos años después: “Y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios su Padre”, “y nos ha hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra” (Apocalipsis 1.6 y 5.10), ratificado también por el apóstol Pedro: “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1ª Pedro 2.9).
El sacerdocio levítico tuvo asignada una función que, a la llegada de Jesucristo, el Cordero de Dios que fue sacrificado por su pueblo, se cumplió; por cuanto ya no fue posible seguir ofreciendo los sacrificios de corderos por el pecado. Por esta causa el continuo sacrificio fue quitado, los hijos de Israel esparcidos (“...y serán llevados cautivos a todas las naciones”. (Lucas 21.24) y el sacerdocio levítico anulado violentamente. Por imposición histórica de Dios, que así condujo los acontecimientos, para que fuese imposible restablecer el sacerdocio levítico (Hebreos 9.6-12), evitando que el Israel incrédulo al Mesías, siguiera ofreciendo sacrificios a través del Sumo Sacerdote, después de que el Ungido, el Mesías, hubiera ofrecido voluntariamente el Sacrificio de su Cuerpo en la cruz, en el mismo monte de Sión. Ni Templo, ni levitas, ni hijos de Aarón, podrían quedar en pié. Jamás sería restablecido el sacrificio continuo, ateniéndose a la Ley. Ha sido sustituido el sacerdocio (Hebreos 10.9-12). Así lo profetizó Moisés, quien por orden divina, estableció el primero. En este nuevo sacerdocio Cristo es el único Sumo Sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec, y cada cristiano es un nuevo levita (Hebreos 10.19-24), para ofrecer a Dios otros sacrificios, agradables a los ojos de Dios, como misericordia, amor, fidelidad al Evangelio y luchar por la Justicia del Reino de Dios que vendrá. No vino cuando los judíos lo esperaban, ni cuando los primeros cristianos creyeron que vendría. Aun tiene que llegar a su fin “el tiempo de los gentiles” y cuando hayan entrado en la iglesia de Jesucristo todos los gentiles que tienen que entrar, entonces vendrá el Señor, con poder y gran gloria, aunque todavía tenga el mundo que sufrir las lógicas convulsiones, los ajustes necesarios, para que el Reino de Dios haga mas que “acercarse” a nosotros, que es lo que está haciendo hasta ahora y vendrá sin previo aviso, como ladrón en la noche, aunque no sin advertencia ( porque las iglesias de Jesucristo lo siguen anunciando); al fin vendrá y esta vez, su venida no será semiclandestina, ni tendremos necesidad de que nadie nos lo confirme, porque “ como el relámpago que al fulgurar resplandece desde un extremo del cielo hasta el otro, así también será el Hijo del Hombre en su día”(Lucas 17.24). “le dijeron:¿dónde, Señor?...Donde estuviere el cuerpo (muerto), allí se juntarán también las águilas (buitres)” (Lucas 17.37).
Los creyentes estarán ocupados en sus tareas: unos estarán durmiendo y aun entre el matrimonio discriminarán los ángeles: uno será tomado y el otro será dejado (vers.34), otra gente estará en sus trabajos, uno será tomado, otro será dejado (ver.35) y lo mismo en las tareas del campo (ver.36). Para unos les cogerá de día, haciendo sus labores y para otros será de noche (ver,34). Quiere decirse que, en menos de un día, o de la mayor diferencia horaria posible, los ángeles de dios transformarán a todos los que sean tenidos por dignos de participar en el establecimiento del Reino de Dios y los llevarán junto al Señor, para incrementar la multitud de los santos que, resucitados, desde Adán hasta el último de los creyentes que haya muerto ese día, vienen rodeándole, en una enorme e incontable compañía.
De este Reino nos habló David en sus Salmos y nos habló mucho, quizá porque siendo prototipo del Mesías, el Espíritu Santo le inspiró muchísimos de los detalles del mismo. En el Salmo 22.16, dice: “horadaron mis manos y mis pies”; cosa inusitada en sus días, que no era costumbre practicar este tipo de suplicio. Mil años después, esto se cumplió literalmente en la persona de Jesús de Nazaret, aunque –para cumplir la profecía- un imperio desconocido en tiempos de David, el Imperio Romano, hubiera de surgir y conquistar Israel, estableciendo este tipo de tortura y muerte: la crucifixión. Como profeta que era, el rey David entró en muchos detalles sobre la vida de Jesús, que luego se cumplieron. Incluso en detalles pequeños como: “repartieron entre sí mis vestidos y sobre mis ropas echaron suertes” (Salmo 22.18), cosa que hicieron los soldados romanos que vigilaban a los ejecutados, sin tener la mas mínima idea de las profecías judías.
“Porque de Jehová es el Reino y él, regirá las naciones” (ver.28). El Reino de los cielos tiene para David, una dimensión universal. David fue rey de un pequeño país. Como creyente, puede ofrecérselo a Dios, pero como profeta, es capaz de ver que desde ese pequeño país, Dios gobernará un día a todas las naciones. Que es exactamente, lo que se espera que haga el Mesías a su Regreso y lo que el Evangelio proclama que Jesús es: “ el Rey de reyes y Señor de señores” (Apocalipsis 19.16).
Pero este Evangelio señala que el Reino Universal del Señor será impuesto a viva fuerza. Los reinos de la tierra no estarán encantados de ofrecer la autoridad y el poder que controlan, a Dios y a su Cristo, sino mas bien: “Pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque él es Señor de señores y Rey de reyes”(Apocalipsis 17.14). “Tu trono, oh Dios, es eterno y para siempre; cetro de equidad (Justicia) es el cetro de tu reino. Has amado la Justicia y aborrecido la maldad” (Salmo 45.6,7).
Eternidad del trono de Dios. Eternidad de su reino. Justicia como cetro. Y dos sentimientos, también eternos: amor a la Justicia y aborrecimiento u odio a la maldad. Según el autor de Hebreos, estas palabras (Hebreos 1.8,9) las dijeron los hijos de Coré refiriéndolas al Hijo. Son cualidades permanentes del Reino de Dios sobre la tierra, ya que en el cielo no hay maldad que aborrecer ni Justicia que establecer, puesto que ésta está allí plenamente establecida. Es en la tierra donde hay que ejercer la “equidad” y el aborrecimiento del mal.
Isaías profetizó sobre el ministerio de Cristo en Galilea (Mateo ,9.1,2) donde lo comenzó, hablándonos sobre los nombres atribuidos al Mesías: “ se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz”(Isaías 9.6) y se habla también del Reino de los cielos, calificándolo de extenso, y ejercido por el Mesías desde el trono de David para el establecimiento de la paz y de la justicia para siempre. Comprometiéndose el mismo Dios a ejecutarlo, a cumplirlo: “lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto” (Isaías 9.7).
Este mismo profeta dice sobre el Reino de los cielos: “He aquí que para justicia reinará un rey...y será como escondedero contra el viento,...refugio contra el turbión; como arroyos de aguas en tierra de sequedad, como sombra de gran peñasco en tierra calurosa. No se ofuscarán entonces los ojos de los que ven, y los oídos de los oyentes oirán atentos. Y el corazón de los necios entenderá para saber, y la lengua de los tartamudos hablara rápida y claramente. El ruin nunca mas será llamado generoso, ni el tramposo será llamado espléndido. Porque el ruin hablará ruindades, y su corazón fabricará iniquidad, para cometer impiedad y para hablar escarnio contra Jehová, dejando vacía el alma hambrienta, y quitando la bebida al sediento. Las armas del tramposo son malas; trama intrigas inicuas para enredar a los simples con palabras mentirosas, y para hablar en juicio contra el pobre. Pero el generoso pensará generosidades, y por generosidades será exaltado” (Isaías 32.1-8). Al comienzo de este Reino, habrá que realizar grandes cambios en el mundo, resumidos en estos ocho versículos: alivio para los que lucharon por la justicia y fueron vilipendiados, apertura de los ojos y oídos de las masas para que los malos y engañosos políticos no los vuelvan mas a engañar, desenmascarar a la gente ruin que pasan por excelentes ciudadanos, a los tramposos y sus fortunas, a los inicuos que consienten el hambre y la sed y el cohecho contra los pobres, etc, etc.
Evidentemente este Reino de Dios es para realizarlo, para ponerlo en práctica aquí en la tierra, por cuanto en el cielo no hace falta un programa tan extenso que cumplir y que incluye no sólo los hábitos de fuera, externos, sino hasta los de las mismas conciencias.
La gloria que espera a Sión, Jerusalem, descrita en el capítulo sesenta del profeta Isaías, no puede entenderse sino en el contexto del establecimiento literal y físico del Reino de Dios, en la persona del Mesías a “cuya luz andarán las naciones y los reyes al resplandor de su nacimiento”(vers.3), no de la manera pagana con la que celebran hoy la Navidad los países cristianos, el nacimiento que resplandecerá en Sión será el del Reino de los cielos que hará de él el centro de adoración al Altísimo, y los que decían que eran pueblo de Dios, sin serlo, las falsas iglesias del sistema, se humillarán ante el Señor (vers,14 y Apocalipsis 3.9). Todos, y especialmente el pueblo de Israel que viva en aquellos días, creerá en el Mesías: “conocerás que yo Jehová soy el Salvador y Redentor tuyo, el Fuerte de Jacob” (vers,16). Así fue como se presentó Jesucristo. Como Salvador porque “salvará a su pueblo de sus pecados”(Mateo 1.21).Como Redentor porque lo redime o rescata por el precio de su sangre (1ª Pedro 1.18,19): “fuisteis rescatados...con la sangre preciosa de Cristo” y como el Fuerte de Jacob a quien bendijo tras larga lucha que mostró el deseo del patriarca por ser bendecido (Génesis 32.22-30). Cuanto se dice de la paz (vers.18), del sol y de la luna y del nuevo estado de cosas que se establecerá en la tierra, ya para siempre (Vers.19,20), se vuelve a repetir en el último libro de la Biblia (Apocalipsis 21.23 y 22.5): “La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella; porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera” y: “No habrá allí mas noche; y no tienen necesidad de luz de lámpara, ni de luz de sol, porque Dios el Señor los iluminará; y reinarán por los siglos de los siglos”. Todo esto será establecido por Dios en esta tierra nuestra. “Porque la nación y el reino que no te sirviere perecerá, y del todo será asolado”(vers.12), “Yo Jehová, a su tiempo haré que esto sea cumplido pronto” (vers.22).
En los días del profeta Daniel, también fue proclamada la profecía del surgimiento de “un reino que no será destruido” (Daniel 2.44). Por la propia interpretación que hace el profeta del sueño de Nabucodonosor, este reino eterno que verá pasar a los demás, surgiría en los días del último de los imperios, cuyos pies eran de barro y hierro, el Imperio Romano. La piedra cortada sin mano, sin intervención humana, iría rodando hasta que llegase a chocar con los dos pies de la estatua, Roma y Constantinopla, en los que se asentaba la imagen. Imperios Occidental y Oriental que, duraron poco tiempo, después de que el Cristianismo hiciera su irrupción en la historia. El Evangelio fue la piedrecita que se convirtió en un monte “que llenó la tierra” (Daniel 2.35) y desmenuzó los dos pies o imperios paganos de Roma.
El Reino se acercó a este mundo en los días de Jesucristo. El puso las bases de este Reino que, aun sufriendo avatares históricos como el error de los cristianos posteriores, que quisieron hacer un Imperio Cristiano con los trozos que habían quedado del Imperio Romano, al que incluso llamaron Sacro Imperio, a pesar -digo- de tan vanos intentos por establecer Teocracias cristianas y la corrupción religiosa y política que conllevaron, la simiente del Reino fue sembrada y su aceptación fue un hecho. El Reino de los cielos, despojado sí de toda concepción sectaria, es doctrina fundamental en todas las ramas del Cristianismo. Todos esperan su implantación definitiva sobre la tierra. El Evangelio del Reino, no sólo derribó al Imperio Romano, sino a otros muchos imperios cristianos, que quisieron imponer sus versiones distorsionadas del Reino al mundo, cosa que no les fue dada, porque está reservada para el Señor Jesucristo cuando venga en su gloria, sin intermediarios ni representantes. El Reino visto por Daniel, es todavía futuro y su plena implantación será en la tierra.
“Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de Días, y le hicieron acercarse delante de él. Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido” (Daniel 7.13,14).
Claramente, el profeta ve a Jesucristo en su visión, el Hijo del Hombre, el ser humano mas exaltado y amado por Dios, a quien Dios mismo le entrega el Reino eterno sobre toda la humanidad y además, el profeta vio que el establecimiento del Reino de los cielos sobre la tierra, no sería sin dificultad, sino que contaba con la oposición feroz de gobiernos poderosos de este mundo “con ojos” y “boca que hablaba grandes cosas” (vers.20), es decir, con medios de vigilancia y control de los medios informáticos y de información, como para justificar convincentemente sus acciones, haciéndolas parecer buenas y necesarias. “Hacía guerra contra los santos,(en la Biblia, “santo” significa simplemente cristianos o creyentes) y los vencía” (vers.21), frase descriptiva que coincide con el concepto de “gran tribulación” que sufrirá el pueblo de Dios por aquellos días. Por eso es por lo que tantas veces hemos dicho que las iglesias del sistema, no tendrán nada que temer de estos sufrimientos y persecuciones, que sólo experimentarán los cristianos anti-sistema, los que hayan salido de la Iglesia Ramera y estén, de alguna manera, luchando contra los poderes satánicos, que aun hoy gobiernan el mundo bajo la apariencia de honestidad, respetabilidad y orden. Por eso, sea el tiempo que sea que dure esta persecución, será “..hasta que (venga) vino el Anciano de días y se dio el juicio a los santos del Altísimo, y los santos recibieron el reino”(Daniel 7.22). Supongo que será muy difícil ser cristiano en aquellos días.
El propio Señor Jesucristo afirmó ante el Sanedrín que le juzgaba: “desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo” (Mateo 26.64), lo que causó que aquellos que no le recibieron como Mesías, se rasgaran las vestiduras creyendo que había blasfemado (Mateo 26.65).
Pero esta doctrina la repitió el Señor muchas veces, en muchas ocasiones, a lo largo de su ministerio “..verán al Hijo del Hombre , que vendrá en una nube con poder y gran gloria. Cuando estas cosas comiencen a suceder, ergíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca” (Lucas 21.27,28).
San Juan, en Apocalipsis 1.7, escribe: “He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él”. El propio Juan el Bautista comenzó su predicación en el desierto de Judea “diciendo: Arrepentios, porque el reino de los cielos se ha acercado”(Mateo 3.2). De hecho, nunca estuvo mas cerca que cuando Jesús, su Rey, viene al mundo y comienza su anuncio. Lo creyeron tan cercano, que pensaron que se establecería en aquella misma generación. Predicación que coincidía plenamente con la del propio Cristo. “Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentios porque el Reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 4.17), utilizando las sinagogas de Galilea “predicando el evangelio del reino”(Mateo 4.23), afirmando que el Reino de Dios es para los pobres: “Bienaventurados vosotros los pobres, porque vuestro es el reino de Dios”(Lucas 6.20) y de cuantos padecían persecución por su preocupación por la Justicia: “Bienaventurados los que padecen persecución pos causa de la Justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos” (Mateo 5.10) “Porque os digo que si vuestra Justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los cielos” (Mateo 5.20).
Y consciente de que el Reino de los cielos sólo se había “acercado”, nos enseñó a orar diciendo: “Venga a nosotros tu Reino” (Mateo 6.10). No sólo queremos que se acerque a este mundo, sino queremos que “venga a nosotros”, que se establezca entre nosotros. Esta es la enseñanza de Jesucristo: el Reino va a ser establecido en la tierra y vosotros, mis discípulos debéis desear que así sea. “Porque tuyo es el Reino, el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén” (Mateo 6.13).
Por ello instó a sus discípulos a que buscaran por encima de cualquier otra cosa “el reino de Dios y su justicia” (Mateo 6.33). Todo el Antiguo Testamento habla del Reino de Dios y su característica principal, la Justicia. Es lógico que Jesús hablase también de lo mismo y que así lo entendiesen los discípulos. La doctrina de la justificación personal ante Dios por medio de la fe, aun no había sido desarrollada por San Pablo, en su excepcional epístola a los Romanos. Pedro habló de ella en su primer discurso inspirado por el Espíritu Santo, cuando dijo: “todo aquel que invocare el nombre del Señor será salvo”(Hechos 2.21). Por lo que las palabras de Jesús “buscad primeramente el Reino de Dios y su Justicia”(Mateo 6.33), hay que interpretarlas como una exhortación a la búsqueda del Reino y a la Justicia del Reino, en sus dos vertientes: el reino espiritual y la justificación personal por la fe, y en su significado primario de Reino de Dios establecido literalmente sobre la tierra como lo anunciaron los profetas, y la Justicia de este Reino impartiéndose desde él sobre todos los hombres injustos, y situaciones injustas que no tienen cabida en este Reino. Comer, beber y vestir, suponen los afanes primordiales de los hombres (ver.31), careciendo de verdadera importancia para Dios, que nos daría estas cosas “por añadidura”; como también se lo confirmó a Pedro: “No hay nadie que haya dejado casa, o padres, o hermanos, o mujer, o hijos, por el Reino de Dios, que no haya de recibir mucho mas en este tiempo, y en el siglo venidero la vida eterna” (Lucas 18.28-30).
El Reino de los cielos no es una abstracción, sino una doctrina o hecho fundamental en la predicación del Señor Jesús, y mucho mas realista y tangible de lo que algunos quisieran admitir.
Porque muchos cristianos pusilánimes encontraríamos dispuestos a predicar el Reino de los cielos, siempre que ello, no les comportara ningún riesgo, ningún peligro para su tranquilidad y modo de vivir, pero si por anunciarlo fielmente, van a tener que sufrir inconveniencias, entonces sólo les quedan dos caminos: callarse o anunciar un Reino acomodaticio, que no represente peligro para nadie. Nadie perseguirá a tales predicadores. Como las iglesias del sistema no son tampoco perseguidas, sino encomiadas y felicitadas por su labor, calificada de buena, de honrada y de cívica.
Dijo Jesús: “el Reino de los cielos sufre violencia, y los violentos (“fuertes”) lo arrebatan” (Mateo11.12).
Hubo mucha gente, despertadas sus conciencias por Juan el Bautista primero, y por Jesús después, que recordaron lo que los profetas habían anunciado sobre el Reino de Dios y, como tanto Juan como Jesús, decían que “estaba cerca”, se apresuraron a entrar en él; unos siguiendo a Juan y otros, siguiendo a Cristo. Esta vehemencia atropellada es lo que Jesús define como “sufrir violencia”. Ninguno quería quedarse fuera, pero tampoco daban el paso adelante. Estaba claro que sólo “los mas valientes” (como traducen las viejas versiones) lo toman, lo arrebatan.
Así ha ocurrido y ocurrirá siempre. Hay que tener valentía para reputarse como creyente, propagador y precursor del Reino de los cielos y de esta clase de personas hubo siempre en las iglesias del Señor. El Reino de los cielos sólo lo toman, casi por asalto, (“lo arrebatan”) los que verdaderamente lo tienen en el corazón y trabajan por su pronto establecimiento. (149,150)
La transformación del mundo en el Reino de Dios, es una promesa divina que enseña todo el Antiguo Testamento, ratificada por Jesucristo y sus Apóstoles en el Nuevo, cuando se cumplió con la previsión divina de la Redención. Ahora sólo resta que esta Redención se extienda desde lo espiritual hasta lo material, desde la vivificación del alma a la vivificación o resurrección del cuerpo, desde el cumplimiento de la voluntad divina en el cielo hasta el “hágase tu voluntad también en la tierra”, desde la historia resultante de la caída del hombre, hasta la nueva historia futura que la nueva humanidad andará tras la renovación y adopción que el planeta mismo aun espera.
43-LA MAS FÁCIL DE LAS EXCUSAS.
La mas fácil de las excusas paralizantes de las iglesias del sistema y de sus aborregados seguidores, es etiquetar y falsear el mensaje liberador de Jesucristo, espiritualizándolo tanto, que esta liberación la circunscriben exclusivamente al ámbito espiritual del alma, olvidando por completo que el hombre, polvo, materia es, porque de ella lo quiso hacer Dios. Los seres exclusivamente espirituales, ya los creó antes: los ángeles. Ellos no tienen necesidades materiales que cubrir. El hombre tiene alma y estómago. Así lo creó Dios.
Jesucristo se ocupó de las almas. Cualquiera puede verlo, leyendo los Evangelios. Pero también se ocupó de los cuerpos. Los milagros de Jesucristo fueron tantos que los dirigentes judíos realmente creyeron que todo el pueblo entero podría llegar a creer en él: “ Entonces los principales sacerdotes y los fariseos reunieron el concilio, y dijeron: ¿Qué haremos? Porque este hombre hace muchas señales. Si le dejamos así, todos creerán en él” (Juan 11.47,48), “...había sanado a muchos; de manera que por tocarle, cuantos tenían plagas caían sobre él” (Marcos 3.10).
Ninguno de cuantos acudían a él en busca de remedio para sus males, en busca de curación, fue nunca rechazado. Podía haberles dicho: “Yo sólo he venido para salvar y curar vuestras almas. Id a los médicos para que os curen el cuerpo”. Pero no fue así. El predicaba el Evangelio, les enseñaba y también se ocupó de sus cuerpos.
Y, para sanarles, no siempre exigía previamente tener fe. Hubo muchos casos en los que los enfermos se curaron por la fe de otros, como sus padres, sus amos, sus amigos, incluso sus vecinos (el criado del centurión, el paralítico que descolgaron por la terraza, la hija de Jairo, el padre del epiléptico, etc.).
Las iglesias del sistema, sólo han previsto una vía para cubrir las necesidades materiales de la humanidad: a los ricos les ha respetado el sistema económico que ellos se han dado a sí mismos y el conservar todos sus privilegios. A los pobres les ha dejado el camino de la resignación, premiado en la otra vida, y la dependencia de la caridad voluntariosa de los ricos.
La “doctrina social” de la iglesia romana, aceptada de hecho por las demás iglesias del sistema, es un puro fraude, engañabobos, simplemente porque sus “justos y nobles principios”, ni son justos, ni son nobles, sino que conforman una cantidad de “parches” que sólo sirven para mitigar la pobreza, no para erradicarla como el peor de los pecados con el que unos hombres suelen pecar contra otros, en teoría sus hermanos. No abordan el sistema de propiedad injusto, ni las relaciones del mercado, mas injustas todavía.
Siempre que han surgido en el mundo, filosofías, movimientos, ideas, revoluciones de inspiración igualitaria, se han opuesto a ellos con todas sus fuerzas, tachándolos unas veces de ateos y otras de liberticidas. Como si pudiera haber en el mundo algo mas ateo y mas liberticida que la pobreza y, su causante, el Capitalismo.
Me recuerdan al alcalde de Madrid, Sr. Ruiz Gallardón, que dictó a comienzos del 2009 unas Ordenanzas Municipales que prohíben rebuscar comida en los cubos de basura urbanos, bajo sendas multas. ¿No sería mas justo, establecer mecanismos y medios, como para que ningún ciudadano tuviese que rebuscar comida en la basura?. Este edicto o disposición, me retrotrae a los años cuando existía tanta mendicidad en España, que velando por su imagen, Franco recluía a los mendigos en centros del Auxilio Social y a los reincidentes, en la cárcel. Un Maharajá, leí en un cuento, limpiaba su provincia-reino de mendigos, con batidas periódicas y su traslado a las mazmorras.
Las ideas y prácticas comunitarias, las iglesias del sistema, las toleran siempre que se trate de pequeñas comunidades, como algunos conventos o las comunidades Amish, entre los protestantes, etc. Pero en cuanto el proyecto comprenda todo un país, un continente o el mundo entero, entonces amigo, movilizará toda su influencia, poder y militancia, para luchar contra tales sistemas alternativos, sean cómo y de la ideología que fueren, porque todas las iglesias institucionales, se encuentran muy bien instaladas en el sistema capitalista. Las iglesias del primer mundo son las primeras en ofrecer su incienso al Becerro de Oro, al cuál sólo de palabra, y con muchos matices, suelen censurar.
