(Óleo de mi Galería).36-EL ESTADO VATICANO.
El Papado es una institución histórica que se fue imponiendo a través de muchos avatares y luchas de poder entre la rivalidad existente entre los Obispos de Roma y de Constantinopla, las dos capitales de los dos Imperios en que fue dividido el de Roma. En esta lucha por ser el Obispo Universal, ganó el de Roma, en occidente , aunque los otros cuatro Patriarcados de Oriente nunca lo reconocieron, ni reconocen hasta hoy.
Roma basaba su exigencia en la pretendida estancia de venticinco años de San Pedro en la ciudad, hecho indemostrable por la historia, hasta su muerte por crucifixión inversa, según la tradición. Mas tarde, repararon en el texto que sólo relata el Evangelista Mateo 16.18, 19: “....Tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia....y a ti daré las llaves del reino de los cielos; todo lo que atares en le tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos”.
La argumentación fue simple: Si Pedro tuvo una larga estancia en Roma, tanta como para deducir que fuese el Obispo de la ciudad, si la roca sobre la que Cristo edificaría su iglesia era la persona de Pedro y las llaves significan mando, poder, entonces sólo habría que decir que los primeros Obispos de Roma fueron sucesores de Pedro, y ya tenemos el Papado establecido. Pero la verdad es que ninguno de los Obispos de Roma tuvo esta pretensión, hasta el siglo VI. Ninguna de estas tres afirmaciones tienen, pues, apoyo en las Escrituras:
1ª.- No hay constancia de que Pedro estuviese venticinco años en Roma. Pablo sí estuvo, al menos dos años en prisión domiciliaria, cuando apeló a César, años 61 al 63, (Hechos 28.30,31): “ Y Pablo permaneció dos años enteros en una casa alquilada, y recibía a todos los que a él venían”. Si Pedro hubiese estado en Roma por esas fechas, le hubiera hecho mas de una visita, o se hubiera referido a él de alguna manera, como habló de un tal Onesíforo, que le visitó muchas veces sin avergonzarse de que estuviera preso. Así le dijo luego, a Timoteo; “ Tenga el Señor misericordia de la casa de Onesíforo, porque muchas veces me confortó, y no se avergonzó de mis cadenas, sino que cuando estuvo en Roma, me buscó solícitamente y me halló.”(2ª Timoteo 1.16,17).
Parece que esta segunda carta la escribió desde la cárcel, por tanto, algunos años después del 63, y se queja de que esta vez está tan solo como la primera: “En mi primera defensa ninguno estuvo a mi lado, sino que todos me desampararon” (2ª Timoteo 4.16), “sólo Lucas está conmigo”(vers,11).Los demás, unos por unas razones, otros por otras, se habían ido de Roma (vers10 al 15). Pero aun así, la primera vez fue liberado, ayudado tan sólo por el Señor, “..el Señor estuvo a mi lado,... para que...todos los gentiles oyesen. Así fui librado de la boca del león” (vers.17). Pero en este segundo encarcelamiento, no lo tiene muy claro. Parece intuir que no saldrá vivo, “..yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano”(vers.6).
Nada nos dice Pablo de Pedro. Lo que nos hace pensar que en ninguno de sus dos encarcelamientos y juicios, nadie conocía que San Pedro hubiera estado en Roma. Porque lo que no parece posible, es que también Pedro le hubiera abandonado. Cierto que negó al Señor tres veces, pero no le creo capaz de negarle ninguna mas.
Por el 61, escribió Pablo su carta a los efesios y, nada nos dice acerca de que Pedro estuviera, hubiera estado, o se le esperara en Roma. Silencio absurdo si, el Obispo de Roma, supuestamente Pedro, efectivamente lo era. En la ciudad había muchos cristianos. La estancia de Pablo en Roma era conocida y daba aliento a los creyentes: “..mis prisiones se han hecho patentes...en todo el pretorio, y a todos los demás. Y la mayoría de los hermanos, cobrando ánimos...con mis prisiones, se atreven mucho mas a hablar la palabra sin temor”(Filipenses 1.13,14). Y en las salutaciones finales, da una lista de hermanos, en la que no se menciona a Pedro. No hubo una estancia de Pedro en Roma, que justificase que ejerciera de Obispo en la ciudad. En cambio, de Pablo, sí existe esta evidencia. Además, el de Apóstol, era otro ministerio distinto al de Obispo, equivalente éste a presbítero o pastor, careciendo de la connotación jerárquica que adquirió mas tarde.
2ª.- “..a ti te daré las llaves del reino de los cielos..”. Está claro que Jesús concede a Pedro un privilegio: tras el rechazo del Reino del Mesías por los judíos, el Reino de los cielos sería ofrecido a los gentiles. Pedro acababa de hacer una declaración importante: “Tú eres el Cristo(el Mesías), el Hijo del Dios viviente”(Mateo 16.16), justamente lo que no aceptaron los judíos. Jesús le da las llaves del Reino, para que sea él, Pedro, quien tenga el privilegio de abrir las puertas del Reino a los gentiles, de inaugurarlo, para que entren en el Reino oficialmente. Cosa que sucedió mas tarde con el Centurión Cornelio y su familia, a quienes Pedro fue enviado, por revelación del Espíritu Santo para anunciarles el Evangelio y bautizarlos. (Ver capítulo 10 de los Hechos). De lo cual,
tiene que informar a la iglesia, compuesta sólo por judíos, que le pide explicación del por qué había entrado en la casa de un gentil. Maravillándose la iglesia, tras las explicaciones de Pedro, de que también los gentiles pudieran entrar en el Reino de Dios: “..oídas estas cosas, callaron y glorificaron a Dios, diciendo: ¡De manera que también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida”.(Hechos 11. 1 al 18).
Las llaves no significaron nunca “poder, mando”, sino privilegio y servicio. La declaración de Pedro “tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo”, conceptos ambos, rechazados por los judíos, tuvo –a los ojos del Señor- el suficiente valor como para designarle “inaugurador del tiempo de los gentiles”, abriéndoles a éstos las puertas del Reino de los cielos que los judíos, en su mayoría, habían rechazado, a pesar de ser ellos, como pueblo de Dios que eran entonces, los primeros destinatarios. Concepto que Jesús reafirmaría poco mas tarde: “..el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él”(Mateo 21.43).
Que las llaves de Pedro no significan “poder, mando, ni autoridad”, lo muestra también lo dicho por Jesús a los escribas y fariseos: “..hipócritas! porque cerráis el reino de los cielos a los hombres; pues ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que están entrando”(Mateo23.13), éstos hacían lo contrario que Pedro. Mientras el Apóstol abría el Reino a los gentiles, los fariseos lo cerraban a los hombres.
Las llaves, consisten en “predicar y enseñar”, no en ejercer ningún tipo de mando en la Iglesia del Señor.
La madre de los dos hermanos Zebedeo, rogó a Jesús: “Ordena que en tu reino se sienten estos dos hijos míos, el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda”(Mateo 20.21). Si las llaves del reino significan mando o posición, Jesús debió responderle: Ya he dado el puesto principal a Pedro, no puedo darlo a tus hijos”, en lugar de ello, los diez apóstoles “se enojaron contra los dos hermanos”(vers.24) y Jesús dijo a los doce: “...los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande...será vuestro servidor”(Mateo 20.25,26). Está, pues, lejos de la mente del Señor que en su Iglesia existiera Jefe, Rey, Cabeza, etc., fuera de él mismo.
3ª.-Continuó diciéndole Jesús a Pedro: “..y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos”(Mateo 16.19). La Iglesia Romana interpreta que dios refrendará las decisiones de Pedro, incluso el dogma del Concilio Vaticano I, de la Infalibilidad papal, puesto que si el cielo ata o desata lo que ate o desate Pedro, las decisiones de Pedro deben ser verdaderas, pues el cielo no puede aprobar ningún error. Lo cierto es que estas palabras que Jesús dice a Pedro, dos capítulos después, las repite a todos los cristianos. Y las repite de forma literal, diciéndoles: “De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo”(Mateo 18.18). Cualquiera que sea el significado de lo dicho a Pedro, es también el significado de lo dicho a todos los creyentes, porque las palabras son exactamente las mismas. Está claro que “atar y desatar” no significan pues, ni “mando”, ni “infalibilidad”, sino lo que el propio Jesús explica a renglón seguido: “......todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo. Otra vez os digo (os lo vuelvo a decir, os lo repito con otras palabras, os hago una paráfrasis), que si dos de vosotros se pusieran de acuerdo en la tierra acerca de cualquier cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos”(Mateo 18.18,19). Jesús se refiere al poder que tiene la oración, cuando se hace con fe, con insistencia, con el ahinco de Jacob en su lucha con el ángel y conforme a la voluntad de Dios. En tal caso, el Padre que está en el cielo, hace o deshace, ata o desata, todo cuanto sus hijos le piden de esta manera, en la tierra. Tal es su amor. No puede deducirse, como lo hace Roma, que Dios se supedita al hombre, el cielo a la tierra.
4ª.- “...tú eres Pedro (“petros”,piedra) y sobre esta roca (“petra”, roca) edificaré mi iglesia...”(Mateo 16.18). La interpretación católica-romana es que la Iglesia de Cristo sería edificada sobre la persona de Pedro. Los cuatro Patriarcados Orientales y el resto de la Cristiandad, cree que la Iglesia está edificada, no sobre la persona de Pedro, sino sobre la gran verdad que, momentos antes, acababa de pronunciar Pedro, inspirado por Dios mismo: “...Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo (el Ungido, el Mesías), el Hijo del Dios viviente”(Mateo 16.16). Esta verdad, proferida por el apóstol, es y será siempre, el fundamento, la base, el cimiento, la roca, sobre la que la Iglesia está edificada. Si Jesucristo no fuera el Mesías, largamente prometido por Dios a través de los profetas del Antiguo Testamento, ni tampoco fuera el Hijo de Dios, participante de la naturaleza divina, no habría Iglesia alguna. Porque la Iglesia no puede tener otro fundamento que ése, señalado por Pedro: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”; si Jesús no fuera el Mesías Ungido, ni el mismo y único Hijo del propio Dios, entonces...¡apaga y vámonos!.
El propio Pedro, lo interpretó así, considerando a Cristo como la roca, el cimiento y a él mismo, como a cada cristiano, como piedras, edificadas sobre Cristo, para así formar entre todos, el edificio espiritual que es la Iglesia. Escribe Pedro: !1ª Pedro 2.4 al 8)."Acercándoos a él, piedra viva...vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual..para ofrecer sacrificios espirituales...por medio de Jesucristo. Por lo cual también contiene la Escritura: He aquí pongo en Sión la principal piedra del ángulo...la piedra que los edificadores rechazaron..."
San Pablo con el mismo ejemplo de la Iglesia como edificio espiritual, escribe: “Vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios....yo, como perito arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima...porque nadie puede poner otro fundamento (cimiento) que el que está puesto, el cual es Jesucristo”(1ª Corintios 3.9-11).
Toda iglesia, secta, organización religiosa, falsa, del Sistema, tendrá un Jefe, Director, Guía, Supremo, etc., o como le quieran llamar, que gobierne, que mande. Siempre dirán que lo hacen en nombre de Dios o que por él han sido comisionados. Esta es una señal inequívoca de su falsedad, porque Dios no necesita a nadie para gobernar a su gente. El no es un dios muerto, mudo, impotente, que necesite de representantes de su Persona. El se basta y sobra para regir a su pueblo. No quiere ser desplazado de su trono, ni compartir su corona con ningún mortal. Ni siquiera con ningún ángel. “Porque tuyo es el Reino, el Poder y la Gloria, por todos los siglos. Amén”(Mateo 6.13). Así termina el Padrenuestro. Frase que se repite de muy diversas maneras en todas las Escrituras y en especial, en Apocalipsis, que presenta a Jesucristo, resucitado y glorificado, sentado a la diestra de Dios. El, siendo hombre desde que en Belén tomó nuestra naturaleza humana, nos conoce perfectamente y es nuestro único Mediador, nuestro único Pontífice, nuestro único Profeta y nuestro único Rey y “está con nosotros todos los días, hasta el fin del mundo”, mediante su Espíritu y las Escrituras. No necesitamos “estar en esclavitud” de hombres ni de ángeles. Tenemos su sello y no queremos ningún otro. Somos cristianos libres. Queremos iglesias libres. Queremos un mundo libre. Libre de la Dictadura del dinero, del Capital y de la Dictadura de la Pobreza que genera. Libre de la Dictadura de la Opresión. Libre de la dictadura de la sacrosanta Propiedad. Libre del Consumismo despilfarrador. Libre de los Destructores de la tierra. Libre de la Gran Babilonia. Libre de la Dictadura de la Bestia. Libre del Falso Profeta Milagrero. Libre de las Dictaduras Religiosas, que suelen ser de las peores. Libre del Dragón y Libre de la Fría y Grande Dictadura de la Muerte. Estas son las Libertades prácticas, que no teóricas, que los cristianos libres queremos, porque éstas son las Libertades que el Reino de los cielos traerá y conseguirá. Uno a uno, todos estos liberticidas enemigos de Jesucristo, irán siendo puestos bajo sus pies.
5ª.- A falta de argumentos convincentes que apoyen la supuesta primacía de Pedro, los apologistas Romanos expusieron la triple pregunta que Jesús resucitado, hiciera al apóstol: “Simón, hijo de Jonás, ¿me amas mas que éstos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. El le dijo: Apacienta mis corderos.”(Juan 21.15-17). Le volvió a repetir dos veces mas la misma pregunta, recibiendo de Pedro la misma afirmación: “Sí. Señor; tú sabes que te amo”. Y Jesús le volvió a remachar: “Pastorea mis ovejas” y “Apacienta mis ovejas”. Pero aquí no existe ninguna declaración del Señor acerca de la Jefatura de Pedro, sino una confirmación, ante los demás apóstoles, de que Pedro, a pesar de haberle negado por tres veces, no había sido rechazado como apóstol, a diferencia de Judas, que sí lo fue y, otro, Matías, tomaría su lugar entre los Doce (Hechos 1.23-26). Tres veces negó Pedro a Jesús y tres veces lo reafirmó Jesús en su ministerio apostólico. Eso es todo. Así de simple y sencillo.
6ª.- Los apóstoles, nunca vieron en Pedro a su Jefe y, como a tal, nunca le trataron. Leyendo Hechos capítulo 15, el llamado Primer Concilio celebrado en Jerusalén, nos damos cuenta de que es Santiago quien lleva la voz cantante y quien propone la soluciones que fueron aprobadas por todos los cristianos allí reunidos: vers. 14-21.- No se hace diferencias entre Apóstoles y Presbíteros o Ancianos: vers.4-6.- Pedro interviene como uno mas: vers.7.- Antes que Pedro, hablaron los fariseos convertidos: vers.5.- Después de Pedro hablaron Bernabé y Pablo: vers.12.- Después Jacobo: vers. 14-21, que dio la solución: vers 22.- Solución que “pareció bien a los Apóstoles y a los Ancianos, con toda le iglesia..”.
7ª.- San Pablo escribe: “..en nada he sido inferior a aquellos grandes Apóstoles”(2ª Corintios 11.5) y: “..en nada he sido menos que aquellos grandes Apóstoles, aunque nada soy”(vers.11). Pablo, después de su conversión, no fue a consultar inmediatamente a los Apóstoles, sino que empezó su ministerio en Arabia y en Damasco y pasaron tres años antes de visitar a Pedro y a Jacobo en Jerusalén: “..no consulté enseguida con carne y sangre, ni subí a Jerusalén a los que eran Apóstoles antes que yo..”(Gálatas 1.16,17). Cuando después de tres años lo hizo, vio a Pedro y a Jacobo (vers18,19). Pasaron catorce años hasta que volvió a Jerusalén donde “..Jacobo, Cefas y Juan, que eran considerados como columnas, nos dieron a mí y a Bernabé la diestra en señal de compañerismo, para que nosotros fuéramos a los gentiles y ellos a la circuncisión”(Gálatas 2.1,9). Los tres apóstoles eran considerados como las tres columnas de la iglesia de Jerusalem, los tres eran los líderes. Pedro era, no el Jefe, sino un líder mas. Y tiempo después, en una visita de Pedro a Antioquia, observó Pablo que la conducta de Pedro, al menospreciar a los gentiles cuando llegó a Antioquia una delegación de cristianos judíos, enviados por Jacobo, era una conducta impropia de un cristiano y, nos dice: “..le resistí cara a cara porque era de condenar....cuando vi que no andaban rectamente conforme a la verdad del Evangelio, dije a Pedro delante de todos: Si tú, siendo judío, vives como los gentiles y no como judío, ¿por qué obligas a los gentiles a judaizar?” (Gálatas 2.11-14). Si Pedro hubiera sido el Jefe, Pablo no le hubiera reprendido en público, como lo hizo.
Es evidente que Pedro jamás fue considerado por los otros apóstoles como superior a ellos en ningún sentido. Cosa que hubiera sido imposible que pasara, si la intención de Jesucristo hubiera sido dejar al frente de su Iglesia algún Jefe, Vicario, Superior, Cabeza, etc.
