(Óleo de mi Galería)
Jesús nos libera de las Iglesias Institucionales, de Cleros, del Capitalismo, del Militarismo, del Consumismo, de la Pobreza, del Mal y de toda Opresión.
"Si el Hijo os libertare, sereis verdaderamente libres" (Juan 8.36).
29-EL REINO DE LOS CIELOS Y LA EVANGELIZACIÓN
Nos acusarán de milenaristas, iluminados, pietistas, nuevo ejército de los santos, emuladores del de Cromwell, profetistas, dispensacionalistas y de sabe Dios cuantas cosas mas. Siendo cristianos libres, fuera de las iglesias institucionales del sistema, hemos de ser precursores del Reino de los cielos. Jamás podrán las iglesias de Jesucristo, dar fechas de ninguna clase, ni tratar de establecer un orden cronológico exacto de los muchos acontecimientos que sobrevendrán. Solamente nos toca afirmar la certeza de su retorno para establecer su Reino; pero sin dejar de ser iglesia, sin abandonar el mensaje de la salvación por gracia, por medio de la fe, llevada a cabo por el único e irrepetible sacrificio de Cristo en la cruz, y sellada por su resurrección de entre los muertos, garantía de la nuestra propia y señal de la completa satisfacción de la Justicia divina, que nos libera del poder del pecado y su efecto mas fulminante: la muerte y la condenación.
Siendo iglesia, jamás podremos dejar de anunciar esta Buena Nueva de salvación, bautizando a quienes la crean y a sus hijos, herederos de las mismas promesas y parte integrante del rebaño, que tiene a Jesucristo como su único y Buen Pastor. (Nota 130)
Celebrando el banquete de la Comunión con Cristo y con cuantos creen en él, sin dejar a nadie fuera, por cuanto la Mesa es del Señor, que es el anfitrión y quien invita, no sólo en “su memoria”, sino también en su promesa de volverla a celebrar con él, en su Reino.
Pertenecer a la iglesia de Jesucristo, exige creer en su Persona y en su Palabra. Las iglesias de Jesucristo no son grupos de personas con creencias heterogéneas y dispares. Las iglesias de Jesucristo tienen un cuerpo de doctrinas bien definido, emanante de las Escrituras y, plasmado históricamente en las Confesiones primitivas y en las de la Reforma, que debe transmitir “a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros” (2ª Timoteo 2.2), como un “depósito de la fe” que nos mantenga fieles a la Palabra de Dios, y al mismo tiempo nos aleje de “vanas contiendas”.
Dicho lo cual, y ante el actual panorama religioso que el mundo nos presenta, se hace necesario enfatizar en el desvío, no sólo teológico, sino también de práctica, de las iglesias institucionales fieles al sistema, que las convierte en organizaciones eclesiásticas, sostenedoras del orden injusto establecido en el mundo. A mucha gente les gustaría establecer “un nuevo orden mundial” que, por lo que expresan sus deseos, iría en sentido opuesto a la defensa de los valores humanos. Estarían dispuestos a renunciar a las libertades, tan penosamente conseguidas, a cambio de “mayor seguridad”.
El “nuevo orden” que se busca, estaría basado en la desaparición de las libertades individuales, y en el regreso al autoritarismo. Las iglesias institucionales están dispuestas a colaborar, con tal de que desaparezcan de la visibilidad o de lo público, todas las manifestaciones que le son escandalosas, restableciendo la moralidad social, aunque sea hipócritamente, porque lo que desea es una sociedad que, al menos en apariencia, sea lo mas victoriana posible. “Si Franco levantara la cabeza....”, ha sido el comentario que, ante cualquier mínima trasgresión en las costumbres, he oído a cierto tipo de personas. Por mi parte, prefiero que se quede en el infierno, antes de verle de nuevo meter a España en un puño, con las bendiciones de un clero hipócrita y dominador.
La iglesia de Jesucristo debe ser firme opositora de este “nuevo orden internacional” inspirado en el neo-fascismo, aunque suele disfrazársele de muy diversas formas. Además, los males que aquejan a la humanidad presente, no tienen ninguna solución viable fuera del Reino de los cielos, por lo que la iglesia debe ocupar su tiempo y sus dones en la proclamación del Reino de Dios. Seguramente seremos considerados como la iglesia del “desorden” y, como tal, enemiga del sistema político y religioso imperante en el mundo, por lo que, de aquí en adelante, las iglesias libres multiplicarán sus adversarios en todos los frentes. Cosa, por otro lado, normal y previsible. Es mas, si la iglesia de Cristo hubiera permanecido fiel a su misión y función, jamás hubiera dejado de ser perseguida. Siempre hubiera constituido un peligro para las clases dominantes, por mostrar su preferencia por los pobres de la tierra, como hizo su Maestro. Siempre habría sido considerada un peligro para las otras religiones, por considerarlas falsas. ¿Por qué dejó de ser perseguida?. Porque se institucionalizó. Porque se olvidó de su tarea de luchar por la Justicia. Porque se aburguesó. Siendo una organización humana mas, se amoldó al entorno y actuó como cualquiera otra organización, con la consideración de buena, santa y respetable. ¿Cómo perseguir una institución religiosa de tales características?. Sólo mentalidades fanáticas e ignorantes podrían haberlo hecho.
Para quienes piensen que exagero, que me digan cómo si no, la terrible lacra de la esclavitud pervivió en un mundo dominado e influenciado por la Iglesia, hasta 1.863 en los días de Abraham Lincoln. La respuesta está en que la esclavitud, estuvo durante muchos siglos, en la base de la economía, y la iglesia aceptó el sistema económico imperante, como sistema justo, y jamás lo intentó cambiar por otro mas solidario.
Una iglesia que no denuncia la esclavitud, que no denuncia la tenencia de la tierra por adjudicación real, sistema de propiedad injusto que provocó la extensión de la pobreza, que calla ante el colonialismo y bendice las conquistas y da por buena la usura y el interés en los préstamos, es –claramente- una iglesia acomodaticia al egoísmo humano. No hay razón alguna para perseguir una iglesia así.
La iglesia dejó de ser perseguida, cuando dejó de preocuparse por cambiar el mundo y volverá a ser perseguida, cuando retorne a su misión de pretender que, el poder del Evangelio, no sólo es aplicable a la regeneración personal, sino a la regeneración de la tierra entera. Así de fácil. Y que coste, que cuando hemos hablado de “lucha” referida a la iglesia, nos referimos a “lucha pacífica”.
En esta lucha por la Justicia, que debe ser retomada por el cristianismo ortodoxo y fiel a las Escrituras, nos hallaremos con muchísimos creyentes con diversos grados de concienciación con respecto al Evangelio de la gracia y al Reino de los cielos. Es misión de la iglesia de Jesucristo no rechazarles, sino intentar alumbrar sus mentes y corazones con la luz de Cristo. Lutero, antes que reformador, fue un fraile agustino sincero. Staupiz no le puso impedimentos a sus incipientes inquietudes, sino que le facilitó el acceso a la Biblia, encadenada literalmente en los conventos, para evitar su lectura.
El sabio Gamaliel, a cuyos pies estudió San Pablo, contribuyó enormemente a su educación y, aunque nunca se confesó cristiano, dio buenos y justos consejos al Sanedrín judío, que evitaron por un tiempo, la persecución a la incipiente iglesia del Señor. No sabemos si llegó o no a ser creyente en Jesucristo, pero lo que no nos imaginamos es verle como un opositor.
Hay muchas personas que buscan la Justicia en el mundo y que “no están lejos del Reino de Dios”. La iglesia de Jesucristo no debe exigir certificado de “pureza de sangre” para relacionarse con la gente. Quiero decir que la iglesia del Señor no está para expedir certificados de ninguna clase, menos aun de “pureza ideológica”, y si lo hace, se convertirá en iglesia del sistema. Los invitados a las bodas de la parábola y a la cena de otra, símbolos o semejanzas del Reino de los cielos, son los excluidos de la sociedad: los cojos, mancos, pobres y mendigos (a los que se consideraban maldecidos por Dios), en lugar de las buenas, decentes, sanas y acomodadas “personas de orden”, que son las que suelen poner excelentes excusas para rechazar el Reino de Dios. En realidad, no desean que venga, porque se encuentran muy a gusto en el actual reino del mundo, que Satanás administra y distribuye a sus servidores.
“Un hombre hizo una gran cena, y convidó a muchos, y a la hora de la cena envió a sus siervos a decir a los convidados: Venid que ya está todo preparado. Y todos a una comenzaron a excusarse. El primero dijo: he comprado una hacienda, y necesito ir a verla; te ruego que me excuses. Otro dijo: he comprado...yuntas de bueyes...Y otro: acabo de casarme...Entonces, enojado el padre se familia, dijo a su siervo: Ve..por las plazas y las calles...y trae acá a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos...y fuérzalos a entrar..porque..ninguno de aquellos..que fueron convidados, gustará mi cena” (Lucas 14.15-24), (Apocalipsis 19.9,17).
El concepto mismo de evangelización ha de ser reajustado a las Escrituras. No se trata de aumentar el número de socios, miembros o practicantes de la Iglesia. Eso sólo corresponde al Señor, que conoce quien es suyo y quien no lo es. Dios conoce su número. Llenar las iglesias de socios no adelantará el Reino de Dios. Cuando se hace en esta dirección, destinada a sustituir el culto cristiano enseñado en el Nuevo Testamento, por toda clase de espectáculos teatrales, musicales, televisivos, histéricos o ceremoniales, tampoco sirve para adelantar el reino de Dios. Todo esto debe ser revisado y, en cualquier caso, dejado como actividades propias de la publicidad y marketing, dignas –muy dignas- de ser practicadas por las iglesias del sistema.
“Deja que los muertos entierren a sus muertos” (Mateo 8.22). Déjalos que se autoengañen, que se estresen y que crean que hacen la Obra dios. El fuego hará la prueba (1ª Corintios 3.13). Nadie te juzgue por entrar, salir o cenar con publicanos, rameras, drogadictos, revolucionarios, rateros, ladrones, atracadores, terroristas, criminales, curas, pastores, obispos, peperos, socialistas, fascistas, comunistas, anarquistas, islamistas, nacionalistas, ateos, agnósticos, militares, pacifistas, ecologistas, capitalistas, herejes, santurrones, anticlericales, obreros, explotadores, y un largo etcétera, porque “..No sois muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es” (1ª Corintios 1.26-28).
La santidad “sin la cual nadie verá al Señor” (Hebreos 12.14), nada tiene que ver con la hipocresía ni las apariencias. El cristiano no se la coge, para orinar, con papel de fumar, ni se escandaliza “con caca, pedo, culo, pis”. A decir verdad, pocas cosas pueden escandalizar a un cristiano que conoce las Escrituras, la historia y la debilidad humana. Y menos cosas aun, son las que pueden desanimarle, pues conoce el poder transformador del Espíritu de Cristo (Colosenses 1.29).
Este poder no sólo actúa en el individuo, sino que también actuará en el mundo actual para transformarlo en el Reino de Dios, aunque todavía haya de vencerse a los enemigos de Cristo (a todos, incluida la Iglesia-Ramera-Institucional del Sistema) hasta ponerlos “debajo de sus pies” (1ª Corintios 15.25).
Hay creyentes que son tan espirituales, que todo lo llevan al terreno del espíritu. Por eso les suele agradar mas las Bienaventuranzas de San Mateo (5.3-12) que las de San Lucas (6.20-26). Mateo las comienza así: “Bienaventurados los pobres en espíritu”, mientras que Lucas dice: “Bienaventurados vosotros los pobres”. Aunque ambos evangelistas concluyen afirmando “porque de ellos”, “porque vuestro”, “ es el Reino de los cielos” o “ es el Reino de Dios”.
Los creyentes espiritualistas, prefieren la versión de Mateo, simplemente porque a la palabra “pobre” añade “en espíritu”. ¡Ya está todo aclarado para ellos!. “pobres en espíritu”, es decir personas humildes, sencillas, con un espíritu humilde y sencillo. Estos son los bienaventurados. De tal manera que hasta un rico puede ser “pobre en espíritu” y por tanto, ser bienaventurado y llegar a poseer el Reino.
¡Menos mal!. El Señor no excluye de su Reino a los ricos. Esta parece ser toda su preocupación. Así que montan toda una hermenéutica, digna de mejor causa, alrededor de “en espíritu”. Así, toda la versión de San Mateo, la siguen espiritualizando tanto, que dan por hecho que “ Bienaventurados los que lloran” (Mateo 5.4) significa “los que lloran por sus pecados, los que se arrepienten”; y “ Bienaventurados los mansos”, significa “los que han recibido el espíritu de mansedumbre”; y “los que tienen hambre y sed de justicia” se refieren a la “Justificación por la fe” (Mateo 5.6); “los de limpio corazón” son “los que han sido perdonados” y por tanto, “limpiados todos sus pecados” (Mateo 5.8); y “los pacificadores” serían los que, por la Justicia ganada y obrada por Cristo, están “en paz con Dios” y anuncian esta paz espiritual a la gente (Mateo 5.10). No seré yo quien se oponga e esta espiritualización de las Bienaventuranzas que tanto puede confortar las almas de los cristianos. Lo que afirmo, es que la espiritualización de las Bienaventuranzas, no puede llevarnos a excluir su literalidad, su significado primario que es el resaltado por Lucas, inspirado también por el mismo espíritu que Mateo.
Jesús estaba rodeado de mucha gente de “toda Judea, Jerusalem, Tiro y Sidón” “había venido para oírle y para ser sanados de sus enfermedades...y toda la gente procuraba tocarle, porque poder salía de él y sanaba a todos” (Lucas 6.17-19). Sus discípulos, no sólo los doce sino el grupo que le seguía incluyendo las mujeres, estaban en lugar preferente, delante de la multitud y rodeándole. El Señor, “viendo la multitud” (Mateo 5.1), “alzando sus ojos hacia sus discípulos” (Lucas 6.20), sus ojos miraban a todos: a la multitud y a los discípulos. Las Bienaventuranzas van dirigidas, pues, a todos: a la multitud y a los discípulos.
Cuando Jesús llama a “los pobres”, y a “los que ahora tenéis hambre”, y a “los que ahora lloráis”, a “los misericordiosos”, a “los de limpio corazón”, a “los pacificadores”, a “los que padecen persecución por causa de la justicia” y a los “vituperados , perseguidos e injuriados por causa de Cristo”, BIENAVENTURADOS , es porque éstos existían entre todos los que le escuchaban, entre la multitud y entre los discípulos.
Había, seguramente, muchos pobres entre los oyentes de Jesús. Y los pobres, suelen serlo también de espíritu y ellos eran los principales destinatarios de las Buenas Nuevas del Reino de Dios. Por eso, los pobres –también en espíritu- eran y son Bienaventurados. En cambio, sólo cuatro versículos mas adelante, al final de las bienaventuranzas, Jesús se refiere a los ricos literales de este mundo, diciéndoles: “ Mas ¡ay de vosotros, ricos! Porque ya tenéis vuestro consuelo” (Lucas 6.24).
Según el Señor, los ricos ya tienen aquí en este mundo, su consuelo: su bienestar económico, su seguridad, su nivel de vida y el de sus familias; mientras que los pobres, de todo esto carecen. En la Venida del Reino de Dios, las cosas no pueden seguir siendo así. ¡Tienen que cambiar!. Porque “él hará nuevas todas las cosas” (Apocalipsis 21.5) o como se le dijo al rico que, desde el infierno, vio al pobre Lázaro en el cielo, el mismo que solía sentarse a su puerta para mendigar: “Hijo acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; pero ahora éste es consolado aquí, y tú atormentado” (Lucas 16.25).
A los cristianitos espiritualistas, que les fastidia que el Reino de los cielos tenga preferencia por los pobres, porque ellos no lo son, y tampoco estarían dispuestos no ya a “vender sus bienes y darlos a los pobres”,sino ni siquiera a vivir como propone San Pablo: “los que compran (sean) como si no poseyesen; los que disfrutan de este mundo como si no lo disfrutasen; porque la apariencia de este mundo se pasa” (1ª Corintios 7.30,31).
A estos cristianitos que además de vivir estupendamente, como en tiempos bíblicos solían vivir los ricos o incluso mejor, porque tienen comodidades y bienes que ni siquiera disfrutaban los ricos de entonces, a estos cristianitos –repito- les cuesta aceptar que el Reino de los cielos sea para los pobres preferentemente y, raudos y veloces, se apresuran a argumentar: Lázaro no se salvó por ser pobre, ni el rico se condenó por ser rico, sino porque Lázaro era creyente y el rico no.
Las Escrituras establecen como doctrina básica “la Justificación por la sola fe” y esta historia, no parábola, que Jesús contó debe ser interpretada así, según la analogía de la fe. Pero mucho me temo, que los cristianitos espiritualistas, usen esta verdad bíblica, como tranquilizante para sus conciencias. Por eso debo recordarles otra doctrina central de las Escrituras: la salvación por la sola gracia de Dios. Y otra mas: la preferencia de esta gracia de Dios por los pobres de la tierra, por los pobres y desfavorecidos, por los que nada son. Y aún otra: la enorme dificultad de los ricos de este planeta, para entrar en el Reino de Dios.
Después de las bienaventuranzas, añade Jesús: “¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados! Porque tendréis hambre. ¡Ay de vosotros, los que ahora reís! Porque lamentaréis y lloraréis! (Lucas 6.25). Los que ahora, es decir “en este mundo” están “saciados”, tendrán (futuro) hambre. No hay nada que espiritualizar en esta Escritura. Quienes viven su “ahora” sin necesidades, porque las tienen todas cubiertas, quienes viven aquí y ahora “saciados”, deben pensar que pertenecen al 20% de la humanidad rica, que consume el 80% de los bienes de este planeta que además, para que tan pocos puedan gastar tanta energía, necesitan exprimirlo y contaminarlo. La televisión, además de hacernos cada día menos humanos, mas pasotas y consumistas, nos muestra –aunque sea de tarde en tarde- el hambre y la sed del 80% de los seres humanos que pueblan la tierra.
Cierto es que, en este 20% que forman el mundo rico, hay una gran cantidad de personas que profesan ser cristianos. Pero el planeta no ha cambiado y si algo cambia, lo hace para peor: para que los ricos sean mas ricos y los pobres, mas pobres.