Los pobres y oprimidos de la tierra se dividen en dos grupos: los que saben que lo son y los que ni siquiera tienen consciencia de serlo. Estos últimos son la inmensa mayoría que, cual nueva casta de parias, viven, enferman y mueren, sin saber por qué, aceptando su inexorable suerte, como las “ovejas de la matanza”. Por eso cuando algunos como Ignacio Ellacuría y sus compañeros, además de hablarles del Evangelio,
les abren los ojos para que enfrenten su realidad, no falta quien desde la propia Jerarquía, les acusen de marxistas y miren hacia otro lado cuando son asesinados, negando que fuesen “mártires de Jesús”. Mártires de Jesús son sólo los que son asesinados por los rojos. Dicen. Los asesinados por militares fascistas, son sólo “mártires políticos”. Siguen diciendo con desvergüenza. Ni estos mártires eran marxistas, ni yo me he convertido a la “teología de la liberación”; simplemente sigo el consejo de San Pablo, “examinadlo todo, retened lo bueno”(1ª Tesalonicenses 5.21), sin olvidar que a los pobres del mundo, el mismo Jesús los lama “mis hermanos mas pequeños” (Mateo 25.40). Las iglesias del sistema no son creíbles cuando manifiestan su amor por los pobres, porque se apresuran a condenar cualquier movimiento que se haga a favor de su completa liberación y a denigrar o menospreciar a las personas que se destacan en esta labor, aun cuando formen parte de su feligresía o membresía. En cierto modo, se parecen en sus razonamientos y temores, al concilio judío, el Sanedrín, compuesto por las mas altas Jerarquías eclesiásticas, que resolvió “por amor al pueblo, por su bien” matar a Jesús. Así fue como disfrazaron la muerte de Jesús. Así disfrazaron también la muerte de muchos “alborotadores” que, sabiéndolos ellos o no, seguían a Jesús, queriendo cambiar las condiciones de vida de los pobres. Aunque como pacifista, no acepto la violencia, siempre estarán mas cerca del Reino de los cielos los Ché Guevaras y los Camilos Torres de este mundo, que los hipócritas Caifás de las Iglesias, porteadores de Biblias o Rosarios. (151,152)
Jesús estuvo a punto de ser aceptado como el Mesías, el vástago de David que reinaría en su trono. “¿Qué haremos?...Si le dejamos...todos creerán en él” (Juan 11.47,48). Si esto sucedía, grandes males podrían derivarse para el pueblo y para ellos, sus gobernantes. Los invasores Romanos no aceptarían un Mesías-Rey que no fuese un mero títere, como lo era Herodes, a quien pudieran manipular. La represión tendría que ser general y muy sangrienta. Ellos, hasta ahora respetados, y el Templo con su culto, serían destruidos. Las consecuencias hubieran sido terribles. Sólo existía una posibilidad de evitar tanto daño: que este hombre, Jesús, muriera. No era un hombre malo; todo lo contrario: parecía ser bueno y justo. Tampoco había hecho nada digno de muerte, pero ésa no era la cuestión. Lo importante era, evitar las desastrosas consecuencias que, si no desaparecía, traería sobre el pueblo y sobre su culto religioso. “Entonces Caifás...sumo sacerdote aquel año, les dijo: Vosotros no sabéis nada; (no comprendéis lo que puede pasar) ni pensáis que nos conviene (a todos: al pueblo y a nosotros) que un hombre (uno sólo) muera por el pueblo, y no que toda la nación perezca” (Juan 11.49,50). Este era el pragmatismo de Caifás, que todos entendieron.
Pero, como tantas profecías (y sus palabras lo fueron, a pesar de Caifás mismo), cabía otra interpretación, desconocida hasta para el mismo Caifás: “Esto no lo dijo por sí mismo, sino que como era el sumo sacerdote aquel año, PROFETIZÓ QUE JESÚS HABÍA DE MORIR POR LA NACIÓN; y no solamente por la nación, sino para congregar en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos” (Juan 11.51,52). El pueblo de Israel no podía creer en Jesucristo como el Mesías, porque no se habría llevado a término la muerte propiciatoria de Cristo, el Cordero de Dios, ni tampoco su anuncio, mediante el Evangelio, a los gentiles. Los judíos, que ni siquiera podían entrar en la casa de un gentil, sin contaminarse, no estaban preparados para ser anunciadores del Evangelio al mundo. Por eso fue necesaria la incredulidad de Israel y Dios mismo les vedó, como pueblo, el conocimiento de todo lo relativo al Mesías que se dice en el Antiguo Testamento: “...el entendimiento de ellos se embotó; porque hasta el día de hoy, cuando leen el antiguo pacto, les queda el mismo velo , no descubierto, el cual por Cristo es quitado. Y aun hasta el día de hoy, cuando se lee a Moisés, el velo está puesto sobre el corazón de ellos”. No será hasta el retorno de Jesucristo para establecer el Reino de Dios, que este velo les será quitado: “Pero cuando se conviertan al Señor, el velo se quitará” (2ª Corintios 3.14-16).
Es curioso ver la similitud de razonamiento entre aquel Sanedrín judío, con sus jerarcas religiosos al frente, y el razonamiento del Concilio de Constanza para condenar a muerte a Juan Huss; y el de la Dieta de Worms, fallido, para condenar a Martín Lutero; y el de Lutero para, primero aprobar y luego desautorizar a Müntzer; y el de la Congregación para la Doctrina de la Fe, para silenciar a Boff, Sobrino, etc. y en fin, ver como las distintas Jerarquías de las distintas Iglesias, matan, destierran o silencian, según sus posibilidades del momento, a los espíritus libres que existen, gracias a Dios, en todas ellas, a pesar de ellas. (153,154)
Y es que “donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad” (2ª Corintios 3.17). Donde, desobedeciendo al Señor, las iglesias se dieron Jerarquías, allí sólo puede haber temor supersticioso y esclavitud espiritual de hombres sometidos a otros hombres que, se vistan como se vistan, siguen siendo hombres. Y os aseguro que no hay nada peor que un hombre que se cree investido de autoridad divina.
“Alborota al pueblo, enseñando por toda Judea, comenzando desde Galilea hasta aquí” (Lucas 23.5). Esto dijeron de Cristo las Jerarquías y seguirán diciéndolo de cuantos le sigan, para ponerlos en manos de los Pilatos de turno, que –presionados- apretarán el gatillo. Y, al hilo de mi reflexión, querido compañero ateo, permíteme que con cariño te pregunte: ¿ni Dios, ni el Infierno existen?. ¿Insinúas que tanta sangre derramada, desde el comienzo del mundo hasta hoy, quedará sin juicio ni castigo?. ¿Por qué, entonces, no nos gusta este mundo injusto y pensamos que otro mundo es posible, y tanto tú como yo, lo buscamos?. Hace mucho tiempo, las repuestas las hallé en Jesús de Nazaret, el alborotador del pueblo, el traicionado por todos, especialmente por la Iglesia que se adhirió al sistema y se olvidó de luchar por la Justicia del Reino de Dios. Cordialmente te invito a seguirle, a ser un alborotador que sigue diciendo “Venga a nosotros tu Reino”, porque de verdad cree que vendrá. No tienes que apuntarte, ni afiliarte a ninguna parte. Solamente tomar esta decisión en lo mas secreto y hondo de tu corazón. Con eso basta.
Antonio Berrokal.
44-NOTA: Este trabajo puede citarse o copiarse, con fidelidad al original, citando siempre la fuente completa de procedencia, en medios sin ánimo de lucro, ni de ofensa personal contra nada ni nadie. Una cosa es hablar claro sobre ideologías y las personas que las sostienen y representan, y otra es ofenderlas como tales, o mentir sobre sus vinculaciones, de dominio público y notorio. Las personas y organizaciones de todo tipo aquí citadas, lo son en cuanto formaron parte de lo que se narra, no porque tengan que asentir necesariamente, con la interpretación de lo narrado, ni ideológicamente, con la visión histórica, política, social y religiosa que expongo en mi libertad de opinión y expresión. Tampoco la Bibliografía está porque haya citado literalmente de ella, salvo los casos expresamente señalados, sino por cuanto ella puede ayudar en la profundización de lo expuesto en el trabajo. Las ilustraciones corresponden a cuatro óleos y setenta y siete dibujos, hechos por mí, procedentes "mi Galería" o de "mi Pinacoteca de Gibralfaro", términos referidos ambos, a la pinacoteca virtual, contenida en mi Blog: http://pinacotecagibralfaro.blogspot.com y setenta y ocho fotografías por mí realizadas o mandadas hacer, nueve mas, obsequiadas, y las menos, unas trece, proceden de publicaciones gratuitas, religiosas y políticas.
45-BIBLIOGRAFÍA DE CONSULTA:
La Santa Biblia. Versión Reina-Valera. Revisión 1960 (Todas las citas bíblicas literales están en tipo de letra CURSIVA).- Historia de las Religiones (Editorial Marín S.A.).- El Bautismo, Sacramento del Pacto de la Gracia. Pierre CH. Marcel. (FELIRE,1968).- Manuel Matamoros. Aimé Bonifaz. (FELIRE).- Historia del Pueblo Judío. Werner Séller. (Ediciones Omega, S.A.).- Historia de la Primera República. Eduardo Comin Colomer. (Editorial AHR. Barcelona).- Víctimas de la Guerra Civil. Julián Casanova. (Temas de hoy).- Formación Universitaria. ADN.(www.andalucia.cc/and/andalucia2.htm)y(www.alyamiah.com/cema/modules.php?name=News&file=article&sid=22).- Himnario. (J.B.P)Barcelona. 1968.- Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica. (A.R.M.H.).-Las Homilías del odio. (http://www.memoriahistorica.org/) .- Juramento de Lealtad.-Edita U.S.C.I.S. Servicio de Inmigración para la Ciudadanía de los Estados Unidos.- El Cura, la Mujer y el Confesionario. Padre Chiniquy. (C.B.P.). 1950- Historia de los heterodoxos españoles. Menéndez Pelayo. (B.A.C.).- Historia General del Protestantismo. E.G. Léonard. (Colecciones Península, S.A.).- Historia General del Socialismo. (Ediciones Destino).- Servicios Koinonía. Rincón de la Memoria de los de América Latina (http://www.servicioskoinonía.org/martiriologio/) .- Historia de la Reforma. Jorge P. Fisher. (Casa de Publicaciones “El Faro”. ( México).- Carta al Zar Nicolás II. León Tolstoi. (wikilearning.com).- Yama’a islámica de Al-Andalus (Liga Morisca).- Ignacio Ellacuría. Juan J. Tamayo. (Nueva Utopía, Madrid, 1990).- (http://www.izquierdarepublicana.es/) Tratados sobre la Gracia. San Agustín. (B.A.C. Madrid,1956).- Los Hermanos Karamazov. Dostoyevski.- La Cautividad Babilónica de la Iglesia. Dr. Martín Lutero.- Deportación. (Editorial Petronio).Valencia,558.Barcelona13. (Esta es la última Entrada del Libro. Contiene desde la Sección 36 a la 45. Fin del libro Cristianismo Libre)
Las iglesias libres de Jesucristo salieron, no sólo de la Babilonia apocalíptica, de las iglesias del sistema, sino también de su espíritu sectario que caracteriza a todas. Se excomulgan, como antaño, unas a otras. A veces con razón, la mayoría de veces, sin ella. Antaño se expedían documentos, bulas, de estas excomuniones. Hoy, no suele ser así. Cualquier cura, presbítero o pastor, puede negarle la comunión del Cuerpo y la Sangre de Jesucristo a quien o quienes él, o su feligresía, crean oportuno, alegando las razones mas peregrinas, tales como: no es costumbre de nuestra iglesia admitir a la Comunión a nadie que no sea miembro o feligrés de ella, no podemos darle la Comunión porque no está debidamente bautizado por inmersión, porque sabemos que fuma, porque no lleva la cabeza cubierta con velo, porque –siendo mujer- lleva pantalones, porque va excesivamente maquillada, porque no pertenece a nuestra denominación o confesión, porque no le conocemos, porque no sabemos cual es su fe, porque sabemos que su fe es distinta a la nuestra, etc, etc. Siempre es el clero quien se erige en Dueño de las gracias y dones del Señor, a quien dice representar. Lo peor es que tales actitudes se transmiten de unas iglesias a otras y de unos clérigos a otros.