La Primacía del Obispo de Roma sobre los demás, fue algo que se fue introduciendo paulatinamente en la Iglesia de Occidente. Siendo Roma capital del Imperio Occidental, tuvo capacidad económica para ayudar a otras iglesias, lo que supo hacer adecuadamente cuando hubo necesidad. También tenía el prestigio de ser capital del Imperio e influencia, por lo que, algunos problemas fueron consultados al Obispo de Roma que, unas veces fue oído y otras no. Luego, tras la caída del Imperio por los Bárbaros, surgieron diferentes reinos y el Obispo de Roma intrigó, tomando parte activa en las disputas políticas que se originaron y tras la conversión de los visigodos, y la confección de las Falsas Decretales, se consiguió adornar al Obispo de Roma de autoridad religiosa primero, y política después, como para hacer posible que el Obispo de Roma tuviera sus propios ejércitos y territorios, los estados pontificios, sobre los que se alzó como verdadero rey, hasta que fue reducido por Víctor Manuel II, al actual Estado Vaticano, donde ejerce su poder absolutista, religioso, temporal y celestial. (135)
Esta historia comprimida, está repleta de traiciones, sangre, herejías y muerte. Hubo Papas que se excomulgaron mutuamente, épocas en la que reinaron tres Papas al mismo tiempo, Papas envenenados, Papas guerreros que ocuparon su reinado en anexionarse territorios, Papas que indujeron a países a entrar en guerra, que excomulgaron a reyes que no se les sometían, que formaron Cruzadas para la conquista y reconquista de Tierra Santa, que celebraron corridas de toros en la plaza de San Pedro, que practicaron el incesto y la sodomía, que desenterraron a su antecesor, sentando su cadáver en Concilio para despojarlo de los atributos papales, que bendijeron los cañones de Hitler, y consideraron cruzada la guerra de Franco. Y me quedo corto en la enumeración de los hechos, porque no es éste el objetivo de este escrito. Sólo diré que si Jesucristo hubiera necesitado algún Vicario o Representante para dirigir su Iglesia, el Espíritu Santo hubiera elegido para ello a hombres buenos, imitadores de Jesús, en lugar de los elementos que hemos, ligeramente, mencionados.
En buena lógica, ningún país democrático debiera mantener relaciones diplomáticas con el Estado totalitario del Vaticano, si no las tiene también, con todos los demás países, por totalitarios que puedan ser.
Tampoco el Estado Vaticano tiene derecho a pedir o exigir libertad religiosa para los católicos en ningún país, mientras que no la dé a todos cuantos viven y trabajan en el propio Estado Vaticano.
Los países no debieran permitir que el Estado del Vaticano fuese miembro en calidad de “observador” de la ONU. Porque esta posición de privilegio, permite a este Estado, al no tener que deliberar ni votar, ocultar su posición ante los problemas del mundo que allí se debaten. El Vaticano debe ser miembro de la ONU con todas sus consecuencias, o no serlo en ninguna manera. Si fue su supuesta neutralidad la que propició su actual posición de “observador”, preguntamos ¿dónde queda el papel profético de la Iglesia que los Obispos españoles se atribuyen, para justificar sus constantes intromisiones en los asuntos políticos del país?.
Me temo que su estatus de “observador” en la ONU, obedece mas bien a la renuncia de este supuesto papel profético que sus obispos reclaman cuando les interesa. Y si renuncian a ejercerlo en este foro internacional, es porque carecen de él o todavía peor, por no querer comprometerse con la Justicia en el mundo, por los muchos inconvenientes que así evita o peor aun, por estar de acuerdo con la Injusticia que reina en el planeta. El Vaticano “observa”, pero calla, no se define, no toma posición. Le son aplicables las palabras de Isaías sobre los “profetas, centinelas, pastores, atalayas” mudos: “Sus atalayas son todos ciegos todos ellos ignorantes, todos ellos perros mudos, que no pueden ladrar...perros comilones....y los pastores mismos no saben entender; todos ellos siguen sus propios caminos...” (56.10,11).
Debería ser expulsado de la organización internacional, ya que su “mudez” lo hace inservible. Y en las poquísimas intervenciones que suele hacer el Papa, a modo de discurso, suele ser tan genérico, tan indefinido, tan poco comprometido, que parecen mas bien “mensajes de Navidad” cargados de buenos deseos de felicidad para todos, pensados para el propio lucimiento personal del Pontífice y desprovisto totalmente de soluciones.
Si verdaderamente fuera el Papa quien se proclama ser y quien su Iglesia Romana cree que es, nada menos que el Vicario de Cristo en la tierra, ¿cómo iba a dejar que el mundo siguiera su curso, sin proponer justas soluciones a todos sus problemas? Y, hacerlo, como la gente decía que hacía Jesús: “porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas” (Mateo 7.29).
Pero el Estado Vaticano carece de autoridad, porque se la quitó su historia de intrigas, conjuras, guerras, trejes y manejes con las naciones, cuando ejercía poder real sobre ellas. Carece de autoridad profética porque, de tenerla, hablaría a todas las naciones sin temor. La diplomacia nunca formó parte del espíritu profético. Carece de magisterio, por cuanto no presenta soluciones concretas a problemas concretos de alcance universal.
Simplemente, aprovecha su condición de Jefe de Estado, que comparte con algunos centenares de personas mas en el mundo, para velar por los intereses de su pequeño Estado y los de su poderosísima Organización a escala mundial, la Iglesia Católica Romana. Por eso, establece acuerdos o Concordatos con los países que puede establecerlos, a favor de su pequeño, pero poderoso, reino de este mundo.
Cristo no quiso corona, sino una de espinas, ni quiso ser rey aunque pudo serlo. Decía que su reino “no era de este mundo” (Juan 18.36), ni tuvo palacios, antes bien “no tenía dónde reclinar su cabeza” (Mateo 8.20). Cristo tampoco tuvo Guardia Suiza que le rindieran honores, ni Nunciaturas diplomáticas que le representaran ante los gobiernos de las naciones. No tuvo Bancos del Espíritu Santo (lo que faltaba: el Espíritu Santo, manchándose de la corrupción Capitalista) que le gestionaran sus riquezas, ni tampoco riqueza alguna que gestionar. No fue recibido por reyes y gobernantes con agasajos, sino que cuando compareció ante ellos, lo hizo atado, en calidad de preso. Tampoco se paseó entre la multitud con escolta ni papa-móvil, ni le aguardaban cientos de policías de seguridad. El que quisiera atentar contra él, siempre lo tuvo a su alcance. Cuando algunos procuraron prenderle, sin conseguirlo, nos dicen los Evangelios que no lo hicieron “porque aun no había llegado su hora” (Juan 7.30). Está visto que, desde los últimos intentos de atentados fallidos, el Papa confía en la Providencia de Dios tanto como el resto de los Gobernantes de este mundo. Pero, aceptando el Papa el reino mundanal que Cristo rechazó, tuvo que aceptar también todo lo que conlleva ser un Gobernante, en este caso, un rey mas. Mas, con todo, no dejan de ser cosas inapropiadas para quien se autoproclama sucesor de un pescador de Galilea, humilde seguidor de Jesús, que nada de estas cosas tuvo, ni tampoco las deseó, y Representante de Jesús de Nazaret, que las rechazó abiertamente, en la tierra. Es como si Jesús le hubiese obsequiado un reino que nunca quiso, unos bienes que nunca poseyó, y un poder espiritual que sólo posee el Espíritu Santo de Dios.
Por todo ello, es que incluimos anteriormente al Vaticano y la Iglesia que gobierna, como un intento mas de establecer aquí en la tierra, Teocracias que no lo son, por cuanto necesitan un hombre para que las gobierne y necesitan revestirlo de autoridad divina. Son Teocracias humanas, o Teocracias sin Dios.
Mas no nos engañemos. Dios no es un inválido que necesite delegar en nadie.
La verdadera Teocracia será la que está anunciada que vendrá: el Reino de Dios donde él directamente, gobernará el mundo y lo será todo, para todos y en todos.
Atanturk, modernizador de Turquía, disolvió el poderoso e histórico Califato con sus pretensiones iguales a las del Papa romano: ser el Jefe o la Cabeza política-religiosa del Islam. Víctor Manuel, aunque redujo a lo que hoy es el Vaticano las pretensiones políticas de los Papas, consintió en otorgar a este pequeño territorio el status de Estado o nación independiente, haciéndolo retener su papel de Cabeza política. Craso error del rey Saboyano, solamente explicable por la catolicidad y miedo del monarca, para reducir al Papa a su función puramente religiosa, como Cabeza de su gran organización, la Iglesia Romana.
El Estado Vaticano tiene que aceptar las condiciones de existencia de cualquier otro estado moderno al uso, como tener una Constitución en la que se reconozcan los Derechos Humanos, y entre ellos, la libertad religiosa de sus ciudadanos, no exigiendo a ninguno de sus trabajadores o funcionarios la profesión de la fe católica para ejercer en su territorio. Una ley electoral y un Gobierno con sus respectivos ministerios homologables a los demás países, aunque por encima de toda la Administración Vaticana, esté el Papa como monarca vitalicio.
Y si no está dispuesto a ser un estado moderno al uso, debe ser disuelto e integrado en el Estado Italiano, que debería hacerse cargo de sus finanzas, su patrimonio histórico y artístico, su conservación y uso, dejando al Pontífice exclusivamente el desempeño de sus funciones religiosas, como máximo representante de una Organización Religiosa extendida por el mundo entero. Pero, en todo lo demás, sujeto a las leyes italianas como cualquier otro ciudadano. Así transcurrieron las vidas terrenales de San Pedro y del propio Jesucristo.
Y si esto no lo hace el gobierno italiano con el acuerdo de la ONU, debería hacerlo voluntariamente el propio Estado Vaticano. Gesto que sería muy bien visto por las naciones del mundo y que permitiría que lo que perdiese en poder político y económico, lo ganase en credibilidad e influencia religiosa, por cuanto se adaptaría mas a la doctrina cristiana, rectificando así su negra actuación en la historia.
Pero me temo que si aun el propio Jesucristo así se lo pidiera, el Papa y la Curia declinarían esta invitación, imitando al joven rico que, al oír decirle a Jesús: “anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres”, se afligió y “se fue triste, porque tenía muchas posesiones” (Marcos 10.21,22).
El Papado es una institución histórica que se fue imponiendo a través de muchos avatares y luchas de poder entre la rivalidad existente entre los Obispos de Roma y de Constantinopla, las dos capitales de los dos Imperios en que fue dividido el de Roma. En esta lucha por ser el Obispo Universal, ganó el de Roma, en occidente , aunque los otros cuatro Patriarcados de Oriente nunca lo reconocieron, ni reconocen hasta hoy.
Roma basaba su exigencia en la pretendida estancia de venticinco años de San Pedro en la ciudad, hecho indemostrable por la historia, hasta su muerte por crucifixión inversa, según la tradición. Mas tarde, repararon en el texto que sólo relata el Evangelista Mateo 16.18, 19: “....Tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia....y a ti daré las llaves del reino de los cielos; todo lo que atares en le tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos”.
La argumentación fue simple: Si Pedro tuvo una larga estancia en Roma, tanta como para deducir que fuese el Obispo de la ciudad, si la roca sobre la que Cristo edificaría su iglesia era la persona de Pedro y las llaves significan mando, poder, entonces sólo habría que decir que los primeros Obispos de Roma fueron sucesores de Pedro, y ya tenemos el Papado establecido. Pero la verdad es que ninguno de los Obispos de Roma tuvo esta pretensión, hasta el siglo VI. Ninguna de estas tres afirmaciones tienen, pues, apoyo en las Escrituras:
1ª.- No hay constancia de que Pedro estuviese venticinco años en Roma. Pablo sí estuvo, al menos dos años en prisión domiciliaria, cuando apeló a César, años 61 al 63, (Hechos 28.30,31): “ Y Pablo permaneció dos años enteros en una casa alquilada, y recibía a todos los que a él venían”. Si Pedro hubiese estado en Roma por esas fechas, le hubiera hecho mas de una visita, o se hubiera referido a él de alguna manera, como habló de un tal Onesíforo, que le visitó muchas veces sin avergonzarse de que estuviera preso. Así le dijo luego, a Timoteo; “ Tenga el Señor misericordia de la casa de Onesíforo, porque muchas veces me confortó, y no se avergonzó de mis cadenas, sino que cuando estuvo en Roma, me buscó solícitamente y me halló.”(2ª Timoteo 1.16,17).
Parece que esta segunda carta la escribió desde la cárcel, por tanto, algunos años después del 63, y se queja de que esta vez está tan solo como la primera: “En mi primera defensa ninguno estuvo a mi lado, sino que todos me desampararon” (2ª Timoteo 4.16), “sólo Lucas está conmigo”(vers,11).Los demás, unos por unas razones, otros por otras, se habían ido de Roma (vers10 al 15). Pero aun así, la primera vez fue liberado, ayudado tan sólo por el Señor, “..el Señor estuvo a mi lado,... para que...todos los gentiles oyesen. Así fui librado de la boca del león” (vers.17). Pero en este segundo encarcelamiento, no lo tiene muy claro. Parece intuir que no saldrá vivo, “..yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano”(vers.6).
Nada nos dice Pablo de Pedro. Lo que nos hace pensar que en ninguno de sus dos encarcelamientos y juicios, nadie conocía que San Pedro hubiera estado en Roma. Porque lo que no parece posible, es que también Pedro le hubiera abandonado. Cierto que negó al Señor tres veces, pero no le creo capaz de negarle ninguna mas.
Por el 61, escribió Pablo su carta a los efesios y, nada nos dice acerca de que Pedro estuviera, hubiera estado, o se le esperara en Roma. Silencio absurdo si, el Obispo de Roma, supuestamente Pedro, efectivamente lo era. En la ciudad había muchos cristianos. La estancia de Pablo en Roma era conocida y daba aliento a los creyentes: “..mis prisiones se han hecho patentes...en todo el pretorio, y a todos los demás. Y la mayoría de los hermanos, cobrando ánimos...con mis prisiones, se atreven mucho mas a hablar la palabra sin temor”(Filipenses 1.13,14). Y en las salutaciones finales, da una lista de hermanos, en la que no se menciona a Pedro. No hubo una estancia de Pedro en Roma, que justificase que ejerciera de Obispo en la ciudad. En cambio, de Pablo, sí existe esta evidencia. Además, el de Apóstol, era otro ministerio distinto al de Obispo, equivalente éste a presbítero o pastor, careciendo de la connotación jerárquica que adquirió mas tarde.
2ª.- “..a ti te daré las llaves del reino de los cielos..”. Está claro que Jesús concede a Pedro un privilegio: tras el rechazo del Reino del Mesías por los judíos, el Reino de los cielos sería ofrecido a los gentiles. Pedro acababa de hacer una declaración importante: “Tú eres el Cristo(el Mesías), el Hijo del Dios viviente”(Mateo 16.16), justamente lo que no aceptaron los judíos. Jesús le da las llaves del Reino, para que sea él, Pedro, quien tenga el privilegio de abrir las puertas del Reino a los gentiles, de inaugurarlo, para que entren en el Reino oficialmente. Cosa que sucedió mas tarde con el Centurión Cornelio y su familia, a quienes Pedro fue enviado, por revelación del Espíritu Santo para anunciarles el Evangelio y bautizarlos. (Ver capítulo 10 de los Hechos). De lo cual,
tiene que informar a la iglesia, compuesta sólo por judíos, que le pide explicación del por qué había entrado en la casa de un gentil. Maravillándose la iglesia, tras las explicaciones de Pedro, de que también los gentiles pudieran entrar en el Reino de Dios: “..oídas estas cosas, callaron y glorificaron a Dios, diciendo: ¡De manera que también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida”.(Hechos 11. 1 al 18).
Las llaves no significaron nunca “poder, mando”, sino privilegio y servicio. La declaración de Pedro “tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo”, conceptos ambos, rechazados por los judíos, tuvo –a los ojos del Señor- el suficiente valor como para designarle “inaugurador del tiempo de los gentiles”, abriéndoles a éstos las puertas del Reino de los cielos que los judíos, en su mayoría, habían rechazado, a pesar de ser ellos, como pueblo de Dios que eran entonces, los primeros destinatarios. Concepto que Jesús reafirmaría poco mas tarde: “..el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él”(Mateo 21.43).
Que las llaves de Pedro no significan “poder, mando, ni autoridad”, lo muestra también lo dicho por Jesús a los escribas y fariseos: “..hipócritas! porque cerráis el reino de los cielos a los hombres; pues ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que están entrando”(Mateo23.13), éstos hacían lo contrario que Pedro. Mientras el Apóstol abría el Reino a los gentiles, los fariseos lo cerraban a los hombres.
Las llaves, consisten en “predicar y enseñar”, no en ejercer ningún tipo de mando en la Iglesia del Señor.
La madre de los dos hermanos Zebedeo, rogó a Jesús: “Ordena que en tu reino se sienten estos dos hijos míos, el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda”(Mateo 20.21). Si las llaves del reino significan mando o posición, Jesús debió responderle: Ya he dado el puesto principal a Pedro, no puedo darlo a tus hijos”, en lugar de ello, los diez apóstoles “se enojaron contra los dos hermanos”(vers.24) y Jesús dijo a los doce: “...los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande...será vuestro servidor”(Mateo 20.25,26). Está, pues, lejos de la mente del Señor que en su Iglesia existiera Jefe, Rey, Cabeza, etc., fuera de él mismo.
3ª.-Continuó diciéndole Jesús a Pedro: “..y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos”(Mateo 16.19). La Iglesia Romana interpreta que dios refrendará las decisiones de Pedro, incluso el dogma del Concilio Vaticano I, de la Infalibilidad papal, puesto que si el cielo ata o desata lo que ate o desate Pedro, las decisiones de Pedro deben ser verdaderas, pues el cielo no puede aprobar ningún error. Lo cierto es que estas palabras que Jesús dice a Pedro, dos capítulos después, las repite a todos los cristianos. Y las repite de forma literal, diciéndoles: “De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo”(Mateo 18.18). Cualquiera que sea el significado de lo dicho a Pedro, es también el significado de lo dicho a todos los creyentes, porque las palabras son exactamente las mismas. Está claro que “atar y desatar” no significan pues, ni “mando”, ni “infalibilidad”, sino lo que el propio Jesús explica a renglón seguido: “......todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo. Otra vez os digo (os lo vuelvo a decir, os lo repito con otras palabras, os hago una paráfrasis), que si dos de vosotros se pusieran de acuerdo en la tierra acerca de cualquier cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos”(Mateo 18.18,19). Jesús se refiere al poder que tiene la oración, cuando se hace con fe, con insistencia, con el ahinco de Jacob en su lucha con el ángel y conforme a la voluntad de Dios. En tal caso, el Padre que está en el cielo, hace o deshace, ata o desata, todo cuanto sus hijos le piden de esta manera, en la tierra. Tal es su amor. No puede deducirse, como lo hace Roma, que Dios se supedita al hombre, el cielo a la tierra.