Esto quiere decir que:
a.- el Cristianismo, religión mayoritaria del Primer Mundo, es ineficaz para transformar el mundo.
b.- el Cristianismo que se vive en el Primer Mundo se muestra ineficaz, porque no es el Cristianismo que Cristo predicó, sino una caricatura del mismo. Por eso carece del Poder que tiene Cristo para cambiar todas las cosas.
c.- los cristianos, enzarzados en disputas religiosas y políticas, con sus Iglesias al frente, han abandonado la predicación del Reino de los cielos, aceptando al presente sistema político-económico del mundo, culpable de crear la gran pobreza actual de la Humanidad.
Si el cristiano del Primer Mundo, mas o menos rico, cree que el mundo va bien, por cuanto él y su familia viven bien, y se refugia en que la situación humana es la que es, porque así lo quiere Dios y, sobre todo, que ellos no pueden hacer nada para cambiar las cosas, entonces, son de aquellos, de los que dijo Jesús:”¡Ay de vosotros, los que ahora estás saciados(y conformes)! Porque tendréis hambre.” (Lucas 6.25).
Supongo que cuando el Reino de Dios llegue y cambie todas las cosas, estos cristianitos que ahora están “saciados”, no se quejarán cuando sean ellos los que “pasen hambre”.
Pero, mucho me temo, que lo que realmente existe tras este fatalismo cristiano, es simplemente, falta de fe. No creen en el Reino de Dios. No han pedido nunca a Dios: “venga a nosotros tu Reino” y al estar contentos con la situación actual del mundo, tampoco habrán pedido a Dios: “Hágase tu voluntad en la tierra como se hace en el cielo” (Mateo 6.10).
Por eso aceptan el sistema e incluso, se muestran molestos, cuando no enfadados, con quienes pretenden cambiarlo, no sea que con el cambio que proponen, ellos, cristianitos aborregados, salgan perdiendo. Poco piensan en el Tercer Mundo. No quieren perder ni un ápice de los privilegios que ahora tienen. Por eso son cristianitos conformistas, votantes de la derecha cristiana, defensora de sus privilegios y garante de la sacrosanta propiedad privada y de la intocable libertad económica. Y como pretexto para actuar así, “hacen larga oración” (Mateo23.14), es decir: se refugian en sus iglesias a inspirar el opio que, como incienso, ofrecen al dios Mammón (dios del bienestar y de la riqueza), olvidando que “ninguno puede servir a dos señores...No podéis servir a Dios y a las riquezas” (Mateo 6.24).
Es cuestión de fe. Estos cristianitos, felices y contentos con el rumbo de este mundo, carecen de fe y su condenación les vendrá, porque forman parte del mundo rico, se encuentran a gusto en él y no desean cambiarlo. En pocas palabras: la gracia salvadora de Dios no suele anidar en la gente cómoda de un mundo rico, que nada hace por cambiar las bases injustas sobre las que se asienta.
Juan Wycliffe (1330-1384), a quien todo el mundo considera un precursor de la Reforma, al traducir al inglés las Escrituras y mandar a sus seguidores los Lollardos, de dos en dos, a proclamar su contenido por todas partes, contribuyó a que se cuestionara la sociedad feudal de sus días. De hecho, se atribuye por muchos, a esta influencia de la enseñanza bíblica, la primera revuelta o revolución del campesinado inglés en 1.381, mas de un siglo antes de la que lideró Müntzer. Siempre es así. La Palabra de Dios habla de la justicia social, tanto como de la espiritual. Lo que, también siempre sucede, es que las iglesias, temerosas de los cambios sociales que acarrearían una aplicación a la economía de las Escrituras, terminan oponiéndose a lo nuevo, porque ellas mismas forman parte del sistema. Todo lo contrario, sus métodos de conversiones forzosas, desde el poder y bajo coacción, ha formado un numeroso ejército de mártires, cuyas almas están aun en el cielo, preguntándole a Dios cuándo actuará contra ella.
“¡Aleluya!...pues ha juzgado a la Gran Ramera que ha corrompido la tierra con su fornicación, y ha vengado la sangre de sus siervos de la mano de ella” (Apocalipsis 19.1,2).
“...vi bajo el altar las almas de los que habían sido muertos por causa de la palabra de Dios...diciendo:¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra?......y se les dijo que descansasen todavía un poco de tiempo, hasta que se completara el número de sus consiervos y hermanos, que también habían de ser muertos como ellos” (Apocalipsis 6.9-11).
----- Porque las iglesias-rameras del sistema, al mundanalizarse, optando por el poder y por los poderosos de la tierra, se han incapacitado para ser portavoces creíbles del Evangelio de los pobres, por los que Jesucristo optó claramente, es por lo que sólo sirve para entretener a la gente sencilla, para ofrecer shows televisivos, grandiosos espectáculos musicales, ceremoniales o festivo-religiosos que atraen a los turistas o curiosos, pero no para edificar a las almas y alimentarlas con la Palabra de Dios; es por lo que se hace necesario ABANDONAR TODAS SUS ORGANIZACIONES, “salir de ella”, evitando así, el castigo que por sus grandes pecados, le enviará el Señor.
----- El llamamiento de las Escrituras para “salir” y que yo repito, no es para que luego “entres” en otra organización religiosa, con otras normas, otras leyes, otros jefes, otro clero, etc,.¡Para eso, quédate donde estás!. Ya conoces el refrán “mas vale lo malo conocido, que lo bueno por conocer”.¿Qué mas te da que tu jefe sea el Papa de Roma, o el Arzobispo de Canterbury, o el Presidente Adventista, Rusellista o Mormón?.
La invitación a que “salgas” también vale para “salir” de estas otras organizaciones o iglesias que, también forman parte de la Gran Ramera, de Babel, de la gran confusión. Si en verdad rompes tus cadenas, no te busques otras. Cristo nos quiere libres. El nos hace libres. Repasa, relee, lo que escribí anteriormente, acerca de formar con otros creyentes como tú, grupos autóctonos, grupos independientes, células cristianas, que esta fue la idea de Jesucristo y la práctica de los Apóstoles. Estos grupos autónomos de cristianos, son los que forman la iglesia de Jesucristo, no ninguna organización mundial, nacional o provincial.
----- Algunos te dirán, posiblemente, que lo que estoy proponiendo es un “anarquismo cristiano”. Si tal fuese el caso, no dudo que así podría también definirse a lo que formaban las iglesias cristianas en vida de los Apóstoles. No tenían otro jefe que al propio Jesús. Ninguno se consideraba superior a otro (Filipenses 2.3) “estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo”, todos afirmaban tener por única Cabeza de todas las iglesias reunidas en las casas particulares, a Cristo Jesús (Efesios 1.22,23). Todos los creyentes eran sacerdotes “mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio” (1ª Pedro 2.9), el Espíritu repartía cómo y a quién quería “ constituyó a unos, apóstoles; a otros a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio” (Efesios 4.11,12), utilizaban sus colectas sólo para socorrer a los pobres “en cuanto a la ofrenda para los santos...cada uno ..ponga aparte algo, según haya prosperado” (1ª Corintios 16.1,2) y para ayudar ocasionalmente a los misioneros o evangelistas “me gocé en el Señor de que..hayáis revivido vuestro cuidado de mí...estabais solícitos, pero os faltaba la oportunidad...aun a Tesalónica me enviasteis ....para mis necesidades..” (Filipenses 4.10,16) y, sobre todo, seguían la máxima anarquista del anarquista cristiano León Tolstoi “todo lo que quisierais que los hombres hagan con vosotros, hacedlo también con ellos” (Mateo 7.12).
Por otra parte, quizá no haya otra persona mas preparada para ser anarquista, que la persona que es verdaderamente cristiana. Alguien que cree, conoce y practica las enseñanzas de Jesús de Nazaret.
----- Las iglesias de Jesucristo, no deben ser apolíticas, sino todo lo contrario. Estar contra el poder establecido que es el poder “que ahora obra en los hijos de desobediencia” (Efesios 2.2), que está dominado por el capitalismo y sus hijos predilectos: la ignorancia política, la indiferencia ideológica, el consumismo y la ceguera consciente, ante el ajeno sufrimiento.
Este sistema es la misma encarnación de Satanás, tanto como Jesucristo es la encarnación del Verbo de Dios.
Un cristiano de “derechas” o incluso “neutro”, políticamente hablando, es un cristiano producto de las iglesias del sistema, o profundamente ignorante del espíritu de la Palabra de Dios. Aunque tenga carreras universitarias, incluyendo la de teología. Dijo Jesús en oración: “Te alabo Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y entendidos, y las has revelado a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó” (Lucas 10.21).
Un cristiano cuya alma ha sido bendecida por Dios, no puede contemplar el mundo en que vivimos y ser políticamente “neutro”, o tomar partido por los que detentan el poder universal que tantas injusticias están provocando. Es como si tomara partido por Satanás. Cuando éste tentó a Jesús en el desierto y le propuso que le adorara, argumentó su pretensión diciéndole: “..te daré (si me adoras) toda la potestad y la gloria de ellos (“los reinos de la tierra”,vers. 5); porque a mí me ha sido entregada, y a quien quiero la doy” (Lucas 4.6).
Está claro que Satanás gobierna el actual sistema político-religioso-económico del mundo y promueve la adoración a su ídolo predilecto, el Becerro de Oro. Dios lo ha permitido así, hasta que el Reino de los cielos sea establecido. Mientras tanto, los cristianos debemos luchar contra todo poder establecido, “entregado” a Satanás, que sigue sus directrices de oposición a Dios. Las iglesias del sistema no lucharán, porque hace tiempo que ya se rindieron, y a Satanás adoran y sirven.
Ellas forman parte de lo viejo, del capital, de la injusticia que hay que reformar. Los Lollardos fueron casi exterminados en las hogueras. Wycliffe salvó la vida, siendo silenciado. Aunque no le dejaron descansar en paz, porque sus huesos, desenterrados, fueron pasto de las llamas. (Nota 131)
El rico que estando en el infierno, vio a Lázaro en el cielo y le reconoció como quien solía mendigar “echado sobre su puerta” (Lucas 16.20), “ansiando las sobras de su mesa”, sin otras medicinas para sus llagas que la aliviadora saliva de los lametones de los perros (Lucas 16.21), no hizo –que sepamos- mas de lo que hace el Primer Mundo ante el Tercero: Nada. Absolutamente nada. Solamente permaneció disfrutando de lo que tenía. Incluso era, a su modo, creyente, porque consideraba a Abraham (padre de los creyentes) como su padre (vers.24) y el propio Abraham, también le llamó “Hijo” (vers. 25). Por lo que podemos deducir, que aquel hombre acudía a la sinagoga, al Templo, y cumplía con los rituales y preceptos de la ley mosaica.
Su pecado no fue mayor que el de la mayoría de los cristianos de éste nuestro Primer Mundo rico. Estar de acuerdo con el establisment que le permitía vivir bien, e ignorar a los numerosos Lázaros que no tuvieron su suerte, y por supuesto, oponerse frontalmente a cualquiera que quisiera hacer algo contra su forma de vida. Si a este rico le hubieran venido hablando de socialismo, de liberación de esclavos, de igualdad de razas, de justicia social, de impuestos para hospitales para enfermos como Lázaro, de un tope máximo a las riquezas individuales, etc., no sólo no habría movido un dedo en pos de estas cosas que le perjudicarían, sino que, seguramente, hubiera reaccionado contra tales proposiciones en la medida de sus fuerzas.
“¡Ay de vosotros intérpretes de la ley! Porque habéis quitado la llave de la ciencia; vosotros mismos no entrasteis, y a los que entraban se lo impedisteis” (Lucas 11.52).
Así sucede cada vez que el Evangelio del Reino es anunciado a los pobres de la tierra. La gente y las iglesias ricas, contentas con el sistema injusto que impera en la tierra, no sólo no entran, (aunque tienen la llave de poseer conocimiento religioso, político, filosófico, económico, etc.) sino que impiden la entrada a otros en este Reino.
Pero, por mucho impedimento que pongan, el Reino de Dios vendrá. Dios mismo vendrá y nos salvará, estableciendo su reino de Justicia y de Paz para siempre.
La iglesia de Jesucristo, como el remanente fiel en medio de este mundo impío e injusto, ha de seguir siendo pregonera de Justicia, anunciando las grandes y maravillosas obras que hizo el Señor en la antigüedad, y que aun hará su poderosa mano sobre la tierra.
Anunciemos el Juicio del Señor contra los impíos, y contra los ejércitos que imponen sus planes impíos sobre la tierra. (Isaías 66.15,16):
“Porque he aquí que Jehová vendrá con fuego, y sus carros como torbellino, para descargar su ira con furor, y su reprensión como llama de fuego. Porque Jehová juzgará con fuego y con su espada a todo hombre; y los muertos de Jehová serán multiplicados”.
“Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero y con justicia juzga y pelea....Estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y su nombre el Verbo de Dios. Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos. De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Todopoderoso....Y vi un ángel...diciendo a todas las aves...: Venid y congregaos a la gran cena de Dios, para que comáis carnes de reyes y de capitanes, y carnes de fuertes, carnes de caballos y de sus jinetes, y carnes de todos, libres y esclavos, pequeños y grandes. Y vi a la Bestia, a los reyes de la tierra y a sus ejércitos, reunidos para guerrear contra el que montaba el caballo, y todas las aves se saciaron de las carnes de ellos” (Apocalipsis 19.11-21).
Sepan los poderosos de este mundo que sus grandes, tecnificados y eficaces ejércitos, con todo su costoso equipamiento, serán destruidos ante los ejércitos celestiales encabezados por el Verbo de Dios, por el poder de su palabra misma, con la cual mandó que de la nada, surgiera la Creación. Este mismo poder que Dios usó para crear, lo usará también para destruir a todos los ejércitos del mundo. Ya no habrá mas poderosos que impongan al mundo sus guerras económicas y estratégicas, según sus intereses. Las aves de rapiña de los cielos, las aves carroñeras, se saciarán de los miles y miles de cadáveres expuestos al sol.
Los ejércitos no fueron nunca obra de Dios. Los ejércitos fueron inventados, creados, formados por los hombres poderosos para mantenerse en el poder, para engrandecerlo y extenderlo sobre los pueblos mas débiles, para imponer a los vencidos sus normas, para expoliar y oprimir a los débiles.
Israel, cuando fue gobernado por Dios, es decir, hasta que pidió rey al profeta Samuel, carecía de ejército y nunca, durante aquellos cuatro siglos, lo necesitaron. Cuando eran atacados por sus enemigos, se reunían los hombres de las tribus y guerreaban con ellos. Terminada la batalla, cada uno regresaba a su casa y a su tierra.
Cuando Israel quiso rey, la monarquía implantó un ejército permanente. Mas no fue esa la voluntad, sino la permisión de Dios. El Señor se hubiera bastado para defender a su pueblo. De hecho, las Escrituras le llaman “Jehová de los ejércitos”, haciendo alusión a los millones de poderosos ángeles que le sirven y le obedecen. Pero Israel quiso rey y Dios se lo concedió, no sin antes advertirles de los males que traería consigo la monarquía, entre los cuales figuraba el ejército permanente que establecería.
Cierto es también que los demás pueblos tenían sus reyes y sus ejércitos y que Dios mismo, proclama en su palabra que este poder, por grande que sea o llegase a ser, no escapa al control del poder divino que es quien, en realidad, lo establece, lo confirma, lo derrota, lo cambia o lo destruye, según sus planes para conducir la historia hacia sus propios designios. Por eso afirma la Escritura: “ el Altísimo tiene el dominio en el reino de los hombres, y lo da a quien él quiere” (Daniel 4.32).
El mismo emperador de Babilonia, Nabucodonosor, fue castigado con demencia “hasta que reconoció que el Altísimo Dios tiene dominio sobre el reino de los hombres, y que pone sobre el al que le place” (Daniel 5.21).
“Por mí reinan los reyes..por mí dominan los príncipes, y todos los gobernadores juzgan la tierra” (Proverbios 8.15,16).
“El convierte en nada a los poderosos, y a los que gobiernan la tierra hace como cosa vana” (Isaías 40.23)
El propio Jesús dijo a Pilato: “Ninguna autoridad tendrías contra mí, si no te fuese dada de arriba..” (Juan 19.10,11).
Los Apóstoles, también confirman esta enseñanza en el Nuevo Testamento, y se hacen eco de ella en pasajes como Romanos capítulo 13 y otros similares, que ya hemos citado anteriormente. Por lo que los cristianos estamos obligados a obedecer, en todo cuanto no atente contra la palabra de Dios, a los gobernantes, no permitiéndosenos ninguna revolución, mas que la pacífica que, de antemano rechaza toda violencia.
Parece mentira que Nerón, los Reyes Católicos, Felipe II, Stalin, Hitler, Franco, Efraín Rios, Pol Pot, Bush, etc., hayan sido “puestos por Dios” en el poder. Pero así estamos obligados a creerlo, si de verdad creemos que las Escrituras son la Palabra de Dios.
Lo cual, por otra parte, no significa necesariamente que tales gobernantes hayan sido bendecidos por Dios, sino mas bien, todo lo contrario. Puesto que el poder corrompe, Dios no les hace ningún favor a los que “pone” para ejercerlo, por cuanto todos participarán, en mayor o menor grado, de esa corrupción innata al poder. “Si opresión de pobres y perversión de derecho y de justicia vieres en la provincia, no te maravilles de ello” (Eclesiastés 5.8), no te maravilles porque es cosa muy normal que esta corrupción exista, lo que ocurre es que sobre los altos puestos o altos cargos, “uno mas alto está sobre ellos, vigilando”. “León rugiente y oso hambriento es el príncipe impío sobre el pueblo pobre...multiplicará la extorsión” (Proverbios 28.15,16).
Mas con todo, es así como Dios gobierna, rige o conduce la historia humana. Y los cristianos libres creemos que lo hace bien, por cuanto la humanidad avanza, con sus desvíos y retrocesos incluidos, hacia su final culminación o meta: el establecimiento del Reino de Dios en este mundo, que será también por Dios renovado o transformado. Para lo cual, paradógicamente, todos los Estados, Gobiernos y ejércitos del mundo deberán ser primero destruidos. “Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos” (Apocalipsis 11.15). Porque el ser humano no está hecho para ejercer poder y si lo ejerce, se corrompe inevitablemente. Y en el Reino de Dios no hay cabida para la corrupción del tipo que sea, sino para la Justicia y la Paz en toda su amplitud.