Si para participar en la Comunión fuera necesario tener exactamente las mismas creencias y las mismas prácticas, esta ordenanza o sacramento tendría que ser individual y nunca colectivo, porque no existen dos cristianos que crean las mismas cosas y de la misma manera; lo podríamos ver, a poco que escarbásemos un poco mas allá de las palabras o afirmaciones genéricas que, sobre las mismas creencias, hiciesen ambos.
El sectarismo cristiano, fomentado por todo su clero, es la esclerosis múltiple que ha traído la inoperancia histórica al Cuerpo de Cristo, la iglesia, para adelantar el Reino de Dios. El Cuerpo de Cristo, parapléjico excepto la Cabeza, Cristo, lleva veinte siglos en el mundo sin haberlo ganado para el Evangelio. En este objetivo, el Cristianismo ha sido un completo fracaso. Con esto no estoy abogando por el Ecumenismo, consistente en la unificación de todas las iglesias en una sola Organización. Los resultados serían peores, porque con el clero resultante sustituyendo a la Cabeza que es Cristo, el Cuerpo sería, no un cuerpo paralizado, sino decapitado, con lo que el Espíritu Santo no hubiera podido mantener en él, ni el mas mínimo hálito de vida.
Las iglesias de Jesucristo han aprendido a ser tolerantes con los hermanos y saben, por tanto, por lo que han de luchar y por lo que no vale la pena mover ni un solo dedo.
Despojarse del espíritu farisaico cuesta mucho y sólo lo puede lograr el Espíritu Santo de Dios. La unidad de los cristianos no es la unidad en cada tilde y cada coma, sino “la unidad del espíritu en el vínculo de la paz” (Efesios4.3).
Los Apóstoles mismos, cuando todavía Jesús estaba con ellos, le dijeron al Señor: “Maestro hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre; y se lo prohibimos, porque no sigue con nosotros” (Lucas 9.49).
Estaba haciendo la obra de Dios. Estaba luchando contra el imperio del mal. Estaba liberando personas y lo hacía en el nombre de Jesús de Nazaret, del cual –seguramente- había oído, al cual había creído, pero que no les acompañaba dentro del grupo de discípulos. Digamos que estaba “fuera de la organización”, si es que aquel grupo podría así llamarse.
“Y se lo prohibimos”. El celo de muchos hombres por las cosas de Dios es tan grande, que cuando piensa que otro sigue a Dios de otra manera, tiende a condenarlo, pensando que esa otra manera, pudiera no ser la correcta. Y, entonces, prohibe.
Así ha sucedido siempre. Pero aprendamos con humildad y en este caso, hasta con el propio Apóstol Juan, que podemos equivocarnos. “Jesús les dijo: No se lo prohibáis; porque el que no es contra nosotros, por nosotros es” (Lucas 9.50).
Es cierto que tenemos muchos enemigos, pero a veces, los vemos donde no los hay. A veces tenemos amigos a los cuales no sabemos ver como tales. En mi experiencia de estos últimos veinte años, cuando mas me he movido entre personas de ideología izquierdista, lo he podido comprobar. Los ideales del Reino de los cielos están también sembrados en los corazones de la izquierda política. Por eso coinciden con los cristianos en su lucha contra la opresión y la explotación de los pobres de la tierra, su lucha por la Justicia, contra las guerras imperialistas y en su defensa de la ecología. Podemos ir con ellos tranquilamente, porque lo único que nos separa de ellos es que nadie les habló de Jesús. No del Jesús del Evangelio, del Jesús pobre, del que era amigo de las clases menospreciadas de la hipócrita sociedad: los publicanos (cobradores de impuestos para Roma y prestamistas), prostitutas y pobres. (145,146)
Ser de izquierdas no es necesariamente ser cristiano, pero sí es estar mas cerca del Reino de los cielos que los que pertenecen o piensan como los partidos de derechas.
También me he encontrado con personas que se confesaron creyentes, aunque no practicantes de los cultos de ninguna iglesia. Escarbando mas, pude comprobar una simplicidad y sencillez de fe con mas pureza de la que muchos cristianos dicen profesar. Los ángeles, en el acto profetizado del “arrebatamiento de la iglesia” (1ª Tesalonicenses 4.13-18), tendrán que rebuscar para tomar consigo a mucha gente, fuera de las iglesias, dejando aquí a otros, continuos visitadores de ellas.
De todas maneras, las iglesias de Jesucristo liberadas del sistema jerárquico-capitalista, debemos proceder en todo como las iglesias novotestamentarias, no rechazando a ninguna persona que quiera acercarse a Jesús de Nazaret. Estando mas prestos a sumar que a restar, a incluir que a excluir. A ejercer mas humildad que orgullo farisaico. A ver que el poder de Dios puede “levantar hijos a Abraham aun de las mismas piedras”, a descubrir cristianos donde no esperábamos que los había; a acostumbrarnos a que muchos que creíamos lejos, están mas cerca que nosotros mismos del Reino de los cielos porque, sin saberlo ellos, están haciendo las obras de Dios. El Espíritu del Señor está actuando hoy de forma distinta a como lo ha hecho en otras épocas, porque los tiempos son distintos y las iglesias del sistema están ciegas para reconocerlos. Los avivamientos espirituales del pasado solían comenzar llenando las iglesias, despertando las conciencias religiosas de los hombres y promoviendo un crecimiento, también numérico, del pueblo de Dios que beneficiaba a todas las denominaciones cristianas.
Dios actúa siempre según sus planes en la concesión de estos “tiempos de refrigerio” que concede a su pueblo, derramando su Espíritu sobre toda carne. Pero las iglesias de hoy, mas vinculadas a sus organizaciones que nunca, mas acomodaticias con la prosperidad alcanzada en occidente, mas fáciles de domeñar y mas proclives a los medios de comunicación, sus campañas y marketings; son capaces de acudir en masa a cuantas convocatorias sean llamadas por sus líderes y Jerarquías, regresando luego a casa con la sensación de haber dado un testimonio cristiano a la sociedad.
Las trompetas tocan con sonido incierto y son muchos los que tienen la duda de si defendieron causas cristianas (como así se lo dijeron), o simplemente salieron a defender los intereses particulares de sus propias iglesias-institucionales, dando un balón de oxígeno a las ambiciones frustradas de sus iglesias, de aumentar o no perder, la influencia que siempre tuvieron sus jerarcas sobre la sociedad. La derecha político-religiosa es experta en la manipulación de manifestaciones que, bajo un lema cristiano o moralmente aceptable, obedecen realmente a intereses defensores del conservadurismo mas rancio del Capital. Estos cristianitos estarán ausentes de cualquier manifestación sindical, o anti sistema, anti nuclear, anti bases militares, anti OTAN, contra el FMI y su política monetaria empobrecedora del Tercer mundo, contra el calentamiento de la tierra, anti globalización, anti guerra, por el 0´7, por la condonación de la deuda externa a los países pobres o contra el hambre. Esto nos da una idea de la confusión espiritual de estos cristianitos residentes en el Limbo y de la astucia de su clero manipulador.
No saben que, siguiendo a sus guías ciegos, no están ayudando sino retrasando, poniendo palos en las ruedas del Reino de los cielos. Por eso, la iglesia jerárquica-institucional-organizada no es, ni puede ser, la vanguardia del Reino de los cielos, sino su rémora y lastre, que ejerce su papel histórico de oposición al Reino de Dios. No es su precursora, sino la verdosa mosca que inflige molestia constante a las entrepiernas de las caballerías, que ni entra en el Reino, ni deja tranquilos a los que desean entrar en sus labores. Sigue empeñada en domesticar al cristianismo rebelde y militante en la lucha por la Justicia. Siguen empeñadas en que los cristianos no dejen de ser el rebaño dócil que fueron siempre, para que sean necesarios otros dos mil años para que el Reino de Dios sea establecido en la tierra. Mientras tanto, siguen estando unidos al poder, empeñados en repetir la historia, no en hacerla nueva y diferente. (Nota 147)
Por estas cosas, Dios ha rechazado a la Iglesia Oficialista en el trabajo de construcción del Reino y ha dado su lugar a otros. Como ocurrió con el Israel carnal e incrédulo, el Reino fue entregado a otros que hicieran las obras dignas de él. “Por tanto os digo, que el Reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él” (Mateo21.43). La iglesia institucional no ha servido, no sirve, como tampoco sirvió el viejo e incrédulo Israel, y Dios la ha echado fuera y ha rechazado a sus curas, pastores y obispos, que se vendieron al poder explotador y opresor “que ahora obra en los hijos de desobediencia” (Efesios 2.2), levantando por su Espíritu, la pura y simple iglesia de Jesucristo que estuvo siempre escondida, que nunca tocó poder, y nunca fornicó con los poderosos del mundo, que nunca fue oída sino ignorada y despreciada por sus propios hermanos, porque siempre fueron los “pacontrarias”, los “contracorrientes”, los “inconformistas”, los “anarquistas y rebeldes”. A estos cristianos libres Dios los ha puesto como arietes, como a los clandestinos del pasado, como a los luchadores contra el sistema de este mundo y su Príncipe de las tinieblas, como a los que ya para siempre, lucharán contra el aborregamiento de los pueblos, y sus insensibles iglesias con sus pastores mudos ante la miseria, y charlatanes santurrones contra el cambio radical, que el Reino de Dios supone para el mundo.
Ahora es cuando el tiempo de las delaciones se cumplirá: “...y se entregarán unos a otros..”(Mateo 24.10), “ el hermano entregará a la muerte al hermano, y el padre al hijo; y los hijos se levantarán contra los padres, y los harán morir” (Mateo 10.21). Ahora es cuando se discernirá qué tipos de cristianos está por conservar un sistema corrupto y cuales están por cambiarlo. Ahora es el tiempo de tomar cada uno su cruz preparándose para la lucha final, para que la luz del Reino alumbre a ese 80% de la humanidad, al que el 20% de privilegiados estuvo y estamos explotando de forma inmisericorde, mientras oran a Dios diciéndole: “Padre, te damos las gracias por los bienes que nos has dado..”, al tiempo que combatían cualquier distribución mas justa de las riquezas.(Nota 165). Ahora es el tiempo para que el Príncipe de las tinieblas y el sistema, organizaciones e iglesias que le apoyan y obedecen, sean señalados y combatidos. Ahora es el tiempo de que la luz del Reino de los cielos se proyecte a la humanidad que sufre, que tiene hambre y sed, para que tengan esperanza.
Ahora es cuando ha llegado el tiempo de darse cuenta de las implicaciones del Reino de Dios. Ahora está llegando el tiempo de que ser cristiano, sea entendido como algo mas que “un ciudadano que reza” pero que no se mete en problemas, sino que por el contrario, sirve ovejilmente al sistema.