4ª.- “...tú eres Pedro (“petros”,piedra) y sobre esta roca (“petra”, roca) edificaré mi iglesia...”(Mateo 16.18). La interpretación católica-romana es que la Iglesia de Cristo sería edificada sobre la persona de Pedro. Los cuatro Patriarcados Orientales y el resto de la Cristiandad, cree que la Iglesia está edificada, no sobre la persona de Pedro, sino sobre la gran verdad que, momentos antes, acababa de pronunciar Pedro, inspirado por Dios mismo: “...Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo (el Ungido, el Mesías), el Hijo del Dios viviente”(Mateo 16.16). Esta verdad, proferida por el apóstol, es y será siempre, el fundamento, la base, el cimiento, la roca, sobre la que la Iglesia está edificada. Si Jesucristo no fuera el Mesías, largamente prometido por Dios a través de los profetas del Antiguo Testamento, ni tampoco fuera el Hijo de Dios, participante de la naturaleza divina, no habría Iglesia alguna. Porque la Iglesia no puede tener otro fundamento que ése, señalado por Pedro: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”; si Jesús no fuera el Mesías Ungido, ni el mismo y único Hijo del propio Dios, entonces...¡apaga y vámonos!.
El propio Pedro, lo interpretó así, considerando a Cristo como la roca, el cimiento y a él mismo, como a cada cristiano, como piedras, edificadas sobre Cristo, para así formar entre todos, el edificio espiritual que es la Iglesia. Escribe Pedro: !1ª Pedro 2.4 al 8)."Acercándoos a él, piedra viva...vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual..para ofrecer sacrificios espirituales...por medio de Jesucristo. Por lo cual también contiene la Escritura: He aquí pongo en Sión la principal piedra del ángulo...la piedra que los edificadores rechazaron..."
San Pablo con el mismo ejemplo de la Iglesia como edificio espiritual, escribe: “Vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios....yo, como perito arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima...porque nadie puede poner otro fundamento (cimiento) que el que está puesto, el cual es Jesucristo”(1ª Corintios 3.9-11).
Toda iglesia, secta, organización religiosa, falsa, del Sistema, tendrá un Jefe, Director, Guía, Supremo, etc., o como le quieran llamar, que gobierne, que mande. Siempre dirán que lo hacen en nombre de Dios o que por él han sido comisionados. Esta es una señal inequívoca de su falsedad, porque Dios no necesita a nadie para gobernar a su gente. El no es un dios muerto, mudo, impotente, que necesite de representantes de su Persona. El se basta y sobra para regir a su pueblo. No quiere ser desplazado de su trono, ni compartir su corona con ningún mortal. Ni siquiera con ningún ángel. “Porque tuyo es el Reino, el Poder y la Gloria, por todos los siglos. Amén”(Mateo 6.13). Así termina el Padrenuestro. Frase que se repite de muy diversas maneras en todas las Escrituras y en especial, en Apocalipsis, que presenta a Jesucristo, resucitado y glorificado, sentado a la diestra de Dios. El, siendo hombre desde que en Belén tomó nuestra naturaleza humana, nos conoce perfectamente y es nuestro único Mediador, nuestro único Pontífice, nuestro único Profeta y nuestro único Rey y “está con nosotros todos los días, hasta el fin del mundo”, mediante su Espíritu y las Escrituras. No necesitamos “estar en esclavitud” de hombres ni de ángeles. Tenemos su sello y no queremos ningún otro. Somos cristianos libres. Queremos iglesias libres. Queremos un mundo libre. Libre de la Dictadura del dinero, del Capital y de la Dictadura de la Pobreza que genera. Libre de la Dictadura de la Opresión. Libre de la dictadura de la sacrosanta Propiedad. Libre del Consumismo despilfarrador. Libre de los Destructores de la tierra. Libre de la Gran Babilonia. Libre de la Dictadura de la Bestia. Libre del Falso Profeta Milagrero. Libre de las Dictaduras Religiosas, que suelen ser de las peores. Libre del Dragón y Libre de la Fría y Grande Dictadura de la Muerte. Estas son las Libertades prácticas, que no teóricas, que los cristianos libres queremos, porque éstas son las Libertades que el Reino de los cielos traerá y conseguirá. Uno a uno, todos estos liberticidas enemigos de Jesucristo, irán siendo puestos bajo sus pies.
5ª.- A falta de argumentos convincentes que apoyen la supuesta primacía de Pedro, los apologistas Romanos expusieron la triple pregunta que Jesús resucitado, hiciera al apóstol: “Simón, hijo de Jonás, ¿me amas mas que éstos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. El le dijo: Apacienta mis corderos.”(Juan 21.15-17). Le volvió a repetir dos veces mas la misma pregunta, recibiendo de Pedro la misma afirmación: “Sí. Señor; tú sabes que te amo”. Y Jesús le volvió a remachar: “Pastorea mis ovejas” y “Apacienta mis ovejas”. Pero aquí no existe ninguna declaración del Señor acerca de la Jefatura de Pedro, sino una confirmación, ante los demás apóstoles, de que Pedro, a pesar de haberle negado por tres veces, no había sido rechazado como apóstol, a diferencia de Judas, que sí lo fue y, otro, Matías, tomaría su lugar entre los Doce (Hechos 1.23-26). Tres veces negó Pedro a Jesús y tres veces lo reafirmó Jesús en su ministerio apostólico. Eso es todo. Así de simple y sencillo.
6ª.- Los apóstoles, nunca vieron en Pedro a su Jefe y, como a tal, nunca le trataron. Leyendo Hechos capítulo 15, el llamado Primer Concilio celebrado en Jerusalén, nos damos cuenta de que es Santiago quien lleva la voz cantante y quien propone la soluciones que fueron aprobadas por todos los cristianos allí reunidos: vers. 14-21.- No se hace diferencias entre Apóstoles y Presbíteros o Ancianos: vers.4-6.- Pedro interviene como uno mas: vers.7.- Antes que Pedro, hablaron los fariseos convertidos: vers.5.- Después de Pedro hablaron Bernabé y Pablo: vers.12.- Después Jacobo: vers. 14-21, que dio la solución: vers 22.- Solución que “pareció bien a los Apóstoles y a los Ancianos, con toda le iglesia..”.
7ª.- San Pablo escribe: “..en nada he sido inferior a aquellos grandes Apóstoles”(2ª Corintios 11.5) y: “..en nada he sido menos que aquellos grandes Apóstoles, aunque nada soy”(vers.11). Pablo, después de su conversión, no fue a consultar inmediatamente a los Apóstoles, sino que empezó su ministerio en Arabia y en Damasco y pasaron tres años antes de visitar a Pedro y a Jacobo en Jerusalén: “..no consulté enseguida con carne y sangre, ni subí a Jerusalén a los que eran Apóstoles antes que yo..”(Gálatas 1.16,17). Cuando después de tres años lo hizo, vio a Pedro y a Jacobo (vers18,19). Pasaron catorce años hasta que volvió a Jerusalén donde “..Jacobo, Cefas y Juan, que eran considerados como columnas, nos dieron a mí y a Bernabé la diestra en señal de compañerismo, para que nosotros fuéramos a los gentiles y ellos a la circuncisión”(Gálatas 2.1,9). Los tres apóstoles eran considerados como las tres columnas de la iglesia de Jerusalem, los tres eran los líderes. Pedro era, no el Jefe, sino un líder mas. Y tiempo después, en una visita de Pedro a Antioquia, observó Pablo que la conducta de Pedro, al menospreciar a los gentiles cuando llegó a Antioquia una delegación de cristianos judíos, enviados por Jacobo, era una conducta impropia de un cristiano y, nos dice: “..le resistí cara a cara porque era de condenar....cuando vi que no andaban rectamente conforme a la verdad del Evangelio, dije a Pedro delante de todos: Si tú, siendo judío, vives como los gentiles y no como judío, ¿por qué obligas a los gentiles a judaizar?” (Gálatas 2.11-14). Si Pedro hubiera sido el Jefe, Pablo no le hubiera reprendido en público, como lo hizo.
Es evidente que Pedro jamás fue considerado por los otros apóstoles como superior a ellos en ningún sentido. Cosa que hubiera sido imposible que pasara, si la intención de Jesucristo hubiera sido dejar al frente de su Iglesia algún Jefe, Vicario, Superior, Cabeza, etc.
La Primacía del Obispo de Roma sobre los demás, fue algo que se fue introduciendo paulatinamente en la Iglesia de Occidente. Siendo Roma capital del Imperio Occidental, tuvo capacidad económica para ayudar a otras iglesias, lo que supo hacer adecuadamente cuando hubo necesidad. También tenía el prestigio de ser capital del Imperio e influencia, por lo que, algunos problemas fueron consultados al Obispo de Roma que, unas veces fue oído y otras no. Luego, tras la caída del Imperio por los Bárbaros, surgieron diferentes reinos y el Obispo de Roma intrigó, tomando parte activa en las disputas políticas que se originaron y tras la conversión de los visigodos, y la confección de las Falsas Decretales, se consiguió adornar al Obispo de Roma de autoridad religiosa primero, y política después, como para hacer posible que el Obispo de Roma tuviera sus propios ejércitos y territorios, los estados pontificios, sobre los que se alzó como verdadero rey, hasta que fue reducido por Víctor Manuel II, al actual Estado Vaticano, donde ejerce su poder absolutista, religioso, temporal y celestial. (135)
Esta historia comprimida, está repleta de traiciones, sangre, herejías y muerte. Hubo Papas que se excomulgaron mutuamente, épocas en la que reinaron tres Papas al mismo tiempo, Papas envenenados, Papas guerreros que ocuparon su reinado en anexionarse territorios, Papas que indujeron a países a entrar en guerra, que excomulgaron a reyes que no se les sometían, que formaron Cruzadas para la conquista y reconquista de Tierra Santa, que celebraron corridas de toros en la plaza de San Pedro, que practicaron el incesto y la sodomía, que desenterraron a su antecesor, sentando su cadáver en Concilio para despojarlo de los atributos papales, que bendijeron los cañones de Hitler, y consideraron cruzada la guerra de Franco. Y me quedo corto en la enumeración de los hechos, porque no es éste el objetivo de este escrito. Sólo diré que si Jesucristo hubiera necesitado algún Vicario o Representante para dirigir su Iglesia, el Espíritu Santo hubiera elegido para ello a hombres buenos, imitadores de Jesús, en lugar de los elementos que hemos, ligeramente, mencionados.
En buena lógica, ningún país democrático debiera mantener relaciones diplomáticas con el Estado totalitario del Vaticano, si no las tiene también, con todos los demás países, por totalitarios que puedan ser.
Tampoco el Estado Vaticano tiene derecho a pedir o exigir libertad religiosa para los católicos en ningún país, mientras que no la dé a todos cuantos viven y trabajan en el propio Estado Vaticano.
Los países no debieran permitir que el Estado del Vaticano fuese miembro en calidad de “observador” de la ONU. Porque esta posición de privilegio, permite a este Estado, al no tener que deliberar ni votar, ocultar su posición ante los problemas del mundo que allí se debaten. El Vaticano debe ser miembro de la ONU con todas sus consecuencias, o no serlo en ninguna manera. Si fue su supuesta neutralidad la que propició su actual posición de “observador”, preguntamos ¿dónde queda el papel profético de la Iglesia que los Obispos españoles se atribuyen, para justificar sus constantes intromisiones en los asuntos políticos del país?.
Me temo que su estatus de “observador” en la ONU, obedece mas bien a la renuncia de este supuesto papel profético que sus obispos reclaman cuando les interesa. Y si renuncian a ejercerlo en este foro internacional, es porque carecen de él o todavía peor, por no querer comprometerse con la Justicia en el mundo, por los muchos inconvenientes que así evita o peor aun, por estar de acuerdo con la Injusticia que reina en el planeta. El Vaticano “observa”, pero calla, no se define, no toma posición. Le son aplicables las palabras de Isaías sobre los “profetas, centinelas, pastores, atalayas” mudos: “Sus atalayas son todos ciegos todos ellos ignorantes, todos ellos perros mudos, que no pueden ladrar...perros comilones....y los pastores mismos no saben entender; todos ellos siguen sus propios caminos...” (56.10,11).
Debería ser expulsado de la organización internacional, ya que su “mudez” lo hace inservible. Y en las poquísimas intervenciones que suele hacer el Papa, a modo de discurso, suele ser tan genérico, tan indefinido, tan poco comprometido, que parecen mas bien “mensajes de Navidad” cargados de buenos deseos de felicidad para todos, pensados para el propio lucimiento personal del Pontífice y desprovisto totalmente de soluciones.
Si verdaderamente fuera el Papa quien se proclama ser y quien su Iglesia Romana cree que es, nada menos que el Vicario de Cristo en la tierra, ¿cómo iba a dejar que el mundo siguiera su curso, sin proponer justas soluciones a todos sus problemas? Y, hacerlo, como la gente decía que hacía Jesús: “porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas” (Mateo 7.29).
Pero el Estado Vaticano carece de autoridad, porque se la quitó su historia de intrigas, conjuras, guerras, trejes y manejes con las naciones, cuando ejercía poder real sobre ellas. Carece de autoridad profética porque, de tenerla, hablaría a todas las naciones sin temor. La diplomacia nunca formó parte del espíritu profético. Carece de magisterio, por cuanto no presenta soluciones concretas a problemas concretos de alcance universal.
Simplemente, aprovecha su condición de Jefe de Estado, que comparte con algunos centenares de personas mas en el mundo, para velar por los intereses de su pequeño Estado y los de su poderosísima Organización a escala mundial, la Iglesia Católica Romana. Por eso, establece acuerdos o Concordatos con los países que puede establecerlos, a favor de su pequeño, pero poderoso, reino de este mundo.
Cristo no quiso corona, sino una de espinas, ni quiso ser rey aunque pudo serlo. Decía que su reino “no era de este mundo” (Juan 18.36), ni tuvo palacios, antes bien “no tenía dónde reclinar su cabeza” (Mateo 8.20). Cristo tampoco tuvo Guardia Suiza que le rindieran honores, ni Nunciaturas diplomáticas que le representaran ante los gobiernos de las naciones. No tuvo Bancos del Espíritu Santo (lo que faltaba: el Espíritu Santo, manchándose de la corrupción Capitalista) que le gestionaran sus riquezas, ni tampoco riqueza alguna que gestionar. No fue recibido por reyes y gobernantes con agasajos, sino que cuando compareció ante ellos, lo hizo atado, en calidad de preso. Tampoco se paseó entre la multitud con escolta ni papa-móvil, ni le aguardaban cientos de policías de seguridad. El que quisiera atentar contra él, siempre lo tuvo a su alcance. Cuando algunos procuraron prenderle, sin conseguirlo, nos dicen los Evangelios que no lo hicieron “porque aun no había llegado su hora” (Juan 7.30). Está visto que, desde los últimos intentos de atentados fallidos, el Papa confía en la Providencia de Dios tanto como el resto de los Gobernantes de este mundo. Pero, aceptando el Papa el reino mundanal que Cristo rechazó, tuvo que aceptar también todo lo que conlleva ser un Gobernante, en este caso, un rey mas. Mas, con todo, no dejan de ser cosas inapropiadas para quien se autoproclama sucesor de un pescador de Galilea, humilde seguidor de Jesús, que nada de estas cosas tuvo, ni tampoco las deseó, y Representante de Jesús de Nazaret, que las rechazó abiertamente, en la tierra. Es como si Jesús le hubiese obsequiado un reino que nunca quiso, unos bienes que nunca poseyó, y un poder espiritual que sólo posee el Espíritu Santo de Dios.
Por todo ello, es que incluimos anteriormente al Vaticano y la Iglesia que gobierna, como un intento mas de establecer aquí en la tierra, Teocracias que no lo son, por cuanto necesitan un hombre para que las gobierne y necesitan revestirlo de autoridad divina. Son Teocracias humanas, o Teocracias sin Dios.
Mas no nos engañemos. Dios no es un inválido que necesite delegar en nadie.
La verdadera Teocracia será la que está anunciada que vendrá: el Reino de Dios donde él directamente, gobernará el mundo y lo será todo, para todos y en todos.
Atanturk, modernizador de Turquía, disolvió el poderoso e histórico Califato con sus pretensiones iguales a las del Papa romano: ser el Jefe o la Cabeza política-religiosa del Islam. Víctor Manuel, aunque redujo a lo que hoy es el Vaticano las pretensiones políticas de los Papas, consintió en otorgar a este pequeño territorio el status de Estado o nación independiente, haciéndolo retener su papel de Cabeza política. Craso error del rey Saboyano, solamente explicable por la catolicidad y miedo del monarca, para reducir al Papa a su función puramente religiosa, como Cabeza de su gran organización, la Iglesia Romana.
El Estado Vaticano tiene que aceptar las condiciones de existencia de cualquier otro estado moderno al uso, como tener una Constitución en la que se reconozcan los Derechos Humanos, y entre ellos, la libertad religiosa de sus ciudadanos, no exigiendo a ninguno de sus trabajadores o funcionarios la profesión de la fe católica para ejercer en su territorio. Una ley electoral y un Gobierno con sus respectivos ministerios homologables a los demás países, aunque por encima de toda la Administración Vaticana, esté el Papa como monarca vitalicio.
Y si no está dispuesto a ser un estado moderno al uso, debe ser disuelto e integrado en el Estado Italiano, que debería hacerse cargo de sus finanzas, su patrimonio histórico y artístico, su conservación y uso, dejando al Pontífice exclusivamente el desempeño de sus funciones religiosas, como máximo representante de una Organización Religiosa extendida por el mundo entero. Pero, en todo lo demás, sujeto a las leyes italianas como cualquier otro ciudadano. Así transcurrieron las vidas terrenales de San Pedro y del propio Jesucristo.