Por ello, los militares (y los hubo cristianos, como el centurión Cornelio, los soldados que Juan el Bautista bautizó, et.,etc.) de hoy, si son verdaderamente cristianos, conocedores de las Escrituras y discernidores de los espíritus (1ª Corintios 12.10) deben tener especialmente cuidado con algunos conceptos, como la llamada “obediencia debida”, que los nazis utilizaron para justificar sus crímenes contra la Humanidad, y los fascistas e incluso comunistas, usaron también para justificar los suyos. Ningún crimen, tiene justificación. Ninguna tortura. Ningún Guantánamo, ningún interés nacional, ninguna seguridad nacional, puede asesinar, accidentar o suicidar a ningún ser humano.
Ningún ejército puede cometer errores de cálculo, eufemísticamente llamados “daños colaterales”; porque su verdadero nombre sería “homicidios por negligencia”; y estos supuestos errores, deben ser juzgados y condenados como los de cualquier otra profesión. La profesión militar no da a nadie licencia para matar, ni torturar.
Es necesario que los ejércitos vayan siendo, cada día, menos necesarios. Para lograrlo, es vital que la Justicia, cada día, vaya siendo mas eficaz y perfecta. Los Tribunales Internacionales han de ir, cada día, tomando mas fuerza. Por mucho que se pierda en una sentencia de estos, mas se perdería en una guerra.
Los países mas poderosos, son los llamados a dar ejemplo. Sin embargo los Estados Unidos no reconocenrla autoridad del Tribunal Penal Internacional de La Haya, por temor a que presidentes como Bush y otros, pudieran ser llamados a su comparecencia. En cambio lleva ante él a sus enemigos vencidos, como Caucescu o crea ex profeso otros como en Irak, para ahorcar a Sadán Hussein, anteriormente su aliado durante los ocho años de guerra que mantuvo contra Irán. Ni Sadán ni Jomeini supieron ver que estaban gastando los recursos petrolíficos de sus respectivos países, en una estúpida guerra fraticida, en lugar de aliviar las condiciones de vida de iraquíes e iraníes. Ambos cayeron en la trampa que les tendió la diplomacia Capitalista y, en efecto, el Capitalismo resultó el único vencedor, desgastando a ambos y fortaleciendo su influencia en la zona mediante la planificada destrucción de Irak, a quien no sólo no se le permitió cobrarse los servicios prestados con la anexión de Kuwait (como Sadán creyó que ocurriría), sino que, además, se le hipotecó su petróleo por varias generaciones.
Todo esto se hizo ante los ojos de las iglesias cristianas norteamericanas, por los Presidentes que fueron desde Ronald Reagan a Bus hijo, sin que sus cristianos, los mas analfabetos políticos de todo el planeta, se percataran de ello, sino antes bien, creyendo estúpidamente que sus gobiernos y su ejército estaban promoviendo la libertad y la democracia en esa parte del mundo. Ignoran voluntariamente que para mantener lo que eufemísticamente ellos llaman “modo de vida americano”, es necesario que su gobierno clave la aguja a otros países y así, sus Multinacionales puedan absorberles su sangre. El sistema Capitalista que, ignorando la Biblia, defienden, es un infernal Vampiro que sólo puede sobrevivir chupando la sangre y los recursos de las naciones pobres de la tierra.
El sistema económico llamado Capitalismo es, por su misma esencia de exagerado individualismo y competitividad, contrario al Cristianismo, que es en esencia, de colectivismo, cooperación y repartición. (Nota 162 bis)
Es curioso mirar unas décadas atrás, y ver como los Ministerios encargados de los ejércitos, solían llamarse “Ministerios de la Guerra”. Hoy, en casi todas las naciones , los llaman “Ministerios de Defensa”.
Si las palabras tienen significado, esto supone que ninguna nación quiere la Guerra, y que posee ejército, sólo para su Defensa. Si ningún país quiere la Guerra, a ninguna nación le hace falta un ejército para su Defensa. Si los tenemos es porque no nos fiamos los unos de los otros. La desconfianza provocó “el principio del fin” del Capitalismo, en el año 2.008. La desconfianza puede provocar también “el principio del fin” del Militarismo actual. Ambos sistemas necesitan ser profundamente reformados. Podríase acabar así con el hambre y subdesarrollo del mundo. Esto no es una quimera, algo imposible e inalcanzable. Puede hacerse.
Tal vez si el hombre considera su camino y decide volverse (esto es lo que significa “arrepentirse”), todas las miserias, hecatombes, plagas, etc, que anunciaron los profetas del Antiguo y Nuevo Testamentos, como duros castigos a la Humanidad, se podrían evitar, y el Reino de Dios podría venir a esta tierra sin estas profetizadas violencias.
Jonás fue forzado a ir a Nínive, anunciando su destrucción si antes de cuarenta días, no se arrepentían sus habitantes de todas sus maldades. La ciudad se arrepintió, volviéndose de sus perversos caminos (Jonás 3.4-10).
Jonás se retiró para ver de lejos la destrucción de la ciudad (Jonás 4.5) y, viendo que no llegaba, se enfadó con el Señor, hasta el punto que Dios tuvo que decirle:”¿...no tendré yo piedad de Nínive, aquella gran ciudad donde hay mas de ciento veinte mil personas que no saben discernir entre su mano derecha y su mano izquierda, y muchos animales?” (Jonás 4.11). Si tal cosa sucediera con el mundo, sería porque las profecías del Señor que hablan de tan grandes castigos sobre la tierra y sus habitantes, anunciadas por las iglesias de Jesucristo, tenían como fin el arrepentimiento del hombre, su retorno a Dios, el establecimiento pacífico del Reino de los cielos en la tierra.
En tal caso, las iglesias de Jesucristo no se apesadumbrarían como Jonás, sino que alabarían al Señor por su grandiosa misericordia. La cuestión está, en saber si el mundo responderá o no con arrepentimiento verdadero, al anuncio profético que comenzó Jesucristo y continuó su iglesia hasta hoy, y que continuará hasta que él venga. Si el mundo se arrepiente, Dios será bendito en su misericordia. Si el mundo sigue por su mal camino, Dios será bendito en su justicia. En ambos casos, bendito será y es, ahora, antes y siempre. En cualquiera de ambos casos, las iglesias de Jesucristo habrán cumplido su tarea profética y glorificarán a Dios, el único que conoce lo que ha de ser, porque antes, en su soberanía, lo determinó.
Lo que es necesario, es que “cada uno sea hallado fiel” (1ª Corintios 4.2), y que cada iglesia del Señor, anuncie su pronta venida, acompañada de “su retribución”, que siempre será justa para quienes no crean, y llena de gracia para que todo aquel que creyendo, diga: “Ven Señor Jesús” (Apocalipsis 22.20).
Nos acusarán de milenaristas, iluminados, pietistas, nuevo ejército de los santos, emuladores del de Cromwell, profetistas, dispensacionalistas y de sabe Dios cuantas cosas mas. Siendo cristianos libres, fuera de las iglesias institucionales del sistema, hemos de ser precursores del Reino de los cielos. Jamás podrán las iglesias de Jesucristo, dar fechas de ninguna clase, ni tratar de establecer un orden cronológico exacto de los muchos acontecimientos que sobrevendrán. Solamente nos toca afirmar la certeza de su retorno para establecer su Reino; pero sin dejar de ser iglesia, sin abandonar el mensaje de la salvación por gracia, por medio de la fe, llevada a cabo por el único e irrepetible sacrificio de Cristo en la cruz, y sellada por su resurrección de entre los muertos, garantía de la nuestra propia y señal de la completa satisfacción de la Justicia divina, que nos libera del poder del pecado y su efecto mas fulminante: la muerte y la condenación.
Siendo iglesia, jamás podremos dejar de anunciar esta Buena Nueva de salvación, bautizando a quienes la crean y a sus hijos, herederos de las mismas promesas y parte integrante del rebaño, que tiene a Jesucristo como su único y Buen Pastor. (Nota 130)
Celebrando el banquete de la Comunión con Cristo y con cuantos creen en él, sin dejar a nadie fuera, por cuanto la Mesa es del Señor, que es el anfitrión y quien invita, no sólo en “su memoria”, sino también en su promesa de volverla a celebrar con él, en su Reino.
Pertenecer a la iglesia de Jesucristo, exige creer en su Persona y en su Palabra. Las iglesias de Jesucristo no son grupos de personas con creencias heterogéneas y dispares. Las iglesias de Jesucristo tienen un cuerpo de doctrinas bien definido, emanante de las Escrituras y, plasmado históricamente en las Confesiones primitivas y en las de la Reforma, que debe transmitir “a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros” (2ª Timoteo 2.2), como un “depósito de la fe” que nos mantenga fieles a la Palabra de Dios, y al mismo tiempo nos aleje de “vanas contiendas”.
Dicho lo cual, y ante el actual panorama religioso que el mundo nos presenta, se hace necesario enfatizar en el desvío, no sólo teológico, sino también de práctica, de las iglesias institucionales fieles al sistema, que las convierte en organizaciones eclesiásticas, sostenedoras del orden injusto establecido en el mundo. A mucha gente les gustaría establecer “un nuevo orden mundial” que, por lo que expresan sus deseos, iría en sentido opuesto a la defensa de los valores humanos. Estarían dispuestos a renunciar a las libertades, tan penosamente conseguidas, a cambio de “mayor seguridad”.
El “nuevo orden” que se busca, estaría basado en la desaparición de las libertades individuales, y en el regreso al autoritarismo. Las iglesias institucionales están dispuestas a colaborar, con tal de que desaparezcan de la visibilidad o de lo público, todas las manifestaciones que le son escandalosas, restableciendo la moralidad social, aunque sea hipócritamente, porque lo que desea es una sociedad que, al menos en apariencia, sea lo mas victoriana posible. “Si Franco levantara la cabeza....”, ha sido el comentario que, ante cualquier mínima trasgresión en las costumbres, he oído a cierto tipo de personas. Por mi parte, prefiero que se quede en el infierno, antes de verle de nuevo meter a España en un puño, con las bendiciones de un clero hipócrita y dominador.
La iglesia de Jesucristo debe ser firme opositora de este “nuevo orden internacional” inspirado en el neo-fascismo, aunque suele disfrazársele de muy diversas formas. Además, los males que aquejan a la humanidad presente, no tienen ninguna solución viable fuera del Reino de los cielos, por lo que la iglesia debe ocupar su tiempo y sus dones en la proclamación del Reino de Dios. Seguramente seremos considerados como la iglesia del “desorden” y, como tal, enemiga del sistema político y religioso imperante en el mundo, por lo que, de aquí en adelante, las iglesias libres multiplicarán sus adversarios en todos los frentes. Cosa, por otro lado, normal y previsible. Es mas, si la iglesia de Cristo hubiera permanecido fiel a su misión y función, jamás hubiera dejado de ser perseguida. Siempre hubiera constituido un peligro para las clases dominantes, por mostrar su preferencia por los pobres de la tierra, como hizo su Maestro. Siempre habría sido considerada un peligro para las otras religiones, por considerarlas falsas. ¿Por qué dejó de ser perseguida?. Porque se institucionalizó. Porque se olvidó de su tarea de luchar por la Justicia. Porque se aburguesó. Siendo una organización humana mas, se amoldó al entorno y actuó como cualquiera otra organización, con la consideración de buena, santa y respetable. ¿Cómo perseguir una institución religiosa de tales características?. Sólo mentalidades fanáticas e ignorantes podrían haberlo hecho.
Para quienes piensen que exagero, que me digan cómo si no, la terrible lacra de la esclavitud pervivió en un mundo dominado e influenciado por la Iglesia, hasta 1.863 en los días de Abraham Lincoln. La respuesta está en que la esclavitud, estuvo durante muchos siglos, en la base de la economía, y la iglesia aceptó el sistema económico imperante, como sistema justo, y jamás lo intentó cambiar por otro mas solidario.
Una iglesia que no denuncia la esclavitud, que no denuncia la tenencia de la tierra por adjudicación real, sistema de propiedad injusto que provocó la extensión de la pobreza, que calla ante el colonialismo y bendice las conquistas y da por buena la usura y el interés en los préstamos, es –claramente- una iglesia acomodaticia al egoísmo humano. No hay razón alguna para perseguir una iglesia así.
La iglesia dejó de ser perseguida, cuando dejó de preocuparse por cambiar el mundo y volverá a ser perseguida, cuando retorne a su misión de pretender que, el poder del Evangelio, no sólo es aplicable a la regeneración personal, sino a la regeneración de la tierra entera. Así de fácil. Y que coste, que cuando hemos hablado de “lucha” referida a la iglesia, nos referimos a “lucha pacífica”.
En esta lucha por la Justicia, que debe ser retomada por el cristianismo ortodoxo y fiel a las Escrituras, nos hallaremos con muchísimos creyentes con diversos grados de concienciación con respecto al Evangelio de la gracia y al Reino de los cielos. Es misión de la iglesia de Jesucristo no rechazarles, sino intentar alumbrar sus mentes y corazones con la luz de Cristo. Lutero, antes que reformador, fue un fraile agustino sincero. Staupiz no le puso impedimentos a sus incipientes inquietudes, sino que le facilitó el acceso a la Biblia, encadenada literalmente en los conventos, para evitar su lectura.
El sabio Gamaliel, a cuyos pies estudió San Pablo, contribuyó enormemente a su educación y, aunque nunca se confesó cristiano, dio buenos y justos consejos al Sanedrín judío, que evitaron por un tiempo, la persecución a la incipiente iglesia del Señor. No sabemos si llegó o no a ser creyente en Jesucristo, pero lo que no nos imaginamos es verle como un opositor.
Hay muchas personas que buscan la Justicia en el mundo y que “no están lejos del Reino de Dios”. La iglesia de Jesucristo no debe exigir certificado de “pureza de sangre” para relacionarse con la gente. Quiero decir que la iglesia del Señor no está para expedir certificados de ninguna clase, menos aun de “pureza ideológica”, y si lo hace, se convertirá en iglesia del sistema. Los invitados a las bodas de la parábola y a la cena de otra, símbolos o semejanzas del Reino de los cielos, son los excluidos de la sociedad: los cojos, mancos, pobres y mendigos (a los que se consideraban maldecidos por Dios), en lugar de las buenas, decentes, sanas y acomodadas “personas de orden”, que son las que suelen poner excelentes excusas para rechazar el Reino de Dios. En realidad, no desean que venga, porque se encuentran muy a gusto en el actual reino del mundo, que Satanás administra y distribuye a sus servidores.
“Un hombre hizo una gran cena, y convidó a muchos, y a la hora de la cena envió a sus siervos a decir a los convidados: Venid que ya está todo preparado. Y todos a una comenzaron a excusarse. El primero dijo: he comprado una hacienda, y necesito ir a verla; te ruego que me excuses. Otro dijo: he comprado...yuntas de bueyes...Y otro: acabo de casarme...Entonces, enojado el padre se familia, dijo a su siervo: Ve..por las plazas y las calles...y trae acá a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos...y fuérzalos a entrar..porque..ninguno de aquellos..que fueron convidados, gustará mi cena” (Lucas 14.15-24), (Apocalipsis 19.9,17).
El concepto mismo de evangelización ha de ser reajustado a las Escrituras. No se trata de aumentar el número de socios, miembros o practicantes de la Iglesia. Eso sólo corresponde al Señor, que conoce quien es suyo y quien no lo es. Dios conoce su número. Llenar las iglesias de socios no adelantará el Reino de Dios. Cuando se hace en esta dirección, destinada a sustituir el culto cristiano enseñado en el Nuevo Testamento, por toda clase de espectáculos teatrales, musicales, televisivos, histéricos o ceremoniales, tampoco sirve para adelantar el reino de Dios. Todo esto debe ser revisado y, en cualquier caso, dejado como actividades propias de la publicidad y marketing, dignas –muy dignas- de ser practicadas por las iglesias del sistema.
“Deja que los muertos entierren a sus muertos” (Mateo 8.22). Déjalos que se autoengañen, que se estresen y que crean que hacen la Obra dios. El fuego hará la prueba (1ª Corintios 3.13). Nadie te juzgue por entrar, salir o cenar con publicanos, rameras, drogadictos, revolucionarios, rateros, ladrones, atracadores, terroristas, criminales, curas, pastores, obispos, peperos, socialistas, fascistas, comunistas, anarquistas, islamistas, nacionalistas, ateos, agnósticos, militares, pacifistas, ecologistas, capitalistas, herejes, santurrones, anticlericales, obreros, explotadores, y un largo etcétera, porque “..No sois muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es” (1ª Corintios 1.26-28).
La santidad “sin la cual nadie verá al Señor” (Hebreos 12.14), nada tiene que ver con la hipocresía ni las apariencias. El cristiano no se la coge, para orinar, con papel de fumar, ni se escandaliza “con caca, pedo, culo, pis”. A decir verdad, pocas cosas pueden escandalizar a un cristiano que conoce las Escrituras, la historia y la debilidad humana. Y menos cosas aun, son las que pueden desanimarle, pues conoce el poder transformador del Espíritu de Cristo (Colosenses 1.29).
Este poder no sólo actúa en el individuo, sino que también actuará en el mundo actual para transformarlo en el Reino de Dios, aunque todavía haya de vencerse a los enemigos de Cristo (a todos, incluida la Iglesia-Ramera-Institucional del Sistema) hasta ponerlos “debajo de sus pies” (1ª Corintios 15.25).
Hay creyentes que son tan espirituales, que todo lo llevan al terreno del espíritu. Por eso les suele agradar mas las Bienaventuranzas de San Mateo (5.3-12) que las de San Lucas (6.20-26). Mateo las comienza así: “Bienaventurados los pobres en espíritu”, mientras que Lucas dice: “Bienaventurados vosotros los pobres”. Aunque ambos evangelistas concluyen afirmando “porque de ellos”, “porque vuestro”, “ es el Reino de los cielos” o “ es el Reino de Dios”.