Ahora es el tiempo en que “el cuerpo y la sangre de Cristo” tienen que dejar de ser sólo liturgia, puesta en manos de las iglesias del sistema, como si fueran las propietarias y las juezas para decidir quien puede o no ser comensal de esta Cena del Señor. Este poder, nunca dado por el Señor a nadie, excepto a los Apóstoles y en asuntos muy claros, vuelve a estar en el Señor mismo, en quien estuvo siempre, que es el Anfitrión y no en la iglesia local, ni la denominación, ni en los ministros que son meros administradores de la ordenanza o sacramento. Nadie tiene potestad de aceptar o rechazar a ningún comensal, sólo el Rey, anfitrión y organizador de la Cena. “El Reino de los cielos es semejante a un rey que hizo fiesta de bodas a su hijo....las bodas están preparadas; mas los que fueron convidados no eran dignos. Id ..a las salidas de los caminos, y llamad a las bodas a cuantos halléis...Y entró el rey para ver a los convidados, y vio..un hombre que no estaba vestido de boda....entonces el rey dijo...: Atadle de pies y manos, y echadle en las tinieblas de afuera...” (Mateo 22.1-13). Nosotros somos criados del Rey y no podemos atribuirnos la autoridad de expulsar a nadie sin el mandato expreso del Señor, cuyos infalibles ojos pueden ver el interior de cada comensal, y saber quien lleva en su alma las vestiduras blancas que llevan todos los justificados por la sangre de su Hijo. Si el mismo Judas se acercase a la Mesa del Señor, lo único que podría hacer es leerle esta Escritura: “...cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor. Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan y beba de la copa. Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí” (1ª Corintios 11.27-29); después de esta solemne advertencia, hasta al mismo Judas, tendría que darle la Comunión. De hecho, por el relato que nos da Mateos, parece que Judas, uno de los doce, estaba sentado a la mesa como los demás, “se sentó a la mesa con los doce”(Mateo 26.20) y no está claro, por lo que cuenta Juan, que la salida de Judas tuviese lugar antes de la Eucaristía. Lo mas lógico es que después de cenar, conociendo dónde iban a ir después, abandonase la reunión para servir de guía a los que iban a prenderle. Otros creen que Judas comió la Pascua, pero no la Eucaristía. Como si el pecado no fuese igual de grave. Estos, ignoran que la Comunión cristiana es equivalente a la Pascua judía, como el Bautismo lo es a la Circuncisión. Las diferencias son mas bien externas que internas; de forma, mas que de significados. De hecho, en los primeros años, la iglesia apostólica estaba compuesta casi únicamente, por judíos conversos, por lo que era común que éstos participaran de las cuatro Ordenanzas: Pascua, Comunión, Circuncisión y Bautismo. Hubieron de pasar años y controversias, en las que participó San Pablo como Apóstol de los gentiles, hasta que quedó dilucidada la cuestión. Pero este tema merece ser tratado aparte y en otro lugar. Para quien quiera informarse, le recomiendo la detenida lectura del libro de Pierre CH. Marcel “El Bautismo, Sacramento del Pacto de la Gracia”, editado por FELIRE.
El verdadero problema, para la mentalidad de muchos cristianitos, es cómo podría haber permitido Jesús, conociendo el interior de Judas, que participase en la Comunión. Por eso tratan de aportar exégesis que dejen fuera a Judas de la primera Eucaristía. Lo que viene a demostrar la superstición con la que muchísimos creyentes tratan esta ordenanza, causa del excesivo miramiento o cuidado que ponen en su administración, como si ellos fueran culpables, si alguno la toma indebidamente. No es así. Si alguien come del pan y bebe de la copa, indebidamente, nadie es culpable, excepto él mismo, que, “juicio come y bebe para sí”.
No impongamos a nadie nuestras particulares o peculiares creencias, como condición para participar en las ordenanzas del Señor, porque entonces, nos estaríamos adueñando de ellas. Ninguna iglesia, está legitimada para erigirse en Dueña de la Mesa del Señor. Cristo, y nadie mas, es el Anfitrión. Los que se tienen por ministros de Jesucristo, si lo son, no son otra cosa que la mano distribuidora de la Eucaristía; no son sus guardianes, ni sus vigilantes, ni sus hechiceros, ni sus protectores, ni sus valedores, ni sus discriminadores sobre quienes pueden o no participar de ella. Los prejuicios que unos y otros cristianos, aun tienen sobre esta Ordenanza, Pascua Cristiana, Partimiento del Pan, Sacramento o cualquiera otra forma de llamarlo que usemos, deben ser abandonados y desde luego, los son absolutamente por los cristianos libres.
Mucho menos, en los duros tiempos que se avecinan, podremos utilizar estos Símbolos de Unidad de Jesucristo con todos los creyentes, como ocasión estúpida para reavivar el sectarismo en la iglesia de Dios.
Al principio de la vida cristiana, y sobre todo si el encuentro personal con el Señor se produce, tras haber pertenecido a otra rama del cristianismo durante años, uno tiende a mostrar un especial resquemor a causa de los errores que ha venido creyendo y que ahora, con mayor luz de la Escritura, se ve obligado a rechazar. Incluso los hay, a quienes esta experiencia, les obliga a un replanteo total de la doctrina, predisponiéndole al rechazo mas amplio posible de lo anteriormente aceptado, de todo el sistema doctrinal en el que había venido creyendo.
Estos cristianos suelen convertirse en muy buenos apologistas. Las iglesias de Jesucristo los necesitan, sobre todo en una época donde los falsos maestros se multiplican y las sectas pseudocristianas, crecen como setas, por doquier, difíciles de distinguir las comestibles de las letalmente venenosas. Estos cristianos suelen desarrollar el don de la apologética, viniendo a ser buenos controversistas, indispensables para la defensa oral y escrita de la pureza de la fe o doctrina. Mi experiencia es que, algunos de ellos, son invadidos de un cierto orgullo que les hace pensar que están limpios de cualquier error, por pequeño que sea. Pocos son capaces, respecto a los errores, de orar como David: “líbrame, Señor, de los que me son ocultos”(Salmo 19.12).
Con los años, algunos suelen volverse mas tolerantes y, manteniendo lo fundamental del depósito de la fe, son mas considerados con los puntos de vistas de otros cristianos que difieran de los suyos. Esto es ya un avance, y me siento agradecido al Señor cuando tengo que dar la bienvenida a alguien al Club de los cristianos falibles. También me incluyo entre los que han ganado en tolerancia con los años, aunque no tanto como yo quisiera. Por esta causa, cada cristiano libre, goza desde el principio mismo en que nos conocemos, en que nos presentamos, de mi mayor tolerancia y, en modo alguno le hago ningún tipo de examen mental, para considerarle o no como hermano. Por lo general, salvo en casos manifiestos, lo considero hermano, sin importarme que venga o no con los “míos”, ni qué grado de coincidencia existe entre nosotros. Si cree en Jesucristo personalmente y espera el Reino de Dios, para mí es suficiente. Otra cosa es que, con el tiempo, tratemos de aproximar posturas, si es que fuera necesaria tal aproximación.
Las iglesias de Jesucristo no deben dedicarse a la labor farisaica de “ganar prosélitos”, incluso “dando la vuelta al mundo”, para luego convertirlo en un fanático igual o mayor de lo que lo seamos nosotros.(Mateo 23.15).
La evangelización no es proselitismo. La evangelización se centra en la persona de Cristo, mientras que el proselitismo se centra en nosotros, en nuestra doctrina y nuestra forma de hacer las cosas, en lo que creemos ser y en hacer a otros a nuestra imagen y semejanza.
Si todos los que nos consideramos cristianos, fuésemos realmente libres, no habría en nuestros corazones otras ataduras que las de Cristo. Pero me temo que las iglesias a las que hemos pertenecido, las organizaciones de las que hemos formado parte, los ambientes en los que nos hemos movido, las historias que hemos vivido, todo, forma un poso espiritual y cultural que se apega al fondo del alma y coartan o impiden “la libertad con la que Cristo nos hizo libres” (Gálatas 1.5), y por eso nuestro mensaje no llega a cuantos debiera llegar, ni somos usados por el Espíritu en la medida que él desea usarnos. Buscamos pegas antes que soluciones, buscamos discusión antes que diálogo, buscamos fans y forofos antes que discípulos, buscamos la diferencia a combatir, antes que la coincidencia en que gozarnos. Buscamos la victoria en la controversia, el vencer antes que el convencer con la paciencia. En fin, no somos tan libres como pensábamos que éramos, porque seguimos atados a viejos atavismos, hábitos, costumbres, modos de hacer las cosas, que hace que demos valor a lo que es accesorio. Pensamos tener siempre la razón.
Por eso la libertad que Cristo otorga al alma, incluye la liberación de esos posos del espíritu y salta por encima de las barreras religiosas, sociales e incluso culturales. Nunca niega la hermandad a esos otros, por el hecho de que “no nos siguen, no vienen con nosotros” como pensaba el Apóstol Juan, sectario a su pesar, en los días que pronunció estas palabras, y autoritario, se erigió en juez diciendo: “ Y se lo prohibimos”, a pesar de que lo que hacían era luchar contra Satanás en el nombre de Cristo (Lucas 9.49,50). Ya sabe uno que ni los milagros, ni echar fuera demonios, ni siquiera la predicación correcta, son señales inequívocas de la salvación: “Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?.Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad" (Mateo 7.22,23); pero también sabemos que ni Juan, ni el colegio apostólico juntos, tienen autoridad para hacer tales prohibiciones, porque el conocimiento del alma es sólo posible para el Señor. Por esta razón, debes recordar siempre que tú no decides quién es tu hermano o no. Tampoco podemos elegir a nuestros hermanos carnales. Con unos tendrás mas afinidad que con otros. Por eso se nos recomienda en la Escritura ser unánimes, pensando una misma cosa, la unidad del espíritu y la de la fe. Estas son metas altas, que no siempre todos estamos a la altura de poder cumplir. Poco a poco, estas cosas se irán consiguiendo. Pero mientras Dios sea quien elige a sus hijos, no podemos ser nosotros los que elijamos a quien nos gustaría tener como hermano y a quien no. Y lo somos, mucho antes de llegar a esa unidad perfecta que la Biblia nos propone. Éste es el gran pecado de la ortodoxia. (148)
Cualquier diferencia doctrinal, supone de inmediato la exclusión de la “hermandad” entre los hijos de Dios. Así surgieron las Confesiones de Fe. Son expresiones del conjunto de la Fe. Para mí, la mas completa es la de Westminster. ¿Le niego la “hermandad” a quien no la acepte, punto por punto?. Estaría rechazando a muchos hijos verdaderos de Dios. ¿Aceptaré la mas simple, el llamado Credo Apostólico?. Seguro que también estaría rechazando a muchos hijos de Dios como hermanos míos. Debo, pues aceptar como hermano a cualquiera que cree en Jesucristo como su Salvador y que Dios le resucitó de los muertos. Y si tomo a Jesús como ejemplo, aun bajaré mas el listón “cualquiera que oye la palabra de Dios y la hace, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre”(Lucas 8.21; Marcos 3.35; Mateo 12.50). Sólo Dios conoce a los que son de su familia, yo no debo rechazar a nadie. Menos aun, negarle a nadie la participación en la Mesa del Señor. Sólo debo invitar a ella a cuantos crean verdaderamente en Cristo y repetirle las advertencias que da San Pablo acerca de quienes participan de ella indignamente, pero la decisión de tomar la Comunión es del que participa, “..pruébese cada uno a sí mismo...”(1ª Corintios 11.28), nunca será del que ofrece o ministra la Mesa de la que también, sólo Cristo es el Anfitrión. La administración de la Mesa marcará el grado de sectarismo de una iglesia, de un ministro, de una denominación.
Si el cristiano no es libre, si no está liberado de estas cosas que hemos citado, no será un precursor del Reino de los cielos. Será un excelente propagandista de su israel particular, de su feudo religioso al que en realidad sirve, pero no servirá para la proclamación del Reino que viene, que está llamando a las puertas.
42-LA VIEJA Y NUEVA PROMESA.
El Reino de los cielos, no es una doctrina nueva que el ser humano se haya inventado como modo de escapar de la triste realidad que ofrece el mundo. En el corazón de todos los creyentes, es cierto, siempre existió este deseo. Todos sabían que el mundo había desembocado en lo que es, porque el ser humano rechazó a Dios. Lo hizo en el Paraíso, lo volvió a hacer en los días del profeta Samuel, rechazando esa anarquía pacífica en la que vivieron por cuatro siglos, practicando el “cada uno hacía lo que bien le parecía” (Jueces 21.25) y lo volvieron a hacer cuando rechazaron que el Mesías reinase sobre ellos. Claro que en esta ocasión, su rechazo supuso la inclusión de los gentiles en el plan salvífico de Dios.
Pero esta visión del Reino de Dios acompañó siempre a los creyentes de todas las épocas, porque los profetas se encargaron una y otra vez de recordársela.