Y si esto no lo hace el gobierno italiano con el acuerdo de la ONU, debería hacerlo voluntariamente el propio Estado Vaticano. Gesto que sería muy bien visto por las naciones del mundo y que permitiría que lo que perdiese en poder político y económico, lo ganase en credibilidad e influencia religiosa, por cuanto se adaptaría mas a la doctrina cristiana, rectificando así su negra actuación en la historia.
Pero me temo que si aun el propio Jesucristo así se lo pidiera, el Papa y la Curia declinarían esta invitación, imitando al joven rico que, al oír decirle a Jesús: “anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres”, se afligió y “se fue triste, porque tenía muchas posesiones” (Marcos 10.21,22).
37-LA POBREZA.
La pobreza, la miseria, la escasez no son cosas superfluas, ni que no tengan solución, ni siquiera son un castigo divino. No la debemos ver jamás como si , forzosamente, tuviera que existir, ni como una maldición divina.
La pobreza y la miseria han sido provocadas por el hombre, al igual que la contaminación creciente de la tierra. La pobreza es el resultado de la avaricia, engaño, robo y especulación. No es un pecado. Al menos, un pecado achacable a los propios pobres.
Cierto es que, en ocasiones, pudiera ser producto de la holgazanería y pereza, a los que dice Salomón: “Ve a la hormiga, oh perezoso,..y sé sabio;...prepara en el verano su comida, y recoge en el tiempo de la siega su mantenimiento....Perezoso, ¿hasta cuándo has de dormir?...Y cruzar... las manos para reposo; así vendrá tu necesidad..y tu pobreza como hombre armado.” (Proverbios 6.6-11). También la escasez puede ser causa de la falta de previsión cuando las cosas van bien, en épocas de “vacas gordas”y otras veces, pudiera ser producto del vicio y despilfarro, como el hijo pródigo de la parábola que gastó su herencia en fiestas y rameras: “se fue lejos..y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente..y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre..y comenzó a faltarle.” (Lucas 15.12-14).
Pero, salvo éstas y parecidas excepciones, la regla general es que la pobreza de la mayoría de los pobres, es el resultado del egoísmo humano.
Jesús anunció: “..a los pobres siempre los tendréis con vosotros, mas a mí no siempre me tendréis” (Juan 12.8), lo que lleva a muchos cristianos al fatalismo de asumir la imposibilidad de acabar con la pobreza en este mundo. Mala exégesis hacen de esta Escritura, quienes así pretenden justificar su inactividad por erradicar la pobreza del mundo. Si la primera parte del versículo es literal, también lo es la segunda. Sin embargo, Jesús mismo afirmó que siempre le tendríamos con nosotros. Cuando ascendía a los cielos dijo: “y he aquí que yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28.20). Está claro que su dicho de “a mí no siempre me tendréis”, se refiere a su presencia física, corporal, entre nosotros, que cesaría cuando subiese a la diestra de Dios; espiritualmente, siempre estaría con nosotros. Así también, debe entenderse que la pobreza continuaría existiendo en la tierra, después de su marcha de este mundo, por lo que siempre podríamos hacer bien a los pobres; pero el perfume que María derramó en sus pies, no se lo podía haber derramado sino mientras Jesús estuviera corporalmente entre ellos (Mateo 26.6-12). Por otra parte, son muchos los pasajes de la Escritura que hablan de la erradicación de todos los males, pobreza incluida, y por ello hemos de luchar hasta tanto no sea establecido en la tierra el Reino de Dios. (136,137,138)
Tenemos su promesa de que la pobreza, será extirpada de esta tierra tan generosa y abundante en bienes, que parece ilógico que en ella existan pobres, y mas ilógico aun, que una sola persona tenga que morir de hambre.
El llamado “ evangelio de la prosperidad” es una estupidez teológica, propia de cristianitos ignorantes de la Palabra de Dios y egoístas, como los mismos fariseos o los fatuos consoladores del patriarca Job. Es una excusa, un engaño de falsos pastores, para esquilmar mas aun a sus desprevenidas ovejas. Estos, piden para la Iglesia. Cosa desconocida en las Escrituras, que enseñan que es el pobre y menesteroso el objeto de las colectas cristianas, nunca las organizaciones eclesiásticas, ni sus ambiciosos proyectos de templos, programas de televisión, etc, destinados, no a la evangelización, sino a la promoción personal de estos falsos pastores , que “se apacientan a sí mismos” (Ezequiel 34.2-10), dominando a las ovejas “con dureza y violencia” (vers.4).
La pobreza desaparecerá de la tierra, tan pronto como la Justicia reine en ella. “Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque seréis saciados” (Lucas 6.21).
A medida que el reino de Dios avance, la pobreza irá retrocediendo. Este es el termómetro verdadero que mide el proceso del Evangelio en el mundo. No el número de iglesias que se construyen, ni el número creciente de organismos cristianos que pululan como setas, sino el descenso de la miseria y del hambre, el crecimiento de la Justicia. Para esta lucha contra la pobreza, no tiene la iglesia de Jesucristo otro medio que la predicación del Reino a los pobres, sus destinatarios principales (como en los días terrenales del Señor, que lo fueron “las ovejas perdidas de la casa de Israel” (Mateo 15.24).
No es que tenga esperanza de que el Capitalismo, causante de la pobreza a gran escala, vaya a cambiar, y su cambio elimine la pobreza. No, al menos voluntariamente. El Evangelio del Reino es la piedrecita que, rodando, rodando, se estrelló contra los pies de barro del ídolo gigante y lo derribó. ( Daniel 2.34,35).
La predicación del Evangelio del Reino de los cielos a los pobres, los liberará de todas sus cadenas, las del pecado, las de la ignorancia, la de su domesticación y, siendo libres por Cristo (Juan 8.32-36), ellos mismos derribarán los ídolos de la miseria y opresión.
Y los que no pudieran derribar, caerán también, derribados por el propio Señor Jesucristo, nuestro Samsón.
Los partidos de izquierda, tradicionales enarboladores de estas banderas de liberación, cada vez se están aburguesando mas, haciéndose mas acomodaticios con el sistema imperante, menos combativos, mas centristas y reformadores. Se están incapacitando para cambiar la realidad. Por lo que sólo queda la iglesia de Jesucristo, con su fe y anuncio del Reino, para promover el cambio que este mundo necesita y llevarlo a cabo hasta donde nos sea posible; hasta que, bien la muerte o bien la venida del Señor, nos sorprenda ocupados en esta labor.
Esta ocupación no es inútil. Al menos, Dios no la considera así, por ello, en la descripción del establecimiento del Reino de Dios que nos da Isaías, comienza diciendo: “..porque fuiste fortaleza (castillo) al pobre, fortaleza al menesteroso en su aflicción..” (Isaías 25.4-9). Hay pues, una promesa del Señor de fortalecer a los pobres y menesterosos de la tierra y después, hacerles participar de su Reino. Otra vez dice Isaías: “Entonces los humildes crecerán en alegría en Jehová, y aun los mas pobres de los hombres se gozarán en el Santo de Israel. Porque el violento será acabado, y el escarnecedor será consumido.” (Isaías 29.19,20),y también lo serán “los que pervierten la causa del justo” (vers.21)
Los cristianos libres han de tener en cuenta que el ayuno agradable a Dios es “Desatar las ligaduras...soltar las cargas de la opresión, dejar libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo” (Isaías 58.6-11) y quitar “ de en medio...el dedo amenazador” (vers,9), que es mas que dar de comer al hambriento y vestir al desnudo, cosas que también las quiere Dios.
Los pobres de la tierra son objeto siempre de la misericordia de Dios porque él sabe que si él mismo no les ayuda, no les ayudará nadie, porque pocos son los que piensan en los pobres. Cuando Israel es llevado cautivo a Babilonia, “hizo quedar en tierra de Judá a los pobres del pueblo que no tenían nada, y les dio viñas y heredades” (Jeremías 39.10). El Señor no consideró que aquellos pobres que “no tenían nada” y que, en su extrema pobreza, tanto sufrieron, corrieran la misma suerte que los acomodados que no los socorrieron, ni nada hicieron para paliar su pobreza. Los pobres, han sido y son los preferidos de Dios para recibir su misericordia y su gracia. “¿No ha elegido Dios a los pobres de este mundo, para que sean ricos en fe y herederos del Reino que ha prometido a los que le aman?” (Santiago 2.5).
No es nada nuevo en la Palabra de Dios. Lleva siglos, así escrita. Tuvo que venir el Señor Jesucristo, para que nos enterásemos de esta preferencia divina de la gracia soberana de Dios.
En todos los períodos de general apostasía, la gracia de Dios tuvo a bien reservarse siempre unos remanentes, variables en número pero casi siempre, de la misma clase social. Nunca el remanente estuvo compuesto de ricos, sino que la gracia de Dios, los eligió de entre los pobres: “Y dejaré en medio de ti un pueblo humilde y pobre...el remanente de Israel...y no habrá quien los atemorice” (Sofonías 3.12,13).
Los pobres son los que siempre tuvieron la peor parte.”Ovejas de la matanza” les solía llamar Zacarías, con el mismo significado que hoy les llamamos “carne de cañón”. Todos los poderosos se aprovechan de ellos y los explotan y luego dicen “Bendito sea el Señor, porque me he enriquecido” (Zacarías 11.5), “y no se tienen por culpables”. No experimentan remordimiento alguno por aprovecharse de ellos. Justo es que vengan guerras y revoluciones, donde los que así se comportan, paguen por sus obras. “Por tanto, no tendré ya mas piedad de los moradores de la tierra...yo entregaré a los hombres...en mano de su compañero y en mano de su rey” (Zacarías 11.6) y el Señor, se decante nuevamente por los pobres del mundo: “Apacenté, pues, las ovejas de la matanza, esto es, a los pobres del rebaño. Y tomé para mí dos cayados: al uno llamé Gracia, y al otro Ataduras; y apacenté las ovejas...(Zacarías 11.7). Tomé luego mi cayado Gracia, y lo quebré, para romper mi pacto que concerté con todos los pueblos...y así conocieron los pobres del rebaño...que era palabra del Señor” (vers. 10,11).
La gracia de Dios muestra su predilección por los pobres, rompiendo visiblemente, delante de los poderosos, las cosas en las que ellos confían. Ningún cayado puede defenderles si tratan a los pobres como “ovejas hechas para la matanza, la venta y la esquilmación”
Por grandes y largas que sean las miserias del pobre, no tienen por qué resignarse, sino levantarse y confiar en Dios, “porque no para siempre será olvidado el menesteroso, ni la esperanza de los pobres perecerá perpetuamente” (Salmo 9.18). El Reino de los cielos y su implantación en esta tierra es la “esperanza”, diría la única esperanza, para los pobres y menesterosos de la tierra. Y darles “esperanzas” es la misión de las iglesias libres de Jesucristo. Las iglesias del sistema no les buscarán para no llenar de piojos sus iglesias, ni manchar sus barnizados bancos con sus harapos. Todo lo mas, les harán pasar por la puerta de atrás y quizá una monja le servirá una sopa caliente. Yéndose esa noche a la cama, contenta por su buena acción.
La iglesia de Jesucristo le hablará del Reino de Dios, del Retorno de Cristo, de la liberación de sus dos pobrezas, la del alma y la del cuerpo, del esfuerzo que debe hacer para romper sus cadenas y las cadenas de otros como él. Tratará de alistarle como un pregonero de la Justicia del Reino.
Desear esta liberación integral del ser humano, es cosa que agrada a dios, nuestro libertador, y luchar contra la opresión de los pobres, obreros y menesterosos, es entrar en las labores de Dios. Es por lo que el Señor se levanta de su Trono: “por la opresión de los pobres, por el gemido de los menesterosos, ahora me levantaré, dice el Señor; pondré en salvo al que por ello suspira” (Salmo 12.5).
Entre la oración del rico y la del pobre, suele prestar el Señor mas atención a éste que a aquel. Porque el pobre, suele clamar a Dios, mientras que el rico, todo lo mas se queja porque ha ganado menos que el año anterior. “Este pobre clamó, y le oyó el Señor, y lo libró de todas sus angustias”(Salmo 34.6). “¿quién como tú, que libras al afligido del mas fuerte que él, y al pobre y menesteroso del que le despoja?” (Salmo 35.10).
Es perfectamente posible liberarse del opresor, del que despoja al trabajador, quedándose con la plusvalía de su trabajo. Dios ayudará al pobre a cambiar leyes, costumbres injustas de sus opresores, para establecer cada día, mas Justicia sobre la tierra. Orar por ello, es orar por el adelantamiento del Reino de Dios. Y si los resultados no se vieran de inmediato y Dios permitiera que el pobre y menesteroso sucumbieran ante los poderosos y su violencia, entonces “redimirá sus almas, y la sangre de ellos será preciosa ante sus ojos” (Salmo 72.12-14).
Mucha sangre se ha derramado en la tierra por causa de la Justicia. Mucha sangre será derramada aun. Pero quienes anuncian el Reino de los cielos, lo saben, porque su mensaje es peligroso para las clases dominantes. Las iglesias del sistema, no tienen nada que temer. El mensaje que dan es de conformidad, de sumisión borreguil a los poderosos, sus mentores. La vida de sus curas y pastores, no correrá peligro.
Eso es precisamente lo que demuestra que no están anunciando el mensaje de Dios, sino el suyo propio: sabias exposiciones doctrinales y largos discursos sobre una coma o un tilde de la Escritura. Como hacían los escribas. No como hicieron los profetas y el propio Señor Jesucristo.
Discursos éticos, circunloquios, que hacen cabecear a sus oyentes. Soniquetes enlatados que extraen de otros predicadores. Nada que decir tienen, al hombre de hoy, ni se meten en líos o camisas de once varas, desenmascarando los problemas actuales, apuntando a un análisis real de sus causas y aportando soluciones.
Mareando la perdiz, distrayendo al personal (ejemplo) arremetiendo a gobiernos con la cuestión gay, y callando “como putas” (con perdón de ellas) sobre las guerras actuales, sus causas, sus fines, sus planificadores, etc.
No son libres. Son predicadores del sistema, adormecedores de conciencias, perros mudos que no avisan del mal que viene, pero que ladran fuertemente a las moscas.
Charlatanes religiosos que, con sus iglesias y sus Biblias, se están chamuscando ya los zapatos, en las llamas del infierno.
A los que prefieren defender la causa de los acomodados, de los ricos “piadosos inconscientes”, de la miseria mundial, hay que recordarles que el Señor “se pondrá a la diestra del pobre, para librar su alma de los que le juzgan” (Salmo 109.31)
La pobreza y la miseria han sido provocadas por el hombre, al igual que la contaminación creciente de la tierra. La pobreza es el resultado de la avaricia, engaño, robo y especulación. No es un pecado. Al menos, un pecado achacable a los propios pobres.
Cierto es que, en ocasiones, pudiera ser producto de la holgazanería y pereza, a los que dice Salomón: “Ve a la hormiga, oh perezoso,..y sé sabio;...prepara en el verano su comida, y recoge en el tiempo de la siega su mantenimiento....Perezoso, ¿hasta cuándo has de dormir?...Y cruzar... las manos para reposo; así vendrá tu necesidad..y tu pobreza como hombre armado.” (Proverbios 6.6-11). También la escasez puede ser causa de la falta de previsión cuando las cosas van bien, en épocas de “vacas gordas”y otras veces, pudiera ser producto del vicio y despilfarro, como el hijo pródigo de la parábola que gastó su herencia en fiestas y rameras: “se fue lejos..y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente..y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre..y comenzó a faltarle.” (Lucas 15.12-14).
Pero, salvo éstas y parecidas excepciones, la regla general es que la pobreza de la mayoría de los pobres, es el resultado del egoísmo humano.
Jesús anunció: “..a los pobres siempre los tendréis con vosotros, mas a mí no siempre me tendréis” (Juan 12.8), lo que lleva a muchos cristianos al fatalismo de asumir la imposibilidad de acabar con la pobreza en este mundo. Mala exégesis hacen de esta Escritura, quienes así pretenden justificar su inactividad por erradicar la pobreza del mundo. Si la primera parte del versículo es literal, también lo es la segunda. Sin embargo, Jesús mismo afirmó que siempre le tendríamos con nosotros. Cuando ascendía a los cielos dijo: “y he aquí que yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28.20). Está claro que su dicho de “a mí no siempre me tendréis”, se refiere a su presencia física, corporal, entre nosotros, que cesaría cuando subiese a la diestra de Dios; espiritualmente, siempre estaría con nosotros. Así también, debe entenderse que la pobreza continuaría existiendo en la tierra, después de su marcha de este mundo, por lo que siempre podríamos hacer bien a los pobres; pero el perfume que María derramó en sus pies, no se lo podía haber derramado sino mientras Jesús estuviera corporalmente entre ellos (Mateo 26.6-12). Por otra parte, son muchos los pasajes de la Escritura que hablan de la erradicación de todos los males, pobreza incluida, y por ello hemos de luchar hasta tanto no sea establecido en la tierra el Reino de Dios. (136,137,138)
Tenemos su promesa de que la pobreza, será extirpada de esta tierra tan generosa y abundante en bienes, que parece ilógico que en ella existan pobres, y mas ilógico aun, que una sola persona tenga que morir de hambre.
El llamado “ evangelio de la prosperidad” es una estupidez teológica, propia de cristianitos ignorantes de la Palabra de Dios y egoístas, como los mismos fariseos o los fatuos consoladores del patriarca Job. Es una excusa, un engaño de falsos pastores, para esquilmar mas aun a sus desprevenidas ovejas. Estos, piden para la Iglesia. Cosa desconocida en las Escrituras, que enseñan que es el pobre y menesteroso el objeto de las colectas cristianas, nunca las organizaciones eclesiásticas, ni sus ambiciosos proyectos de templos, programas de televisión, etc, destinados, no a la evangelización, sino a la promoción personal de estos falsos pastores , que “se apacientan a sí mismos” (Ezequiel 34.2-10), dominando a las ovejas “con dureza y violencia” (vers.4).
La pobreza desaparecerá de la tierra, tan pronto como la Justicia reine en ella. “Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque seréis saciados” (Lucas 6.21).