Los creyentes espiritualistas, prefieren la versión de Mateo, simplemente porque a la palabra “pobre” añade “en espíritu”. ¡Ya está todo aclarado para ellos!. “pobres en espíritu”, es decir personas humildes, sencillas, con un espíritu humilde y sencillo. Estos son los bienaventurados. De tal manera que hasta un rico puede ser “pobre en espíritu” y por tanto, ser bienaventurado y llegar a poseer el Reino.
¡Menos mal!. El Señor no excluye de su Reino a los ricos. Esta parece ser toda su preocupación. Así que montan toda una hermenéutica, digna de mejor causa, alrededor de “en espíritu”. Así, toda la versión de San Mateo, la siguen espiritualizando tanto, que dan por hecho que “ Bienaventurados los que lloran” (Mateo 5.4) significa “los que lloran por sus pecados, los que se arrepienten”; y “ Bienaventurados los mansos”, significa “los que han recibido el espíritu de mansedumbre”; y “los que tienen hambre y sed de justicia” se refieren a la “Justificación por la fe” (Mateo 5.6); “los de limpio corazón” son “los que han sido perdonados” y por tanto, “limpiados todos sus pecados” (Mateo 5.8); y “los pacificadores” serían los que, por la Justicia ganada y obrada por Cristo, están “en paz con Dios” y anuncian esta paz espiritual a la gente (Mateo 5.10). No seré yo quien se oponga e esta espiritualización de las Bienaventuranzas que tanto puede confortar las almas de los cristianos. Lo que afirmo, es que la espiritualización de las Bienaventuranzas, no puede llevarnos a excluir su literalidad, su significado primario que es el resaltado por Lucas, inspirado también por el mismo espíritu que Mateo.
Jesús estaba rodeado de mucha gente de “toda Judea, Jerusalem, Tiro y Sidón” “había venido para oírle y para ser sanados de sus enfermedades...y toda la gente procuraba tocarle, porque poder salía de él y sanaba a todos” (Lucas 6.17-19). Sus discípulos, no sólo los doce sino el grupo que le seguía incluyendo las mujeres, estaban en lugar preferente, delante de la multitud y rodeándole. El Señor, “viendo la multitud” (Mateo 5.1), “alzando sus ojos hacia sus discípulos” (Lucas 6.20), sus ojos miraban a todos: a la multitud y a los discípulos. Las Bienaventuranzas van dirigidas, pues, a todos: a la multitud y a los discípulos.
Cuando Jesús llama a “los pobres”, y a “los que ahora tenéis hambre”, y a “los que ahora lloráis”, a “los misericordiosos”, a “los de limpio corazón”, a “los pacificadores”, a “los que padecen persecución por causa de la justicia” y a los “vituperados , perseguidos e injuriados por causa de Cristo”, BIENAVENTURADOS , es porque éstos existían entre todos los que le escuchaban, entre la multitud y entre los discípulos.
Había, seguramente, muchos pobres entre los oyentes de Jesús. Y los pobres, suelen serlo también de espíritu y ellos eran los principales destinatarios de las Buenas Nuevas del Reino de Dios. Por eso, los pobres –también en espíritu- eran y son Bienaventurados. En cambio, sólo cuatro versículos mas adelante, al final de las bienaventuranzas, Jesús se refiere a los ricos literales de este mundo, diciéndoles: “ Mas ¡ay de vosotros, ricos! Porque ya tenéis vuestro consuelo” (Lucas 6.24).
Según el Señor, los ricos ya tienen aquí en este mundo, su consuelo: su bienestar económico, su seguridad, su nivel de vida y el de sus familias; mientras que los pobres, de todo esto carecen. En la Venida del Reino de Dios, las cosas no pueden seguir siendo así. ¡Tienen que cambiar!. Porque “él hará nuevas todas las cosas” (Apocalipsis 21.5) o como se le dijo al rico que, desde el infierno, vio al pobre Lázaro en el cielo, el mismo que solía sentarse a su puerta para mendigar: “Hijo acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; pero ahora éste es consolado aquí, y tú atormentado” (Lucas 16.25).
A los cristianitos espiritualistas, que les fastidia que el Reino de los cielos tenga preferencia por los pobres, porque ellos no lo son, y tampoco estarían dispuestos no ya a “vender sus bienes y darlos a los pobres”,sino ni siquiera a vivir como propone San Pablo: “los que compran (sean) como si no poseyesen; los que disfrutan de este mundo como si no lo disfrutasen; porque la apariencia de este mundo se pasa” (1ª Corintios 7.30,31).
A estos cristianitos que además de vivir estupendamente, como en tiempos bíblicos solían vivir los ricos o incluso mejor, porque tienen comodidades y bienes que ni siquiera disfrutaban los ricos de entonces, a estos cristianitos –repito- les cuesta aceptar que el Reino de los cielos sea para los pobres preferentemente y, raudos y veloces, se apresuran a argumentar: Lázaro no se salvó por ser pobre, ni el rico se condenó por ser rico, sino porque Lázaro era creyente y el rico no.
Las Escrituras establecen como doctrina básica “la Justificación por la sola fe” y esta historia, no parábola, que Jesús contó debe ser interpretada así, según la analogía de la fe. Pero mucho me temo, que los cristianitos espiritualistas, usen esta verdad bíblica, como tranquilizante para sus conciencias. Por eso debo recordarles otra doctrina central de las Escrituras: la salvación por la sola gracia de Dios. Y otra mas: la preferencia de esta gracia de Dios por los pobres de la tierra, por los pobres y desfavorecidos, por los que nada son. Y aún otra: la enorme dificultad de los ricos de este planeta, para entrar en el Reino de Dios.
Después de las bienaventuranzas, añade Jesús: “¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados! Porque tendréis hambre. ¡Ay de vosotros, los que ahora reís! Porque lamentaréis y lloraréis! (Lucas 6.25). Los que ahora, es decir “en este mundo” están “saciados”, tendrán (futuro) hambre. No hay nada que espiritualizar en esta Escritura. Quienes viven su “ahora” sin necesidades, porque las tienen todas cubiertas, quienes viven aquí y ahora “saciados”, deben pensar que pertenecen al 20% de la humanidad rica, que consume el 80% de los bienes de este planeta que además, para que tan pocos puedan gastar tanta energía, necesitan exprimirlo y contaminarlo. La televisión, además de hacernos cada día menos humanos, mas pasotas y consumistas, nos muestra –aunque sea de tarde en tarde- el hambre y la sed del 80% de los seres humanos que pueblan la tierra.
Cierto es que, en este 20% que forman el mundo rico, hay una gran cantidad de personas que profesan ser cristianos. Pero el planeta no ha cambiado y si algo cambia, lo hace para peor: para que los ricos sean mas ricos y los pobres, mas pobres.
Esto quiere decir que:
a.- el Cristianismo, religión mayoritaria del Primer Mundo, es ineficaz para transformar el mundo.
b.- el Cristianismo que se vive en el Primer Mundo se muestra ineficaz, porque no es el Cristianismo que Cristo predicó, sino una caricatura del mismo. Por eso carece del Poder que tiene Cristo para cambiar todas las cosas.
c.- los cristianos, enzarzados en disputas religiosas y políticas, con sus Iglesias al frente, han abandonado la predicación del Reino de los cielos, aceptando al presente sistema político-económico del mundo, culpable de crear la gran pobreza actual de la Humanidad.
Si el cristiano del Primer Mundo, mas o menos rico, cree que el mundo va bien, por cuanto él y su familia viven bien, y se refugia en que la situación humana es la que es, porque así lo quiere Dios y, sobre todo, que ellos no pueden hacer nada para cambiar las cosas, entonces, son de aquellos, de los que dijo Jesús:”¡Ay de vosotros, los que ahora estás saciados(y conformes)! Porque tendréis hambre.” (Lucas 6.25).
Supongo que cuando el Reino de Dios llegue y cambie todas las cosas, estos cristianitos que ahora están “saciados”, no se quejarán cuando sean ellos los que “pasen hambre”.
Pero, mucho me temo, que lo que realmente existe tras este fatalismo cristiano, es simplemente, falta de fe. No creen en el Reino de Dios. No han pedido nunca a Dios: “venga a nosotros tu Reino” y al estar contentos con la situación actual del mundo, tampoco habrán pedido a Dios: “Hágase tu voluntad en la tierra como se hace en el cielo” (Mateo 6.10).
Por eso aceptan el sistema e incluso, se muestran molestos, cuando no enfadados, con quienes pretenden cambiarlo, no sea que con el cambio que proponen, ellos, cristianitos aborregados, salgan perdiendo. Poco piensan en el Tercer Mundo. No quieren perder ni un ápice de los privilegios que ahora tienen. Por eso son cristianitos conformistas, votantes de la derecha cristiana, defensora de sus privilegios y garante de la sacrosanta propiedad privada y de la intocable libertad económica. Y como pretexto para actuar así, “hacen larga oración” (Mateo23.14), es decir: se refugian en sus iglesias a inspirar el opio que, como incienso, ofrecen al dios Mammón (dios del bienestar y de la riqueza), olvidando que “ninguno puede servir a dos señores...No podéis servir a Dios y a las riquezas” (Mateo 6.24).
Es cuestión de fe. Estos cristianitos, felices y contentos con el rumbo de este mundo, carecen de fe y su condenación les vendrá, porque forman parte del mundo rico, se encuentran a gusto en él y no desean cambiarlo. En pocas palabras: la gracia salvadora de Dios no suele anidar en la gente cómoda de un mundo rico, que nada hace por cambiar las bases injustas sobre las que se asienta.
Juan Wycliffe (1330-1384), a quien todo el mundo considera un precursor de la Reforma, al traducir al inglés las Escrituras y mandar a sus seguidores los Lollardos, de dos en dos, a proclamar su contenido por todas partes, contribuyó a que se cuestionara la sociedad feudal de sus días. De hecho, se atribuye por muchos, a esta influencia de la enseñanza bíblica, la primera revuelta o revolución del campesinado inglés en 1.381, mas de un siglo antes de la que lideró Müntzer. Siempre es así. La Palabra de Dios habla de la justicia social, tanto como de la espiritual. Lo que, también siempre sucede, es que las iglesias, temerosas de los cambios sociales que acarrearían una aplicación a la economía de las Escrituras, terminan oponiéndose a lo nuevo, porque ellas mismas forman parte del sistema. Todo lo contrario, sus métodos de conversiones forzosas, desde el poder y bajo coacción, ha formado un numeroso ejército de mártires, cuyas almas están aun en el cielo, preguntándole a Dios cuándo actuará contra ella.
“¡Aleluya!...pues ha juzgado a la Gran Ramera que ha corrompido la tierra con su fornicación, y ha vengado la sangre de sus siervos de la mano de ella” (Apocalipsis 19.1,2).
“...vi bajo el altar las almas de los que habían sido muertos por causa de la palabra de Dios...diciendo:¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra?......y se les dijo que descansasen todavía un poco de tiempo, hasta que se completara el número de sus consiervos y hermanos, que también habían de ser muertos como ellos” (Apocalipsis 6.9-11).
----- Porque las iglesias-rameras del sistema, al mundanalizarse, optando por el poder y por los poderosos de la tierra, se han incapacitado para ser portavoces creíbles del Evangelio de los pobres, por los que Jesucristo optó claramente, es por lo que sólo sirve para entretener a la gente sencilla, para ofrecer shows televisivos, grandiosos espectáculos musicales, ceremoniales o festivo-religiosos que atraen a los turistas o curiosos, pero no para edificar a las almas y alimentarlas con la Palabra de Dios; es por lo que se hace necesario ABANDONAR TODAS SUS ORGANIZACIONES, “salir de ella”, evitando así, el castigo que por sus grandes pecados, le enviará el Señor.
----- El llamamiento de las Escrituras para “salir” y que yo repito, no es para que luego “entres” en otra organización religiosa, con otras normas, otras leyes, otros jefes, otro clero, etc,.¡Para eso, quédate donde estás!. Ya conoces el refrán “mas vale lo malo conocido, que lo bueno por conocer”.¿Qué mas te da que tu jefe sea el Papa de Roma, o el Arzobispo de Canterbury, o el Presidente Adventista, Rusellista o Mormón?.
La invitación a que “salgas” también vale para “salir” de estas otras organizaciones o iglesias que, también forman parte de la Gran Ramera, de Babel, de la gran confusión. Si en verdad rompes tus cadenas, no te busques otras. Cristo nos quiere libres. El nos hace libres. Repasa, relee, lo que escribí anteriormente, acerca de formar con otros creyentes como tú, grupos autóctonos, grupos independientes, células cristianas, que esta fue la idea de Jesucristo y la práctica de los Apóstoles. Estos grupos autónomos de cristianos, son los que forman la iglesia de Jesucristo, no ninguna organización mundial, nacional o provincial.
----- Algunos te dirán, posiblemente, que lo que estoy proponiendo es un “anarquismo cristiano”. Si tal fuese el caso, no dudo que así podría también definirse a lo que formaban las iglesias cristianas en vida de los Apóstoles. No tenían otro jefe que al propio Jesús. Ninguno se consideraba superior a otro (Filipenses 2.3) “estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo”, todos afirmaban tener por única Cabeza de todas las iglesias reunidas en las casas particulares, a Cristo Jesús (Efesios 1.22,23). Todos los creyentes eran sacerdotes “mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio” (1ª Pedro 2.9), el Espíritu repartía cómo y a quién quería “ constituyó a unos, apóstoles; a otros a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio” (Efesios 4.11,12), utilizaban sus colectas sólo para socorrer a los pobres “en cuanto a la ofrenda para los santos...cada uno ..ponga aparte algo, según haya prosperado” (1ª Corintios 16.1,2) y para ayudar ocasionalmente a los misioneros o evangelistas “me gocé en el Señor de que..hayáis revivido vuestro cuidado de mí...estabais solícitos, pero os faltaba la oportunidad...aun a Tesalónica me enviasteis ....para mis necesidades..” (Filipenses 4.10,16) y, sobre todo, seguían la máxima anarquista del anarquista cristiano León Tolstoi “todo lo que quisierais que los hombres hagan con vosotros, hacedlo también con ellos” (Mateo 7.12).
Por otra parte, quizá no haya otra persona mas preparada para ser anarquista, que la persona que es verdaderamente cristiana. Alguien que cree, conoce y practica las enseñanzas de Jesús de Nazaret.
----- Las iglesias de Jesucristo, no deben ser apolíticas, sino todo lo contrario. Estar contra el poder establecido que es el poder “que ahora obra en los hijos de desobediencia” (Efesios 2.2), que está dominado por el capitalismo y sus hijos predilectos: la ignorancia política, la indiferencia ideológica, el consumismo y la ceguera consciente, ante el ajeno sufrimiento.
Este sistema es la misma encarnación de Satanás, tanto como Jesucristo es la encarnación del Verbo de Dios.
Un cristiano de “derechas” o incluso “neutro”, políticamente hablando, es un cristiano producto de las iglesias del sistema, o profundamente ignorante del espíritu de la Palabra de Dios. Aunque tenga carreras universitarias, incluyendo la de teología. Dijo Jesús en oración: “Te alabo Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y entendidos, y las has revelado a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó” (Lucas 10.21).
Un cristiano cuya alma ha sido bendecida por Dios, no puede contemplar el mundo en que vivimos y ser políticamente “neutro”, o tomar partido por los que detentan el poder universal que tantas injusticias están provocando. Es como si tomara partido por Satanás. Cuando éste tentó a Jesús en el desierto y le propuso que le adorara, argumentó su pretensión diciéndole: “..te daré (si me adoras) toda la potestad y la gloria de ellos (“los reinos de la tierra”,vers. 5); porque a mí me ha sido entregada, y a quien quiero la doy” (Lucas 4.6).
Está claro que Satanás gobierna el actual sistema político-religioso-económico del mundo y promueve la adoración a su ídolo predilecto, el Becerro de Oro. Dios lo ha permitido así, hasta que el Reino de los cielos sea establecido. Mientras tanto, los cristianos debemos luchar contra todo poder establecido, “entregado” a Satanás, que sigue sus directrices de oposición a Dios. Las iglesias del sistema no lucharán, porque hace tiempo que ya se rindieron, y a Satanás adoran y sirven.
Ellas forman parte de lo viejo, del capital, de la injusticia que hay que reformar. Los Lollardos fueron casi exterminados en las hogueras. Wycliffe salvó la vida, siendo silenciado. Aunque no le dejaron descansar en paz, porque sus huesos, desenterrados, fueron pasto de las llamas. (Nota 131)
El rico que estando en el infierno, vio a Lázaro en el cielo y le reconoció como quien solía mendigar “echado sobre su puerta” (Lucas 16.20), “ansiando las sobras de su mesa”, sin otras medicinas para sus llagas que la aliviadora saliva de los lametones de los perros (Lucas 16.21), no hizo –que sepamos- mas de lo que hace el Primer Mundo ante el Tercero: Nada. Absolutamente nada. Solamente permaneció disfrutando de lo que tenía. Incluso era, a su modo, creyente, porque consideraba a Abraham (padre de los creyentes) como su padre (vers.24) y el propio Abraham, también le llamó “Hijo” (vers. 25). Por lo que podemos deducir, que aquel hombre acudía a la sinagoga, al Templo, y cumplía con los rituales y preceptos de la ley mosaica.
Su pecado no fue mayor que el de la mayoría de los cristianos de éste nuestro Primer Mundo rico. Estar de acuerdo con el establisment que le permitía vivir bien, e ignorar a los numerosos Lázaros que no tuvieron su suerte, y por supuesto, oponerse frontalmente a cualquiera que quisiera hacer algo contra su forma de vida. Si a este rico le hubieran venido hablando de socialismo, de liberación de esclavos, de igualdad de razas, de justicia social, de impuestos para hospitales para enfermos como Lázaro, de un tope máximo a las riquezas individuales, etc., no sólo no habría movido un dedo en pos de estas cosas que le perjudicarían, sino que, seguramente, hubiera reaccionado contra tales proposiciones en la medida de sus fuerzas.
“¡Ay de vosotros intérpretes de la ley! Porque habéis quitado la llave de la ciencia; vosotros mismos no entrasteis, y a los que entraban se lo impedisteis” (Lucas 11.52).
Así sucede cada vez que el Evangelio del Reino es anunciado a los pobres de la tierra. La gente y las iglesias ricas, contentas con el sistema injusto que impera en la tierra, no sólo no entran, (aunque tienen la llave de poseer conocimiento religioso, político, filosófico, económico, etc.) sino que impiden la entrada a otros en este Reino.