“Jehová reinará eternamente y para siempre” (Éxodo 15.18) . Parece mentira hablar de la eternidad de un reino en un santuario hecho de tela, como un habitáculo frágil, el Tabernáculo hebreo; dando por hecho que se establecería en el monte y lugar que Dios escogería, cuando quien escribió estas palabras no había ni siquiera visto la tierra prometida, hacia la que caminaban (vers. 17).
Incluso una de las doctrinas mas distintivas de la Iglesia Cristiana en los días de la Reforma, “el sacerdocio universal de todos los creyentes” ya estaba profetizado por Moisés, en los mismos tiempos en que el sacerdocio Levítico fue establecido “Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes y gente santa” (Éxodo 19.6), como escribió el apóstol Juan, mil quinientos años después: “Y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios su Padre”, “y nos ha hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra” (Apocalipsis 1.6 y 5.10), ratificado también por el apóstol Pedro: “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1ª Pedro 2.9).
El sacerdocio levítico tuvo asignada una función que, a la llegada de Jesucristo, el Cordero de Dios que fue sacrificado por su pueblo, se cumplió; por cuanto ya no fue posible seguir ofreciendo los sacrificios de corderos por el pecado. Por esta causa el continuo sacrificio fue quitado, los hijos de Israel esparcidos (“...y serán llevados cautivos a todas las naciones”. (Lucas 21.24) y el sacerdocio levítico anulado violentamente. Por imposición histórica de Dios, que así condujo los acontecimientos, para que fuese imposible restablecer el sacerdocio levítico (Hebreos 9.6-12), evitando que el Israel incrédulo al Mesías, siguiera ofreciendo sacrificios a través del Sumo Sacerdote, después de que el Ungido, el Mesías, hubiera ofrecido voluntariamente el Sacrificio de su Cuerpo en la cruz, en el mismo monte de Sión. Ni Templo, ni levitas, ni hijos de Aarón, podrían quedar en pié. Jamás sería restablecido el sacrificio continuo, ateniéndose a la Ley. Ha sido sustituido el sacerdocio (Hebreos 10.9-12). Así lo profetizó Moisés, quien por orden divina, estableció el primero. En este nuevo sacerdocio Cristo es el único Sumo Sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec, y cada cristiano es un nuevo levita (Hebreos 10.19-24), para ofrecer a Dios otros sacrificios, agradables a los ojos de Dios, como misericordia, amor, fidelidad al Evangelio y luchar por la Justicia del Reino de Dios que vendrá. No vino cuando los judíos lo esperaban, ni cuando los primeros cristianos creyeron que vendría. Aun tiene que llegar a su fin “el tiempo de los gentiles” y cuando hayan entrado en la iglesia de Jesucristo todos los gentiles que tienen que entrar, entonces vendrá el Señor, con poder y gran gloria, aunque todavía tenga el mundo que sufrir las lógicas convulsiones, los ajustes necesarios, para que el Reino de Dios haga mas que “acercarse” a nosotros, que es lo que está haciendo hasta ahora y vendrá sin previo aviso, como ladrón en la noche, aunque no sin advertencia ( porque las iglesias de Jesucristo lo siguen anunciando); al fin vendrá y esta vez, su venida no será semiclandestina, ni tendremos necesidad de que nadie nos lo confirme, porque “ como el relámpago que al fulgurar resplandece desde un extremo del cielo hasta el otro, así también será el Hijo del Hombre en su día”(Lucas 17.24). “le dijeron:¿dónde, Señor?...Donde estuviere el cuerpo (muerto), allí se juntarán también las águilas (buitres)” (Lucas 17.37).
Los creyentes estarán ocupados en sus tareas: unos estarán durmiendo y aun entre el matrimonio discriminarán los ángeles: uno será tomado y el otro será dejado (vers.34), otra gente estará en sus trabajos, uno será tomado, otro será dejado (ver.35) y lo mismo en las tareas del campo (ver.36). Para unos les cogerá de día, haciendo sus labores y para otros será de noche (ver,34). Quiere decirse que, en menos de un día, o de la mayor diferencia horaria posible, los ángeles de dios transformarán a todos los que sean tenidos por dignos de participar en el establecimiento del Reino de Dios y los llevarán junto al Señor, para incrementar la multitud de los santos que, resucitados, desde Adán hasta el último de los creyentes que haya muerto ese día, vienen rodeándole, en una enorme e incontable compañía.
De este Reino nos habló David en sus Salmos y nos habló mucho, quizá porque siendo prototipo del Mesías, el Espíritu Santo le inspiró muchísimos de los detalles del mismo. En el Salmo 22.16, dice: “horadaron mis manos y mis pies”; cosa inusitada en sus días, que no era costumbre practicar este tipo de suplicio. Mil años después, esto se cumplió literalmente en la persona de Jesús de Nazaret, aunque –para cumplir la profecía- un imperio desconocido en tiempos de David, el Imperio Romano, hubiera de surgir y conquistar Israel, estableciendo este tipo de tortura y muerte: la crucifixión. Como profeta que era, el rey David entró en muchos detalles sobre la vida de Jesús, que luego se cumplieron. Incluso en detalles pequeños como: “repartieron entre sí mis vestidos y sobre mis ropas echaron suertes” (Salmo 22.18), cosa que hicieron los soldados romanos que vigilaban a los ejecutados, sin tener la mas mínima idea de las profecías judías.
“Porque de Jehová es el Reino y él, regirá las naciones” (ver.28). El Reino de los cielos tiene para David, una dimensión universal. David fue rey de un pequeño país. Como creyente, puede ofrecérselo a Dios, pero como profeta, es capaz de ver que desde ese pequeño país, Dios gobernará un día a todas las naciones. Que es exactamente, lo que se espera que haga el Mesías a su Regreso y lo que el Evangelio proclama que Jesús es: “ el Rey de reyes y Señor de señores” (Apocalipsis 19.16).
Pero este Evangelio señala que el Reino Universal del Señor será impuesto a viva fuerza. Los reinos de la tierra no estarán encantados de ofrecer la autoridad y el poder que controlan, a Dios y a su Cristo, sino mas bien: “Pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque él es Señor de señores y Rey de reyes”(Apocalipsis 17.14). “Tu trono, oh Dios, es eterno y para siempre; cetro de equidad (Justicia) es el cetro de tu reino. Has amado la Justicia y aborrecido la maldad” (Salmo 45.6,7).
Eternidad del trono de Dios. Eternidad de su reino. Justicia como cetro. Y dos sentimientos, también eternos: amor a la Justicia y aborrecimiento u odio a la maldad. Según el autor de Hebreos, estas palabras (Hebreos 1.8,9) las dijeron los hijos de Coré refiriéndolas al Hijo. Son cualidades permanentes del Reino de Dios sobre la tierra, ya que en el cielo no hay maldad que aborrecer ni Justicia que establecer, puesto que ésta está allí plenamente establecida. Es en la tierra donde hay que ejercer la “equidad” y el aborrecimiento del mal.
Isaías profetizó sobre el ministerio de Cristo en Galilea (Mateo ,9.1,2) donde lo comenzó, hablándonos sobre los nombres atribuidos al Mesías: “ se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz”(Isaías 9.6) y se habla también del Reino de los cielos, calificándolo de extenso, y ejercido por el Mesías desde el trono de David para el establecimiento de la paz y de la justicia para siempre. Comprometiéndose el mismo Dios a ejecutarlo, a cumplirlo: “lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto” (Isaías 9.7).
Este mismo profeta dice sobre el Reino de los cielos: “He aquí que para justicia reinará un rey...y será como escondedero contra el viento,...refugio contra el turbión; como arroyos de aguas en tierra de sequedad, como sombra de gran peñasco en tierra calurosa. No se ofuscarán entonces los ojos de los que ven, y los oídos de los oyentes oirán atentos. Y el corazón de los necios entenderá para saber, y la lengua de los tartamudos hablara rápida y claramente. El ruin nunca mas será llamado generoso, ni el tramposo será llamado espléndido. Porque el ruin hablará ruindades, y su corazón fabricará iniquidad, para cometer impiedad y para hablar escarnio contra Jehová, dejando vacía el alma hambrienta, y quitando la bebida al sediento. Las armas del tramposo son malas; trama intrigas inicuas para enredar a los simples con palabras mentirosas, y para hablar en juicio contra el pobre. Pero el generoso pensará generosidades, y por generosidades será exaltado” (Isaías 32.1-8). Al comienzo de este Reino, habrá que realizar grandes cambios en el mundo, resumidos en estos ocho versículos: alivio para los que lucharon por la justicia y fueron vilipendiados, apertura de los ojos y oídos de las masas para que los malos y engañosos políticos no los vuelvan mas a engañar, desenmascarar a la gente ruin que pasan por excelentes ciudadanos, a los tramposos y sus fortunas, a los inicuos que consienten el hambre y la sed y el cohecho contra los pobres, etc, etc.
Evidentemente este Reino de Dios es para realizarlo, para ponerlo en práctica aquí en la tierra, por cuanto en el cielo no hace falta un programa tan extenso que cumplir y que incluye no sólo los hábitos de fuera, externos, sino hasta los de las mismas conciencias.
La gloria que espera a Sión, Jerusalem, descrita en el capítulo sesenta del profeta Isaías, no puede entenderse sino en el contexto del establecimiento literal y físico del Reino de Dios, en la persona del Mesías a “cuya luz andarán las naciones y los reyes al resplandor de su nacimiento”(vers.3), no de la manera pagana con la que celebran hoy la Navidad los países cristianos, el nacimiento que resplandecerá en Sión será el del Reino de los cielos que hará de él el centro de adoración al Altísimo, y los que decían que eran pueblo de Dios, sin serlo, las falsas iglesias del sistema, se humillarán ante el Señor (vers,14 y Apocalipsis 3.9). Todos, y especialmente el pueblo de Israel que viva en aquellos días, creerá en el Mesías: “conocerás que yo Jehová soy el Salvador y Redentor tuyo, el Fuerte de Jacob” (vers,16). Así fue como se presentó Jesucristo. Como Salvador porque “salvará a su pueblo de sus pecados”(Mateo 1.21).Como Redentor porque lo redime o rescata por el precio de su sangre (1ª Pedro 1.18,19): “fuisteis rescatados...con la sangre preciosa de Cristo” y como el Fuerte de Jacob a quien bendijo tras larga lucha que mostró el deseo del patriarca por ser bendecido (Génesis 32.22-30). Cuanto se dice de la paz (vers.18), del sol y de la luna y del nuevo estado de cosas que se establecerá en la tierra, ya para siempre (Vers.19,20), se vuelve a repetir en el último libro de la Biblia (Apocalipsis 21.23 y 22.5): “La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella; porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera” y: “No habrá allí mas noche; y no tienen necesidad de luz de lámpara, ni de luz de sol, porque Dios el Señor los iluminará; y reinarán por los siglos de los siglos”. Todo esto será establecido por Dios en esta tierra nuestra. “Porque la nación y el reino que no te sirviere perecerá, y del todo será asolado”(vers.12), “Yo Jehová, a su tiempo haré que esto sea cumplido pronto” (vers.22).
En los días del profeta Daniel, también fue proclamada la profecía del surgimiento de “un reino que no será destruido” (Daniel 2.44). Por la propia interpretación que hace el profeta del sueño de Nabucodonosor, este reino eterno que verá pasar a los demás, surgiría en los días del último de los imperios, cuyos pies eran de barro y hierro, el Imperio Romano. La piedra cortada sin mano, sin intervención humana, iría rodando hasta que llegase a chocar con los dos pies de la estatua, Roma y Constantinopla, en los que se asentaba la imagen. Imperios Occidental y Oriental que, duraron poco tiempo, después de que el Cristianismo hiciera su irrupción en la historia. El Evangelio fue la piedrecita que se convirtió en un monte “que llenó la tierra” (Daniel 2.35) y desmenuzó los dos pies o imperios paganos de Roma.