A medida que el reino de Dios avance, la pobreza irá retrocediendo. Este es el termómetro verdadero que mide el proceso del Evangelio en el mundo. No el número de iglesias que se construyen, ni el número creciente de organismos cristianos que pululan como setas, sino el descenso de la miseria y del hambre, el crecimiento de la Justicia. Para esta lucha contra la pobreza, no tiene la iglesia de Jesucristo otro medio que la predicación del Reino a los pobres, sus destinatarios principales (como en los días terrenales del Señor, que lo fueron “las ovejas perdidas de la casa de Israel” (Mateo 15.24).
No es que tenga esperanza de que el Capitalismo, causante de la pobreza a gran escala, vaya a cambiar, y su cambio elimine la pobreza. No, al menos voluntariamente. El Evangelio del Reino es la piedrecita que, rodando, rodando, se estrelló contra los pies de barro del ídolo gigante y lo derribó. ( Daniel 2.34,35).
La predicación del Evangelio del Reino de los cielos a los pobres, los liberará de todas sus cadenas, las del pecado, las de la ignorancia, la de su domesticación y, siendo libres por Cristo (Juan 8.32-36), ellos mismos derribarán los ídolos de la miseria y opresión.
Y los que no pudieran derribar, caerán también, derribados por el propio Señor Jesucristo, nuestro Samsón.
Los partidos de izquierda, tradicionales enarboladores de estas banderas de liberación, cada vez se están aburguesando mas, haciéndose mas acomodaticios con el sistema imperante, menos combativos, mas centristas y reformadores. Se están incapacitando para cambiar la realidad. Por lo que sólo queda la iglesia de Jesucristo, con su fe y anuncio del Reino, para promover el cambio que este mundo necesita y llevarlo a cabo hasta donde nos sea posible; hasta que, bien la muerte o bien la venida del Señor, nos sorprenda ocupados en esta labor.
Esta ocupación no es inútil. Al menos, Dios no la considera así, por ello, en la descripción del establecimiento del Reino de Dios que nos da Isaías, comienza diciendo: “..porque fuiste fortaleza (castillo) al pobre, fortaleza al menesteroso en su aflicción..” (Isaías 25.4-9). Hay pues, una promesa del Señor de fortalecer a los pobres y menesterosos de la tierra y después, hacerles participar de su Reino. Otra vez dice Isaías: “Entonces los humildes crecerán en alegría en Jehová, y aun los mas pobres de los hombres se gozarán en el Santo de Israel. Porque el violento será acabado, y el escarnecedor será consumido.” (Isaías 29.19,20),y también lo serán “los que pervierten la causa del justo” (vers.21)
Los cristianos libres han de tener en cuenta que el ayuno agradable a Dios es “Desatar las ligaduras...soltar las cargas de la opresión, dejar libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo” (Isaías 58.6-11) y quitar “ de en medio...el dedo amenazador” (vers,9), que es mas que dar de comer al hambriento y vestir al desnudo, cosas que también las quiere Dios.
Los pobres de la tierra son objeto siempre de la misericordia de Dios porque él sabe que si él mismo no les ayuda, no les ayudará nadie, porque pocos son los que piensan en los pobres. Cuando Israel es llevado cautivo a Babilonia, “hizo quedar en tierra de Judá a los pobres del pueblo que no tenían nada, y les dio viñas y heredades” (Jeremías 39.10). El Señor no consideró que aquellos pobres que “no tenían nada” y que, en su extrema pobreza, tanto sufrieron, corrieran la misma suerte que los acomodados que no los socorrieron, ni nada hicieron para paliar su pobreza. Los pobres, han sido y son los preferidos de Dios para recibir su misericordia y su gracia. “¿No ha elegido Dios a los pobres de este mundo, para que sean ricos en fe y herederos del Reino que ha prometido a los que le aman?” (Santiago 2.5).
No es nada nuevo en la Palabra de Dios. Lleva siglos, así escrita. Tuvo que venir el Señor Jesucristo, para que nos enterásemos de esta preferencia divina de la gracia soberana de Dios.
En todos los períodos de general apostasía, la gracia de Dios tuvo a bien reservarse siempre unos remanentes, variables en número pero casi siempre, de la misma clase social. Nunca el remanente estuvo compuesto de ricos, sino que la gracia de Dios, los eligió de entre los pobres: “Y dejaré en medio de ti un pueblo humilde y pobre...el remanente de Israel...y no habrá quien los atemorice” (Sofonías 3.12,13).
Los pobres son los que siempre tuvieron la peor parte.”Ovejas de la matanza” les solía llamar Zacarías, con el mismo significado que hoy les llamamos “carne de cañón”. Todos los poderosos se aprovechan de ellos y los explotan y luego dicen “Bendito sea el Señor, porque me he enriquecido” (Zacarías 11.5), “y no se tienen por culpables”. No experimentan remordimiento alguno por aprovecharse de ellos. Justo es que vengan guerras y revoluciones, donde los que así se comportan, paguen por sus obras. “Por tanto, no tendré ya mas piedad de los moradores de la tierra...yo entregaré a los hombres...en mano de su compañero y en mano de su rey” (Zacarías 11.6) y el Señor, se decante nuevamente por los pobres del mundo: “Apacenté, pues, las ovejas de la matanza, esto es, a los pobres del rebaño. Y tomé para mí dos cayados: al uno llamé Gracia, y al otro Ataduras; y apacenté las ovejas...(Zacarías 11.7). Tomé luego mi cayado Gracia, y lo quebré, para romper mi pacto que concerté con todos los pueblos...y así conocieron los pobres del rebaño...que era palabra del Señor” (vers. 10,11).
La gracia de Dios muestra su predilección por los pobres, rompiendo visiblemente, delante de los poderosos, las cosas en las que ellos confían. Ningún cayado puede defenderles si tratan a los pobres como “ovejas hechas para la matanza, la venta y la esquilmación”
Por grandes y largas que sean las miserias del pobre, no tienen por qué resignarse, sino levantarse y confiar en Dios, “porque no para siempre será olvidado el menesteroso, ni la esperanza de los pobres perecerá perpetuamente” (Salmo 9.18). El Reino de los cielos y su implantación en esta tierra es la “esperanza”, diría la única esperanza, para los pobres y menesterosos de la tierra. Y darles “esperanzas” es la misión de las iglesias libres de Jesucristo. Las iglesias del sistema no les buscarán para no llenar de piojos sus iglesias, ni manchar sus barnizados bancos con sus harapos. Todo lo mas, les harán pasar por la puerta de atrás y quizá una monja le servirá una sopa caliente. Yéndose esa noche a la cama, contenta por su buena acción.
La iglesia de Jesucristo le hablará del Reino de Dios, del Retorno de Cristo, de la liberación de sus dos pobrezas, la del alma y la del cuerpo, del esfuerzo que debe hacer para romper sus cadenas y las cadenas de otros como él. Tratará de alistarle como un pregonero de la Justicia del Reino.
Desear esta liberación integral del ser humano, es cosa que agrada a dios, nuestro libertador, y luchar contra la opresión de los pobres, obreros y menesterosos, es entrar en las labores de Dios. Es por lo que el Señor se levanta de su Trono: “por la opresión de los pobres, por el gemido de los menesterosos, ahora me levantaré, dice el Señor; pondré en salvo al que por ello suspira” (Salmo 12.5).
Entre la oración del rico y la del pobre, suele prestar el Señor mas atención a éste que a aquel. Porque el pobre, suele clamar a Dios, mientras que el rico, todo lo mas se queja porque ha ganado menos que el año anterior. “Este pobre clamó, y le oyó el Señor, y lo libró de todas sus angustias”(Salmo 34.6). “¿quién como tú, que libras al afligido del mas fuerte que él, y al pobre y menesteroso del que le despoja?” (Salmo 35.10).
Es perfectamente posible liberarse del opresor, del que despoja al trabajador, quedándose con la plusvalía de su trabajo. Dios ayudará al pobre a cambiar leyes, costumbres injustas de sus opresores, para establecer cada día, mas Justicia sobre la tierra. Orar por ello, es orar por el adelantamiento del Reino de Dios. Y si los resultados no se vieran de inmediato y Dios permitiera que el pobre y menesteroso sucumbieran ante los poderosos y su violencia, entonces “redimirá sus almas, y la sangre de ellos será preciosa ante sus ojos” (Salmo 72.12-14).
Mucha sangre se ha derramado en la tierra por causa de la Justicia. Mucha sangre será derramada aun. Pero quienes anuncian el Reino de los cielos, lo saben, porque su mensaje es peligroso para las clases dominantes. Las iglesias del sistema, no tienen nada que temer. El mensaje que dan es de conformidad, de sumisión borreguil a los poderosos, sus mentores. La vida de sus curas y pastores, no correrá peligro.
Eso es precisamente lo que demuestra que no están anunciando el mensaje de Dios, sino el suyo propio: sabias exposiciones doctrinales y largos discursos sobre una coma o un tilde de la Escritura. Como hacían los escribas. No como hicieron los profetas y el propio Señor Jesucristo.
Discursos éticos, circunloquios, que hacen cabecear a sus oyentes. Soniquetes enlatados que extraen de otros predicadores. Nada que decir tienen, al hombre de hoy, ni se meten en líos o camisas de once varas, desenmascarando los problemas actuales, apuntando a un análisis real de sus causas y aportando soluciones.
Mareando la perdiz, distrayendo al personal (ejemplo) arremetiendo a gobiernos con la cuestión gay, y callando “como putas” (con perdón de ellas) sobre las guerras actuales, sus causas, sus fines, sus planificadores, etc.
No son libres. Son predicadores del sistema, adormecedores de conciencias, perros mudos que no avisan del mal que viene, pero que ladran fuertemente a las moscas.
Charlatanes religiosos que, con sus iglesias y sus Biblias, se están chamuscando ya los zapatos, en las llamas del infierno.
A los que prefieren defender la causa de los acomodados, de los ricos “piadosos inconscientes”, de la miseria mundial, hay que recordarles que el Señor “se pondrá a la diestra del pobre, para librar su alma de los que le juzgan” (Salmo 109.31)
38-LA OPRESIÓN.
La opresión suele darse siempre en los fuertes y ejercerse contra los débiles. Existe la opresión individual y la colectiva, pero irá también en la misma dirección: el fuerte oprime y el débil es oprimido. La opresión tiene su faceta religiosa, cuando una religión trata de imponerse sobre otra, en razón de su mayoría. Y también existe la opresión política, cuando una ideología hegemónica, oprime a las ideologías minoritarias o cuando un determinado país, conquista y se anexiona a otro mas débil.
La opresión es simplemente la ausencia de libertad en los mas débiles.
El mundo moderno sabe incluso ejercer “opresión consentida” que, suele ser de las peores, ya que supone que el consentimiento anula la opresión.
Toda opresión es en sí misma injusta y el hombre ha de tender a la eliminación de todas ellas..
Sin embargo, nos remitiremos a lo establecido por la “Declaración Universal de los Derechos Humanos”, para asentar el principio de libertad en el que deberían basar todos los pueblos, sus leyes particulares.
Nos referiremos en adelante, principalmente, a la opresión de clases, a la opresión económica ejercida por unos y padecida por otros.
En esta opresión económica, se sustenta la mayoría de los problemas del mundo. Si su eliminación total fuera posible, la tierra estaría mas cerca de convertirse en el paraíso que todos deseamos.
Pero como para muchos, la tierra tal cual hoy es, se les muestra como un verdadero paraíso, no están dispuestos a correr el riesgo de perderlo, renunciando a sus privilegios y ventajas, para hacerlo extensivo al resto de los habitantes del planeta.
“El que monta la burra –decía mi abuelo- no se cansa”. Claro. Los que se cansan, son los que van a pié. Y además, no puede prestar su burra al caminante por un ratito, no sea que se acostumbre y no te la quiera devolver. La única solución posible y la mas justa, sería que cada uno tuviese una burra, aunque no sabemos si el completo de la cabaña equina, daría para efectuar tan hipotético reparto.
Sin embargo, las mentes pensantes, seguro que hallarían una solución, porque la tiene. Lo que no se tiene es voluntad firme para acabar con el problema.
La solución es un reparto equitativo de las riquezas, que conllevaría un nuevo concepto de la Propiedad y una reglamentación justa del Mercado. Esto conllevaría también, la prohibición de la Usura o precio del dinero, que no se podría comprar ni vender, como cualquier otra mercancía. La implantación de toda clase de cooperativas. La propiedad estatal de los medios de producción y la racionalización o uso inteligente del consumo privado y público. Un desarrollo sostenible del planeta. Un mayor peso de la ecología en la acción del hombre. Un tope razonable al capital personal. Una regulación máxima de uno a tres puntos, en todas las diferencias salariales. Obligatoriedad del trabajo en el ámbito privado o público, para el bien común. Y llegados a este punto, le dije a mi buen amigo e interlocutor, tras la taza de café, que parase; por cuanto no era mi propósito desarrollar todo un sistema económico alternativo, sino dar unas sencillas pinceladas socialistas e incluso autogestionarias, que mostrasen al lector , que otro mundo es posible, y otra manera de gestionarlo también, porque el poderoso Sistema Capitalista lleva en sí mismo el germen de la injusticia, del individualismo egoísta, de la destrucción del planeta, de las guerras que lo mutilan, del consumo despilfarrador que lo exprime sin piedad y, lo que es peor: de la enfermedad, muerte y hambre, perfectamente evitables, de la inmensa mayoría de sus habitantes, a quienes lleva el sistema como ovejas al matadero y como tales, calladas, sin resistirse, ellas van. (139,140)
Lo que verdaderamente quiero hacer, es citar unos cuantos pasajes de la Escritura, en los que Dios habla contra la opresión económica de los pobres de la tierra, y anuncia los grandes castigos que tiene reservados para los opresores.
Que los capitalistas y sus compradas iglesias del sistema, crean o no, es asunto suyo. Las iglesias de Jesucristo que salimos del sistema, y nos consideramos libres de sus dogmas y mentiras, con las que hicieron aumentar las riquezas de los ricos y la pobreza de los pobres, tenemos la obligación de anunciar el Reino de los cielos, su pronta implantación en la tierra, como pedimos en el Padrenuestro, y la destrucción del sistema capitalistas y su Becerro de Oro, no sin que antes hayan dado cuenta de cada dólar u euro, que a los pobres se robó.
El sistema capitalista aparece ante muchos como un concepto astral carente de rostro, tan extendido, que la responsabilidad de sus crímenes, está universalmente diluida. Pero no es así. Dios lleva un infalible y preciso registro de cada venta, compra, préstamo, impuesto, comisión, beneficio, especulación oficial o encubierta, en dinero legal o en negro, que se ha hecho en este mundo. También lleva un registro de las instituciones y de los individuos, con nombre y apellidos, que las ejecutaron, y hasta de los beneficios al céntimo, que obtuvieron. Todos serán juzgados. Ni lágrimas, penitencias, ni absoluciones, podrán librar a ninguno de estos vampiros, que chuparon la sangre y la vida de los pobres de la tierra, los cuales son llamados por Jesús “mis hermanos mas pequeños”. Todos, recibirán la justa retribución. Os aseguro que os iría mejor que Dios no existiera. Este es, precisamente, uno de los pilares de mi fe en Dios. Si él no existiera, escaparíais del castigo que merecéis, y la burla a los que habéis oprimido o engañados, sería total e infinita. ¡Sólo por eso, tiene que existir Dios!.
Zaqueo, un publicano y rico prestamista, en cuya casa entró a cenar Jesús, “puesto en pié dijo: He aquí, Señor, que la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguien, se lo devuelvo cuadruplicado” (Lucas 19.8). Pero muchos de vosotros, con cuatro donativos que habéis dado a vuestras iglesias, no a los pobres, ya queréis ser justificados. ¿Pensáis que escaparéis al Juicio de Dios?. No. Lo que os gustaría es que Dios no existiera, y así no tuvierais que darle cuentas.
El Reino de los cielos, que nos encomendó predicar el Señor, viene. Lentamente, según algunos, pero viene. Los acontecimientos proféticos se amontonan, se suceden vertiginosamente. Si no os coge vivos, os cogerá muertos; pero os cogerá y no escaparéis. Dice la Escritura:
“El que oprime al pobre, afrenta a su Hacedor; mas el que tiene misericordia del pobre, lo honra” (Proverbios 14.31).
“No robes al pobre, porque es pobre, ni quebrantes en la puerta al afligido; porque el Señor juzgará la causa de ellos, y despojará el alma de aquellos que los despojaren” (Proverbios 22.22,23).
“el que se apresura a enriquecerse no será sin culpa” (Proverbios 28.20).
“Hay generación cuyos dientes son espadas, y sus muelas cuchillos, para devorar a los pobres de la tierra, y a los mentirosos de entre los hombres” (Proverbios 30.14).
“Si opresión de los pobres y perversión del derecho y de justicia vieres en la provincia, no te maravilles de ello; porque sobre el alto, vigila otro mas alto, y uno mas alto está sobre ello”. (Eclesiastés 5.8).
“porque vosotros habéis devorado la viña, y el despojo del pobre está en vuestras casas.¿Qué pensáis vosotros que majáis a mi pueblo y moléis las caras de los pobres?. Dice el Señor, Jehová de los ejércitos.” (Isaías 3.14,15).
“¡Ay de los que dictan leyes injustas, y prescriben tiranía, para apartar del juicio a los pobres, y para quitar el derecho a los afligidos...para despojar a las viudas, y robar a los huérfanos!¿Y qué haréis en el día del castigo?” (Isaías 10.1-3).
“Se engordaron y se pusieron lustrosos...no juzgaron la causa del huérfano; con todo, se hicieron prósperos, y la causa de los pobres no juzgaron. ¿No castigaré esto?, dice el Señor; ¿y de tal gente no se vengará mi alma?” (Jeremías 5.28,29).