Pero, por mucho impedimento que pongan, el Reino de Dios vendrá. Dios mismo vendrá y nos salvará, estableciendo su reino de Justicia y de Paz para siempre.
La iglesia de Jesucristo, como el remanente fiel en medio de este mundo impío e injusto, ha de seguir siendo pregonera de Justicia, anunciando las grandes y maravillosas obras que hizo el Señor en la antigüedad, y que aun hará su poderosa mano sobre la tierra.
Anunciemos el Juicio del Señor contra los impíos, y contra los ejércitos que imponen sus planes impíos sobre la tierra. (Isaías 66.15,16):
“Porque he aquí que Jehová vendrá con fuego, y sus carros como torbellino, para descargar su ira con furor, y su reprensión como llama de fuego. Porque Jehová juzgará con fuego y con su espada a todo hombre; y los muertos de Jehová serán multiplicados”.
“Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero y con justicia juzga y pelea....Estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y su nombre el Verbo de Dios. Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos. De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Todopoderoso....Y vi un ángel...diciendo a todas las aves...: Venid y congregaos a la gran cena de Dios, para que comáis carnes de reyes y de capitanes, y carnes de fuertes, carnes de caballos y de sus jinetes, y carnes de todos, libres y esclavos, pequeños y grandes. Y vi a la Bestia, a los reyes de la tierra y a sus ejércitos, reunidos para guerrear contra el que montaba el caballo, y todas las aves se saciaron de las carnes de ellos” (Apocalipsis 19.11-21).
Sepan los poderosos de este mundo que sus grandes, tecnificados y eficaces ejércitos, con todo su costoso equipamiento, serán destruidos ante los ejércitos celestiales encabezados por el Verbo de Dios, por el poder de su palabra misma, con la cual mandó que de la nada, surgiera la Creación. Este mismo poder que Dios usó para crear, lo usará también para destruir a todos los ejércitos del mundo. Ya no habrá mas poderosos que impongan al mundo sus guerras económicas y estratégicas, según sus intereses. Las aves de rapiña de los cielos, las aves carroñeras, se saciarán de los miles y miles de cadáveres expuestos al sol.
Los ejércitos no fueron nunca obra de Dios. Los ejércitos fueron inventados, creados, formados por los hombres poderosos para mantenerse en el poder, para engrandecerlo y extenderlo sobre los pueblos mas débiles, para imponer a los vencidos sus normas, para expoliar y oprimir a los débiles.
Israel, cuando fue gobernado por Dios, es decir, hasta que pidió rey al profeta Samuel, carecía de ejército y nunca, durante aquellos cuatro siglos, lo necesitaron. Cuando eran atacados por sus enemigos, se reunían los hombres de las tribus y guerreaban con ellos. Terminada la batalla, cada uno regresaba a su casa y a su tierra.
Cuando Israel quiso rey, la monarquía implantó un ejército permanente. Mas no fue esa la voluntad, sino la permisión de Dios. El Señor se hubiera bastado para defender a su pueblo. De hecho, las Escrituras le llaman “Jehová de los ejércitos”, haciendo alusión a los millones de poderosos ángeles que le sirven y le obedecen. Pero Israel quiso rey y Dios se lo concedió, no sin antes advertirles de los males que traería consigo la monarquía, entre los cuales figuraba el ejército permanente que establecería.
Cierto es también que los demás pueblos tenían sus reyes y sus ejércitos y que Dios mismo, proclama en su palabra que este poder, por grande que sea o llegase a ser, no escapa al control del poder divino que es quien, en realidad, lo establece, lo confirma, lo derrota, lo cambia o lo destruye, según sus planes para conducir la historia hacia sus propios designios. Por eso afirma la Escritura: “ el Altísimo tiene el dominio en el reino de los hombres, y lo da a quien él quiere” (Daniel 4.32).
El mismo emperador de Babilonia, Nabucodonosor, fue castigado con demencia “hasta que reconoció que el Altísimo Dios tiene dominio sobre el reino de los hombres, y que pone sobre el al que le place” (Daniel 5.21).
“Por mí reinan los reyes..por mí dominan los príncipes, y todos los gobernadores juzgan la tierra” (Proverbios 8.15,16).
“El convierte en nada a los poderosos, y a los que gobiernan la tierra hace como cosa vana” (Isaías 40.23)
El propio Jesús dijo a Pilato: “Ninguna autoridad tendrías contra mí, si no te fuese dada de arriba..” (Juan 19.10,11).
Los Apóstoles, también confirman esta enseñanza en el Nuevo Testamento, y se hacen eco de ella en pasajes como Romanos capítulo 13 y otros similares, que ya hemos citado anteriormente. Por lo que los cristianos estamos obligados a obedecer, en todo cuanto no atente contra la palabra de Dios, a los gobernantes, no permitiéndosenos ninguna revolución, mas que la pacífica que, de antemano rechaza toda violencia.
Parece mentira que Nerón, los Reyes Católicos, Felipe II, Stalin, Hitler, Franco, Efraín Rios, Pol Pot, Bush, etc., hayan sido “puestos por Dios” en el poder. Pero así estamos obligados a creerlo, si de verdad creemos que las Escrituras son la Palabra de Dios.
Lo cual, por otra parte, no significa necesariamente que tales gobernantes hayan sido bendecidos por Dios, sino mas bien, todo lo contrario. Puesto que el poder corrompe, Dios no les hace ningún favor a los que “pone” para ejercerlo, por cuanto todos participarán, en mayor o menor grado, de esa corrupción innata al poder. “Si opresión de pobres y perversión de derecho y de justicia vieres en la provincia, no te maravilles de ello” (Eclesiastés 5.8), no te maravilles porque es cosa muy normal que esta corrupción exista, lo que ocurre es que sobre los altos puestos o altos cargos, “uno mas alto está sobre ellos, vigilando”. “León rugiente y oso hambriento es el príncipe impío sobre el pueblo pobre...multiplicará la extorsión” (Proverbios 28.15,16).
Mas con todo, es así como Dios gobierna, rige o conduce la historia humana. Y los cristianos libres creemos que lo hace bien, por cuanto la humanidad avanza, con sus desvíos y retrocesos incluidos, hacia su final culminación o meta: el establecimiento del Reino de Dios en este mundo, que será también por Dios renovado o transformado. Para lo cual, paradógicamente, todos los Estados, Gobiernos y ejércitos del mundo deberán ser primero destruidos. “Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos” (Apocalipsis 11.15). Porque el ser humano no está hecho para ejercer poder y si lo ejerce, se corrompe inevitablemente. Y en el Reino de Dios no hay cabida para la corrupción del tipo que sea, sino para la Justicia y la Paz en toda su amplitud.
Por ello, los militares (y los hubo cristianos, como el centurión Cornelio, los soldados que Juan el Bautista bautizó, et.,etc.) de hoy, si son verdaderamente cristianos, conocedores de las Escrituras y discernidores de los espíritus (1ª Corintios 12.10) deben tener especialmente cuidado con algunos conceptos, como la llamada “obediencia debida”, que los nazis utilizaron para justificar sus crímenes contra la Humanidad, y los fascistas e incluso comunistas, usaron también para justificar los suyos. Ningún crimen, tiene justificación. Ninguna tortura. Ningún Guantánamo, ningún interés nacional, ninguna seguridad nacional, puede asesinar, accidentar o suicidar a ningún ser humano.
Ningún ejército puede cometer errores de cálculo, eufemísticamente llamados “daños colaterales”; porque su verdadero nombre sería “homicidios por negligencia”; y estos supuestos errores, deben ser juzgados y condenados como los de cualquier otra profesión. La profesión militar no da a nadie licencia para matar, ni torturar.
Es necesario que los ejércitos vayan siendo, cada día, menos necesarios. Para lograrlo, es vital que la Justicia, cada día, vaya siendo mas eficaz y perfecta. Los Tribunales Internacionales han de ir, cada día, tomando mas fuerza. Por mucho que se pierda en una sentencia de estos, mas se perdería en una guerra.
Los países mas poderosos, son los llamados a dar ejemplo. Sin embargo los Estados Unidos no reconocenrla autoridad del Tribunal Penal Internacional de La Haya, por temor a que presidentes como Bush y otros, pudieran ser llamados a su comparecencia. En cambio lleva ante él a sus enemigos vencidos, como Caucescu o crea ex profeso otros como en Irak, para ahorcar a Sadán Hussein, anteriormente su aliado durante los ocho años de guerra que mantuvo contra Irán. Ni Sadán ni Jomeini supieron ver que estaban gastando los recursos petrolíficos de sus respectivos países, en una estúpida guerra fraticida, en lugar de aliviar las condiciones de vida de iraquíes e iraníes. Ambos cayeron en la trampa que les tendió la diplomacia Capitalista y, en efecto, el Capitalismo resultó el único vencedor, desgastando a ambos y fortaleciendo su influencia en la zona mediante la planificada destrucción de Irak, a quien no sólo no se le permitió cobrarse los servicios prestados con la anexión de Kuwait (como Sadán creyó que ocurriría), sino que, además, se le hipotecó su petróleo por varias generaciones.
Todo esto se hizo ante los ojos de las iglesias cristianas norteamericanas, por los Presidentes que fueron desde Ronald Reagan a Bus hijo, sin que sus cristianos, los mas analfabetos políticos de todo el planeta, se percataran de ello, sino antes bien, creyendo estúpidamente que sus gobiernos y su ejército estaban promoviendo la libertad y la democracia en esa parte del mundo. Ignoran voluntariamente que para mantener lo que eufemísticamente ellos llaman “modo de vida americano”, es necesario que su gobierno clave la aguja a otros países y así, sus Multinacionales puedan absorberles su sangre. El sistema Capitalista que, ignorando la Biblia, defienden, es un infernal Vampiro que sólo puede sobrevivir chupando la sangre y los recursos de las naciones pobres de la tierra.
El sistema económico llamado Capitalismo es, por su misma esencia de exagerado individualismo y competitividad, contrario al Cristianismo, que es en esencia, de colectivismo, cooperación y repartición. (Nota 162 bis)
Es curioso mirar unas décadas atrás, y ver como los Ministerios encargados de los ejércitos, solían llamarse “Ministerios de la Guerra”. Hoy, en casi todas las naciones , los llaman “Ministerios de Defensa”.
Si las palabras tienen significado, esto supone que ninguna nación quiere la Guerra, y que posee ejército, sólo para su Defensa. Si ningún país quiere la Guerra, a ninguna nación le hace falta un ejército para su Defensa. Si los tenemos es porque no nos fiamos los unos de los otros. La desconfianza provocó “el principio del fin” del Capitalismo, en el año 2.008. La desconfianza puede provocar también “el principio del fin” del Militarismo actual. Ambos sistemas necesitan ser profundamente reformados. Podríase acabar así con el hambre y subdesarrollo del mundo. Esto no es una quimera, algo imposible e inalcanzable. Puede hacerse.
Tal vez si el hombre considera su camino y decide volverse (esto es lo que significa “arrepentirse”), todas las miserias, hecatombes, plagas, etc, que anunciaron los profetas del Antiguo y Nuevo Testamentos, como duros castigos a la Humanidad, se podrían evitar, y el Reino de Dios podría venir a esta tierra sin estas profetizadas violencias.
Jonás fue forzado a ir a Nínive, anunciando su destrucción si antes de cuarenta días, no se arrepentían sus habitantes de todas sus maldades. La ciudad se arrepintió, volviéndose de sus perversos caminos (Jonás 3.4-10).
Jonás se retiró para ver de lejos la destrucción de la ciudad (Jonás 4.5) y, viendo que no llegaba, se enfadó con el Señor, hasta el punto que Dios tuvo que decirle:”¿...no tendré yo piedad de Nínive, aquella gran ciudad donde hay mas de ciento veinte mil personas que no saben discernir entre su mano derecha y su mano izquierda, y muchos animales?” (Jonás 4.11). Si tal cosa sucediera con el mundo, sería porque las profecías del Señor que hablan de tan grandes castigos sobre la tierra y sus habitantes, anunciadas por las iglesias de Jesucristo, tenían como fin el arrepentimiento del hombre, su retorno a Dios, el establecimiento pacífico del Reino de los cielos en la tierra.
En tal caso, las iglesias de Jesucristo no se apesadumbrarían como Jonás, sino que alabarían al Señor por su grandiosa misericordia. La cuestión está, en saber si el mundo responderá o no con arrepentimiento verdadero, al anuncio profético que comenzó Jesucristo y continuó su iglesia hasta hoy, y que continuará hasta que él venga. Si el mundo se arrepiente, Dios será bendito en su misericordia. Si el mundo sigue por su mal camino, Dios será bendito en su justicia. En ambos casos, bendito será y es, ahora, antes y siempre. En cualquiera de ambos casos, las iglesias de Jesucristo habrán cumplido su tarea profética y glorificarán a Dios, el único que conoce lo que ha de ser, porque antes, en su soberanía, lo determinó.
Lo que es necesario, es que “cada uno sea hallado fiel” (1ª Corintios 4.2), y que cada iglesia del Señor, anuncie su pronta venida, acompañada de “su retribución”, que siempre será justa para quienes no crean, y llena de gracia para que todo aquel que creyendo, diga: “Ven Señor Jesús” (Apocalipsis 22.20).
30-LAS IGLESIAS DEL SISTEMA.
Hemos dado, en lo dicho hasta ahora, muchas claves para las iglesias de Jesucristo, precursoras del Reino de los cielos y con ello, nos habremos granjeado muchos enemigos a pesar de que no era ésa nuestra intención. Trataremos de resumirlas y de añadir otras que, o se omitieron, o no quedaron muy explícitas por ir dadas en medio de otros conceptos.
-----La iglesia de Jesucristo sobre la que no prevalecerán las puertas del infierno, no tiene nada que ver con las iglesias oficialistas, jerárquicas, institucionales, organizadas, identificadas, reconocibles, históricas, etc, que existen.
Entre sus miembros o feligresía, por supuesto que existen cristianos verdaderos que las sostienen con su presencia y apoyos, porque están convencidos de que así sirven al Señor. También hay otros, que permanecen en ellas por tradición o costumbre y otros, mas débiles o sencillos en la fe, porque creen que es bueno para su espíritu.
---- A todos les hemos dicho con las Escrituras y ejemplos de la historia, que éstas, sus respetables iglesias, participan de la Babilonia del Apocalipsis, por cuanto con sus organizaciones diversas, contribuyen al Babel, a la confusión que la generalidad del cristianismo o cristiandad, está dando al mundo, a la actual sociedad.
----- A todos les hemos repetido que sus organizaciones eclesiásticas, están sumergidas en las posiciones políticas de sus dirigentes, siempre conservadoras, incapaces de captar los cambios necesarios que necesita el actual sistema que rige el mundo. No es que sus iglesias-eclesiásticas (olviden la etimología redundante de esta expresión, quedándose con el concepto), sus iglesias-sistemas, sus denominaciones, etc, sean “apolíticas”, sino que sostienen un apoliticismo oficial, que ya en sí mismo, es una clara posición política; sostienen una indefinición, un no tomar partido, una neutralidad, que ya las marca como iglesias del sistema.
----- Estas iglesias del sistema, son organizaciones cristianas que defienden el conservadurismo político. Las cosas están bien como están y sus iglesias nada harán por cambiarlas. Es mas: se sienten cómodas en el sistema. (Nota 162)
----- En consecuencia, su catequesis va dirigida a formar “ciudadanos-ovejas”, respetuosos con el sistema, e incapaces de crear problemas político-sociales en sus Estados.
----- El sistema premia este servilismo de las iglesias afines, como las circunstancias sociológicas y legales de cada país lo permiten: con subvenciones directas a las iglesias y sus organizaciones, concertaciones económicas y sobre todo, porque así interesa a los propios Estados, fomentando el prestigio y la influencia de sus iglesias serviles sobre la ciudadanía, a través de su constante presencia en la vida pública del país. La filosofía de estos Estados queda explícita en esta o parecida frase, que alguien dijo alguna vez: “Resulta mas rentable para un Gobierno pagar un cura o un pastor, que a diez policías o agentes del orden”.
----- Las iglesias del sistema están encantadas (compradas) con esta situación que, de hecho, las convierte en “iglesias-oficiales” de tales países, aunque constitucionalmente no lo sean.
----- Estos Gobiernos, nada tienen que temer (Y sí, mucho que agradecer) de tales iglesias. Sólo son “peligrosas” cuando se las quiere quitar algunos o todos sus injustos privilegios.
En tales casos, como sucedió en España con la Segunda República, son capaces de utilizar todo su poder e influencia, para derrocar cualquier Gobierno, fomentando y bendiciendo incluso una guerra civil, que tenga entre sus objetivos, la restitución de sus perdidos privilegios.
----- Las iglesias del sistema, de cualquier rama del cristianismo que sean, se han adherido, oficialmente o de facto, a la Gran Ramera del Apocalipsis que, históricamente, viene “fornicando” con los reyes, poderosos y ricos de la tierra.
----- Se han incapacitado, por tanto, para ser precursoras o embajadoras del Reino de Dios. Si el Reino de Cristo no es de este mundo, las iglesias nunca debieron aliarse con ningún país, Estado o Gobierno del mundo. Históricamente, estas alianzas o “fornicaciones”, han demostrado la veracidad del título que le da la Escritura: “ramera” o prostituta, porque abandonando la fidelidad debida a Cristo, único esposo de la Iglesia, han fornicado con el poder.
----- Esta, y no otra, es la causa del descomunal y portentoso fracaso del Cristianismo en el mundo. Dos mil años de Cristianismo han sido incapaces de cambiar el mundo. La Iglesia ha sido la organización mas poderosa de la tierra. Ha tenido, no ya naciones, sino imperios, bajo su purpurado manto y cetro de oro, sin ser capaz de “convertir” a nadie a Jesucristo, ni siquiera –o quizá por causa de ello- usando el poder y la fuerza. (Nota 132)
Todo lo contrario, sus métodos de conversiones forzosas, desde el poder y bajo coacción, ha formado un numeroso ejército de mártires, cuyas almas están aun en el cielo, preguntándole a Dios cuándo actuará contra ella.
“¡Aleluya!...pues ha juzgado a la Gran Ramera que ha corrompido la tierra con su fornicación, y ha vengado la sangre de sus siervos de la mano de ella” (Apocalipsis 19.1,2).