El Reino se acercó a este mundo en los días de Jesucristo. El puso las bases de este Reino que, aun sufriendo avatares históricos como el error de los cristianos posteriores, que quisieron hacer un Imperio Cristiano con los trozos que habían quedado del Imperio Romano, al que incluso llamaron Sacro Imperio, a pesar -digo- de tan vanos intentos por establecer Teocracias cristianas y la corrupción religiosa y política que conllevaron, la simiente del Reino fue sembrada y su aceptación fue un hecho. El Reino de los cielos, despojado sí de toda concepción sectaria, es doctrina fundamental en todas las ramas del Cristianismo. Todos esperan su implantación definitiva sobre la tierra. El Evangelio del Reino, no sólo derribó al Imperio Romano, sino a otros muchos imperios cristianos, que quisieron imponer sus versiones distorsionadas del Reino al mundo, cosa que no les fue dada, porque está reservada para el Señor Jesucristo cuando venga en su gloria, sin intermediarios ni representantes. El Reino visto por Daniel, es todavía futuro y su plena implantación será en la tierra.
“Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de Días, y le hicieron acercarse delante de él. Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido” (Daniel 7.13,14).
Claramente, el profeta ve a Jesucristo en su visión, el Hijo del Hombre, el ser humano mas exaltado y amado por Dios, a quien Dios mismo le entrega el Reino eterno sobre toda la humanidad y además, el profeta vio que el establecimiento del Reino de los cielos sobre la tierra, no sería sin dificultad, sino que contaba con la oposición feroz de gobiernos poderosos de este mundo “con ojos” y “boca que hablaba grandes cosas” (vers.20), es decir, con medios de vigilancia y control de los medios informáticos y de información, como para justificar convincentemente sus acciones, haciéndolas parecer buenas y necesarias. “Hacía guerra contra los santos,(en la Biblia, “santo” significa simplemente cristianos o creyentes) y los vencía” (vers.21), frase descriptiva que coincide con el concepto de “gran tribulación” que sufrirá el pueblo de Dios por aquellos días. Por eso es por lo que tantas veces hemos dicho que las iglesias del sistema, no tendrán nada que temer de estos sufrimientos y persecuciones, que sólo experimentarán los cristianos anti-sistema, los que hayan salido de la Iglesia Ramera y estén, de alguna manera, luchando contra los poderes satánicos, que aun hoy gobiernan el mundo bajo la apariencia de honestidad, respetabilidad y orden. Por eso, sea el tiempo que sea que dure esta persecución, será “..hasta que (venga) vino el Anciano de días y se dio el juicio a los santos del Altísimo, y los santos recibieron el reino”(Daniel 7.22). Supongo que será muy difícil ser cristiano en aquellos días.
El propio Señor Jesucristo afirmó ante el Sanedrín que le juzgaba: “desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo” (Mateo 26.64), lo que causó que aquellos que no le recibieron como Mesías, se rasgaran las vestiduras creyendo que había blasfemado (Mateo 26.65).
Pero esta doctrina la repitió el Señor muchas veces, en muchas ocasiones, a lo largo de su ministerio “..verán al Hijo del Hombre , que vendrá en una nube con poder y gran gloria. Cuando estas cosas comiencen a suceder, ergíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca” (Lucas 21.27,28).
San Juan, en Apocalipsis 1.7, escribe: “He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él”. El propio Juan el Bautista comenzó su predicación en el desierto de Judea “diciendo: Arrepentios, porque el reino de los cielos se ha acercado”(Mateo 3.2). De hecho, nunca estuvo mas cerca que cuando Jesús, su Rey, viene al mundo y comienza su anuncio. Lo creyeron tan cercano, que pensaron que se establecería en aquella misma generación. Predicación que coincidía plenamente con la del propio Cristo. “Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentios porque el Reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 4.17), utilizando las sinagogas de Galilea “predicando el evangelio del reino”(Mateo 4.23), afirmando que el Reino de Dios es para los pobres: “Bienaventurados vosotros los pobres, porque vuestro es el reino de Dios”(Lucas 6.20) y de cuantos padecían persecución por su preocupación por la Justicia: “Bienaventurados los que padecen persecución pos causa de la Justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos” (Mateo 5.10) “Porque os digo que si vuestra Justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los cielos” (Mateo 5.20).
Y consciente de que el Reino de los cielos sólo se había “acercado”, nos enseñó a orar diciendo: “Venga a nosotros tu Reino” (Mateo 6.10). No sólo queremos que se acerque a este mundo, sino queremos que “venga a nosotros”, que se establezca entre nosotros. Esta es la enseñanza de Jesucristo: el Reino va a ser establecido en la tierra y vosotros, mis discípulos debéis desear que así sea. “Porque tuyo es el Reino, el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén” (Mateo 6.13).
Por ello instó a sus discípulos a que buscaran por encima de cualquier otra cosa “el reino de Dios y su justicia” (Mateo 6.33). Todo el Antiguo Testamento habla del Reino de Dios y su característica principal, la Justicia. Es lógico que Jesús hablase también de lo mismo y que así lo entendiesen los discípulos. La doctrina de la justificación personal ante Dios por medio de la fe, aun no había sido desarrollada por San Pablo, en su excepcional epístola a los Romanos. Pedro habló de ella en su primer discurso inspirado por el Espíritu Santo, cuando dijo: “todo aquel que invocare el nombre del Señor será salvo”(Hechos 2.21). Por lo que las palabras de Jesús “buscad primeramente el Reino de Dios y su Justicia”(Mateo 6.33), hay que interpretarlas como una exhortación a la búsqueda del Reino y a la Justicia del Reino, en sus dos vertientes: el reino espiritual y la justificación personal por la fe, y en su significado primario de Reino de Dios establecido literalmente sobre la tierra como lo anunciaron los profetas, y la Justicia de este Reino impartiéndose desde él sobre todos los hombres injustos, y situaciones injustas que no tienen cabida en este Reino. Comer, beber y vestir, suponen los afanes primordiales de los hombres (ver.31), careciendo de verdadera importancia para Dios, que nos daría estas cosas “por añadidura”; como también se lo confirmó a Pedro: “No hay nadie que haya dejado casa, o padres, o hermanos, o mujer, o hijos, por el Reino de Dios, que no haya de recibir mucho mas en este tiempo, y en el siglo venidero la vida eterna” (Lucas 18.28-30).
El Reino de los cielos no es una abstracción, sino una doctrina o hecho fundamental en la predicación del Señor Jesús, y mucho mas realista y tangible de lo que algunos quisieran admitir.
Porque muchos cristianos pusilánimes encontraríamos dispuestos a predicar el Reino de los cielos, siempre que ello, no les comportara ningún riesgo, ningún peligro para su tranquilidad y modo de vivir, pero si por anunciarlo fielmente, van a tener que sufrir inconveniencias, entonces sólo les quedan dos caminos: callarse o anunciar un Reino acomodaticio, que no represente peligro para nadie. Nadie perseguirá a tales predicadores. Como las iglesias del sistema no son tampoco perseguidas, sino encomiadas y felicitadas por su labor, calificada de buena, de honrada y de cívica.
Dijo Jesús: “el Reino de los cielos sufre violencia, y los violentos (“fuertes”) lo arrebatan” (Mateo11.12).
Hubo mucha gente, despertadas sus conciencias por Juan el Bautista primero, y por Jesús después, que recordaron lo que los profetas habían anunciado sobre el Reino de Dios y, como tanto Juan como Jesús, decían que “estaba cerca”, se apresuraron a entrar en él; unos siguiendo a Juan y otros, siguiendo a Cristo. Esta vehemencia atropellada es lo que Jesús define como “sufrir violencia”. Ninguno quería quedarse fuera, pero tampoco daban el paso adelante. Estaba claro que sólo “los mas valientes” (como traducen las viejas versiones) lo toman, lo arrebatan.
Así ha ocurrido y ocurrirá siempre. Hay que tener valentía para reputarse como creyente, propagador y precursor del Reino de los cielos y de esta clase de personas hubo siempre en las iglesias del Señor. El Reino de los cielos sólo lo toman, casi por asalto, (“lo arrebatan”) los que verdaderamente lo tienen en el corazón y trabajan por su pronto establecimiento. (149,150)
La transformación del mundo en el Reino de Dios, es una promesa divina que enseña todo el Antiguo Testamento, ratificada por Jesucristo y sus Apóstoles en el Nuevo, cuando se cumplió con la previsión divina de la Redención. Ahora sólo resta que esta Redención se extienda desde lo espiritual hasta lo material, desde la vivificación del alma a la vivificación o resurrección del cuerpo, desde el cumplimiento de la voluntad divina en el cielo hasta el “hágase tu voluntad también en la tierra”, desde la historia resultante de la caída del hombre, hasta la nueva historia futura que la nueva humanidad andará tras la renovación y adopción que el planeta mismo aun espera.
43-LA MAS FÁCIL DE LAS EXCUSAS.
La mas fácil de las excusas paralizantes de las iglesias del sistema y de sus aborregados seguidores, es etiquetar y falsear el mensaje liberador de Jesucristo, espiritualizándolo tanto, que esta liberación la circunscriben exclusivamente al ámbito espiritual del alma, olvidando por completo que el hombre, polvo, materia es, porque de ella lo quiso hacer Dios. Los seres exclusivamente espirituales, ya los creó antes: los ángeles. Ellos no tienen necesidades materiales que cubrir. El hombre tiene alma y estómago. Así lo creó Dios.
Jesucristo se ocupó de las almas. Cualquiera puede verlo, leyendo los Evangelios. Pero también se ocupó de los cuerpos. Los milagros de Jesucristo fueron tantos que los dirigentes judíos realmente creyeron que todo el pueblo entero podría llegar a creer en él: “ Entonces los principales sacerdotes y los fariseos reunieron el concilio, y dijeron: ¿Qué haremos? Porque este hombre hace muchas señales. Si le dejamos así, todos creerán en él” (Juan 11.47,48), “...había sanado a muchos; de manera que por tocarle, cuantos tenían plagas caían sobre él” (Marcos 3.10).
Ninguno de cuantos acudían a él en busca de remedio para sus males, en busca de curación, fue nunca rechazado. Podía haberles dicho: “Yo sólo he venido para salvar y curar vuestras almas. Id a los médicos para que os curen el cuerpo”. Pero no fue así. El predicaba el Evangelio, les enseñaba y también se ocupó de sus cuerpos.
Y, para sanarles, no siempre exigía previamente tener fe. Hubo muchos casos en los que los enfermos se curaron por la fe de otros, como sus padres, sus amos, sus amigos, incluso sus vecinos (el criado del centurión, el paralítico que descolgaron por la terraza, la hija de Jairo, el padre del epiléptico, etc.).
Las iglesias del sistema, sólo han previsto una vía para cubrir las necesidades materiales de la humanidad: a los ricos les ha respetado el sistema económico que ellos se han dado a sí mismos y el conservar todos sus privilegios. A los pobres les ha dejado el camino de la resignación, premiado en la otra vida, y la dependencia de la caridad voluntariosa de los ricos.
La “doctrina social” de la iglesia romana, aceptada de hecho por las demás iglesias del sistema, es un puro fraude, engañabobos, simplemente porque sus “justos y nobles principios”, ni son justos, ni son nobles, sino que conforman una cantidad de “parches” que sólo sirven para mitigar la pobreza, no para erradicarla como el peor de los pecados con el que unos hombres suelen pecar contra otros, en teoría sus hermanos. No abordan el sistema de propiedad injusto, ni las relaciones del mercado, mas injustas todavía.
Siempre que han surgido en el mundo, filosofías, movimientos, ideas, revoluciones de inspiración igualitaria, se han opuesto a ellos con todas sus fuerzas, tachándolos unas veces de ateos y otras de liberticidas. Como si pudiera haber en el mundo algo mas ateo y mas liberticida que la pobreza y, su causante, el Capitalismo.
Me recuerdan al alcalde de Madrid, Sr. Ruiz Gallardón, que dictó a comienzos del 2009 unas Ordenanzas Municipales que prohíben rebuscar comida en los cubos de basura urbanos, bajo sendas multas. ¿No sería mas justo, establecer mecanismos y medios, como para que ningún ciudadano tuviese que rebuscar comida en la basura?. Este edicto o disposición, me retrotrae a los años cuando existía tanta mendicidad en España, que velando por su imagen, Franco recluía a los mendigos en centros del Auxilio Social y a los reincidentes, en la cárcel. Un Maharajá, leí en un cuento, limpiaba su provincia-reino de mendigos, con batidas periódicas y su traslado a las mazmorras.