“Oíd esto, los que explotáis a los menesterosos, y arruináis a los pobres de la tierra, diciendo ¿cuándo pasará el mes y venderemos el trigo...y achicaremos la medida, y subiremos el precio, y falsearemos con engaño la balanza...?..El Señor juró por la gloria de Jacob. No me olvidaré jamás de todas sus obras” (Amós 8.4,5,7).
De estas Santas Escrituras deducimos:
1.- Que la opresión del pobre es una afrenta contra Dios. O sea: Dios se toma en serio a los oprimidos de la tierra y a sus opresores, que tratará como a quienes le afrentan a él. Una afrenta es una injuria. Casi una blasfemia.
2.- Si es cierto el refrán de que “el que roba a un ladrón, tiene cien años de perdón”, el que roba al pobre, ¿cómo podrá ser perdonado?.
3.- La prisa por hacerse mas rico, te impedirá ver si tus métodos son buenos y justos o si no lo son. Por tanto, quien no se para a pensar en lo que invierte, lo hará equivocadamente, perjudicando a alguien. Las prisas por prosperar, te pueden llevar a cometer injusticias. Las prisas, suelen conllevar culpa. Y las culpas, Dios las cobra.
4.- Hay gente especialmente preparada para devorar a los mas necesitados, crédulos y débiles. Su castigo será mayor que si se dedicasen al atraco de Bancos.
5.- La opresión de los pobres con soborno de los jueces o de los que favorecen al opresor, es cosa habitual en el mundo. No llegan ni siquiera a juicio estas fechorías, pero el Alto que está en el cielo, las conoce todas, y ninguna quedará sin castigo.
6.- Al recolectar trigo, aceitunas, uvas, etc, no debían apurar mucho. La Ley del Señor mandaba dejar espigas, racimos, para que fueran recogidos por los pobres de la tierra. Habiendo rastreado totalmente sus viñas y llevado el despojo a sus casas, habían cometido grave pecado. El concepto de “optimizar los recursos” es muy capitalista, pero denota avaricia, porque los pobres no podrán rebuscar las sobras de tu cosecha y las necesitan para comer. Esto será castigado por el Señor.
7.- Hacer leyes injustas o dictar órdenes tan sólo porque se tiene poder para hacerlo, perjudicando a los menesterosos y dejándolos sin derecho a defensa, es cosa horrible que será castigada por el Señor.
8.- Los que en su prosperidad no atienden a los menesterosos ni escuchan sus razones, serán también considerados opresores, simplemente por no atender sus quejas.
9.- Los comerciantes que acumulan para provocar escasez y luego subir los precios, que falsean las balanzas o engañan con la calidad de su mercancía, son considerados explotadores y las riquezas así obtenidas, robos a los pobres y al Señor. Dios no olvidará estas actuaciones.
El Reino de los cielos está contra toda clase de opresión. Debe denunciarla encarándose contra el opresor. Cristo vino a quitar todo yugo y toda opresión. Sus seguidores deben seguirle también en esto. Toda opresión retarda el Reino de Dios. Todo opresor es injusto, sea un individuo, una nación, una religión, un sistema económico basado en la usura. Toda opresión es del diablo y la liberación es de Dios. La iglesia de Jesucristo debe luchar contra todo tipo de cadenas y contra todos los yugos que esclavizan al débil, pobre y menesteroso.
El Sistema Económico llamado Capitalismo, lleva en sí mismo la opresión, que es la base de su existencia. La Biblia nunca apoyó tal sistema inhumano y nos da algunas pautas, muy sencillas que, de haberlas seguido la Humanidad, sobre todo la parte de ella que se consideró cristiana, nunca habría llegado a instalarse en el mundo como sistema económico único o hegemónico.
Hace muchísimos años que Moisés escribió estas palabras: “No recibirás presente; porque el presente ciega a los que ven, y pervierte las palabras de los justos” (Éxodo 23.8).
El regalo, el obsequio, el presente, recibido a causa de un juicio o de una operación comercial, antes, durante o después del proceso judicial o económico, tapa los ojos de los que ven y pervierten las palabras de los justos, dando razones inválidas para justificar la posición judicial o económica condicionada por el “presente”. Aquí se condenan por igual el soborno o cohecho y las modernamente llamadas “comisiones”, omnipresentes en toda operación comercial. Estas cosas son llamadas impías por el Señor, donde quiera que estas palabras se repiten en la Escritura, en Levítico y en Deuteronomio.
“Y no angustiarás al extranjero; porque vosotros sabéis cómo es el alma del extranjero, ya que extranjero fuisteis en la tierra de Egipto” (Éxodo 23.9).
La opresión al extranjero ha sido la base sobre la que el Capitalismo se ha asentado en muchas naciones. Así se asentó en Egipto, oprimiendo a los israelitas y otros pueblos esclavos. Así, literalmente se asentó en Latinoamérica, esclavizando a los aborígenes y así se asentó en los países de la Confederación del Sur de los Estados Unidos, con la opresión literal de los esclavos negros. Israel, teniendo esta experiencia de opresión nacional, no debía hacer con otros como hicieron con él, porque “conocía el alma del extranjero”.
Mas modernamente, la opresión a los extranjeros denominados “emigrantes”, asentó las bases económico-capitalistas de países como Francia, Alemania y Suiza. Por eso, esta opresión o explotación del emigrante, es cosa impía a los ojos del Señor, y práctica común del sistema Capitalista.
“Seis años sembrarás tu tierra, y recogerás su cosecha; mas el séptimo año la dejarás libre, para que coman los pobres de tu pueblo; y de lo que quedare comerán las bestias del campo; así harás con tu viña y con tu olivar” (Éxodo 23.10,11).
Además de ser una buena medida ecológica que regenera los campos de labranza, los pobres tendrán para cosechar y de lo que les sobrare, los mismos animales salvajes encontrarían alimento. Las ideas capitalistas de la superexplotación u “optimización de los recursos”, son ajenas a la Escritura y constituyen también impiedad.
Simplemente practicando estos deberes : rechazo de comisiones, de la explotación del emigrante, y la extenuación de los cultivos, el Capitalismo no hubiera dominado la tierra, ni su brutal filosofía se habría impuesto en el mundo.
Pero además, el Señor prohibe practicar el logro económico o la usura:
trabaja para ti o que te sirve), " no te portarás con él como logrero, ni le impondrás usura” (Éxodo 22.25).
Y esta es sin duda, la base del Capitalismo: el logro, la usura, el beneficio que el prestador obtiene por lo prestado. Sin esta base, el Capitalismo no podría sostenerse un segundo.
Pero además, las Escrituras establecieron “el año de remisión”, el séptimo tras cada seis, como año de perdón de las deudas. Incluso cuando uno pudiera llegar a venderse a otro, sirviéndole como criado, llegado el año de remisión tenía que salir libre. Y si esta ley, cerraba el corazón de algunos, pensando que el año de remisión estaba cerca y por tanto, no cobraría la deuda completa, y por ello se negase a prestarle, El Señor califica esta precaución de “perversa”. ¿Cómo calificaría a la Banca que hace tomar al acreedor un “seguro de vida” a nombre de la entidad, para cubrir el posible riesgo de quedarse sin cobrar la totalidad de la deuda, en caso de que muriera el deudor?.
Así dice el Señor: “Cuando haya en medio de ti menesteroso...no endurecerás tu corazón, ni cerrarás tu mano contra tu hermano pobre, sino abrirás a él tu mano liberalmente, y en efecto le prestarás lo que necesite. Guárdate de tener en tu corazón pensamiento perverso, diciendo: Cerca está el año séptimo, el de la remisión, y mires con malos ojos a tu hermano menesteroso para no darle; porque él podrá clamar contra ti al Señor, y se te contará por pecado. Sin falta le darás, y no serás de mezquino corazón cuando le des; porque por ello te bendecirá el Señor tu Dios en todos tus hechos, y en todo lo que emprendas” (Deuteronomio 15.7-10).
Si cada siete años, hubiese uno de remisión, en el que las deudas fuesen perdonadas, los contadores se pusieran otra vez a cero, ese pueblo o nación posiblemente carecería de las dos clases sociales mas escandalosas: la de los ricos muy ricos y la de los pobres muy pobres. Y este es el sistema económico que Dios mismo señaló para Israel y, por tanto, el único que cuenta con su manifiesta aceptación y aprobación. El sistema económico capitalista es, desde el principio al fin, un sistema demoníaco, al que sin temor a equivocarnos, podemos atribuirle casi todos los males que aquejan esta tierra. Porque es el sistema adecuado para desarrollar la avaricia y el egoísmo, sustrato de la depravación humana.
Algunos cristianitos ignorantes o maliciosamente interesados, malinterpretan al Señor Jesucristo cuando en algunas pocas parábolas, como en la de los talentos o la del mayordomo sagaz, habló de banqueros e intereses (Lucas 19.12-23 y 16.1-14), pensando que Jesús dio por buenas estas prácticas perversas de la usura en una y del engaño en la otra, sin entender que –siendo judío- el Señor no puede dar por buenas unas prácticas condenadas por la Ley, y que tan sólo se limitó a mostrarnos la perversidad del corazón humano, en el astuto mayordomo previsor y en el exigente amo, que solía exigir el doble de beneficios por los bienes que entregaba a sus siervos para su administración. Porque aun de la maldad humana, pueden extraerse muchas lecciones provechosas: del siervo inútil, su holgazanería, sabiendo cómo se las gastaba su señor (Lucas 19.23), y del mayordomo infiel, su sagacidad, haciendo previsiones para cuando se quedara en el paro (Lucas 16.8).
Jesús no recomendó poner el dinero en el Banco para recibir los intereses. Eso lo sugirió el amo severo y exigente a su siervo holgazán, como lo mínimo que podría haber hecho si no quería trabajar, como hicieron los demás.
Aclarado que estas palabras las pone el Señor en la boca del amo exigente, nos muestran sin embargo, que la Ley respecto a la usura, ya no se cumplía escrupulosamente en los días de Jesús. Existían banqueros, prestamos e intereses bancarios. Todo ello prohibido por el Señor. Tal vez por ello, los “publicanos” llegaron a ser tan odiados y despreciados por la gente, porque además de servir de recaudadores de impuestos para el Romano invasor, también practicaban el préstamo con interés prohibido en la Ley del Señor. Quizá, fuera debido a que estas prácticas capitalistas fueran introducidas en Israel por el Imperio Romano que le conquistó, o incluso proviniesen de mucho mas atrás, de los días de su deportación a Babilonia. Y es que, de otra manera es inconcebible, el Capitalismo en cualquier fase de su desarrollo, necesita de un Imperio para su implantación y sostenimiento.
No cabe duda que, en su actual fase y desarrollo, la mas terrorífica de la historia, aunque los capitalistas dirían que la mejor, ha sido el Imperio Americano su mas ardiente impulsor y defensor. Por ello es que los males del capitalismo, deben ser atribuidos a dicho Imperio, al que tanto Dios como la Historia, juzgará en breve tiempo: el que falte para la Venida del Señor.
Por si alguien no nos ha entendido, volveremos a decir que el préstamo no está prohibido en las Escrituras, sino todo lo contrario: está recomendado prestar, porque ello muestra un alma generosa que ayuda a otro a salir de un bache o situación penosa. La Biblia da el título de hombre justo al que no cayere en idolatría, ni en fornicación, “ni oprimiere a ninguno”, uno “que no cometiere robo”, “que diere su pan al hambriento y cubriere al desnudo con vestido, que no prestare a interés ni tomare usura”(Ezequiel 18.6-8); en cambio llama impío (vers.20) a quien “al pobre y al menesteroso oprimiere, cometiere robos,...prestare a interés y tomare usura; ¿vivirá éste?. No vivirá. Todas estas abominaciones hizo...su sangre será sobre él” (Ezequiel 18.12-13). La usura y el interés es lo que la Biblia prohibe, no el préstamo. Es decir: la Palabra de Dios considera pecado y abominación (162 Y 162 BIS) a lo que es la base misma sobre la que se asienta el Capitalismo: el interés bancario, en el que se diluyen los demás intereses, usuras, ganancias y beneficios personales de todos cuantos invierten sus bienes en este sacrílego negocio de comprar dinero barato, para luego, venderlo caro, por cuanto esto es la mayor opresión que se puede ejercer sobre el hombre, porque puede llegar a causar la pobreza y ruina de generaciones enteras, incluso de países ricos en reservas naturales, que deberán ser destinadas a pagar los intereses de la deuda. Parece mentira que sea precisamente en los países donde mas se ha divulgado la Biblia, en donde mas haya crecido esta mala yerba. ¿Cómo es posible que no fueran capaces de intuir hasta dónde el préstamo con interés podría llevar a la humanidad?. No hay un solo tema de la teología sobre el que no existan tomos enteros de predicadores y teólogos, aunque sean controvertidos entre sí. Sin embargo, casi todos, pasan de puntillas sobre temas conflictivos como la propiedad de la tierra y el precio e interés del dinero. Sin duda que estaban influidos por Marción y no tenían claro, al menos, cuáles leyes ceremoniales quedarían abolidas por la persona y la obra de Jesucristo, y cuáles tenían el sello de perennidad sobre cada jota y tilde, sobre cada acento, hasta que el cielo y la tierra perezcan: “..hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido” (Mateo 5.18). O, lo mas probable, una segunda posibilidad: Ya estaba causando bastantes dificultades la revolución teológica, como para alentar otra revolución, la social, temida –pienso- tanto por católicos como por reformados.
De todas formas, las deudas de estos países han sido acrecentadas artificialmente por los “ingenieros económicos”, mediante la creación de ingeniosos productos bancarios, basados en la especulación o juego de números que nos tiene atrapados a todos, en mayor o menor medida, y no deben pagarse. Quienes usaron el interés y el engaño para enriquecerse, no merecen el sacrificio que la honradez de los engañados hace para pagarles.
Bueno es, como dice la Escritura, vivir sin deudas: “no debáis nada a nadie”(Romanos 13.8), y “si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estar en paz con todos los hombres” (Romanos 12.18). Lo que conlleva austeridad en el modo de vivir, y tranquilidad de sueño. Pero si los trejemanejes bancarios o financieros en general, multiplican la deuda de los pobres, bueno será también que quien en ellos no tuvo parte, se nieguen a devolver cien, a quienes sólo nos prestaron cincuenta o treinta. La ley de Dios prohibe tales truhanerías y también debieran prohibirlas, como lógico reflejo, las leyes de los hombres. Mas como el Capitalismo se yergue sobre ambas, creando sus propias leyes, que transgreden cuando lo consideran oportuno, quedan exonerados de culpa los hombres que se nieguen a doblegarse ante ellas. No hay razones escriturales, racionales ni filosóficas que nos obliguen a la sumisión. Sólo hay una única razón que nos pueda obligar: la razón de la fuerza.
Quienes esperamos la venida del Reino de Dios a la tierra, sabemos que el Capitalismo será uno de los mayores enemigos que vencer. Por eso no estamos en condiciones, dado su inmenso poder, de rechazar la ayuda de quienes esto, como los creyentes, también pretendan, aunque difieran de los cristianos libres en otros aspectos. Esto es lo que en política se ha venido en llamar “compañeros de viaje”. Bien. Pero esto es también lo que vemos practicar a las reputadas y honorables iglesias del sistema. Ahí está el Ecumenismo creciente entre ellas e incluso también con las demás religiones no cristianas. ¿Por qué se nos acusará a nosotros de lo que ellas practican sin sonrojo ni vergüenza?. Las iglesias han buscado, obtenido y ejercido el poder. Las religiones diversas también. Son todas ellas organizaciones religiosas del sistema. Sólo las iglesias de Jesucristo, compuestas por cristianos libres, se han opuesto al sistema, negándole obediencia y sumisión por lo que, llamados con diferentes nombres en la historia, fueron cruelmente perseguidos hasta el exterminio unas veces, o hasta su incorporación al sistema, otras.
Pero siempre estuvieron donde debieron estar y en la situación que Cristo, su Cabeza, su única Cabeza, las quiso colocar. Las puertas del Hades no prevalecieron contra ellas. Sin organización visible, sin poder político alguno, sin dinero y sin propiedades materiales, sin ostentosos Templos ni edificios, sin influencia socialmente perceptible, sin censos, en el anonimato absoluto; pero la gracia de Dios y el poder del Espíritu las levantaba, sostenía, trasladaba, esparcía o reunía, según el criterio insondable de su voluntad.
Siempre cumplieron con su tarea de anunciar el Evangelio del Reino y estuvieron atentas a las profecías al respecto. En ocasiones, los hechos se parecían tanto a los profetizados que, llegaron a confundirse, pensando que el Reino de Dios llegaría en breve. Nunca cayeron en la trampa satánica de dar fechas, y la mayoría de los hechos que se les atribuyó, fueron deformados a propósito, por sus opositores o detractores, que solían tratarlos de “iluminados” o de cualquiera otra manera que les hicieran aparecer ante la sociedad, ante el sistema, como locos o fanáticos, buscando su desprestigio.
Los relatos de algunos de estos movimientos que se dieron en algunos países europeos, nos han llegado escritos por sus enemigos, por lo que hay que leerlos con suma precaución.
No hay por qué creerse todo lo que se nos ha dicho, por ejemplo, de los pobres de Lyon, lollardos, hussitas, valdenses, anabaptistas, menonitas, moravos, etc, como tampoco hay que aceptar cuanto el sistema nos cuente de las actuales iglesias de la tan denostada “teología de la liberación”. El sistema y las iglesias que lo sostienen, y en él se encuentran a gusto, suelen ser proclives a etiquetar con rapidez, todo lo que no asimilan y ni siquiera quieren estudiar, para mejor conocer. El método de etiquetarlo todo, suele ser efectivo para su propia clientela que, una vez leída la etiqueta, la acepta sin rechistar y se olvida de cualquier posible inquietud inicial que tuvieren sobre el tema.
Las iglesias de Jesucristo tuvieron tantas y tan injustas etiquetas, que no creo que les importe las que hoy puedan o quieran ponerle. No así las iglesias del sistema, que en esto suelen hilar muy fino, hasta el punto de que por un adjetivo u otro, organizan toda una escisión o nueva organización eclesiástica.