“...vi bajo el altar las almas de los que habían sido muertos por causa de la palabra de Dios...diciendo:¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra?......y se les dijo que descansasen todavía un poco de tiempo, hasta que se completara el número de sus consiervos y hermanos, que también habían de ser muertos como ellos” (Apocalipsis 6.9-11).
----- Porque las iglesias-rameras del sistema, al mundanalizarse, optando por el poder y por los poderosos de la tierra, se han incapacitado para ser portavoces creíbles del Evangelio de los pobres, por los que Jesucristo optó claramente, es por lo que sólo sirve para entretener a la gente sencilla, para ofrecer shows televisivos, grandiosos espectáculos musicales, ceremoniales o festivo-religiosos que atraen a los turistas o curiosos, pero no para edificar a las almas y alimentarlas con la Palabra de Dios; es por lo que se hace necesario ABANDONAR TODAS SUS ORGANIZACIONES, “salir de ella”, evitando así, el castigo que por sus grandes pecados, le enviará el Señor.
----- El llamamiento de las Escrituras para “salir” y que yo repito, no es para que luego “entres” en otra organización religiosa, con otras normas, otras leyes, otros jefes, otro clero, etc,.¡Para eso, quédate donde estás!. Ya conoces el refrán “mas vale lo malo conocido, que lo bueno por conocer”.¿Qué mas te da que tu jefe sea el Papa de Roma, o el Arzobispo de Canterbury, o el Presidente Adventista, Rusellista o Mormón?.
La invitación a que “salgas” también vale para “salir” de estas otras organizaciones o iglesias que, también forman parte de la Gran Ramera, de Babel, de la gran confusión. Si en verdad rompes tus cadenas, no te busques otras. Cristo nos quiere libres. El nos hace libres. Repasa, relee, lo que escribí anteriormente, acerca de formar con otros creyentes como tú, grupos autóctonos, grupos independientes, células cristianas, que esta fue la idea de Jesucristo y la práctica de los Apóstoles. Estos grupos autónomos de cristianos, son los que forman la iglesia de Jesucristo, no ninguna organización mundial, nacional o provincial.
----- Algunos te dirán, posiblemente, que lo que estoy proponiendo es un “anarquismo cristiano”. Si tal fuese el caso, no dudo que así podría también definirse a lo que formaban las iglesias cristianas en vida de los Apóstoles. No tenían otro jefe que al propio Jesús. Ninguno se consideraba superior a otro (Filipenses 2.3) “estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo”, todos afirmaban tener por única Cabeza de todas las iglesias reunidas en las casas particulares, a Cristo Jesús (Efesios 1.22,23). Todos los creyentes eran sacerdotes “mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio” (1ª Pedro 2.9), el Espíritu repartía cómo y a quién quería “ constituyó a unos, apóstoles; a otros a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio” (Efesios 4.11,12), utilizaban sus colectas sólo para socorrer a los pobres “en cuanto a la ofrenda para los santos...cada uno ..ponga aparte algo, según haya prosperado” (1ª Corintios 16.1,2) y para ayudar ocasionalmente a los misioneros o evangelistas “me gocé en el Señor de que..hayáis revivido vuestro cuidado de mí...estabais solícitos, pero os faltaba la oportunidad...aun a Tesalónica me enviasteis ....para mis necesidades..” (Filipenses 4.10,16) y, sobre todo, seguían la máxima anarquista del anarquista cristiano León Tolstoi “todo lo que quisierais que los hombres hagan con vosotros, hacedlo también con ellos” (Mateo 7.12).
Por otra parte, quizá no haya otra persona mas preparada para ser anarquista, que la persona que es verdaderamente cristiana. Alguien que cree, conoce y practica las enseñanzas de Jesús de Nazaret.
----- Las iglesias de Jesucristo, no deben ser apolíticas, sino todo lo contrario. Estar contra el poder establecido que es el poder “que ahora obra en los hijos de desobediencia” (Efesios 2.2), que está dominado por el capitalismo y sus hijos predilectos: la ignorancia política, la indiferencia ideológica, el consumismo y la ceguera consciente, ante el ajeno sufrimiento.
Este sistema es la misma encarnación de Satanás, tanto como Jesucristo es la encarnación del Verbo de Dios.
Un cristiano de “derechas” o incluso “neutro”, políticamente hablando, es un cristiano producto de las iglesias del sistema, o profundamente ignorante del espíritu de la Palabra de Dios. Aunque tenga carreras universitarias, incluyendo la de teología. Dijo Jesús en oración: “Te alabo Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y entendidos, y las has revelado a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó” (Lucas 10.21).
Un cristiano cuya alma ha sido bendecida por Dios, no puede contemplar el mundo en que vivimos y ser políticamente “neutro”, o tomar partido por los que detentan el poder universal que tantas injusticias están provocando. Es como si tomara partido por Satanás. Cuando éste tentó a Jesús en el desierto y le propuso que le adorara, argumentó su pretensión diciéndole: “..te daré (si me adoras) toda la potestad y la gloria de ellos (“los reinos de la tierra”,vers. 5); porque a mí me ha sido entregada, y a quien quiero la doy” (Lucas 4.6).
Está claro que Satanás gobierna el actual sistema político-religioso-económico del mundo y promueve la adoración a su ídolo predilecto, el Becerro de Oro. Dios lo ha permitido así, hasta que el Reino de los cielos sea establecido. Mientras tanto, los cristianos debemos luchar contra todo poder establecido, “entregado” a Satanás, que sigue sus directrices de oposición a Dios. Las iglesias del sistema no lucharán, porque hace tiempo que ya se rindieron, y a Satanás adoran y sirven. (Nota 133)
31-SATANÁS.
La visión del enemigo contra quien luchar, muchos cristianos formales, hijos de las iglesias formales del sistema, la tienen distorsionada por culpa de sus predicadores, sostenidos y sostenedores del sistema. Satanás y su obra, poseen muchas caras. Las únicas caras que ven los cristianitos del sistema, son las mas fáciles de identificar. La delincuencia, la violencia callejera, últimamente también la de género, los atracos, robos, tirones, el consumo de tabaco, alcohol, drogas y estupefacientes, la prostitución, el proxenetismo, la paidofilia, la pornografía y en general, todo cuanto ofrezca una visión desagradable de la sociedad al ciudadano normal y respetable. Incluso algunos, llegan a incluir en esta lista, la mendicidad callejera, las vestimentas y comportamientos públicos, presencia de emigrantes, etc,. En resumen, los aspectos visibles del mal. Si éstas y parecidas cosas no vieran, creerían que Satanás no existe. De todas formas, el hombre necesita a alguien a quien echarle la culpa de sus malos actos. Pero, para éstas y otras muchas cosas, el hombre no necesita ser “tentado”, porque emanan de su propio corazón, como afirma Jesús en Mateo 15.19 “..del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias”. A todos nos gusta el dinero; pero mientras unos están dispuestos a conseguirlo a punta de pistola, de navaja, o de bolígrafo (extorsionando, engañando falseando, etc.), otros, se lo encuentran en la calle, en el taxi, etc., y lo devuelven. A todos nos gusta el poder, “el mando”. Pero mientras unos lo usan para beneficiarse personalmente, a sus familiares o amigos, otros, como Don Emilio Castelar, presidente en la Primera República, al morirse, ha de intervenir el Ayuntamiento de Cádiz y el de San Pedro de Pinatar (Murcia), para evitar que fuera enterrado “de caridad” (Nota 134), aunque, llegada la noticia a Madrid, algún Ministerio aprobó una partida de 7.ooo pesetas para su entierro en la Capital.
Nada se le pegó a los dedos, a pesar de su importante cargo. La honradez y el desapego al dinero es un buen ahuyentador de Satanás. Y al contrario, la codicia nos hace sus esclavos. Pero no es verdad que Satanás tenga la culpa de nuestros malos actos.
Dios no le ha dado el poder para obligar al hombre a que haga lo que no quiere hacer.
De hecho, en los Estados Unidos y en otros países, existen las llamadas literalmente, “Iglesias de Satanás”. Dostoyevski en “Los hermanos Karamazov”, presenta el caso del personaje mas materialista, que llega al convencimiento de la existencia de Dios, tras convencerse previamente, de la existencia del Diablo.
32-SATANÁS DISFRAZADO.
El cristiano libre, ve a Satanás trajeado, dirigiendo Consejos de Administración de grandes empresa, públicas y privadas; lo ve en espaciosos y bonitos despachos ministeriales, ocupando cargos de mandos intermedios, dirigiendo empresas, ocupando puestos públicos, desde concejales a ministros, directores generales, diputados, senadores, alcaldes; lo ve en banqueros, con mitras, con uniformes militares, policiales, batas de técnicos, monos de trabajadores; lo ve en la burocracia mercantil, concesiones, contratos, comisiones, facturaciones, notas de gastos, pluses, dietas, declaraciones de hacienda, préstamos, inversiones, especulaciones, falsificaciones; lo ve en las guerras, sus propósitos, fines y beneficios económicos; lo ve en muchos discursos políticos, en las políticas de informaciones; lo ve siempre adornado de honradez, respetabilidad, buenas costumbres, mejores modales, bienvestidos, acomodados y ricos o muy ricos. Nuestra imagen de Satanás se parece a la de un bellísimo ángel de radiante y cegadora luz.
En las empresas extranjeras que se ubican en países pobres y especialmente en las que extraen y comercializan sus productos y materias primas. Vemos a Satanás disfrazado de empresas y organismos humanitarios y bajo las togas de letrados y jueces. Lo vemos siempre, rodeado de prestigio, honores y sobre todo, de poder y solvencia económica. Mi abuelo decía: “donde menos lo esperas, salta la liebre” y, como él no era cazador, siempre supe a lo que se refería.
La Biblia dice: “Satanás se disfraza como ángel de luz” (2ª Corintios 11.14), “...sus ministros...como ministros de justicia; cuyo fin será conforme a sus obras” (vers.15).
33-LOS MINISTROS.
En este mundo complejo que nos ha tocado vivir, las cosas no son lo que parecen. Cristo conocía el interior de las personas que se acercaban a él. “..muchos creyeron...viendo las señales que hacía. Pero Jesús mismo no se fiaba de ellos, porque conocía a todos, y no tenía necesidad de que nadie le diese testimonio del hombre, pues él sabía lo que había en el hombre” (Juan 2.23-25).
El ve el corazón, nosotros sólo las apariencias, pero de él hemos aprendido a no dejarnos impresionar por ellas y San Pablo nos recomienda: “Andad sabiamente...redimiendo el tiempo” (Colosenses 4.5), y así hemos de proceder en nuestro examen de las cosas. Si tenemos su Espíritu, no será fácil que las apariencias de las cosas o de las personas, nos deslumbren.
Hay, sin embargo, cristianitos muy instruidos que no saben distinguir su mano izquierda de su mano derecha. Todavía menos, si se trata de descubrir un diablo disfrazado y, aun menos, si ha de descubrir un misionero, cura, obispo o pastor disfrazado como apóstol de Cristo; de los que San Pablo dijo: “..estos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo” (2ª Corintios 11.13) y no se refería Pablo a la caída ocasional en el pecado, que hasta los mejores siervos de Dios pueden sufrir, como el rey David en el caso Betsabé, o como el apóstol Pedro en su triple negación de conocer a Jesús. San Pablo se refería a los que, profesando ser ministros de Cristo, han trabajado para sí mismos, se han enriquecido, se han rodeado de fama y prestigio y han sido o son príncipes en su propio Israel, en su propia Iglesia, Denominación, Ámbito eclesiástico, sin entender el Evangelio del Reino, ni hacer nada por los pobres a quien especialmente va destinado, sino que dedicaron sus energías, a defender el Sistema satánico-capitalista que les ha parido y puesto en su peculiar posición.
Podría presentar una larga lista de “obreros fraudulentos” que he conocido durante mis ventisiete años, mas o menos, de mi ministerio oficial, en las iglesias del Sistema. Pero perdería el breve tiempo que me resta en este mundo, ocupado en discusiones y disputas interminables que me apartarían de mi objetivo. Como dice Pablo, “andad...redimiendo el tiempo”, porque Dios juzgará la obra de cada uno, el fuego hará la prueba. Unas lo resistirán y las edificadas con hojarasca, quedarán reducidas a cenizas.
34-LA FORMACIÓN DE LOS MINISTROS.
Las iglesias libres, las que salieron ya del Sistema, y las que aun saldrán, han de tener un cuidado especial con sus ministros. El tiempo apremia. El Reino de los cielos está mas cerca. Las profecías de las Escrituras se cumplen y van tomando forma apresuradamente en estos días atropellados, que imprimen velocidad a la historia.
No podemos emplear ni Diez, ni Doce años en la preparación de un ministro del Evangelio. Tres, deberían ser suficientes, pero compaginados con la práctica. ¿De qué sirve un doctorado en teología si luego acabas como el liberal Harnack, el modernista Karl Barth, o como Bultman (el teólogo de la desmitologización)?. ¿Para qué necesita un ministro estudiar latín, griego koiné, hebreo, sirio, y caldeo?. Que a estos estudios se dediquen los especialistas en filologías antiguas, los que sientan vocación docente, para impartirlos luego en Universidades y Colegios Mayores. En muchos lugares, los ministros presbiterianos y reformados han superado en estudios a los mismos jesuitas.
Las iglesias de Jesucristo no necesitan catedráticos religiosos. No abogo, en modo alguno, por tener pastores ignorantes; pero con poseer estudios de las Escrituras, de exégesis, de hermenéutica, de historia, de apologética y homilética, es suficiente porque lo que realmente importa en el ministro de Jesucristo, es su vocación, su llamamiento del Espíritu y su reconocimiento por la congregación o feligresía a la que va a servir. No son necesarios ni los Seminarios ni Escuelas Teológicas. Es necesario retornar a la práctica de los cristianos primitivos. Todas estas cosas las puede aprender el que ha sido llamado al ministerio cristiano, de otro ministro veterano, que lleve años de servicio al Señor. Y, conviviendo con él, puede aprender además, la práctica del servicio a Dios y a la comunidad que siempre poseen los ministros veteranos. Así se procedía en las primitivas iglesias cristianas: “..lo que has oído de mí...esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros” (2ª Timoteo 2.2).
Y, por supuesto, cada ministro debe tener un oficio o trabajo como base da su sustento. El oficio de San Pablo, además de ser un hombre culto, de letras, miembro del Sanedrín según muchos, y educado a los pies de Gamaliel (Hechos 22.3), era el de hacer tiendas de campañas (Hechos 18.1-3), jaimas, oficio muy socorrido en aquellos tiempos, gracias al cual conoció y ganó para Cristo a Aquila y su mujer Priscila. El de Mateo era contable, publicano, cobrador de impuestos. El de Lucas, era médico y el del resto de los apóstoles era el de pescadores.
Un ministro del Señor, aunque tiene la autorización bíblica de poder vivir del Evangelio, no debe usarla como forma habitual de vivir, sino sólo en épocas y situaciones concretas, bien sean determinadas por la obra que realiza o por circunstancias personales, pero tan pronto como pueda, debe sostenerse por su propio trabajo u oficio.
Lo contrario sería hacer de esta vocación una profesión. Y precisamente, eso es lo que sobran en la iglesia: profesionales eclesiásticos. Curas, pastores, misioneros que, si no se les pagasen por serlo, no lo serían, y se ganarían el pan con cualquier otro trabajo honrado.
Naturalmente, vivir del propio trabajo y pastorear una iglesia al mismo tiempo, sería impensable para un ministro que se ha pasado media vida estudiando, y puede llenar toda una pared, con los diplomas obtenidos en las disciplinas que ha cursado. No me extraña que muchas iglesias no puedan “pagar” los sueldos de ministros tan sabios, o que dediquen casi todo su presupuesto a este menester. Y es que, en lugar de un predicador, lo que tienen es un catedrático, doctorado en teología, digno de la mejor Universidad. Pues bien, que enseñen en las universidades y dejen las iglesias a los predicadores. Muchas veces, la gente no acude a estas iglesias a oír el Evangelio salvador, sino a escuchar las conferencias ilustradísimas que pronuncia el Doctor fulano de tal y tal. Porque sus sermones no son tales, sino documentadas conferencias propias de otro lugar, no de un púlpito cristiano.
Pero así funcionan las cosas en las iglesias del sistema, aunque en otras, es aun peor. Sus ministros no son tan cultos y tampoco saben predicar la Palabra de Dios, perdiéndose en anécdotas, comentarios de la prensa de la semana, y cosas parecidas.
Se lo ponen muy difícil al Espíritu Santo para que, a través de tales retaílas o charlas, propias de café, pueda algún oyente entender el Evangelio, y ser llevado a creer en Jesucristo.
Otros se limitan a leer los sermones escritos, que reciben del Obispo de la diócesis. Así se aseguran estos obispos que sus curas o pastores subordinados, no incurran en la tentación de confeccionar sus propias homilías independientes, exponiendo a la borreguil concurrencia, a sacar conclusiones distintas a las que marca la Jerarquía de la iglesia.
De esta y parecidas maneras, las iglesias institucionales, adormecen las conciencias del pueblo, que sale contento de las capillas o templos, creyendo que ya han cumplido con el precepto divino: acudir al oficio dominical, como a una ducha semanal mínima y necesaria para limpiar su alma.
Hemos dado, en lo dicho hasta ahora, muchas claves para las iglesias de Jesucristo, precursoras del Reino de los cielos y con ello, nos habremos granjeado muchos enemigos a pesar de que no era ésa nuestra intención. Trataremos de resumirlas y de añadir otras que, o se omitieron, o no quedaron muy explícitas por ir dadas en medio de otros conceptos.
-----La iglesia de Jesucristo sobre la que no prevalecerán las puertas del infierno, no tiene nada que ver con las iglesias oficialistas, jerárquicas, institucionales, organizadas, identificadas, reconocibles, históricas, etc, que existen.
Entre sus miembros o feligresía, por supuesto que existen cristianos verdaderos que las sostienen con su presencia y apoyos, porque están convencidos de que así sirven al Señor. También hay otros, que permanecen en ellas por tradición o costumbre y otros, mas débiles o sencillos en la fe, porque creen que es bueno para su espíritu.