Las ideas y prácticas comunitarias, las iglesias del sistema, las toleran siempre que se trate de pequeñas comunidades, como algunos conventos o las comunidades Amish, entre los protestantes, etc. Pero en cuanto el proyecto comprenda todo un país, un continente o el mundo entero, entonces amigo, movilizará toda su influencia, poder y militancia, para luchar contra tales sistemas alternativos, sean cómo y de la ideología que fueren, porque todas las iglesias institucionales, se encuentran muy bien instaladas en el sistema capitalista. Las iglesias del primer mundo son las primeras en ofrecer su incienso al Becerro de Oro, al cuál sólo de palabra, y con muchos matices, suelen censurar.
Los pobres y oprimidos de la tierra se dividen en dos grupos: los que saben que lo son y los que ni siquiera tienen consciencia de serlo. Estos últimos son la inmensa mayoría que, cual nueva casta de parias, viven, enferman y mueren, sin saber por qué, aceptando su inexorable suerte, como las “ovejas de la matanza”. Por eso cuando algunos como Ignacio Ellacuría y sus compañeros, además de hablarles del Evangelio,
les abren los ojos para que enfrenten su realidad, no falta quien desde la propia Jerarquía, les acusen de marxistas y miren hacia otro lado cuando son asesinados, negando que fuesen “mártires de Jesús”. Mártires de Jesús son sólo los que son asesinados por los rojos. Dicen. Los asesinados por militares fascistas, son sólo “mártires políticos”. Siguen diciendo con desvergüenza. Ni estos mártires eran marxistas, ni yo me he convertido a la “teología de la liberación”; simplemente sigo el consejo de San Pablo, “examinadlo todo, retened lo bueno”(1ª Tesalonicenses 5.21), sin olvidar que a los pobres del mundo, el mismo Jesús los lama “mis hermanos mas pequeños” (Mateo 25.40). Las iglesias del sistema no son creíbles cuando manifiestan su amor por los pobres, porque se apresuran a condenar cualquier movimiento que se haga a favor de su completa liberación y a denigrar o menospreciar a las personas que se destacan en esta labor, aun cuando formen parte de su feligresía o membresía. En cierto modo, se parecen en sus razonamientos y temores, al concilio judío, el Sanedrín, compuesto por las mas altas Jerarquías eclesiásticas, que resolvió “por amor al pueblo, por su bien” matar a Jesús. Así fue como disfrazaron la muerte de Jesús. Así disfrazaron también la muerte de muchos “alborotadores” que, sabiéndolos ellos o no, seguían a Jesús, queriendo cambiar las condiciones de vida de los pobres. Aunque como pacifista, no acepto la violencia, siempre estarán mas cerca del Reino de los cielos los Ché Guevaras y los Camilos Torres de este mundo, que los hipócritas Caifás de las Iglesias, porteadores de Biblias o Rosarios. (151,152)
Jesús estuvo a punto de ser aceptado como el Mesías, el vástago de David que reinaría en su trono. “¿Qué haremos?...Si le dejamos...todos creerán en él” (Juan 11.47,48). Si esto sucedía, grandes males podrían derivarse para el pueblo y para ellos, sus gobernantes. Los invasores Romanos no aceptarían un Mesías-Rey que no fuese un mero títere, como lo era Herodes, a quien pudieran manipular. La represión tendría que ser general y muy sangrienta. Ellos, hasta ahora respetados, y el Templo con su culto, serían destruidos. Las consecuencias hubieran sido terribles. Sólo existía una posibilidad de evitar tanto daño: que este hombre, Jesús, muriera. No era un hombre malo; todo lo contrario: parecía ser bueno y justo. Tampoco había hecho nada digno de muerte, pero ésa no era la cuestión. Lo importante era, evitar las desastrosas consecuencias que, si no desaparecía, traería sobre el pueblo y sobre su culto religioso. “Entonces Caifás...sumo sacerdote aquel año, les dijo: Vosotros no sabéis nada; (no comprendéis lo que puede pasar) ni pensáis que nos conviene (a todos: al pueblo y a nosotros) que un hombre (uno sólo) muera por el pueblo, y no que toda la nación perezca” (Juan 11.49,50). Este era el pragmatismo de Caifás, que todos entendieron.
Pero, como tantas profecías (y sus palabras lo fueron, a pesar de Caifás mismo), cabía otra interpretación, desconocida hasta para el mismo Caifás: “Esto no lo dijo por sí mismo, sino que como era el sumo sacerdote aquel año, PROFETIZÓ QUE JESÚS HABÍA DE MORIR POR LA NACIÓN; y no solamente por la nación, sino para congregar en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos” (Juan 11.51,52). El pueblo de Israel no podía creer en Jesucristo como el Mesías, porque no se habría llevado a término la muerte propiciatoria de Cristo, el Cordero de Dios, ni tampoco su anuncio, mediante el Evangelio, a los gentiles. Los judíos, que ni siquiera podían entrar en la casa de un gentil, sin contaminarse, no estaban preparados para ser anunciadores del Evangelio al mundo. Por eso fue necesaria la incredulidad de Israel y Dios mismo les vedó, como pueblo, el conocimiento de todo lo relativo al Mesías que se dice en el Antiguo Testamento: “...el entendimiento de ellos se embotó; porque hasta el día de hoy, cuando leen el antiguo pacto, les queda el mismo velo , no descubierto, el cual por Cristo es quitado. Y aun hasta el día de hoy, cuando se lee a Moisés, el velo está puesto sobre el corazón de ellos”. No será hasta el retorno de Jesucristo para establecer el Reino de Dios, que este velo les será quitado: “Pero cuando se conviertan al Señor, el velo se quitará” (2ª Corintios 3.14-16).
Es curioso ver la similitud de razonamiento entre aquel Sanedrín judío, con sus jerarcas religiosos al frente, y el razonamiento del Concilio de Constanza para condenar a muerte a Juan Huss; y el de la Dieta de Worms, fallido, para condenar a Martín Lutero; y el de Lutero para, primero aprobar y luego desautorizar a Müntzer; y el de la Congregación para la Doctrina de la Fe, para silenciar a Boff, Sobrino, etc. y en fin, ver como las distintas Jerarquías de las distintas Iglesias, matan, destierran o silencian, según sus posibilidades del momento, a los espíritus libres que existen, gracias a Dios, en todas ellas, a pesar de ellas. (153,154)
Y es que “donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad” (2ª Corintios 3.17). Donde, desobedeciendo al Señor, las iglesias se dieron Jerarquías, allí sólo puede haber temor supersticioso y esclavitud espiritual de hombres sometidos a otros hombres que, se vistan como se vistan, siguen siendo hombres. Y os aseguro que no hay nada peor que un hombre que se cree investido de autoridad divina.
“Alborota al pueblo, enseñando por toda Judea, comenzando desde Galilea hasta aquí” (Lucas 23.5). Esto dijeron de Cristo las Jerarquías y seguirán diciéndolo de cuantos le sigan, para ponerlos en manos de los Pilatos de turno, que –presionados- apretarán el gatillo. Y, al hilo de mi reflexión, querido compañero ateo, permíteme que con cariño te pregunte: ¿ni Dios, ni el Infierno existen?. ¿Insinúas que tanta sangre derramada, desde el comienzo del mundo hasta hoy, quedará sin juicio ni castigo?. ¿Por qué, entonces, no nos gusta este mundo injusto y pensamos que otro mundo es posible, y tanto tú como yo, lo buscamos?. Hace mucho tiempo, las repuestas las hallé en Jesús de Nazaret, el alborotador del pueblo, el traicionado por todos, especialmente por la Iglesia que se adhirió al sistema y se olvidó de luchar por la Justicia del Reino de Dios. Cordialmente te invito a seguirle, a ser un alborotador que sigue diciendo “Venga a nosotros tu Reino”, porque de verdad cree que vendrá. No tienes que apuntarte, ni afiliarte a ninguna parte. Solamente tomar esta decisión en lo mas secreto y hondo de tu corazón. Con eso basta.
Antonio Berrokal.
44-NOTA: Este trabajo puede citarse o copiarse, con fidelidad al original, citando siempre la fuente completa de procedencia, en medios sin ánimo de lucro, ni de ofensa personal contra nada ni nadie. Una cosa es hablar claro sobre ideologías y las personas que las sostienen y representan, y otra es ofenderlas como tales, o mentir sobre sus vinculaciones, de dominio público y notorio. Las personas y organizaciones de todo tipo aquí citadas, lo son en cuanto formaron parte de lo que se narra, no porque tengan que asentir necesariamente, con la interpretación de lo narrado, ni ideológicamente, con la visión histórica, política, social y religiosa que expongo en mi libertad de opinión y expresión. Tampoco la Bibliografía está porque haya citado literalmente de ella, salvo los casos expresamente señalados, sino por cuanto ella puede ayudar en la profundización de lo expuesto en el trabajo. Las ilustraciones corresponden a cuatro óleos y setenta y siete dibujos, hechos por mí, procedentes "mi Galería" o de "mi Pinacoteca de Gibralfaro", términos referidos ambos, a la pinacoteca virtual, contenida en mi Blog: http://pinacotecagibralfaro.blogspot.com y setenta y ocho fotografías por mí realizadas o mandadas hacer, nueve mas, obsequiadas, y las menos, unas trece, proceden de publicaciones gratuitas, religiosas y políticas.
45-BIBLIOGRAFÍA DE CONSULTA:
La Santa Biblia. Versión Reina-Valera. Revisión 1960 (Todas las citas bíblicas literales están en tipo de letra CURSIVA).- Historia de las Religiones (Editorial Marín S.A.).- El Bautismo, Sacramento del Pacto de la Gracia. Pierre CH. Marcel. (FELIRE,1968).- Manuel Matamoros. Aimé Bonifaz. (FELIRE).- Historia del Pueblo Judío. Werner Séller. (Ediciones Omega, S.A.).- Historia de la Primera República. Eduardo Comin Colomer. (Editorial AHR. Barcelona).- Víctimas de la Guerra Civil. Julián Casanova. (Temas de hoy).- Formación Universitaria. ADN.(www.andalucia.cc/and/andalucia2.htm)y(www.alyamiah.com/cema/modules.php?name=News&file=article&sid=22).- Himnario. (J.B.P)Barcelona. 1968.- Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica. (A.R.M.H.).-Las Homilías del odio. (http://www.memoriahistorica.org/) .- Juramento de Lealtad.-Edita U.S.C.I.S. Servicio de Inmigración para la Ciudadanía de los Estados Unidos.- El Cura, la Mujer y el Confesionario. Padre Chiniquy. (C.B.P.). 1950- Historia de los heterodoxos españoles. Menéndez Pelayo. (B.A.C.).- Historia General del Protestantismo. E.G. Léonard. (Colecciones Península, S.A.).- Historia General del Socialismo. (Ediciones Destino).- Servicios Koinonía. Rincón de la Memoria de los de América Latina (http://www.servicioskoinonía.org/martiriologio/) .- Historia de la Reforma. Jorge P. Fisher. (Casa de Publicaciones “El Faro”. ( México).- Carta al Zar Nicolás II. León Tolstoi. (wikilearning.com).- Yama’a islámica de Al-Andalus (Liga Morisca).- Ignacio Ellacuría. Juan J. Tamayo. (Nueva Utopía, Madrid, 1990).- (http://www.izquierdarepublicana.es/) Tratados sobre la Gracia. San Agustín. (B.A.C. Madrid,1956).- Los Hermanos Karamazov. Dostoyevski.- La Cautividad Babilónica de la Iglesia. Dr. Martín Lutero.- Deportación. (Editorial Petronio).Valencia,558.Barcelona13. (Esta es la última Entrada del Libro. Contiene desde la Sección 36 a la 45. Fin del libro Cristianismo Libre)
No hay comentarios:
Publicar un comentario