A los cristianos libres, estas cosas dejaron de preocuparnos hace tiempo. Sin prestigio eclesiástico que mantener, ni tampoco pretenderlo, sólo nos preocupa el Reino de los cielos que viene y el allanar su camino, removiendo todos los obstáculos y piedras que nuestras fuerzas puedan quitar a su paso.
Y este menester nos encontraremos con otros, que quizá no esperan el Reino, porque nadie les anunció que tal Reino de Dios llegaría, pero que buscan la Justicia, cualidad ésta del Reino que los cristianos esperamos. No nos importará andar junto a ellos, en su compañía, buena parte de ese camino, y unir nuestras fuerzas a las suyas, para remover algunos obstáculos. Les testificaremos del Reino de Dios que viene para quedarse definitivamente en la tierra, llenándola de Justicia y Paz. Con toda seguridad que serán pobres, porque los ricos no buscan justicia alguna. Por ello, con casi total seguridad, les ganaremos para el Reino que el Señor tiene preparado para ellos.
No nos preocupa que sean comunistas, socialistas, sandinistas, bolivarianos, anarquistas o cualquiera otra etiqueta que lleven, falsas o verdaderas. Son tan pocos los que sueñan con cambiar el mundo, que no vamos a exigir a los que hallemos, certificado de buena creencia o de buena conducta. Entre otras cosas, porque ésa no es la misión de la iglesia de Jesucristo precursora del Reino, sino –en todo caso- sería la función que a sí mismas se atribuyen las iglesias del sistema, servidoras y amigas del Capitalismo, que entorpece la venida del Reino de Dios.
Tampoco los cristianos libres somos muchos, aunque cada día surgen mas, donde menos te lo esperas. Ni tampoco luchan de la misma manera. Cada uno lo hace según la visión que de Dios haya recibido, según sus fuerzas y circunstancias. Pero todos están en la misma guerra contra el mal y el sistema demoníaco que lo sustenta. Unos lo hacen en primera línea, en barrios marginales o en lugares lejanos, otros apoyando cambios sociales apoyados por las diferentes izquierdas políticas (156 a la 160) u organizaciones sociales. Unos, ya fueron muertos y otros, apenas hemos recibido algunos rasguños sin importancia. El lugar de cada uno, por encima de nuestros deseos, nos lo marca el Señor, a través de las propias circunstancias externas e internas, que él usa en su providencia.
Lo importante no es la trinchera en que estás, que será la que tenga que ser, la que Dios determine para ti, sino que no te duermas y luches. Lo importante es que como cristiano libre, nada ni nadie te compre, te anule o te acobarde, y prediques la venida del Reino de Jesucristo hasta que le veas venir, o hasta que sus ángeles te lleven a él, en el instante en que mueras.
Ya sé que Lucas, cuando Jesús estaba cerca de Jerusalem, dijo de sus discípulos “ellos pensaban que el Reino de Dios se manifestaría inmediatamente” (Lucas 19.11). Evidentemente se equivocaron, como el resto de los judíos que pensaban que cuando el Mesías viniese, el Reino de Dios se manifestaría. Ni los discípulos, ni los judíos entendieron entonces, que primero el Mesías debía ser muerto como el Cordero de Dios, para efectuar la redención de su pueblo y el Reino vendría después; porque si el Mesías no muere primero, ¿cómo podrían ser redimidos?. Pero si hoy creemos que la manifestación del Reino de Dios puede producirse en esta misma generación, nadie nos podrá acusar ni de impacientes, ni de ignorantes, a tenor del cumplimiento veloz que las profecías sobre la llegada del Reino, están teniendo. Quedan pocas por cumplirse y los cambios en el mundo son tan rápidos, que las que faltan, podrían cumplirse en breve.
La cuerda que le queda al mundo es mas bien poca, teniendo en cuenta al ritmo que va. Todos conocemos los continuos llamamientos de los ecologistas a los Gobiernos, que el sistema capitalista silencia o minimiza para no tener que cambiar. Yo no quiero hacer una lista de estas profecías que cada creyente en la Palabra debe estudiar por sí mismo, pero la palabra profética permanente que poseemos, nos alumbrará si estamos atentos y sabemos velar: “ Tenemos..la palabra profética mas segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro....” (2ª Pedro 1.19).
De todas maneras, no seré yo quien discuta sobre estos asuntos. Si alguien puede creer que el Reino de Dios sigue estando lejano en el tiempo, ése será su problema. También conozco a muchos que se consideran cristianos y creen que el Reino de Dios nunca vendrá. Allá cada cual con su creencia. La visión que yo tengo, es que el tiempo de los gentiles, el que la gracia de Dios otorgó a los gentiles para su conversión al Mesías, está llegando a su fin, y que la segunda oportunidad para Israel está cerca, porque cerca está también la destrucción del sistema y país en los que Israel confía. De cualquier forma, la iglesia de Jesucristo ha de seguir su tarea de anunciadora de la salvación que el Mesías consiguió en su primera venida, y de precursora del Reino, que el Mesías traerá en su segunda venida a esta tierra. Aun tendremos que orar diciendo “Venga a nosotros tu Reino”, pero por poco tiempo.
La opresión suele darse siempre en los fuertes y ejercerse contra los débiles. Existe la opresión individual y la colectiva, pero irá también en la misma dirección: el fuerte oprime y el débil es oprimido. La opresión tiene su faceta religiosa, cuando una religión trata de imponerse sobre otra, en razón de su mayoría. Y también existe la opresión política, cuando una ideología hegemónica, oprime a las ideologías minoritarias o cuando un determinado país, conquista y se anexiona a otro mas débil.
La opresión es simplemente la ausencia de libertad en los mas débiles.
El mundo moderno sabe incluso ejercer “opresión consentida” que, suele ser de las peores, ya que supone que el consentimiento anula la opresión.
Toda opresión es en sí misma injusta y el hombre ha de tender a la eliminación de todas ellas..
Sin embargo, nos remitiremos a lo establecido por la “Declaración Universal de los Derechos Humanos”, para asentar el principio de libertad en el que deberían basar todos los pueblos, sus leyes particulares.
Nos referiremos en adelante, principalmente, a la opresión de clases, a la opresión económica ejercida por unos y padecida por otros.
En esta opresión económica, se sustenta la mayoría de los problemas del mundo. Si su eliminación total fuera posible, la tierra estaría mas cerca de convertirse en el paraíso que todos deseamos.
Pero como para muchos, la tierra tal cual hoy es, se les muestra como un verdadero paraíso, no están dispuestos a correr el riesgo de perderlo, renunciando a sus privilegios y ventajas, para hacerlo extensivo al resto de los habitantes del planeta.
“El que monta la burra –decía mi abuelo- no se cansa”. Claro. Los que se cansan, son los que van a pié. Y además, no puede prestar su burra al caminante por un ratito, no sea que se acostumbre y no te la quiera devolver. La única solución posible y la mas justa, sería que cada uno tuviese una burra, aunque no sabemos si el completo de la cabaña equina, daría para efectuar tan hipotético reparto.
Sin embargo, las mentes pensantes, seguro que hallarían una solución, porque la tiene. Lo que no se tiene es voluntad firme para acabar con el problema.
La solución es un reparto equitativo de las riquezas, que conllevaría un nuevo concepto de la Propiedad y una reglamentación justa del Mercado. Esto conllevaría también, la prohibición de la Usura o precio del dinero, que no se podría comprar ni vender, como cualquier otra mercancía. La implantación de toda clase de cooperativas. La propiedad estatal de los medios de producción y la racionalización o uso inteligente del consumo privado y público. Un desarrollo sostenible del planeta. Un mayor peso de la ecología en la acción del hombre. Un tope razonable al capital personal. Una regulación máxima de uno a tres puntos, en todas las diferencias salariales. Obligatoriedad del trabajo en el ámbito privado o público, para el bien común. Y llegados a este punto, le dije a mi buen amigo e interlocutor, tras la taza de café, que parase; por cuanto no era mi propósito desarrollar todo un sistema económico alternativo, sino dar unas sencillas pinceladas socialistas e incluso autogestionarias, que mostrasen al lector , que otro mundo es posible, y otra manera de gestionarlo también, porque el poderoso Sistema Capitalista lleva en sí mismo el germen de la injusticia, del individualismo egoísta, de la destrucción del planeta, de las guerras que lo mutilan, del consumo despilfarrador que lo exprime sin piedad y, lo que es peor: de la enfermedad, muerte y hambre, perfectamente evitables, de la inmensa mayoría de sus habitantes, a quienes lleva el sistema como ovejas al matadero y como tales, calladas, sin resistirse, ellas van. (139,140)
Lo que verdaderamente quiero hacer, es citar unos cuantos pasajes de la Escritura, en los que Dios habla contra la opresión económica de los pobres de la tierra, y anuncia los grandes castigos que tiene reservados para los opresores.
Que los capitalistas y sus compradas iglesias del sistema, crean o no, es asunto suyo. Las iglesias de Jesucristo que salimos del sistema, y nos consideramos libres de sus dogmas y mentiras, con las que hicieron aumentar las riquezas de los ricos y la pobreza de los pobres, tenemos la obligación de anunciar el Reino de los cielos, su pronta implantación en la tierra, como pedimos en el Padrenuestro, y la destrucción del sistema capitalistas y su Becerro de Oro, no sin que antes hayan dado cuenta de cada dólar u euro, que a los pobres se robó.
El sistema capitalista aparece ante muchos como un concepto astral carente de rostro, tan extendido, que la responsabilidad de sus crímenes, está universalmente diluida. Pero no es así. Dios lleva un infalible y preciso registro de cada venta, compra, préstamo, impuesto, comisión, beneficio, especulación oficial o encubierta, en dinero legal o en negro, que se ha hecho en este mundo. También lleva un registro de las instituciones y de los individuos, con nombre y apellidos, que las ejecutaron, y hasta de los beneficios al céntimo, que obtuvieron. Todos serán juzgados. Ni lágrimas, penitencias, ni absoluciones, podrán librar a ninguno de estos vampiros, que chuparon la sangre y la vida de los pobres de la tierra, los cuales son llamados por Jesús “mis hermanos mas pequeños”. Todos, recibirán la justa retribución. Os aseguro que os iría mejor que Dios no existiera. Este es, precisamente, uno de los pilares de mi fe en Dios. Si él no existiera, escaparíais del castigo que merecéis, y la burla a los que habéis oprimido o engañados, sería total e infinita. ¡Sólo por eso, tiene que existir Dios!.
Zaqueo, un publicano y rico prestamista, en cuya casa entró a cenar Jesús, “puesto en pié dijo: He aquí, Señor, que la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguien, se lo devuelvo cuadruplicado” (Lucas 19.8). Pero muchos de vosotros, con cuatro donativos que habéis dado a vuestras iglesias, no a los pobres, ya queréis ser justificados. ¿Pensáis que escaparéis al Juicio de Dios?. No. Lo que os gustaría es que Dios no existiera, y así no tuvierais que darle cuentas.
El Reino de los cielos, que nos encomendó predicar el Señor, viene. Lentamente, según algunos, pero viene. Los acontecimientos proféticos se amontonan, se suceden vertiginosamente. Si no os coge vivos, os cogerá muertos; pero os cogerá y no escaparéis. Dice la Escritura:
“El que oprime al pobre, afrenta a su Hacedor; mas el que tiene misericordia del pobre, lo honra” (Proverbios 14.31).
“No robes al pobre, porque es pobre, ni quebrantes en la puerta al afligido; porque el Señor juzgará la causa de ellos, y despojará el alma de aquellos que los despojaren” (Proverbios 22.22,23).
“el que se apresura a enriquecerse no será sin culpa” (Proverbios 28.20).
“Hay generación cuyos dientes son espadas, y sus muelas cuchillos, para devorar a los pobres de la tierra, y a los mentirosos de entre los hombres” (Proverbios 30.14).
“Si opresión de los pobres y perversión del derecho y de justicia vieres en la provincia, no te maravilles de ello; porque sobre el alto, vigila otro mas alto, y uno mas alto está sobre ello”. (Eclesiastés 5.8).
“porque vosotros habéis devorado la viña, y el despojo del pobre está en vuestras casas.¿Qué pensáis vosotros que majáis a mi pueblo y moléis las caras de los pobres?. Dice el Señor, Jehová de los ejércitos.” (Isaías 3.14,15).
“¡Ay de los que dictan leyes injustas, y prescriben tiranía, para apartar del juicio a los pobres, y para quitar el derecho a los afligidos...para despojar a las viudas, y robar a los huérfanos!¿Y qué haréis en el día del castigo?” (Isaías 10.1-3).
“Se engordaron y se pusieron lustrosos...no juzgaron la causa del huérfano; con todo, se hicieron prósperos, y la causa de los pobres no juzgaron. ¿No castigaré esto?, dice el Señor; ¿y de tal gente no se vengará mi alma?” (Jeremías 5.28,29).
“Oíd esto, los que explotáis a los menesterosos, y arruináis a los pobres de la tierra, diciendo ¿cuándo pasará el mes y venderemos el trigo...y achicaremos la medida, y subiremos el precio, y falsearemos con engaño la balanza...?..El Señor juró por la gloria de Jacob. No me olvidaré jamás de todas sus obras” (Amós 8.4,5,7).
De estas Santas Escrituras deducimos:
1.- Que la opresión del pobre es una afrenta contra Dios. O sea: Dios se toma en serio a los oprimidos de la tierra y a sus opresores, que tratará como a quienes le afrentan a él. Una afrenta es una injuria. Casi una blasfemia.
2.- Si es cierto el refrán de que “el que roba a un ladrón, tiene cien años de perdón”, el que roba al pobre, ¿cómo podrá ser perdonado?.
3.- La prisa por hacerse mas rico, te impedirá ver si tus métodos son buenos y justos o si no lo son. Por tanto, quien no se para a pensar en lo que invierte, lo hará equivocadamente, perjudicando a alguien. Las prisas por prosperar, te pueden llevar a cometer injusticias. Las prisas, suelen conllevar culpa. Y las culpas, Dios las cobra.
4.- Hay gente especialmente preparada para devorar a los mas necesitados, crédulos y débiles. Su castigo será mayor que si se dedicasen al atraco de Bancos.
5.- La opresión de los pobres con soborno de los jueces o de los que favorecen al opresor, es cosa habitual en el mundo. No llegan ni siquiera a juicio estas fechorías, pero el Alto que está en el cielo, las conoce todas, y ninguna quedará sin castigo.
6.- Al recolectar trigo, aceitunas, uvas, etc, no debían apurar mucho. La Ley del Señor mandaba dejar espigas, racimos, para que fueran recogidos por los pobres de la tierra. Habiendo rastreado totalmente sus viñas y llevado el despojo a sus casas, habían cometido grave pecado. El concepto de “optimizar los recursos” es muy capitalista, pero denota avaricia, porque los pobres no podrán rebuscar las sobras de tu cosecha y las necesitan para comer. Esto será castigado por el Señor.
7.- Hacer leyes injustas o dictar órdenes tan sólo porque se tiene poder para hacerlo, perjudicando a los menesterosos y dejándolos sin derecho a defensa, es cosa horrible que será castigada por el Señor.
8.- Los que en su prosperidad no atienden a los menesterosos ni escuchan sus razones, serán también considerados opresores, simplemente por no atender sus quejas.
9.- Los comerciantes que acumulan para provocar escasez y luego subir los precios, que falsean las balanzas o engañan con la calidad de su mercancía, son considerados explotadores y las riquezas así obtenidas, robos a los pobres y al Señor. Dios no olvidará estas actuaciones.
El Reino de los cielos está contra toda clase de opresión. Debe denunciarla encarándose contra el opresor. Cristo vino a quitar todo yugo y toda opresión. Sus seguidores deben seguirle también en esto. Toda opresión retarda el Reino de Dios. Todo opresor es injusto, sea un individuo, una nación, una religión, un sistema económico basado en la usura. Toda opresión es del diablo y la liberación es de Dios. La iglesia de Jesucristo debe luchar contra todo tipo de cadenas y contra todos los yugos que esclavizan al débil, pobre y menesteroso.
El Sistema Económico llamado Capitalismo, lleva en sí mismo la opresión, que es la base de su existencia. La Biblia nunca apoyó tal sistema inhumano y nos da algunas pautas, muy sencillas que, de haberlas seguido la Humanidad, sobre todo la parte de ella que se consideró cristiana, nunca habría llegado a instalarse en el mundo como sistema económico único o hegemónico.
Hace muchísimos años que Moisés escribió estas palabras: “No recibirás presente; porque el presente ciega a los que ven, y pervierte las palabras de los justos” (Éxodo 23.8).
El regalo, el obsequio, el presente, recibido a causa de un juicio o de una operación comercial, antes, durante o después del proceso judicial o económico, tapa los ojos de los que ven y pervierten las palabras de los justos, dando razones inválidas para justificar la posición judicial o económica condicionada por el “presente”. Aquí se condenan por igual el soborno o cohecho y las modernamente llamadas “comisiones”, omnipresentes en toda operación comercial. Estas cosas son llamadas impías por el Señor, donde quiera que estas palabras se repiten en la Escritura, en Levítico y en Deuteronomio.
“Y no angustiarás al extranjero; porque vosotros sabéis cómo es el alma del extranjero, ya que extranjero fuisteis en la tierra de Egipto” (Éxodo 23.9).
La opresión al extranjero ha sido la base sobre la que el Capitalismo se ha asentado en muchas naciones. Así se asentó en Egipto, oprimiendo a los israelitas y otros pueblos esclavos. Así, literalmente se asentó en Latinoamérica, esclavizando a los aborígenes y así se asentó en los países de la Confederación del Sur de los Estados Unidos, con la opresión literal de los esclavos negros. Israel, teniendo esta experiencia de opresión nacional, no debía hacer con otros como hicieron con él, porque “conocía el alma del extranjero”.
Mas modernamente, la opresión a los extranjeros denominados “emigrantes”, asentó las bases económico-capitalistas de países como Francia, Alemania y Suiza. Por eso, esta opresión o explotación del emigrante, es cosa impía a los ojos del Señor, y práctica común del sistema Capitalista.