---- A todos les hemos dicho con las Escrituras y ejemplos de la historia, que éstas, sus respetables iglesias, participan de la Babilonia del Apocalipsis, por cuanto con sus organizaciones diversas, contribuyen al Babel, a la confusión que la generalidad del cristianismo o cristiandad, está dando al mundo, a la actual sociedad.
----- A todos les hemos repetido que sus organizaciones eclesiásticas, están sumergidas en las posiciones políticas de sus dirigentes, siempre conservadoras, incapaces de captar los cambios necesarios que necesita el actual sistema que rige el mundo. No es que sus iglesias-eclesiásticas (olviden la etimología redundante de esta expresión, quedándose con el concepto), sus iglesias-sistemas, sus denominaciones, etc, sean “apolíticas”, sino que sostienen un apoliticismo oficial, que ya en sí mismo, es una clara posición política; sostienen una indefinición, un no tomar partido, una neutralidad, que ya las marca como iglesias del sistema.
----- Estas iglesias del sistema, son organizaciones cristianas que defienden el conservadurismo político. Las cosas están bien como están y sus iglesias nada harán por cambiarlas. Es mas: se sienten cómodas en el sistema. (Nota 162)
----- En consecuencia, su catequesis va dirigida a formar “ciudadanos-ovejas”, respetuosos con el sistema, e incapaces de crear problemas político-sociales en sus Estados.
----- El sistema premia este servilismo de las iglesias afines, como las circunstancias sociológicas y legales de cada país lo permiten: con subvenciones directas a las iglesias y sus organizaciones, concertaciones económicas y sobre todo, porque así interesa a los propios Estados, fomentando el prestigio y la influencia de sus iglesias serviles sobre la ciudadanía, a través de su constante presencia en la vida pública del país. La filosofía de estos Estados queda explícita en esta o parecida frase, que alguien dijo alguna vez: “Resulta mas rentable para un Gobierno pagar un cura o un pastor, que a diez policías o agentes del orden”.
----- Las iglesias del sistema están encantadas (compradas) con esta situación que, de hecho, las convierte en “iglesias-oficiales” de tales países, aunque constitucionalmente no lo sean.
----- Estos Gobiernos, nada tienen que temer (Y sí, mucho que agradecer) de tales iglesias. Sólo son “peligrosas” cuando se las quiere quitar algunos o todos sus injustos privilegios.
En tales casos, como sucedió en España con la Segunda República, son capaces de utilizar todo su poder e influencia, para derrocar cualquier Gobierno, fomentando y bendiciendo incluso una guerra civil, que tenga entre sus objetivos, la restitución de sus perdidos privilegios.
----- Las iglesias del sistema, de cualquier rama del cristianismo que sean, se han adherido, oficialmente o de facto, a la Gran Ramera del Apocalipsis que, históricamente, viene “fornicando” con los reyes, poderosos y ricos de la tierra.
----- Se han incapacitado, por tanto, para ser precursoras o embajadoras del Reino de Dios. Si el Reino de Cristo no es de este mundo, las iglesias nunca debieron aliarse con ningún país, Estado o Gobierno del mundo. Históricamente, estas alianzas o “fornicaciones”, han demostrado la veracidad del título que le da la Escritura: “ramera” o prostituta, porque abandonando la fidelidad debida a Cristo, único esposo de la Iglesia, han fornicado con el poder.
----- Esta, y no otra, es la causa del descomunal y portentoso fracaso del Cristianismo en el mundo. Dos mil años de Cristianismo han sido incapaces de cambiar el mundo. La Iglesia ha sido la organización mas poderosa de la tierra. Ha tenido, no ya naciones, sino imperios, bajo su purpurado manto y cetro de oro, sin ser capaz de “convertir” a nadie a Jesucristo, ni siquiera –o quizá por causa de ello- usando el poder y la fuerza. (Nota 132)
Todo lo contrario, sus métodos de conversiones forzosas, desde el poder y bajo coacción, ha formado un numeroso ejército de mártires, cuyas almas están aun en el cielo, preguntándole a Dios cuándo actuará contra ella.
“¡Aleluya!...pues ha juzgado a la Gran Ramera que ha corrompido la tierra con su fornicación, y ha vengado la sangre de sus siervos de la mano de ella” (Apocalipsis 19.1,2).
“...vi bajo el altar las almas de los que habían sido muertos por causa de la palabra de Dios...diciendo:¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra?......y se les dijo que descansasen todavía un poco de tiempo, hasta que se completara el número de sus consiervos y hermanos, que también habían de ser muertos como ellos” (Apocalipsis 6.9-11).
----- Porque las iglesias-rameras del sistema, al mundanalizarse, optando por el poder y por los poderosos de la tierra, se han incapacitado para ser portavoces creíbles del Evangelio de los pobres, por los que Jesucristo optó claramente, es por lo que sólo sirve para entretener a la gente sencilla, para ofrecer shows televisivos, grandiosos espectáculos musicales, ceremoniales o festivo-religiosos que atraen a los turistas o curiosos, pero no para edificar a las almas y alimentarlas con la Palabra de Dios; es por lo que se hace necesario ABANDONAR TODAS SUS ORGANIZACIONES, “salir de ella”, evitando así, el castigo que por sus grandes pecados, le enviará el Señor.
----- El llamamiento de las Escrituras para “salir” y que yo repito, no es para que luego “entres” en otra organización religiosa, con otras normas, otras leyes, otros jefes, otro clero, etc,.¡Para eso, quédate donde estás!. Ya conoces el refrán “mas vale lo malo conocido, que lo bueno por conocer”.¿Qué mas te da que tu jefe sea el Papa de Roma, o el Arzobispo de Canterbury, o el Presidente Adventista, Rusellista o Mormón?.
La invitación a que “salgas” también vale para “salir” de estas otras organizaciones o iglesias que, también forman parte de la Gran Ramera, de Babel, de la gran confusión. Si en verdad rompes tus cadenas, no te busques otras. Cristo nos quiere libres. El nos hace libres. Repasa, relee, lo que escribí anteriormente, acerca de formar con otros creyentes como tú, grupos autóctonos, grupos independientes, células cristianas, que esta fue la idea de Jesucristo y la práctica de los Apóstoles. Estos grupos autónomos de cristianos, son los que forman la iglesia de Jesucristo, no ninguna organización mundial, nacional o provincial.
----- Algunos te dirán, posiblemente, que lo que estoy proponiendo es un “anarquismo cristiano”. Si tal fuese el caso, no dudo que así podría también definirse a lo que formaban las iglesias cristianas en vida de los Apóstoles. No tenían otro jefe que al propio Jesús. Ninguno se consideraba superior a otro (Filipenses 2.3) “estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo”, todos afirmaban tener por única Cabeza de todas las iglesias reunidas en las casas particulares, a Cristo Jesús (Efesios 1.22,23). Todos los creyentes eran sacerdotes “mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio” (1ª Pedro 2.9), el Espíritu repartía cómo y a quién quería “ constituyó a unos, apóstoles; a otros a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio” (Efesios 4.11,12), utilizaban sus colectas sólo para socorrer a los pobres “en cuanto a la ofrenda para los santos...cada uno ..ponga aparte algo, según haya prosperado” (1ª Corintios 16.1,2) y para ayudar ocasionalmente a los misioneros o evangelistas “me gocé en el Señor de que..hayáis revivido vuestro cuidado de mí...estabais solícitos, pero os faltaba la oportunidad...aun a Tesalónica me enviasteis ....para mis necesidades..” (Filipenses 4.10,16) y, sobre todo, seguían la máxima anarquista del anarquista cristiano León Tolstoi “todo lo que quisierais que los hombres hagan con vosotros, hacedlo también con ellos” (Mateo 7.12).
Por otra parte, quizá no haya otra persona mas preparada para ser anarquista, que la persona que es verdaderamente cristiana. Alguien que cree, conoce y practica las enseñanzas de Jesús de Nazaret.
----- Las iglesias de Jesucristo, no deben ser apolíticas, sino todo lo contrario. Estar contra el poder establecido que es el poder “que ahora obra en los hijos de desobediencia” (Efesios 2.2), que está dominado por el capitalismo y sus hijos predilectos: la ignorancia política, la indiferencia ideológica, el consumismo y la ceguera consciente, ante el ajeno sufrimiento.
Este sistema es la misma encarnación de Satanás, tanto como Jesucristo es la encarnación del Verbo de Dios.
Un cristiano de “derechas” o incluso “neutro”, políticamente hablando, es un cristiano producto de las iglesias del sistema, o profundamente ignorante del espíritu de la Palabra de Dios. Aunque tenga carreras universitarias, incluyendo la de teología. Dijo Jesús en oración: “Te alabo Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y entendidos, y las has revelado a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó” (Lucas 10.21).
Un cristiano cuya alma ha sido bendecida por Dios, no puede contemplar el mundo en que vivimos y ser políticamente “neutro”, o tomar partido por los que detentan el poder universal que tantas injusticias están provocando. Es como si tomara partido por Satanás. Cuando éste tentó a Jesús en el desierto y le propuso que le adorara, argumentó su pretensión diciéndole: “..te daré (si me adoras) toda la potestad y la gloria de ellos (“los reinos de la tierra”,vers. 5); porque a mí me ha sido entregada, y a quien quiero la doy” (Lucas 4.6).
Está claro que Satanás gobierna el actual sistema político-religioso-económico del mundo y promueve la adoración a su ídolo predilecto, el Becerro de Oro. Dios lo ha permitido así, hasta que el Reino de los cielos sea establecido. Mientras tanto, los cristianos debemos luchar contra todo poder establecido, “entregado” a Satanás, que sigue sus directrices de oposición a Dios. Las iglesias del sistema no lucharán, porque hace tiempo que ya se rindieron, y a Satanás adoran y sirven. (Nota 133)
31-SATANÁS.
La visión del enemigo contra quien luchar, muchos cristianos formales, hijos de las iglesias formales del sistema, la tienen distorsionada por culpa de sus predicadores, sostenidos y sostenedores del sistema. Satanás y su obra, poseen muchas caras. Las únicas caras que ven los cristianitos del sistema, son las mas fáciles de identificar. La delincuencia, la violencia callejera, últimamente también la de género, los atracos, robos, tirones, el consumo de tabaco, alcohol, drogas y estupefacientes, la prostitución, el proxenetismo, la paidofilia, la pornografía y en general, todo cuanto ofrezca una visión desagradable de la sociedad al ciudadano normal y respetable. Incluso algunos, llegan a incluir en esta lista, la mendicidad callejera, las vestimentas y comportamientos públicos, presencia de emigrantes, etc,. En resumen, los aspectos visibles del mal. Si éstas y parecidas cosas no vieran, creerían que Satanás no existe. De todas formas, el hombre necesita a alguien a quien echarle la culpa de sus malos actos. Pero, para éstas y otras muchas cosas, el hombre no necesita ser “tentado”, porque emanan de su propio corazón, como afirma Jesús en Mateo 15.19 “..del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias”. A todos nos gusta el dinero; pero mientras unos están dispuestos a conseguirlo a punta de pistola, de navaja, o de bolígrafo (extorsionando, engañando falseando, etc.), otros, se lo encuentran en la calle, en el taxi, etc., y lo devuelven. A todos nos gusta el poder, “el mando”. Pero mientras unos lo usan para beneficiarse personalmente, a sus familiares o amigos, otros, como Don Emilio Castelar, presidente en la Primera República, al morirse, ha de intervenir el Ayuntamiento de Cádiz y el de San Pedro de Pinatar (Murcia), para evitar que fuera enterrado “de caridad” (Nota 134), aunque, llegada la noticia a Madrid, algún Ministerio aprobó una partida de 7.ooo pesetas para su entierro en la Capital.
Nada se le pegó a los dedos, a pesar de su importante cargo. La honradez y el desapego al dinero es un buen ahuyentador de Satanás. Y al contrario, la codicia nos hace sus esclavos. Pero no es verdad que Satanás tenga la culpa de nuestros malos actos.
Dios no le ha dado el poder para obligar al hombre a que haga lo que no quiere hacer.
De hecho, en los Estados Unidos y en otros países, existen las llamadas literalmente, “Iglesias de Satanás”. Dostoyevski en “Los hermanos Karamazov”, presenta el caso del personaje mas materialista, que llega al convencimiento de la existencia de Dios, tras convencerse previamente, de la existencia del Diablo.
32-SATANÁS DISFRAZADO.
El cristiano libre, ve a Satanás trajeado, dirigiendo Consejos de Administración de grandes empresa, públicas y privadas; lo ve en espaciosos y bonitos despachos ministeriales, ocupando cargos de mandos intermedios, dirigiendo empresas, ocupando puestos públicos, desde concejales a ministros, directores generales, diputados, senadores, alcaldes; lo ve en banqueros, con mitras, con uniformes militares, policiales, batas de técnicos, monos de trabajadores; lo ve en la burocracia mercantil, concesiones, contratos, comisiones, facturaciones, notas de gastos, pluses, dietas, declaraciones de hacienda, préstamos, inversiones, especulaciones, falsificaciones; lo ve en las guerras, sus propósitos, fines y beneficios económicos; lo ve en muchos discursos políticos, en las políticas de informaciones; lo ve siempre adornado de honradez, respetabilidad, buenas costumbres, mejores modales, bienvestidos, acomodados y ricos o muy ricos. Nuestra imagen de Satanás se parece a la de un bellísimo ángel de radiante y cegadora luz.
En las empresas extranjeras que se ubican en países pobres y especialmente en las que extraen y comercializan sus productos y materias primas. Vemos a Satanás disfrazado de empresas y organismos humanitarios y bajo las togas de letrados y jueces. Lo vemos siempre, rodeado de prestigio, honores y sobre todo, de poder y solvencia económica. Mi abuelo decía: “donde menos lo esperas, salta la liebre” y, como él no era cazador, siempre supe a lo que se refería.
La Biblia dice: “Satanás se disfraza como ángel de luz” (2ª Corintios 11.14), “...sus ministros...como ministros de justicia; cuyo fin será conforme a sus obras” (vers.15).
33-LOS MINISTROS.
En este mundo complejo que nos ha tocado vivir, las cosas no son lo que parecen. Cristo conocía el interior de las personas que se acercaban a él. “..muchos creyeron...viendo las señales que hacía. Pero Jesús mismo no se fiaba de ellos, porque conocía a todos, y no tenía necesidad de que nadie le diese testimonio del hombre, pues él sabía lo que había en el hombre” (Juan 2.23-25).
El ve el corazón, nosotros sólo las apariencias, pero de él hemos aprendido a no dejarnos impresionar por ellas y San Pablo nos recomienda: “Andad sabiamente...redimiendo el tiempo” (Colosenses 4.5), y así hemos de proceder en nuestro examen de las cosas. Si tenemos su Espíritu, no será fácil que las apariencias de las cosas o de las personas, nos deslumbren.
Hay, sin embargo, cristianitos muy instruidos que no saben distinguir su mano izquierda de su mano derecha. Todavía menos, si se trata de descubrir un diablo disfrazado y, aun menos, si ha de descubrir un misionero, cura, obispo o pastor disfrazado como apóstol de Cristo; de los que San Pablo dijo: “..estos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo” (2ª Corintios 11.13) y no se refería Pablo a la caída ocasional en el pecado, que hasta los mejores siervos de Dios pueden sufrir, como el rey David en el caso Betsabé, o como el apóstol Pedro en su triple negación de conocer a Jesús. San Pablo se refería a los que, profesando ser ministros de Cristo, han trabajado para sí mismos, se han enriquecido, se han rodeado de fama y prestigio y han sido o son príncipes en su propio Israel, en su propia Iglesia, Denominación, Ámbito eclesiástico, sin entender el Evangelio del Reino, ni hacer nada por los pobres a quien especialmente va destinado, sino que dedicaron sus energías, a defender el Sistema satánico-capitalista que les ha parido y puesto en su peculiar posición.
Podría presentar una larga lista de “obreros fraudulentos” que he conocido durante mis ventisiete años, mas o menos, de mi ministerio oficial, en las iglesias del Sistema. Pero perdería el breve tiempo que me resta en este mundo, ocupado en discusiones y disputas interminables que me apartarían de mi objetivo. Como dice Pablo, “andad...redimiendo el tiempo”, porque Dios juzgará la obra de cada uno, el fuego hará la prueba. Unas lo resistirán y las edificadas con hojarasca, quedarán reducidas a cenizas.
34-LA FORMACIÓN DE LOS MINISTROS.
Las iglesias libres, las que salieron ya del Sistema, y las que aun saldrán, han de tener un cuidado especial con sus ministros. El tiempo apremia. El Reino de los cielos está mas cerca. Las profecías de las Escrituras se cumplen y van tomando forma apresuradamente en estos días atropellados, que imprimen velocidad a la historia.
No podemos emplear ni Diez, ni Doce años en la preparación de un ministro del Evangelio. Tres, deberían ser suficientes, pero compaginados con la práctica. ¿De qué sirve un doctorado en teología si luego acabas como el liberal Harnack, el modernista Karl Barth, o como Bultman (el teólogo de la desmitologización)?. ¿Para qué necesita un ministro estudiar latín, griego koiné, hebreo, sirio, y caldeo?. Que a estos estudios se dediquen los especialistas en filologías antiguas, los que sientan vocación docente, para impartirlos luego en Universidades y Colegios Mayores. En muchos lugares, los ministros presbiterianos y reformados han superado en estudios a los mismos jesuitas.
Las iglesias de Jesucristo no necesitan catedráticos religiosos. No abogo, en modo alguno, por tener pastores ignorantes; pero con poseer estudios de las Escrituras, de exégesis, de hermenéutica, de historia, de apologética y homilética, es suficiente porque lo que realmente importa en el ministro de Jesucristo, es su vocación, su llamamiento del Espíritu y su reconocimiento por la congregación o feligresía a la que va a servir. No son necesarios ni los Seminarios ni Escuelas Teológicas. Es necesario retornar a la práctica de los cristianos primitivos. Todas estas cosas las puede aprender el que ha sido llamado al ministerio cristiano, de otro ministro veterano, que lleve años de servicio al Señor. Y, conviviendo con él, puede aprender además, la práctica del servicio a Dios y a la comunidad que siempre poseen los ministros veteranos. Así se procedía en las primitivas iglesias cristianas: “..lo que has oído de mí...esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros” (2ª Timoteo 2.2).