“Seis años sembrarás tu tierra, y recogerás su cosecha; mas el séptimo año la dejarás libre, para que coman los pobres de tu pueblo; y de lo que quedare comerán las bestias del campo; así harás con tu viña y con tu olivar” (Éxodo 23.10,11).
Además de ser una buena medida ecológica que regenera los campos de labranza, los pobres tendrán para cosechar y de lo que les sobrare, los mismos animales salvajes encontrarían alimento. Las ideas capitalistas de la superexplotación u “optimización de los recursos”, son ajenas a la Escritura y constituyen también impiedad.
Simplemente practicando estos deberes : rechazo de comisiones, de la explotación del emigrante, y la extenuación de los cultivos, el Capitalismo no hubiera dominado la tierra, ni su brutal filosofía se habría impuesto en el mundo.
Pero además, el Señor prohibe practicar el logro económico o la usura:
trabaja para ti o que te sirve), " no te portarás con él como logrero, ni le impondrás usura” (Éxodo 22.25).
Y esta es sin duda, la base del Capitalismo: el logro, la usura, el beneficio que el prestador obtiene por lo prestado. Sin esta base, el Capitalismo no podría sostenerse un segundo.
Pero además, las Escrituras establecieron “el año de remisión”, el séptimo tras cada seis, como año de perdón de las deudas. Incluso cuando uno pudiera llegar a venderse a otro, sirviéndole como criado, llegado el año de remisión tenía que salir libre. Y si esta ley, cerraba el corazón de algunos, pensando que el año de remisión estaba cerca y por tanto, no cobraría la deuda completa, y por ello se negase a prestarle, El Señor califica esta precaución de “perversa”. ¿Cómo calificaría a la Banca que hace tomar al acreedor un “seguro de vida” a nombre de la entidad, para cubrir el posible riesgo de quedarse sin cobrar la totalidad de la deuda, en caso de que muriera el deudor?.
Así dice el Señor: “Cuando haya en medio de ti menesteroso...no endurecerás tu corazón, ni cerrarás tu mano contra tu hermano pobre, sino abrirás a él tu mano liberalmente, y en efecto le prestarás lo que necesite. Guárdate de tener en tu corazón pensamiento perverso, diciendo: Cerca está el año séptimo, el de la remisión, y mires con malos ojos a tu hermano menesteroso para no darle; porque él podrá clamar contra ti al Señor, y se te contará por pecado. Sin falta le darás, y no serás de mezquino corazón cuando le des; porque por ello te bendecirá el Señor tu Dios en todos tus hechos, y en todo lo que emprendas” (Deuteronomio 15.7-10).
Si cada siete años, hubiese uno de remisión, en el que las deudas fuesen perdonadas, los contadores se pusieran otra vez a cero, ese pueblo o nación posiblemente carecería de las dos clases sociales mas escandalosas: la de los ricos muy ricos y la de los pobres muy pobres. Y este es el sistema económico que Dios mismo señaló para Israel y, por tanto, el único que cuenta con su manifiesta aceptación y aprobación. El sistema económico capitalista es, desde el principio al fin, un sistema demoníaco, al que sin temor a equivocarnos, podemos atribuirle casi todos los males que aquejan esta tierra. Porque es el sistema adecuado para desarrollar la avaricia y el egoísmo, sustrato de la depravación humana.
Algunos cristianitos ignorantes o maliciosamente interesados, malinterpretan al Señor Jesucristo cuando en algunas pocas parábolas, como en la de los talentos o la del mayordomo sagaz, habló de banqueros e intereses (Lucas 19.12-23 y 16.1-14), pensando que Jesús dio por buenas estas prácticas perversas de la usura en una y del engaño en la otra, sin entender que –siendo judío- el Señor no puede dar por buenas unas prácticas condenadas por la Ley, y que tan sólo se limitó a mostrarnos la perversidad del corazón humano, en el astuto mayordomo previsor y en el exigente amo, que solía exigir el doble de beneficios por los bienes que entregaba a sus siervos para su administración. Porque aun de la maldad humana, pueden extraerse muchas lecciones provechosas: del siervo inútil, su holgazanería, sabiendo cómo se las gastaba su señor (Lucas 19.23), y del mayordomo infiel, su sagacidad, haciendo previsiones para cuando se quedara en el paro (Lucas 16.8).
Jesús no recomendó poner el dinero en el Banco para recibir los intereses. Eso lo sugirió el amo severo y exigente a su siervo holgazán, como lo mínimo que podría haber hecho si no quería trabajar, como hicieron los demás.
Aclarado que estas palabras las pone el Señor en la boca del amo exigente, nos muestran sin embargo, que la Ley respecto a la usura, ya no se cumplía escrupulosamente en los días de Jesús. Existían banqueros, prestamos e intereses bancarios. Todo ello prohibido por el Señor. Tal vez por ello, los “publicanos” llegaron a ser tan odiados y despreciados por la gente, porque además de servir de recaudadores de impuestos para el Romano invasor, también practicaban el préstamo con interés prohibido en la Ley del Señor. Quizá, fuera debido a que estas prácticas capitalistas fueran introducidas en Israel por el Imperio Romano que le conquistó, o incluso proviniesen de mucho mas atrás, de los días de su deportación a Babilonia. Y es que, de otra manera es inconcebible, el Capitalismo en cualquier fase de su desarrollo, necesita de un Imperio para su implantación y sostenimiento.
No cabe duda que, en su actual fase y desarrollo, la mas terrorífica de la historia, aunque los capitalistas dirían que la mejor, ha sido el Imperio Americano su mas ardiente impulsor y defensor. Por ello es que los males del capitalismo, deben ser atribuidos a dicho Imperio, al que tanto Dios como la Historia, juzgará en breve tiempo: el que falte para la Venida del Señor.
Por si alguien no nos ha entendido, volveremos a decir que el préstamo no está prohibido en las Escrituras, sino todo lo contrario: está recomendado prestar, porque ello muestra un alma generosa que ayuda a otro a salir de un bache o situación penosa. La Biblia da el título de hombre justo al que no cayere en idolatría, ni en fornicación, “ni oprimiere a ninguno”, uno “que no cometiere robo”, “que diere su pan al hambriento y cubriere al desnudo con vestido, que no prestare a interés ni tomare usura”(Ezequiel 18.6-8); en cambio llama impío (vers.20) a quien “al pobre y al menesteroso oprimiere, cometiere robos,...prestare a interés y tomare usura; ¿vivirá éste?. No vivirá. Todas estas abominaciones hizo...su sangre será sobre él” (Ezequiel 18.12-13). La usura y el interés es lo que la Biblia prohibe, no el préstamo. Es decir: la Palabra de Dios considera pecado y abominación (162 Y 162 BIS) a lo que es la base misma sobre la que se asienta el Capitalismo: el interés bancario, en el que se diluyen los demás intereses, usuras, ganancias y beneficios personales de todos cuantos invierten sus bienes en este sacrílego negocio de comprar dinero barato, para luego, venderlo caro, por cuanto esto es la mayor opresión que se puede ejercer sobre el hombre, porque puede llegar a causar la pobreza y ruina de generaciones enteras, incluso de países ricos en reservas naturales, que deberán ser destinadas a pagar los intereses de la deuda. Parece mentira que sea precisamente en los países donde mas se ha divulgado la Biblia, en donde mas haya crecido esta mala yerba. ¿Cómo es posible que no fueran capaces de intuir hasta dónde el préstamo con interés podría llevar a la humanidad?. No hay un solo tema de la teología sobre el que no existan tomos enteros de predicadores y teólogos, aunque sean controvertidos entre sí. Sin embargo, casi todos, pasan de puntillas sobre temas conflictivos como la propiedad de la tierra y el precio e interés del dinero. Sin duda que estaban influidos por Marción y no tenían claro, al menos, cuáles leyes ceremoniales quedarían abolidas por la persona y la obra de Jesucristo, y cuáles tenían el sello de perennidad sobre cada jota y tilde, sobre cada acento, hasta que el cielo y la tierra perezcan: “..hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido” (Mateo 5.18). O, lo mas probable, una segunda posibilidad: Ya estaba causando bastantes dificultades la revolución teológica, como para alentar otra revolución, la social, temida –pienso- tanto por católicos como por reformados.
De todas formas, las deudas de estos países han sido acrecentadas artificialmente por los “ingenieros económicos”, mediante la creación de ingeniosos productos bancarios, basados en la especulación o juego de números que nos tiene atrapados a todos, en mayor o menor medida, y no deben pagarse. Quienes usaron el interés y el engaño para enriquecerse, no merecen el sacrificio que la honradez de los engañados hace para pagarles.
Bueno es, como dice la Escritura, vivir sin deudas: “no debáis nada a nadie”(Romanos 13.8), y “si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estar en paz con todos los hombres” (Romanos 12.18). Lo que conlleva austeridad en el modo de vivir, y tranquilidad de sueño. Pero si los trejemanejes bancarios o financieros en general, multiplican la deuda de los pobres, bueno será también que quien en ellos no tuvo parte, se nieguen a devolver cien, a quienes sólo nos prestaron cincuenta o treinta. La ley de Dios prohibe tales truhanerías y también debieran prohibirlas, como lógico reflejo, las leyes de los hombres. Mas como el Capitalismo se yergue sobre ambas, creando sus propias leyes, que transgreden cuando lo consideran oportuno, quedan exonerados de culpa los hombres que se nieguen a doblegarse ante ellas. No hay razones escriturales, racionales ni filosóficas que nos obliguen a la sumisión. Sólo hay una única razón que nos pueda obligar: la razón de la fuerza.
Quienes esperamos la venida del Reino de Dios a la tierra, sabemos que el Capitalismo será uno de los mayores enemigos que vencer. Por eso no estamos en condiciones, dado su inmenso poder, de rechazar la ayuda de quienes esto, como los creyentes, también pretendan, aunque difieran de los cristianos libres en otros aspectos. Esto es lo que en política se ha venido en llamar “compañeros de viaje”. Bien. Pero esto es también lo que vemos practicar a las reputadas y honorables iglesias del sistema. Ahí está el Ecumenismo creciente entre ellas e incluso también con las demás religiones no cristianas. ¿Por qué se nos acusará a nosotros de lo que ellas practican sin sonrojo ni vergüenza?. Las iglesias han buscado, obtenido y ejercido el poder. Las religiones diversas también. Son todas ellas organizaciones religiosas del sistema. Sólo las iglesias de Jesucristo, compuestas por cristianos libres, se han opuesto al sistema, negándole obediencia y sumisión por lo que, llamados con diferentes nombres en la historia, fueron cruelmente perseguidos hasta el exterminio unas veces, o hasta su incorporación al sistema, otras.
Pero siempre estuvieron donde debieron estar y en la situación que Cristo, su Cabeza, su única Cabeza, las quiso colocar. Las puertas del Hades no prevalecieron contra ellas. Sin organización visible, sin poder político alguno, sin dinero y sin propiedades materiales, sin ostentosos Templos ni edificios, sin influencia socialmente perceptible, sin censos, en el anonimato absoluto; pero la gracia de Dios y el poder del Espíritu las levantaba, sostenía, trasladaba, esparcía o reunía, según el criterio insondable de su voluntad.
Siempre cumplieron con su tarea de anunciar el Evangelio del Reino y estuvieron atentas a las profecías al respecto. En ocasiones, los hechos se parecían tanto a los profetizados que, llegaron a confundirse, pensando que el Reino de Dios llegaría en breve. Nunca cayeron en la trampa satánica de dar fechas, y la mayoría de los hechos que se les atribuyó, fueron deformados a propósito, por sus opositores o detractores, que solían tratarlos de “iluminados” o de cualquiera otra manera que les hicieran aparecer ante la sociedad, ante el sistema, como locos o fanáticos, buscando su desprestigio.
Los relatos de algunos de estos movimientos que se dieron en algunos países europeos, nos han llegado escritos por sus enemigos, por lo que hay que leerlos con suma precaución.
No hay por qué creerse todo lo que se nos ha dicho, por ejemplo, de los pobres de Lyon, lollardos, hussitas, valdenses, anabaptistas, menonitas, moravos, etc, como tampoco hay que aceptar cuanto el sistema nos cuente de las actuales iglesias de la tan denostada “teología de la liberación”. El sistema y las iglesias que lo sostienen, y en él se encuentran a gusto, suelen ser proclives a etiquetar con rapidez, todo lo que no asimilan y ni siquiera quieren estudiar, para mejor conocer. El método de etiquetarlo todo, suele ser efectivo para su propia clientela que, una vez leída la etiqueta, la acepta sin rechistar y se olvida de cualquier posible inquietud inicial que tuvieren sobre el tema.
Las iglesias de Jesucristo tuvieron tantas y tan injustas etiquetas, que no creo que les importe las que hoy puedan o quieran ponerle. No así las iglesias del sistema, que en esto suelen hilar muy fino, hasta el punto de que por un adjetivo u otro, organizan toda una escisión o nueva organización eclesiástica.
A los cristianos libres, estas cosas dejaron de preocuparnos hace tiempo. Sin prestigio eclesiástico que mantener, ni tampoco pretenderlo, sólo nos preocupa el Reino de los cielos que viene y el allanar su camino, removiendo todos los obstáculos y piedras que nuestras fuerzas puedan quitar a su paso.
Y este menester nos encontraremos con otros, que quizá no esperan el Reino, porque nadie les anunció que tal Reino de Dios llegaría, pero que buscan la Justicia, cualidad ésta del Reino que los cristianos esperamos. No nos importará andar junto a ellos, en su compañía, buena parte de ese camino, y unir nuestras fuerzas a las suyas, para remover algunos obstáculos. Les testificaremos del Reino de Dios que viene para quedarse definitivamente en la tierra, llenándola de Justicia y Paz. Con toda seguridad que serán pobres, porque los ricos no buscan justicia alguna. Por ello, con casi total seguridad, les ganaremos para el Reino que el Señor tiene preparado para ellos.
No nos preocupa que sean comunistas, socialistas, sandinistas, bolivarianos, anarquistas o cualquiera otra etiqueta que lleven, falsas o verdaderas. Son tan pocos los que sueñan con cambiar el mundo, que no vamos a exigir a los que hallemos, certificado de buena creencia o de buena conducta. Entre otras cosas, porque ésa no es la misión de la iglesia de Jesucristo precursora del Reino, sino –en todo caso- sería la función que a sí mismas se atribuyen las iglesias del sistema, servidoras y amigas del Capitalismo, que entorpece la venida del Reino de Dios.
Tampoco los cristianos libres somos muchos, aunque cada día surgen mas, donde menos te lo esperas. Ni tampoco luchan de la misma manera. Cada uno lo hace según la visión que de Dios haya recibido, según sus fuerzas y circunstancias. Pero todos están en la misma guerra contra el mal y el sistema demoníaco que lo sustenta. Unos lo hacen en primera línea, en barrios marginales o en lugares lejanos, otros apoyando cambios sociales apoyados por las diferentes izquierdas políticas (156 a la 160) u organizaciones sociales. Unos, ya fueron muertos y otros, apenas hemos recibido algunos rasguños sin importancia. El lugar de cada uno, por encima de nuestros deseos, nos lo marca el Señor, a través de las propias circunstancias externas e internas, que él usa en su providencia.
Lo importante no es la trinchera en que estás, que será la que tenga que ser, la que Dios determine para ti, sino que no te duermas y luches. Lo importante es que como cristiano libre, nada ni nadie te compre, te anule o te acobarde, y prediques la venida del Reino de Jesucristo hasta que le veas venir, o hasta que sus ángeles te lleven a él, en el instante en que mueras.
Ya sé que Lucas, cuando Jesús estaba cerca de Jerusalem, dijo de sus discípulos “ellos pensaban que el Reino de Dios se manifestaría inmediatamente” (Lucas 19.11). Evidentemente se equivocaron, como el resto de los judíos que pensaban que cuando el Mesías viniese, el Reino de Dios se manifestaría. Ni los discípulos, ni los judíos entendieron entonces, que primero el Mesías debía ser muerto como el Cordero de Dios, para efectuar la redención de su pueblo y el Reino vendría después; porque si el Mesías no muere primero, ¿cómo podrían ser redimidos?. Pero si hoy creemos que la manifestación del Reino de Dios puede producirse en esta misma generación, nadie nos podrá acusar ni de impacientes, ni de ignorantes, a tenor del cumplimiento veloz que las profecías sobre la llegada del Reino, están teniendo. Quedan pocas por cumplirse y los cambios en el mundo son tan rápidos, que las que faltan, podrían cumplirse en breve.
La cuerda que le queda al mundo es mas bien poca, teniendo en cuenta al ritmo que va. Todos conocemos los continuos llamamientos de los ecologistas a los Gobiernos, que el sistema capitalista silencia o minimiza para no tener que cambiar. Yo no quiero hacer una lista de estas profecías que cada creyente en la Palabra debe estudiar por sí mismo, pero la palabra profética permanente que poseemos, nos alumbrará si estamos atentos y sabemos velar: “ Tenemos..la palabra profética mas segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro....” (2ª Pedro 1.19).
De todas maneras, no seré yo quien discuta sobre estos asuntos. Si alguien puede creer que el Reino de Dios sigue estando lejano en el tiempo, ése será su problema. También conozco a muchos que se consideran cristianos y creen que el Reino de Dios nunca vendrá. Allá cada cual con su creencia. La visión que yo tengo, es que el tiempo de los gentiles, el que la gracia de Dios otorgó a los gentiles para su conversión al Mesías, está llegando a su fin, y que la segunda oportunidad para Israel está cerca, porque cerca está también la destrucción del sistema y país en los que Israel confía. De cualquier forma, la iglesia de Jesucristo ha de seguir su tarea de anunciadora de la salvación que el Mesías consiguió en su primera venida, y de precursora del Reino, que el Mesías traerá en su segunda venida a esta tierra. Aun tendremos que orar diciendo “Venga a nosotros tu Reino”, pero por poco tiempo.
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