Y, por supuesto, cada ministro debe tener un oficio o trabajo como base da su sustento. El oficio de San Pablo, además de ser un hombre culto, de letras, miembro del Sanedrín según muchos, y educado a los pies de Gamaliel (Hechos 22.3), era el de hacer tiendas de campañas (Hechos 18.1-3), jaimas, oficio muy socorrido en aquellos tiempos, gracias al cual conoció y ganó para Cristo a Aquila y su mujer Priscila. El de Mateo era contable, publicano, cobrador de impuestos. El de Lucas, era médico y el del resto de los apóstoles era el de pescadores.
Un ministro del Señor, aunque tiene la autorización bíblica de poder vivir del Evangelio, no debe usarla como forma habitual de vivir, sino sólo en épocas y situaciones concretas, bien sean determinadas por la obra que realiza o por circunstancias personales, pero tan pronto como pueda, debe sostenerse por su propio trabajo u oficio.
Lo contrario sería hacer de esta vocación una profesión. Y precisamente, eso es lo que sobran en la iglesia: profesionales eclesiásticos. Curas, pastores, misioneros que, si no se les pagasen por serlo, no lo serían, y se ganarían el pan con cualquier otro trabajo honrado.
Naturalmente, vivir del propio trabajo y pastorear una iglesia al mismo tiempo, sería impensable para un ministro que se ha pasado media vida estudiando, y puede llenar toda una pared, con los diplomas obtenidos en las disciplinas que ha cursado. No me extraña que muchas iglesias no puedan “pagar” los sueldos de ministros tan sabios, o que dediquen casi todo su presupuesto a este menester. Y es que, en lugar de un predicador, lo que tienen es un catedrático, doctorado en teología, digno de la mejor Universidad. Pues bien, que enseñen en las universidades y dejen las iglesias a los predicadores. Muchas veces, la gente no acude a estas iglesias a oír el Evangelio salvador, sino a escuchar las conferencias ilustradísimas que pronuncia el Doctor fulano de tal y tal. Porque sus sermones no son tales, sino documentadas conferencias propias de otro lugar, no de un púlpito cristiano.
Pero así funcionan las cosas en las iglesias del sistema, aunque en otras, es aun peor. Sus ministros no son tan cultos y tampoco saben predicar la Palabra de Dios, perdiéndose en anécdotas, comentarios de la prensa de la semana, y cosas parecidas.
Se lo ponen muy difícil al Espíritu Santo para que, a través de tales retaílas o charlas, propias de café, pueda algún oyente entender el Evangelio, y ser llevado a creer en Jesucristo.
Otros se limitan a leer los sermones escritos, que reciben del Obispo de la diócesis. Así se aseguran estos obispos que sus curas o pastores subordinados, no incurran en la tentación de confeccionar sus propias homilías independientes, exponiendo a la borreguil concurrencia, a sacar conclusiones distintas a las que marca la Jerarquía de la iglesia.
De esta y parecidas maneras, las iglesias institucionales, adormecen las conciencias del pueblo, que sale contento de las capillas o templos, creyendo que ya han cumplido con el precepto divino: acudir al oficio dominical, como a una ducha semanal mínima y necesaria para limpiar su alma.
35-CRISIS VOCACIONALES.
Es sabido que las iglesias del Primer mundo capitalista se quejan de la “falta de vocaciones”, por lo que se ven obligadas a importar de otros países, curas y pastores para sus iglesias y monjas, para no cerrar sus conventos.
Cuando el ministerio eclesiástico se convierte en una profesión, o pagas bien a los profesionales, o buscas emigrantes que cobren menos por su trabajo. Es natural. Es ley capitalista universal.
Para poder decir como San Pablo: “os he predicado el Evangelio de balde” (2ª Corintios 11.7-9), el ministro del Señor no puede ser un profesional eclesiástico, sino alguien al que el propio Señor haya llamado para servirle. Pero las iglesias del Sistema sólo pueden formar a ministros profesionales que, o les pagan bien, o se quedan sin ellos.
Otra cosa fuera, si el Primer mundo entrara en una gran crisis económica, como ocurría en la España de la postguerra hambrienta (al año 1940, se le llamó el año del hambre), y sin la mitad de sus maestros de escuela (que fueron fusilados o inhabilitados para el magisterio). Una de las primeras creyentes de la congregación de Alcorcón, ya con el Señor y muy recordada de los hermanos mas antiguos, la Sra. Doña Concepción Mesa, siendo joven y republicana, los franquistas fusilaron a su prometido y, valiente ella, ya ejerciendo de profesora, se negó a cumplir la ley fascista impuesta a todo el Cuerpo Docente, de prestar “Juramento de Lealtad a los Principios Fundamentales del Movimiento”, por lo que fue expulsada del Profesorado. Entonces, no había “falta de vocaciones”. Los Seminarios católicorromanos estaban llenos, a rebosar, de seminaristas. Unos, para poder acceder a los estudios, que abandonaban antes de profesar sus votos. Y otros, la mayoría, para ordenarse sacerdotes y poder así, tener un sueldo fijo del Estado, escapándose del hambre general. Admitían en los Seminarios hasta niños de siete años a los que también vestían con sus sotanitas negras. También ingresaron muchos jóvenes seminaristas, para salvar a sus familias de la represión franquista que se cebaba con la población civil, por “delitos” como haber pertenecido a algún sindicato, haber sido funcionario de cualquier ministerio durante la República, carteros, ujieres, conserjes, mecanógrafos, municipales, etc, ser huérfano de guerra, tener un familiar que hubiese luchado en el lado republicano, o que hubiere estado preso, o exilado. Todo ello, en cumplimiento de otra ley fascista de “Responsabilidades Políticas” o nombre parecido, que justificó la represión brutal del Régimen los cuarenta años que duró. Fue el desierto que los españoles tuvieron que atravesar antes de llegar a la tierra de la Libertad, permitido por las democracias occidentales, en el que la mitad de los españoles vivieron sometidos a la otra mitad, bajo el látigo trenzado del fascismo y el intolerante clero del Catolicismo nacional. Cuando observo a personas de mas de ochenta años, con carreras universitarias cursadas en España, intuyo a qué mitad pertenecieron ellos y sus padres, aunque digan aquello de que son “demócratas de toda la vida”, e incluso intuyo también a qué opción política apoyan ellos y sus hijos, y hasta sus nietos y biznietos, que no conocieron a Franco. Poquísimos hijos de obreros pudieron acceder a la Universidad en tiempos de Franco.
Las iglesias también se llenaron a rebosar y las muestras públicas de catolicidad de la gente, se multiplicaban por doquier. Los alardes de religiosidad privados como llevar medallas y crucifijos en el cuello, escapularios, insignias en las solapas de las chaquetas, pasear con el misal y rosario en mano y el velo puesto, como si se fuera o viniera de oír misa, etc. Todo valía, para eludir las posibles sospechas de vinculación o simpatía con la vencida República.
Los Seminarios tenían, como los conventos, lista de espera para ingresar. España fue el país con mas curas, frailes y monjas por metro cuadrado, de todo el mundo occidental. La consciencia colectiva de aquellos españoles, sabía quien instigó la guerra y cómo aplacar a los vencedores.
De aquí el descontento de nuestra retrógrada Conferencia Episcopal, y su apoyo incondicional a la derecha española con mas posibilidad de gobernar, el Partido Popular, como en sus tiempos apoyaban a la CEDA. De aquí la utilización de cualquier excusa, para manifestar su descontento con los gobiernos moderadísimos del PSOE, y el papel victimario que adopta, ante la posible pérdida de cualquiera de sus rancios privilegios que, ni siquiera treinta años de democracia, le han podido arrebatar.
Desean gobiernos que privaticen la sanidad, la educación y el sistema de pensiones; que rematen el llamado Estado del Bienestar incipiente. Gobiernos que den mas poder al capital, que le quite los pocos controles que éste tiene, para que nuevas burbujas inmobiliarias o de otro tipo surjan, y las crisis económicas provocadas por la especulación, empobrezcan al país o, mejor dicho, a las clases pobres del país, que tendrían así, que volver a llamar a sus puertas y confiarles la educación de sus hijos, para que la Santa Madre Iglesia, vuelva a asumir su papel benefactor, y pueda educar a su gusto a las nuevas generaciones de españoles, inculcándoles la obediencia a sus doctrinas y preceptos. Así, en pocas generaciones, podría recuperar todo lo perdido y hacer realidad sus nostalgias.
Eso barruntan. Eso desean. Eso esperan. Las alusiones intempestivas que hace a la democracia, son recurrentes necesarios, cortinas de humo de la Institución mas antidemocrática del mundo, la única que sostiene la infalibilidad en excátedra de su monarquía absolutista, donde la única elección que se produce es efectuada por los componentes de una Curia, los Cardenales, que no es representativa ni elegida por el pueblo, sino designada por el propio monarca y que, además, se hace a puerta cerrada, sin luz ni taquígrafos que puedan informar, no ya del voto, que debería ser secreto (pero que nadie sabe si lo es), sino también del número de votaciones realizadas, del programa de los candidatos, de cómo se designan éstos, de los pactos o coaliciones que se hacen, del recuento público de los votos emitidos, etc, del sucesor a la Triple Corona. En teoría, dado el dogma de la infalibilidad papal, no serían necesarios ya, ni siquiera los Concilios, ni tampoco esta elección a puerta cerrada del sucesor del Papa muerto, ya que bien podría aun estando en vida, designar a su propio sucesor.
¡Sólo Dios sabe lo que ocurre tras esas puertas, cuando se cierran!.Pero no se produce ninguna otra elección hasta que el Papa muera. Pero aunque se produjeran otras votaciones como las que se producen en los Concilios, no son determinantes en los asuntos que votan, por cuanto el Papa tiene el poder que le da su derecho permanente a veto, situándose por encima mismo de cualquier Concilio.
¡Y pensar que tan solo en el siglo V, en tiempos de San Agustín de Hipona, los Obispos eran elegidos por los habitantes de cada ciudad, y el Papa de Roma era considerado, no como la cabeza de la Iglesia, sino como el Obispo de la ciudad de Roma, con igual autoridad que cualquier otro Obispo de la Cristiandad!.
Así que la Iglesia Romana, ninguna de sus Jerarquías y ninguno de sus curas, tiene derecho a exigir democracia, ni a acusar de antidemocrático o de totalitario a ninguna otra Institución, Estado o Gobierno del mundo. Es mas, carece de derecho hasta para pronunciar la palabra “democracia”, siendo ella misma uno de los mas antiguos vestigios del totalitarismo dictatorial, que aun persiste en el actual mundo moderno. (Esta Entrada contiene las Secciones 29 a la 35. Para continuar leyendo la Sección 36 de este libro, haga CLIC en "Entradas antiguas")
Es sabido que las iglesias del Primer mundo capitalista se quejan de la “falta de vocaciones”, por lo que se ven obligadas a importar de otros países, curas y pastores para sus iglesias y monjas, para no cerrar sus conventos.
Cuando el ministerio eclesiástico se convierte en una profesión, o pagas bien a los profesionales, o buscas emigrantes que cobren menos por su trabajo. Es natural. Es ley capitalista universal.
Para poder decir como San Pablo: “os he predicado el Evangelio de balde” (2ª Corintios 11.7-9), el ministro del Señor no puede ser un profesional eclesiástico, sino alguien al que el propio Señor haya llamado para servirle. Pero las iglesias del Sistema sólo pueden formar a ministros profesionales que, o les pagan bien, o se quedan sin ellos.
Otra cosa fuera, si el Primer mundo entrara en una gran crisis económica, como ocurría en la España de la postguerra hambrienta (al año 1940, se le llamó el año del hambre), y sin la mitad de sus maestros de escuela (que fueron fusilados o inhabilitados para el magisterio). Una de las primeras creyentes de la congregación de Alcorcón, ya con el Señor y muy recordada de los hermanos mas antiguos, la Sra. Doña Concepción Mesa, siendo joven y republicana, los franquistas fusilaron a su prometido y, valiente ella, ya ejerciendo de profesora, se negó a cumplir la ley fascista impuesta a todo el Cuerpo Docente, de prestar “Juramento de Lealtad a los Principios Fundamentales del Movimiento”, por lo que fue expulsada del Profesorado. Entonces, no había “falta de vocaciones”. Los Seminarios católicorromanos estaban llenos, a rebosar, de seminaristas. Unos, para poder acceder a los estudios, que abandonaban antes de profesar sus votos. Y otros, la mayoría, para ordenarse sacerdotes y poder así, tener un sueldo fijo del Estado, escapándose del hambre general. Admitían en los Seminarios hasta niños de siete años a los que también vestían con sus sotanitas negras. También ingresaron muchos jóvenes seminaristas, para salvar a sus familias de la represión franquista que se cebaba con la población civil, por “delitos” como haber pertenecido a algún sindicato, haber sido funcionario de cualquier ministerio durante la República, carteros, ujieres, conserjes, mecanógrafos, municipales, etc, ser huérfano de guerra, tener un familiar que hubiese luchado en el lado republicano, o que hubiere estado preso, o exilado. Todo ello, en cumplimiento de otra ley fascista de “Responsabilidades Políticas” o nombre parecido, que justificó la represión brutal del Régimen los cuarenta años que duró. Fue el desierto que los españoles tuvieron que atravesar antes de llegar a la tierra de la Libertad, permitido por las democracias occidentales, en el que la mitad de los españoles vivieron sometidos a la otra mitad, bajo el látigo trenzado del fascismo y el intolerante clero del Catolicismo nacional. Cuando observo a personas de mas de ochenta años, con carreras universitarias cursadas en España, intuyo a qué mitad pertenecieron ellos y sus padres, aunque digan aquello de que son “demócratas de toda la vida”, e incluso intuyo también a qué opción política apoyan ellos y sus hijos, y hasta sus nietos y biznietos, que no conocieron a Franco. Poquísimos hijos de obreros pudieron acceder a la Universidad en tiempos de Franco.
Las iglesias también se llenaron a rebosar y las muestras públicas de catolicidad de la gente, se multiplicaban por doquier. Los alardes de religiosidad privados como llevar medallas y crucifijos en el cuello, escapularios, insignias en las solapas de las chaquetas, pasear con el misal y rosario en mano y el velo puesto, como si se fuera o viniera de oír misa, etc. Todo valía, para eludir las posibles sospechas de vinculación o simpatía con la vencida República.
Los Seminarios tenían, como los conventos, lista de espera para ingresar. España fue el país con mas curas, frailes y monjas por metro cuadrado, de todo el mundo occidental. La consciencia colectiva de aquellos españoles, sabía quien instigó la guerra y cómo aplacar a los vencedores.
De aquí el descontento de nuestra retrógrada Conferencia Episcopal, y su apoyo incondicional a la derecha española con mas posibilidad de gobernar, el Partido Popular, como en sus tiempos apoyaban a la CEDA. De aquí la utilización de cualquier excusa, para manifestar su descontento con los gobiernos moderadísimos del PSOE, y el papel victimario que adopta, ante la posible pérdida de cualquiera de sus rancios privilegios que, ni siquiera treinta años de democracia, le han podido arrebatar.
Desean gobiernos que privaticen la sanidad, la educación y el sistema de pensiones; que rematen el llamado Estado del Bienestar incipiente. Gobiernos que den mas poder al capital, que le quite los pocos controles que éste tiene, para que nuevas burbujas inmobiliarias o de otro tipo surjan, y las crisis económicas provocadas por la especulación, empobrezcan al país o, mejor dicho, a las clases pobres del país, que tendrían así, que volver a llamar a sus puertas y confiarles la educación de sus hijos, para que la Santa Madre Iglesia, vuelva a asumir su papel benefactor, y pueda educar a su gusto a las nuevas generaciones de españoles, inculcándoles la obediencia a sus doctrinas y preceptos. Así, en pocas generaciones, podría recuperar todo lo perdido y hacer realidad sus nostalgias.
Eso barruntan. Eso desean. Eso esperan. Las alusiones intempestivas que hace a la democracia, son recurrentes necesarios, cortinas de humo de la Institución mas antidemocrática del mundo, la única que sostiene la infalibilidad en excátedra de su monarquía absolutista, donde la única elección que se produce es efectuada por los componentes de una Curia, los Cardenales, que no es representativa ni elegida por el pueblo, sino designada por el propio monarca y que, además, se hace a puerta cerrada, sin luz ni taquígrafos que puedan informar, no ya del voto, que debería ser secreto (pero que nadie sabe si lo es), sino también del número de votaciones realizadas, del programa de los candidatos, de cómo se designan éstos, de los pactos o coaliciones que se hacen, del recuento público de los votos emitidos, etc, del sucesor a la Triple Corona. En teoría, dado el dogma de la infalibilidad papal, no serían necesarios ya, ni siquiera los Concilios, ni tampoco esta elección a puerta cerrada del sucesor del Papa muerto, ya que bien podría aun estando en vida, designar a su propio sucesor.
¡Sólo Dios sabe lo que ocurre tras esas puertas, cuando se cierran!.Pero no se produce ninguna otra elección hasta que el Papa muera. Pero aunque se produjeran otras votaciones como las que se producen en los Concilios, no son determinantes en los asuntos que votan, por cuanto el Papa tiene el poder que le da su derecho permanente a veto, situándose por encima mismo de cualquier Concilio.
¡Y pensar que tan solo en el siglo V, en tiempos de San Agustín de Hipona, los Obispos eran elegidos por los habitantes de cada ciudad, y el Papa de Roma era considerado, no como la cabeza de la Iglesia, sino como el Obispo de la ciudad de Roma, con igual autoridad que cualquier otro Obispo de la Cristiandad!.
Así que la Iglesia Romana, ninguna de sus Jerarquías y ninguno de sus curas, tiene derecho a exigir democracia, ni a acusar de antidemocrático o de totalitario a ninguna otra Institución, Estado o Gobierno del mundo. Es mas, carece de derecho hasta para pronunciar la palabra “democracia”, siendo ella misma uno de los mas antiguos vestigios del totalitarismo dictatorial, que aun persiste en el actual mundo moderno. (Esta Entrada contiene las Secciones 29 a la 35. Para continuar leyendo la Sección 36 de este libro, haga CLIC en "Entradas antiguas")

No hay comentarios:
Publicar un comentario